martes, 1 de julio de 2014

¡VACACIONES DE VERANO!

Todo llega, hasta las vacaciones.
Nos apartamos un poco del blog para disfrutar de un descanso, pero os dejamos con LA PELÍCULA.
Una secuencia más de The Searchers, en esta ocasión algo "refrescante", aunque no aconsejo a nadie meterse en ese río con Scar merodeando por ahí y con Ethan bastante cabreado...
Lo dicho, a disfrutar y hasta la vuelta.



lunes, 2 de junio de 2014

OBJETIVO: BIRMANIA (Objective, Burma! de Raoul Walsh, 1945)

El próximo 6 de junio se celebra el setenta aniversario del Desembarco de Normandía, una operación aliada que significó el comienzo del fin para el régimen nazi y el inicio de la liberación de Europa. Nos hacemos eco del acontecimiento con una reseña sobre una de las películas bélicas más famosas, legendaria diría yo, también de más calidad, que sobre la Segunda Guerra Mundial se haya hecho jamás, dirigida por un verdadero especialista en el género: Raoul Walsh.






















Objective, Burma! sirve muy bien a nuestro propósito porque su estructura parece resumir todo el conflicto a nivel global y no sólo la campaña en Birmania: el inicio, con la rápida derrota aliada; el desarrollo, que simboliza el esfuerzo titánico de guerra (el núcleo de la película con las aventuras del capitán Nelson (Errol Flynn) y sus hombres); y, finalmente, la conclusión, con la invasión de las fuerzas conjuntas semejante a la de Normandía.

Al indudable tono propagandístico que reina en la película se le une el característico sello trágico de Walsh: El director deja que el drama se apodere de la cinta progresivamente, a través de la evolución de los personajes, pero también de las imágenes. El optimismo del inicio, con la inclusión de las pocas concesiones al humor que Walsh permite en el largometraje, continúa con la rápida y limpia operación de la estación de radar, sin ninguna victima norteamericana, y con el uso de la banda sonora y encuadres convencionales. A partir de ahí, con el desengaño producido por la fallida evacuación, arranca el deambular del pelotón por la selva birmana. Los encuadres comienzan a ser más barrocos, la iluminación rebaja su tono y los personajes se desesperan.


Walsh utiliza el paisaje como elemento dramático para reflejar la angustia de la guerra y lo desplazado del americano de su entorno natural. El vadear de los ríos ya no es tan fácil como al principio y el agua cada vez les llega más al cuello. La jungla se convierte en el verdadero enemigo y la guerra entre japoneses y americanos pierde su sentido cuando no se comprenden las órdenes, cuando de lo único que se trata es de llegar a un punto determinado en el mapa sin saber por qué. Así, la batalla entre dos bandos se transforma en una lucha entre hombres y naturaleza donde lo único que importa es sobrevivir.

Pasado el ecuador del metraje, el filme se vuelve tan oscuro como anclado el capitán Nelson en el aislamiento que le confiere su condición de jefe. El personaje se une a la larga lista de héroes trágicos y solitarios de Walsh, mientras que la película se reafirma como otra cinta más de itinerario del director; acaso la más representativa de todas ellas: los soldados penetran en una región prohibida de la que intentan salir; dan vueltas y más vueltas en un lugar cerrado, en un entorno que les agobia como si de una moderna Ilíada se tratase.  


En esta tragedia shakesperiana en la que finalmente se transforma la cinta, dos son las secuencias que destacan, ambas con la notable participación del director de fotografía, James Wong Howe: la batalla nocturna del final y la escena de la muerte del teniente Jacobs. En ambas, Howe experimenta con la fotografía en ambientes de poca luz y consigue deformar las expresiones de los rostros de los militares que esperan aterrorizados la llegada de los japoneses. Por su parte, Walsh rueda con acierto encuadres generales de los soldados cavando las trincheras como si de sus propias tumbas se tratase, o gestiona primeros planos de los actores que muestran temor, ansiedad, o sufrimiento, que se debaten, como el capitán Nelson, entre matar al teniente Jacobs (William Prince) para que no sufra o dejarle morir. Walsh no muestra el cuerpo de Jacobs y deja que el espectador se imagine horribles mutilaciones. Una sutileza que parece extraída de las mejores cintas de terror donde lo implícito, lo que se sugiere, es más terrible que lo explícito.

