Mostrando entradas con la etiqueta Policíaca. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Policíaca. Mostrar todas las entradas

domingo, 16 de noviembre de 2025

PALMARÉS DEL XXII FESTIVAL DE CINE EUROPEO DE SEVILLA 2025

Último día, ayer, en el Festival de Cine Europeo de Sevilla, y última sesión de cine que nos llevó a asistir a la proyección de Dossier 137, película de Dominik Moll, hijo de madre francesa y padre alemán, afincado en Francia donde ha realizado la mayoría de sus cintas, incluida este filme policíaco donde una inspectora de asuntos internos investiga los sucesos acaecidos en una de las manifestaciones de los chalecos amarillos. Largometraje correcto, riguroso y detallista, basado en hechos reales, el caso describe un tema de brutalidad policial que provoca lesiones de por vida a un joven estudiante. En la línea de la estupenda serie española Antidisturbios, la película de Moll difiere de esta en que se narra desde el punto de vista de los agentes de asuntos internos, en concreto desde la protagonista (Léa Drucker), que lleva el peso de toda la película.

Y ahora vayamos al palmarés del festival, anunciado por la organización por la tarde del sábado 15 de noviembre:

 PALMARÉS DEL 22 FESTIVAL DE SEVILLA

 

Premio Giraldillo de Oro a la Mejor Película de la Sección Oficial: ‘WE BELIEVE YOU’. Dirección y guion: Charlotte Devillers, Arnaud Dufeys. Producción: Arnaud Ponthière, Arnaud Dufeys.

Gran Premio del Jurado de la Sección Oficial: ‘DJ AHMET’. Dirección y guion: Georgi M. Unkovski. Producción: Ivan Unkovski, Ivana Shekutkoska.

Premio Puerta América: ‘VALOR SENTIMENTAL’. Dirección: Joachim Trier. Guion: Joachim Trier, Eskil Vogt. Producción: Maria Ekerhovd, Andrea Berentsen Ottmar.

Premio a la Mejor Dirección: Cherien Dabis (‘ALL THAT’S LEFT OF YOU’). Dirección y guion: Cherien Dabis. Producción: Thanassis Karathanos, Martin Hampel, Cherien Dabis, Karim Amer.

Premio al Mejor Guion: Charlotte Devillers, Arnaud Dufeys (‘WE BELIEVE YOU’). Dirección y guion: Charlotte Devillers, Arnaud Dufeys. Producción: Arnaud Ponthière, Arnaud Dufeys.

Premio a la Mejor Actriz: Myriem Akeddiou (‘WE BELIEVE YOU’). Dirección y guion: Charlotte Devillers, Arnaud Dufeys. Producción: Arnaud Ponthière, Arnaud Dufeys.

Premio al Mejor Actor: Arif Jakup (‘DJ AHMET’). Dirección y guion: Georgi M. Unkovski. Producción: Ivan Unkovski, Ivana Shekutkoska.

Premio al Mejor Montaje: Hansjörg Weissbrich (‘TURNO DE GUARDIA’). Dirección y guion: Petra Volpe. Producción: Reto Schaerli, Lukas Hobi.

Premio a la Mejor Fotografía: Angello Faccini (‘LA ANATOMÍA DE LOS CABALLOS’). Dirección: Daniel Vidal Toche. Guion: Daniel Vidal Toche, Ignacio Vuelta. Producción: Ignacio Vuelta.

Premio a la Mejor Dirección Artística: Juan Pablo Garay (‘LA ANATOMÍA DE LOS CABALLOS’). Dirección: Daniel Vidal Toche. Guion: Daniel Vidal Toche, Ignacio Vuelta. Producción: Ignacio Vuelta.

 

 

SECCIÓN OFICIAL DE CORTOMETRAJES

Premio al Mejor Cortometraje de Imagen Real: ‘IN HER ARMS’. Dirección: Roman Volosevych. Guion: Roman Volosevych, Ihor Zaitsev. Producción: Zlata Yefimenko.

Premio al Mejor Cortometraje de Animación: ‘THE BIRD FROM WITHIN’. Dirección y producción: Laura Anahory. Guion: Laura Anahory, Ana Anahory, Guilherme Mateus. 

EMBRUJO

Premio a la Mejor Película de Embrujo: ‘LIFE AFTER SIHAM’. Dirección y guion: Namir Abdel Messeeh. Producción: Camille Laemlé. 

RAMPA

Premio a la Mejor Película de Rampa: ‘MY FATHER’S SHADOW’. Dirección: Akinola Davies Jr. Guion: Wale Davies, Akinola Davies Jr. Producción: Rachel Dargavel, Funmbi Ogunbanwo. 

ALUMBRAMIENTO

Premio a la Mejor Película de Alumbramiento: ‘RENOVATION’. Dirección y guion: Gabrielé Urbonaitè. Producción: Uljana Kim. 

PANORAMA ANDALUZ

Premio Juan Antonio Bermúdez a la Mejor Película de Panorama Andaluz:

·       Premio a la Mejor Película de Ficción: ‘GOLPES’. Dirección: Rafael Cobos. Guion: Fernando Navarro, Rafael Cobos. Producción: Borja Pena, Emma Lustres de Rafael Cobos.

