jueves, 12 de febrero de 2009

SILENCIO SE... GRABA (Semana del 13 al 19 de febrero de 2009)

Comenzamos la semana en viernes 13, pero como no somos supersticiosos vamos a repasar lo que nos ofrecen las cadenas de televisión autonómicas y nacionales: algunas obras maestras de Coppola, Eastwood o Bergman; junto con otras cintas no menos interesantes de Don Siegel, John Carpenter, Regis Wargnier, Stanley Donen o Sam Mendes. Nos alegra ver la representación del cine español, que al menos en reposición por televisión puede competir en calidad con otros filmes extranjeros. Así, podremos disfrutar de películas de Mario Camus (excelentes las dos), de Berlanga o de Chicho Ibáñez Serrador.

Pinchar en la tabla para verla mejor (las películas en rojo no son necesariamente las mejores, son las que se comentan más abajo)

Comentarios de algunas de las cintas recomendadas:

Muerte de un ciclista (Juan Antonio Bardem, 1955). Alberto Closas, Lucía Bosé. (Popular TV, viernes 13 a las 16:15)

Un largometraje importantísimo en la filmografía española de la Dictadura por lo que conlleva de disensión y por la calidad de la cinta.

En primer lugar, la trama se aparta descaradamente del código moral, digamos "correcto", de los largometrajes de la época: una pareja que mantiene una relación adúltera, atropella a un ciclista, pero callan su crimen para no ser descubiertos. Las dudas del protagonista (Alberto Closas, recuperado para el cine español, procedente del exilio) y, sobre todo, la actitud amoral de ella (Lucía Bosé, espléndida), que se aferra a la seguridad que le proporciona su matrimonio y que sólo acepta ofrecer un donativo a la familia del ciclista, son el arma perfecta de Bardem para arremeter contra la clase dominante. Una burguesía acomodada que contrasta con la pobre situación en la que se encuentra el entorno de la victima.

Con habilidad, y andando de puntillas por el guión, Bardem utiliza el empleo del personaje que interpreta Closas (profesor de Universidad) para conseguir que Muerte de un ciclista sea la primera cinta donde se atisba un movimiento estudiantil inconformista con su situación, aunque, por supuesto, sin hacer mención al régimen franquista.

No sólo el significado histórico y político es destacable, también el buen hacer del director, con un excelente manejo de la puesta en escena y un montaje muy estudiado, repleto de transiciones efectivas. Así, el humo de los cigarrillos pasa de la boca de uno al rostro del otro; una botella que lanza un personaje, en una reunión social, da paso a una piedra arrojada por un estudiante en la facultad; o la madre del protagonista habla de la muerte, y Bardem encadena el plano con la cara de Lucía Bosé.

A pesar de que la rígida censura impone a Bardem un final moralizante, la película concluye de tal forma que resulta un todo perfecto -prácticamente acaba como empieza, pero cambiando los papeles de los protagonistas- donde el director aprovecha la intromisión, le da la vuelta y la utiliza para incluir una simbología no prevista: la clase obrera triunfa sobre la alta burguesía.



La Gran Evasión (The Great Scape de John Sturges, 1963). Steve McQueen, James Garner, Richard Attenborough, Charles Bronson, Donald Pleasence, James Coburn. (7RM, sábado 14 a las 01:30)

Fabuloso reparto para una de las películas más comerciales de todos los tiempos, con una música que forma parte ya de la historia del cine… leer más



La Reina de Nueva York (Nothing Sacred de William A. Wellman, 1937) Carole Lombard, Fredric March. (Veo TV, sábado 14 a las 23:00)

Una mujer de provincias, Hazel Flagg (Carole Lombard, la reina de la comedia) se hace pasar por una enferma terminal para ver cumplido su sueño de viajar a Nueva York… leer más



El Héroe del Río (Steamboat Bill Jr. de Charles F. Reisner, 1928). Buster Keaton, Ernest Torrence. (Popular TV, lunes 16 a las 00:30)

Comedia dirigida por Charles F. Reisner, pero con Buster Keaton como alma de la película. Apartado de la dirección, después de la poca rentabilidad de la excelente El Maquinista de la General (The General, 1927), a estas alturas nadie duda que fuera el genial humorista el verdadero realizador de El Héroe del Río.

Keaton interpreta a su célebre personajillo esta vez procedente de Boston y, de nuevo, en un ambiente que desconoce: el del Sur. La trama es la típica de sus películas más célebres, es decir el patoso enamorado de la chica equivocada. Por conseguirla tendrá que luchar con múltiples obstáculos: contra su padre, desilusionado por ver que su hijo se ha convertido en un petimetre del Norte; contra su futuro suegro, cacique del pueblo y rival en los negocios, propietario de un barco mucho más nuevo que el del padre de Keaton; y, en general, contra el ambiente naval y la propia Naturaleza.

La habilidad de Buster -todo un atleta- nos hace creer que no puede evitar que las estachas, cabos, mangueras y obenques del barco de su padre se le enreden por doquier. Y es que la acción de la fuerza gravitatoria parece que afecta más a Keaton que al resto de los mortales. Además está la presencia hostil del propio río, que ejerce tanto poder de atracción sobre los personajes que éstos se pasan más tiempo sumergidos entre sus aguas que en tierra firme.

Pero si la cinta puede considerarse una obra maestra es por su último cuarto de hora, cuando se desata un temporal apocalíptico de viento y lluvia. Es la catarsis humorística más grande jamás filmada. Una enorme parodia de las películas de catástrofes, casi antes de que se inventaran. Los edificios van deshaciéndose literalmente al paso del inexpresivo Búster, que no entiende lo que ocurre. Los planos generales de esta larga secuencia son ya leyenda y, vistos hoy en día, no pierden nada de su atractivo. Al revés, ganan en efectividad al comparar sus artesanales efectos visuales con los "tramposos" digitales de las películas modernas.



Bronco Billy (Clint Eastwood, 1980). Clint Eastwood, Sondra Locke. (TV3, martes 17 a las 18:20)

El filme narra las relaciones entre un propietario de un circo (Clint Eastwood) y su ayudante (Sondra Locke) y contiene innumerables guiños a los western, a las antiguas comedias basadas en el slasptick y a la vida social americana en general… leer más


Despedimos la sección hasta la semana que viene. Hasta entonces os dejamos en compañía de Buster (yo no me acercaría mucho a él)



lunes, 9 de febrero de 2009

EL CURIOSO CASO DE BENJAMIN BUTTON (The Curious Case of Benjamin Button de David Fincher, 2008)

Desigual, excesivamente largo (con la sensación de que se podía haber eliminado alguna secuencia) pero por momentos brillante, resulta este último trabajo de David Fincher.



