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domingo, 6 de octubre de 2024

2 X 1: "LA BAILARINA DE LA ÓPERA" y "EL CARNET AMARILLO" (Raoul Walsh)

La bailarina de la ópera (The Red Dance, 1928) 

Nadie duda de que la mejor época en la carrera de Raoul Walsh fue aquella en la que estuvo ligado a la Warner Brothers. Antes de eso fue saltando de productora en productora sin mucho éxito. Sólo tuvo en la Fox cierta estabilidad y pudo dirigir algunas películas que ya daban muestra de su calidad, tanto en el cine mudo como en el sonoro. De ese período son las dos películas de las que vamos a hablar hoy. 

La primera de ellas, La bailarina de la ópera, es una cinta silente, un drama focalizado en la revolución rusa: Tasia (Dolores del Río) es una campesina que tiene a su padre en prisión simplemente por enseñar música; mientras que a su madre la asesinan los temibles cosacos del zar por enseñar en la escuela. Cuando Tasia conoce de casualidad al Gran Duque Eugen (Charles Farrell), se enamora de él. Un noviazgo difícil por pertenecer a dos clases diferentes, que en aquellos tiempos significaba dos bandos distintos. La pareja sólo tiene en común que a ambos los obligan a casarse con quien no quieren. La situación de los protagonistas —y la de toda Rusia— cambia cuando estalla la revuelta… 

Filme muy bien rodado por Walsh, que se luce en las secuencias de la revolución, pero también en las intimistas que encuadran a la pareja protagonista. Dolores del Río, la gran diva mexicana —con permiso de María Félix—, gesticula con vehemencia en su interpretación, algo típico del cine mudo de aquellos años, pero su presencia llena la pantalla cuando la convierten en una heroína de la revolución: La bailarina “roja” (título original del largometraje).

 

La película adapta la novela homónima de Henry L. Gates, una historia ingeniosa, que se desarrolla entre la aventura y el romance, con conspiraciones de todo tipo y protagonismo de personajes históricos (el propio Zar y su familia intervienen, igual que Rasputín, aunque no se diga su nombre), que se mezclan en una trama bien enlazada con ciertos toques de humor, pero también de tragedia. 

La cinta demuestra lo bien que se rodaba en los últimos años del período mudo, con travellings, transiciones, encuadres y buen ritmo en las escenas de acción. Aunque la película denuncia los asesinatos de las masas obreras en los primeros días de la revuelta, también pone el énfasis en la pobreza extrema de la sociedad y, en contraste, la opulencia de las clases privilegiadas. 

 

El carnet amarillo (The Yellow Ticket, 1931) 

Tres años después de La bailarina de la ópera, Raoul Walsh rueda El carnet amarillo,  de nuevo para la Fox y otra vez con un argumento que tiene que ver con la revolución rusa: 

Estamos en Rusia en 1914, en los meses previos a la Primera Guerra Mundial, la protagonista, Marya (Elissa Landy), vive en un gueto judío del que no puede salir por orden del zar. Cuando se entera de que su padre se está muriendo en prisión (fue encarcelado por no pagar unos impuestos injustos), Marya quiere viajar a San Petersburgo para visitarlo. La única solución para moverse por el país es hacerse con un carnet amarillo que distingue a las prostitutas, pero que les permite viajar con libertad. Confundida con una prostituta, Marya se las tiene que ver con el Barón Igor Andrey (Lionel Barrymore), un corrupto jefe de policía. Mientras tanto, Marya conoce al corresponsal inglés (Laurence Olivier) al que le cuenta las injusticias y los atropellos que vive la sociedad rusa en tiempos del zar. Cuando el periodista publica el artículo, tanto ella como él se sitúan en el blanco del Barón. Ni que decir tiene que cuando estalla la guerra, los acontecimientos se precipitan… 

Filme sonoro basado en la obra de teatro de Michael Morton, con una trama con muchos puntos en común con La bailarina de la ópera: además de transcurrir en la rusia previa a la revolución, la protagonista también tiene un padre injustamente encerrado que muere en la cárcel, hay un romance en el que se interpone un alto cargo del gobierno, y el final es casi igual, e, incluso, hay escenas que se repiten en una y otra cinta, como las de la prisión, seguramente para ahorrarse metros de película.

 

El carnet amarillo es un largometraje sonoro pre-code filmado con la maestría de Raoul Walsh, que experimenta con los contrapicados y la profundidad de campo. Destaca la larga secuencia entre el Barón y la protagonista que termina con un disparo al más puro estilo de Hitchcock; también vuelven a sobresalir las escenas con muchos extras, como aquellas del movimiento de tropas al declararse la guerra. 