·       Premio al Mejor Documental: ‘TIEMPO ENTRE OLIVOS’. Dirección, guion, producción: Fany de la Chica.

Mención del Jurado de Panorama Andaluz: ‘NO SEA TU FALTA’. Dirección: Moisés Salama. Guion: Moisés Salama y Miguel Ángel Oeste. Producción: Moisés Salama

Premio Rosario Valpuesta al Mejor Cortometraje de Panorama Andaluz: ‘ALLÍ, LEJOS DE AQUÍ’. Dirección y guion: Pedro Gondi.Producción: Peter Petersen, Sofia Mellino, Pedro Gondi.

Premio Especial Rosario Valpuesta a la Contribución Artística: ‘LAS DESQUERIDAS’. Dirección: Charlie García Villalba, Gonzalo Ruiz Esteban. Guion: Carlota Berzal, María Cazenave, Gonzalo Ruiz, Charlie García. Producción: Melina Calderón. 

OTROS PREMIOS

JURADO ASECAN

Premio Asecan al Mejor Guion de Largometraje (ex aequo): Fernando Navarro y Rafael Cobos (‘GOLPES’). Dirección: Rafael Cobos. Guion: Fernando Navarro, Rafael Cobos. Producción: Borja Pena, Emma Lustres de Rafael Cobos / Mauricio Angulo y Julio Muñoz (‘LOS PINCELES DE LA BARONESA’). Dirección y guion: Mauricio Angulo, Julio Muñoz. Producción: Antonio Carreto, José Carlos Conde, Santi Botello, Antonio Rodríguez.

Premio Asecan al Mejor Guion de Cortometraje (ex aequo): Pablo Cueto (‘ACCIÓN, FIGURACIÓN’). Dirección y guion: Pablo Cueto. Producción: Mónica Peña, Pablo Cueto / Álvaro Amate y Jaime Tigeras (‘DISCORDIA’), de Álvaro Amate. Dirección: Álvaro Amate. Guion: Álvaro Amate, Jaime Tijeras. Producción:  Nacho Medina.

Premio AC/E a la Mejor Dirección de Película Española: ‘ELS MALS NOMS’. Dirección y guion: Marc Ortiz. Producción: Paloma Mora, Marc Muñoz.

Premio AAMMA Women in Focus (ex aequo): ‘WE BELIEVE YOU’. Dirección y guion: Charlotte Devillers y Arnaud Dufeys. Producción: Arnaud Ponthière, Arnaud Dufeys / ‘THE GIRLS WE WANT’. Dirección: Prïncia Car. Guion: Prïncia Car, Lena Mardi. Producción: Johanna Nahon.

Premio Queer Ocaña: 'ELS MALS NOMS'. Dirección y guion: Marc Ortiz. Producción: Paloma Mora, Marc Muñoz.

Premio Cinéfilos del Futuro: ‘BELLA’. Dirección: Manuel H. Martín, Amparo Martínez Barco. Guion: Carmen Jiménez , Manuel H. Martín. Producción: Olmo Figueredo González-Quevedo, Carlos Rosado Sibón, Bernabé Rico, Diliana Alexander.

Premio Europa Junior: ‘MASCOTAS AL RESCATE’. Dirección: Benoît Daffis y Jean-Christian Tassy. Guion: David Alaux, Jean-François Tosti, Éric Tosti. Producción: Emy Contassot.

Premio Europeo de Cine-Guion Cinematográfico Universidad de Sevilla en categoría de ficción:

·       Primer Premio: ‘EL INFINITO TIENE HAMBRE’, Alejandro Ruiz Padín.

·       Segundo Premio: ‘NADIE QUIERE ENTERRARTE’, de Matías García Martín.

Gran Premio del Público a la Mejor Película de la Selección de la European Film Academy: ‘LITTLE AMÈLIE’. Dirección: Maïlys Vallade, Liane-Cho Han. Guion: Liane-Cho Han, Aude Py, Maïlys Vallade, Eddine Noël. Producción: Nina Santiago, Edwina Liard, Clarie La Combe, Henri Magalon.

 


Extenso palmarés que incluye todos los premios de cada una de las muchas secciones del certamen. No obstante, nos vamos a referir solo a la Sección Oficial donde este año he tenido el acierto —la suerte— de haber visto la mayoría de las películas premiadas, difícil elección dada la numerosa oferta del festival de casi trescientas proyecciones.

La ganadora del Giraldillo de Oro —con justicia— ha sido We Believe You, ópera prima de los directores Charlotte Devillers y Arnaud Dufeys. Un filme valiente, en opinión del jurado, «que convierte un proceso judicial en una reflexión colectiva sobre la violencia sistemática, la vulnerabilidad y la empatía». La cinta también se ha llevado el premio a mejor guion, al de mejor actriz para Myriem Akheddiou —estaba cantado, ya lo anunciábamos en la correspondiente reseña—, y un premio menor el de Women in Focus ex aequo con The Girls We Want.

Otra ganadora del certamen ha sido la estupenda DJ Ahmet, que se ha llevado el Gran Premio del Jurado y el de mejor actor para el joven Arif Jakup. Por último, nos alegramos de que el excelente filme Turno de guardia no se haya ido de vacío: ha ganado el premio al mejor montaje, justo galardón para un filme que destacaba, entre otras cosas,  por su elaborada técnica.

