Mostrando entradas con la etiqueta tv. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta tv. Mostrar todas las entradas

lunes, 15 de mayo de 2017

CINE EN TV: CARAVANA DE PAZ; LANZA ROTA

Caravana de Paz (Wagon Master de John Ford, 1950). Ward Bond, Ben Johnson, Joanne Dru, Harry Carey Jr. (La 2, miércoles 17 de mayo a las 12:40).

Entre las impresionantes La Legión invencible y Río Grande, dos de las tres películas dedicadas a la caballería con John Wayne como estrella, el maestro John Ford dirigió este largometraje del género que dominaba como nadie. Podría ser un divertimento del propio Ford, una relajación entre dos cintas tan importantes como las citadas, digamos una obra menor en la extensa filmografía del realizador; sin embargo Caravana de Paz, por el tratamiento de un argumento bastante simple, por carecer de estrellas entre su reparto, por el realismo con el que se cuenta la historia en la que apenas sucede nada, la podemos calificar de obra maestra adelantada a su tiempo.

Es una cinta moderna gracias a la sencillez de la trama donde se narra de forma desdramatizada y cercana al documental las peripecias de un grupo de colonos. Se trata de una caravana de mormones a la que se le unen unos "actores" y una banda de asesinos, todos capitaneados por dos vaqueros que sueñan con las cartas. Aquí los indios son por fin nativos de una tierra salvaje y no una amenaza directa. Los “malos” no lo son tanto cuando observan la difícil progresión de los carruajes en su ascender por la montaña.


Ford muestra la escena bajo el punto de vista de los asesinos que por un momento admiran al grupo de colonos y casi se puede decir que querrían ser como ellos. No son los únicos encuadres bellos, los hay por decenas; destacan algunos primeros planos de los personajes, perfectamente insertados cuando la acción lo requiere y no de forma gratuita como algunos directores acostumbran a hacer (otro ejemplo: cuando la banda de malhechores irrumpen en el baile).

En Caravana de Paz, como se ha dicho, se refuerza el realismo gracias a que no hay una estrella tipo John Wayne al frente del casting. Los actores que se reparten el protagonismo pertenecen a la troupe habitual del director. Excelentes secundarios, todos ellos, que hacen su trabajo a la perfección dirigidos por el “jefe de la “compañía”, que los conoce tan bien como si fueran un grupo de profesionales del mundo del teatro

A pesar de ser un filme casi experimental, Ford no se salta el carácter épico de la cinta y la rueda en su querido Monument Valley. Los planos del inicio y el final de la película resumen toda la historia y configuran la grandeza del western como género épico por excelencia: una carreta sale del río y sube una empinada cuesta, delante de los esforzados caballos va un potrillo, verdadero símbolo de la nueva vida que se abre camino por un territorio salvaje.



Lanza Rota (Broken Lance de Edward Dmytryk, 1952). Spencer Tracy, Richard Widmark, Robert Wagner. (Aragón TV, miércoles 17 de mayo a las 15:05)

Más que correcto western de Edward Dmytryk, de los llamados psicológicos. Es la segunda adaptación de la novela "House of Strangers" (la primera corresponde a Joseph L. Mankiewicz), pero en clave de película del oeste. El autor, Philip Yordan, ganó el oscar por el estupendo guión... Seguir leyendo




lunes, 20 de junio de 2016

CINE EN TV: VACACIONES EN ROMA; NO ES PAÍS PARA VIEJOS



 
Vacaciones en Roma (Roman Holiday de William Wyler, 1953). Autrey Hepburn, Gregory Peck, Eddie Albert. (Paramount Channel, martes 21 de junio a las 02:00).

Cuento de Cenicienta al que Dalton Trumbo le da la vuelta para convertirlo en la historia de una princesa que se despierta en casa de un periodista, y que decide tomarse el día libre para descubrir Roma como una turista anónima más. El guión fue merecedor del Óscar, pero el escritor no pudo recogerlo al estar perseguido por el comité de asuntos antinorteamericanos, razón por la que su nombre no aparece en los créditos.
  
El caso es que Roman Holiday es una deliciosa comedia que supuso un gran cambio en las vidas de aquellos que la realizaron. Por un lado, William Wyler se aleja momentáneamente del drama, y de Estados Unidos, para rodar en Roma- dicen que también para poner distancia entre él y el comité de McCarthy… Seguir leyendo




No es país para viejos (No Country for Old Men de los hermanos Coen, 2007). Javier Bardem, Tommy Lee Jones, Josh Brolin, Woody Harrelson. (Paramount Channel, miércoles 22 a las 22:37).

Que por una entrada de cine puedas ver dos películas no tiene que ser siempre necesariamente bueno. Con No Country for Old Men no lo ha sido. La sensación de haber visto dos filmes –uno bueno; el otro no- compite con esa otra de haber presenciado un intento loable, pero fallido, de originalidad

Y es que la cinta de los Coen comienza de forma brillante. Arranca como deben arrancar las obras importantes: con imágenes de ese país no apto para las personas –no sólo para las mayores-. Un descubrimiento da pie para que se desarrolle una acción más que correcta. La trama recuerda aquella excelente historia de Sam Raimi: Un Plan Sencillo (A Simple Plan, 1998); allí unos cuervos, tan negros como la cinta, contrastaban sobre la blanca nieve para no presagiar nada bueno. Aquí, la presentación del personaje principal (Bardem); el propio paisaje; la banda sonora, repleta de silencios, sólo rotos por el sonido del viento; o una amenazante nube, un cúmulo nimbo que nos avisa de lo que se avecina; todo ello nos sujeta firmemente a la butaca y nos dice que algo va a suceder; y no va a ser un cuento de hadas... Seguir leyendo.



lunes, 29 de septiembre de 2014

CINE EN TV: MONTANA; EL ÚLTIMO TREN DE GUN HILL

Montana (Ray Enright y Raoul Walsh, 1950). Errol Flynn, Alexis Smith y S.Z. Zakall. (ETB 2, martes 30 de septiembre a las 19:30)

Western irregular de Ray Enright que firma la película con permiso de Raoul Walsh. La cinta se rodó en 1948 y tardó dos años en estrenarse. El director estrella de la Warner (Walsh), sólo participó en algunas escenas de acción y se quedó con las ganas de llevar él las riendas y rodar un western. Los espectadores tuvieron suerte —y nosotros también— porque sació su apetito con la excelente Juntos hasta la muerte (Colorado Territory, 1949), a la sazón autoremake de otra maravilla, esta vez del cine negro: El último refugio (High Sierra, 1941).

