sábado, 7 de noviembre de 2015

MIA MADRE (Nanni Moretti, 2015); RAMS: EL VALLE DE LOS CARNEROS (Hrutar de Grimur Hakonarson, 2015)

De satisfactorio tenemos que clasificar el arranque del festival de cine europeo, aquí en Sevilla, con dos películas bien distintas, pero con una factura más que correcta en ambas.

Mientras se celebraba la gala inaugural en el Teatro Lope de Vega con Two Friends (Les deux amis de Louis Garrel, 2015), nosotros elegimos dos cintas que compiten por el premio del público en la Sección EFA (European Film Academy), donde suelen encontrarse las mejores propuestas si tenemos en cuenta anteriores ediciones del certamen:

MIA MADRE

Alguien definía la figura del director de cine, y su cometido a lo largo de una jornada de trabajo, y lo resumía como aquel que se dedica a responder preguntas. En La Noche Americana (La nuit américaine, 1973), Francoise Truffaut hacía una aproximación exacta a la labor del realizador para mezclar ficción y realidad en una cinta imprescindible; con Mia madre, Nanni Moretti sigue la misma estructura —nada nuevo en su estilo que cabalga a lomos del documental—, pero le da una visión muy particular al tema. Digamos que se revuelve contra sí mismo y deforma la trama hasta volverla desencantada y pesimista; hasta llegar a decir que trabajar en el cine es lo peor a lo que uno se puede dedicar.





Pero Moretti hace trampa. Como suele ser habitual en él, el director también participa como actor, pero en esta ocasión deja el protagonismo, su alter ego, en otra persona, en la excelente Margherita Buy. En la actriz recae todo el peso del discurso de Moretti, como si fuera una marioneta en manos del realizador. Ella interpreta a una directora que también se llama Margherita, y que además de pasar por las dificultades propias de un rodaje, acaba de separarse de su pareja, se ha dado cuenta de que su hija adolescente se entiende mejor con su ex y, para colmo, su madre se está muriendo. Para enredarlo todo aún más, la estrella extranjera contratada por la realizadora es un actor (John Turturro) que se comporta de forma extravagante y hace que el rodaje sea aún más caótico.

La maniobra intencionada de Moretti lejos de ocultarla al público, se permite anunciarla cuando la protagonista sostiene que los actores deberían desdoblarse a la hora de interpretar su papel. Algo así como que cada personaje debería tener en todo momento al lado de él al actor que le da vida. Es lo que hace Moretti en la película con respecto a Margherita. Es el hermano de la directora en la ficción, el que se mantiene a su lado para aconsejarla, consolarla y para compartir los momentos duros. Como un ángel que vela por el personaje (hay una secuencia muy explícita en este sentido: un sueño en el que la directora y su hermano aguardan en la cola de un cine para ver El cielo sobre Berlín; el que haya visto la célebre película de Wim Wenders me entenderá). En Mia madre, Moretti juega con doble mano, la de la realizadora (es decir, él mismo) y la suya como actor. Un juego original e interesantísimo que gustará a los fans del cineasta pues es otra vuelta de tuerca más a su ya larga filmografía.


El filme es, por tanto, una delicia en su estructura, en su intención y en la realización. Un drama que no pierde el sentido del humor gracias a las escenas donde John Tuturro se hace con las riendas. Un personaje que, no obstante, tampoco se salva del halo de amargura que preside a la película. Turturro interpreta a un actor en decadencia que también se encuentra harto de su profesión y que pide a gritos, literalmente, volver a la realidad. De nuevo otro personaje que pronuncia las frases que Moretti no se atreve a decir por sí mismo; o mejor dicho que sí se atreve siempre y cuando lo haga utilizando el medio que domina como nadie: el cine.


RAMS: EL VALLE DE LOS CARNEROS

Sin cambiar el tono intimista, pero sí completamente la forma y el fondo, asistimos casi sin tiempo para respirar a la siguiente sesión de cine de autor, en este caso escandinavo:


En un valle de Islandia viven dos hermanos que llevan cuarenta años sin hablarse. Tan frío y distante es el paisaje como la relación entre Gummi y Kiddi. Los dos se dedican a la cría de ovejas a las que quieren como si fueran sus propios hijos. Ambos preparan y presentan a sus mejores carneros al concurso anual de la comarca. El hermano mayor, Kiddi, es el ganador, mientras Gummi se tiene que conformar con un segundo puesto que le sabe a derrota. Desolado, Gummi descubre que el carnero de su hermano tiene todos los síntomas de una enfermedad altamente contagiosa. El descubrimiento inicia una revuelta que pone en peligro todas las explotaciones de la región. Cuando se decreta que los carneros deben ser sacrificados, Kiddi comienza a sospechar que Gummi se ha inventado la epidemia por despecho. Mientras el enfrentamiento parece inevitable, el invierno comienza a hacer estragos.

