domingo, 7 de septiembre de 2025
ARMAS PARA EL CARIBE (L'arme à gauche de Claude Sautet, 1965)
martes, 12 de noviembre de 2024
SECRETOS DE UN CRIMEN (Santosh de Sandhya Suri, 2024)
Ayer asistimos
a otra proyección de la Sección Oficial, aquí en el Festival de Cine Europeo
de Sevilla. Una película interesante de la directora británico-india Sandhya
Suri, una realizadora de documentales, que se estrena en la ficción con Secretos
de un crimen, película en la que además de ejercer como directora también
es la autora del excelente guion:
Santosh (nombre
de la protagonista, la del título original del filme, intensamente interpretada
por Shahana Goswami) se ha quedado viuda y gracias a la “Ley de compasión”
puede heredar el cargo de su marido, policía en una zona rural del norte de la
India. El primer caso importante en el que trabaja Santosh es el del asesinato y
violación de una adolescente. La flamante detective trabaja a las órdenes de la
carismática y veterana Sharma (Sunita Rajwar). Ambas pronto seguirán las pistas
para encontrar al culpable…
Secretos de un crimen es una película de cine negro, que sigue todas las características
del noir hindú, es decir, a los argumentos y estilemas propios del
género se le añaden un realismo sucio, en un entorno de miseria, analfabetismo,
corrupción y brutalidad policial —la realizadora no esconde nada.
La cinta queda
lejos, muy lejos, del colorido y brillante cine de Bollywood para adentrarse en
un ambiente asfixiante y misógino. Las castas sociales, el tremendo abismo
entre ellas y la falta de imparcialidad e incluso la permisividad de las fuerzas
y cuerpos de seguridad, ante los delitos de las clases más altas, es otro de
los temas que trata esta buena película.
También el
aprendizaje: los enormes ojos de Santosh se abren de par en par —igual que los
del espectador, como si fuera uno de ellos— a medida que va conociendo el sórdido
mundo en el que se ha metido, donde le han dado un poder que no sabe o no
quiere utilizar, pero al que se ve abocada por su cargo. Mientras tanto Sharma le
da unos consejos que son para enmarcar y resumen la película: «Hay dos tipos de
“intocables” en este país, los que la gente no quiere tocar, y los que no se
pueden tocar”.
domingo, 19 de mayo de 2024
PUNTO DE RUPTURA (The Breaking Point de Michael Curtiz, 1950)
martes, 28 de noviembre de 2023
LAS JAURÍAS (Les meutes de Kamal Lazraq, 2023)
Desde la Sección Oficial del XX
Festival de Cine Europeo de Sevilla ayer pudimos ver Las jaurías, una coproducción marroquí-francesa-belga y
otros países árabes (Qatar, Arabia Saudí), dirigida por Kamal Lazraq, nacido en
Casablanca, la ciudad en la que se desarrolla el filme.
La película arranca de una manera
bastante desagradable —no soporto las secuencias donde se maltratan animales—, con
una pelea ilegal de perros, una escena que tiene consecuencias: el dueño del can perdedor
contrata a dos personas, padre e hijo (interpretados por Abdellatif Masstouri y
Ayoub Elaid, respectivamente, que hacen dos papeles creíbles) para secuestrar a
uno de los jugadores clandestinos. El problema es que, después de secuestrarlo,
el sujeto muere. A partir de ahí, los dos protagonistas tendrán que recorrer la
ciudad para deshacerse del cadáver…
Cinta oscura de realismo sucio, con los
tonos cálidos del ambiente nocturno y sórdido de los bajos fondos de Casablanca,
y con cámara inquieta en mano, que se vuelve violenta cuando se desata la
acción. Ese es el entorno en el que se desarrolla esta especie de road movie
dentro de la ciudad. Un largometraje de cine negro, con dos protagonistas
desesperados en una huida hacia delante, incapaces de hacer desaparecer el
cuerpo de un hombre, que parece regresar de los muertos para hacerles la vida
imposible.