Sin nada más que reseñar, nos despedimos hasta el año que viene, Dios mediante, donde esperamos ya con impaciencia otro certamen del mejor cine que se puede ver en el Viejo Continente.

Un abrazo a todos los lectores.





domingo, 9 de julio de 2023

2 X 1: "GENTE VIVA" y "TAXI" (Roy del Ruth)

Gente viva (Blonde Crazy, 1931)

La larga carrera del actor James Cagney comenzó con el inicio de los años treinta en la Warner Brothers, estudio en el que se mantuvo durante toda la década, la más prolífica de su carrera (33 películas). Uno de los directores que más veces lo dirigieron en esa época fue Roy del Ruth. Dos películas de este artesano son las que vamos a comentar ahora:

En la primera, Gente viva, Cagney es el pícaro y mujeriego botones de un hotel en el que realiza pequeñas estafas hasta que se enamora de una camarera recién contratada (Joan Blondell). Junto a ella va dando golpes cada vez mayores, pero en el camino la relación entre los dos sufre altibajos a medida que los “trabajos” se vuelven más peligrosos.   

Atractivo filme de Del Ruth, un realizador que se especializa en musicales y películas policíacas, casi como el propio Cagney, actor con un registro ideal para las segundas cintas, pero también con condiciones de bailarín ⸺en la cinta hace sus pinitos con el claqué en alguna escena. No en vano, comenzó su carrera en las tablas del music-hall, interviniendo en comedias musicales y en obras dramáticas hasta que la llegada del sonoro le cambió la vida al ser contratado por la Warner.

 

En cualquier caso, Gente viva no es ni un musical ni un largometraje de gánsteres, aunque se le acerque a este segundo género poco a poco. De hecho, lo mejor de la cinta es el cambio que va sufriendo la película desde una comedia romántica hasta un policíaco. Es verdad que no llega a la altura de obras coetáneas como Enemigo público (The Public Enemy, William A. Wellman, 1931), pero se queda en un filme entretenido, con giros continuos de guion donde los estafadores también son estafados como en la secuencias de los falsos billetes falsos, y en la de la carrera de caballos.

La interesante trama se complementa con buenos planos de Del Ruth donde destaca el cenital de la enfermería de la cárcel, con fotografía de bajo tono, muy minimalista, casi abstracto, muy del estilo de la Warner; y con finales de secuencia made in Cagney, rematados por el tipo duro que es, enfrentándose a otros más grandes que él, pero menos atrevidos. Ojo a un Ray Milland jovencísimo, casi irreconocible. Como pasatiempo extra les recomiendo contar el número de bofetadas que se dan unos y otros.


Taxi (Taxi!,1932)

Justo después de Gente viva, el director Roy del Ruth vuelve a colaborar con James Cagney en Taxi, otra película del mismo corte que la anterior, pero, digamos, más negra:

Cagney ahora es Matt Nolan, un taxista independiente que no se deja intimidar por la todopoderosa compañía Consolidated, que quiere deshacerse de los pequeños taxistas y no duda en usar métodos gansteriles para hacerlo. Uno de los compañeros de Matt, es el padre de Sue (Loretta Young), que en su lucha por mantenerse independiente termina en la cárcel y muere allí. A pesar de la tragedia, Sue opta por el diálogo para solucionar el problema, mientras que Matt está más por la labor de responder a la violencia con violencia…

El tema que trata la película, el de las controversias entre los taxistas independientes que luchan por sus licencias, y las grandes empresas que intentan que el reparto del pastel sea cada vez más grande para ellos, es bastante actual y ayuda a que la cinta mantenga su interés a pesar de los años.

 

El carácter radical de Cagney, aunque permanece en el bando teórico de los buenos, recuerda mucho al registro de sus películas de malvado, con sonrisa que hiela la sangre como en la citada Enemigo público de ese mismo año. De hecho, las mejores secuencias se reservan a Cagney enfrentándose a sus enemigos. También funcionan los planos fijos de la pareja Cagney-Young, sencillos, pero eficaces.

Cagney de nuevo, a la menor oportunidad, quiere lucirse como bailarín y hace algunos bocetos de números que demuestran lo bien que se le da el musical ⸺no olvidemos que ganará el Óscar unos años después con Yanqui Dandy (Yankee Doodle Dandy, Michael Curtiz, 1942). Esas secuencias quedan perfectas gracias a que Roy del Ruth sabe cómo introducirlas en una puesta en escena desenfadada. Al menos hasta que el drama se torna en tragedia y la película se vuelve cada vez más oscura; algo parecido, pero más intenso, a lo que sucedía en Gente viva.




domingo, 14 de mayo de 2023

2 X 1: "PRIVATE DETECTIVE 62" y "MATANDO EN LA SOMBRA" (Michael Curtiz) (II)

Private Detective 62 (1933) 

El gran director Michael Curtiz tuvo una de las filmografías más extensas y de mayor calidad del universo cinematográfico que ahora llamamos cine clásico. De todas sus películas destacan aquellas que dirigió en el seno de la Warner Brothers. De origen húngaro, Curtiz llamó la atención de Jack Warner allá por los años veinte cuando veía lo bien que se desenvolvía el realizador en Austria dirigiendo películas épicas (Esclava Reina, Sansón y Dalila, Sodoma y Gomorra, etc.). Cuando lo contrató, el productor seguramente ya tenía en mente encargarle El arca de Noé (Noah’s Ark, 1928), una cinta estilo DeMille con la que prácticamente se decía adiós al cine mudo.