La invasión de los aliados, en la resolución del filme, libera al pelotón de sus enemigos —y al espectador de la tensión— y despoja la película de su manto trágico. Sin embargo, Walsh se resiste a dejar las cosas así: en uno de los últimos planos, Nelson ofrece a su superior las chapas de identificación de los caídos. Sus palabras son amargas, “aquí está el precio de la misión, no mucho en realidad, sólo un puñado de norteamericanos”. La crítica del director anticipa su cinta más cruda sobre la guerra, Los desnudos y los muertos (The Naked and The Dead, 1958), y distorsiona con toda la intención el mensaje patriótico. La conclusión de Objetivo: Birmania siembra de dudas al espectador que, en 1945, ya no necesitaba de falsas propagandas a favor de la guerra más cruel que haya existido nunca.

Trailer original:


(Un análisis más extenso de la película y de su autoremake Tambores Lejanos se puede leer en el capítulo V de El Autoremake en el cine. ¿Obsesión o repetición?, un libro que está disponible hasta el 15 de junio en la Feria del Libro de Madrid, en la caseta nº185)


domingo, 1 de junio de 2014

NOTICIAS LITERARIAS (Continuación)

FERIA DEL LIBRO DE MADRID

Se nos olvidaba algo importante: La Feria del libro en la capital. Del 30 de mayo al 15 de junio en el Retiro, se celebrará esta exposición anual de literatura, encuentro entre autores y lectores, con las última novedades.
El Autoremake en el cine. ¿Obsesión o repetición? no se pierde el evento y se podrá adquirir en la caseta 185. Os esperamos.

(Un adelanto del libro, con algunas páginas y sus fotografías se pueden ver aquí)

Un abrazo.



jueves, 22 de mayo de 2014

ALGUNAS NOTICIAS LITERARIAS

Hacemos un inciso en nuestro camino cinéfilo para dar cuenta a los lectores de algunos eventos, pasados y futuros, y de paso informar de cuestiones de interés que tienen que ver con nuestra actividad literaria:

IV CERTAMEN INTERNACIONAL DE NOVELA CORTA “GIRALDA”

La Asociación Cultural Artístico-Literaria ITIMAD  de Sevilla otorgó el pasado 19 de mayo, en un acto celebrado en el Excmo. Ateneo de Sevilla, los premios del Certamen Internacional de Novela Corta “Giralda”. Los galardones se repartieron de la siguiente manera:

Ganador: D. Manuel Vilches Morales, por su obra "Las cavernas del alma"
Accésit: Dª Elena Marqués Núñez por su obra "El largo Camino de tus piernas"
Premio Local: D. Fernando de Cea Velasco, por su obra "La habitación 104"

Las tres novelas cortas han sido editadas por ITIMAD en un libro que las engloba, titulado “Azucenas de Bronce”.
Pulsar en el siguiente enlace para más información acerca de cómo adquirir el libro y de nuestro relato La Habitación 104.


Portada de "Azucenas de Bronce"
Contraportada de "Azucenas de Bronce"


FERIA DEL LIBRO DE SEVILLA


Del 22 de mayo al 1 de junio se celebrará la Feria del Libro de Sevilla en la Plaza Nueva.

En el stand número 6 de Ediciones en Huida se podrá adquirir nuestra novela Cenizas para un bluescontinuación de Puentes y Sombras. El domingo, 25 de mayo, el autor firmará ejemplares de la novela a partir de las 12:30.

En el stand número 12, correspondiente a la librería Céfiro, se podrá adquirir el libro Azucenas de Bronce. El jueves, 29 de mayo, los autores de las novelas cortas que contiene el libro firmarán ejemplares a partir de las 19:00.


NUEVA WEB DE EDICIONES EN HUIDA

La Editorial Ediciones En Huida acaba de presentar su nueva página web desde la cual se podrá adquirir nuestra novela Cenizas para un blues.

Pulsando en el siguiente enlace se accede a la información sobre las Librerías Asociadas a la editorial, repartidas por las distintas comunidades, donde también se podrá conseguir el libro.


Un abrazo a todos los lectores.


lunes, 19 de mayo de 2014

CINE EN DVD: LOS AMANTES DE MONTPARNASSE (Montparnasse 19 de Jacques Becker, 1958)

La distribuidora REGASA CLAU acaba de lanzar en DVD el conocido biopic del pintor italiano de la Escuela de París, Amedeo Modigliani, realizado por Jacques Becker.



La película, inicialmente, fue encargada a Max Ophüls, pero el gran director germano murió en 1957 sin pasar de la fase de preproducción. Jacques Becker la continuó y se puede decir que la cinta es totalmente suya, una cinta que a la postre sería la penúltima realizada por el francés. También fue una de las últimas apariciones del protagonista, Gérard Philipe, que encarna a un Modigliani ya enfermo. Por tanto, y por diversos motivos, de guión y de la vida real, el largometraje resultó ser un filme crepuscular. 

