lunes, 21 de noviembre de 2016

2 X 1: “LA NOTTE BRAVA” y “LA GIORNATA BALORDA” (Mauro Bolognini)


La notte brava (1959)

A finales de los años cincuenta y primeros sesenta una nueva generación de directores italianos superaron el neorrealismo, o evolucionaron a partir de él de una forma más crítica. Algunos se radicalizaron para seguir los movimientos marxistas que luego coincidieron con el mayo del 68, otros simplemente daban testimonio de lo que sucedía en el país, principalmente en los barrios bajos de una Roma que ya no era la “ciudad eterna”, al menos no en los suburbios que retrataba la cámara de Mauro Bolognini, uno de aquellos realizadores.

Cuando Bolognini dirigió La notte brava ya llevaba una (discreta) carrera que parecía haberse especializado en comedias sentimentales. Sin embargo, a raíz del encuentro con el futuro director Pier Paolo Pasolini, su cine cambió radicalmente; para bien. Los guiones de Pasolini fueron todo un descubrimiento, en especial el de La notte brava, donde ya se aprecia el cine que vendría de la mano de uno de los mejores directores italianos de la historia.

Basado en una novela del propio Pasolini, La notte brava narra las andanzas de tres jóvenes que pasan la vida robando, engañando a las prostitutas y deambulando sin nada que hacer por las calles de Roma.



Únicamente pequeñas ganancias pasajeras, resultantes de tristes robos, alteran algo la rutina, pero su duración es tan limitada que se lo gastan todo en una sola jornada siguiendo el lema de “vivir al día” o de “Dios proveerá”. En un día y una noche, Bolognini sigue de cerca al trío de delincuentes que ni siquiera son amigos cuando a la menor oportunidad se roban unos a otros.

En la línea de Los inútiles (I vitelloni, Federico Fellini, 1953), pero con mayor crudeza y realismo, Bolognini se vale de la experiencia de Pasolini en la jerga y el conocimiento de los barrios bajos para rodar este drama que significó un punto de inflexión en su carrera como cineasta.




La giornata balorda (1960)

De nuevo con Pasolini a los mandos del guión, aunque en esta ocasión sirviéndose de una novela de Alberto Moravia, Bolognini filma lo que podría ser una continuación de La notte brava. Bolognini condensa otra vez el relato en una sola jornada, sin abandonar el escenario de los barrios bajos romanos, para construir el retrato realista de Davide, un joven en paro que aprovecha cualquier oportunidad (legal o ilegal) para lograr algunas liras.

La búsqueda de trabajo de Davide configura la estructura de la película. El encuentro con una antigua amiga (ahora prostituta), los trapicheos en un negocio fraudulento de aceite contaminado y los devaneos con una caprichosa mujer de la alta sociedad, son algunos de los episodios en los que se ve envuelto el protagonista.

Igual que en La notte brava, casi nada cambia en la vida de Davide, como tampoco en la de los tres ladrones de la primera cinta. Tanto en una como en otra película, los personajes viven en un círculo vicioso de miseria en el que un día no se distingue del otro. De hecho los planos de apertura y cierre en cada una de las cintas son coincidentes para dar la sensación de tránsito hacia ninguna parte, de deambular dentro de un laberinto sin salida.




En La giornata balorda, Bolognini lleva su a su máxima expresión dicha estructura cuando Davide, en su afán de lograr empleo, va de uno a otro empresario, gracias a cartas de recomendación que, finalmente, le llevan al primero con el que inició la búsqueda.

El realismo crítico de Bolognini, y la pluma de Pasolini, más la aparición de nuevos valores de la interpretación (Jean Sorel, Lea Massari, Franco Interlenghi, Elsa Martinelli, Rossana Schiaffino, Jean-Claude Brialy, etc.) le dieron fuerza a un nuevo modelo de realización, emparentado con las nuevas olas europeas (Nouvelle Vague, Free Cinema,…), una manera de dirigir y actuar que ahora forman parte de lo que llamamos cine moderno.




domingo, 13 de noviembre de 2016

PALMARÉS DEL XIII FESTIVAL DE CINE EUROPEO DE SEVILLA

Último día el de ayer en el XIII Festival de Cine Europeo de Sevilla. Con el palmarés ya en la mano, asistimos a la proyección de Land of Mine, una de las cintas que más prometían dentro de la categoría de la European Film Academy. Sin premio alguno en el certamen, pero con el puesto honorífico de haber sido la segunda más votada por el público (la primera, como veremos, fue la excelente Toni Erdmann), la expectación era máxima y el público que aún no la había visto llenó la sala.



