miércoles, 9 de abril de 2008

BILLY, EL EMBUSTERO (Billy Liar de John Schlesinger, 1963)

El final de los años 50 y el principio de la década siguiente fueron fundamentales para la evolución cinematográfica. Por un lado se confirmaba la decadencia del sistema de grandes estudios en el Hollywood de las estrellas; por otro nacían nuevos movimientos que cambiarían para siempre el modo de hacer cine. Se alternaban grandes superproducciones, realizadas para alejar del televisor a las familias, con obras independientes donde los héroes pertenecían a una clase media hasta ahora muy alejada de la gran pantalla. El Free cinema fue una de esas “nuevas olas” (como la Nouvelle Vague o las nuevas tendencias del cine polaco, checo o incluso ruso) que sacudieron las mentes, algo estancadas, de los cineastas. Las películas realistas comenzaron a inundar con sus títulos las carteleras de todo el mundo. Billy, el embustero fue una de ellas.



Realizada por John Schlesinger, uno de aquellos “jóvenes airados” del Free cinema, Billy Liar trataba de la vida de un muchacho (Tom Courtenay) que procedía de los suburbios de una gran capital inglesa. Para salir de su anodina existencia, Billy se inventaba una vida paralela donde él era un héroe de guerra, un presidente de gobierno o un príncipe de la realeza. En los momentos de mayor esplendor era despertado de su sueño por los gritos de sus padres, por su jefe o por una de sus novias –a las que sólo perseguía por sexo, sin ningún éxito-.

La cinta, aunque narrada en clave de comedia, en el fondo es un drama. La protesta de Schlesinger se dirige directamente a las miles de personas que van todos los días a la misma hora a su trabajo, que soportan las ideas retrogradas de sus padres y que se lamentan de su aburrida e insulsa vida. Sin embargo, el director –salvo en algún personaje en concreto, como el de Julie Christie, prototipo de actriz liberal de la época- no se decanta por la rebelión de sus personajes contra esa situación; no manifiesta ninguna idea política revolucionaria o no pregona el amor libre como movimiento que comenzaba a surgir entre los jóvenes de los sesenta. Se limita a exponer la situación de Billy y su curiosa forma de evasión, tan imposible de alcanzar como los propios sueños del resto de los espectadores. Es, por tanto, una visión pesimista de aquella Europa que acababa de salir de la posguerra.

En el aspecto técnico, el filme contiene ese interesante montaje paralelo donde realidad y ficción se confunden en la mente de Billy. El estilo de Schlesinger ha sido imitado posteriormente en algunos excelentes musicales y es que la estructura de Billy Liar se corresponde con la de un musical aunque no lo sea. Dinero caído del cielo (Pennies from Heaven, de Herbert Ross, 1981) o Bailar en la oscuridad (Dancer in the dark de Lars Von Trier, 2000) parten de la misma idea: unos personajes que se sirven de la música y sueñan -como hace Tom Courtenay- para evadirse de sus problemas. En ambos casos la situación de los protagonistas es mucho más trágica que la de Billy y, por tanto, el contraste es mayor.

En definitiva, Billy Liar es una excelente muestra del cine realista británico, con muchas dosis de humor y con un trasfondo nada optimista de la nueva sociedad que estaba naciendo: la de la guerra fría y los movimientos sociales. Muy bien rodada por John Schlesinger, está interpretada por dos de los iconos de la cultura pop: Tom Courtenay y Julie Christie.

Ver Ficha de Billy, El Embustero

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