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domingo, 11 de febrero de 2024

2 X 1: "LA VIDA DE LEONARDO DA VINCI" y "VERDI" (Renato Castellani)

La vida de Leonardo da Vinci (La vita di Leonardo da Vinci, 1971) 

Renato Castellani, el que fuera uno de los directores sobresalientes de la corriente denominada «neorrealismo rosa» —por no decir su creador—, con una tetralogía de comedias que parten de la base del neorrealismo (Bajo el sol de Roma, Es primavera, Dos céntimos de esperanza y Si tú estuvieras), finaliza su carrera con series de televisión históricas entre las que destacan La vida de Leonardo da Vinci y Verdi.

La primera de ellas consta de cinco capítulos dedicados a la vida y obra de Leonardo (interpretado por Philippe Leroy) desde su nacimiento en 1452 en Vinci, cerca de Florencia, hasta su muerte en Francia en 1519. Es una docuserie con un narrador (Giulio Bosetti) que Castellani lo incluye en la puesta en escena y lo mezcla con la acción en una alarde brechtiano en el que incluso interactúa a veces con los personajes.

Castellani trata de ser lo más verídico posible, utiliza documentos, cartas, archivos y los famosos tratados de Da Vinci (de anatomía, de botánica, arquitectura, ingeniería, etc.) para explicar no sólo la obra de Leonardo, sino su curiosidad por todos los fenómenos de la naturaleza, y también su vida íntima, sus relaciones con las personas a las que conoció, siempre de una manera rigurosa.

 

En cuanto a la obra, la serie se detiene en algunos hitos de la pintura de Leonardo para explicar las vicisitudes que acompañaron al genio renacentista a la hora de llevarlas a cabo. Destacan los episodios y la secuencias relativas a La Virgen de las Rocas, Santa Ana, La Virgen y el Niño Jesús o, especialmente, las dedicadas a La última cena, donde el director va más allá y describe  la estructura de la pintura, la perspectiva, sus personajes y los acontecimientos en la vida de la obra hasta nuestros días. En este sentido, es curioso como La Gioconda aparece medio tapada, otras veces descubierta en su caballete, pero siempre acompañando a Leonardo en sus distintos viajes, aunque nunca se habla de ella de forma explícita (ya tendrá una miniserie de Castellani más adelante dedicada exclusivamente al célebre cuadro). 

Castellani también se interesa por los inventos de Leonardo (el carro de combate, el avión, etc.), sobre todo los relativos a las soluciones a problemas militares de la época. Destaca el episodio donde detalla el descubrimiento del submarino y el abandono del proyecto cuando se da cuenta de lo terrible del invento en manos de personas sin escrúpulos, como si fuera un adelanto a los problemas con otros ingenios militares actuales como la bomba atómica. 

 

Verdi (1982) 

Diez años después de realizar La vida de Leonardo da Vinci, Castellani se embarca en un proyecto televisivo aún más ambicioso: Verdi, a la sazón su última obra. El director aborda la vida del músico italiano Giuseppe Verdi desde su nacimiento en Busseto, en 1813, hasta su muerte en Milán en 1901. La serie, excelente, consta de siete capítulos de casi una hora y media de duración cada uno, que describen de forma muy sentida y respetuosa la vida del célebre compositor en su querida Busseto y en sus residencias de Milán y París. 

La serie, muy completa, se halla narrada esta vez de una forma más convencional —aunque salpicada de vez en cuando con guiños al espectador cuando los personajes interactúan con él, mirando a la cámara o hablando con ella—, con la voice over de Burt Lancaster que explica con mucho detalle la vida del músico (interpretado por Ronald Pickup) y las difíciles relaciones con su padre Carlo Verdi (Omero Antonutti); las más afectivas, dentro de su carácter reservado, con sus dos mujeres: Margherita Barezzi (Daria Nicolodi) y Giuseppina Strepponi (Carla Fracci); la de amistad con Muzio (Enzo Cerusico), su alumno y copista; y, sobre todo, la relación con Antonio Barezzi (Giampiero Albertini), su suegro, protector, benefactor y, en definitiva, su segundo padre.

No obstante, lo más destacado de la serie es la obra de Verdi. Castellani lo sabe y se para en cada una de las más de veinte óperas que compuso el músico. Algunas las muestra durante los ensayos, otras en los estrenos, desde bambalinas, desde las butacas o desde los palcos, algunas se oyen en el momento de la composición, otras de fondo mientras vemos a Verdi trabajando, etc. De esta forma la narrativa es variada, nada monótona y se disfruta doblemente, por la música, pero también por la puesta en escena.