Pero a Curtiz no solo se le daban bien las superproducciones, enseguida demostró su habilidad para todo tipo de estructuras narrativas. Se quedó en la Warner y ellos que salieron ganando. Dos ejemplos de aquellos filmes tan bien realizados son los policíacos que dirigió en los primeros años treinta con William Powell de protagonista:

En Private Detective 62, el primero de ellos, Powell es Donald Free, el detective privado del título. Después de haber caído en desgracia por haber sido declarado persona non grata en Francia, Free tampoco tiene demasiada suerte al asociarse con Dan Hogan, un colega con pocos escrúpulos, que sigue las instrucciones del dueño de un casino. Free reacciona cuando Hogan y el mafioso planean engañar a una joven a la que el segundo debe mucho dinero.

 

Entretenido filme, que Curtiz realiza sin muchos medios, al estilo de las películas de serie B, pero con un ritmo muy rápido, una narrativa casi perfecta y un dominio de las elipsis prodigioso. Así, Curtiz es capaz de pasar de un país a otro en pocas secuencias mientras el protagonista se mete en problemas, lo detienen, lo juzgan, viaja en un barco, escapa de él y busca trabajo. 

El caso de Curtiz no deja de ser curioso porque le sucedió lo contrario que a la mayoría de directores: de especialista en rodar largometrajes colosalistas, con grandes medios, superproducciones costosas del cine mudo, pasó a dirigir películas de escaso presupuesto, policíacos, dramas, comedias, cintas de aventuras, es decir, de cualquier género, pero siempre con su sello de realizador imaginativo, que manejaba ⸺y acaso inventaba⸺ todos los recursos cinematográficos para convertirse en uno de los que cambió el cine norteamericano para siempre.


Matando en la sombra (The Kennel Murder Case, 1933)

El segundo de los filmes que Curtiz dirigió en 1933 con William Powell al frente del reparto fue Matando en la sombra, adaptación para la gran pantalla de la novela homónima de S.S. Van Dine, creador del personaje protagonista, el detective Philo Vance:

Vance sospecha que el suicidio de un magnate y coleccionista de cerámica china es en realidad un asesinato. La lista de sospechosos (la sobrina, la amante, la pareja de la amante, el secretario, el cocinero chino, el mayordomo que no falte, el hermano, etc.) es extensa debido al mal carácter del finado y a sus chanchullos comerciales, pero la solución del caso se presenta complicada, ya que la víctima se hallaba en un cuarto cerrado por dentro.

Entretenida trama donde todos tenían motivos para matar a la víctima; donde un jarrón chino y una daga son las claves del misterio; y donde la policía se deja aconsejar ⸺y mandar⸺ por un detective famoso, al estilo de las novelas de Sherlock Holmes o Agatha Christie.

 

La cinta es un ejemplo del típico misterio locked-room o habitación cerrada, también llamado “crimen imposible”. Es, sin duda, la mejor de la larga serie de películas que se realizaron sobre la figura del detective Philo Vance ⸺en 1940 se hizo un remake titulado Calling Philo Vance (William Clemens)⸺; Matando en la sombra es la quinta de la saga, la cuarta y última protagonizada por William Powell, y la única dirigida por Michael Curtiz, con su acostumbrada maestría.

La película es un pre-noir donde ya hay algunos estilemas del género que se desarrollaría en los años cuarenta, con la presencia de William Powell ⸺y de Mary Astor, futura femme fatale⸺ un año antes del éxito La cena de los acusados (The Thin Man, W.S. Van Dyke, 1934), que iniciaría otra larga serie de películas inolvidables con Powell, Myrna Loy y el perrito Asta, que por cierto también actúa en Matando en la sombra.






domingo, 5 de diciembre de 2021

2 X 1: "GAS-OIL" y "EL DESORDEN Y LA NOCHE" (Gilles Grangier)

Gas-Oil (1955)

En la segunda mitad de los años cincuenta, el director parisino Gilles Grangier hace dos películas con su amigo íntimo y máximo colaborador en tantas cintas, Jean Gabin. Dos policíacos que se sitúan entre sus mejores largometrajes, ambos nombrados en el excelente documental del recientemente fallecido Bertrand Tavernier (Las películas de mi vida, 2016).

El primero, Gas-Oil, es un thriller donde Jean (Jean Gabin), un camionero, pasa la noche con su novia (Jeanne Moreau) y al regresar a su casa atropella el cadáver de un hombre. Al ponerlo en conocimiento de la policía, le confiscan el camión y todo se complica. Para colmo, una banda de gánsteres y la viuda del finado acosan al camionero mientras buscan los 50 millones que supuestamente tenía el fallecido.

Trama entretenida basada en una novela de Georges Bayle, con Jean Gabin y Jeanne Moreau como pareja estelar. Un noir con tintes de melodrama donde la amistad y el compañerismo entre camioneros tiene mucho que decir. Sobre todo, en el trepidante final, complicado de rodar, pero muy bien resuelto por el realizador.