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Película que me recuerda a dos
comedias de humor negro, aquella de Ted Kotcheff, Este muerto está muy
vivo (1989), y a esa otra —mucho mejor— de Claude Autant-Lara, La travesía de París (1956), donde Jean Gabin y Bourvil atravesaban la
capital francesa ocupada por los nazis, no con un cadáver, sino con un cargamento de carne fresca de
contrabando. Tanto una como otra tenían como misión arrancar las carcajadas del
público, cosa que dudamos sea el objeto de Las jaurías.
Si bien la cinta de Lazraq puede que
en algún momento muy concreto provoque la sonrisa del público, enseguida pasa a
su lado más oscuro, al de la tensión. Una cinta que nos dice que las jaurías del
título no se refieren precisamente a los perros, sino a sus dueños. Algo que ya
intuíamos cuando el ser humano es el peor animal que existe en la Tierra.
lunes, 31 de julio de 2023
ESTAMBUL (Journey into Fear de Orson Welles y Norman Foster, 1943)
domingo, 19 de marzo de 2023
2 X 1: "FORBIDDEN" y "AQUELLOS DUROS AÑOS" (Rudolph Maté)
Forbidden (1953)
De
los directores de fotografía que se han pasado a la dirección, quizás uno de
los más destacados, si no el más destacado, sea Rudolph Maté. Cineasta polaco, estudió en
Hungría y trabajó en varios países europeos como operador de Alexander Korda,
Dreyer, René Clair o Fritz Lang, entre otros, antes de instalarse
definitivamente en Estados Unidos donde siguió su carrera colaborando con los
mejores: Wyler, Vidor, Dieterle, McCarey, Hathaway, Lubitsch, Hitchcock y un
largo etcétera.
En la segunda mitad de los cuarenta, Maté decide realizar sus propias películas, paradójicamente sin ninguna pretensión estética teniendo en cuenta su virtuosismo como director de fotografía. No obstante, sus mejores filmes se desarrollan a lo largo de los años cincuenta. Uno de las más notables es Su alteza el ladrón (The Prince Who Was a Thief, 1951) donde dirige a Tony Curtis y lanza su carrera como actor. No sería la última vez que ambos trabajasen juntos: en 1953 vuelven a colaborar en el policíaco Forbidden.
El arranque de la cinta es parecido al de Gilda (Charles Vidor, 1946): Curtis es un recién llegado a Macao ⸺¿qúe tiene esta pequeña península que le va tan bien al noir?⸺ que ayuda a un gánster, le salva de ser asesinado, y este para agradecerle el gesto le contrata para supervisar su casino. El conflicto se crea cuando a Curtis le presentan la prometida del gánster.
Joanne Dru, más guapa que nunca ⸺la pantalla parece brillar ante los primeros planos de la actriz, imagino a Maté atando por corto a su operador de fotografía⸺, resulta ser la antigua novia de Curtis. En realidad, el protagonista ha viajado desde tan lejos para buscarla y llevarla a Estados Unidos donde otro mafioso requiere su presencia. Claro que al verla, todo lo que tenía planeado se va al traste...
Buena
película de la Universal, con ritmo creciente. Un largometraje de cine
negro con perseguidos y perseguidores, con amores y desamores, con buena
fotografía y con una música difícil de olvidar del virtuoso Frank Skinner. Maté
parece disfrutar de las escenas de acción donde no se muestra nada tacaño, al revés,
se recrea en las secuencias del intento de asesinato del arranque o, sobre
todo, la de la persecución y el enfrentamiento en el barco.
Aquellos duros años (The Rawhide Years, 1956)
Conforme transcurre el tiempo, Rudolph
Maté se convierte en un artesano que comprende bien los cánones de cada género,
desenvolviéndose a la perfección en todos ellos. Vale lo mismo para dirigir una
película de ciencia ficción que para realizar un péplum. De hecho, solo con
Tony Curtis, colaboró en tres géneros distintos: aventuras, cine negro y
western.
En efecto, después de
Forbidden, Maté cambia a la aventura con el protagonismo de Tony Curtis
en la más que interesante producción de capa y espada Coraza negra
(The Black Shield of Falworth, 1954). Nada que ver con la última
colaboración entre actor y director: un western titulado Aquellos
duros años.
