Regresamos de
nuestras vacaciones con renovado espíritu cinéfilo, con muchas ganas de hablar
de lo que más nos gusta; hasta algo ruidosos y vehementes si nos atenemos al título
escogido para la apertura de la nueva temporada: una cinta bélica, una de las
mejores de este género producidas en Gran Bretaña.
Basada en la novela de Robert Holles, Cañones en Batasi es una película que, a pesar de su origen literario, se nos antoja más cercana al teatro que a la narrativa. Quizás por el entorno donde se desarrolla la mayor parte del filme (la cámara de suboficiales de un regimiento del ejército colonial inglés), pero también por la profusión de diálogos y por el enfrentamiento de caracteres.
En un país
africano imaginario (podría ser Kenia), se levanta el pueblo contra el gobierno
títere del Imperio Británico. En paralelo, en un regimiento arranca un motín liderado por un oficial de color. Depuesto y herido el
capitán nativo leal a la corona, nada les impide a los amotinados hacerse
con el cuartel y con las armas. Sólo unos pocos suboficiales blancos resisten
ante los rebeldes. El enfrentamiento se recrudece cuando los británicos no
dejan que el capitán herido caiga en poder de los insurrectos. El sargento
mayor Lauderdale (Richard Attenborough) liderará la suicida resistencia.
Guns
at Batasi es una cinta que no defrauda al amante del género ya que
apuesta decidida por el entretenimiento, pero tampoco elude el mensaje político
y social. Para cumplir con lo primero nada mejor que dejar el proyecto en manos
de John Guillermin, un director especialista en cine comercial y doctorado en
largometrajes de catástrofes (El Coloso en Llamas, ¡Alarma!
Vuelo 502 secuestrado, y un largo etcétera). Para lograr lo segundo, lo
del mensaje, la cinta ofrece una retahíla de personajes secundarios que
proponen, cada uno de ellos, una metáfora en su interior. De esta forma, el
imparable movimiento descolonizador surgido tras la Segunda Guerra Mundial, con
su cenit en los años sesenta, es retratado por el director con habilidad,
determinación y cierta ironía.
Con todo esto,
el atractivo del filme es indudable, pero Guillermin eleva más la calidad de la
cinta con la inteligente postura de no rechazar del todo al sargento mayor
Lauderdale. El carácter rancio e intolerante del ser solitario abandonado por
todos le es simpático al director —y al público— y esa ambigüedad es lo que
hace que Cañones en Batasi sea, finalmente, una gran película.
Ver Ficha de Cañones en Batasi.