El valle de los carneros es un drama familiar con una cantidad de premios importante dada su corta vida. Una película con tantos planos rodados en exteriores como intensas son las pulsiones interiores de los dos protagonistas. El director islandés, Grimur Hakonarson, decide narrar el largometraje desde el punto de vista de Gummi. Es el perdedor del concurso, el que desencadena toda una revolución que afectará aún más a la relación con su hermano, y a la sazón vecino, y con toda la región.


El realizador, rueda este drama con toques de comedia —ya decía John Ford que una película sin humor, aunque sea una tragedia, no vale nada—; con cierto suspense gracias a los bien llevados puntos de giro (el último con cambio en el punto de vista y, aunque previsible, muy impactante); y con rigor en la puesta en escena de planos muy bien rodados, donde destacan los bellos encuadres de la campiña islandesa. 

Rams puede parecer un largometraje con una trama sencilla en su enunciación, sin embargo resulta tan compleja como aristas tiene la mente humana. El orgullo y la intolerancia tienen su hueco en la historia; también se acomoda en ella el rencor enquistado que ha logrado bloquear una relación de la misma forma que la nieve obstruye las entradas de las viviendas. ¿Podrán Gummi y Kiddi pasar el invierno sin las ovejas? ¿Se hará la película con el premio del público?


lunes, 2 de noviembre de 2015

FESTIVAL DE CINE EUROPEO DE SEVILLA 2015

La primera quincena de noviembre en Sevilla ya es sinónimo de cine europeo de calidad, y este año no iba a ser menos. Del 6 al 14 se podrá ver en las salas del centro comercial de Nervión, y en los teatros Alameda y  Lope de Vega, una selección de 200 películas con lo más representativo de lo que se ha producido en el viejo continente en el 2015.
Con las habituales secciones a concurso (Sección Oficial, Premios EFA, EURIMAGES, Nuevas Olas, Resistencias, etc.) y con otras igual de interesantes como los ciclos y retrospectivas, el certamen en su duodécima edición se presenta muy atractivo.

A destacar la presencia en la Sección Oficial de directores de la categoría de Marco Bellocchio. Con una impresionante carrera que va desde Las manos en los bolsillos (nuestra favorita de siempre) hasta Buenos días, noche, personal versión del secuestro y asesinato de Aldo Moro, Bellocchio presenta en el festival su último trabajo: Blood of my blood, que ya se ha llevado un premio en el festival de Venecia.

Otros ilustres en el concurso son Philippe Garrel, José Luís Guerín, Amos Gitai, Yorgos Lanthimos (siempre muy bien recibidas sus originales propuestas, véanse las de otros años: Canino, Alps), Matteo Garrone (también habitual en el certamen: Gomorra, Reality) y Miguel Gomes, que ya triunfara con Tabú y que este año presenta nada menos que una trilogía: Las mil y una noches (El desolado, El embelesado y El inquieto).


De la Sección que reúne a los nominados de la Academia de Cine Europea (EFA), a priori habrá que fijarse en Nanni Moretti y su Mía Madre, en Peter Greenaway y el biopic sobre Eisenstein (Eisenstein en Guanajuato) y en una de las favoritas a todos los premios donde se presenta: El valle de los carneros del director islandés Grimur Hakonarson (acaba de ganar la espiga de oro en Valladolid y también gustó en Cannes, entre otros certámenes).


Conciertos, proyecciones de cortometrajes y ciclos para cinéfilos son otras actividades anunciadas por la organización. De todas ellas, yo no me perdería el ciclo dedicado al actor Timothy Spall; la retrospectiva sobre el expresionismo, "Weimar oculto"; y un par de documentales: From Caligari to Hitler, dentro de la sección Las Nuevas Olas,  y Hitchcock/Truffaut, sobre el célebre libro de cabecera de todos aquellos a los que nos gusta el cine clásico.

Como de costumbre, muchas propuestas y poco tiempo para estar a todo. Ahora es cuando viene la primera pega: ¿Qué películas ver?

Bendito problema. De su solución, de lo que da de sí el festival, daremos cuenta en los próximos días.


LEER CRÓNICA Y PELÍCULAS DEL FESTIVAL DE CINE EUROPEO DE SEVILLA 2015


Ver programación del Festival

Ver anteriores ediciones: SEFF14, SEFF13, SEFF12, SEFF11, SEFF10




lunes, 26 de octubre de 2015

EL AUTOREMAKE EN EL CINE: CAPÍTULO 4.2 (III)

Hawks plantea Río Bravo para que la acción se desarrolle alrededor del sheriff Chance, para que las actividades, e incluso la existencia de todos los personajes tengan su razón de ser por la relación que se establece entre ellos y Chance. Quizás el único individuo que puede compartir con Chance el protagonismo de la película sea Dude. De hecho, Hawks decía que Río Bravo era en realidad una película de Dean Martin: “Todo lo que pasa, pasa por el borracho. Al principio y a lo largo de toda la historia”. (Bogdanovich 2007, p. 286). 