De nuevo con la Universal detrás y con la música de Frank Skinner, Maté dirige a Curtis en una película del oeste que se desarrolla en el Mississippi, con barcos fluviales, juegos de cartas y bandidos que asaltan a los pasajeros. Curtis sigue en el mismo ramo que en Forbidden solo que ahora no es supervisor de un casino, sino un jugador de cartas profesional al que acusan injustamente de asesinato.
El protagonista, a lo largo del metraje, tendrá que demostrar que es inocente ayudado por su novia Zoe (Colleen Miller, algo sosa) y por un buscavidas de dudosas intenciones (Arthur Kennedy, sobreactuado, aunque con cierta lógica por el carácter del personaje, un vividor que siempre opta por quedarse con el mejor postor).
Western con pretensiones,
que se queda en una aventura algo deslavazada, con Curtis sin encontrar su sitio
excepto en las primeras secuencias, con el juego, las trampas y el cinismo
donde el actor se encuentra en su salsa y avanza lo que serán sus películas a
finales de los cincuenta y en toda la década de los sesenta, cuando alterne dramas
con comedias.
domingo, 18 de diciembre de 2022
2 X 1: "ATRACO SIN HUELLAS" y "EL RASTRO DEL ASESINO" (Joseph Pevney)
Atraco sin huellas (Six Bridges to Cross, 1955)
En
los años cincuenta después de la crisis de los grandes estudios, solo la
Universal seguía produciendo al viejo estilo de “fabricación en serie”. Uno de
los directores que más se prodigó en esa época fue Joseph Pevney. Realizador
incansable, organizado y metódico, pero relajado en el plató, se le daba igual
de bien el cine negro, las películas bélicas o las cintas de aventuras.
Durante la segunda mitad de la década destacaron en su filmografía dos policíacos protagonizados por uno de los actores de moda: Tony Curtis. Pevney ya había trabajado con Curtis en la interesante historia de boxeo Flesh and Fury (1952), pero con Atraco sin huellas y, más tarde, El rastro del asesino, mejoró sensiblemente la primera colaboración entre actor y cineasta.
El
argumento de Atraco sin huellas sigue la vieja trama de la
amistad entre un policía y un criminal. El filme repasa la vida del ladrón
Jerry Florea (Sal Mineo en la adolescencia, y Tony Curtis en la juventud y en
la posterior madurez) al que el agente Ed Gallagher (el soso George Nader)
dispara en un atraco y le deja estéril de por vida. Esa circunstancia hace que
ambos tengan una peculiar relación de amistad en la que, mientras Jerry hace de
confidente y Gallagher se aprovecha de los chivatazos para subir en el
escalafón, el primero obtiene gracias al policía las coartadas necesarias para sus
fechorías.
Película atractiva, narrada de forma detallada, al estilo de La ciudad desnuda (The Naked City, Jules Dassin, 1948) o de Atraco perfecto (The Killing, Stanley Kubrick, 1956), para reforzar el hecho de estar presentando una historia real, que tiene un final excelentemente rodado. Un clímax que se ve venir, pero no por ello es menos logrado.
Aunque interpretada por Sal Mineo en el primer tercio, en lo que sería su debut cinematográfico justo antes de Rebelde sin causa (estrenada el mismo año), la película se puede decir que está protagonizada por Tony Curtis, que se encarga del resto del largometraje con un registro muy alejado de aquel más cómico por el que sería recordado después.
El rastro del asesino (The Midnight Story, 1957)
Dos años después de Atraco
sin huellas, Joseph Pevney vuelve a dirigir a Tony Curtis en El
rastro del asesino, otro policíaco, mezcla entre drama y cine negro, pero
con cierta dosis de suspense que también le acerca al thriller:
Curtis interpreta a Joe Martini, un agente de policía italoamericano que insiste en que le den el caso del asesinato de un sacerdote en San Francisco. Su interés radica en que el cura fue su cuidador en el orfanato y su mentor, gracias al cual pudo ingresar en el cuerpo de policía. Las pistas que sigue Martini le llevan a sospechar de Silvio Malatesta (Gilbert Roland), un pescador de la bahía con el que comienza a relacionarse. Martini se integra tanto en la familia de Malatesta que llega a enamorarse de la hermana del sospechoso y a querer casarse con ella. El conflicto está servido cuando las sospechas son cada vez más fuertes y la amistad con el supuesto asesino es cada vez mayor.