Land of Mine (Bajo la arena se subtituló aquí) es la historia de un grupo de prisioneros alemanes tras el final de la Segunda Guerra Mundial. Diez niños (así eran los últimos soldados reclutados para defender el III Reich) obligados a limpiar de minas las playas danesas. Con un sargento aliado bajo su cargo, los adolescentes sufrirán las consecuencias de la guerra, una más; un episodio poco conocido, pero igual de cruento que la más terrible batalla, con el agravante de haber ocurrido en tiempo de paz.

Con el buen sabor de boca de la visión de esta impresionante película del danés Martin Zandvliet damos por terminada nuestra crónica, no sin antes dar cuenta del palmarés de la presente edición:


GIRALDILLO DE ORO | GOLDEN GIRALDILLO
Película: MA LOUTE (Francia, 2016)
Dirigida por: Bruno Dumont

Premio ESPECIAL DEL JURADO | SPECIAL JURY Award
Película: MIMOSAS (España, Marruecos, Francia, Qatar 2016)
Director: Oliver Laxe
  
Premio Mejor DIRECCIÓN | Best DIRECTION Award
Película: STAYING VERTICAL (RESTER VERTICAL) (Francia, 2016)
Director: Alain Guiraudie

Premio al Mejor GUIÓN | Best SCREENPLAY Award
Película: LE FILS DE JOSEPH (Francia, Bélgica 2016)
Escrita por: Eugène Green
   
Premio a la Mejor ACTRIZ | Best ACTRESS Award
Película: MA LOUTE (Francia, 2016)
Actriz: Raph
  
Premio al Mejor ACTOR| Best ACTOR Award
Película: LE FILS DE JOSEPH (Francia, Bélgica 2016)
Actor: Victor Ezenfis
  
Premio a la Mejor DIRECCIÓN DE FOTOGRAFÍA
Best CINEMATOGRAPHY Award
Película: AMERICAN HONEY (Reino Unido, EEUU, 2016)
Director de Fotografía: Robbie Ryan
  
MENCIÓN ESPECIAL AL MEJOR SONIDO Y MONTAJE
SPECIAL MENTION TO BEST SOUND DESIGN AND EDITING
Película: MIMOSAS (España, Marruecos, Francia, Qatar 2016)
Director: Oliver Laxe
   
PREMIO A LA MEJOR PELÍCULA DE LA SECCIÓN LAS NUEVAS OLAS
NEW WAVES SECTION BEST FILM AWARD
Película: THE SUN, THE SUN BLINDED ME (Polonia, Suiza 2016)
Dirigida por: Anka Sasnal y Wilhelm Sasnal
   
PREMIO ESPECIAL LAS NUEVAS OLAS | SPECIAL AWARD NEW WAVES
Película: ALBÜM (Turquía, Francia y Rumania, 2016)
Dirigida por: Mehmet Can Mertoğlu

MENCIÓN DE HONOR | HONOR MENTION
Película: DAYDREAMS (L'INDOMPTÉE) (Francia, 2016)
Director: Caroline Deruas
 
PREMIO LAS NUEVAS OLAS NO FICCIÓN | NEW WAVES NON FICTION AWARD
Película: PARADISE! PARADISE! (Austria, 2016)
Dirigida por: Kurdwin Ayub
  
PREMIO EURIMAGES A LA MEJOR COPRODUCCIÓN EUROPEA
EURIMAGES AWARD TO THE BEST EUROPEAN COPRODUCTION
Película: TONI ERDMANN (Alemania, 2016)
Dirigida por: Maren Ade
 