Montana es, en realidad, un western de aventuras. Una clásica cinta de género, pero algo desenfadada y con ciertos tintes de comedia que hoy en día chirrían bastante: Morgan (Errol Flynn) es un ovejero australiano que llega a Montana con su rebaño para alterar el status de los clásicos ganaderos. Las peleas entre vaqueros y ovejeros están servidas; y también el romance entre Morgan y la bella propietaria de los pastos (Alexis Smith, la guapa —y alta— actriz insignia de la Warner por esa época, junto a Virginia Mayo, Ida Lupino y Ann Sheridan).


La cinta de Enright es una especie de continuación de San Antonio (de David Butler, también auxiliado por el arreglatodo Raoul Walsh en 1945), pero con los roles cambiados. Allí, Flynn era un ganadero desterrado que acude a la ciudad a ajustar cuentas con el que lo echó; un despropósito en un filme donde coincide el mismo trío de actores de Montana: la pareja protagonista y el insufrible y gordo S.Z. Zakall que intenta, en vano, hacer reír a la parroquia.

Una historia absurda, la de Montana (nadie se imagina a Errol Flynn haciendo de ovejero), pero al fin y al cabo una producción entretenida, a punto de quedar señalada con el fatal adjetivo de “fallida” si no fuera por la fuerza de Walsh en las citadas escenas de acción.


El último tren de Gun Hill (Last train from Gun Hill de John Sturges, 1959). Kirk Douglas, Anthony Quinn (Paramount Channel, miércoles, 1 de octubre a las 18:30)

Pertenece al extenso ciclo de películas del oeste que protagonizó Kirk Douglas, y que le reportó grandes éxitos. Además de la excelente actuación de la estrella, también destaca su implicación personal. La historia que escribió Les Crutchfield (“Showdown”, como originalmente se llamaba) pasó con nota el filtro de posibles proyectos de la Bryna, productora propiedad del actor: un sheriff (Douglas) persigue a unos criminales que han asesinado a su mujer. El rastro le lleva hasta el hijo de un antiguo amigo. Ni su compañero de años pasados (Anthony Quinn), ni casi nadie del pueblo, están por la labor de dejar que se lleve al asesino en el tren del título... leer más.



lunes, 28 de abril de 2014

CINE EN TV: UNA MENTE MARAVILLOSA; CUMBRES BORRASCOSAS

Una mente maravillosa (A Beautiful Mind de Ron Howard, 2001). Russell Crowe, Jennifer Connelly, Ed Harris, Christopher Plummer. (Paramount Channel, miércoles, 30 a las 15:30)

Biopic del premio Nobel de Economía, John Nash, el creador del equilibrio que lleva su nombre y de gran parte de la teoría de juegos y negociaciones, aunque en la película queda claro que sus preferencias eran las matemáticas y que las aplicaciones económicas fueron producto de los usuarios de sus teorías.

La cinta se apoya en tres pilares principalmente: el suspense, la interpretación de Russell Crowe y la habilidad de emocionar de Ron Howard. Si bien, todas ellas se cumplen a medias dando lugar a un largometraje irregular. Veamos: el amago de thriller del guión no termina de cuajar debido a razones evidentes que no vamos a desvelar; Crowe se luce en un registro que logró perfeccionar fijándose en el propio Nash, pero baja de nivel cuando se olvida del papel que está interpretando y deja salir el ramalazo de héroe americano; y a Ron Howard le sucede algo parecido, como en casi todas sus películas, la cinta funciona cuando se desarrolla con cánones realistas, pero falla cuando roza lo comercial, en el peor sentido de la palabra.


A pesar de todo, el filme se llevó cuatro Óscar, entre ellos nada menos que el de mejor película -y pudo llevarse otros cuatro-. Siendo justos, los de fotografía y guión pueden ser merecidos, pero el de mejor actriz de reparto a Jennifer Connelly digamos que sorprende bastante.

En general, resulta una cinta interesante, con muy buena música del afamado James Horner (Titanic, Brave Heart, etc.) y correctos elementos técnicos. Una película que gustará a los fans de Russell Crowe —y que alertará a los muchos detractores de Ron Howard—, pero que sí, que se deja ver.


Cumbres Borrascosas (Wuthering Heights de William Wyler, 1939). Laurence Olivier, Merle Oberon (Paramount Channel, miércoles, 30 a las 10:15)

Cuidada producción de Samuel Goldwyn, que tenía predilección sobre las grandes adaptaciones literarias (ésta era su favorita). La verdad es que consiguió una de las mejores versiones que se han hecho sobre la célebre obra de Emily Brontë y las pasiones entre Cathy y Heathcliff (La de Buñuel le sigue muy de cerca: Abismos de pasión, 1953; otra notable es la de Jacques Rivette en 1985).


Lo más destacado de la película es la fotografía en blanco y negro del maestro Gregg Toland, que se llevó el Óscar. La tensión dramática también está muy conseguida, quizás debida a los continuos enfrentamientos entre Goldwyn y Wyler (“William Wyler la dirigió, pero yo la hice”); entre Olivier y Wyler (el actor se desesperaba con la minuciosidad en la realización del gran director); o entre Merle Oberon y el propio actor británico (después de una escena de amor, tras cortar la toma, Merle Oberon se volvió hacia Wyler quejándose de Olivier: “dígale que deje de escupirme”).



miércoles, 2 de mayo de 2012

CINE EN TV: LOS BLANDINGS YA TIENEN CASA; EL INTERCAMBIO

Retomamos nuestra abandonada sección de televisión para celebrar la aparición de un nuevo canal en abierto con el cine como única programación: nos referimos a Paramount Channel. Intentaremos, si el tiempo nos lo permite, seguir con la sección y subir, de vez en cuando, algunas entradas sobre películas próximas a emitir en la pequeña pantalla, en los canales en abierto, ya sean generalistas o autonómicos. 

Los Blandings ya tienen casa (Mr. Blandings builds his Dream House de H. C. Potter, 1948). Cary Grant, Myrna Loy, Melvyn Douglas. (Paramount Channel, viernes 4 a las 16:35)

Comedia ligera de la RKO sobre los problemas de una pareja que entra en crisis tras decidirse a comprar una casa. Un antecedente claro de películas como Esta Casa es una ruina (The Money Pit de Richard Benjamin, 1986), pero bastante más lograda gracias a no abusar del slapstick ni de los golpes efectistas, y limitarse a narrar de forma realista los problemas a los que se enfrentan un matrimonio de clase media cuando por fin deciden embarcarse en esa aventura que es la adquisición de una vivienda.

El guión está basado en la novela autobiográfica de Eric Hodings, y la realización corre a cargo del director todo terreno H.C. Potter, un cineasta que aunque tocó varios géneros dio sus mejores trabajos precisamente en la comedia. La cinta se disfruta con una sonrisa permanente y tiene hasta algunos alardes técnicos dignos de mencionar, como el largo plano secuencia del arranque, cuando Potter nos muestra el pequeño apartamento donde viven los Blandings antes de decidirse a cambiar de casa; o la panorámica de 360 grados, mientras la pareja echa un vistazo a la parcela que acaban de comprar.