Es cierto que el conflicto principal arranca por culpa del alcoholismo de Dude, de su intento de recoger la moneda de la escupidera; es verdad que el ayudante del sheriff es el blanco preferido de los villanos, al que atacan una y otra vez y finalmente capturan, y del que se preocupan Chance y sus amigos para evitar que recaiga en la bebida; ahora bien, todo eso no deja de ser una subtrama más que, como el res­to, tiene como denominador común al personaje interpretado por John Wayne. Para nosotros el tema principal de la película no es el intento de Dude por superar el alcoholismo sino el de Chance por resolver la situación sin pedir ayuda a nadie, con el problema añadido de contar con un borracho como ayudante. 

Robin Wood tampoco opina como Hawks —ni como nosotros— y cree que la importancia de la cinta radica en el conjunto, en el grupo en su totalidad (1982, p. 47). Independientemente de cómo interpretemos la idea central de la cinta, no hay duda que el presentar a dos fuertes personalidades —y a dos actores de primera línea: Wayne y Martin— es una de las claves del éxito de la película. Algunos de los largometrajes importantes de Hawks mantienen la constante de dos amigos enfrentados por el trabajo, por el amor de una mujer o por las dos cosas.[1] Más tarde veremos cómo la ausencia de esta circunstancia en Río Lobo es el gran hándicap del filme.

4.21

Hemos mencionado el arranque de Río Bravo como la secuencia que tiene lugar en el saloon, cuando en realidad la cinta tiene hasta tres comienzos: el primero, el de los créditos, es un espejismo (4.21). Hawks presenta una imagen rodada en exteriores, de día, de una caravana que se aproxima al poblado, justo todo lo contrario a lo que vamos a ver a continuación en un largometraje que discurre en su mayor parte en interiores y con más sombras que luces. A los títulos de crédito le siguen la citada escena donde Dean Martin acude de noche al bar, y donde Joe Burdette se burla de él arrojándole un dólar a la escupidera. Justo después de esta secuencia, y la del arresto del asesino, comienza realmente la película, con la llegada de Wheeler, a la luz del sol, cuando el conflicto ya se ha planteado con Joe Burdette en la cárcel. 

Da la impresión de que la secuencia nocturna del saloon es un inserto entre los títulos de crédito y la llegada de Wheeler, como si fuera un flash-back. La escena dura unos cuatro minutos y al desarrollarse sin palabras es un claro homenaje al cine silente. Comienza con la apertura de la puerta del saloon, un arranque que nos parece mucho más apropiado que el de los créditos ya que al tiempo que Martin penetra en el local, el espectador accede al western de interiores que plantea Hawks.

4.22

Se trata de un plano muy fordiano, si tenemos en cuenta el inicio y el final de Centauros del desierto (The Searchers de John Ford, 1956). Como en la cinta de Ford, Hawks delimita la acción de las tres jornadas en las que se desarrolla la película con dos encuadres de sendas puertas. El que acabamos de comentar es el primero, mientras que el segundo (exacto al de cierre de Centauros…, con Wayne imitando el andar cansino de la cinta de Ford) se produce cuando la acción se abre al exterior (4.22), una vez resuelta la trama de la cárcel. 

Hawks siempre se declaró un admirador del cine de John Ford del que decía que era “el mejor director, sin duda” (Entrevistas TCM) y del que confesó haber visto toda su filmografía. Ambos extrajeron lo mejor de John Wayne que bajo sus órdenes dibujó su registro más característico, el de un hombre fuerte, huraño pero noble, que prefiere los actos a las palabras y por eso evita dar muestras explícitas de amistad, que no se da nunca por vencido y que en Hawks actúa, no sólo como líder, sino como protector del grupo. Para el director, Wayne era “la estrella más grande que nunca ha existido para hacer películas del Oeste” (Hawks citado en Perales 2005, p. 123).





[1] Una novia en cada puerto, La Escuadrilla del Amanecer, Camino a la gloria, Rivales, Vivamos hoy, Pasto de Tiburones, Ciudad sin ley, Águilas heroicas, Río de sangre, Río Rojo, etc.




lunes, 19 de octubre de 2015

EL AUTOREMAKE EN EL CINE: CAPÍTULO 4.2 (II)

Si bien en los créditos se anuncia que el filme se basa en un relato corto de B.H. McCampbell,[1] en realidad el argumento de Río Bravo tiene su origen en la película de Fred Zinnemann, Solo ante el peligro (High Noon, 1952), un western psicológico donde el protagonista (Gary Cooper) es un sheriff que se enfrenta solo a una banda de malhechores después de solicitar, en vano, ayuda a la comunidad. Para Hawks, la actitud del sheriff de Zinnemann era tan reprochable como la de los personajes de El Tren de las 3:10 (3:10 to Yuma de Delmer Daves, 1957), muy en la línea de la anterior, otra película que le sirvió de referencia para escribir Río Bravo. Hawks lo explica delante de las cámaras:

“Algo no cuadra, se supone que el tipo es bueno, que es muy habilidoso con las armas, pero va por ahí, como una perdiz mareada, buscando a gente para que le ayude. Y al final su esposa cuáquera le salva el pellejo […]. Esto es ridículo. Este tipo no era profesional […]. Un prisionero le dice al sheriff: ‘verás cuando mis amigos te cojan’. Y yo dije: Si ese sheriff fuera de los buenos tendría que haberle respondido: ‘será mejor que no me toquen porque la primera bala será para ti’.[2] Empezamos a entrelazar este tipo de cosas y así surgió Río Bravo” (Entrevistas TCM: Howard Hawks).

Con la réplica a la famosa cinta de Zinnemann, Hawks aborda lo que él llamaba segunda etapa de la conquista del Oeste. Tras una primera fase donde se encuadran los exploradores (Río de sangre) y los ganaderos (Río Rojo), ahora les toca el turno a los representantes de la ley para imponer el orden entre los pioneros que se habían instalado en los nuevos territorios. Hawks pasa de los rodajes en exteriores de sus primeros dos “ríos”, a un western claustrofóbico que se desarrolla en únicamente tres o cuatro decorados: la cárcel, el saloon, y el hotel, y que, como quería Hawks, incide más en los personajes, en las relaciones entre ellos, que en la trama. 


Con la renuncia al espacio abierto y el énfasis en los caracteres, Hawks consigue con Río Bravo realizar su película del Oeste más moderna. Y lo es más al contrastar el enfoque avanzado con la inclusión de los elementos tradicionales del género (el sheriff, los pistoleros, el saloon, los jugadores de cartas, etcétera, todos, excepto los ligados a los exteriores como los indios o la caballería), pero también con la forma de narración lineal, con la puesta en escena convencional retratada con un objetivo transparente y, en fin, con el clasicismo ejemplar de Hawks. Es lo que llama Robin Wood “la complejidad de la película por contradicciones aparentes” (1982, p. 40).

Río Bravo es el paradigma del cine tal como lo entendía Hawks. Da la impresión de que el autor quería resumir su obra reuniendo en un solo título a todos los personajes que anteriormente había utilizado, no sólo en sus cintas dramáticas, sino también, como luego veremos, en la comedia. Así, el largometraje lo protagoniza un grupo que se enfrenta a un peligro común, donde figuran el líder, el amigo del líder, con conflicto interno incluido, el joven inexperto, el viejo y, finalmente, la mujer que quiere entablar una relación con el primero, pero es rechazada inicialmente.[3] Todos ellos conectados entre sí para ensalzar los valores de la amistad como tema prioritario, seguidos muy de cerca por los del honor, el deber y la responsabilidad del mando.  






[1] B.H. son las siglas de Barbara Hawks, la hija de Howard Hawks y Athole Shearer (hermana de Norma Shearer, a su vez casada con Irving Thalberg). Además de participar en el argumento, Barbara tuvo algunas ideas tan buenas como la del empleo de la dinamita en el tiroteo final.
[2] Esta frase la emplea Hawks en Río Bravo, cuando Nathan Burdette va a visitar a su hermano a la cárcel y amenaza al sheriff Chance. También la usa en la secuencia donde Dude obliga a toda la banda a dejar las armas en la entrada del pueblo. En El Dorado volverá sobre ella en un par de ocasiones más.
[3] Además de El Dorado y Río Lobo, los ejemplos donde aparecen los mismos personajes, con muy pocas variantes, son múltiples: La Escuadrilla del Amanecer, Sólo los ángeles tienen alas, Tener y no tener, Camino a la gloria, Air Force, Río Rojo, Río de sangre, Hatari!, etc. 



lunes, 12 de octubre de 2015

EL AUTOREMAKE EN EL CINE: CAPÍTULO 4.2 (I)

Continuamos con el capítulo iniciado el año pasado referente a la obra de Howard Hawks. Después de ver el primer epígrafe dedicado a Bola de fuego y a su remake, Nace una canción, ahora nos adentramos en los entresijos de Río Bravo y sus posteriores remakes, El Dorado y Río Lobo. Espero que os gusten:


4.2. ¿A quién le toca hacer de borracho?
4.2.1. Río Bravo (Howard Hawks, 1959).