PREMIO A LA MEJOR PELÍCULA DE LA COMPETICIÓN OFICIAL RESISTENCIAS
BEST FILM AWARD OF THE RESISTANCES OFFICIAL COMPETITION
Película: LOS OBJETOS AMOROSOS (España, 2016)
Dirigida por: Adrián Silvestre David

Película: DIÁS COLOR NARANJA (España, 2016) - Las Nuevas Olas
Dirigida por: Pablo Llorca

GRAN PREMIO DEL PÚBLICO | GRAND AUDIENCE AWARD
Película: TONI ERDMANN (Alemania, 2016)
Dirigida por: Maren Ade
 
PREMIO GIRALDILLO JUNIOR | JUNIOR GIRALDILLO AWARD
Película: AVES DE PASO (LES OISEAUX DE PASSAGE) (Bélgica, Francia 2015)
Dirigida por: Olivier Ringer
 
PREMIO FUNDACIÓN SGAE AL MEJOR CORTOMETRAJE PANORAMA ANDALUZ
THE BEST ANDALUSIAN PANORAMA SHORT FILM SGAE AWARD
Película: UN BILLETE A NUNCA JAMAS (España, 2016)
Dirigida por: Jorge Naranjo
 
PREMIO ESPECIAL FUNDACIÓN SGAE A LA CATEGORÍA ARTÍSTICA DE DIRECCIÓN
SPECIAL SGAE AWARD FOR ARTISTIC CATEGORY TO THE DIRECTION
Película: LA VIDA SIGUE IGUAL (España, 2016)
Director: Mateo Cabeza

PREMIO ASECAN A LA MEJOR PELÍCULA DE LA SECCIÓN OFICIAL
OFFICIAL SECTION ASECAN BEST FILM AWARD
Película: GODLESS (Bulgaria, Dinamarca, Francia, 2016)
Dirigida por: Ralitza Petrova
  
III PREMIO OCAÑA A LA LIBERTAD | 3rd OCAÑA AWARD TO FREEDOM
Película: HEARTSTONE (Islandia, 2016)
Dirigida por: Guðmundur Arnar Guðmundsson


Visto el palmarés y analizado por la crítica internacional y el público, la valoración de los distintos jurados ha sido más contestada que en anteriores ocasiones. La primera sorpresa es la ganadora del festival, Ma Loute, película que también se hizo con el premio a la mejor actriz y que da la impresión de que haya nacido para desconcertar a todos. A nosotros no nos parece mala elección la de premiar a un cine tan cercano al surrealismo, pero tan libre en su propuesta. Si bien, esperábamos más de Personal Shopper, cinta que nos encantó y que no dudamos pronto tendrá repercusión en las pantallas de todo el mundo.

Lo que no sorprende en absoluto es la buena acogida por parte de la audiencia de Toni Erdmann, la película que se llevó el otro galardón importante, el del público (por el que compiten los mejores filmes seleccionados por el festival de entre todos los que optan a los premios de la Academia de Cine Europeo). El filme de Maren Ade  también logró hacerse con el premio que otorga el fondo EURIMAGES.

Largometrajes como Mimosas y Le Fils de Joseph (que finalmente nos quedamos sin ver por cuestiones de calendario) fueron otros de los triunfadores al ganar dos importantes premios cada uno: el premio especial del jurado y una mención a los aspectos más técnicos, el primero; y el galardón al mejor guión y el premio al mejor actor, el segundo.


Y esto, en líneas generales, ha sido lo más destacado en el certamen. Ya sólo nos queda un año para volver a disfrutar con las mejores propuestas cinematográficas europeas, en un festival que nos parece adictivo. Tras los 365 días de síndrome de abstinencia prometemos volver para contarles lo que suceda aquí, en la capital andaluza.


sábado, 12 de noviembre de 2016

PERSONAL SHOPPER (Olivier Assayas, 2016)

A pocas horas del fallo del jurado, aquí en el XIII Festival de Cine Europeo de Sevilla, ayer pudimos asistir a la que es nuestra apuesta de cara a ganar el Giraldillo de Oro: la última película de Olivier Assayas, admirado director de cine —reconocemos que es nuestra debilidad—, con una carrera tan sólida como la cinta que presentó en persona el propio realizador, minutos antes de la proyección.