El trío protagonista es de lujo: Cary Grant (muy bien, como siempre) es un publicista en dura pugna con el slogan adecuado para la campaña en curso; un padre de familia sufridor, acosado por las facturas; y un marido con la permanente sospecha de que le están poniendo los cuernos en cuanto se da la espalda. Myrna Loy es su mujer, un tanto desordenada y que toma decisiones sin tener mucho en cuenta las consecuencias. La actriz, muy bien dotada para la comedia, resulta en esta ocasión algo sosa. Quizás la ausencia de William Powell, su pareja cómplice en tantas películas, tenga algo de culpa en el bajo rendimiento de la estrella. Y, por último, Melvyn Douglas, muy bien en su registro de caballero elegante y algo cínico. Es el narrador de la historia, el tercero en discordia, el abogado de la familia que parece estar deseando que todo se vaya al traste para aprovechar el río revuelto y conseguir que la mujer caiga entre sus redes.

Y es que Potter insinúa el adulterio (véase el buñueliano plano final), pero sin llegar a ensañarse con él. En donde sí pone el acento es en algunas situaciones cotidianas que se nos antojan muy familiares, y divertidas: ese tubo de pasta de dientes hundido por la mitad, el cristal empañado en el espejo del cuarto de baño, el desigual reparto de cajones para la ropa, o los miles de frasquitos de colonia o de cualquier otro mejunje en las estanterías del aseo, son varios ejemplos de lo que nos depara la dura convivencia diaria a todos los mortales.

Aunque el filme se desarrolla y concluye de una forma muy convencional —es lo que se le pedía a este tipo de comedias en los años cuarenta—, a lo largo del metraje, si uno está atento, puede descubrir cierta denuncia al capitalismo, a la publicidad agresiva que hace que consumamos productos que realmente no necesitamos. Es lo que le ocurre al protagonista que, trabajando en el gremio, finalmente cae en su propia trampa.



El Intercambio (Changeling de Clint Eastwood, 2008). Angelina Jolie, John Malkovich. (TV3, viernes 4 a las 22:35)

Lo de Clint Eastwood no deja de ser sorprendente. Ya nos estamos acostumbrando a que cada película suya sea una obra importante; y llevamos unos cuantos años así. Esto que puede parecer normal, no lo es en absoluto. No hay más que darle un repaso al resto del panorama cinematográfico.

Es como si la obra de Eastwood estuviera cubierta de un manto protector anti-mediocridad; alejada del resto de proyectos comercialoides para no contagiarse de su apatía, de su falta de sinceridad y de respeto hacia un público que, increíblemente, sigue buscando calidad en las pantallas de cine y no sólo cifras de audiencia en la primera semana.

No digo que el filme sea perfecto, de hecho tiene sus fallos... leer más.






martes, 15 de marzo de 2011

CINE EN TV: EN EL VALLE DE ELAH; LA CONDESA RUSA

En el Valle de Elah (In the Valley of Elah de Paul Haggis, 2007). Tommy Lee Jones, Charlize Theron, Susan Sarandon. (Canal Extremadura TV, viernes 18 a las 22:15)

Paul Haggis crece como realizador gracias a este drama policíaco con ecos de la Guerra de Irak. El director canadiense se embarcó en el proyecto después del éxito de Crash (2005) —que a nosotros si nos gustó— para contar una historia, basada en hechos reales, que va enganchando poco a poco: un soldado desaparece después de regresar del frente. Su padre, un suboficial del ejército, especialista en investigación criminal, se dispone a buscarlo.

Haggis parece recurrir a varias referencias para hacer una película muy completa. En primer lugar, acude a los filmes-denuncia sobre conflictos bélicos. Principalmente a los que trataron con acierto las consecuencias de la guerra del Vietnam desde finales de los setenta. Aquellas cintas describían el regreso de unos soldados psicológicamente afectados; muy diferentes de los jóvenes que se marcharon ilusionados por la dudosa aventura de la guerra. Haggis mezcla este tipo de largometrajes con los que siguen la estela de cintas de más contenido político como Desaparecido (Missing de Costa-Gavras, 1982) —a pesar de las evidentes diferencias en la trama—, y lo moderniza con altas dosis de realismo en las secuencias de acción, al estilo Black Hawk Derribado (Black Hawk Down de Ridley Scott, 2001). Para dar aún más verismo a la acción se rodea de actores que vivieron en la realidad experiencias parecidas a las que narra la película.

Dichas escenas las introduce Haggis con acierto utilizando información parcial a base de retazos de flashback (vídeos extraídos del móvil del soldado desaparecido) para dar más de una vuelta a la historia, mostrando su faceta más interesante: la de guionista. Y es que Haggis aplica su ingenio como escritor, en favor de su otro yo como director. Lo hace en algunos planos tan sobresalientes como cuando resalta en ellos la bandera de Estados Unidos; una metáfora presente a lo largo del filme para decirnos que su país de acogida se encuentra en un serio problema.

También el dibujo de los protagonistas es excelente. No hay ni un resquicio de duda acerca de su personalidad. El realizador los construye muy rápidamente, con gestos y hábitos, para que el espectador sepa a que atenerse. Para darles vida nada mejor que la sobria actuación, sin demasiados adornos, tanto de Tommy Lee Jones como de Charlize Theron. Nos gusta detenernos en esta gran actriz que sorprende, una vez más, con otro registro al que sumar a su larga lista de sobresalientes interpretaciones.

El Valle de Elah fue donde tuvo lugar el enfrentamiento entre David y Goliath. Paul Haggis enmarca muy bien la película con ese título —incluso se refiere explícitamente a él en alguna ocasión— y consigue que nos atraiga la lucha de un solo hombre contra todo un sistema.


La Condesa Rusa (The White Countess de James Ivory, 2005). Ralph Fieness, Natasha Richardson, Vanessa Redgrave. (Televisión de Galicia, domingo 20 a las 03:00)

La Condesa Rusa es la última obra fruto de la legendaria colaboración entre el director estadounidense James Ivory y el productor hindú, que falleció ese año, Ismail Merchant. Sus películas siempre se han destacado por un perfecto retrato de personajes y de ambientes, aunque se me antoja que esta vez han profundizado más en ambos campos. Veamos por qué:

Primero el ambiente. Shanghai es una de las ciudades más cinéfilas que han existido. Desde Von Sternberg hasta nuestro Fernando Trueba, la capital china ha sido llevada a la gran pantalla en numerosas ocasiones... leer más.

domingo, 17 de octubre de 2010

CINE EN TV: FILÓN DE PLATA; EL CREPÚSCULO DE LOS DIOSES

Filón de Plata (Silver Lode de Allan Dwan, 1954). John Payne, Lizabeth Scott, Dan Duryea. (Televisión de las Islas Baleares, IB3, miércoles 20 a las 17:40).