Basado en un relato corto de F. Scott Fitzgerald, trata de la historia de Benjamín Button, un hombre que nace anciano pero que va siendo cada vez más joven a causa de una versión fantástica del Síndrome de Progeria o Enfermedad del Envejecimiento Prematuro. Con dicho guión, mucho porcentaje del éxito no tiene más remedio que recaer en la sección de maquillaje. Aunque el filme aprueba con nota el reto, no consigue escapar a algunos fallos de continuidad provocados por la dificultad de presentar al personaje con un aspecto que va evolucionando con el metraje. Así, se puede observar –la verdad, es que pocas veces- en secuencias consecutivas, como Brad Pitt parece que rejuvenece, envejece y vuelve a rejuvenecer. No obstante hay verdaderos logros en este apartado como un primer plano, en el último tramo de la cinta (los que han visto la película sabrán a cuál me refiero), parcialmente oscurecido por razones evidentes, donde uno no se explica como han podido llegar a esa perfección los responsables del maquillaje.

Junto al diseño de producción destaca la acertada elección del casting. Un reparto que brilla especialmente con el actor preferido de Fincher, Brad Pitt -ya podemos decir que es el relevo natural de Robert Redford (¿quién será el de Paul Newman?)-; y deslumbra con Cate Blanchett. La actriz pertenece a esa rara especie de intérpretes que no necesitan actuar; que aportan tanta luminosidad a las secuencias que sólo su presencia es suficiente para emocionar al espectador.


El tratamiento del guión va en la misma línea que la célebre cinta de Robert Zemeckis, donde Tom Hanks encarnaba a Forrest Gump (no en vano el guionista es el mismo: Eric Roth) y servía de pretexto para dar un repaso a la reciente historia de Norteamérica. También parte de la acción tiene mucho que ver con la tendencia moderna y efectista de películas europeas nacidas tras la agradable sorpresa de Corre Lola, corre (Lola Rennt de Tom Tykwer, 1998) y el éxito de Amelie (Jean-Pierre Jeunet, 2001). Es decir, demasiadas influencias que sólo han servido para restar originalidad a una trama que la tenía en cantidades más que suficientes para haber creado su propio molde.

En Benjamín Button, Fincher habla sobre todo del tiempo, verdadero protagonista de la cinta. Ese mismo que puede convertirse en el más fiel aliado del largometraje, o transformarse en su enemigo irreconciliable, cuando pasados unos años veamos como le ha tratado.

Ver Ficha de El Curioso caso de Benjamin Button


jueves, 5 de febrero de 2009

SILENCIO SE... GRABA (Semana del 6 al 12 de febrero de 2009)

Ante la inminente llegada de los carnavales se nos presenta una semana con películas disfrazadas de diferentes géneros: westerns de grandes especialistas como Ford, Hathaway, Sturges o Walsh; comedias de la altura de la secuela de La Pantera Rosa o la obra maestra El Maquinista de la General; melodramas de Martin Ritt o Nikita Mikhalkov; y cintas enmascaradas dentro del cine negro, nos referimos a Detour, Agente Especial o Historia de un policía. Todas estas, y muchas más, candidatas a un sitio preferente en nuestra videoteca.


Pinchar en la tabla para verla mejor (las películas en rojo no son necesariamente las mejores, son las que se comentan más abajo)

Comentarios de algunas de las cintas recomendadas:

Traffic (Steven Soderbergh, 2000). Michael Douglas, Benicio del Toro, Katherine Zeta-Jones. (CARTV, sábado 7 a las 01:05)
Oscarizada película del, aquí todavía, independiente Soderbergh. Filme coral, donde las vidas de los personajes se entrecruzan levemente con el tema central de la droga. Michael Douglas encarna al máximo responsable de la lucha contra dicha lacra social en EEUU, pero, paradójicamente no se libra de ella al tenerla en su propia familia; Benicio Del Toro es un policía mejicano que se debate entre traicionar a un general corrupto, jefe de un cártel, y seguir con su vida luchando contra la droga al nivel de los barrios marginales; y Katherine Zeta-Jones es la mujer de un capo de los estupefacientes, al principio ajena al negocio, pero luego decididamente activa cuando su marido ingresa en la cárcel. La película tiene un final feliz algo forzado, pero en general se muestra bastante pesimista en cuanto a la solución de este problema. Destacan la excelente fotografía y la interpretación de Douglas y Del Toro.



Super Size Me (Morgan Spurlock, 2004). Morgan Spurlock. (TV3, martes 10 a las 00:55)
Con datos tan alarmantes como que la obesidad es la segunda causa de muerte en Estados Unidos –y que pronto alcanzará al tabaco en este siniestro liderato- y que, por ejemplo, en Missouri una de cada cuatro personas tienen sobrepeso, arranca este documental de Morgan Spurlock premiado en diferentes festivales.

Para demostrar lo dañino de la comida rápida, el director se somete a una dieta rica en grasas durante treinta días. En ese periodo Spurlock sólo comerá alimentos procedentes de la empresa McDonalds. La cinta efectúa un seguimiento cercano de la respuesta del cuerpo del realizador ante tanto "manjar" basura. Lo que pretende el documental es demostrar que las denuncias efectuadas contra diversas compañías como McDonalds tienen un fundamento científico.

El largometraje se centra en el experimento, pero se adorna de todo tipo de estadísticas multimedia y entrevistas con un estilo muy parecido al del cineasta de moda, Michael Moore. Sin embargo pronto evoluciona de forma preocupante a medida que el estado de salud de Spurlock se va deteriorando. El espectador asiste a este proceso, en vilo y con una angustia creciente, ante cada nuevo análisis de sangre. Morgan Spurlock se aprovecha de la situación para subrayar su denuncia, y lo hace manejando la película como si fuera un thriller. De hecho, el documental se divide en episodios, cuyos títulos son presentados por unas amenazantes mascotas de McDonalds, que han cambiado su atractiva forma de seducir a los niños por una expresión casi diabólica.

Gracias a este periodismo agresivo –y suicida- el director consiguió su propósito cuando, a los pocos meses de estrenarse su película, fueron retirados del mercado los productos McDonalds de tamaño Super Size; aquellos con los que continuamente era tentado el propio Morgan Spurlock.



El Último Tren de Gun Hill (Last Train from Gun Hill de John Sturges, 1959). Kirk Douglas, Anthony Quinn. (TvCanaria, martes 10 a las 15:15)
El Último Tren de Gun Hill, pertenece al extenso ciclo de películas del oeste que protagonizó Kirk Douglas, y que le reportó grandes éxitos. Además de la excelente actuación de la estrella, también destaca su implicación personal. La historia que escribió Les Crutchfield (“Showdown”, como originalmente se llamaba) pasó con nota el filtro de posibles proyectos de la Bryna, productora propiedad del actor: un sheriff (Douglas) persigue a unos criminales que han asesinado a su mujer. El rastro le lleva hasta el hijo de un antiguo amigo. Ni su compañero de años pasados (Anthony Quinn), ni casi nadie del pueblo, están por la labor de dejar que se lleve al asesino en el tren del título.

El guión de James Poe destacó sobre los demás porque la trama pertenecía a la serie de películas que se realizaron a la sombra de Solo ante el Peligro (High Noon de Fred Zinnemann, 1952). Eran cintas pertenecientes a un subgénero que quería aprovechar el tirón y seguir con la acertada simbología Mccarthysta del héroe abandonado a su suerte, pero decidido a seguir hasta el final; eso sí, sensiblemente preocupado y no exento de tentaciones para dejarlo todo.

