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jueves, 10 de septiembre de 2009

SILENCIO SE... GRABA (Semana del 11 al 17 de septiembre de 2009)

Mientras se deciden los premios en el Festival de Venecia nosotros proponemos buen cine aquí, en nuestro país, de la mano de las cadenas televisivas en abierto. Entre las películas que recomendamos figuran hasta cuatro de Clint Eastwood al lado de obras maestras de Orson Welles, David Wark Griffith, Alfred Hitchcock o Howard Hawks. Fijándonos en la tabla podemos descubrir una excelente cinta: La Chica con la maleta de Valerio Zurlini (1961), uno de cuyos fotogramas nos ha acompañado durante muchos meses en el blog (en la sección “nos visitan desde…”). El director de este buen filme se hizo al año siguiente con un famoso galardón: El León de Oro.

Pinchar en la tabla para verla mejor (las películas en rojo no son necesariamente las mejores, son las que se comentan más abajo)

Comentarios de algunas de las cintas recomendadas:

Cabalgar en solitario (Ride Lonesome de Budd Boetticher, 1959) Randolph Scott, Karen Steele. (Radiotelevisión de Las Islas Baleares, viernes 11 a las 18:00)

Western del especialista Boetticher a beneficio de Randolph Scott que se hizo de “oro” gracias a participar en los beneficios de las películas que rodaron juntos... leer más



Elígeme (Choose me de Alan Rudolph, 1984). Genevieve Bujold, Keith Karradine, Lesley Ann Warren. (Castilla-La Mancha TV 2, sábado 12 a las 20:30)

Con una escena más propia de un musical (no perderse los créditos), arranca la primera cinta de la trilogía de dramas con toques de comedia que realiza Alan Rudolph en los años ochenta. Resulta la mejor de las tres -las otras dos son Inquietudes (Trouble in Mind, 1985) y Los Modernos (The Moderns, 1988)- y coincide con ellas en la trama, el ambiente y los actores: Genevieve Bujold y Keith Karradine.

Rudolph, primero asistente y guionista de Robert Altman, sigue de cerca los pasos de su maestro en los inicios de su carrera como director, pero a raíz de esta trilogía evoluciona para dotar de personalidad propia a sus creaciones: dramas corales, sí, pero impregnados de música y romanticismo donde diversos personajes se encuentran por casualidad y se mezclan con sus respectivas e inestables parejas. La película narra las relaciones de dos mujeres y un hombre, todos con una existencia difuminada debida a un pasado oscuro o a las fantasías del presente. Una locutora de radio, que dice ser doctora en medicina, da lecciones de comportamiento en pareja -y de sexo- a los oyentes de su exitoso programa; mientras tanto vive una vida paralela con otro nombre y se lamenta de su corta experiencia en los asuntos del amor. Una antigua prostituta regenta un bar situado en los barrios bajos de una gran ciudad; un barman, un gangster y la novia de éste perturban su complicada vida amorosa. Un enfermo mental trata de volver a Las Vegas, quiere casarse con toda aquella a la que besa y dice ser espía, piloto de combate y mecánico.

Agotando las distintas combinaciones, hombre-hombre, mujer-hombre, mujer-mujer, Rudolph va tejiendo un guión, al principio inconexo, donde los caracteres se definen a grandes rasgos, sin profundizar. Sólo después de la primera mitad de la cinta la trama va tomando cuerpo, los detalles de cada personalidad comienzan a ser importantes hasta llegar a ser una historia muy definida y, finalmente, concluir de una forma abierta muy atractiva.

Para dotar de su peculiar ambiente romántico, el director penetra en habitaciones decoradas con carteles de cine y cubiertas con sábanas de seda; rueda secuencias nocturnas en un callejón, solamente iluminado por las luces de neón, y lo convierte en improvisado salón de baile y escondido lugar de citas; y se acerca a la barra de un bar donde siguen predominando los marrones y los rojos, igual que en el exterior (hasta el cielo es encarnado en un bellísimo contrapicado) y donde reina el soul y el jazz.

En Choose me destacan la locura, las llamadas telefónicas, los espejos, la pasión y, sobre todo, la música. Alan Rudolph lo mezcla todo y consigue su mejor película hasta la fecha.



Arco de Triunfo (Arch of Triumph de Lewis Milestone, 1948). Ingrid Bergman, Charles Boyer, Charles Laughton. (Punt 2, sábado 12 a las 22:45)

Adaptación personal de la obra homónima de Erich Maria Remarque, uno de los autores más veces llevado al cine. Es una de las buenas películas del irregular Lewis Milestone, aunque fue un fracaso de público debido al poco atractivo papel de Ingrid Bergman. La historia narra las relaciones entre una pareja de exiliados en la Francia de 1939. A causa de una escena donde unos falangistas no salen muy bien parados, la película fue prohibida en España al poco de estrenarse. A destacar la actuación de Charles Laughton: cada vez que sale en una secuencia da la impresión que el resto de actores desaparecen de pantalla.