Ni siquiera Howard Hawks, amparado en su independencia, fue capaz de esquivar la crisis que sacudió al cine en la década de los 50. Ya hemos comentado que la televisión hizo mucho daño a la industria cinematográfica, y que ésta intentó diferenciarse de la pequeña pantalla ofreciendo un producto de gran formato y a todo color. Megaproducciones como Tierra de faraones (Land of the Pharaohs de Howard Hawks, 1955) eran habituales en las salas de la época, si bien los fracasos, cuando sucedían, eran de las mismas proporciones. Desengañado con lo mal aceptada que fue por crítica y público su historia del faraón Keops, Hawks decidió alejarse de la dirección durante cuatro años; tiempo que empleó en viajar a Europa para replantearse su profesión. Al regresar a Los Ángeles tenía unas cuantas cosas claras: ya no volvería a hacer una película histórica, intentaría contar siempre con actores de primera línea [1] y, ante todo, daría prioridad a los personajes sobre la trama.[2] Algo que no era nada nuevo en su forma de entender el cine, pero que en cierto sentido fue más premeditado a partir de ese periodo de reflexión. De esa toma de conciencia habló Hawks en numerosas ocasiones:

“Ha llegado la televisión y han utilizado tantos argumentos que la gente empieza a cansarse […]. Si conseguimos impedir que sepan de qué va la historia, quizás consigamos mantener su interés. Y esto pasa por personajes que den una motivación a la historia: las situaciones suceden porque el personaje ‘cree’, no porque lo escribas tú” (Bogdanovich 2007, p.283).

Con tales premisas, intentó llevar a cabo un viejo proyecto, una película de aventuras que se rodaría en África, con Gary Cooper como protagonista y distribuida por la Warner Brothers.[3] Pero nada salió como estaba previsto, la producción fue cancelada y Hawks se enfrentó a la Warner en un pleito que se saldó con una propuesta: el estudio participaría en la financiación y distribución de la siguiente película de Hawks, Río Bravo, un western que haría el número tres de su carrera.[4]

El guión escrito por Jules Furthman y Leigh Brackett narra cómo el sheriff de Río Bravo, John T. Chance (John Wayne), tras acusar de asesinato y detener a Joe Burdette, se prepara a rechazar el asalto a la cárcel por parte de Nathan Burdette, hermano del primero y cacique del pueblo. Para resistir el ataque cuenta con Dude (Dean Martin), su ayudante, un borracho que ahoga sus penas en alcohol a causa de un desengaño amoroso, y con Stumpy (Walter Brennan), un viejo tullido. Al tiempo que se prepara el enfrentamiento, llegan a Río Bravo, Feathers (Angie Dickinson), una jugadora de cartas perseguida por la justicia, y Wheeler (Ward Bond), un comerciante amigo de Chance que termina por ofrecerle su ayuda. Cuando Wheeler es asesinado por la banda de Burdette, el joven Colorado (Ricky Nelson), guardaespaldas del comerciante, también se ofrece para ayudar al sheriff, que de nuevo rechaza todo tipo de auxilio. Tras una escaramuza, donde Dude se deja sorprender por los matones de Burdette, y donde Feathers y Colorado, sin el consentimiento del sheriff, colaboran para reducir a los pistoleros, Colorado consigue ser admitido en el grupo. El desenlace se precipita cuando de nuevo Dude cae en poder del cacique: Burdette negocia con Chance un intercambio de prisioneros que tiene lugar en las afueras del poblado. Es allí, durante el canje, cuando se produce el último tiroteo que acaba con Burdette y su banda.






[1] Para Tierra de Faraones, Hawks quiso contratar a John Wayne, pero las agencias de casting le impusieron a Jack Hawkins.
[2] También opinaba que las escenas eran más importantes que el argumento: “Sólo debes hacer buenas escenas. Encadenar una escena con la siguiente sin preocuparse por la parte lógica, sin preocuparse por buscar cómo enlazarlas, sólo que sean buenas” (Entrevistas TCM: Howard Hawks)
[3] La película finalmente se rodó en 1962 para la Paramount y tuvo un gran éxito. Se tituló Hatari! y fue protagonizada por John Wayne.
[4] Los dos anteriores fueron Río Rojo (1948) y Río de sangre (The Big Sky, 1952), aunque Hawks también participó en la dirección de El Forajido (The Outlaw de Howard Hughes, 1943) y en Viva Villa (Viva Villa! de Jack Conway, 1934).


martes, 7 de julio de 2015

¡VACACIONES DE VERANO!



Ride away... Aléjate, piérdete en estas vacaciones y disfruta.
Nos vemos a la vuelta.
Abrazos.

What makes a man to wander What makes a man to roam? What makes a man leave bed and board And turn his back on home? Ride away (Ride away), ride away (ride away), ride away ---------------------------------------------- The snow is deep and oh, so white The winds they howl and moan Fire cooks a man his buffalo meat But his lonely heart won't warm Ride away, ride away, ride away

A man will search his heart and soul Go searchin' way out there His peace of mind he knows he'll find But where, oh Lord, Lord where? Ride away, ride away, ride away




viernes, 26 de junio de 2015

ESPECIAL 2 X 1: "EL CAPITÁN BLOOD" y "EL HALCÓN DEL MAR" (Michael Curtiz) (y VI)

Con respecto a la base histórica de El halcón del mar sólo decir que se basa ligeramente en la vida de Sir Francis Drake, el más famoso corsario al servicio de su majestad la reina Isabel I. Las expediciones a las colonias españolas, en especial a Panamá para interceptar a un convoy de oro, y los asaltos a los barcos de la Armada sin previa declaración de guerra, pero contando con el beneplácito de la reina, son algunas de las hazañas del pirata que también se cuentan en la película.