En contraposición al western de Zinnemann, donde el protagonista roza la cobardía, surgieron otros con el ánimo de volver a dejar en buena situación la figura del representante de la ley y confirmar que no necesitaba a casi nadie para llevar a cabo su misión. La trilogía de Howard Hawks, Río Bravo(1959), El Dorado(1967) y, en menor medida, Río Lobo (1970), podrían encontrarse en esa línea. Sin embargo, Last Train from Gun Hill pasa por ser una mezcla de las dos corrientes. En efecto, Matt Morgan, el crispado sheriff -nadie mejor que Kirk Douglas para dignificar la crispación- actúa también solo, sí, pero sin temor; quizás por la inmunidad que otorga los deseos de venganza. Realmente es un personaje más cercano al interpretado por Arthur Kennedy en Encubridora (Rancho Notorious de Fritz Lang, 1952) que al de Gary Cooper en Solo ante el Peligro.



Para llevar a buen término el filme, Kirk Douglas se rodeó de verdaderos especialistas: utilizó el productor más eficiente, Hal B. Wallis; se sirvió de uno de los mejores directores de fotografía, Charles Lang, que ya había ganado un premio de la Academia y, nada menos, que 17 nominaciones en toda su carrera; y redondeó la faena con la música del gran Dimitri Tiomkin, el mismo que participara en la ya muy citada cinta de Zinnemann. Pero sobre todo consiguió poner al frente del proyecto a John Sturges –un director siempre en alza- para asegurarse una película entretenida y con creciente suspense hasta el final. Del realizador ya nadie duda acerca de su habilidad para la puesta en escena y para el aprovechamiento de los formatos scope. Si su mejor activo es la destreza en las secuencias de acción propiamente dichas -el arranque y el último cuarto de hora son de una tensión tremenda-, en Gun Hill demuestra que también sabía emocionar. El último plano, una panorámica desde el punto de vista de Matt/Kirk, en el ya famoso tren, así nos lo confirma. ¿Hay mejor forma de acabar este artículo que recordando esa imagen?

domingo, 1 de febrero de 2009

LA DUDA (Doubt de John Patrick Shanley, 2008)

Tengo que reconocer que acudí a La Duda medio obligado, con un mar de… desconfianzas a causa de una trama que me resultaba poco atractiva y muy difícil de digerir en unos tiempos que ansían distensión y esparcimiento. Pronto me di cuenta que estaba ante una de las mejores películas de los últimos tiempos.





Basada en una obra de teatro de su propio director (John Patrick Shanley), narra el enfrentamiento entre una estricta monja, directora de un colegio en la América de los sesenta, y un cura moderno, acusado de pederastia. La cinta cumple lo que promete, es decir un duelo interpretativo de los que hacen época entre dos de los mejores profesionales que hay en el panorama cinematográfico actual: Meryl Streep y Philip Seymour Hoffman.

Independientemente del mérito de los actores –que están sencillamente geniales-, el director no ha caído en su propia trampa y se ha alejado de las tablas para realizar un filme ejemplar. Y es que no hay mejor forma de “airear” la historia que acudir a la propia Naturaleza: el viento dirige la acción, y la nieve, con su manto blanco, la concluye. Y no hay mejor decisión, para modificar el tratamiento, digamos horizontal, que el teatro confiere a los personajes, que provocar una relación vertical entre ellos. Así, con muy buen criterio, el realizador coloca a Meryl Streep siempre por encima de Hoffman; ya sea con el objetivo (contrapicados para ella, todo lo contrario para él) o con la puesta en escena: con la monja situada en un escalón –literalmente- superior; o con el sacerdote sufriendo la mirada de ella, desde la ventana; o la del mismísimo Dios, dentro de la Iglesia.


Esta habilidad de Shanley se refuerza con su mejor activo: el impecable guión. Muy bien tratado desde una estructura clásica ejemplar, donde tres homilías dan paso al arranque, al desarrollo del conflicto y a su resolución. Un ejemplo: la cinta comienza con el religioso explicando a sus feligreses la importancia de la duda; una frase que introduce y resume todo lo que vendrá a continuación y que, además, sitúa la acción en el tiempo al hacer referencia al reciente asesinato de Kennedy.

Con La Duda, el director ha conseguido extraer lo mejor de los actores, unirlo a su magnífico guión, situarlo en un sobrio escenario y presentarlo con rotundidad al espectador. El resultado es un público que no se mueve de la butaca, que casi no respira y que sigue hablando de la cinta muchas horas después de haber tenido la suerte de verla.

Una última reflexión antes de terminar. ¿Cómo es posible que puedan compartir nominación a los premios de la Academia (aunque sea en diferente categoría) la actuación de dos monstruos de la interpretación como Streep y Hoffman, con la lamentable intervención de Penélope Cruz en la última película de Woody Allen?

No creo en los oscar.

Ver ficha de La Duda

Dedicado a mi amigo Dexter que, en mi opinión, acertó con su última apuesta.

jueves, 29 de enero de 2009

SILENCIO SE... GRABA (Semana del 30 de enero al 5 de febrero de 2009)

Comenzamos el mes de febrero con algunas propuestas muy interesantes de los canales televisivos que no son de pago. Así, nos encontramos con western de Sergio Leone y Budd Boetticher, acompañando a las obras maestras La Diligencia y Río Bravo. Películas clásicas de terror, dentro del ciclo de Veo TV; contemporáneas, de variados géneros de Minghella, Howard o Gahan. Cintas de Eastwood, Huston, Forman, Kubrick y Lean; europeas como El Abuelo, ¡Viva Italia!, La Reina Margot o la magnífica Los Amantes de un enorme Louis Malle. Todas ellas para disfrutarlas con buena compañía en casa, o en solitario con nuestra cinefilia empedernida. Saludos.

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Comentarios de algunas de las cintas recomendadas:

Jubal (Delmer Daves, 1956) Glenn Ford, Ernest Borgnine, Charles Bronson, Rod Steiger. (ETB2, viernes 30 a las 18:20)

El largometraje pertenece al subgénero de western psicológico, iniciado por El pistolero (The Gunfighter de Henry King, 1950) y ratificado por Solo ante el peligro… leer más





Francisco, juglar de Dios (Francesco, Giullare di Dio de Roberto Rossellini, 1950). Aldo Fabrizi, Nazario Gerardo. (Popular TV, sábado 31 a las 22:00)

Película neorrealista, estructurada en once episodios, que narra distintas anécdotas de la historia del santo de Asís y de sus discípulos. Rossellini transmite al espectador la forma de sentir la vida por parte de San Francisco, más que su vida misma como hacen otras versiones. El rodaje en exteriores, y en interiores naturales, y la introducción de actores desconocidos da tal veracidad al relato que parece un documental realizado en esa época. No perderse al cocinero Junípero y sus andanzas.