La película tiene un magnífico reparto con el gran Lionel Barrymore haciendo uno de sus malvados personajes, y un Laurence Olivier jovencísimo, que ya brilla con una actuación sobresaliente, igual que la de la actriz y escritora Elissa Landy. Si estamos atentos, descubriremos a Boris Karloff en un pequeño papel.




jueves, 2 de julio de 2009

SILENCIO SE... GRABA (Semana del 3 al 9 de julio de 2009)

Vacaciones. Palabra esperada por muchos y deseada por todos (ya nos llegará el turno). Mientras esperamos el merecido descanso nada mejor que acudir al cine. Esta semana la televisión nos ofrece una variada oferta. Si bien no hay demasiadas cintas importantes (Luna Nueva, La Mujer Pantera e Inseparables dominan la tabla) sí que tenemos filmes muy interesantes como algunos western de Curtiz, Douglas, Huston, Kasdan, Mann o Peckinpah; divertidas comedias de Delbert Mann, Mike Newell o Jay Roach; o intensos dramas de Jim Sheridan y Roman Polanski. Ya saben, conecten el aire acondicionado, arranquen el ventilador y… programen el DVD.

Pinchar en la tabla para verla mejor (las películas en rojo no son necesariamente las mejores, son las que se comentan más abajo)

Comentarios de algunas de las cintas recomendadas:

El Ladrón de Cadáveres (The Body Snatcher de Robert Wise, 1945). Boris Karloff, Bela Lugosi. (Castilla La Mancha TV 2, viernes 3 a las 00:30)

La carrera de Robert Wise como realizador (ya era un editor de prestigio) comenzó con una serie de películas de bajo coste supervisadas por el productor imaginativo Val Lewton; un cineasta que aprovechaba al máximo los fondos asignados y conseguía que sus producciones se codearan –e incluso superaran- a otras mucho más generosas con el presupuesto. La forma de trabajar de Lewton con sus directores (Jacques Tourneur, Mark Robson y Robert Wise fueron los mejores) puede verse reflejada en la obra maestra de Vincente Minnelli, Cautivos del Mal (The Bad and The Beautiful, 1952). Allí se ha querido identificar al personaje interpretado por Kirk Douglas con Irving Thalberg, pero a mí siempre me ha parecido mejor la comparación con Val Lewton. La escena en la que Douglas recomienda emplear las sombras para sugerir cierta amenaza destinada a inquietar al espectador, y de paso renunciar a mostrarse más explícito, bien podría ser una secuencia del rodaje de La mujer pantera o de El Ladrón de Cadáveres.

The Body Snatcher es, por tanto, una cinta de terror, creación de la RKO, pero muy cercana a las producciones que se hicieron en los años 30 en la Universal. Por el ambiente gótico: Edimburgo, una ciudad ideal, con castillo incluido, muy bien recreada en los estudios para servir de entorno del relato corto de Robert L. Stevenson, y del eco de una historia real ocurrida en el siglo IX; y por el reparto: nada menos que Boris Karloff (Frankestein) al frente, y Bela Lugosi (Drácula) de secundario de lujo. Además la trama del médico que utiliza cadáveres para sus estudios tiene muchos puntos en común con la historia ideada por Mary Shelley.

Sin embargo El Ladrón de Cadáveres tiene su propia personalidad gracias al tratamiento de Robert Wise/Val Lewton de los personajes principales, menos fantásticos que los citados de la Universal –y por tanto más inquietantes-. Son médicos con un pasado oscuro; sirvientes que espían a sus amos, con el objetivo de adquirir la ventaja necesaria para poder fabricar un chantaje; o pardillos imberbes que asisten al horror del manejo de los fallecidos, algunos de ellos sospechosamente oportunos.

De entre todos los personajes destaca el interpretado por Boris Karloff: John Gray, un hito ya en el cine de género. Karloff interpreta a la misma muerte, un cochero que transporta cadáveres, con un siniestro carruaje tirado por un único caballo blanco (no podía ser de otro color: el asociado en las pesadillas con la parca). Su presencia turbadora en la pantalla todavía inquieta y la secuencia final, muy cercana al mundo de Edgar Allan Poe, puede ser de las más terroríficas jamás filmada.



La Esclava Libre (Band of Angels de Raoul Walsh, 1957). Clark Gable, Yvonne De Carlo. (La 2, viernes 3 a las 02:05)

En el periodo justo anterior a la Guerra Civil Americana, la hija de un terrateniente (extraordinaria Yvonne De Carlo) descubre, a la muerte de su padre, que se encuentra en la ruina y que encima tiene sangre negra en sus venas por lo que finalmente es vendida como esclava. Este es el arranque de la tercera y última colaboración del gran director Raoul Walsh con el ya muy veterano Clark Gable en los años cincuenta. Las tres cintas de este período (la que nos ocupa, Los implacables y Un rey para cuatro reinas) son excelentes muestras del buen hacer del realizador clásico que supo aprovechar a un Clark Gable en pleno –pero atractivo- declive. El largometraje está basado en la novela de Robert Penn Warren y cuenta con una magnifica banda sonora a cargo de Max Steiner. Sólo desentona un excesivo Sidney Poitier en el papel de activo abolicionista. Tuvo una fría acogida porque se quiso comparar con la inigualable Lo que el viento se llevó debido a la ambientación de la historia y al parecido del personaje que interpreta Clark Gable.



