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domingo, 19 de marzo de 2023

2 X 1: "FORBIDDEN" y "AQUELLOS DUROS AÑOS" (Rudolph Maté)

Forbidden (1953) 

De los directores de fotografía que se han pasado a la dirección, quizás uno de los más destacados, si no el más destacado, sea Rudolph Maté. Cineasta polaco, estudió en Hungría y trabajó en varios países europeos como operador de Alexander Korda, Dreyer, René Clair o Fritz Lang, entre otros, antes de instalarse definitivamente en Estados Unidos donde siguió su carrera colaborando con los mejores: Wyler, Vidor, Dieterle, McCarey, Hathaway, Lubitsch, Hitchcock y un largo etcétera. 

En la segunda mitad de los cuarenta, Maté decide realizar sus propias películas, paradójicamente sin ninguna pretensión estética teniendo en cuenta su virtuosismo como director de fotografía. No obstante, sus mejores filmes se desarrollan a lo largo de los años cincuenta. Uno de las más notables es Su alteza el ladrón (The Prince Who Was a Thief, 1951) donde dirige a Tony Curtis y lanza su carrera como actor. No sería la última vez que ambos trabajasen juntos: en 1953 vuelven a colaborar en el policíaco Forbidden. 

El arranque de la cinta es parecido al de Gilda (Charles Vidor, 1946): Curtis es un recién llegado a Macao ⸺¿qúe tiene esta pequeña península que le va tan bien al noir?⸺ que ayuda a un gánster, le salva de ser asesinado, y este para agradecerle el gesto le contrata para supervisar su casino. El conflicto se crea cuando a Curtis le presentan la prometida del gánster.


 

Joanne Dru, más guapa que nunca ⸺la pantalla parece brillar ante los primeros planos de la actriz, imagino a Maté atando por corto a su operador de fotografía⸺, resulta ser la antigua novia de Curtis. En realidad, el protagonista ha viajado desde tan lejos para buscarla y llevarla a Estados Unidos donde otro mafioso requiere su presencia. Claro que al verla, todo lo que tenía planeado se va al traste... 

Buena película de la Universal, con ritmo creciente. Un largometraje de cine negro con perseguidos y perseguidores, con amores y desamores, con buena fotografía y con una música difícil de olvidar del virtuoso Frank Skinner. Maté parece disfrutar de las escenas de acción donde no se muestra nada tacaño, al revés, se recrea en las secuencias del intento de asesinato del arranque o, sobre todo, la de la persecución y el enfrentamiento en el barco.

  

Aquellos duros años (The Rawhide Years, 1956) 

Conforme transcurre el tiempo, Rudolph Maté se convierte en un artesano que comprende bien los cánones de cada género, desenvolviéndose a la perfección en todos ellos. Vale lo mismo para dirigir una película de ciencia ficción que para realizar un péplum. De hecho, solo con Tony Curtis, colaboró en tres géneros distintos: aventuras, cine negro y western. 

En efecto, después de Forbidden, Maté cambia a la aventura con el protagonismo de Tony Curtis en la más que interesante producción de capa y espada Coraza negra (The Black Shield of Falworth, 1954). Nada que ver con la última colaboración entre actor y director: un western titulado Aquellos duros años.

De nuevo con la Universal detrás y con la música de Frank Skinner, Maté dirige a Curtis en una película del oeste que se desarrolla en el Mississippi, con barcos fluviales, juegos de cartas y bandidos que asaltan a los pasajeros. Curtis sigue en el mismo ramo que en Forbidden solo que ahora no es supervisor de un casino, sino un jugador de cartas profesional al que acusan injustamente de asesinato.

 

El protagonista, a lo largo del metraje, tendrá que demostrar que es inocente ayudado por su novia Zoe (Colleen Miller, algo sosa) y por un buscavidas de dudosas intenciones (Arthur Kennedy, sobreactuado, aunque con cierta lógica por el carácter del personaje, un vividor que siempre opta por quedarse con el mejor postor). 