La Quimera del Oro (The Gold Rush de Charles Chaplin, 1925). Charles Chaplin, Mack Swain, Georgia Hale. (Canal 300, domingo 1 a las 03:10 y a las 21:30, y lunes 2 a las 04:05)

Quien quiera ver los mejores momentos de Charlot que se prepare porque aquí van… leer más




Sierra Prohibida (The Appaloosa de Sidney J. Furie, 1966). Marlon Brando, John Saxon, Emilio Fernández. (TPA, domingo 1 a las 15:30)

Western realizado a la mayor gloria de Marlon Brando que no cumplió su propósito de relanzar la carrera del actor. Sin embargo, la película no deja de tener interés gracias a algunos elementos cinematográficos que, vistos hoy en día, resultan muy atractivos:

La cinta se sitúa entre dos estilos muy bien reconocibles. Seguramente la transición no fue intencionada, pero el filme parece que sea una evolución del spaghetti western que dirigía Sergio Leone hacia el que luego vendría de la mano de Sam Peckinpah. En efecto, hay escenas donde el tiempo diegético parece dilatarse hasta el límite de sus posibilidades, mientras planos detalles de los rostros de los personajes inundan la pantalla (secuencia en el bar mejicano); además la trama sigue una estructura muy similar a, por ejemplo, Por un puñado de dólares (Per un pugno di dollari, 1964). Por otro lado el romanticismo inherente al personaje (que prácticamente le lleva a una muerte segura por conseguir su caballo), la violencia explícita, la llegada de Brando a un pueblo fronterizo donde un perro le recibe de mala manera, el exceso de alcohol y, por qué no decirlo, la presencia de el “Indio Fernández”, hacen pensar en películas de Peckinpah.

Esto no impide que Sydney J. Furie -no sabemos si compartiendo sus labores con Brando, tan aficionado en “participar” en los rodajes- mantenga una cierta estética personal a lo largo de toda la cinta: predominio de la oscuridad y una, a veces irritante, insistencia en escorzos exagerados donde los charros mejicanos rellenan prácticamente toda la pantalla. Tampoco pierde el director la referencia a películas del oeste más clásicas. Así, el protagonista regresa a su casa después de muchos años de penurias, reflejadas en su destrozado uniforme confederado, en una secuencia casi calcada al arranque de Centauros del desierto (The Searchers de John Ford, 1956).

Y tampoco Marlon Brando se aleja de la constante, digamos, masoquista, presente en muchos de sus largometrajes. Y es que los sufrimientos del actor ya son legendarios en lo que parece una eterna pasión redentora hacia él mismo. Las torturas a las que es sometido en Sierra Prohibida van en el mismo sentido que las palizas de La ley del silencio; la secuencia de la flagelación en El Rostro Impenetrable; o la ejecución de ¡Viva Zapata! y su posterior resurrección (o la de su espíritu reencarnado en otro campesino), por poner sólo algunos ejemplos.

En definitiva, The Appaloosa puede resultar muy curiosa para el aficionado al western siempre que no le molesten demasiado los tics actor’s studio de Marlon Brando.



El Águila Negra (The Eagle de Clarence Brown, 1925). Rodolfo Valentino, Vilma Banky. (Popular TV, lunes 2 a las 00:30)

Un teniente de la guardia imperial rusa (Rodolfo Valentino) es acosado por la propia zarina. Ante la negativa de formar parte de la colección de amantes de la reina, el cosaco huye y es condenado a muerte. Se refugia en su ciudad natal, donde acaba de morir su padre desahuciado por el cacique local. Para vengar a su progenitor y a la vez ocultarse del ejército, el joven oficial decide actuar enmascarado. Pronto su nombre (El Águila Negra) se convierte en esperanza para los campesinos y temor para el dueño de las tierras que le pertenecen.

La cinta desarrolla una trama que recuerda a las aventuras coetáneas protagonizadas por Douglas Fairbanks; sin embargo, la presencia del sex symbol de la época, Rodolfo Valentino, transforma la acción y la reduce en beneficio de secuencias de seducción mucho más rentables de cara al público femenino. A pesar de todo, la estrella consigue superar los excesos estéticos a los que fue sometido anteriormente por su mujer Natacha Rambova y se pone en manos de uno de los mejores cineastas del cine mudo: Clarence Brown.

La perfección del director en la composición de planos fue pocas veces superada. La declaración de venganza del cosaco vestido de negro, entre una multitud de campesinos de blanco; el perfecto encuadre de un árbol caído para el primer encuentro de Valentino y la bellísima Vilma Banky (su pareja en la siguiente y última película de Valentino: El Hijo del Caid); o la escena de la boda en la prisión, son sólo algunas muestras de cómo “dibujaba” Brown. Pero es que, además del típico encuadre fijo, el realizador utiliza el travelling en profundidad, consiguiendo alguna toma sobresaliente como la que descubre una larguísima mesa repleta de manjares en la mansión del villano. La eficacia del plano general, seguido del medio y posteriormente del primer plano, con insertos muy bien montados de planos detalle, hacen que la película fluya con soltura y dinamismo, encadenando secuencias admirablemente.

The Eagle, en mi opinión, puede ser la mejor película de Rodolfo Valentino, justo un año antes de su prematura muerte, justo un año antes de que finalizara una cortísima carrera y naciera un mito.


jueves, 22 de enero de 2009

SILENCIO SE... GRABA (Semana del 23 al 29 de enero de 2009)

Muy buena semana la que se nos echa encima en cuanto a películas se refiere. Destacan dos ciclos muy interesantes que nos ofrecen algunas cadenas autonómicas y canales TDT: uno sobre Stanley Kubrick en Castilla-La Mancha TV; y otro sobre la etapa británica de Alfred Hitchcock, programado por Veo TV. Además tendremos grandes cintas de Milos Forman, John Huston, Claude Chabrol, Vittorio de Sica o William Wyler, entre otros. Sin mencionar algunas obras maestras del cine como El Acorazado Potemkin; ejemplos de bandas sonoras espectaculares, como La Misión; largometrajes españoles ejemplares, donde destaca La Buena Estrella; o buenas películas ochenteras como La Princesa Prometida. Buen fin de semana a todos.

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Comentarios de algunas de las cintas recomendadas:

El Jinete Pálido (Pale Rider de Clint Eastwood, 1985). Clint Eastwood, Michael Moriarty. (ETB2 y CARTV, viernes 23 a las 18:15 y sábado 24 a las 15:45, respectivamente)

Todo un lujo de western del mejor director de la vieja escuela aún vivo y coleando. Antes de su obra maestra Sin Perdón (Unforgiven, 1992) Eastwood realizó al menos dos cintas importantes del género al que tanto debe; una: El fuera de la ley (The Outlaw Josey Wales, 1976); la otra, ésta que nos ocupa. El jinete Pálido es una película cubierta de un halo fantasmagórico muy atractivo. Apariciones y desapariciones del protagonista, unas heridas mortales y un final extraño nos hacen pensar si no somos como el niño del sexto sentido “que en ocasiones vemos muertos”.