Personal Shopper es la historia de Maureen (Kristen Stewart), una joven médium que acaba de perder a Lewis, su hermano gemelo. Antes de continuar con su vida, Maureen espera una señal de Lewis desde el más allá que confirme que hay vida en el otro mundo. Mientras tanto se dedica a su profesión: personal shopper, es decir la encargada de hacer las compras de ropas, joyas y demás efectos a Kyra, una celebridad.

Assayas corrigió a la organización del Festival y aclaró en la sala que él no ganó el premio a mejor director de Cannes por esta película, sino el de mejor puesta en escena (Mise-en-scène). Y dijo que compartía el galardón con Kristen Stewart; excelente actriz que ya confirmó su buen hacer en Café Society donde demostró haber superado y dejado bien atrás Crepúsculo. No obstante, suponemos que de aquella saga algún recurso habrá utilizado ahora como corresponde a una profesional con cierto recorrido. En cualquier caso, Assayas reconoció que los dos crearon la historia de Personal Shopper y que ambos dieron vida al personaje de Maureen. Y es que la película es casi un soliloquio de la actriz; toda la cinta es para ella, y ella es la cinta.


El largometraje, como afirmó el realizador, es una película de fantasmas. Assayas explicó que no cree en fantasmas, pero tampoco en la vida real, sólo en las ideas. Según el director, en realidad todas las películas son de fantasmas. Una opinión que flota en el ambiente de la cinta, a la que es difícil de catalogar. Colgarle el adjetivo de película de terror, o thriller, o drama, sería quedarse corto.

Personal Shopper es ese tipo de filmes de los que no dejas de hablar en días y que tienes que ver varias veces para comprenderlo del todo. Sólo una advertencia para el que tenga la suerte de dar con él: hay que estar atento a todo. Y eso que la puesta en escena es sencilla, en apariencia. Y la realización con largas secuencias perseguidas por la cámara de Assayas y con Stewart en el centro de todo, tampoco parece demasiado complicada. No se dejen engañar. 





viernes, 11 de noviembre de 2016

UNITED STATES OF LOVE (Zjednoczone stany milosci de Tomasz Wasilewski, 2016)

De Polonia, pasando por Berlín donde consiguió el Oso de Plata, llega esta cinta del director Tomasz Wasilewski, con serias aspiraciones a llevarse algunos de los premios del presente certamen del Cine Europeo, aquí en la capital andaluza.


De nuevo la mujer es el centro sobre el que pivota esta película episódica. Un largometraje que en realidad son cuatro cortos relacionados entre sí, que abordan otras tantas historias de mujeres centradas en temas casi siempre relacionados con las insatisfacciones amoroso-sexuales.

Mientras Agata tan sólo siente asco por su marido y le atrae el cura de la parroquia, Iza (Magdalena Cielecka) es la directora de un instituto y la amante del padre de una de las alumnas. La hermana de Iza, Marzena, quiere ser modelo a toda costa, y su vecina, Renata aspira a conseguir ser su pareja.


Cuatro historias sórdidas, de amores soterrados, de sexualidad malsana y de cuerpos desnudos, como crudo es el guión. Libreto que encaja perfectamente en un entorno como el de Polonia justo después de la caída del Muro de Berlín. La represión sexual, la falta de libertad, el frío interno y externo, mas los viejos traumas se apelotonan en la salida hacia la libertad, pero no todo parece tan fácil.

Las cintas de vídeo, el aeróbic, la música occidental, son algunas señales de la apertura que viene del Oeste, aunque en la cinta de Wasilewski parezcan tan rancias como la fotografía de baja saturación. No es casual que el tono cromático se sitúe entre el color y el blanco y negro. Un color que no termina por definirse del todo, igual que las vidas de las protagonistas, intentos fallidos de cambio, como si se hubieran quedado encerradas tras el Telón de Acero para siempre.






miércoles, 9 de noviembre de 2016

MA LOUTE (Bruno Dumont, 2016)

Sin abandonar la Sección Oficial del XIII Festival de Cine Europeo de Sevilla, ayer pudimos asistir con sorpresa a una de las cintas más disparatadas que se han rodado en Europa en los últimos años. La responsabilidad de tan singular obra hay que adjudicársela al director francés Bruno Dumont.


