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jueves, 19 de junio de 2008

SILENCIO SE... GRABA (Semana del 20 al 26 de junio del 2008)

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La Legión Invencible (She Wore a Yellow Ribbon de John Ford, 1949) John Wayne, Joanne Dru.

La segunda película de la trilogía que sobre la caballería de los EE.UU. realizó el maestro John Ford. Es Continuación de Fort Apache, pero sólo en cuanto al momento histórico: justo después de la matanza de Little Big Horn. La trama se desarrolla en los cinco últimos días de la vida de Nathan Brittles (John Wayne) como oficial de caballería. Su última misión es llevar a la hija de su jefe a otro fuerte, pero todo falla... Realmente casi no pasa nada, como en las mejores películas de Ford. Más que la acción, le preocupan la descripción de los personajes y el entorno (Monument Valley, omnipresente). Ganó un oscar merecidísimo a la mejor fotografía gracias a los planos secuencias y a los bellísimos paisajes. Un prodigio de filme cuyo tema, el inexorable devenir del tiempo, con sus consecuencias más directas como la vejez, la añoranza (emotiva secuencia de Wayne en el cementerio) y el relevo generacional, están presentes en todo momento.

Heat (Michael Mann, 1995) Al Pacino, Robert de Niro

La cinta del ansiado duelo interpretativo entre De Niro y Al Pacino, que se salda con un empate y con una gran película. Quizás algo pasada de metraje, pero que resulta entretenida y aborda de una forma nada maniquea el tema del bien y el mal. Lo hace gracias a que las familias de los protagonistas y sus cuestiones personales son tan importantes o más que el resto de la trama. Algunas escenas están muy bien rodadas, como la secuencia final en el aeropuerto o el tiroteo en la calle. No hay que perdérsela.


Atrapado por su pasado (Carlito’s way de Brian de Palma, 1993) Al Pacino, Sean Penn.

Una de las obras maestras del género negro y de De Palma. Contiene algunos de los planos más logrados de la historia del cine: el final con la imagen de un anuncio del paraíso, o la contemplación bajo la lluvia de un ensayo de ballet; y uno de los más largos planos secuencia (el de la estación de tren), verdadero "tour de force" que recuerda mucho al realizado en Los Intocables -a su vez homenaje a Eisenstein, es decir al Cine-. La película arranca casi de la misma forma que El Crepúsculo de los Dioses o Perdición, ambas de Wilder (¿otro homenaje?): un hombre, malherido, cuenta en off como se ha llegado a esa situación a lo largo de un gran flashback. Al Pacino, que hace una de sus mejores actuaciones, es Carlito para la mafia, pero Charlie para su novia de siempre. Sean Penn borda el papel de abogado corrupto y drogadicto que desencadena la acción y provoca la tragedia. De Palma, admirador de Hitchcock, consigue aproximarse a él sin plagiarle. Domina la técnica y la puesta en escena, estudiando minuciosamente cada plano. Además de las escenas destacadas no perderse la "visita" al hospital que hace Carlito para despedirse de su abogado; todo un ejemplo de cómo debe manejarse el suspense, con giro final incluido.

miércoles, 2 de abril de 2008

LA DALIA NEGRA (The Black Dalia de Brian De Palma, 2006)

Reconozco que no soy nada imparcial -¿quién lo es?- y menos al comentar una película de cine negro, género que me apasiona. Si encima está dirigida por Brian De Palma, uno de los directores que mejores ratos me han hecho pasar, menos objetiva será mi crítica. Así que prácticamente no me voy a quejar de una cinta suya; al menos no mucho.


La Dalia Negra es, en efecto, un film noir, basado en una novela de James Ellroy (también autor del libro que dio origen a L.A. Confidential). La historia gira en torno al asesinato de Eizabeth Short, una de tantas jóvenes que acudieron a Hollywood, en los años dorados, con aspiraciones de llegar a ser actriz . El caso quedó sin resolver y Ellroy se sirvió de él para construir una interesante trama.

Interesante y complicada. Pero no me voy a quejar, porque es lo que se le pide a una cinta negra. Aquí, De Palma incluye todos los elementos que hicieron grande este género. Así una voz en off nos acompaña durante todo el metraje; asistimos a brutales asesinatos; a policías corruptos; a femmes fatales; a escándalos financieros e inmobiliarios; a viejas rencillas entre socios; a triángulos amorosos; hasta a una intriga de boxeo amañado, que sirve de arranque. En definitiva a un sinfín de subtramas que se relacionan unas con otras, que se lían tanto que necesitarían más de un final para proceder al desenredo esclarecedor -que nunca llega del todo- o bien algunas secuencias con casualidades algo “tramposas” para resolver la situación –como es el caso-.

El reparto de La Dalia Negra resulta desigual: Josh Hartnett no creo que de la talla para encarnar a un policía que lleva tras de sí una larga experiencia como boxeador y varios años patrullando la calle. Su rostro aniñado no encaja en el tipo de héroe que nuestra mente cinéfila se imagina para esta clase de cintas. Tampoco ayuda su oponente Aaron Eckhart, sobre actuado en casi todo momento. Siguiendo con el triángulo, Scarlett Johansson no le proporciona a su papel la fuerza que requiere y uno sospecha que Brian De Palma ha fallado en la dirección de actores o en el casting o en ambas cosas. Es probable que algo de culpa la tengan los diálogos. Y es que se echan en falta las frases rápidas e ingeniosas de Raymond Chandler o de Dashiell Hamett, verdaderos especialistas del género.



Eso sí, la mujer fatal (Hilary Swank) y su esperpéntica familia están a la altura. Su inclusión en la trama se me antoja fundamental. Prácticamente le dan al filme la negrura que necesita. Así que, realmente, no sé de que me quejo.

En The Black Dahlia, Brian De Palma brilla cuando hace de Brian De Palma. No se espere el espectador grandes alardes técnicos con interminables escenas, perfectamente planificadas, sin cortes, como la del arranque de Ojos de serpiente (Snake Eyes, 1998), la de la estación en Los intocables (The Untouchables, 1987) o el excelente final de Carlito’s Way (1993); no se espere nada de esto, pero sí un par de planos secuencia con su mejor estilo. Uno con plano picado, grúa, y travelling incluido, en la escena crucial del tiroteo y el asesinato, donde dos cuervos en un tejado no presagian nada bueno. Otro, con cámara subjetiva, cuando Hartnett penetra en la mansión de la siniestra Hilary Swank. Muy hitchcockniano; muy de De Palma, gran admirador del maestro.

Estén tranquilos, no me voy a quejar más. Sólo decir que es una pena que el director no se haya decidido –seguro que lo pensó- por el blanco y negro; que es una lástima que no haya optado por algún actor de carácter; que no haya incluido en el equipo a un guionista especialista en diálogos; que...

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