Alarma en el Expreso (The Lady Vanishes de Alfred Hitchcock, 1938). Margaret Lockwood, Michael Redgrave, Paul Lukas. (Veo TV, sábado 24 a las 22:45)

Una de las últimas producciones británicas del maestro Hitchcock, que se sitúa entre las mejores. Contiene la mayoría de los ingredientes por los que luego triunfaría en EEUU. Muchas de las escenas las repetiría en alguna de sus mejores películas, sobre todo en Con la muerte en los talones (North by Northwest, 1959) -véanse los planos del ferrocarril tomando una curva, son calcados en ambas cintas-.

The Lady Vanishes tiene dos partes claramente diferenciadas: en la primera, nos presentan a los personajes en un hotel de un país imaginario; en la segunda, la acción transcurre en un tren. Todo gira alrededor de la desaparición de una anciana, y la única que se ha dado cuenta es la forzosa heroína (Margaret Lockwood) que consigue que el irónico Michael Redgrave la crea (prestigioso intérprete de teatro, perteneciente a una interminable saga de actores y actrices). El "macguffin" aquí es una canción que transporta un mensaje secreto que resulta vital para las potencias extranjeras; pero, como siempre, esto es lo de menos.


Hay cantidad de situaciones cómicas, Hitchcock se recrea con guiños continuos al espectador. Por ejemplo, la pelea en el vagón de equipajes, entre bambalinas, artículos de magia y anuncios del espectáculo, donde desaparecen y vuelven a aparecer los personajes. Es una secuencia genial, una divertida redundancia si tenemos en cuenta la trama principal.

Sorprende como las películas inglesas del genial director ganan con el paso de los años. Cada vez que se revisan ofrecen nuevos elementos narrativos o técnicos muy interesantes que las hacen acercarse a sus primas hermanas de la etapa norteamericana.



El Camino de Babel (Jerónimo Mihura, 1945). Alfredo Mayo, Fernando Fernán-Gómez. (Popular TV, domingo 25 a las 00:30)

Comedia sin muchas pretensiones, pero agradable, del hermano cineasta de Miguel Mihura: tres compañeros de estudios acuerdan, el día de su graduación, casarse con tres mujeres ricas para llevar a cabo sus proyectos. Cuando, al cabo de un tiempo, vuelven a encontrarse, sus planes parecen haber cambiado ligeramente…

Jerónimo Mihura intenta realizar una película semejante a las comedias de "teléfonos blancos" que triunfaban en Italia o a las más sofisticadas hollywoodenses, con escenarios donde los cabarets y sus orquestas tomaban cierto protagonismo para adornar una trama divertida. Todo para relajar el conflicto bélico que flotaba en el ambiente. El director y el guionista (Jose Luís Sáenz de Heredia) no disimulaban la guerra que asolaba Europa e incluían claras referencias a ella en la cinta.

A destacar dos de los actores más carismáticos de la época: Alfredo Mayo y Fernando Fernán-Gómez. El primero, siempre asociado al régimen por sus papeles en distintas películas de propaganda, aquí también se erige en el líder del grupo de amigos, el más decidido a llevar a cabo el disparatado plan donde el "braguetazo" sería la solución.

Con un tono teatral y unas interpretaciones que rozan las declamaciones el toque surrealista, más cercano a las comedias de los hermanos Marx, lo pone el excelente actor Manolo Morán. Un profesional poco reconocido, eterno secundario que, sin embargo, se nos antoja imprescindible en este tipo de largometrajes.



Los Intocables de Eliot Ness (The Untouchables de Brian de Palma, 1987). Kevin Costner, Sean Connery, Robert De Niro. (Telemadrid, domingo 25 a las 22:15)

Obra maestra del género de gangsters, a cargo de Brian de Palma sobre un estupendo guión del polifacético David Mamet. El recuerdo de las cintas de Hawks, Walsh o Leroy, en los primeros años treinta, planea sobre la cinta y la influencia es clara.

Todo en esta película esta magistralmente realizado, a saber: el guión, ya nombrado; la música de Ennio Morricone; y las actuaciones de todos los actores, en especial Robert De Niro y Sean Connery, ambos en estado de gracia (Sean Connery recibió un Oscar por su trabajo).


La película es una versión moderna de la famosa serie televisiva protagonizada por Robert Stack y, a su vez, basada en hechos reales acerca de un agente del gobierno que lucha contra Al Capone en la ciudad de Chicago. Estamos en los años de la ley seca, y esto provoca secuencias de acción para recordar, como la del tiroteo en la escalera de la estación (claro homenaje a Eisenstein y su Acorazado Potemkin); o cualquiera donde el director deja rienda suelta a De Niro para que ofrezca su mejor versión de las bravatas de Al Capone.

La cinta concluye con una inmensa paradoja, cuando al final, después de encerrar al gangster, resulta que se aprueba la venta de alcohol. Ante la pregunta de un pesado periodista sobre cuál va a ser lo próximo que haga Eliot Ness, éste responde: "Tomarme una Copa".



Sabotaje (Sabotage de Alfred Hitchcock, 1936). Sylvia Sidney, Oscar Homolka. (Veo TV, domingo 25 a las 22:55)

El maestro del suspense realiza esta cinta prebélica donde casi no existe “macguffin”, debido a la situación mundial que se vivía en esos tiempos y que Hitchcock quiso reflejar en su película: un agente de un gobierno extranjero efectúa todo tipo de sabotajes (como el del arranque) en el Reino Unido y nada parece que le impida realizar el siguiente golpe.

El juego con el público es lo más destacado de la cinta. El director nos mantiene informados, en todo momento, de quién es el espía y quiénes sus posibles victimas. De esta forma el suspense está garantizado: el espectador, incapaz de avisar a los personajes, sólo puede esperar angustiado el desenlace fatal. Así, un niño lleva, sin saberlo, una bomba en un autobús mientras planos detalles nos van avisando de la hora y de lo que falta para que explote el artefacto. Alfred Hitchcock, en sus conversaciones con Truffaut, puso esta escena como ejemplo de la tensión que quería transmitir al público (“El cine según Hitchcock”, libro de cabecera de todo buen cinéfilo).

Aún hoy en día la película consigue inquietarnos y pese a ser una de las cintas, digamos “borrador” de lo que serían después sus obras mayores, es todo un ejemplo de entretenimiento y en definitiva de cine con mayúsculas.

domingo, 18 de enero de 2009

EL INTERCAMBIO (Changeling de Clint Eastwood, 2008)

Lo de Clint Eastwood no deja de ser sorprendente. Ya nos estamos acostumbrando a que cada película suya sea una obra importante; y llevamos unos cuantos años así. Esto que puede parecer normal, no lo es en absoluto. No hay más que darle un repaso al resto del panorama cinematográfico.



Es como si la obra de Eastwood estuviera cubierta de un manto protector anti-mediocridad; alejada del resto de proyectos comercialoides para no contagiarse de su apatía, de su falta de sinceridad y de respeto hacia un público que, increíblemente, sigue buscando calidad en las pantallas de cine y no sólo cifras de audiencia en la primera semana.

No digo que el filme sea perfecto, de hecho tiene sus fallos (pocos): la gestión con los actores más pequeños no es del todo buena, los diálogos no son los propios de un niño, y si no es culpa de una poco afortunada traducción y/o doblaje, todo parece indicar que Eastwood falla en la dirección de los intérpretes infantiles. De los adultos, sólo John Malkovich está algo fuera de lugar; no su personaje sino él como actor en lo que parece la consecuencia de un error de casting.