En la costa norte de Francia, en las marismas que dan acceso al Canal, la desaparición de varios turistas ha puesto en guardia a las fuerzas del orden. Una pareja de policías investigan lo que podría ser un caso de asesinatos en serie. Mientras en lo alto del acantilado disfrutan de sus vacaciones estivales la familia Van Peteghem, a nivel del mar pescan los mariscadores de la familia Brufort, que también dedican parte de su tiempo a dar paseos a los turistas.

Nada extraño en una trama que podría ser convencional, sino fuera porque la pareja de policías la forman un obeso mórbido tan inepto como su insignificante compañero, agentes de la ley que se limitan a rodar por las dunas y a constatar que hay un misterio que resolver; sino fuera porque la familia Van Peteghem la forman los personajes más extravagantes que han pisado un plató, que ni siquiera el más delirante Fellini hubiese imaginado; sino fuera porque la familia Brufort son unos degenerados; sino fuera…



Incestos, canibalismo, travestismo, y varios “ismos”  más forman parte de una absurda parodia de crítica social (los de “arriba” y los de “abajo”), de un remedo de Romeo y Julieta cuando la chica/chico (no se sabe bien qué es) de los Peteghem se lía con Ma Loute, el mayor de los Brufort. Historia de amor que quiere dar sentido a una película que si alguna vez lo tuvo, lo pierde para siempre en un momento dado en el que la falta de gravedad suma el surrealismo a una comedia negra con guiños a Hergé (por lo de los policías con bombín) y al citado Federico Fellini.


Actores conocidos (Juliette Binoche, Valeria Bruni-Tedeschi, homenajeada en el festival, Fabrice Luchini) dan rienda suelta a la sobreactuación improvisada que por una vez se encuentra justificada. Algo que imaginamos habrá resultado liberador para profesionales siempre ajustados a guiones más o menos dramáticos. Argumentos que aquí brillan por su ausencia para convertir todo en un disparate saturado de golpes (lo de los golpes es literal: el slapstick que no falte) muy graciosos que hacen sonoras las carcajadas de un público entregado al absurdo; también liberado.




martes, 8 de noviembre de 2016

SÓLO EL FIN DEL MUNDO (Juste la fin du monde de Xavier Dolan, 2016)

Desgarradora la película que pudimos ver ayer en la Sección Oficial del Festival de Cine Europeo de Sevilla. El director canadiense Xavier Dolan, que viene con un premio en Cannes debajo del brazo, fue certero en su disparo directo a los corazones de los espectadores y creemos que salió triunfante en una proyección donde no se oía una mosca, tan sólo un reloj de cuco.


La cinta es una coproducción Canadá-Francia —de ahí que se presente al certamen—, y trata un tema algo manido en obras de teatro, filmes, series y hasta documentales: las reuniones familiares al cabo de los años y los conflictos que llevan consigo. Una trama que siempre ha dado buenos resultados, incluso magníficos (pensemos en Celebración, Larga jornada hacia la noche o El desencanto, entre muchísimas otras), quizás por el hecho de que el espectador pueda verse reflejado en ella.

A pesar de un argumento tan poco original, Xavier Dolan ha sabido darle una vuelta de tuerca cuando el motivo de la reunión es el regreso del hijo pródigo, Louis, que después de doce años ausente viene con una terrible noticia que dar: tiene una enfermedad terminal; se muere. Louis pronto comprobará que sus problemas en realidad son los más sencillos, tan sólo la muerte, comparados con la complejidad de la convivencia día a día en el seno de la familia que dejó atrás.