La trama del filme es como una
montaña rusa: hay tensión cuando todas las pistas indican que el sospechoso es
el culpable, y relajación cuando aparece una coartada que demuestra su inocencia.
Lo que en principio parecía una obsesión personal por detener al culpable,
ahora se transforma en un deseo de probar su inocencia. Ese ir y venir del
argumento es acaso lo más destacado de la película.
De nuevo toda la cinta se desarrolla bajo el punto de vista del personaje interpretado por Tony Curtis, que en su registro, digamos serio, parece especializarse en estos retratos dramáticos, a veces biopics de personajes de otras razas, como la del indio en El sexto héroe (The Outsider, Delbert Mann, 1961) o la del ladrón, también de ascendencia italiana que hemos visto en Atraco sin huellas.
Personajes duros, que luchan por
sobrevivir en un país hostil hacia los extranjeros o, en el caso de El
rastro del asesino, con tintes casi autobiográficos cuando el propio
Curtis viene de una familia de inmigrantes húngaros, con una dura infancia de
orfanato en orfanato junto a su hermano, muerto arrollado por un camión, igual
que sucede en la película.
Deseo a todos los lectores de este blog unas ¡muy felices fiestas! Un fuerte abrazo.
domingo, 24 de julio de 2022
2 X 1: "LOS CONDENADOS NO LLORAN" y "LA ENVIDIOSA" (Vincent Sherman)
Los condenados no lloran (The Damned
Don’t Cry, 1950)
Después
de una brillante filmografía en los años treinta, la carrera de Joan Crawford
sufrió un bajón durante la primera mitad de la siguiente década. Fue a partir de Alma
en suplicio (Mildred Pierce, Michael Curtiz, 1945) cuando la
estrella volvió a resurgir como un ave fénix al ganar el Óscar con toda
justicia. A partir de ahí, se sucedieron los éxitos tal como demuestran las dos
películas que interpretó a las órdenes del director Vincent Sherman en 1950.
Los condenados no lloran, la primera de ellas, la interpretó Joan Crawford al amparo de la Warner Brothers casi como un remake de su cinta anterior, Flamingo Road (Michael Curtiz, 1949), y es que las tramas de ambas películas son muy similares, también el reparto coincide.
En efecto, Joan Crawford encabeza en las dos cintas un drama negro, más oscuro en el filme que nos atañe que en Flamingo Road, donde la protagonista es una mujer a la que la dura vida le ha forjado un fuerte carácter. Mientras allí era una bailarina de feria, en Los condenados… es una ama de casa en el seno de una familia obrera, que lo que más desea es salir de la miseria que ha acabado con la vida de su hijo. Después de prometer no volver a pasar penurias, como si fuera una Scarlett O’Hara rediviva, la protagonista consigue llegar a lo más alto a base de amistades peligrosas del mundo del Hampa.
Mientras la Crawford escala posiciones, el rubio David Brian hace el mismo papel que en la muy citada Flamingo Road: es un mafioso sin escrúpulos, aunque aquí mucho más violento y sanguinario. De los secundarios, también de lujo, destaca el malvado Steve Cochran, un actor encasillado en este tipo de papeles, que, sin embargo, demostró su valía en Italia ante la cámara de Michelangelo Antonioni (véase El grito).
Con un rodaje in crescendo en manos de Vincent Sherman, la película se desarrolla en un largo flashback que le da al largometraje una estructura circular donde destaca la excelsa fotografía de Ted McCord (también el técnico responsable de Flamingo Road), con luces de tono bajo, indirectas, que forman sombras en el rostro de Joan Crawford, casi una característica de la actriz, tanto como sus hombreras o su mirada penetrante.
La envidiosa (Harriet
Craig, 1950)
El mismo año en el que se estrenó
Los condenados no lloran, Vincent Sherman y Joan Crawford se
desligaron de la Warner, ficharon por la Columbia y dejaron el cine negro para
rodar juntos el melodrama La envidiosa:
Una mujer absorbente no deja que su marido escape a su control y será capaz de todo con tal de que eso no suceda. Cuando no tiene más remedio que visitar a su madre enferma y se aleja unos días de su domicilio, al volver ve que la casa está descuidada y que su marido se ha divertido más de la cuenta. No volverá a suceder.