Western con pretensiones, que se queda en una aventura algo deslavazada, con Curtis sin encontrar su sitio excepto en las primeras secuencias, con el juego, las trampas y el cinismo donde el actor se encuentra en su salsa y avanza lo que serán sus películas a finales de los cincuenta y en toda la década de los sesenta, cuando alterne dramas con comedias.





lunes, 15 de mayo de 2017

CINE EN TV: CARAVANA DE PAZ; LANZA ROTA

Caravana de Paz (Wagon Master de John Ford, 1950). Ward Bond, Ben Johnson, Joanne Dru, Harry Carey Jr. (La 2, miércoles 17 de mayo a las 12:40).

Entre las impresionantes La Legión invencible y Río Grande, dos de las tres películas dedicadas a la caballería con John Wayne como estrella, el maestro John Ford dirigió este largometraje del género que dominaba como nadie. Podría ser un divertimento del propio Ford, una relajación entre dos cintas tan importantes como las citadas, digamos una obra menor en la extensa filmografía del realizador; sin embargo Caravana de Paz, por el tratamiento de un argumento bastante simple, por carecer de estrellas entre su reparto, por el realismo con el que se cuenta la historia en la que apenas sucede nada, la podemos calificar de obra maestra adelantada a su tiempo.

Es una cinta moderna gracias a la sencillez de la trama donde se narra de forma desdramatizada y cercana al documental las peripecias de un grupo de colonos. Se trata de una caravana de mormones a la que se le unen unos "actores" y una banda de asesinos, todos capitaneados por dos vaqueros que sueñan con las cartas. Aquí los indios son por fin nativos de una tierra salvaje y no una amenaza directa. Los “malos” no lo son tanto cuando observan la difícil progresión de los carruajes en su ascender por la montaña.


Ford muestra la escena bajo el punto de vista de los asesinos que por un momento admiran al grupo de colonos y casi se puede decir que querrían ser como ellos. No son los únicos encuadres bellos, los hay por decenas; destacan algunos primeros planos de los personajes, perfectamente insertados cuando la acción lo requiere y no de forma gratuita como algunos directores acostumbran a hacer (otro ejemplo: cuando la banda de malhechores irrumpen en el baile).

En Caravana de Paz, como se ha dicho, se refuerza el realismo gracias a que no hay una estrella tipo John Wayne al frente del casting. Los actores que se reparten el protagonismo pertenecen a la troupe habitual del director. Excelentes secundarios, todos ellos, que hacen su trabajo a la perfección dirigidos por el “jefe de la “compañía”, que los conoce tan bien como si fueran un grupo de profesionales del mundo del teatro

A pesar de ser un filme casi experimental, Ford no se salta el carácter épico de la cinta y la rueda en su querido Monument Valley. Los planos del inicio y el final de la película resumen toda la historia y configuran la grandeza del western como género épico por excelencia: una carreta sale del río y sube una empinada cuesta, delante de los esforzados caballos va un potrillo, verdadero símbolo de la nueva vida que se abre camino por un territorio salvaje.



Lanza Rota (Broken Lance de Edward Dmytryk, 1952). Spencer Tracy, Richard Widmark, Robert Wagner. (Aragón TV, miércoles 17 de mayo a las 15:05)

Más que correcto western de Edward Dmytryk, de los llamados psicológicos. Es la segunda adaptación de la novela "House of Strangers" (la primera corresponde a Joseph L. Mankiewicz), pero en clave de película del oeste. El autor, Philip Yordan, ganó el oscar por el estupendo guión... Seguir leyendo




lunes, 27 de octubre de 2008

RÍO ROJO (Red River de Howard Hawks, 1948)

¿Qué tienen en común los geniales western Winchester 73, Horizontes lejanos, o La pradera sin ley? ¿Y las excelentes aventuras El mundo en sus manos y Su majestad de los mares del Sur? ¿Qué es lo que une estas películas tan dispares de Anthony Mann, Raoul Walsh o King Vidor? La respuesta es sencilla: todas tienen como guionista a Borden Chase, uno de los mejores escritores que ha dado Hollywood. Para recordar su paso por el cine, hoy vamos a comentar el filme que le consagró: Río Rojo.