Western frenético de un director de largo recorrido, así se podría resumir esta notable película alabada, entre otros, por Martin Scorsese en su excelente documental sobre el cine americano; e incluida en múltiples listas de largometrajes que no hay que perderse.

Silver Lode no es una cinta del Oeste típica. Aunque pertenece al género, tiene rasgos de cine negro. Y no sólo por el casting -Dan Duryea, un clásico "malo" del film-noir, Lizabeth Scott, en el ranking de las damas más negras (aquí de blanco, como corresponde a una novia que acaba de contraer matrimonio) y John Payne, que repetirá en alguna película oscura del mismo director- sino por la estética de algunas secuencias (sobre todo las del final) y por la angustia creada entorno al personaje principal y la transformación de su carácter propiciada por el deseo de venganza, más que por el de justicia.



La trama también se aleja del western convencional, al menos del que se estilaba antes de que el sheriff Will Kane (Solo ante el peligro) caminara temeroso buscando ayuda en un pueblo acobardado. Allan Dwan le da la vuelta a la historia de Zinnemann, pero sigue con la simbología Mccarthista. Veamos porqué:

Dan Ballard (Payne) se acaba de casar con Rose Evans (Liz Scott), pero la llegada de unos sospechosos agentes de la ley le quieren aguar la fiesta. Hasta ahora, el argumento se mueve en el mismo terreno que el de la película protagonizada por Gary Cooper. El punto de giro que hace que Allan Dwan se distancie de Zinnemann es la acusación de asesinato que traen los forasteros contra Ballard. En un principio, todo el pueblo está a favor de su inocencia, pero ciertas mentiras, malentendidos y viejas rencillas harán que poco a poco la gente se vuelva de lo más hostil. El héroe no está sólo contra una banda de forajidos, ahora lucha por su supervivencia ¡contra toda la ciudad! Una caza de brujas en toda regla. El director, con poco disimulo, le pone nombre al que dirige la persecución: McCarty.

Lo que viene a continuación es la razón por la que el filme ha sido tan elogiado: el ritmo endiablado que le imprime este efectivo cineasta de extensa carrera que es Allan Dwan. El realizador ya dirigió notables obras en el período mudo y se atrevió con todos los géneros en el sonoro. Aquí demuestra lo aprendido en obras tan dispares como las simpáticas aventuras de Douglas Fairbanks o las películas bélicas junto a John Wayne, entre muchas otras.

En Silver Lode parece imposible que el acorralado Payne salga con vida. Sólo su flamante esposa cree en él, aunque con momentos de duda; como la Grace Kelly de Solo ante el peligro. También, como ella, Liz Scott será decisiva para la resolución de la película. Un final estupendo, donde el protagonista acude al edificio de la iglesia como única salvación posible. Dwan coloca otra metáfora. Esta vez evidente, pero espectacular en su ejecución.



El Crepúsculo de los Dioses (Sunset Blvd. de Billy Wilder, 1950). William Holden, Gloria Swanson, Erich Von Stroheim, Cecil B. De Mille. (La Otra, jueves 21 a las 22:30)

La Morgue; música del oscarizado Franz Waxman. Los cadáveres cubiertos con un blanco sudario, casi transparente. Los recién fallecidos hablan y comentan entre ellos –casi cotillean- lo que les ha ocurrido a cada uno. Uno de ellos comienza a contar que la ilusión de toda su vida siempre fue tener una piscina. Por fin la tuvo; pero murió en ella.

Este era el inicio que Charles Brackett y Billy Wilder idearon para Sunset Boulevard, y que finalmente no fue aprobado por un público que se reía a carcajadas en una proyección previa… leer más


miércoles, 16 de junio de 2010

CINE EN TV: APARTADO DE CORREOS 1001; BAMBÚ; HORIZONTES AZULES

Apartado de Correos 1001 (Julio Salvador, 1950). Conrado San Martín, Elena Espejo, Tomás Blanco. (Popular TV, sábado 19 a las 21:00).

Siempre hemos tenido la convicción de que la superación de la eterna crisis del cine español viene de la mano del cine de género; del de calidad. Los últimos éxitos cinematográficos –aún puntuales- parecen darnos la razón. Esta corriente de opinión dista mucho de ser nueva. Ya en la posguerra, en Barcelona, un productor arriesgaba su dinero y su trabajo en pos de esa idea: Ignacio F. Iquino. Primero en Emisora Films, y más tarde con su propia productora, intentaba realizar un cine distinto al tradicional de folclore, histórico o religioso tan del agrado del régimen, y de casi nadie más.

Si Iquino fue el verdadero impulsor del cine de género, con sabor a la buena serie B que se hacía en Estados Unidos, dos películas, ambas de 1950, fueron las que sirvieron de referencia a los pocos policíacos con tintes negros que se realizaron posteriormente: Brigada Criminal (del propio Iquino) y la cinta que vamos a comentar.

Apartado de Correos 1001, parte de una historia de Julio Coll y un guión de Antonio Isasi-Isasmendi (otro nombre propio del cine de género, futuro productor y director, y se puede decir que continuador de la labor de Iquino) para contar una trama con un formato muy parecido al de Brigada Criminal. En ambas cintas, los protagonistas son inspectores noveles de la policía que se enfrentan a su primer caso importante. Mientras en 1001 Conrado San Martín es un novato al que le dan la oportunidad de trabajar en un caso de asesinato, en el largometraje de Iquino es José Suárez el agente recién salido de la Academia que también aspira a resolver un delito mayor. Ambos son supervisados por inspectores experimentados que seguirán su labor muy de cerca. También, en las dos cintas, una mujer es la clave de todo el misterio, que además se enamorará inevitablemente del flamante detective.

Otra similitud es la forma de documental que se le quiere dar a los dos filmes. Primero, por estar rodados en exteriores, con unas muy atractivas imágenes de Barcelona, reportaje impagable de la ciudad a primeros de los cincuenta; y segundo, por la voz en off que quiere ser un informe cronológico y exacto de las pesquisas, a semejanza de otras obras importantes del género (pensemos en Atraco Perfecto de Kubrick, La Ciudad Desnuda de Dassin, o La Brigada Suicida de Mann).

La diferencia fundamental entre Apartado de Correos 1001 y Brigada Criminal es que la primera desarrolla la trama -y la resuelve- más como un thriller que como una película negra. Una diferencia que no supone ninguna merma en su calidad, más bien todo lo contrario cuando dos de las secuencias rodadas pueden ser de lo mejor de toda la década: el director, Julio Salvador, emula a Hitchcock -pero, ojo, un año antes de Extraños en un tren- y presenta la escena del partido de frontón donde las miradas de victima, detective y asesino se cruzan, mientras el público permanece ajeno al drama moviendo sus cabezas al compás de la pelota; y la de la persecución final en una atracción de feria, con una conclusión espectacular. Esta demostración de habilidad por parte de Salvador, y de Isasi-Isasmendi que también se ocupa del montaje, hacen que Apartado de Correos 1001 se sitúe muy arriba en nuestro cine clásico.