La película posee una estructura muy definida, un acto por conversación entre el recién llegado y cada uno de los miembros de la familia: su hermana pequeña, el mayor (Vincent Cassel), la madre (Nathalie Baye) y su cuñada (Marion Cotillard). Sin disimular el origen teatral de la cinta, Xavier Dolan incluye ligeros flashbacks que dan algunas pistas acerca del pasado de esta familia disfuncional, de los buenos recuerdos, de los viejos traumas pendientes de resolver.

Con el suspense de cuándo se va a decidir Louis a contar la verdadera causa de su regreso, el filme va revelando lo dependientes que son todos y cada uno de ellos del recién llegado, el único que ha triunfado, el que podría haber mantenido unida la familia si no se hubiera ido. Los diálogos a flor de piel, los rostros rozando el objetivo, la luz escasa, revelan que la familia espera desesperadamente la ayuda del exterior. La noticia que trae Louis puede ser la bomba que destruya lo poco que queda.

Cinta de actores (el elenco es extraordinario), y de hábil director, el largometraje contiene además una de las mejores escenas finales —por las que se puede recordar toda una película— vistas hasta ahora en el presente certamen, o en cualquier otro.





lunes, 7 de noviembre de 2016

A WAR (Krigen de Tobias Lindholm, 2015)

“Una guerra”, así de escueto y sencillo es el título de la nueva película de Tobias Lindholm (casi como una continuación de su excelente A Hijacking , "Un secuestro", con la que tiene muchos elementos en común). Dos palabras, unas y otras, que en su concisión encierran toda la complejidad posible en un mundo tan crispado como el que nos ha tocado vivir. Con A War, Tobias Lindholm ha querido enumerar algunas de las consecuencias que puede acarrear un conflicto bélico en la vida de los soldados que allí combaten y en la de sus familias. Tarea nada fácil, pero resuelta de forma brillante, en nuestra opinión.


Claus Pedersen (Johan Philip "Pilou" Asbaek, actor en primera línea del star system escandinavo, presente en todas las películas importantes que vienen de allí, también el protagonista de A Hijacking) es el oficial de mayor grado al mando de un destacamento danés en el frente de Afganistán. Tras sufrir algunas bajas decide acudir él mismo a las patrullas en vez de supervisarlas desde el centro de operaciones, como es su obligación. En pleno ataque del enemigo, toma una polémica decisión para salvar las vidas de sus soldados, pero no puede evitar daños colaterales entre la población civil. Suspendido de sus funciones, es enviado de vuelta a casa a la espera de ser juzgado por crímenes de guerra.

El director danés Tobias Lindholm se atreve a abordar el espinoso asunto que enfrenta al respeto a la ley por encima de todo, contra la comprensión hacia personas que se juegan la vida y tienen que tomar decisiones en décimas de segundo. Algo que no es nuevo, pero que el realizador gestiona desde la posición neutra del crupier que se limita a repartir las cartas para que sea el espectador el que finalmente tome parte en el juego.


Y la baraja es harto complicada. Por un lado, las ansiedades del frente, las situaciones extremas por las que personas corrientes, por muy preparadas que estén, tienen que soportar en territorio ajeno donde viven otros seres humanos que, cómo ellos, tienen familia y aspiran a una vida mejor. Lo malo es que a simple vista no se distinguen esos lugares comunes: los cascos, los uniformes mimetizados, la tez pálida, los cabellos rubios frente a los burkas, las barbas y la tez morena. Parecen seres de diferentes planetas; y no lo son.

Por el otro lado se sitúa la batalla cotidiana, la de los que se quedan en casa esperando el regreso del soldado. Una lucha también difícil de llevar, donde el objetivo es mantener la estructura de la familia intacta. Cuando ambos mundos se encuentran, en el caso de A War, no es precisamente para recuperar lo que dejaron atrás, sino para enfrentarse a otro dilema: al de la aplicación de una justicia implacable que amenaza con destruir lo poco que queda de su vida anterior.