El filme es la tercera versión cinematográfica de la obra de teatro “Craig’s Wife” de George Kelly, ganadora del premio Pulitzer en 1926. Adaptada por James Gunn y Anne Froelich, cuenta con la colaboración en los diálogos de la propia Joan Crawford. La actriz se apoyó en sus experiencias vitales para escribir varias líneas del guion.
Rodado en pocos decorados, la cinta tiene en la vivienda de los protagonistas a un personaje más. La escalera, el incómodo sofá, el jarrón chino, son elementos de atrezo y decorado que mantienen viva la presencia de Harriet Craig (Joan Crawford) aunque ella no se encuentre en la secuencia.
Joan Crawford rechazó inicialmente el papel, aconsejada por Vincent Sherman que no la veía indicada para interpretar a Harriet. Solo cuando la estrella se dio cuenta del éxito en taquilla de Los condenados no lloran fue cuando firmó el contrato. Todo un acierto porque de nuevo la actriz está sensacional, esta vez en un papel de malvada. Con su interpretación, y con la fotografía del avezado operador Joseph Walker, la película muda desde el clásico melodrama hasta un largometraje con una estética noir muy atractiva.
domingo, 26 de junio de 2022
2 X 1: "MOVIE MOVIE" (Stanley Donen)
Movie Movie (1978)
Hoy hacemos una excepción a
nuestra sección “Dos por uno” al hablar de tan solo una película, y lo hacemos
porque en realidad son dos cintas independientes entre sí dentro de un mismo
título. En efecto, Movie Movie, dirigida por Stanley Donen, es una
producción homenaje a los programas dobles que poblaban las carteleras de los
años treinta.
En la última fase de su carrera, lejos de los musicales que le dieron la fama junto a Gene Kelly, el director estadounidense Stanley Donen se vuelve nostálgico y realiza una sátira, una comedia o una parodia, como quieran llamarla, de las sesiones dobles de la Warner Brothers en la década de los treinta (por si hay alguna duda, la supuesta productora se llama Warren Brothers), un filme maltratado por la crítica en su momento, pero que visto ahora no es tan malo como dicen.
La película se divide en dos mediometrajes Dynamite Hands y Baxter’s Beauties of 1933, protagonizados por George C. Scott, aunque, en realidad, son tres si contamos el “trailer” de un drama de aviación titulado Zero Hour, un corto en blanco y negro montado como reclamo publicitario, que parodia aquellas películas de Howard Hawks o William Wellman sobre héroes pilotando aviones en la Primera Guerra Mundial.
Con respecto a Dynamite Hands, se trata de una cinta del género pugilístico, y del cine negro, con todos los tópicos y clichés de este tipo de películas: el héroe, que necesita dinero para operar de los ojos a su hermana, y se mete a boxeador; el entrenador (George C. Scott), un antiguo campeón que cree en el púgil novato y se ve a sí mismo en su época de esplendor; la femme fatale, que engatusa al joven; la novia de toda la vida, una sufridora; el gánster que amaña los combates; y la pelea final está todo muy visto y suena risible, pero se deja ver con interés. La cinta, aunque filmada en color, se estrenó en los cines en blanco y negro para darle aún más autenticidad (más tarde, en la edición en vídeo, se presentó en el color original).
Mejor es el musical Baxter’s
Beauties of 1933, seguramente porque Donen se ve más en su salsa dentro del
género al que siempre se dedicó desde que era bailarín, luego coreógrafo y,
por fin, director de cine. El título de esta parodia sigue la línea de las
series de los años treinta Broadway Melody of… de la Metro Goldwyn
Mayer, o Gold Diggers of… de la Warner.
La trama es muy conocida, un clásico backstage musical donde una corista novata se convierte en estrella gracias a sustituir a la vedette de turno en el último momento. Los ensayos, el manager (George C. Scott) que quiere montar un espectáculo por encima de todo, el joven compositor que también salta a la fama, los números caleidoscópicos estilo Busby Berkeley, los grandes decorados, etc., está todo muy conseguido y resulta entrañable.