Bambú (José Luis Sáenz de Heredia, 1945). Imperio Argentina, Luis Peña, Fernando Fernán-Gómez, Sara Montiel. (Popular TV, viernes 18 a las 17:00)

Película delirante, pero por momentos atractiva, mezcla de comedia, musical, tragedia y aventura colonial. Todo para el lucimiento de Imperio Argentina que hace un papel de nativa (Bambú) con voz de ángel, pero con una vida miserable. La explotación a la que se ve sometida por parte de su padre se presenta con una crudeza poco habitual en el cine de la época. Sólo la llegada de dos soldados españoles a la Cuba de finales de siglo (Luis Peña y Fernando Fernán-Gómez), van a propiciar la liberación momentánea de Bambú, pero también la lucha por conseguir su amor.

Lo mejor de la película viene de la mano de uno de los directores señeros del franquismo (Sáenz de Heredia) cuando, paradójicamente, se atreve a criticar a la aristocracia en una secuencia memorable: los nobles de las colonias echan unas monedas a los nativos para que les entretengan, mientras comentan de forma relajada que es como echar de comer a los perros. El racismo es tan natural que aumenta el tono de denuncia de la escena.

Tampoco están mal algunos números de la diva, y la siempre efectiva interpretación de Fernando Fernán-Gómez que contrasta con la más sobria de Luis Peña, un amargado músico que intenta olvidar su fracaso y mantiene la esperanza de acabar con su vida en la guerra. Y, desde luego, no hay que perderse a una jovencísima Sara Montiel. La actriz ya exhibía su característica personalidad y su interés por robar protagonismo al resto de actores en todos los planos donde aparece, sin importarle caer en la sobreactuación. Sarita no se conformaba con su rol de secundaria. Pronto le llegaría el estrellato.

El final quiso ser apoteósico, pero Saenz de Heredia cae en varios errores de bulto que perjudican a la propia Imperio Argentina y dejan un mal recuerdo al espectador. Y es que el número musical casi no se aprecia entre tanta liana de un decorado espeso, donde tampoco ayuda una cámara pésimamente situada.


Horizontes Azules (The Far Horizons de Rudolph Maté, 1955). Charlton Heston, Fred MacMurray, Dona Reed, Barbara Hale. (Castilla- La Mancha TV, lunes 21 a las 18:30)

La película narra el famoso viaje de Lewis y Clark, a principios del siglo XIX, para explorar la nueva región de Lousiana. Dicha extensión de terreno fue hábilmente comprada a los franceses por Jefferson, y casi duplicaba el territorio de Estados Unidos. La expedición, además del estudio científico y cartográfico, tenía como misión comprobar la existencia de un río navegable hasta el Pacífico. Esto último, de ser cierto, haría extensible todo ese territorio a lo ya adquirido por el presidente… leer más

martes, 1 de junio de 2010

CINE EN TV: MI CALLE; BUENOS DÍAS, TRISTEZA

Mi Calle (Edgar Neville, 1960). Conchita Montes, Rafael Alonso, Antonio Casal. (Telemadrid y La Otra, domingo 6 a las 00:00, y jueves 10 a las 22:30, respectivamente).

Filme coral, centrado en una calle de Madrid, que narra el devenir de sus residentes desde comienzos del siglo XX hasta los años cincuenta. Escrita y dirigida por Edgar Neville, la cinta hace un repaso de la historia contemporánea de España desde el punto de vista del ciudadano. Para lograrlo, el director procura no salir de las cuatro manzanas que componen la vía. Así, los cambios que el país experimenta apenas afectan al comportamiento y la rutina de los protagonistas. Son los acontecimientos domésticos los que realmente alteran y conforman la verdadera crónica de la vecindad. Un niño que va a nacer, una pareja de novios que se separa, dos golfillos que pierden a su perro o una nueva obra en la calzada son, entre otros, los verdaderos puntos de impulso del guión de Mi Calle. Al menos esta es la intención del cineasta cuando una voz en off así lo manifiesta, justo después de los créditos. Y sigue fiel a ese objetivo cuando sale del plató para insertar imágenes reales, extraídas de documentales. El contraste de dichas secuencias con las propias de la trama consigue el curioso efecto de alejar aún más el documento de la vida cotidiana. Cosa que no ocurre, por ejemplo, con los sueños de los vecinos (incluidos los del ¡perro!).

Sólo la llegada de la Guerra Civil alterará inevitablemente la estructura de la película. Es cuando Neville contagia de los hechos que suceden en el exterior a algunos personajes. Sus acciones, más las propias de la Guerra como el exilio, los fusilamientos, las desapariciones y el hambre, harán mella en todos el vecindario: la niña reprimida (Gracita Morales, de lo mejor de la cinta) se refugiará en el burdel y volverá “ligeramente” cambiada; su padre cambiará varias veces los lomos de los libros de las estanterías, de las obras completas de Marx a las de Santa Teresa; o los hijos de dos de los protagonistas se liarán a tiros, rompiendo la relación cordial que había entre sus mayores a pesar de la diferencia de clase social y de ideas. En este sentido, es de destacar la insistencia del Neville pacifista y civilizado, cuando de su elegante pluma salen dos personajes como el paragüero republicano –no perderse a su loro cantando el himno de Riego- y el marqués monárquico que vive enfrente; ambos se respetan y se quieren hasta el punto de dar la vida el uno por el otro.

La cinta está repleta de caracteres interesantes, muy bien descritos por Neville con su simpático estilo literario (ver el arranque, con la presentación guiada por Blas, el sereno, “un nombre corto que suena a aplauso”). Para conducir el resto de la trama, el realizador se vale de la chismosa peluquera. Una mujer soltera que opina de todo y de todos y da pie a que arranquen las distintas secuencias. Es la cómplice de Neville dentro de la película. Y no podía ser otra que su compañera sentimental y actriz fetiche, Conchita Montes. Además de hacer los coros, Conchita sirve como ideal referencia elíptica cuando vemos como los años van pasando por ella. Neville vuelve al mismo elemento narrativo utilizado en El Baile (su famosa obra de teatro, adaptada en 1959 a la gran pantalla).
El director regresa a sus temas preferidos en cuanto puede. En primer lugar está la capital. La ciudad donde nació es protagonista desde el comienzo cuando suena la “Balada de Madrid”, cantada por Nati Mistral. Sus calles son nombradas a la menor oportunidad y la acción transcurre en un típico barrio madrileño. Incluso, el mejor de los escasos números musicales que salpican la acción es un cuplé castizo, sucesivamente cantado por mujeres asomadas al balcón en un patio de vecinos. Y es que la música es otra de sus aficiones. Además de lo citado, Neville deja caer algo de flamenco - recordemos que su película Duende y Misterio del Flamenco (1952) es uno de los mejores documentales que se han hecho nunca sobre el cante hondo y el baile-. Por último, siguiendo con los temas que le interesan, destacar la nostálgica escena donde se produce el relevo entre los coches de caballos y los automóviles; en la línea de su excelente El Último Caballo.
Con Mi Calle, Edgar Neville finalizó su carrera cinematográfica. Nada mejor para un autor como él que terminar con una película que recupere un período histórico que coincide con el de su propia vida. Que transcurre en su ciudad natal, y que intenta, a pesar del régimen y de la proximidad en el tiempo con la Guerra Civil, huir de lo radical y subrayar los aspectos civilizados de las relaciones humanas.