Pero aquí terminan los errores. Y es que, siguiendo con los actores, Angelina Jolie puede haber hecho su mejor papel hasta la fecha. Creo que fue Ron Howard, a la sazón productor de la película y casi director de ella (menos mal que se retiró y dejo el sitio a Eastwood), el que recomendó a la actriz para el papel, en un principio por su físico al que veía con muchas posibilidades para "adaptarlo" a la época de la película. De todas formas, el mérito corresponde a Eastwood que “trata” a Angelina Jolie muy bien, con elegantes movimientos de cámara y bellísimos primeros planos de un rostro insomne y preocupado, donde destaca el intenso rojo de los labios. Esto provoca que el espectador se solidarice con el sufrimiento del personaje y, por tanto, se cumpla el objetivo que pretende el director.

El seguimiento de la trama es parejo al descubrimiento de terribles sucesos (basados en hechos reales) por parte de la propia protagonista. Realidad distorsionada por Eastwood -bendita distorsión- con una tonalidad similar a las de aquellas antiguas fotografías coloreadas de nuestros abuelos; con una luz que no perdona a los personajes carentes de conciencia, o con ella no muy tranquila; y con un manejo de cámara idóneo para cada situación.

La película rezuma maestría en cada plano, pero se echa de menos alguna toma como la de la llegada del policía a la siniestra granja; es decir algo que rompa una sucesión de imágenes demasiado perfectas. Se piden secuencias Eastwood cien por cien. Da la impresión de que el director ha dejado las riendas demasiados sueltas para que sus colaboradores (siguiendo sus directrices) acaben un trabajo excesivamente académico.

En fin, para algunos será una película menor de Clint Eastwood, puede que lo sea pero no tanto por su calidad sino por la comparación con obras de la talla de Sin Perdón, Los Puentes de Madison, Mystic River o Cartas desde Iwo Jima entre otras maravillas. A pesar de todo, con El Intercambio, el veterano director sigue ayudando a que su leyenda no decaiga y, por extensión, a que el cine mantenga un nivel alto; porque, ante todo, esta cinta es un homenaje al séptimo arte. El último plano así lo confirma.


Ver Ficha de El Intercambio

jueves, 15 de enero de 2009

SILENCIO SE... GRABA (Semana del 16 al 22 de enero de 2009)

Las cadenas de televisión nos traerán la siguiente semana de este frío invierno algunas cintas importantes. Son películas que van pasando por los distintos canales autonómicos o locales. De entre ellas destacamos la redifusión de El Nacimiento de una Nación; el western ejemplar del irregular George Roy Hill, con Paul Newman y Robert Redford; la obra maestra de Hawks, origen de su famosa trilogía; el drama rural de Joshua Logan, con el atractivo sexual de Kim Novak; o dos grandes películas del cine negro: La Conversación y Labios Ardientes. Todas ellas acompañadas de otras cintas merecedoras de una revisión.

Pinchar en la tabla para verla mejor (las películas en rojo no son necesariamente las mejores, son las que se comentan más abajo)


Comentarios de algunas de las cintas recomendadas:

Granujas a todo ritmo (The Blues Brothers de John Landis, 1980). John Belushi, Dan Aykroyd, Carry Fisher. (Punt 2, viernes 16 a las 00:35)

Famoso musical donde dos hermanos delincuentes reúnen a una vieja banda de blues para recaudar el dinero suficiente para un orfanato… leer más.




Agente 007 contra el Dr. No (Dr. No de Terence Young, 1962). Sean Connery, Ursula Andress. (CARTV, domingo 18 a las 00:00)

El asesinato en Jamaica de un espía británico y su ayudante, más el riesgo de que un cohete de la NASA pueda ser desviado, son motivos suficientes para enviar a otro agente a la zona. Y no a uno cualquiera sino a alguien de la serie doble cero, es decir con licencia para matar.

Esta historia, basada en una novela de Ian Fleming, se convierte en la primera película de una larga serie que ya dura más de 40 años. Pero además es una de las cintas mejores realizadas. Y por qué no decirlo: es mi favorita. Quizás se deba al hecho de ser la primera en utilizar los elementos de guión y cinematográficos que luego se repetirán sistemáticamente en el resto de la saga. Pero también por elegir, muy adecuadamente, un porcentaje de acción que no sature la trama, algo poco frecuente hoy en día.

Los famosos créditos (esos tubos resultan ser las alcantarillas y los conductos de ventilación de las instalaciones del Dr. No en Jamaica), la música de John Barry, la presentación del protagonista ("Bond, James Bond") con smoking y pajarita en un casino y jugando a las cartas e insinuándose a una bella señorita, son ya legendarios. También lo son el flirteo con Moneypenny y el descaro con su jefe "M". Sólo falta el mítico "Q" y sus ingenios, que aquí vienen representados por un armero que se limita a proporcionar al agente una pistola más moderna.


Y luego están los actores. Sean Connery me sigue pareciendo el mejor Bond. Nadie como el para beberse esos martinis con vodka "mezclados, pero no agitados"; con su punto de ironía, su afición por las mujeres, su resolución ante la adversidad y su frialdad ante el crimen. Las tramas de esa época, con la sombra del Telón de Acero siempre presente, eran muy adecuadas para la existencia de agentes secretos y organizaciones criminales como Spectra. Y Sean Connery encajaba en todo aquello con su refinamiento británico y su media sonrisa, muy lejos del crispamiento del actual Bond al que nos quieren acostumbrar.

Como contrapunto del héroe, el paradigma de villano de la serie Bond es el Doctor No: un ser resentido; con algún defecto físico que ha reconvertido en arma terrible (en este caso sus manos metálicas); alguien que quiere dominar el mundo; un "malo" a la vieja usanza, de esos que vivían en la tiras cómicas de los diarios (según parece, Ian Fleming utilizó a Fu Manchú como fuente de inspiración para dibujar el personaje del temible Doctor).

Pero la serie no sería lo mismo sin la presencia de las sensuales "Chicas Bond". ¿Quién mejor que Ursula Andress para inaugurar el desfile? Su aparición emergiendo del agua azul turquesa es espectacular. Cantando aquello de "underneath the mango tree…" se inserta en la historia de forma descarada, casi sin motivo, sólo para decorar -y nos alegramos de ello- una trama del todo increíble; pero muy entretenida.



La Familia (La Famiglia de Ettore Scola, 1987). Vittorio Gassman, Stefania Sandrelli, Fanny Ardant. (Popular TV, domingo 18 a las 22:00)

Película episódica y coral acerca de las vivencias de una familia italiana a lo largo del siglo XX. Scola se vale de un único decorado (la vivienda de los protagonistas) para presentar nueve capítulos de la historia reciente de Italia. Los personajes que allí viven van evolucionando en cada acto de acuerdo al cambio que se experimenta en el exterior de la casa. Así, sin explicitar ni airear los hechos, gracias a lo que nos van contando los actores, sabemos que la cinta pasa por la Gran Guerra, el fascismo, la Segunda Guerra Mundial, la posguerra o los años 60. El largo pasillo del hogar –a modo de columna vertebral de la cinta- inicia cada elipsis y la termina. Los niños que juegan en él introducen los episodios de forma ejemplar; son niños distintos, de diferentes parientes, los que usa Scola para dar un salto en el tiempo y conseguir unir las secuencias con habilidad para firmar una de sus mejores películas.


