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domingo, 14 de febrero de 2021

2 X 1: "EL PRECIO DE LA AMBICIÓN" y "PROHIBIDO QUERER" (Martha Coolidge)

El precio de la ambición (Rambling Rose, 1991)

La directora estadounidense Martha Coolidge, especialista en rodar complicados retratos femeninos, filma en la primera mitad de los noventa dos películas muy similares donde el centro de atención reside en sendas mujeres afectadas psicológicamente, que desean integrarse en la comunidad sin mucho éxito.

El precio de la ambición, la primera de ellas, basada en la novela de Calder Willingham (el guion también es suyo), se encuentra ambientada en la américa profunda, en los años de la depresión. Se estructura en un largo flashback donde el narrador recuerda su infancia en el seno de una familia de clase media. La historia comienza con la llegada de Rose (Laura Dern) la nueva y despampanante criada, una mujer ligera de cascos, que disfruta teniendo a los hombres detrás de ella.

De hecho, en la vivienda, todos se enamoran de ella, a saber: el padre de familia (Robert Duvall), que, prácticamente la ha recogido de la calle cuando estaba a punto de prostituirse; el pequeño, el punto de vista desde el que se narra el filme, y que casi tiene una experiencia sexual con ella; y la señora de la casa (Diane Ladd), una mujer religiosa que se apiada de Rose cada vez que cae en el vicio, e impide que su marido la despida.

 

La cinta arranca como una comedia, y continúa con trazas de drama, cuando la joven inocente, pero ninfómana, se acuesta con todo el pueblo en busca de su príncipe azul. El niño malicioso (atentos a los vitriólicos diálogos) y el padre al que admira, y con el que se siente compenetrado porque los dos aman a Rose, son lo mejor de la cinta.

La música de Elmer Bernstein es tan buena como las interpretaciones, en especial las de las dos mujeres, a la sazón madre e hija en la vida real. Se nota la mano de la directora en la dirección de las actrices, que finalmente se llevaron la recompensa de sendas nominaciones al Óscar ⸺a la mejor actriz para Laura Dern y a la mejor actriz de reparto para Diane Ladd⸺. Como curiosidad, es la primera vez que esto sucede en Hollywood, que madre e hija actúen en una misma película y que ambas consigan ser nominadas por la Academia.

Prohibido querer (Lost in Yonkers, 1993)

El siguiente largometraje de Martha Coolidge, justo después de Rambling Rose, es Prohibido querer, adaptación de la exitosa obra de teatro de Neil Simon, que, igual que sucedía con Calder Willingham en El precio de la ambición, es también el autor del guion.

Coolidge sitúa ahora la acción en los primeros años de la II Guerra Mundial, en el pueblo del título original: Yonkers. Otra aldea perdida en Estados Unidos donde dos hermanos pasan diez meses con su rígida abuela alemana y su peculiar tía soltera Belle (Mercedes Ruehl), casi más infantil que ellos.

Belle ansía casarse para salir de la vida asfixiante al lado de su estricta madre, que le recuerda lo que los médicos le han dicho: que sufre un retraso y permanecerá como una niña el resto de su vida. La presencia del otro tío de los pequeños tampoco pone las cosas fáciles, ya que es un mafioso perseguido por sus rivales.

 

Como vemos, el filme posee muchos elementos en común con el anterior: vuelve a estar narrado desde el punto de vista de un niño, como siempre en Coolidge muy ácido en sus comentarios; y casi toda la trama gira en torno a Belle, de nuevo una mujer mentalmente inestable de la que siempre se han aprovechado los hombres del pueblo. El contrapunto lo pone, igual que Robert Duvall en la película anterior, el tío Louie (Richard Dreyfuss), un gánster a lo James Cagney, que tiene asombrados e hipnotizados a los pequeños.