En efecto, el Modigliani que retrata Becker es un pintor ya aquejado de tuberculosis, que vive en el París bohemio de principio del siglo XX, y que se alimenta de alcohol y drogas. Un artista que no consigue -realmente, no quiere- vender su obra y que vaga por Montparnasse. La película refleja los últimos años del pintor y su relación con las mujeres que influyeron en su obra y en su vida. En especial con la filántropa, Beatrice Hastings (Lilli Palmer), que le sirve de sustento y le proporciona drogas y alcohol, y la joven burguesa, Jeanne Hébuterne (Anouk Aimée), que se enfrenta a su familia acomodada para abandonarlo todo e irse con Modigliani.


Precisamente el debate entre una y otra mujer por parte de un desquiciado Modigliani resulta lo más atractivo de la cinta: el interés económico frente al amor, pero con un sinfín de matices consecuencia de la inestabilidad física y emocional del protagonista. Para conseguir el realismo necesario, Becker contó con la experiencia de un actor de la categoría de Gérard Philipe, con un registro que dominaba como nadie; véase, por ejemplo, la excelente Los Orgullosos (Les Orgueilleux de Yves Allegret, 1953), donde daba vida a un médico borracho, perdido en las callejuelas de Vera Cruz. 


El desasosiego de toda la obra, en el que la fotografía expresionista tiene mucho que ver, ofrece un final más sombrío aún cuando un marchante de arte (Lino Ventura) especula con la obra del pintor. Becker ofrece una conclusión pesimista donde opina que la muerte es la única posibilidad que tienen algunos artistas de ver —de no ver— su obra por fin reconocida y valorada.

Ver ficha de Los Amantes de Montparnasse

Aquí, el trailer original:




jueves, 8 de mayo de 2014

LOS ROMPEPELOTAS (Les Valseuses de Bertrand Blier, 1974)

Es habitual referirse a los años setenta en Europa, y en el mundo entero, como a la época más floja del cine (lo decimos en general, puesto que sabemos de la existencia de grandes películas en ese período). Fueron los años del uso desmedido del zoom, de la descuidada fotografía en color y del manierismo desatado con exceso de simbología y modernismo mal entendido. De todos esos "logros" y alguno más que dieron al traste con demasiadas producciones que hoy en día son para olvidar. Sin embargo, algunas de estas películas, digamos de realismo sucio y provocador, algo envejecidas en la actualidad, han conseguido superar el lastre de los años sencillamente por el buen hacer de realizador e intérpretes. Es el caso de Los Rompepelotas.























Les Valseuses (Los cojones, si empleamos una traducción literal) es un producto muy personal de su director, el escritor Bertrand Blier (hijo del actor, Bernard Blier) y no tiene nada que ver, que nadie se lleve a engaño, con las típicas y poco afortunadas comedias-norteamericanas-de-universitarios-salidos-y-desmadrados. Es el primer éxito del realizador francés y da origen a una singular carrera que comienza con cintas del mismo corte: comedias surrealistas, provocadoras, con mucha carga sexual, pero muy apreciadas por la crítica y por cierto sector que las encumbra como filmes de culto.

Los Rompepelotas son dos jóvenes, Jean-Claude y Pierrot, (Gerard Depardieu y Patrick Dewaere, respectivamente) que se dedican al robo de poca monta por diversión y buscan en las mujeres el sexo sin tapujos. No las violan, sólo intentan que ellas consientan en la práctica de un sexo alegre y distendido. Digamos que los hippys han pasado de moda y ellos son una especie de continuación del amor libre de los sesenta, pero en su versión de delincuentes pasotas. En uno de sus atracos, un robo de un automóvil que terminan por devolver, las cosas salen mal y a Pierrot le disparan en los testículos. En la huida, se les une, al principio  obligada, luego no tanto, Marie-Ange (Miou-Miou), una joven distante que se comporta en la cama como un témpano de hielo, a la que los dos amigos se empeñan en curarle la frigidez. Al mismo tiempo, Jean-Claude intenta convencer -y demostrar- a Pierrot que no debe preocuparse por las secuelas del disparo: que no lo han dejado impotente.



La cinta, por tanto, discurre a través de una serie de sucesos absurdos, con una estructura de road-movie, donde el trío se encontrará con diversos personajes tan extraños como ellos: una mujer madura (Jeanne Moreau) recién salida de la cárcel, en quizás el mejor segmento del largometraje por lo que recuerda a la excelente Jules et Jim de Francois Truffaut (1962); el hijo de la anterior, otro expresidiario, pero esta vez virgen; la flamante esposa de un militar, que viaja para ver a su marido de permiso mientras amamanta a su hijo en el tren; una familia burguesa, cuya hija (una jovencísima Isabelle Huppert, antes de que la descubra Chabrol) quiere unirse al trío de delincuentes; etcétera.

