domingo, 24 de mayo de 2009

COLABORACIÓN: Los Cuatrocientos Golpes (Les Quatre Cents Coups, François Truffaut, 1959)



Se cumplen en este 2.009 cincuenta años del estreno en Cannes de Los Cuatrocientos Golpes, la emblemática opera prima del director François Truffaut y sin duda una de las mayores e incontestables obras maestras que ha dado el cine a lo largo de su historia. Como es bien sabido, la película supone también la carta de presentación de la francesa Nouvelle Vague , un movimiento llamado a revolucionar el arte cinematográfico en Europa a mediados del siglo pasado. Desde su tribuna de Cahiers du Cinema, François Truffaut y sus futuros compañeros de generación critican con dureza el cine francés de su tiempo, prisionero de la política de los viejos estudios, caduco, anquilosado en temas y estilos y que pide a gritos una urgente renovación ("un cine burgués, hecho por burgueses y para burgueses" dirá nuestro protagonista). Esta renovación no se producira precisamente hasta que los Truffaut, Malle, Godard y compañía no se decidan a cambiar la pluma y la máquina de escribir por la claqueta. La edición de Cannes de 1.959 será la gran puesta de largo para estos jóvenes airados con la exhibición de la película que vamos a comentar a continuación – que le reporta a su autor la Palma de Oro a la Mejor Dirección- y el pase fuera de concurso de Hiroshima, mon amour de Alain Resnais. En los años siguientes, los antiguos críticos de Cahiers se dedican a poner patas arriba el cine continental, creando no sólo una nueva forma de rodar películas sino también una nueva forma de admirarlas, perfilando no sólo un nuevo prototipo de cineasta sino también de espectador y dándole un impulso definitivo a eso que hoy conocemos como "cine de autor". Entiéndase que es a partir de este momento cuando el término "cine de autor" empieza a tener unas connotaciones propias, aunque este concepto como tal siempre ha existido, que a veces uno tiene la impresión y el complejo de que Ford, Wilder o Lubitsch no hubiesen sido nunca "autores" y hasta ahí podíamos llegar.
Pero dejemos ahora los valores "arqueológicos" de esta película y pasemos a repasar sus méritos artísticos propiamente dichos. Con todos mis respetos hacia la arqueología, no creo que una película como Los cuatrocientos golpes sea susceptible de ser analizada con la perspectiva de quien analiza un fósil, máxime porque lo que una película como ésta nos describe no es ni más ni menos que un trocito de vida. Truffaut lleva a la máxima expresión la regla de oro del grupo al que pertenece: sacar la cámara a la calle para retratar la realidad y la vida. No podía ser menos viniendo de alguien que llegó a confesar más de una vez que amaba más al cine que a la vida y que también en más de una ocasión se sirvió de su propia biografía para desarrollar todo una teoría acerca su oficio. De hecho, Los cuatrocientos golpes – "quatre cents coups" es una expresión que aquí se prefirió traducir literalmente pero que equivaldría más o menos a nuestro "pasar las de Cain"- resulta bastante autobiográfica y en ella se relatan algunas episodios reales de la azarosa infancia de Truffaut. Se podría decir incluso según los datos que manejamos que la película es un cuento de hadas en comparación con las verdaderas circunstancias que rodearon los primeros años del cineasta en el mundo. La película propone una mirada triste, desencantada y desde luego nada idílica hacia el mundo de la infancia, un argumento esencial en la posterior filmografía de su autor. Truffaut dedica su obra a la memoria de André Bazín, prestigioso crítico y teórico de cine galo, fundador de Cahiers que fallecía el año anterior al estreno del film. Bazin se convertirá en una especie de padre espiritual para el joven François cuando le rescate de un correccional de menores al que éste había sido enviado tras haber cometido una serie de pequeños hurtos. Algo parecido a lo que le ocurre al protagonista de su película, Antoine Doinel, a quien desde el principio intuímos carne de correccional. A sus doce años, Doinel empieza a percibir el aire de hostilidad que se respira en su casa, las desavenencias entre sus padres –o quienes dicen serlo- que, ahora descubre con pesar, nunca le han querido. El chaval descubre también que es hijo de una madre soltera y que probablemente el hombre que convive con ambos bajo el mismo techo no sea su verdadero padre- tampoco Truffaut llegó a conocer nunca al suyo. El ambiente familiar, la falta de cariño y protección llevan a Antoine a convertirse en un rebelde con causa primero en la escuela donde se hacen famosas sus pellas y trastadas y luego en el correccional en el que como antes vaticinamos acaban dando sus huesos. Al menos en este último destino, nuestro protagonista puede ver cumplido uno de sus sueños: ver el mar. El famosisímo travelling que cierra el film merece un comentario aparte. El mar que simboliza la libertad, lo inmenso, lo inabarcable… y el esperanzador mensaje final es que ahí está, Antoine consiguió llegar hasta él, después de todo mereció la pena luchar, rebelarse y "pasar las de Cain". Los cuatro minutos largos que dura esta escena fueron rodados de un modo totalmente artesanal con el operador de cámara Henri Decae sentado en el capó de un dos caballos poniéndo en peligro su propia integridad física. Así eran estos locos del cine, unos tipos capaces de jugarse el tipo por conseguir el plano perfecto, aunque luego fueran diciendo por lo bajini que ese mismo plano era baldio si no estaba al servicio de la narración. Por fortuna Decae pudo completar su escena y Antoine pudo ver el mar. Pero Doinel no se detendrá en las playas de su niñez; en una iniciativa artística sin precedentes hasta entonces, Truffaut retomará al personaje en cuatro películas más en las que, siempre con el rostro del actor y alter ego del director Jean Pierre Leaud, le veremos crecer y hacerse adulto. Sí, definitivamente, para algunos el cine era más grande que la vida e incluso la trascendía. Toda la vida es cine y los sueños cine son cantaba áquel. Truffaut sabía más que nadie que la vida era cine, pero también que nuestros propios sueños están hechos de celuloide. Tal vez por eso consiguió hacer tan buenas migas con ese otro director tan poco sospechoso de tomar la realidad como base de sus argumentos que atendía al nombre de Alfred Hitchcock.
Cary Grant corriendo delante de una fumigadora en un campo desierto, la cara de satisfacción de Antoine Doine tras haber visto el mar por vez primera… El cine nos ha aportado tanto y nos ha enseñado tantas cosas… No es de extrañar que muchos confundieran el cine con la vida y acabaran amando a áquel más que a ésta.

