viernes, 8 de febrero de 2008

HOMBRES INTRÉPIDOS (The Long Voyage Home de John Ford, 1940)

John Ford influenciado por el expresionismo, crea una obra maestra. Es en sí pesimista y va claramente en contra de la corriente de la época, de fervor patriótico y propaganda pro-bélica. Es la antítesis de la aventura, es un alegato a la soledad, a la cruda realidad de unos hombres que se gastan la paga de dos años en una noche y que no tienen más remedio que volver a embarcar para subsistir.



El ambiente naval está tan conseguido que hace que nos olvidemos de que se trata de un decorado. Lo mismo ocurre con las tenebrosas calles de Londres, todo gracias a la maestría del director de fotografía Gregg Toland (aparece en los créditos a la misma altura que Ford). Ahora sabemos que sólo tardaría un año en firmar una película llamada Ciudadano Kane junto a un tal Orson Welles.

Pero Ford dispone de otro aliado fundamental para conseguir que esta película pase a la historia, se trata de Dudley Nichols que consigue adaptar las cuatro narraciones cortas del dramaturgo Eugene O'Neill y convertirlas en un guión redondo.

El casting no podía haber resultado mejor. El reparto, prácticamente de secundarios , consigue el propósito de hacer creíble la historia, que descansa, precisamente, en el compañerismo; en como un grupo de personajes se ayudan unos a otros sin que nadie destaque por encima de los demás. Es cierto que la presencia de John Wayne puede contradecir lo anterior, pero hay que pensar que aunque el actor estaba ya en alza después del gran éxito de La Diligencia (Stagecoach de John Ford, 1939), aquí realiza el papel de un marinero sueco -le costó lo suyo hacerse con el acento- que sólo se convierte en el personaje central en la segunda parte del filme.




Y es que la cinta se estructura en dos actos muy diferenciados. El arranque es soberbio: unos minutos sin diálogos donde nos damos cuenta de los sueños de esos marineros encerrados en el barco, de sus angustias y de la nostalgia por su tierra. La pelea a bordo, después de una orgía con las nativas del lugar, no hace más que reflejar la tensión acumulada de estos apátridas. Las sospechas de traiciones, las envidias y los pasados turbios es el equipaje que cargan sobre sus espaldas estos hombres intrépidos. Como queda dicho, la influencia alemana es clara: una vez en tierra las sombras alargadas de los marinos se proyectan sobre el pavimento mojado; y sobre ellos la de los "buitres" que buscan tripulación sin ningún escrúpulo. Y todo toma mal cariz...
Ford nos propone este largo viaje a casa que nunca termina y nosotros nos alegramos de haberlo visto una y otra vez.


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