 

Claro que el director conoce la trascendencia de algunas de las obras de Verdi y las destaca especialmente dedicándoles más tiempo a unas que a otras. Así, desde la temprana Nabucco hasta las últimas Aida, Otelo y Falstaff, pasando por la trilogía popular, Rigoletto, El trovador y La traviata, sobresalen todas por su belleza, pero también por la importancia musical que supusieron en su día. Una evolución que explica el director cuando la compara con la obra del coetáneo Wagner. Esa interesante competencia en vida no lo fue tanto a la hora de sentar las bases de la ópera moderna, ya que los principios de ambos, revolucionarios en cuanto a la música y a la ópera en particular, eran los mismos: una creación global, un drama musical en su conjunto, no un desfile individual de arias y canciones. 

Al tiempo que el realizador se ocupa de la obra de Verdi, presenta también la historia de Italia: de cómo las óperas del músico tuvieron su importancia en el movimiento del Risorgimento, como estandartes que llevaron en volandas al pueblo hasta la independencia de la nación. El propio Verdi fue diputado y senador cuando la unificación italiana ya era un hecho.

Serie, por tanto, excelente, se podría decir que es la obra maestra de Castellani para la televisión. Muy disfrutable cada capítulo para los aficionados a la ópera, pero también interesante para el resto de espectadores.




lunes, 8 de diciembre de 2008

CINE FÓRUM: PADRE PADRONE (Paolo y Vittorio Taviani, 1977)

Nota: Padre padrone se proyectó en el Festival de Cine Europeo de Sevilla 2017, en un ciclo dedicado a los hermanos Taviani que recibieron el Giraldillo de oro a toda su trayectoria cinematográfica.

Iniciamos el cine fórum en este espacio web con, probablemente, la película más conocida de los hermanos Taviani. Paolo y Vittorio rodaban allá por el año 1977 una cinta que denunciaba la miseria y su consecuencia más inmediata: la intolerancia. Ambas causantes de una peligrosa ignorancia que desembocaba en más terquedad e intransigencia.



La vida de Gabino Ledda, un pastor analfabeto al que su padre arrancó de la escuela cuando apenas alcanzaba el metro de estatura, sirve de apoyo a los Taviani para reflejar una parte de la historia reciente de su país. Y lo hacen desde el lado más oscuro, desde la profunda Italia; desde el punto de vista del campesinado más atrasado. Tanto es así que aunque la trama se desarrolla en los años cincuenta y las dos décadas siguientes, parece que la cinta fuera decimonónica.

La primera secuencia –la que vamos a analizar, si me lo permiten- cumple perfectamente su doble misión: la de servir de introducción a la historia y a la vez de resumen. Los directores piden la colaboración del propio Ledda para presentar el filme basado en su propia novela autobiográfica. El propósito es claro: cubrir el resto de la acción de un realismo crudo, sucio, pero sincero.


Y los actores que dan vida a los personajes ayudan en la misión. Entre ellos sobresale Omero Antonutti, en su mejor registro, ese que hace que prácticamente se salga de la pantalla y continue viviendo con su personaje a cuestas. El resto del casting está perfecto, y colabora para que la primera parte del largometraje destaque entre aquellas películas que documentan la vida del primer sector de la economía italiana; directamente emparentada con cintas de Ermanno Olmi (pensamos en el Árbol de los zuecos, 1978) o con la mejor tradición nacida de cineastas tan fundamentales como Pasolini.

Sin más preámbulos veamos la primera secuencia, la que viene justo a continuación de los créditos. Aviso que son cinco minutos sorprendentes. Espero que sirvan para despertar la inquietud cinéfila y el espíritu analítico de nuestros lectores. Por supuesto los comentarios están abiertos no sólo para aspectos técnicos, o de cualquier índole, acerca de dicha secuencia, sino para el resto de la película o de la extensa obra de los Taviani.



Padre Padrone arranca con estos cinco minutos de buen cine sobrio, para introducir una historia dura, pero real. El verdadero protagonista (Gabino Ledda) aparece preparando una rama de un árbol que servirá de vara de castigo, de instrumento de represión de su propio padre hacia él. Mientras nos presentan al escritor con una voz en off, vemos como Gabino fabrica el garrote, certificando la autoría de la historia.

La primera toma es un plano secuencia muy sencillo, pero perfecto. La cámara permanece fija hasta que Gabino la dirige con la mirada. Esto da pie a una panorámica que va a descubrir a Omero Antonutti de espaldas (sintoma de que el personaje no va a caer muy bien que digamos). Otra vez con la cámara fija, pero sin cortar, entra Gabino en campo para entregarle el rudimentario bastón al actor (todavía no es el padre) e iniciar la película. Gabino sale del cuadro; se puede decir que la cinta arranca cuando los Taviani cortan el plano y situan la acción dentro del aula.

Toda la secuencia tiene su propia estructura, como corresponde a un guión muy cuidado: un prólogo (el ya comentado); el desarrollo central, cuando el padre entra en el aula para llevarse al pequeño; y un final que casi es lo mejor, con los niños aterrados, pensando a gritos que eso mismo les puede suceder a ellos.

Con un plano general fijo, mientras suena el silencio atronador, acaba este magnífico arranque que espero os haya gustado.



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