Buenos días, Tristeza (Bonjour Tristesse de Otto Preminger, 1957). Deborah Kerr, David Niven, Jean Seberg. (Canal Extremadura TV, domingo 6 a las 21:50)

Adaptación de la novela homónima de Françoise Sagan que trata de la vida vacía de la joven Cécile (Jean Seberg) y de su padre Raymond (David Niven), un viudo mujeriego que va de fiesta en fiesta. Su insulsa existencia se refleja en la expresión desdramatizada de sus rostros y, mientras anodinos personajes desfilan con una copa en la mano o bailan como si de fantasmas se tratara, ellos, hija y padre, añoran el último verano en la Costa Azul. El verano en el que convivieron con una antigua amiga de la familia: Anne Larsen … leer más


jueves, 29 de abril de 2010

CINE EN TV: PASEANDO A MISS DAISY; DALLAS, CIUDAD FRONTERIZA

Paseando a Miss Daisy (Driving Miss Daisy de Bruce Beresford, 1989). Jessica Tandy, Morgan Freeman, Dan Aykroyd. (Televisión del Principado de Asturias, viernes 30 de abril a las 15:30).

Que una película lleve colgado el sambenito de “sobrevalorada” debe ser de las peores cosas que le pueden ocurrir. Paseando a Miss Daisy lo tiene desde que se hizo con cuatro Oscar allá por el año 1990 (y estuvo nominada a nueve), entre ellos el de mejor película. La paradoja del premio que perjudicó al filme. No sé si la cinta se mereció tales galardones, pero de lo que sí estoy seguro es de que merece la pena, y mucho, ser vista.

Bruce Beresford adaptó la obra de teatro (premio Pulitzer del año anterior) de Alfred Uhry a la sazón guionista del largometraje. Y creo que lo hizo muy bien, aunque el tono teatral nunca desaparece de la cinta, hay muchas secuencias que hacen olvidar el medio destinatario de la historia original. Ésta se desarrolla en una ciudad del Sur, desde finales de los años cincuenta hasta los setenta, es decir con el racismo dominando las relaciones entre blancos y negros. En ese entorno, la trama consigue crear un vínculo entre los personajes principales para construir una grata excepción.

A la anciana Miss Daisy (una judía de sangre germánica) se le prohíbe, por el bien de la comunidad, que vuelva a conducir en coche. A pesar de la oposición de Daisy, su hijo contrata a Hoke, un chofer de color que tampoco es ningún jovencito. A partir de aquí las dos personalidades (sobre todo la de la maniática abuela) van progresivamente cambiando desde una abierta hostilidad hasta una cariñosa dependencia. En esa evolución se lucen los actores tanto que no se sabe quién lo hace mejor, si Jessica Tandy, desde su obsesiva persecución contra los que la critican a sus espaldas o por su comportamiento en el vehículo: un machacón y gruñón GPS; o Morgan Freeman, como el paciente, pero firme chofer que maneja todo un atractivo desfile de vehículos a lo largo del metraje que hará las delicias del aficionado –se pueden ver distintos modelos clásicos de Cadillac, Hudson, Plymouth o Chrysler-.

Bruce Beresford gobierna un argumento de enorme simpleza (quizás de aquí pueden surgir las críticas hacia la película), pero lo hace con mucha habilidad para no caer en la sensiblería gratuita o en el aburrimiento. Mientras sólo señala con sutileza los cambios que experimenta la ciudad, es decir lo que sucede en el exterior de la mansión donde viven Hoke y Daisy, en el interior va colocando progresivamente distintos puntos de giro (la sospecha de un robo, el descubrimiento del analfabetismo de Hoke, etc.) que irán acercando a los dos personajes. La soledad y el roce continuo favorecerán esa unión; y sólo la sombra del racismo intentará separarlos.

Creo que en Driving Miss Daisy hay suficientes elementos para que pase la prueba de los años y se convierta por fin en una buena película. No sé ustedes, pero yo ya le he quitado el cartel de “sobrevalorada”.



Dallas, Ciudad Fronteriza (Dallas de Stuart Heisler, 1950). Gary Cooper, Ruth Roman, Raymond Massey. (Canal Aragón TV, domingo 2 de mayo a las 16:45)

Clásico western del eficaz artesano Stuart Heisler, que saca el máximo partido a una estrella de la categoría de Gary Cooper. El actor interpreta a Reb Hollister, un confederado que sigue con su lucha particular a pesar de haber finalizado la contienda. Reb espera vengarse de los hermanos Marlowe (Raymond Massey y Steve Cochran) los mismos que aprovechando la guerra prendieron fuego a su casa matando a toda su familia. Mientras tanto permanece al otro lado de la ley, eso sí protegido por sus amigos del Sur; entre ellos el legendario sheriff Wild Bill Hickok, una licencia de Heisler con la historia en medio de la ficción.

Es decir, una película del Oeste cuyo argumento veremos repetido en más de una ocasión - se me ocurre la excelente El Fuera de la Ley (The Outlaw Josey Wales de Clint Eastwood, 1976)-, pero que contiene varios aspectos interesantes como el del arranque, en el que Reb se alía con un comisario del Norte que ha venido a investigar los crímenes de los Marlowe. La pareja sitúa el filme en el lado de las tan actuales buddy movies. Y es que la personalidad de uno y otro chocan en más de un sentido: uno perseguido por la justicia, el otro el perseguidor; Reb un experto pistolero, Martin (el comisario) un novato; y además, los dos antiguos soldados en bandos opuestos durante la Guerra Civil. Por si fueran pocas las diferencias, una mujer (la atractiva Ruth Roman) se encargará de aumentarlas.