En definitiva, Movie Movie es una parodia acerca de la edad dorada del cine, muy recomendable, en especial para el cinéfilo, que reconocerá elementos y recursos de las películas de la época y que, a pesar de mil veces vistas, se meterá de lleno en dos tramas atractivas y cercanas, dirigidas por un cineasta que se nota que echa de menos aquella era tan gloriosa.
domingo, 3 de abril de 2022
2 X 1: "SERIE NEGRA" y "LA DECISIÓN DE LAS ARMAS" (Alain Corneau)
Serie negra (Série noire,
1979)
En el tiempo que transcurre desde
mediados de los setenta hasta mediados de los ochenta, el realizador francés
Alain Corneau dirige sus mejores películas dentro del género negro. Cintas como
Police Python 357 (1975), La amenaza (La menace,
1977) o Le môme (1986) son peculiares policíacos basados en
guiones originales del director. De entre todos ellos, destacan los dos filmes que
rueda en el cambio de década.
El primero, Serie negra, para muchos la obra maestra de Corneau, anuncia desde el título su pertenencia al polar (género negro a la francesa, palabra nacida de mezclar policíaco y noir). Se trata de la adaptación del libro “Una mujer endemoniada” de Jim Thompson, el tercer gran escritor norteamericano de novela negra junto a Raymond Chandler y Dashiell Hammett y, como ellos, con varios de sus libros convertidos en películas.
En Serie negra, Corneau describe con crudeza y realismo sucio cómo un vendedor a domicilio (Patrick Dewaere) se ve envuelto en una serie de crímenes después de conocer a la sobrina de una cliente suya. Una joven cuya tía la obliga a prostituirse para enriquecer las arcas de la vieja.
Con pocos diálogos y una puesta
en escena expresiva, Corneau describe la fatalidad del protagonista, un
comercial desesperado que se mueve en un mundillo tan desordenado y casposo como
es él. Su jefe corrupto lo chantajea; un cliente que le debe dinero es un
boxeador fracasado; la mujer con la que vive es un desastre con síndrome de Diógenes;
la joven a la que ayuda apenas habla, pero induce al vendedor a robar y
asesinar, etcétera.
Por supuesto, nada le sale bien a la sórdida pareja que forman sobrina y comercial. Extraña relación que apenas sobrevive en un mundo, paradigma de las novelas escritas por Thompson, poblado por perdedores de todas clases, aprovechados, sociópatas y psicópatas.
La decisión de las armas (Le
choix des armes, 1981)
Justo después de rodar Serie
negra, Alain Corneau filma otro excelente noir titulado Le
choix des armes, uno más de sus guiones originales, esta vez coescrito con
Michel Grisolia. Con un espectacular reparto, el realizador galo de nuevo
recurre a una trama que se enreda a medida que se suceden los
crímenes:
Yves Montand es Noel, un ladrón retirado que recibe la visita de dos delincuentes huidos de la cárcel a los que un tercer criminal ha delatado. Uno de los fugados se encuentra gravemente herido mientras el otro, Mickey (Gerard Depardieu), es un joven impulsivo que arremete contra todo y contra todos con tal de vengarse de la traición. Al ayudar a los fugitivos, Noel y su mujer (Catherine Deneuve) se verán implicados en una serie de homicidios.
La cinta descansa en la interpretación de tres grandes de la escena francesa, Montand, Depardieu y Deneuve. Mientras Catherine Deneuve se muestra tan sosegada como siempre, Gerard Depardieu aparece tan desatado como Patrick Dewaere en Serie negra. Ambos actores compartieron protagonismo en varias películas de la época (véase Los rompepelotas, por ejemplo), con registros similares a los de las cintas que nos atañen.
Yves Montand, por otra parte, era
un habitual colaborador de Alain Corneau, protagonista en las citadas Policía
Python 357 y La amenaza. Igual que en la segunda, Montand
se verá obligado a pasarse al otro lado de la ley, y será capaz de todo con tal
de proteger a su mujer.