Red River es una historia de itinerario y aprendizaje, con dos personajes principales: Tom Dunson, encarnado por John Wayne, papel que le convirtió en estrella (“ese hijo de puta sabe actuar” dijo John Ford al ver esta cinta), y su hijo adoptivo, Matt (Montgomery Clift, debutando). Juntos emprenden un largo viaje con miles de cabezas de ganado; a lo largo de esta trayectoria el carácter de Tom se va agriando y el enfrentamiento entre ambos parece inevitable.

Aunque el proyecto inicial se presentaba de muy buen cariz –entre otras cosas la historia original también era de Chase (The Chisholm Trail, publicada en el Saturday Evening Post)- lo cierto es que sacar adelante la película no fue tarea fácil. No sólo por el rodaje en exteriores que tanto temían los productores; ni por el carácter antagónico de los actores -Wayne y Clift acordaron no hablar de política durante el rodaje para suavizar el ambiente-; ni siquiera la casi extinción de las famosas reses de “cuerno largo”, protagonistas del filme, fue un impedimento insalvable, ya que mezclaron –y colocaron estratégicamente- las pocas docenas que quedaban con vacas de otra raza, de tal forma que el resultado final fuera el deseado.

Lo peor fue el enfrentamiento entre Borden Chase y el director-productor Howard Hawks: Chase quería un final diferente para la historia y más protagonismo para el personaje del pistolero encarnado por John Ireland; aquel que pronunciara una de las frases más celebres de la historia del cine, cuando compara su revolver con el de Matt: “Sólo hay dos cosas más bonitas que un arma: un reloj suizo y una mujer. ¿Ha tenido alguna vez un reloj suizo?”.

Pero Hawks era mucho Hawks. El gran cineasta participaba tanto o más en los guiones que los propios escritores hasta conseguir hacer suya la historia. La contaba resaltando sus temas preferidos gracias a un tratamiento peculiar de los personajes; “sus” personajes. Las discrepancias fueron tantas y tan importantes que Borden Chase figura en los créditos de Río Rojo gracias a la intercesión del sindicato de guionistas.

La complejidad de su realización se vio recompensada por el resultado final: Río Rojo, actualmente, es considerada de forma unánime como una de las obras maestras de Howard Hawks. Lo es gracias a la aparición de muchos de los elementos que definen su cine: los imperceptibles movimientos de cámara, sólo manifiestos cuando la situación lo requiere, lo que les proporciona mayor expresividad; el retrato de hombres con un objetivo común y enfrentados a las mismas dudas y peligros; su forma de presentarlos en pantalla: de día, con rodajes de exteriores luminosos, propios del mejor documental; de noche, en decorados donde se confiesan unos con otros.


Entre ellos el duro protagonista (Wayne), el héroe hawksiano por excelencia. Egocéntrico, sólo preocupado por su ganado, evitando comprometerse emocionalmente y huyendo de las muestras explícitas de afecto; parece que estamos retratando a Bogart en Tener y no tener (To have and have not, 1944) o a Cary Grant en Sólo los ángeles tienen alas (Only angels have wings, 1939). Sólo la intervención de una mujer consigue cambiarle el carácter. Aquí es Joanne Dru la que suaviza a Dunson, como Lauren Bacall o Jean Arthur hicieran en las películas citadas anteriormente.

Pero lo que realmente da un giro a la historia -lo que sin duda se tuvo en cuenta para nominar el guión a los oscar de Hollywood-es la subtrama amorosa insertada habilmente en la acción principal. Es una parte importante del guión que sale a relucir cuando Borden Chase acude a la presencia recurrente de un brazalete. El preciado objeto cambia continuamente de manos, siempre con el mismo motivo: como recuerdo de un amor que finalmente no pudo ser. Dicen que ese es el amor más puro; eso es lo que parece que Borden Chase opinaba. Puede que tuviera razón.

Ver Ficha de Río Rojo.





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