14 comentarios:

  1. Geniales palabras para una gran obra maestra. Porque toda la vida es cine y los sueños cine son... ¡qué cierto!.

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  2. Imprescindible película y muy buena reseña para rescatar y acercar una de las mejores películas de todos los tiempos. "La habitación verde" es otra de las imperdonables de Truffaut.

    Un saludo.

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  3. Para hablar de ella, bien podría repetir cada una de las palabras que con tanto tino le dedicó Aute. Él lo dijo todo.
    "Los 400..." fue la película que me abrió la admiración que hoy le profeso al cine francés.

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  4. Sin duda esta peli tiene que estar en cualquier videoteca que se declare digna, es una obra de arte sin discusión.

    En un documental de truffaut salia este comentando sus inquietudes cinmatograficas, evidentemente la conexión con Alfred Hitchcock era total. En general era un director que abordaba las historias desde un punto de vista muy ralista, no es que tenga que ver con el neorealismo italian, pero desde luego no casaba con directores como Ford o Spielberg, vamos que no hubira hecho una peli de Vaqueros o de Ciencia ficción, era algo que detesaba.

    Pero volviendo a ls 400 golpes, sin duda tiene mucho que ver con su própia niñez, quizás esa sea la clave del éxito, la facilidad de contar con tanta soltura las desventuras de un chaval...e fin una peli para ver de vez en cuando y darse cuenta de lo maravilloso quees el cine.
    Por cierto estoy leyendo ahora la biografia de Cary Grant y hay unas cuantas anécdotas con Alfred Hitchcock, muy curiosas...pero me estoy liando demasiado!!!


    Salud!

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  5. Me declaro cahierista entregado. El protagonista de "Los cuatrocientos golpes", Jean Pierre Leaud, ha tenido su momento en el festival de Cannes de este año al aparecer en la película "Visage" del taiwanes Tsai Ming Liang.
    En fin, cualquier homenaje, tributo a aquellos directores revolucionarios me parece estupendo.
    Saludos.

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  6. Pues qué puedo decir yo sobre la peli, sin repetirme... Creo que es una peli importante, en todos los sentidos, e imprescindible para cualquier amante del cine con mayúsculas.

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  7. No logro recordar quien me la recomendó por primera vez, pero sí recuerdo que después de verla decidí guardarla grabada y no borrarla, porque presentí que necesitaría revisarla de nuevo tiempo después. Tal vez hoy tú has encendido esa chispa, gran película!