 

Desenlace en el que, al parecer, no se ponían de acuerdo Gabin, Grangier y el tercero en discordia en la mayoría de las películas del director: el guionista Michel Audiard. Dicen que los gritos entre los tres los oyeron a distancia los vecinos de Grangier, que corrieron a contarle el final a sus amigos antes de que se estrenara la película.

La acción, el amor, la amistad, pero también la crítica social tienen su hueco en una película tan completa como costumbrista. Porque, en realidad, la culpa de que la policía acuse a Jean de asesinato la tiene el hecho de que el camionero oculte con quién ha estado la noche del accidente; todo por el temor a los cotilleos y habladurías de los pueblos de la Francia profunda. 


El desorden y la noche (Le désordre et la nuit, 1958)

Grangier y Audiard adaptan otra novela policíaca, esta vez de Jacques Robert, y de nuevo acuden a Jean Gabin para que se sitúe al frente del reparto. Si bien, el actor vuelve a su registro más conocido, el del inspector con gabardina y sombrero. No es Maigret, pero se le parece, también la historia podría haberla firmado Georges Simenon, el autor de las aventuras del famoso comisario:

En la investigación de la muerte de un camello, el inspector Vallois (Jean Gabin) interroga a la amante y principal sospechosa, la drogadicta Lucky (Nadja Tiller). Al enamorarse de ella, el policía pone en peligro todo el caso además de su carrera. Mientras tanto, una farmacéutica (Danielle Darrieux) parece ser el cerebro de la organización criminal.

Con algunos puntos en común con Gas-Oil (los dos largometrajes arrancan con la muerte de un mafioso al que algunas mujeres querían verlo bajo tierra), pero bastante diferente en su desarrollo, Grangier hace una de sus películas mayores, quizás su obra más conocida junto a Arquímedes, el vagabundo (Archimède, le clochard, 1959) con la que Gabin se llevó el Oso de plata en Berlín.



En El desorden y la noche, Grangier vuelve a recurrir a una actriz legendaria de la escena francesa, Danielle Darrieux, para acompañar a Gabin en otro polar (cine negro francés) con trazas de thriller, que visto ahora sorprende por lo, desgraciadamente, actual de una trama que transcurre alrededor del narcotráfico.

Noir de posguerra, con reminiscencias del realismo poético y ecos del ciclo negro americano (todas estas novelas y películas negras se acumularon en la Francia ocupada y salieron a la luz después de la liberación). Cine de luces y sombras, donde los personajes tienen problemas para dormir y no les importa pasear bajo la lluvia. Cine de tugurios y jazz (estupenda banda sonora) en el que Grangier aprovecha para, de nuevo, cargar contra ciertos estamentos sociales y políticos, esta vez al más alto nivel.





lunes, 13 de abril de 2020

2 X 1: “EL ASESINO VIVE EN EL 21” y “EN LEGÍTIMA DEFENSA” (Henri-Georges Clouzot)

El asesino vive en el 21 (L’assassin habite… au 21, 1942)

Henri-Georges Clouzot fue un director de cine francés conocido por sus películas de suspense y por sus thrillers (El salario del miedo, Las diabólicas…), aunque su fama también procede, de forma injusta, de las acusaciones de colaboracionista que se vertieron sobre él tras la ocupación alemana en la Segunda Guerra Mundial, y de las críticas y la marginación que sufrió más tarde por culpa del lobby formado por los cineastas de la nouvelle vague.

La culpa de tales imputaciones suele asociarse a raíz del estreno de su excelente película El cuervo (Le courbeau, 1943), una cinta producida por la compañía alemana Continental. Para colmo de males, el filme le gustó especialmente al mariscal Pétain. Antes y después de rodar El cuervo, Clouzot realizó dos películas no tan célebres, pero si dignas de tener en cuenta. La primera de ellas, El asesino vive en el 21, a la sazón su debut como director en solitario, se trataba de la adaptación de una novela de Stanilas-André Steeman.

En realidad, el largometraje era la secuela de una cinta escrita, pero no dirigida, por Clouzot: El último de los seis (Le dernier des six, Georges Lacombe, 1941). Tanto esta como El asesino vive en el 21 contaban con los mismos protagonistas: el inspector Wens (Pierre Fresnay) y su pizpireta compañera Mila Malou, interpretada por un descubrimiento del propio Clouzot: la actriz y cantante Suzy Delair.


El asesino vive en el 21 se puede considerar un antecedente del cine negro, similar a las películas adaptadas de las novelas de Dashiell Hammett para la serie The Thin Man, a la que dieron vida la pareja formada por William Powell y Myrna Loy. Es decir, más comedia que thriller, con unos personajes disparatados, pero con un crimen por resolver suficientemente enrevesado. En este caso, el asesino del título era un serial killer que se permitía el lujo de dejar la tarjeta de visita en cada asesinato. Y el “número 21” era la dirección de una pensión donde vivían todos los sospechosos.

Aún bastante lejos del género negro galo, el polar, la película, no obstante, es muy francesa, y se diferencia de sus primas hermanas estadounidenses en su carácter de vodevil, donde los personajes se introducen en habitaciones de unos y otros, con puertas que se abren y cierran por doquier. Un whodunit típico, con los sospechosos confinados en un mismo ámbito y con un final, eso sí, sorprendente.