Muchos han querido comparar las dos cintas, El capitán Blood y El halcón del mar. El haber sido dirigidas por Curtiz, interpretadas por Flynn, con el mismo músico e igual productora, ayudan a querer enfrentarlas. Para nosotros la primera de ellas gana con una ligera ventaja. A pesar de ser una producción más limitada, El capitán Blood supera a su compañera en ritmo y la pareja Errol Flynn-Olivia de Havilland funciona mejor que la formada por Flynn y Brenda Marshall. También el villano, Basil Rathbone, le da más empaque al conjunto que el interpretado por Henry Daniell. Y eso que ambos se parecen bastante y que el duelo de El halcón del mar no tiene nada que envidiar al de la primera película, de hecho recuerda mucho al mejor de todos, al de Robín de los bosques, con esas enormes sombras de los dos contendientes que casi se salen de la pantalla. Si pensamos en los premios que ambas producciones cosecharon también vemos una diferencia entre la primera cinta, con tres nominaciones importantes (dirección, guión, producción), frente a la segunda, con mayor reconocimiento técnico.

Además, con El halcón del mar la fórmula parecía estar agotándose. Algunos actores ya no quisieron participar en la película, es el caso de Basil Rathbone y, sobre todo, de Olivia de Havilland muy cansada de ser la consorte de Flynn en cintas de capa y espada. Olivia deseaba probarse como actriz en solitario y repudió sus trabajos anteriores con Flynn. Una vez retirada, y después de ver sus películas en televisión, se dio cuenta de que eran excelentes filmes; quiso enmendar su error y excusarse con su compañero, pero llegó tarde, Errol Flynn ya había muerto.

Errol Flynn, por su parte, sólo hizo un filme más de piratas, La isla de los corsarios (Against all flags, George Sherman, 1952) ya lejos de la Warner y en plena decadencia personal y profesional. Una cinta por la que no será recordado, ni falta que hace: su participación en las dos películas comentadas son suficientes para considerarlo el mejor pirata que haya existido nunca en la gran pantalla.


BIBLIOGRAFÍA:

-Flynn, E. 2003, My Wicked, Wicked Ways: The Autobiography of Errol Flynn, Cooper Square Press Inc., New York.
-Martínez-Hidalgo y Terán, J. 1982, Enciclopedia general del mar, Ediciones Garriga, S.A., Barcelona.
-McNulty, T. 2004, Errol Flynn: The Life and Career, McFarland & Company, Inc., Publishers, Jefferson.
-Moix, T. 1996, La Gran Historia del Cine, ABC, Madrid.
-Padrol, J. 2007, Diccionario de Bandas Sonoras, T&B Editores, Madrid.
-Torres, A.M. 2006, Cine Mundial (de la A a la Z), Espasa Calpe, Madrid.






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lunes, 22 de junio de 2015

ESPECIAL 2 X 1: "EL CAPITÁN BLOOD" y "EL HALCÓN DEL MAR" (Michael Curtiz) (V)

El retraso en la producción de El halcón del mar no sólo fue debido al guión sino también a la fabricación del famoso estudio 21, un enorme tanque de agua en el que cabían dos barcos construidos a escala real: una galera española y un galeón inglés. Un lujo destinado a sustituir las pobres maquetas de El capitán Blood para darle mayor autenticidad a la acción, y para permitir movimientos de cámara tan complejos como el elegante travelling inicial con el que se presenta la dotación del buque pirata.


















De la misma forma, el vestuario que se encargó era el que exigía una superproducción, si bien, resultó más económico de lo previsto al aprovecharse gran parte del utilizado en La vida privada de Elisabeth y Essex (The private life of Elizabeth and Essex, Michael Curtiz, 1939) un largometraje que se desarrollaba en la misma época isabelina. Sólo faltó el color en una película que se rodó en blanco y negro precisamente para esconder entre tonos grises la artificialidad del estudio. Todos estos aspectos técnicos fueron recompensados a la hora de las cuatro nominaciones a los Óscar que se llevó el largometraje: mejor dirección artística, sonido, efectos especiales y… música.