En La decisión de las armas, de nuevo la fatalidad y el amor hace extrañas parejas. Y otra vez la acción directa y la violencia presiden una trama donde el pasado regresa para quedarse y, de paso, destrozar la vida a un matrimonio que había encontrado su sitio en la sociedad.
domingo, 5 de diciembre de 2021
2 X 1: "GAS-OIL" y "EL DESORDEN Y LA NOCHE" (Gilles Grangier)
Gas-Oil (1955)
En la segunda mitad de los años
cincuenta, el director parisino Gilles Grangier hace dos películas con su amigo
íntimo y máximo colaborador en tantas cintas, Jean Gabin. Dos policíacos que se
sitúan entre sus mejores largometrajes, ambos nombrados en el excelente
documental del recientemente fallecido Bertrand Tavernier (Las películas
de mi vida, 2016).
El primero, Gas-Oil, es un thriller donde Jean (Jean Gabin), un camionero, pasa la noche con su novia (Jeanne Moreau) y al regresar a su casa atropella el cadáver de un hombre. Al ponerlo en conocimiento de la policía, le confiscan el camión y todo se complica. Para colmo, una banda de gánsteres y la viuda del finado acosan al camionero mientras buscan los 50 millones que supuestamente tenía el fallecido.
Trama entretenida basada en una novela de Georges Bayle, con Jean Gabin y Jeanne Moreau como pareja estelar. Un noir con tintes de melodrama donde la amistad y el compañerismo entre camioneros tiene mucho que decir. Sobre todo, en el trepidante final, complicado de rodar, pero muy bien resuelto por el realizador.
Desenlace en el que, al parecer, no
se ponían de acuerdo Gabin, Grangier y el tercero en discordia en la mayoría de
las películas del director: el guionista Michel Audiard. Dicen que los gritos
entre los tres los oyeron a distancia los vecinos de Grangier, que corrieron a
contarle el final a sus amigos antes de que se estrenara la película.
La acción, el amor, la amistad, pero también la crítica social tienen su hueco en una película tan completa como costumbrista. Porque, en realidad, la culpa de que la policía acuse a Jean de asesinato la tiene el hecho de que el camionero oculte con quién ha estado la noche del accidente; todo por el temor a los cotilleos y habladurías de los pueblos de la Francia profunda.
El desorden y la noche (Le
désordre et la nuit, 1958)
Grangier y Audiard adaptan otra
novela policíaca, esta vez de Jacques Robert, y de nuevo acuden a Jean Gabin para
que se sitúe al frente del reparto. Si bien, el actor vuelve a su registro más
conocido, el del inspector con gabardina y sombrero. No es Maigret, pero se le
parece, también la historia podría haberla firmado Georges Simenon, el autor de
las aventuras del famoso comisario:
En la investigación de la muerte de un camello, el inspector Vallois (Jean Gabin) interroga a la amante y principal sospechosa, la drogadicta Lucky (Nadja Tiller). Al enamorarse de ella, el policía pone en peligro todo el caso además de su carrera. Mientras tanto, una farmacéutica (Danielle Darrieux) parece ser el cerebro de la organización criminal.
Con algunos puntos en común con Gas-Oil (los dos largometrajes arrancan con la muerte de un mafioso al que algunas mujeres querían verlo bajo tierra), pero bastante diferente en su desarrollo, Grangier hace una de sus películas mayores, quizás su obra más conocida junto a Arquímedes, el vagabundo (Archimède, le clochard, 1959) con la que Gabin se llevó el Oso de plata en Berlín.
En El desorden y la noche,
Grangier vuelve a recurrir a una actriz legendaria de la escena francesa,
Danielle Darrieux, para acompañar a Gabin en otro polar (cine negro francés)
con trazas de thriller, que visto ahora sorprende por lo, desgraciadamente,
actual de una trama que transcurre alrededor del narcotráfico.