La partitura vuelve a ser de Elmer Bernstein, mientras la cinta respira cine por los cuatro costados, con Belle enamorada de un acomodador (David Strathairn), aún más retrasado que ella. Los guiños al cine clásico no son gratuitos cuando la directora acude a secuencias de La extraña pasajera (Now, Voyager de Irving Rapper, 1942), película de la Warner con Bette Davis en el papel de una solterona, también con tratamiento psicológico, cuya vida está fuertemente controlada por su madre.




domingo, 17 de junio de 2012

CINE EN DVD: THE ROAD (John Hillcoat, 2009)


En sintonía con los tiempos que corren, la distribuidora Emon Home Ent. lanza en junio un pack de dos DVD’s donde se incluye la cinta de John Hillcoat, la que vamos a comentar, acompañada de la primera entrega de la trilogía sueca de Millenium; algo que ya está siendo habitual para combatir la crisis: la oferta múltiple.























La película de Hillcoat, basada en la novela de Cormac McCarthy, nos presenta una trama apocalíptica donde el mundo agoniza después de una catástrofe, una guerra o ambas cosas. Perteneciente a un género muy reconocible, la cinta describe el viaje de un padre y su hijo hacia el sur con la esperanza de encontrar una civilización normal dentro del caos que vive la humanidad.

Hillcoat se aproxima con acierto, desde la parte técnica, a este tema algo manido. Lo hace gracias a una fotografía plomiza, a un entorno helado, con viento hostil incluido, y a un paisaje desolado. La trama es muy simple, casi no existe, salvo el diálogo poco sutil y machacón entre padre e hijo acerca del bien y del mal, de resistir a la adversidad conservando, protegiendo, los valores morales en un mundo donde la supervivencia obliga a aparcarlos. Sólo el uso del flash-back, y algún que otro encuentro desagradable interrumpen la conversación familiar, eje central del filme.


Y es que apenas hay lugar para la acción, aunque reconocemos que la existente se encuentra bien aprovechada. Hillcoat esquiva las cintas sobre vampiros o zombies para enseñar que el monstruo más terrible de todos es el ser humano: sólo hay que dejarlo sin alimentos y sin ley para ver cómo se transforma, cómo pierde su identidad. En ese sentido, el director, igual que en la novela, nunca explica la causa que ha llevado a esa degeneración de la sociedad; ni siquiera pone nombres a los protagonistas.

A The Road, por tanto, la situamos junto a filmes intimistas como El Tiempo del Lobo (Time of The Wolf de Michael Haneke, 2003), o tan extremos en la reflexión como The Turin Horse (A Torinoi lo de Bela Tarr, 2011), por poner ejemplos contemporáneos, más que a películas comerciales del estilo de Mad Max y sus imitadoras. Podríamos decir que la cinta de Hillcoat es un producto estadounidense con aspiraciones europeas, algo así como Quinteto (Quintet, 1979), aquel atractivo largometraje de Robert Altman, con un arranque similar, protagonizado por Paul Newman. Allí destacaba un espectacular elenco del viejo continente donde Vittorio Gassman, Fernando Rey y Bibi Andersson interpretaban a supervivientes en un era post atómica, con la Tierra congelada, y con un juego mortal como único pasatiempo.


En The Road, el casting es mucho más reducido. Ese estupendo actor que es Viggo Mortensen se echa a las espaldas el proyecto de Hillcoat y hay que decir que pone empeño y le sale bien —por lo visto, en el rodaje dormía con la misma ropa y pasaba hambre de verdad, hasta le echaron de un supermercado de Pittsburg por confundirle con un indigente—. El resto de intérpretes, a excepción del papel del niño, rozan el cameo por el poco tiempo que el director los tiene en pantalla; y eso que Robert Duvall, Charlize Theron y Guy Pierce cobraron lo suyo por participar.

The Road nos parece una película algo desigual por lo plana, lo repetitivo de su mensaje y lo poco que aporta a un género esquilmado por los cineastas, sin embargo, creemos que cuenta con suficientes elementos atractivos como para darle una oportunidad y echarle un vistazo.

Ver Ficha de The Road







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