Dilemas morales entre compañeros, tensión entre abogados, remordimientos en los acusados, presión desde las familias, son algunas de las fuerzas que entran en colisión en una cinta para el debate, muy bien rodada desde el realismo, tanto en las escenas domésticas como en las bélicas. Y aquí hay que decir que nada fue igual desde Salvar al soldado Ryan; todas las películas que vinieron después se benefician de una tecnología donde el verismo en la acción es siempre uno de los activos más importantes; igual que sucede en A War.

Por cierto, ¿se trata de la segunda parte de una trilogía que comenzó con la muy citada A Hijacking y que puede hacer historia en el cine europeo?... Lo ignoramos, pero estaremos atentos a Tobias Lindholm.





domingo, 6 de noviembre de 2016

EL DIA MÁS FELIZ EN LA VIDA DE OLLI MÄKI (Hymyilevä mies de Juho Kuosmanen, 2016)

De Finlandia viene esta correcta película del casi debutante en el largometraje, Juho Kuosmanen. Un biopic acerca de la figura legendaria del boxeo finés, Olli Mäki, que no nos cautivó demasiado quizás debido al fulgurante arranque del festival de cine europeo de Sevilla y a otra cinta escandinava que pudimos ver antes: A War, de la que hablaremos en su momento.


Olli es un panadero, un joven de pueblo que triunfa en el boxeo amateur y que acaba de dar el salto al deporte profesional. Disputar el campeonato del mundo es la propuesta que le acaban de hacer y todavía no se lo puede creer. Eso significa tener que trasladarse a la capital, entrenar mucho y perder peso. Olli está dispuesto a todo siempre que en su aventura le acompañe Raija, la mujer de la que acaba de enamorarse.

Casi todos los tópicos del boxeo: el afán de superación, el sacrificio, la competencia y los oscuros asuntos financieros, aparecen en una película poco original en ese sentido. Un filme que, no obstante, se sostiene gracias al contraste entre el entrenamiento de un deporte tan violento, y la evolución de una tierna y hasta bucólica historia de amor entre dos jóvenes. La colisión entre ambos mundos será inevitable: Olli se debate entre aislarse de su novia si quiere estar en condiciones de disputar el combate con ciertas garantías de éxito, o seguir con ella a pesar de la prohibición explícita de su entrenador.


La mayor virtud de la película, a nuestro entender, es el aspecto formal y la ambientación, ambos elementos muy unidos, todo un acierto del director. La trama, como se ha dicho, se encuentra basada en una historia real que transita por el año 1962 y todo, el vestuario, el atrezzo, los peinados, el maquillaje, etc., son los de la época. Tan conseguido está el diseño de producción, que nadie diría que no se trata del propio documental que se rueda dentro de la cinta (un buen ejemplo de “cine dentro del cine”, estilo felliniano).

 Pero si la ambientación es de diez, la puesta en escena y la forma de rodar, en blanco y negro, con una cámara en permanente movimiento, casi subjetiva, siguiendo al protagonista, es maravillosamente engañosa. Sabemos que la cinta se ha rodado en 2016, pero posee todo el encanto de los largometrajes de las nuevas olas que surgieron en Europa en los sesenta. Parece extraído de la filmografía del primer Polanski, o más bien —por la temática pugilística— de su compañero Jerzy Skolimowski. La nostálgica frescura que destila la película nos hace situarnos en los cine clubes de esos años donde directores disidentes con los regímenes autoritarios soviéticos se jugaban sus carreras.


Quizás esto último sea lo que no cuadre del todo. Finlandia fue un país que a pesar de las concesiones que tuvo que hacer a la URSS al final de la Segunda Guerra Mundial, se mantuvo neutral en la Guerra Fría. Es verdad que algo de política hay en la cinta, pero es más la denuncia hacia los sectores capitalistas que organizan el combate, que a otra cosa.

Si lo que pretendía el director era emular no solo la forma sino también la combatividad de los realizadores de la Europa Oriental en los años sesenta, entonces ha fallado en su intento. Si su objetivo era mucho más sencillo —y es lo que creemos—, es decir simplemente mostrar una historia de amor donde para el protagonista el triunfo sentimental es más importante que el deportivo, entonces el director ha acertado; aunque su acierto, eso sí, haya sido más con el envoltorio que con el contenido.






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