Noir de posguerra, con reminiscencias del realismo poético y ecos del ciclo negro americano (todas estas novelas y películas negras se acumularon en la Francia ocupada y salieron a la luz después de la liberación). Cine de luces y sombras, donde los personajes tienen problemas para dormir y no les importa pasear bajo la lluvia. Cine de tugurios y jazz (estupenda banda sonora) en el que Grangier aprovecha para, de nuevo, cargar contra ciertos estamentos sociales y políticos, esta vez al más alto nivel.
domingo, 23 de mayo de 2021
2 X 1: "NOT WANTED" y "NEVER FEAR" (Ida Lupino)
Not Wanted (1949)
La historia de cómo Ida
Lupino se situó detrás de las cámaras tiene mucho que ver con la crisis de los
estudios iniciada en 1948 y con la proliferación de compañías independientes
como The Filmakers, propiedad de la actriz y de su marido, Collier Young. Una empresa que se especializó en
producir películas de bajo presupuesto y de temática social, generalmente
escritas por Young.
Fue, precisamente, durante el rodaje de Not Wanted, cuando la actriz tuvo que tomar las riendas de la película debido a la enfermedad de Elmer Clifton, el director titular. Una cinta que significo su debut como directora, y que a la postre formaría parte de una trilogía de filmes realizados por ella de singular corte feminista: Not Wanted, Never Fear y Outrage.
La serie seguía una temática parecida cuando eran retratos de mujeres jóvenes, trastornadas psíquicamente después de haber sufrido un trauma (un hijo no deseado, una enfermedad o una violación), que imposibilitaba la relación con el hombre al que querían y su integración en la sociedad.
Not
Wanted, la
primera de ellas, aborda el problema de las madres solteras en una época tan difícil
como la de la posguerra. Interpretado por Sally Forrest, el largometraje arranca
con la protagonista encarcelada por secuestrar a un niño. A partir de ahí, la
trama descansa en un largo flashback donde el suspense se gestiona desde
la pregunta ¿cómo se ha llegado a esa situación?
Un drama rodado en blanco y negro, con una estética expresiva cercana al noir para las secuencias donde predomina la ansiedad, como aquella del final, filmada a buen ritmo, donde la pareja de tullidos (él, literalmente, ella con problemas mentales) se persiguen en un puente metafórico. No obstante, la aspiración de la cinta es la de ser un documento casi didáctico y divulgativo, con intertítulos explicativos donde hay incluso una secuencia a todo color de una cesárea.
Never Fear (1949)
La segunda película de
Lupino sigue prácticamente la misma estructura que Not Wanted,
solo que ahora es la polio la enfermedad que se interpone entre la pareja, y la
que trastorna a la protagonista, de nuevo interpretada por Sally Forrest y Keefe Braselle. Con una
estrategia de ida y vuelta, la pareja supera las primeras dificultades y,
cuando parece que todo va a ir bien, entonces algo externo a ellos lo pone todo
patas arriba.
Igual que en su debut, Lupino maneja la trama con soltura y agilidad. Una historia que, en realidad, es un melodrama propio de telefilme de sobremesa, pero que en manos de la directora se convierte en un producto muy atractivo, con una estilización prima hermana del cine negro, y también con tono didáctico.
Aunque la cinta finaliza con cierto optimismo y con la confianza de que el sistema termina funcionando, en cada una de las películas de la trilogía, el espectador se queda con ciertas dudas debido a la atmósfera que rodea a las historias, a las duras secuencias rodadas con vigor por Lupino y a la desesperación de las mujeres protagonistas.
El “Don Siegel de los pobres”, como solía presentarse Ida Lupino, fue
una pionera en su trabajo, una de las pocas, escasísimas, mujeres realizadoras
en una época dominada por el hombre. Según sus propias declaraciones, aprendió
el oficio de directora fijándose en los mejores entre un rodaje y otro.
Con respecto a las oportunidades para las mujeres, Ida Lupino declaró: «Me encantaría ver a más mujeres trabajando como directoras y productoras. Hoy en día, es casi imposible hacerlo a menos que seas una actriz o escritora con poder». Aunque en el cine todavía es enorme la brecha de la desigualdad, ahora es más normal verlas a ellas detrás de la cámara; un avance significativo gracias, entre otras cosas, a mujeres como Ida Lupino.
En el último tercio de este vídeo podemos ver el trailer de "Not Wanted":