Acabamos la sección con algo estimulante, adecuado para soportar el crudo invierno, la cuesta de enero y lo que haga falta:


domingo, 11 de enero de 2009

CINE FÓRUM: 2001: UNA ODISEA DEL ESPACIO (2001: A space Odyssey de Stanley Kubrick, 1968)

Cuando el mundo se vio sacudido por un inicio de revolución estudiantil, por unas ideas utópicas que fomentaban el amor libre y el final de todas las guerras, cuando todo esto sucedía un genio llamado Stanley Kubrick estrenaba su obra más importante: 2001.




Con años de preparación y basada en un guión del propio director y de Arthur C. Clarke -que simultáneamente escribía la novela- la cinta resultó ser un hito en la historia del cine. 2001 cambió la ciencia- ficción y los efectos especiales ya no volvieron a ser los mismos (ganaron el oscar). Pero, aún siendo un prodigio en el género, la película es una compleja obra de arte que, una vez vista, se presta al análisis y a la interpretación subjetiva.

En 2001, Kubrick juega con el tiempo como nadie lo había hecho antes. La cinta se estructura en tres episodios de desigual duración: un corto donde unos primates, antepasados del hombre, hallan un monolito que de alguna manera les infunde inteligencia. Con ella descubren que pueden utilizar los huesos de otros animales como herramientas o armas.

El director se vale de la mayor –y mejor- elipsis de la historia (unos cuatro millones de años) para mostrarnos el resultado de la evolución del conocimiento humano: una civilización que ha sido capaz de construir una estación espacial. El punto de vista del espectador –y la Teoría de la Relatividad- provocan que, esta vez, el tiempo se detenga y la maniobra de aproximación de una nave parezca un baile al son del “Danubio Azul”, en una de las secuencias más bellas jamás filmadas.


Después de finalizar el segundo episodio, con el descubrimiento de otro monolito en La Luna y el primer contacto con seres extraterrestres, comienza la trama central donde una expedición galáctica se dirige hacia la situación de un tercer monolito. El viaje espacial es controlado por un ordenador: HAL (a estas alturas todo el mundo sabe que las siglas elegidas son un homenaje a IBM -sólo hay que cambiarlas por las letras que les siguen en el abecedario-, sin embargo Arthur C. Clarke siempre aseguró que no fue intencionada esa elección).

Kubrick vuelve a estirar y encoger el tiempo –y el espacio- a su antojo, para presentar las actividades cotidianas y dramáticas como una suerte de aplicación multidimensional fascinante. Su interés por las relaciones entre el creador y su obra son el eje de la acción: el hombre que quiere controlar a la máquina y ésta que lucha por obtener su propia identidad. El director mantuvo toda su vida esa obsesión y no pudo llevar a cabo su proyecto más ambicioso (finalmente rodado por Spielberg, y curiosamente estrenado en 2001, aunque con resultados discutibles). Lo que Kubrick esperaba era poder asignar el papel protagonista a un verdadero robot.

El conflicto entre el hombre y la computadora se resuelve de forma trágica, pero resulta paradójico cuando el espectador asiste a la conclusión del filme. En otro alarde de manipulación temporal por parte de Kubrick, el astronauta es testigo de su propio destino, a la sazón controlado por un ser de inteligencia artificial: el propio monolito.

Atendiendo a una petición de mi compañera cinéfila Vivian, hoy vamos a intentar analizar, en nuestro particular Cine Club, la última secuencia de esta obra maestra incontestable. No sé si llegaremos a una conclusión, pero de cualquier forma deberíamos tener presentes las palabras del propio Arthur C. Clarke, que dijo algo parecido a esto: “Si se entiende 2001 completamente, entonces es que hemos fallado. Lo que pretendíamos era que surgieran más preguntas que respuestas”.





Aún hipnotizados por este final tan desconcertante, vamos a mojarnos con nuestra particular interpretación: Una vez que Keir Dullea penetra en esa sobria habitación de época (otra vez con el tiempo a cuestas), sucesivos puntos de vista del propio astronauta dan paso a distintas escenas, en el mismo espacio, pero en distinta dimensión temporal. Finalmente, el último punto de vista, antes de la muerte del protagonista, corresponde al propio monolito. Él es el que parece controlar el destino de Dullea, dirige su muerte y su resurrección. Una gran paradoja: el hombre ha sido creado por un ser de inteligencia artificial. ¿Dios es un extraterrestre? La resolución del misterio de la vida y de la muerte que nos proponen Kubrick/Clarke es que la existencia forma parte de un ciclo donde el hombre se reencarna una y otra vez, controlado por una inteligencia superior...

Uff, demasiado ¿no? ¿Qué opináis vosotros?


jueves, 8 de enero de 2009

SILENCIO SE... GRABA (Semana del 9 al 15 de enero de 2009)

Después de una mirada a las películas recomendadas, las que merecen la pena de todas las que han programado las cadenas para la semana entrante, la impresión que nos llevamos es que el cambio de año viene con ausencia de obras maestras (exceptuando la grandísima cinta de Víctor Erice), pero con suficiente cantidad de filmes interesantes. Así, largometrajes producidos en España y dirigidos por mujeres (Icíar Bollaín y Pilar Miró); algunos buenos western de Hathaway, Mulligan o incluso uno en clave de humor de Buster Keaton; el mejor cine negro a cargo del controvertido Dmytryk; y variadas películas de aventuras, policíacas, bélicas, de ciencia-ficción, dramas o comedias, todas aptas para rellenar un hueco en nuestra videoteca.

Pinchar en la tabla para verla mejor (las películas en rojo no son necesariamente las mejores, son las que se comentan más abajo)

Comentarios de algunas de las cintas recomendadas:


¿Quién puede matar a un niño? (Narciso Ibáñez Serrador, 1976). Lewis Fiander, Prunella Ransome. (7RM, sábado 10 a las 03:45)

El televisivo Chicho Ibáñez Serrador se siente cómodo con el cine de suspense y las historias de terror -aquellas que no nos dejaban dormir- y lo demuestra con la realización de esta película que ya puede considerarse un clásico del género.