La banda sonora de El halcón del mar es sin duda de lo más destacado de la película. El compositor alemán, Erich Wolfgang Korngold, que había conseguido toda una proeza al debutar de tan buena manera con El capitán Blood, que se había consagrado al lograr la preciada estatuilla con Robín de los bosques, y que había vuelto a las nominaciones con la citada La vida privada de Elisabeth y Essex, volvió a hacer una increíble composición con la nueva cinta de Curtiz: “…un soberbio recital de música descriptiva y un suntuoso poema sinfónico sobre el mar, los galeones, los ataques de los piratas y los grandes duelos a espada.” (Padrol 2007, pg.277). El ejemplo más claro de la excelente factura musical es el que se puede ver en la primera secuencia: pocas veces se han visto imágenes tan bien secundadas por una banda sonora.

El arranque es tan bueno que casi es contraproducente. En efecto, la batalla entre el barco de Thorpe y la galera española es la secuencia mejor rodada de toda la película lo que sin duda es un lastre para el resto del metraje. Digamos que provoca un anticlímax que no se logra superar hasta el último tercio cuando Thorpe y su dotación consiguen liberarse de su condición de galeotes y se vuelven a hacer con un navío.


Esta primera secuencia, rodada con gran verismo en el estudio 21, parece un resumen histórico de cómo los galeones llegaron a superar a las galeras y a sustituirlas a finales de siglo XVI. De hecho, los primeros eran una especie de evolución de las segundas y por eso su nombre procede de la misma raíz etimológica. Si hablamos de la época en la que se desarrolla la película, segunda mitad del siglo XVI entre la batalla de Lepanto (dominada por galeras) y la Armada Invencible (dominada por galeones), las galeras eran de mayor eslora y menor manga, con espolón en la proa y con dos palos (raramente llevaban tres) y velas latinas, a veces cuadras en el trinquete. Los galeones eran más anchos y cortos, de mayor franco bordo, con tres o cuatro palos, sin remos, con velas cuadras en el trinquete y mayor, y latinas en el mesana y contramesana que luego derivarían en cangrejas en el siglo XVIII. En los buques representados en el filme, si bien la arboladura y el trapo de la galera se corresponden con la realidad, sin embargo carece de espolón y el casco no es tan estilizado como debiera ser. Creemos, por tanto, que aunque en la película se nombre como galera se trata más bien de una galeaza; mientras que el galeón sí es bastante fiel al tipo de buque que existía en esos años. De todas formas, lo interesante de la película es que muestra la mejor maniobrabilidad del galeón con respecto a la galeaza: el buque de Thorpe le corta la proa al español, se cruza con él de vuelta encontrada, lo rodea por la popa y lo alcanza del mismo bordo hasta situarse a su altura para finalmente asaltarlo. Las galeazas tuvieron una vida efímera por esa circunstancia, por ser más lentas y de peor condición maniobrera con respecto al galeón, tal como se refleja en la cinta.

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lunes, 15 de junio de 2015

ESPECIAL 2 X 1: "EL CAPITÁN BLOOD" y "EL HALCÓN DEL MAR" (Michael Curtiz) (IV)


El Halcón del mar (The Sea Hawk, 1940).- La situación de la Warner al comienzo del rodaje de El halcón del mar era sensiblemente diferente a la de cinco años atrás cuando se estrenó El capitán Blood. En el estudio ahora reinaban dos estrellas consagradas (Errol Flynn y Olivia de Havilland), un director que ya era el mejor de la productora (Michael Curtiz) y un músico prodigioso: Erich Wolfgang Korngold. Tal circunstancia hizo que Jack L. Warner se plantease la nueva producción de aventuras de una forma también muy distinta.  

En realidad la película se concibió justo después de comprobar el éxito de El capitán Blood, pero las complicaciones con el guión retrasaron la realización del filme. Warner quería explotar la gallina de los huevos de oro que eran las novelas de Sabatini y encargó a sus guionistas la adaptación de la primera novela del célebre autor: “The Sea Hawk”. Un libro que, al igual que “The Captain Blood”, ya se había llevado a la gran pantalla durante el período mudo (Frank Lloyd, 1924), además con bastante más éxito. Los problemas a la hora de encontrar un adecuado tratamiento de la historia exigieron el concurso de hasta cuatro escritores: Robert Neville, Delmer Daves —futuro director—, y los guionistas que finalmente aparecieron en los créditos: Howard Koth y Seton I. Miller. Después de pasar por tantas manos, el libreto resultó completamente diferente al de la versión silente que era bastante fiel a la obra de Sabatini. Tan distinto resultó el guión que realmente de la novela de Sabatini sólo tomaba el nombre de la historia y poca cosa más:

Estamos en 1585, con el dominio mundial de España y la amenaza que representa una posible invasión de Inglaterra por parte de la Armada Invencible. En las Islas Británicas, el capitán Thorpe (Errol Flynn) es un corsario que pertenece a “Los halcones del mar”, pero que prácticamente sigue las órdenes directas de la reina Isabel de Inglaterra (Flora Robson). Thorpe acaba de apresar una galera que llevaba a bordo al embajador español ante la reina de Inglaterra (Claude Rains) y a doña María (Brenda Marshall). Reprendido por la reina, aunque sólo de cara a la galería, y enamorado de doña María, Thorpe parte a una misión en Panamá para interceptar un convoy cargado de oro. La idea es hacerse con el botín en tierra donde nadie lo espera, pero la operación es detectada por espías de palacio y por el embajador español. Ajeno a la conspiración, Thorpe cae en la trampa, es apresado y conducido a galeras con su dotación. Al cabo de un tiempo sirviendo como esclavo, Thorpe consigue escapar llevándose consigo una embarcación española, el nombre del traidor de la corte inglesa (Henry Daniell) y las pruebas de la invasión que se prepara contra los británicos.

La trama de Sabitini se modificó teniendo en cuenta el contexto político de guerra mundial que se vivía en 1940. A nadie se le escapa que el imperio español era un remedo del de Hitler, y que el espiche final de la reina Isabel se refería a la situación extrema que vivía Inglaterra bajo la amenaza de una inminente invasión alemana. Por tal circunstancia, por presentar al rey Felipe II como un tirano que ansiaba gobernar el mundo, la película fue prohibida en nuestro país. En Estados Unidos, por entonces neutral, se cortó un plano del final en el que la flota inglesa del siglo XVI era sustituida poco a poco por buques de guerra contemporáneos, un claro mensaje bélico que sí se mantuvo en la versión que se distribuyó en el Reino Unido.

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lunes, 1 de junio de 2015

ESPECIAL 2 X 1: "EL CAPITÁN BLOOD" y "EL HALCÓN DEL MAR" (Michael Curtiz) (III)

El rodaje se realizó casi todo en estudio debido al bajo presupuesto. Así, la mayoría de los barcos que salen en pantalla, o son maquetas o son recortes de películas anteriores, sobre todo de la muda The Sea Hawk (Frank Lloyd, 1924), otra aventura ideada por Sabatini. Las pocas filmaciones de exteriores de El capitán Blood se realizaron en Laguna Beach, California, un lugar de ambiente sofocante que quería simular el entorno jamaicano y del que Flynn se llevó de recuerdo un rebrote de la malaria que padecía. Enfermedad con la que tuvo que convivir hasta el final de sus días y que le impidió, entre otras cosas, alistarse en las fuerzas armadas durante la Segunda Guerra Mundial.
Del rodaje sin tregua de Curtiz destaca el duelo entre Flynn y Basil Rathbone, un anticipo del que tendrían los dos actores en Robín de los bosques (The Adventures of Robin Hood, 1938). En El capitán Blood, la pelea de capa y espada se salda con la muerte de Rathbone entre las rocas, con las olas como mortaja, en otro de los planos más recordados de la película.


Precisamente Levasseur, el personaje al que da vida Basil Rathbone, es de los pocos reales que hay en el guión. El pirata francés fue un bucanero que gobernó la Isla de la Tortuga. La palabra bucanero viene del lugar donde secaban y salaban las carnes los antiguos colonos franceses. Tan salvajes como los animales que se comían casi crudos, los bucaneros derivaron en piratas saqueadores de barcos y costas. Levasseur fue uno de ellos, acaso el más importante ya que gracias a sus dotes de ingeniero llegó a construir un fuerte llamado “El Palomar” con el que Tortuga llegó a convertirse en el refugio más importante de todo el Caribe. Las películas de bucaneros más famosas se deben a Cecil B. DeMille: Corsarios de Florida (The Buccaneer, 1938) y el remake Los bucaneros (The Buccaneer, 1958), dirigida por su yerno Anthony Quinn, pero supervisada por DeMille en lo que fue su último proyecto antes de morir. 

Aunque el resto de la trama de El capitán Blood es pura ficción, el protagonista Peter Blood es una curiosa mezcla de dos personajes que también existieron en la vida real: por un lado, el escritor francés Alexandre-Olivier Esquemelin, un superviviente de Tortuga que vivió como esclavo del gobernador y que fue vendido a un cirujano que le enseñó el oficio de médico. Su obra, “Bucaneros de América”, se encuentra presente en la película en varios pasajes, entre ellos el singular reparto del botín que tiene en cuenta beneficios extras dependiendo del miembro amputado en la batalla. El otro personaje es el famoso pirata Henry Morgan, al que el rey de Inglaterra lejos de condenarlo a muerte por el saqueo de Panamá, lo nombró gobernador de Jamaica.

La historia ideada por Sabatini tuvo varias versiones, entre ellas una secuela con el hijo de Errol Flynn como protagonista. Todas muy por debajo de la cinta de Curtiz que estuvo a punto de dar la campanada en los Óscar cuando se llevó nada menos que cinco nominaciones. El éxito fue tan sonado que a partir de El capitán Blood ya nada fue igual en la Warner Brothers.



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