Bertrand Blier no sigue la moda -lo cual se agradece bastante- y rueda sin usar el maldito zoom, mientras prefiere mover la cámara o emplear recursos tan elegantes como el largo y cuidado travelling de la secuencia del auto-stop. También se presenta como un cinéfilo empedernido, con más referencias a películas clásicas a parte de la citada de Truffaut (anotamos una muy clara: Sucedió una noche (It Happened One Night) de Frank Capra, 1934), y con algunos elementos muy cercanos a la Nouvelle Vague (argumento personal sin una trama definida, la muy citada referencia a Jules et Jim, el hecho de adaptar una novela del propio Blier, actores adscritos al movimiento, etc.).

La cinta fue un escándalo en su día y sufrió cortes en numerosos paises que posteriormente fueron subsanados en las distintas ediciones en vídeo y DVD. Hasta se tuvo que rodar un final alternativo (evidente influencia posterior en Thelma & Louise de Ridley Scott, 1991) para poder distribuirla en Estados Unidos. Por supuesto, nosotros nos quedamos -y recomendamos- la excelente conclusión abierta del original de Blier; y la película en su totalidad.


Aquí el trailer USA, donde el filme se tituló con el nombre más convencional de "Going Places":



Ver ficha de Los Rompepelotas.


lunes, 28 de abril de 2014

CINE EN TV: UNA MENTE MARAVILLOSA; CUMBRES BORRASCOSAS

Una mente maravillosa (A Beautiful Mind de Ron Howard, 2001). Russell Crowe, Jennifer Connelly, Ed Harris, Christopher Plummer. (Paramount Channel, miércoles, 30 a las 15:30)

Biopic del premio Nobel de Economía, John Nash, el creador del equilibrio que lleva su nombre y de gran parte de la teoría de juegos y negociaciones, aunque en la película queda claro que sus preferencias eran las matemáticas y que las aplicaciones económicas fueron producto de los usuarios de sus teorías.

La cinta se apoya en tres pilares principalmente: el suspense, la interpretación de Russell Crowe y la habilidad de emocionar de Ron Howard. Si bien, todas ellas se cumplen a medias dando lugar a un largometraje irregular. Veamos: el amago de thriller del guión no termina de cuajar debido a razones evidentes que no vamos a desvelar; Crowe se luce en un registro que logró perfeccionar fijándose en el propio Nash, pero baja de nivel cuando se olvida del papel que está interpretando y deja salir el ramalazo de héroe americano; y a Ron Howard le sucede algo parecido, como en casi todas sus películas, la cinta funciona cuando se desarrolla con cánones realistas, pero falla cuando roza lo comercial, en el peor sentido de la palabra.


A pesar de todo, el filme se llevó cuatro Óscar, entre ellos nada menos que el de mejor película -y pudo llevarse otros cuatro-. Siendo justos, los de fotografía y guión pueden ser merecidos, pero el de mejor actriz de reparto a Jennifer Connelly digamos que sorprende bastante.

En general, resulta una cinta interesante, con muy buena música del afamado James Horner (Titanic, Brave Heart, etc.) y correctos elementos técnicos. Una película que gustará a los fans de Russell Crowe —y que alertará a los muchos detractores de Ron Howard—, pero que sí, que se deja ver.


Cumbres Borrascosas (Wuthering Heights de William Wyler, 1939). Laurence Olivier, Merle Oberon (Paramount Channel, miércoles, 30 a las 10:15)

Cuidada producción de Samuel Goldwyn, que tenía predilección sobre las grandes adaptaciones literarias (ésta era su favorita). La verdad es que consiguió una de las mejores versiones que se han hecho sobre la célebre obra de Emily Brönte y las pasiones entre Cathy y Heathcliff (La de Buñuel le sigue muy de cerca: Abismos de pasión, 1953; otra notable es la de Jacques Rivette en 1985).