La acción se desarrolla en Dallas, una ciudad en construcción que aún no tiene ayuntamiento y que espera a héroes como Reb para limpiarla de los delincuentes. Seguimos con el guión demasiadas veces visto -ahora recuerdo Dodge, Ciudad sin ley de Michael Curtiz entre muchas otras-, pero qué se puede esperar de Gary Cooper en su brillante madurez (en dos años haría Solo ante el peligro) cuando además tiene enfrente a uno de los mejores “malos” de la historia del cine: Raymond Massey.

Por el lado técnico, la música de Max Steiner y el entrañable technicolor de la época, donde predominan los tonos marrones, dan un caracter épico al conjunto. También el guión acompaña para dar esa impresión gracias a la historia de aprendizaje que subyace entre Reb y Martin, y al tinte crepuscular que envuelve al protagonista cuando alienta a la joven pareja a establecerse en la nueva tierra mientras que a él “se le acaba el tiempo”. Lástima que el final convencional decepcione a los que esperábamos a Coop alejarse a caballo buscando su destino.



jueves, 22 de abril de 2010

CINE EN TV: CUANDO MUERE EL DÍA; CUENTA CONMIGO

Cuando Muere el Día (Sundown de Henry Hathaway, 1941). Gene Tierney, Bruce Cabot, George Sanders. (Popular TV, sábado 24 a las 21:00).

Sundown, realizada en 1941 por Henry Hathaway, cuenta una historia contemporánea que se desarrolla en la Segunda Guerra Mundial con África como escenario. La cinta obtuvo tres nominaciones a los Oscar: la de mejor dirección artística, mejor fotografía y mejor música a cargo del prestigioso Miklos Rozsa (no ganó ninguno, los dos primeros se los llevo Que verde era mi valle, la gran triunfadora). Una película de corte colonialista -una de las especialidades de Hathaway, sus películas más recordadas proceden de ese subgénero de aventuras, pensemos en Tres lanceros bengalíes o La jungla en armas, todas ellas rebosantes de ritmo- que promete entretenimiento de altura, pero que no cumple debido a que la acción se hace esperar demasiado, a que el protagonista es poco carismático (Bruce Cabot) y a que sobra el grandilocuente final.

Pero aquí primaba la propaganda bélica, y la opción de los productores de apoyar la intervención de Estados Unidos en la contienda era habitual. Por ello la trama era bien distinta a aquellas otras cintas propias de las sesiones dobles de los sábados por la tarde. En este caso un destacamento británico tenía que evitar que los nazis suministraran armas a los nativos y así apoyar una sublevación contra los ingleses. Para conducir la historia, Hathaway toma la decisión de hacer prácticamente dos películas en una (quizás esa sea la causa de la ausencia de ritmo) y divide la acción en una subtrama de espionaje y otra más propia del género de aventuras.

La presencia de una princesa medio árabe, medio occidental, consigue darle un empujón a la película para situarla por encima de otros productos de serie B de la época. Me refiero a la aparición estelar de Gene Tierney. Su belleza exótica la encasillaron, en esos primeros años de carrera, en papeles de mestiza misteriosa y mujer inalcanzable. Desde luego lo era para los espectadores de la pantalla (inalcanzable) que debían soñar con ella en esos oscuros días de conflicto mundial. En esta cinta y en la siguiente que rodó ese año (El embrujo de Shangai, de Joseph Von Sternberg) estaba preciosa; su mirada felina y los rasgos orientales fueron determinantes para conseguir superar el casting frente a otras candidatas. Y nosotros nos alegramos de ello, porque gracias a estos papeles pudimos verla en obras maestras como Laura o Noche en la ciudad.

Gene Tierney se encontraba secundada de un grupo de actores que no llegaron nunca a brillar como ella: aunque George Sanders estaba perfecto como oficial británico ordenancista y rígido, Bruce Cabot, el verdadero protagonista de la historia, no convence como héroe. Y eso que estaba muy bien rodeado por otros secundarios de lujo como Sir Cedric Hardwicke o Harry Carey (protagonista legendario de los primeros western de John Ford). Todos ellos cerraban una película coral destinada a entretener al público y a que éste apoyara la causa aliada.




Cuenta Conmigo (Stand by me de Rob Reiner, 1986). Wil Wheaton, River Phoenix, Corey Feldman, Kieffer Sutherland. (Canal 9, domingo 25 a las 10:30)

Es curioso como el tiempo conforma y agrupa las películas según sus estilos cinematográficos con bastante exactitud, perfilando muy bien los lindes entre décadas. Al menos en el cine norteamericano. Si tuviéramos que hablar de los filmes más representativos de los ochenta seguramente nombraríamos a aquellos directores de la “barba” surgidos en la década anterior (Coppola, Spielberg, Scorsese, Lucas, etc.); no dejaríamos de comentar el resurgimiento de los largometrajes de aventuras, fantásticos, de terror o de ciencia ficción; y tampoco podríamos pasar por alto un subgénero infantil-juvenil donde jóvenes actores daban vida a pequeños héroes que buscaban tesoros, se hacían amigos de extraterrestres o viajaban al futuro (o regresaban de él). Los Goonies, Regreso al futuro, El Secreto de la Pirámide, E.T., etc. son aquellas películas ochenteras que marcaron a toda una generación. De todas ellas hay una que podría representarlas perfectamente: Cuenta Conmigo de Rob Reiner.

Basada en un relato de Stephen King, “The Body”, la cinta narra las leves aventuras de cuatro niños en Castle Rock, un pequeño pueblo de Oregón. La historia transcurre en un largo flash-back cuando un escritor recuerda la primera vez que él y sus tres amigos vieron un hombre muerto. Con una estructura de road movie, los cuatro compañeros se adentran en la campiña para hallar el cadáver de un hombre que había desaparecido, y para hacerlo antes que sus enemigos, una pandilla de adolescentes mayores que ellos.

Con la excusa de la aventura para descubrir el finado -McGuffin ideal- Rob Reiner construye un filme emotivo donde la amistad entre los protagonistas, la lealtad y el cariño por encima de clases y prejuicios sociales, es lo verdaderamente importante. El director no disimula su verdadera intención cuando las mejores –y más largas- secuencias son aquellas donde apenas hay acción. Donde no sucede nada interesante que no sea el diálogo entre los cuatro, los juegos, las risas o los cuentos.



El estereotipo de los amigos del colegio (el listo, el gamberro, el gordito, etc.) pronto es reemplazado por aspectos más profundos en la definición de los personajes. Un guión nominado al Oscar va configurando la personalidad de los niños que utilizan el viaje para huir de sus problemas domésticos mientras buscan el cariño de sus compañeros: Gordie (el futuro escritor) vive momentos difíciles, aislado en su propia casa desde la muerte de su hermano mayor; Chris sobrevive a una familia humilde con un padre alcohólico; Teddy intenta evadirse, con su comportamiento extravagante, de la presión social que supone ser hijo de un loco; y Vern, el gordito, pretende superar sus miedos en compañía de los otros tres.