Cumbres Borrascosas (Wuthering Heights de William Wyler, 1939). Laurence Olivier, Merle Oberon. (Popular TV, sábado 4 a las 22:00)

Famosa producción de Samuel Goldwyn, que tenía predilección sobre las grandes adaptaciones literarias (ésta era su favorita). La verdad es que consiguió la mejor de las múltiples versiones que se han hecho sobre la célebre obra de Emily Brönte y las pasiones entre Cathy y Heathcliff (La de Buñuel le sigue muy de cerca: Abismos de pasión, 1953; otra destacada es la de Jacques Rivette en 1985). Lo mejor de la película es la fotografía en blanco y negro del inmejorable Gregg Toland, que se llevó el oscar. La tensión dramática también está muy conseguida, quizás debida a los continuos enfrentamientos entre Goldwyn y Wyler (“William Wyler la dirigió, pero yo la hice”); entre Olivier y Wyler (el actor se desesperaba con la minuciosidad en la realización del gran director); o entre Merle Oberon y el propio actor británico (después de una escena de amor, tras cortar la toma, Merle Oberon se volvió hacia Wyler quejándose de Olivier: “dígale que deje de escupirme”).



Con las horas contadas (D.O.A. de Rudolph Maté, 1949). Edmond O’Brien, Pamela Britton. (Canal 300, domingo 5 a las 05:50 y lunes 6 a las 02:25)

Un personaje anónimo, visiblemente cansado, acude a denunciar un asesinato. El policía de turno le pregunta ¿a quién han asesinado? La respuesta del hombre sorprende a todos:"A mí". Este corto diálogo da pie a uno de los arranques que más enganchan de todo el cine negro. Sin embargo, el responsable de la dirección, el primero director de fotografía Rudolph Maté, no aprovecha el buen recurso de guión y deja que la película destaque más por el apartado técnico que por la narración.

Y es una lástima porque además de la historia (el citado personaje ha sido envenenado y tiene unas pocas horas de vida que gastará en averiguar quién le ha asesinado y por qué) también cuenta con un buen protagonista: el habitual secundario Edmond O'Brien. El actor, a través de un largo flash-back, explica como se ha llegado a la situación extrema, que se corresponde con el título original: D.O.A. (siglas en inglés que quieren decir "Muerto al llegar”).

El fallo de la cinta tiene que ver con la confusión de la trama que, aunque sea propia del género, no tiene porqué difuminar también la narración con imágenes. El ambiente de pesadilla no está del todo logrado. La causa es la irregular sucesión de secuencias, donde la continuidad exigida y la tensión creciente que pide el guión no se corresponden con la puesta en escena ni con la dirección de los actores.

A pesar de todo, D.O.A. es un buen ejemplo del cine de serie B que llenaba de negrura las pantallas de la América de la posguerra, en consonancia con la coyuntura pesimista que se vivía en todo el planeta. Un Mundo que tenía que sobrellevar lo mejor posible las millones de muertes causadas por la peor guerra vivida por la Humanidad. La mayoría de ellas personas civiles que fallecieron sin saber porqué estaban muriendo; exactamente lo mismo que le estaba pasando en la ficción al personaje de Con las horas contadas.

viernes, 15 de mayo de 2009

COLABORACIÓN: Arsénico por compasión (Arsenic and old lace, Frank Capra, 1941)