En legítima defensa (Quai des Orfèvres, 1946)

Como se ha citado, después del escándalo sin justificación de El cuervo (película que conoció una versión hollywoodense también de bastante éxito), Clouzot sufrió el destierro cinematográfico por haber sido más que simpatizante del régimen de Vichy; circunstancia del todo increíble cuando la cinta denunciaba de forma soterrada ––y muy dura–– la ocupación nazi. Terminada la prohibición de dirigir, la primera película de Clouzot tras la depuración fue En legítima defensa.

La cinta pertenece también al género policíaco, se basa de nuevo en una novela de Stanilas-André Steeman y cuenta otra vez con la colaboración de Suzy Delair, que prácticamente repite papel de corista algo ligera de cascos, capaz de lo que sea con tal de llegar a ser estrella. Lo que cambia es el actor protagonista, el que da vida al policía, en este caso se trata del siempre magnífico Louis Jouvet.

El entorno de la película también difiere al centrarse el filme en el mundillo del music-hall parisino. La cinta es, si se puede decir así, mucho más francesa que la anterior, y más dramática que cómica; con un Jouvet que recuerda al inspector Maigret, por un lado, y al realismo poético, por otro. No en vano, el actor fue una de las figuras más representativas de aquel movimiento de los años treinta.


Si comparamos con el cine que se hacía al otro lado del charco, y por seguir con el mismo criterio anterior, En legítima defensa es más Raymond Chandler que Dashiell Hammett. Donde el recurso cómico ahora se convierte en patético por culpa de una trama dramática. El guion escrito por Clouzot se centra en una pareja formada por un músico (Bernard Blier) y su casquivana mujer (Suzy Delair), que flirtea con un promotor. Cuando este aparece asesinado, es inevitable que las sospechas recaigan sobre el cornudo pianista. Clouzot dirige a Jouvet para que resuelva el caso, pero en el ínterin deja que ciertas historias pequeñas se dejen entrever con no poca gracia.

La película resulta sensiblemente más conseguida que El asesino vive en el 21, más madura, con mejor puesta en escena y de mayor mérito al haber sido dirigida tras un período forzoso de ostracismo.





sábado, 8 de noviembre de 2014

LA IGNORANCIA DE LA SANGRE (Manuel Gómez Pereira, 2014)

Arranca la undécima edición del festival de cine europeo de Sevilla, con muchas expectativas puestas en la película española que se proyecta en el Teatro Lope de Vega, en la gala inaugural. Antes de comentar las virtudes —y los defectos— de este policíaco de Manuel Gómez Pereira que abre la Sección Oficial, pero que no compite en ella, vamos a echar un vistazo al otro apartado importante del festival: la Sección EFA, o grupo de películas que optan a los premios de la Academia de Cine Europeo.

De este capítulo del concurso, ayer pudimos ver Blind (2014), una cinta noruega del realizador Eskil Vogt que nos dejó sorprendidos por su singular propuesta. Vogt nos ofrece la particular “visión” de Ingrid, una ciega que se inventa a su antojo el mundo que le rodea. La joven discapacitada fantasea con la relación que surge entre una pareja de vecinos, los solitarios Einar y Elin, un obseso sexual, el primero, y una madre soltera, la segunda. Al mismo tiempo que construye una historia entre ellos, Ingrid interpreta a su manera los silencios de Morten, su marido. Se lo imagina observándola o chateando con otra mujer, que podría ser Elin, ¿por qué no? ¿Y si Elin fuera ciega también? ¿Y si en vez de un niño tuviera una niña? ¿Y si…? Un sinfín de preguntas que provocan que las distintas subtramas se diversifiquen mientras se mezclan con la realidad o se separan de ella. Un caos imaginativo que roza la comedia, envuelto en el mantra que resulta ser la repetitiva música de la original cinta de Eskil Vogt.























Pero vayamos a la película protagonista del día de ayer, La ignorancia de la sangre. Un ejemplo más de que el cine de género es la solución para sacar a flote la maltrecha industria cinematográfica de nuestro país. Es la estrategia por la que siempre hemos apostado, la que nos parece más adecuada para atraer al público a las salas hasta conseguir, digamos, una “masa crítica” suficiente de espectadores que crea en el cine patrio y que haga posible que otras propuestas menos comerciales triunfen también.

En este sentido, nada que reprochar a la última película del veterano Gómez Pereira. Un director que ya triunfara en la primera mitad de los noventa con cuatro comedias muy divertidas, pero que ahora se pasa al bando del cine negro para probar suerte dentro, repito, de esta iniciativa comercial casi generalizada. Lo hace adaptando un best seller de Robert Wilson, escritor británico que tiene una saga protagonizada por el inspector Falcón, policía español de ficción afincando en Sevilla.

La trama doble de la cinta de Gómez Pereira nos remite a las novelas negras que se estilan ahora, las que vienen de fuera de nuestro país, pero también las de dentro. Los aficionados al noir reconocerán la estructura de la película y el salto de género dentro de la cinta, desde el cine policíaco al negro hasta desembocar en el thriller. Todo para ganar la atención del público al conseguir que la acción vaya en aumento y no decaiga nunca. Hasta aquí las bondades del filme, las debidas al argumento, pero también a Gómez Pereira que maneja bien el ritmo que reclama la historia para asegurar el entretenimiento del público, lo cual no es poco.