Con pinceladas de autocrítica a la sociedad americana -quien no sepa jugar bien al fútbol americano es un fracasado- y con contrastes entre comportamientos (la pandilla protagonista frente a los otros cuatro más mayores, prácticamente unos delincuentes) Rob Reiner dibuja muy bien la historia con un centro claro: la relación entre el fuerte del grupo y el inteligente (entre Chris y Gordie). La trama se vuelve creíble no sólo por las buenas interpretaciones (el malogrado River Phoenix muy bien secundado por el resto; más los hallazgos ya asentados de Corey Feldman o Kieffer Sutherland) sino por un entorno y una situación reconocible por el público: ¿quién no ha disfrutado del verano con un grupo de amigos parecido?

jueves, 22 de octubre de 2009

SILENCIO SE... GRABA (Semana del 23 al 29 de octubre de 2009)

Otra buena semana de cine la que se nos presenta cuando se agotan los días de este mes de octubre, ahora sí, lluvioso. Entre obras maestras incontestables como La Noche del Cazador o El Hombre que mató a Liberty Valance tenemos una oferta de lo más variada: discurre entre películas de aventuras, filmes del oeste, dramas, comedias o cintas bélicas. Casi todos los géneros figuran en la siguiente tabla donde siempre me gusta destacar la inclusión de algunas películas españolas, en este caso tan atractivas como La Tía Tula o La Buena Estrella. Mientras buscan su filme preferido nosotros vamos a comentar dos cintas que confirman que la calidad y lo comercial no tienen por qué estar reñidos.

Pinchar en la tabla para verla mejor (las películas resaltadas no tienen por qué ser las mejores; las de color azul ya han sido comentadas anteriormente, pueden acceder a la reseña en la lista alfabética del lateral del blog; las de color rojo se comentan más abajo)


Comentarios de algunas de las cintas recomendadas:

El Nombre de la Rosa (Le Nom de la Rose de Jean-Jacques Annaud, 1986). Sean Connery, Christian Slater, F. Murray Abraham. (Canal Sur, viernes 23 a las 23:45)

Elaboradísima película del director francés Jean-Jacques Annaud que se deja la piel en cada proyecto que realiza –con independencia del resultado final-. Fueron necesarias 17 versiones y cuatro guionistas para llevar a la gran pantalla el best-seller de Umberto Eco; al no encontrar una localización adecuada se tuvo que construir un monasterio entero para decorar la historia; además, el rodaje fue tan accidentado que casi le cuesta la vida al propio Connery (el actor consiguió el papel prácticamente en contra de todos, realizador y escritor).

A pesar de los contratiempos, la cinta que narra las pesquisas de dos monjes, que intentan resolver los asesinatos en una abadía aislada en plena Edad Media, funciona muy bien. Y lo hace porque la trama, con la dosis de tensión suficiente, se encuentra acompañada de muchos matices enriquecedores. En primer lugar, Annaud elige una fotografía y una ambientación adecuadas para que la historia encaje perfectamente en su lugar en el tiempo. El aislamiento del monasterio, el duro invierno, la austera, pero enorme torre que preside la trama y que esconde los secretos que ayudarán a resolverla, son todos elementos ideales para introducir al espectador en aquellos días en los que Europa le dio la espalda al progreso y se abandonó en el oscuro medievo.

El realizador envuelve la acción principal (la de la investigación) con una crítica abierta hacia el clero. Y no sólo por presentar la inquisición más radical y sangrienta, sino por sacar a relucir siempre que puede el eterno debate del uso poco caritativo de las posesiones materiales de la Iglesia. Es decir, se une a la cruzada de Umberto Eco, que llegó a reconocer que se decidió a escribir la novela porque “tenía ganas de envenenar a un monje”. Realmente Annaud va más allá en su censura cuando presenta a unos frailes caricaturizados al máximo con rostros que no parecen humanos. Son seres deformes, pálidos y enfermizos, ciegos o tullidos, los que pueblan el particular y amenazante universo del monasterio.

Con un espíritu claramente comercial, la pareja de héroes resulta muy bien elegida. El maestro y el aprendiz. El primero (Sean Connery), un franciscano de nombre William de Baskerville (clara referencia a Sherlock Holmes), es un cura tolerante y a la vez crítico con la comunidad religiosa; consciente de que los libros son lo más importante del mundo tenebroso que le ha tocado vivir. El segundo personaje, Adso de Melk, interpretado por un jovencísimo Christian Slater (15 años), asume el papel de narrador de la historia sin abandonar, en ningún momento, su expresión de sorpresa. Los dos religiosos se adentran en un misterio que va a cambiar sus vidas. Y nosotros, los espectadores, como en las novelas de Conan Doyle, nos identificamos con Watson/Adso y nos dejamos llevar por las deducciones del maestro sin parpadear.



Terminator 2. El Juicio Final (Terminator 2: Judgment day de James Cameron, 1991). Arnold Schwarzenegger, Linda Hamilton, Edward Furlong. (TVE 1, viernes 23 a las 22:00)

Una de las pocas secuelas que superan al original. Cameron vuelve a realizar una película de éxito con el "musculitos" Schwarzenegger como reclamo seguro, pero esta vez cambia al personaje de bando (una de las pocas veces que esto se ha hecho en el cine) y lo sitúa en el lado bueno. El golpe de efecto le salió redondo consiguiendo una recaudación espectacular. Además la cinta supera la media, en cuanto a calidad se refiere, convirtiéndose en un clásico del género en tiempo record.

La trama sigue la línea argumental de Terminator (The Terminator, 1984) y arranca de la misma forma, con un salto en el tiempo: del futuro viene un robot de la clase T-1000, prácticamente indestructible, que puede imitar cualquier cosa, incluyendo los seres humanos. Su misión consiste en eliminar a John Connor, el que será líder de la resistencia en la lucha contra las máquinas, pero que ahora es sólo un niño. Simultáneamente también llega un androide para todo lo contrario: para proteger a John.


Uno de los méritos del largometraje es que Cameron consigue que los efectos especiales no sean los protagonistas (a diferencia de lo que ocurre en la mayoría de las actuales películas comerciales). El director los utiliza para acompañar a la acción, para subrayar los aspectos que le interesan. En este caso su propósito es dar al T-1000 esa impresión de invencible y a la vez dotarle de unos poderes que le convierten en un ser terrorífico.

El filme logra con creces el objetivo de entretener gracias a unas secuencias de acción muy bien rodadas, como la persecución en la rambla o la lucha final en la fábrica. Tampoco falta el aspecto sentimental. Aquí, el típico debate de si las máquinas pueden tener afecto por los seres humanos, Cameron lo resuelve de una forma entrañable que ha pasado ya a la historia de la ciencia-ficción.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...