Los Invasores de Marte (Invaders from Mars de William Cameron Menzies, 1953). Jimmy Hunt, Helena Carter. (Castilla-La Mancha TV 2, sábado 12 a las 23:45)

William Cameron Menzies se acerca con mucha habilidad al público con una historia de ciencia-ficción. Lo consigue con los más pequeños cuando el personaje interpretado por Jimmy Hunt se queda dormido mirando a las estrellas –como muchos de los espectadores infantiles-, soñando con viajes espaciales y con seres de otro mundo. Sólo que esta vez sus sueños se convierten en pesadillas y lo que es peor, se hacen realidad: los alienígenas se apoderan de las mentes y los cuerpos de los humanos, entre ellos los de su propia familia.

También logra la atención de los adultos al incorporar la cinta al grupo de filmes que querían alertar sobre la invasión comunista al comienzo de la Guerra Fría. De hecho la trama es muy próxima a la de La Invasión de los Ladrones de Cuerpos (Invasión of the Body Snatchers de Don Siegel, 1956) y a otras del mismo corte, donde los invasores procedentes del espacio exterior quieren apoderarse de la Tierra consiguiendo primero transformar la mente de sus habitantes, como si fueran elementos subversivos cuyo proselitismo es irresistible. De esta forma, largometrajes convencionales se convertían en películas de culto, siempre que su factura tuviera un mínimo de calidad, como es el caso de Invaders from Mars.



La dilatada experiencia de Cameron Menzies en el apartado técnico tuvo mucho que ver en el tratamiento visual de la cinta. El realizador era, realmente, un excelente director artístico que había pasado por todas las etapas del diseño de producción, y que había conseguido grandes logros visuales acompañando a Sam Wood en varias producciones o interviniendo en filmes tan importantes como Lo Que El Viento se Llevó. Además ya tenía en su haber alguna cinta notable, también fantástica, como La Vida Futura (Things To Come, 1936).

A los amantes del género Los Invasores de Marte les resultará imprescindible, al resto, como poco, curiosa y desde luego muy bien realizada. Recomiendo especialmente la primera media hora de metraje; en ella, el niño parece encontrarse sólo ante un enemigo cuyo poder crece por momentos. Yo de ustedes vigilaría el cielo por si alguna de las estrellas comienza a moverse…

sábado, 8 de noviembre de 2008

COMA (Michael Crichton, 1978)

No me gustan nada los hospitales. Creo que no soy nada original, sin embargo sé positivamente que hay gente que le encanta ir a los centros de salud, ambulatorios, clínicas y demás edificios dedicados a la salud. Pasar el rato allí, contar sus enfermedades al resto de pacientes (paciencia hay que tener), echar el día en compañía de olores a material de limpieza antiséptico o a productos farmacéuticos -todos estos sitios huelen igual-. Esta particular fobia mía puede que sea la causante de la impresión que siempre me produce la visión de Coma, que a mis ojos se convierte en una película de terror en toda regla.


Y es que el filme de Michael Crichton (también guionista), es un thriller que ronda los quirófanos como si éstos fueran verdaderas salas de tortura (lo son). El director, y aclamado escritor, se mueve como pez en el agua por la historia gracias a su condición de doctor en medicina: en un hospital demasiados pacientes se quedan en coma después de intervenciones quirúrgicas nada complicadas; una residente intenta averiguar que ocurre y se encuentra con que ella puede ser otra victima más…

La cinta arranca con cierto tufillo a telefilme o, en el mejor de los casos, a largometraje de serie “B”, pero mejora rápidamente tras descubrir un casting de lujo y adentrarse la acción en un suspense donde los personajes cambian de sospechosos a inocentes, y vuelta a empezar. En el aspecto técnico destacan unos decorados bastante acertados: algunos tomados de exteriores muy bien localizados, como el aséptico edificio del último tercio de la película, con una fachada repleta de ventanas uniformes, a modo de nichos; y otros realizados en el plató para adornar la trama y convertirla en futurista, como la sala donde se almacenan los cuerpos estilo Matrix.


El responsable de la creación de Almas de Metal (Westworld, 1973) o Parque Jurásico, esta vez se basa en el libro de otro autor (Robin Cook, también médico) para dar vida a un tema que no queda muy lejos de la realidad: el de la compra y venta de órganos humanos. Y si no que se lo digan a las naciones del tercer mundo y a las continuas desapariciones de personas (sobre todo niños) de las que nunca se supo más. Por cierto nuestro país no se libra de tal amenaza, y los últimos raptos podrían ir perfectamente en el mismo sentido. Por tanto, Coma se trata de una película muy actual; vista a día de hoy se despoja de su cubierta de ciencia- ficción y adquiere otra casi costumbrista. Michael Crichton vuelve a situarse por delante del conocimiento humano y, como un moderno Julio Verne, acierta con sus predicciones como hiciera con los robots (cada vez más implicados en los parques temáticos) o con la clonación de animales a partir de muestras fósiles.

Interpretada por la sugerente Genevieve Bujold, que lleva el peso de todo el largometraje, y bien secundada por Michael Douglas y un ya maduro Richard Widmark, la película resulta muy atractiva y nos parece adecuada para recordar a Michael Crichton, recientemente desaparecido. Eso sí, no me atrevo a recomendarla a nadie que tenga que ir próximamente a, por ejemplo, una revisión médica.

Ya lo dice un refrán: “si quieren ser felices, no analicen”.


Ver Ficha de Coma.




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