Los defectos (hay unos cuantos, ahora veremos) impiden que la cinta se apunte el tanto de la producción de calidad con el que seguro soñarían el guionista, los intérpretes y el director; los mismos que provocan, a nuestro entender, los principales fallos del largometraje: el guión adaptado, más allá de caer en un par de situaciones inverosímiles, tropieza en bastantes diálogos estereotipados, aquellos que ya hemos oído y leído cientos de veces, como los que surgen entre el héroe y su mujer/novia/amante cuando ésta le reprocha que le salpiquen a ella y a su hijo los casos del policía, o los que se suceden entre los agentes de la ley, o entre éstos y los mafiosos. Un libreto acartonado que chirría en la primera parte del filme, hasta que el interés de la trama logra que el espectador consiga obviarlo.

De los actores, nada que objetar al protagonista, un buen Juan Diego Botto en el papel del policía desvalido que nos recuerda a otros personajes del cine negro (no sé por qué nos viene a la memoria el Philip Marlowe de William Powell en Historia de un detective, quizás por estar casi siempre a merced de los “malos” y por tener entre ellos a una mujer peligrosa como archienemiga). Tampoco le ponemos pegas a Paz Vega o a Cuca Escribano, pero sí a Alberto San Juan que es, en nuestra opinión, el que se lleva la peor parte (al parecer, sustituyó a Hugo Silva que era el actor elegido para el papel). Con un registro dramático falso, diríamos que forzado, San Juan no acierta con el rol de su personaje y confirma nuestra preferencia por sus actuaciones en las comedias. Lo mismo que nos ocurre con Gómez Pereira: también nos decantamos por sus comedias.



Y no es que lo haga mal el realizador, ya hemos dicho que maneja muy bien los tiempos y el ritmo, lo que no nos gusta del todo es la puesta en escena y la gestión del objetivo, sobre todo cuando usa —abusa— de los primeros planos como si estuviera dirigiendo una serie de televisión. Somos de la opinión de que esos encuadres hay que reservarlos para escenas donde queremos resaltar el aspecto íntimo del personaje. Si los utilizamos sin ningún control, cuando lleguen esas secuencias perderán la fuerza, y el efecto que deseamos conseguir con ellos se diluirá o desaparecerá.  

A pesar de todo, La ignorancia de la sangre es un buen intento de llevar nuestro cine por el acertado camino de lo comercial, como La isla mínima (de bastante más calidad), Celda 211, Grupo 7, No habrá paz para los malvados, La caja 507 y algunas más que han conseguido que nuestras películas por fin se cuelen entre las preferencias del público, compitiendo en la cartelera con la implacable oferta norteamericana.


Ver Ficha de La ignorancia de la sangre.


viernes, 13 de septiembre de 2013

CONTRA EL IMPERIO DEL CRIMEN (G-Men de William Keighley, 1935)


En los albores del cine negro, rozando el cine de gangsters, la Warner Brothers se tomó un respiro para producir un policíaco, digamos convencional, con un guión más suave que sus precedentes en el género. Un filme con alguna sorpresa, ideal para rascar en él con el objetivo de descubrir algunos elementos atractivos, teñidos de oscuro, tan del gusto del cinéfilo amante del noir.





 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
G-Men fue la primera película dedicada al FBI (G-Men= Hombres del Gobierno), contó con la bendición del propio Edgar Hoover, fue realizada por el director especializado en aventuras, William Keighley, y protagonizada por James Cagney que, fuera de todo pronostico, se encuentra en esta ocasión en el lado correcto de la ley. Ambos, director y actor, bajo nómina de Jack Warner, colaboraron en multitud de largometrajes, muchos de ellos dentro de la serie de películas que hicieron juntos Cagney y, el casi siempre empalagoso, Pat O’Brien.

La cinta es una especie de reconstrucción histórica de los primeros años de los agentes especiales federales, cuando aún no les permitían llevar armas y cuando los delincuentes podían escapar con tan sólo cambiar de estado. Ambas limitaciones cambiaron con los años, pero en aquel momento les daba un aire romántico a los G-Men. Una circunstancia que supieron aprovechar Keighley, el guionista Seton I. Miller, responsable también del argumento, y los autores del prólogo que años después se añadió al filme con motivos puramente propagandisticos, con el objetivo de reclutar a nuevos agentes. La historia, nominada al Óscar, estaba en realidad basada en la novela “Public Enemy Nº 1” de, nada menos que, Darryl F. Zanuck (su nombre sería asociado a la Fox durante décadas como el brillante productor que fue, aunque hasta 1933 había trabajado en la Warner como guionista) y contenía algunas secuencias extraidas de casos reales.
 
 

Pero vayamos al cambio de rol de James Cagney, que seguramente sea lo más interesante de la película. Un cambio que no llega a ser total si tenemos en cuenta que su personaje, el agente especial “Brick” Davis, procede de los bajos fondos y ha sido criado entre gánsteres. Davis llega a confesar que se dedica a servir a la ley porque estaba harto de llevar esa vida entre delincuentes. Frase que se nos antoja un guiño al encasillamiento que el actor sufría en la realidad cuando la mayoría de los papeles que le ofrecían entonces eran de criminal. La ambigüedad en ciertas secuencias, cuando Davis se debate entre ayudar a sus antiguos compañeros o luchar contra ellos, es un loable intento —lástima, se queda sólo en eso— de inaugurar  antes de tiempo el ciclo negro.

