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martes, 31 de marzo de 2026
EL ZORRO DE LOS OCÉANOS (The Sea Chase de John Farrow, 1955)
lunes, 16 de marzo de 2026
2 X 1: "EL BARRIO DEL CUERVO" y "AMOR 65" (Bo Widerberg)
El barrio del cuervo (Kvarteret Korpen, 1963)
El primero escritor, después crítico de cine y posteriormente director, Bo Widerberg, inicia en los años sesenta una pequeña revolución en el ámbito cinematográfico sueco cuando denuncia la mala situación de la industria, y el monopolio ejercido por Ingmar Bergman, que lo abarca todo. Después de un corto y una película donde pone en práctica sus teorías, dirige una trilogía formada por El barrio del cuervo, Amor 65 y El terrible Roland, que se encuentra dentro de lo mejor de su carrera.
En la primera cinta, El barrio del cuervo, Widerberg describe la vida de una familia de clase baja, que vive en Malmö en 1936, en un barrio obrero llamado Raven’s End. El hijo mayor, Anders (Thommy Berggren), quiere ser escritor y la llamada de una editorial para hacerle una entrevista hace que sueñe con dejar para siempre el barrio. Mientras tanto su padre alcohólico (Keve Hjelm) no ayuda en las tareas domésticas —es la sufrida madre quien sostiene la casa— y trabaja irregularmente, aquí y allá, en oficios tan humillantes como el de hombre-anuncio.
El largometraje es una suerte de autobiografía del realizador—aunque Widerberg siempre lo ha negado— donde el protagonista, Anders, sufre una tremenda desilusión cuando su aspiración de autor literario no llega a consumarse; además, deja embarazada a su novia de siempre y se emborracha junto a su padre, en lo que parece una premonición de lo que realmente será su vida en el barrio. Un vecindario que sirvió de plató unos años antes de ser demolido en un proceso de gentrificación, que transformó el barrio en un lugar de modernos bloques de apartamentos y tiendas.
Película muy bien rodada y fotografiada, con profusión de interesantes diálogos, donde se nota que se escribió originalmente para ser obra de teatro antes de convertirse en guion de cine. Todo, paradójicamente, muy al modo de las cintas de Ingmar Bergman, quien siempre ha dicho que El barrio del cuervo es una de sus películas preferidas.
Nominado al Óscar a mejor largometraje extranjero, se ha considerado como uno de los mejores filmes suecos de la historia. Desde luego, las actuaciones del trío protagonista son para enmarcar. En especial, destaca el papel depresivo del padre a cargo del actor Keve Hjelm, alcohólico en la vida real y anterior profesor de interpretación de Thommy Berggren. De hecho, fue el joven Berggren —actor fetiche del director— el que sugirió a Widerberg la contratación de Hjelm para hacer de su padre en la ficción.
Amor 65 (Kärlek 65, 1965)
La siguiente película dirigida por Bo Widerberg, después de El barrio del cuervo, fue Amor 65. Se trata de un guion especular donde a un director de cine le cuesta realizar su última película, mientras se acuesta con la mujer de un colega, su matrimonio se tambalea y no termina por romperse gracias al único vínculo que les une: su hija pequeña.
La cinta es sensiblemente diferente a su largometraje anterior. Aquí se notan las teorías de Widerberg sobre el cine cuando, explícitamente, se habla de lo que pretenden las nuevas olas en Europa. Se dice que no hace falta seguir una continuidad, ni incluir en los guiones el convencional inicio, desarrollo y desenlace; o que para Godard las películas tienen que decir la verdad 24 veces por segundo; y que Antonioni sostiene la moralidad de cada angulación de la cámara.
También
hay guiños al cine independiente norteamericano, en concreto al de John Cassavetes
cuando uno de los personajes es Ben Carruthers, que se interpreta a sí mismo, y
se habla de su célebre colaboración con Cassavetes en Sombras (Shadows,
1958).