Lo más destacado de la película es la fotografía en blanco y negro del maestro Gregg Toland, que se llevó el Óscar. La tensión dramática también está muy conseguida, quizás debida a los continuos enfrentamientos entre Goldwyn y Wyler (“William Wyler la dirigió, pero yo la hice”); entre Olivier y Wyler (el actor se desesperaba con la minuciosidad en la realización del gran director); o entre Merle Oberon y el propio actor británico (después de una escena de amor, tras cortar la toma, Merle Oberon se volvió hacia Wyler quejándose de Olivier: “dígale que deje de escupirme”).



miércoles, 23 de abril de 2014

EL AUTOREMAKE EN EL CINE: CAPÍTULO IV (y VIII)

Ahora bien, no todo son ventajas con el cambio de género, de hecho creemos que se pierde mucho más que se gana al convertir en musical la película, sobre todo de cara al guión y a los diálogos. El jazz no da el mismo juego que daba el slang. Las mejores líneas de diálogo escritas por Wilder y Brackett para Bola de fuego ya no tienen sentido en Nace una canción y, o bien desaparecen, o simplemente pierden la fuerza y gracia iniciales.

Sin unos diálogos adecuados, sólo la presencia de un actor especialista en registros cómicos podría salvar la cinta, pero ya hemos dicho que Danny Kaye no se encontraba precisamente en su mejor momento anímico. Al actor se le nota carente de chispa, ausente a lo largo de todo el metraje, pensativo en escenas que no lo requieren, apático para un personaje que no debería serlo, sin ninguna predisposición a improvisar y dejándose llevar por un libreto tan plano como él. El director se quejó amargamente de los continuos retrasos por culpa de las idas y venidas de Kaye al psiquiatra intentando recuperarse de su separación. Hawks recordaba que el actor “intentaba hacerse el gracioso, pero no hacía reír a nadie” (Hawks citado en Perales 2005, p.262).

Si Kaye fracasa estrepitosamente, Virginia Mayo tampoco ayuda demasiado. No está claro quién fue, si Goldwyn o Hawks, el que se empeñó en que la actriz imitara a Barbara Stanwyck.[1] El caso es que la actriz “bizca”, que tanto brillara en películas de aventuras, westerns o cine negro, aquí se encuentra encorsetada, poco suelta en los números musicales, intentando imitar, sin éxito, las poses y el caminar de Stanwyck, y tan carente de gracia como su compañero. Hawks también lo reconoció: “No valía para la comedia” (McBride 1988, p.103).

fig. 4.20


A la desidia general se unió el anodino trabajo de Gregg Toland que se encontraba desplazado por el technicolor. La fuerza expresiva habitual de su objetivo sólo parecía brillar cuando rodaba en blanco y negro (compárese, por ejemplo, las dos secuencias en las que la cabaretera muestra su provocativo vestido, 4.13 con 4.6). Como a Hawks ya no parecía importarle demasiado el encuadre —rara vez aparecen juntos los siete profesores (4.20), casi siempre el que falta es Benny Goodman, al que suponemos ausente del rodaje y ocupado en otros menesteres— ya no era necesario el concurso de Toland, ni su habilidad con la profundidad de campo y las angulaciones extremas. Pese a contar con el mismo decorado, se desaprovecharon sus niveles en altura y todo resultó mucho más convencional, sin ningún adorno, y no porque por fin se impusiera el criterio general de Hawks, sino más bien por la desgana de ambos profesionales.

No creemos equivocarnos al afirmar que Nace una canción puede ser la película menos afortunada e imaginativa de Howard Hawks. Lo peor es que su falta de interés contagió al resto, actores y técnicos, para conseguir una cinta de la que sólo se salvan algunos números musicales mientras el resto es un sucesivo remedo de secuencias insulsas, un proyecto fallido desde el inicio por la nula disposición del director hacia él.
FIN DEL EPÍGRAFE "BLANCANIEVES Y LOS OCHO ENANITOS"




[1] Hawks le explicó a McBride que “la obligaron (a Virginia Mayo) a ver Bola de fuego varias veces”, pero Perales afirma que fue Hawks el que le hizo ver la película una y otra vez (2005, p.262).


BIBLIOGRAFÍA DEL EPÍGRAFE "BLANCANIEVES Y LOS OCHO ENANITOS":

-A Song is Born (Vídeo) 2009, Twentieth Century Fox Home Entertainment, Beverly Hills.
-Ball of Fire (Vídeo) 2007, Twentieth Century Fox Home Entertainment, Beverly Hills.
-Bogdanovich, P. 2007, El director es la estrella, T&B Editores, Madrid.
-Casas, Q. 1998, Howard Hawks. La comedia de la vida, Dirigido por, Barcelona.
-Crowe, C. 2002, Conversaciones con Billy Wilder, Alianza Editorial, Madrid.
-McBride, J. 1988, Hawks según Hawks, Akal, Madrid.
-Perales, F. 2005, Howard Hawks, Cátedra, Madrid.
-Torres-Dulce, E. 2001, Armas, mujeres y relojes suizos, Nickel Odeon, Madrid.
-Wood, R. 1982, Howard Hawks, Ediciones JC, Madrid.


Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...