En G-Men —inevitable—, Cagney se enfrenta a sus antiguos compañeros y se debate entre los favores de una cabaretera (Ann Dvorak), más propia del entorno de su infancia, prima segunda de las femme fatales que inundarán la pantalla en la década siguiente, y el amor de la hermana de su jefe en el FBI (Margaret Lindsay). La película resulta claramente moralizante: no sólo gana el FBI, sino que también la mujer "buena" se impone a la "mala". Tal estructura maniquea aleja el filme del noir y también de un mayor interés.

A pesar de todo, la dirección e interpretación de los actores es correcta. De los segundos destaca un joven Lloyd Nolan, notable secundario que debuta gestionando con efectividad su registro habitual de policía; si bien se encuentra, como el resto del elenco, ensombrecido por la figura de James Cagney. Y es que el no demasiado alto actor (1,65 de estatura), paradójicamente, inunda la pantalla, sobre todo cuando recurre a su característica crispación: atentos a esos gestos donde Cagney se resiente algo del papel de bueno cuando ofrece una sonrisa tan heladora que encajaría mejor con algún personaje del otro bando. No, no es cine negro, pero por momentos se le parece.


Trailer #1
'G' Men — MOVIECLIPS.com

Ver ficha de G-Men.



martes, 15 de marzo de 2011

CINE EN TV: EN EL VALLE DE ELAH; LA CONDESA RUSA

En el Valle de Elah (In the Valley of Elah de Paul Haggis, 2007). Tommy Lee Jones, Charlize Theron, Susan Sarandon. (Canal Extremadura TV, viernes 18 a las 22:15)

Paul Haggis crece como realizador gracias a este drama policíaco con ecos de la Guerra de Irak. El director canadiense se embarcó en el proyecto después del éxito de Crash (2005) —que a nosotros si nos gustó— para contar una historia, basada en hechos reales, que va enganchando poco a poco: un soldado desaparece después de regresar del frente. Su padre, un suboficial del ejército, especialista en investigación criminal, se dispone a buscarlo.

Haggis parece recurrir a varias referencias para hacer una película muy completa. En primer lugar, acude a los filmes-denuncia sobre conflictos bélicos. Principalmente a los que trataron con acierto las consecuencias de la guerra del Vietnam desde finales de los setenta. Aquellas cintas describían el regreso de unos soldados psicológicamente afectados; muy diferentes de los jóvenes que se marcharon ilusionados por la dudosa aventura de la guerra. Haggis mezcla este tipo de largometrajes con los que siguen la estela de cintas de más contenido político como Desaparecido (Missing de Costa-Gavras, 1982) —a pesar de las evidentes diferencias en la trama—, y lo moderniza con altas dosis de realismo en las secuencias de acción, al estilo Black Hawk Derribado (Black Hawk Down de Ridley Scott, 2001). Para dar aún más verismo a la acción se rodea de actores que vivieron en la realidad experiencias parecidas a las que narra la película.

Dichas escenas las introduce Haggis con acierto utilizando información parcial a base de retazos de flashback (vídeos extraídos del móvil del soldado desaparecido) para dar más de una vuelta a la historia, mostrando su faceta más interesante: la de guionista. Y es que Haggis aplica su ingenio como escritor, en favor de su otro yo como director. Lo hace en algunos planos tan sobresalientes como cuando resalta en ellos la bandera de Estados Unidos; una metáfora presente a lo largo del filme para decirnos que su país de acogida se encuentra en un serio problema.

También el dibujo de los protagonistas es excelente. No hay ni un resquicio de duda acerca de su personalidad. El realizador los construye muy rápidamente, con gestos y hábitos, para que el espectador sepa a que atenerse. Para darles vida nada mejor que la sobria actuación, sin demasiados adornos, tanto de Tommy Lee Jones como de Charlize Theron. Nos gusta detenernos en esta gran actriz que sorprende, una vez más, con otro registro al que sumar a su larga lista de sobresalientes interpretaciones.

El Valle de Elah fue donde tuvo lugar el enfrentamiento entre David y Goliath. Paul Haggis enmarca muy bien la película con ese título —incluso se refiere explícitamente a él en alguna ocasión— y consigue que nos atraiga la lucha de un solo hombre contra todo un sistema.


La Condesa Rusa (The White Countess de James Ivory, 2005). Ralph Fieness, Natasha Richardson, Vanessa Redgrave. (Televisión de Galicia, domingo 20 a las 03:00)

La Condesa Rusa es la última obra fruto de la legendaria colaboración entre el director estadounidense James Ivory y el productor hindú, que falleció ese año, Ismail Merchant. Sus películas siempre se han destacado por un perfecto retrato de personajes y de ambientes, aunque se me antoja que esta vez han profundizado más en ambos campos. Veamos por qué:

Primero el ambiente. Shanghai es una de las ciudades más cinéfilas que han existido. Desde Von Sternberg hasta nuestro Fernando Trueba, la capital china ha sido llevada a la gran pantalla en numerosas ocasiones... leer más.

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...