Una pareja extranjera llega a la costa mediterránea para pasar unas vacaciones. Su destino es una hipotética isla llamada Almanzora, donde parece que no vive nadie excepto un grupo de niños…

La cinta se divide en dos actos. En el excelente prólogo el director prácticamente anticipa el tema central e incluso algo del desarrollo: el matrimonio pasa un día en Benavís (un pueblo costero ficticio) y se encuentran con unas fiestas de lo más ruidosas. La ciudad parece en plena ebullición, repleta de turistas; justo todo lo contrario de lo que ocurrirá en la isla. Mientras transcurre la celebración comienzan a llegar cadáveres a la playa; el primero, curiosamente, es descubierto por un niño. Por otro lado, Chicho nos cuenta –realmente no pasa del susurro- que el matrimonio acaba de salir de un conflicto provocado por el estado de buena esperanza de ella. Un embarazo no deseado por el marido, que ha sido capaz de pensar en el aborto. Por si esto no fuera poco las noticias de la televisión -y los excesivamente largos créditos de la película- nos muestran imágenes documentales de distintas guerras y sus victimas inocentes: los niños.


Este inicio realista es transformado por el realizador en un ambiente de pesadilla en la segunda parte, tras la llegada a la isla. Allí, destaca la banda sonora, responsabilidad de Waldo de Los Ríos, formada por sonidos y silencios, donde se alternan las risas de los niños con una siniestra melodía infantil.

La trama avanza de una forma similar a las mejores películas de Alfred Hitchcock. Incluso el director hace un cameo muy parecido a los que utilizaba el maestro del suspense como firma de sus películas. Además hay algunas secuencias que recuerdan a la aclamada Los Pájaros (The Birds, 1963), incluido el mensaje apocalíptico final.



Abducido (Lifted de Gary Rydstrom, 2006). (Antena 3, sábado 10 a las 22:00)

Se trata del premiado corto de la factoría Pixar (incluida la nominación al oscar) que precedía a Ratatouille en las salas de cine. Es una película pedagógica, al menos para los extraterrestres que se quieran iniciar en abduciones de humanos: un alumno novato, y un maestro que no se inmuta ante la torpeza de su pupilo, son los protagonistas de esta pequeña, pero muy divertida, historia de ciencia-ficción. Los gestos del rostro del aprendiz, las consecuencias de sus patosas acciones y la lección magistral de su profesor son lo mejor del filme que tiene un final aplastante; interprétese éste en su sentido literal.



Dos Mulas y una Mujer (Two Mules for Sister Sara de Don Siegel, 1970). Clint Eastwood, Shirley MacLaine. (TPA, domingo 11 a las 15:30)

Cinta peculiar de Don Siegel, que aprovecha un divertido guión de Budd Boetticher y se alía con su amigo Clint Eastwood, para realizar un spaghetti western en México. La nota de humor la pone Shirley Maclaine, una monja casi tan dura como Eastwood, que sirve de espía para la revolución mejicana. El personaje del actor norteamericano es el habitual en la serie de Sergio Leone, es decir el pistolero que sirve al mejor postor. La combinación de ambos es lo que le da a esta cinta el carácter de comedia. Por el lado técnico cabe destacar la siempre eficaz fotografía de Gabriel Figueroa, sobre todo en las tomas con escasa luz. Véase, por ejemplo, la secuencia dentro de la cueva, con los personajes que interesan parcialmente iluminados. Para darle el empaque de western al uso de esos años, sólo faltaba la música de Ennio Morricone. El recuerdo de películas como Por un puñado de dólares (Per un pugno di dollari de Sergio Leone, 1964) es inevitable.



Lluvia (Rain de Lewis Milestone, 1932). Joan Crawford, Walter Huston. (CARTV, lunes 12 a las 04:00)

Unos pasajeros quedan atrapados, a causa del mal tiempo -la lluvia del título-, en una isla tropical mientras esperan el barco que los lleve a su destino. Entre ellos se encuentra Sadie Thompson (Joan Crawford), una prostituta que huye de Estados Unidos donde es reclamada por la justicia… leer más

domingo, 4 de enero de 2009

CENTAUROS DEL DESIERTO (The Searchers de John Ford, 1956)

En tal día como hoy, hace un año, se creaba este espacio de cine. Nuestro primer aniversario. Han pasado más de ciento cincuenta entradas y seguimos con la misma ilusión que al principio. Para celebrar el cumpleaños he tenido que elegir una película especial; un largometraje que destaque entre los demás. No ha sido una decisión que haya consumido mucho de mi tiempo; segundos diría yo. Vamos a hablar de mi cinta preferida: Centauros del Desierto.



Adentrarse en el filme es apasionante, aunque escribir acerca de él se me antoja una ardua tarea. La dificultad estriba precisamente en la complejidad de esta obra maestra, de la que se ha escrito mucho y muy bien. Yo me voy a limitar a exponer unas pinceladas de lo que considero más importante, siempre con el objetivo de servir de guía al joven cinéfilo o al lector que aún - dichoso él- no la haya visto.

The Searchers es un prodigio de la narración con imágenes. En el arranque, a John Ford le bastan diez minutos para explicar lo que ha sido del tío Ethan (John Wayne, en el mejor papel de su vida) desde que abandonó a los suyos. Su capa de excombatiente de la guerra civil, una condecoración mexicana y otros detalles nos indican donde ha estado todo ese tiempo. Su carácter agrio y su aspecto cansado nos muestran a un hombre que ha debido pasar por experiencias muy duras y que regresa buscando la paz que sólo le puede dar la familia. Pero Ford profundiza aún más. Nos da pistas acerca de los sentimientos de Ethan y de los de Marta, su cuñada. Ambos se aman todavía, y el genial director lejos de decírnoslo de forma explícita nos los insinúa con miradas cómplices y gestos sutiles como el de Marta acariciando la capa de Ethan.


La matanza de la familia nos introduce en el eje central de la película: el de la búsqueda, por parte de Ethan y Martin (Jeffrey Hunter), de la hija pequeña de Marta (Natalie Wood) que ha sido raptada por los indios. A partir de aquí la cinta se transforma en un largometraje de itinerario, con Monument Valley como perfecto escenario. Las indagaciones acerca del paradero de la muchacha son parejas a la exploración interior de cada personaje. Ethan evoluciona desde su amargura, pero Martin también lo hace como aprendiz forzoso, pero aventajado de su tío. La secuencia de la boda, cuando el joven Jeffrey Hunter se pelea por su amada, mientras Wayne lo contempla sonriendo, confirma ese proceso de aprendizaje. Proceso que dura cuatro años y que Ford lo resume gracias a una perfecta elipsis.


Y es que el tratamiento del tiempo que aquí hace el realizador ha servido (y sirve) de ejemplo a muchos cineastas. La cinta transcurre entre una puerta que se abre y otra que se cierra. En ese tiempo no sólo los personajes principales experimentan un cambio fundamental sino que el propio género evoluciona para no volver a ser el mismo. El carácter crepuscular es evidente, el héroe, que representa Ethan Edwards es una especie en extinción y cierra tras de sí una puerta, la puerta de la aventura, de la guerra civil y la revolución mexicana; en definitiva la lucha por unos ideales y por una forma de vivir. Se aleja solo, con un andar cansino, hacia el último lance: el de morir.

Todo lo anterior le confiere a Centauros del desierto un sorprendente carácter de modernidad y la hace adelantarse en muchos años a otras películas contemporáneas, sin perder un ápice de su grandeza.



Dedicado a mi compañera, a Vivian.



Ver Ficha de Centauros del Desierto.
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