lunes, 21 de abril de 2008

EL CABO DEL TERROR (Cape Fear de J. Lee Thompson, 1962)

La novela "The executioners", de John D. Macdonald, ha sido llevada a la pantalla en dos ocasiones: la primera de la mano de J. Lee Thompson, de forma impecable y es la que vamos a comentar; la segunda dirigida por Martin Scorsese en 1991, bastante interesante, pero, en mi opinión, inferior al original.



J. Lee Thompson era un director desigual especialista en películas de acción y bélicas que obtuvo algún éxito como Los cañones de Navarone (The guns of Navarone, 1961) pero que, sin duda alguna, con Cape Fear consiguió realizar su mejor obra. La cinta pertenece al género de suspense, pero es prima hermana de las películas de terror. La acción se centra en el acoso por parte de Max Cady (Robert Mitchum) hacia el abogado que le metió entre rejas (Gregory Peck). Es un acoso más psicológico que físico y se centra más en la familia de Peck que en la persona del abogado. Cady consigue mantener en vilo a sus victimas sin que la policía pueda hacer nada para evitarlo. Esto provoca un interesante debate sobre si, en esa situación, es correcto que uno se tome la justicia por su mano. En este caso con un agravante: el que toma la decisión es un defensor de la justicia.

El atractivo de la película reside en que el espectador se pone en la piel de Gregory Peck y no sabe exactamente qué es lo que pretende Mitchum. Éste se limita a observar los movimientos de la mujer e hija del abogado, presentándose de forma imprevista e inquietante, con una mirada que hiela la sangre. Y es que Mitchum realiza una de sus mejores actuaciones, muy en la línea del psicópata de la Noche del cazador (The Night of the hunter, de Charles Laughton, 1955). Creo que esa es la razón por la que funciona mejor la película de Thompson que la de Scorsese. Mientras el primero utiliza un suspense más subyugante, menos explícito, con un delincuente casi fantasmal, el segundo presenta a Max Cady (Robert de Niro) más real, también más brutal, pero no tan inquietante debido a que el contacto es más directo –hasta llega a relacionarse con la hija del abogado-.

El filme es de los que atrae al cinéfilo curioso. Y es que se encuentra repleto de anécdotas. Así, en una secuencia donde Mitchum perseguía a Polly Bergen, alguien del equipo de rodaje se dejó cerrada una puerta que tenía que servir de escape. La angustia de la escena traspasó la ficción cuando Polly Bergen intentaba en vano abrir la puerta y Mitchum se acercaba amenazante.

Si en algo se diferenciaban Mitchum y Peck de los demás actores era por su profesionalidad, muchas veces ensalzada por los directores. En la escena final, Gregory Peck le daba un puñetazo a Cady. En el rodaje, de forma accidental, el golpe impactó de lleno en el actor. Lejos de cortar la secuencia, Mitchum siguió con su actuación hasta el final de la toma. Más tarde afirmaría, dolorido, que molestar a su colega no era muy recomendable.

Otros logros de la cinta son la fotografía en blanco y negro, heredera del mejor cine expresionista, y la música del habitual colaborador de Hitchcock: Bernard Herrmann. Ambas proporcionan el ambiente inquietante que requiere la película.

El cabo del terror, gracias a todo lo citado, es de esas películas que ganan con los años. El propio Scorsese –ante todo, un gran cinéfilo-, cuando realizó el remake no se resistió a homenajear la cinta de J. Lee Thompson, para ello incluyó la misma música que utilizó Herrmann y les dio trabajo a dos actores legendarios: Gregory Peck y Robert Mitchum.


Ver Ficha de El Cabo del Terror

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