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  8. A ver, dos cosas...el post es estupendo, la película una maravilla, Dexter ha escrito un gran post y el blog mola mucho...pero una vez aclarado todo esto...:

    Atikus, tironcillo de orejas: "no casaba con Ford o con Spielberg...no hubiera hecho una peli de vaqueros o de ciencia ficción"...
    Truffaut hizo, al menos que yo recuerde, una peli de ciencia ficción "Farenheit 451" sobre una novela de Ray Bradbury.
    Las películas de genero, western o ciencia ficción (o terror) son utilizadas por algunos directores (los buenos) para contar la historia que quieren contar y que generalmente suele tratar de pasiones humanas, no puede decirse que el Ford de "Centauros del desierto" o "La legión Invencible" no traten sentimientos muy realistas porque se desarrollan en un western. Por no hablar del realismo “Fordiano” de pelis como “Las uvas de la ira”
    Además Truffaut participó como actor en una de las mejores películas de Spielberg "Encuentros en la 3º fase", ciencia ficción pura y según parece o se cuenta hubo bastante química entre ambos, admiración mutua y una misma pasión, el cine.
    Y una última cosa, de Hitchcock podemos decir muchas cosas buenas y nos quedaremos cortos siempre, pero sus historia tenían de todo menos realismo, por eso todos sus argumentos son, como él los llamaba “Mcguffin”, no tienen porque tener sentido lo importante es que me permitan contar lo que quiero.

    Abrazos. Carpet.

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  9. Fantática tu reseña, me ha gustado mucho, a colación de lo que apuntas al final, recomiendo a todos leer el libro que escribió el propio Truffaut sobre las interminables charlas y conversaciones que tuvo con Hitchcock (muy divertido).

    Saludos...

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  10. Estupendo post, Dexter. "Los cuatrocientos golpes" es una de esas pelis que nos hacen amar el cine, y ese final en el mar es uno de los grandes finales de la historia del séptimo arte.

    Un saludo :-)

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  11. Pues por una vez y sin que sirva de precedente voy a ponerme de lado de Carpet, aunque, tranquilo Atikus, que yo no voy por la vida dando tirones de orejas.
    "No se trata de pistolas ni caballos, se trata de personajes y sentimientos" Así definía Monsieur Truffaut al western. Perdón por la petulancia de autocitarme, pero los directores de la Nouvelle Vague no solo crearon un nuevo tipo de cine sino una nueva forma de ver y entender películas. Y así nos enseñaron que las películas del oeste no eran solo tiros ni rudos vaqueros mascando tabaco y escupiendo al suelo. Desde esta perspectiva, tampoco me parece descabellado que Mr. Truffaut se hubiese atrevido con un western. De hecho como ha dicho Carpet se atrevió con la ciencia ficción tanto delante como detrás de la cámara.

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  12. Sin duda, Dexter, una obra maestra. Tenía esta peli en la lista de "mis niños" pero me alegro que la hayas comentado tú. Me parece completamente acertado lo que comentas sobre ella. A mi me encantó desde que la ví hace muchos años.
    Y desde luego la vida se parece muchísimo al cine, a veces es mejor quedarse dentro del celuloide a pesar de los que dicen que "la realidad supera siempre a la ficción". Prefiero ese toque de poesía que nos da el cine en nuestras vidas.
    Besos

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  13. El año de Los 400 golpes fue también el año de Viridiana y Cannes era un lugar extraño.Guillermo Cabrera Infante era uno de los miembros del jurado y no sabía que hacer.Se fumó un puro a orillas del mar y se debatía por cual botar.Al fín se decidió por Truffaut,y creo que no se equivocó,no porque la peli del rebelde francés fuera mejor,sino que Buñuel ya estaba consolidado y Truffaut se la jugaba a una sola carta.Triunfó,hizo dinero,fundó su propia productora,y después todo es historia.
    Los 400 golpes es una película magnífica,brillante,que todavía hoy se puede percibir la fuerza que transmite su autor por afán de decir lo que debe representar el cine de autor.

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  14. Es una anécdota preciosa, lástima que sea falsa. Guillermo Cabrera Infante no fue jurado de Cannes hasta 1994, año en que el jurado fue presidido por Clint Eastwood y se otorgó la Palma de Oro a "Pulp fiction" y la mejor dirección fue para Nanni Moretti por "Caro diario".
    "Viridiana" y "Los cuatrocientos golpes" no coincidieron en Cannes simplemente porque su año de realización no es el mismo. En 1959, año de "Los cuatrocientos golpes", la Palma de Oro fue para Marcel Camus con "Orfeo negro" y el Presidente del Jurado de aquel año fue el escritor Marcel Achard junto con otras personalidades como Michael Cacoyannis, Julien Duvivier, Gene Kelly o Carlo Ponti.
    En 1961 fue el año de "Viridiana" que compartió la Palma de Oro con "Une aussi longue absence", de Henri Colpi mientras que el premio a la mejor dirección se lo llevaba una directora rusa. El jurado, en aquel año, estaba presidido por el escritor Jean Giono junto con otras personalidades como Pedro Armendáriz, Edouard Molinaro, la maravillosa Lilo Pulver y Fred Zinnemann.
    Ahora, eso sí, maldigo la verdad porque la anécdota merecía la pena que hubiese ocurrido tal y como la cuentas.

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