Los Blandings ya
tienen casa (Mr. Blandings builds his Dream House de H.
C. Potter, 1948).
Comedia ligera de la RKO sobre los problemas de una pareja
que entra en crisis tras decidirse a comprar una casa. Un antecedente claro de
películas como Esta Casa es una ruina (The
Money Pit de Richard Benjamin, 1986), pero bastante más lograda gracias a
no abusar del slapstick ni de los
golpes efectistas, y limitarse a narrar de forma realista los problemas a los
que se enfrentan un matrimonio de clase media cuando por fin deciden embarcarse
en esa aventura que es la adquisición de una vivienda.
El guión está basado en la novela autobiográfica de Eric
Hodings, y la realización corre a cargo del director todo terreno H.C. Potter,
un cineasta que aunque tocó varios géneros dio sus mejores trabajos
precisamente en la comedia. La cinta se disfruta con una sonrisa permanente y
tiene hasta algunos alardes técnicos dignos de mencionar, como el largo plano
secuencia del arranque, cuando Potter nos muestra el pequeño apartamento donde
viven los Blandings antes de decidirse a cambiar de casa; o la panorámica de
360 grados, mientras la pareja echa un vistazo a la parcela que acaban de
comprar.
El trío protagonista es de lujo: Cary Grant (muy bien, como siempre) es un publicista en dura pugna con el slogan adecuado para la campaña en curso; un padre de familia sufridor, acosado por las facturas; y un marido con la permanente sospecha de que le están poniendo los cuernos en cuanto se da la espalda. Myrna Loy es su mujer, un tanto desordenada y que toma decisiones sin tener mucho en cuenta las consecuencias. La actriz, muy bien dotada para la comedia, resulta en esta ocasión algo sosa. Quizás la ausencia de William Powell, su pareja cómplice en tantas películas, tenga algo de culpa en el bajo rendimiento de la estrella. Y, por último, Melvyn Douglas, muy bien en su registro de caballero elegante y algo cínico. Es el narrador de la historia, el tercero en discordia, el abogado de la familia que parece estar deseando que todo se vaya al traste para aprovechar el río revuelto y conseguir que la mujer caiga entre sus redes.
Y es que Potter insinúa el adulterio (véase el buñueliano plano final),
pero sin llegar a ensañarse con él. En donde sí pone el acento es en algunas
situaciones cotidianas que se nos antojan muy familiares, y divertidas: ese
tubo de pasta de dientes hundido por la mitad, el cristal empañado en el espejo
del cuarto de baño, el desigual reparto de cajones para la ropa, o los miles de
frasquitos de colonia o de cualquier otro mejunje en las estanterías del aseo,
son varios ejemplos de lo que nos depara la dura convivencia diaria a todos los mortales.
Aunque el filme se desarrolla y concluye de una forma muy
convencional —es lo que se le pedía a este tipo de comedias en los años
cuarenta—, a lo largo del metraje, si uno está atento, puede descubrir cierta
denuncia al capitalismo, a la publicidad agresiva que hace que consumamos
productos que realmente no necesitamos. Es lo que le ocurre al protagonista
que, trabajando en el gremio, finalmente cae en su propia trampa.
El Intercambio (Changeling
de Clint Eastwood, 2008). Angelina
Jolie, John Malkovich. (TV3, viernes
4 a las 22:35)
Lo de Clint Eastwood no deja de
ser sorprendente. Ya nos estamos acostumbrando a que cada película suya sea una
obra importante; y llevamos unos cuantos años así. Esto que puede parecer
normal, no lo es en absoluto. No hay más que darle un repaso al resto del
panorama cinematográfico.
Es como si la obra de Eastwood
estuviera cubierta de un manto protector anti-mediocridad; alejada del resto de
proyectos comercialoides para no contagiarse de su apatía, de su falta de sinceridad y de
respeto hacia un público que, increíblemente, sigue buscando calidad en las
pantallas de cine y no sólo cifras de audiencia en la primera semana.
No digo que el filme sea
perfecto, de hecho tiene sus fallos... leer
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