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martes, 7 de febrero de 2017

MANCHESTER FRENTE AL MAR (Manchester by the Sea de Kenneth Lonergan, 2016)


Nada nuevo bajo el sol de… Manchester, podría resumirse el presente comentario acerca de la última película de Kenneth Lonergan. Director que tiene en su haber un trío de películas desiguales y que debe a su amigo Matt Damon, a la sazón productor de la cinta, el haber vuelto a los ruedos cinematográficos con gran éxito de crítica y con una buena cosecha de nominaciones a los Óscar.



Premios que no vamos a cuestionar pues la corrección tanto de actores como de diseño de producción, de puesta en escena y, en fin, de director, pueden ser objeto de loas por buena parte de la crítica. Ahora bien, si no situamos del lado del espectador la película ya no sale tan bien parada. No con una trama mil veces vista donde alguien regresa a un pequeño pueblo (a Manchester-by-the-sea, que así, con todas las letras, se llama la ciudad debido a un litigio en 1989 con otra Manchester) donde nadie olvida la tragedia que causó el recién llegado, y donde el protagonista se tendrá que hacer cargo de un huérfano que forma parte de su desestructurada familia.

Tema, el del regreso y el de la (re)construcción familiar, muy del gusto de Hollywood, como la clásica Sombras en el mar (Deep Waters, Henry King, 1944), también en ambiente marino —en este caso con la pesca de la langosta como tema de fondo—, con un huérfano de por medio (Dean Stockwell, el niño prodigio de entonces) y con el tira y afloja entre el pescador Dana Andrews y el pequeño para ver si al final los dos pueden vivir juntos.

En Manchester… las cosas no van por el mismo derrotero y la trama se queda a medias (el final también) igual que todo lo demás. El entorno costero que tanto puede dar de sí, apenas se explota en beneficio del argumento. Se echan de menos subtramas tan atractivas como las que se refieren al aprendizaje de la pesca, que tan sólo se esbozan; algunas escenas de acción con la mar como testigo que se conviertan en el punto de impulso que la película necesita, y que se nos antoja pide a gritos la audiencia para evitar la somnolencia (algo que no sucede en la citada Deep Waters), y en fin algo más de enjundia en una trama apática en la que, eso sí, se mueve como pez en el agua Casey Affleck cuando el director gestiona una secuencia de emociones a flor de piel.

Es verdad que lo de Affleck tiene mérito…, pero menos. El actor borda su papel, pero no cambia ni una coma el registro que se sabe de memoria y que siempre le ha dado buenos resultados (véase la reciente La hora decisiva, otra seapicture, en este caso de catástrofes, o el noir El demonio bajo la piel), en todas ellas Affleck es un personaje atormentado, seco e introvertido, que no refleja lo que bulle en su interior, pero que se encuentra a un paso del estallido. Hay que reconocer que nadie como él podría dar vida a un ser tan afligido.

Película correcta, como decimos, que bien podría haberse rodado en cualquier pueblo de la América profunda, que vive de las relaciones humanas y que traiciona, por así decirlo, las expectativas del público que se espera algo más cuando productores y director trasladan la historia a una bella zona costera de Massachusetts, con la mar como telón de fondo.



domingo, 6 de marzo de 2011

EL DEMONIO BAJO LA PIEL (The Killer Inside Me de Michael Winterbottom, 2010)

En estos tiempos cinematográficos que corren resulta muy difícil encontrar una película original. Suponemos —y esperamos— que no es por falta de ideas. Nos tememos que la razón es la ausencia de coraje. La escasez de valor cunde entre productores, y cineastas en general, cuando no se atreven con un argumento virgen y prefieren otro que ya haya pasado la prueba de la taquilla. Sólo en contadas ocasiones podemos encontrarnos con películas que intentan mejorar otras que pasaron sin pena ni gloria. Es el caso de El Demonio bajo la piel. Una versión actualizada de la cinta de Burt Kennedy, The Killer Inside Me (1976), basada a su vez en la novela homónima del especialista en literatura negra, Jim Thompson.


El largometraje de Michael Winterbottom se aparta del viaje del director inglés por la realidad social de su país, generalmente a través de dramas y comedias personales, y se convierte en una de las contadas paradas —todas excelentes— que el realizador británico ha practicado por los géneros tradicionales: el western, la ciencia-ficción o, como ahora, el cine negro.

Aunque debemos matizar: si bien El Demonio bajo la piel arranca como un film noir, pronto se torna en un thriller muy atractivo. Algo que parece estar de moda si pensamos, por ejemplo, en el intento más o menos afortunado de los hermanos Coen. (No es País para Viejos, 2007). Mientras allí, Ethan y Joel abrían varias brechas a una trama que finalmente se rompía en dos, aquí, Winterbottom, mantiene unida la historia para dirigirla con su maestría habitual.

Y es que la estructura de la cinta es perfecta. El realizador británico se apoya en unos cuantos crímenes para, entorno a ellos, avanzar por el descenso a los infiernos del protagonista: el agente Ford (Casey Affleck en uno de sus mejores trabajos). En todos los asesinatos, Winterbottom juega con las pulsiones de verdugo y víctima hasta el desenlace final de cada secuencia. Son escenas que guardan cierta armonía con la propia personalidad del personaje principal: un policía con un exterior apacible, pero con un interior en plena ebullición. Así, en cada episodio, la situación se va tensando gracias al apoyo de unos diálogos aparentemente relajados, pero cargados de intención. En el momento en que la cuerda no puede estirarse más se produce la explosión; un clímax, aunque esperado, siempre sorprendente y que tiene su máxima expresión en uno de los finales más espectaculares que hemos podido ver en los últimos años.


La organización fílmica no es el único activo de esta interesante película. También lo es el excepcional elenco de actores con el que esta vez se ha hecho acompañar Winterbottom. Un casting donde sólo cojea Bill Pullman en un papel desdibujado, al que le falta profundidad, posiblemente por un fallo de guión a la hora de trasladar el personaje de la novela a la pantalla. El resto del reparto no puede ser más adecuado. Encabezado por Affleck, también brilla nuestro admirado Elías Koteas, en un personaje enigmático muy típico del cine negro; el veterano Ned Beatty, en su mejor registro; y las actrices Kate Hudson y Jessica Alba, en algo que ya viene siendo habitual en el thriller moderno desde Mujer Blanca Soltera busca (Single White Female de Barbet Schroeder, 1992): encarnar a dos personajes cuyo parecido físico será determinante en la trama.

Antes de finalizar, una confesión: tenemos que reconocer que si Michael Winterbottom no hubiera sido el responsable de esta película, nos la habríamos saltado sin pestañear; tal es nuestra aversión a los remakes. Si no lo hemos hecho ha sido para no interrumpir el seguimiento que venimos haciendo del recorrido cinematográfico del buen director inglés. Algo de lo que aún no nos hemos arrepentido.

Ver ficha de El Demonio bajo la piel.


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