Arsénico por compasión es sin duda una comedia singular y atípica dentro de la extensa filmografía del italo-norteamericano Frank Capra. Puede que la película incluso resulte del agrado de la incontable nómina de detractores del director, esos a quienes la sola mención de su nombre provoca la erupción de sarpullidos en sus sensibles pieles o que no hacen más que criticar y echar pestes del exacerbado idealismo que destilan fábulas contemporáneas como Juan Nadie, Caballero sin espada o la sempiterna Qué bello es vivir. Considerar a Capra un director blando, sentimental, cuando no directamente manipulador, es un tópico que ha llegado intacto hasta nuestros días y que me temo amenaza con sobrevivirnos. Lo cierto es que para muchos este director sigue siendo el gran ilusionista del Hollywood dorado, el hombre que fue capaz de ganarse con su carisma y sus películas el corazón de todo un pueblo sumido por aquel entonces en una profunda crisis económica y emocional. En una época en la que America necesitaba soñar Capra le brindo como nadie la oportunidad de hacerlo. ¿ Y qué hay de malo en hacernos soñar promoviendo además valores como la bondad, la solidaridad o el altruismo? Con la que está cayendo, quizá sean estos unos tiempos idóneos para reivindicar una obra como la de Frank Capra. Pero, eso es otro tema, creo que me estoy desviando del asunto que me trajo hasta aquí, vamos a lo nuestro.
Como empecé diciendo, en Arsénico por compasión, Capra se aleja del tono didáctico y moralizante de la generalidad de sus comedias. Aquí no hay casi rastro del famoso toque Capra que tanto irrita a algunos y muy poco del sentimentalismo que preside alguna de sus obras más emblemáticas. Sin renunciar al tono amable y familiar, el siciliano apuesta en esta ocasión por una comedia loca, surrealista incluso, negra, negrísima a veces y sobre todo tremendamente divertida. El film toma como base una pieza teatral de Joseph Kesserling que triunfó en las carteleras de Broadway a principios de la década de los cuarenta. Dicen que a la mañana siguiente de acudir a ver la representación en un teatro neoyorkino Capra se lanzó al teléfono para iniciar los trámites para la adquisición de los derechos cinematográficos de la obra. La adaptación a la gran pantalla quedó en manos de los gemelos Julius y Philip G. Epstein quienes un año más tarde tendrán el honor de rubricar el guión de la mítica Casablanca.
Setenta años despues de su estreno, Arsénico por compasión sigue conservando la frescura del primer día y manteniéndose como uno de los grandes clásicos de la comedia de todos los tiempos. Sin ser tal vez una comedia redonda, es una comedia que lo tiene todo; una ingeniosa trama, unos diálogos brillantes, una desternillante sucesión de gags, unos personajes entrañables, un ritmo endiablado, ¿qué más nos queda por pedir? Quiza que el reparto esté encabezado por ese monstruo de la interpretación llamado Cary Grant. Que Grant se movía especialmente como pez en el agua en los terrenos de la comedia era algo que ya sabíamos después de verle en cimas del género como Luna nueva o La fiera de mi niña. Esta vez, el actor tuvo que renunciar a sus habituales métodos de trabajo por exigencias del guión pues Capra quería que la suya fuese una sobreactuación a conciencia. Muy a su pesar- más tarde confesaría que no se sintió especialmente cómodo en el papel- Grant se vio obligado a dar rienda suelta a su vena más histriónica y payasa; a muchos les parecerá sin duda exagerado e irritante el repertorio de muecas y gestos que exhibe el actor durante todo el film, pero tal vez ignoren que éste se limitó a obedecer instrucciones. En cualquier caso, siempre es una gozada ver (sobre) actuar a un tipo como Cary Grant. Aquí le vemos dando vida a Mortimer Brewster, un crítico teatral de Nueva York, autor de best sellers como La Biblia del soltero que se ha pasado media vida despotricando en contra de la institución del matrimonio. Curiosamente la primera vez que en la película nos topamos con él lo hallamos en la cola de los juzgados de la ciudad la víspera de Halloween dispuesto a recoger su licencia matrimonial tras haber contraido nupcias con la bella Elaine, la mujer que ha obrado el milagro de robar su corazón. Acto seguido los recién casados se dirigen hacia la casa de las tías del novio para comunicarles la buena nueva. Tía Abby y tía Martha son dos venerables ancianitas que conviven con su hermano Teddy, un perturbado mental que se cree la reencarnación del presidente Roosvelt,y que ocultan en el sótano de su vivienda un terrible y macabro secreto, …bueno, quién dice uno dice trece. A pesar de no haberse sido invitados, acaban sumándose a la fiesta el hermano de Mortimer, un sanguinario asesino que acaba de salir de la cárcel y que presenta un parecido más que razonable con Boris Karloff, un doctor tímido y pusilánime con un parecido más que razonable a Peter Lorre, el director de un sanatorio mental y hasta la policía del barrio.
Toda esta disparatada trama tiene lugar en el apacible hogar de tía Abby y tía Martha que por cierto se sitúa en mitad de un cementerio presbiteriano fundado en el siglo XVII. Capra no renuncia en ningún momento a los orígenes teatrales del texto respetando tanto la unidad de lugar como la de tiempo. Además gran parte de los secundarios que intervienen en el film repiten los papeles que ya interpretraron sobre las tablas de Broadway. Al director le quedó la espinita de no poder contar con Boris Karloff que en la obra teatral daba vida al hermano del protagonista, ese que tanto se parecía a Boris Karloff. A cambio tuvo el placer de tener a sus órdenes al impagable Peter Lorre que aquí no silba pero casi y es de los pocos que al final se va de rositas. Que al final, quien más quien menos se queda atrapado en esta jaula de grillos y acaba creyéndose una cafetera. Por cierto, que yo ya me voy, que me reclaman para cavar una nueva exclusa para el canal de Panamá.

Caaaaaargueeeeen.

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