En Amor 65, vuelven a actuar Keve Hjelm y Thomas Berggren, mientras que también repite el director de fotografía, Jan Lindeström. No obstante, fue la última colaboración entre el operador y Widerberg: ambos chocaban continuamente debido al modo poco convencional de dirigir del segundo.
Rodaje, ahora sí, muy personal: secuencias sin diálogos como las del vuelo de las cometas; y otras experimentales, como aquella de la playa en la que el objetivo se esconde detrás de una hilera de maderos, como barrotes de una cárcel en contraste con la libertad que supone el océano.
lunes, 2 de marzo de 2026
EL AUTOREMAKE EN EL CINE. CAPÍTULO III (y XIV)
Lo quiso la suerte,
ahora veremos, no es precisamente de las mejores películas de Frank Capra, pero sí que
transmite el buen ambiente que había durante la filmación. No sabemos si por
las ganas que tenía de volver a dirigir o por lo bien que se llevó con Bing
Crosby, o por las dos cosas, a Capra le quedó un recuerdo muy grato.[1] Y a Crosby también. Al actor
se le nota relajado en las escenas con el caballo. En el arranque, en una de
las pocas secuencias que no son copia literal del original, Capra demuestra
cómo quería que fuese desde un principio la relación entre Dan y Bill: el
caballo persigue a su dueño por la campiña, empujándole, jugando con él,
insistiendo para que le deje participar en la carrera (3.33). Es una secuencia
rodada en exteriores que se encuentra entre lo más destacado de la cinta
gracias a su espontaneidad, a su aparente improvisación más propia de un documental.
Algo similar ocurre con la mayoría de los números musicales.[2] La técnica que empleó Capra para dotar de realismo y frescura a las tomas se basó en su negativa a usar el playback. Capra opinaba que la grabación en estudio perjudicaba el rodaje porque los actores estaban más preocupados de sincronizar los labios con sus voces pregrabadas que de actuar.
Por esa razón, el realizador usó siempre que pudo la música diegética para acompañar las voces capturadas en directo. En el número “Sunshine Cake”, el ritmo lo consiguen Bing Crosby, Coleen Gray y Clarence Muse golpeando cucharas, platos y demás objetos (3.34); mientras, en la canción “Someplace on Anywhere Road”, el sonido del claxon y una pequeña guitarra son los instrumentos de los que se valen Crosby y Muse para el acompañamiento musical —por cierto, en esa secuencia Crosby le da un beso a Bill en el hocico (3.35), algo que jamás habría hecho Warner Baxter. Si la ejecución de los números musicales es moderna, su relación con la trama es casi inexistente. Todas las canciones son independientes del argumento y no proporcionan elementos dramáticos que hagan avanzar la historia. De ahí que no podamos calificar a la película como un musical propiamente dicho.
Pero no sólo los números son ajenos a la trama, lo peor, y quizás ese sea el principal fallo de la película, es que el personaje que interpreta Bing Crosby también se comporta de forma indiferente. Al menos es lo que parece con la estrella “paseándose” por el largometraje, como si estuviera superpuesto en la pantalla y las imágenes fuesen una gran transparencia; bromeando con unos y otros, y riéndose de los gags de sus compañeros de rodaje, como si fuera un espectador más. Esto último va en claro perjuicio de algunas secuencias como la del restaurante, donde Happy se convierte en una especie de bufón en vez de ser el detonante de las risas del público (3.36).
Nos da la
impresión de que esa no era la intención de Capra cuando se planteó hacer el remake, pero es posible que se dejase
llevar por el atractivo del actor, o que el cineasta fuera cambiando, sin darse
cuenta, el fondo de la cinta para convertirla en, prácticamente, una parodia
del original; un divertimento con Crosby cada vez más lejos del Dan Brooks concebido
por Riskin y por Capra en 1934:
El Dan Brooks
de Crosby se comporta como un vividor, un cínico que no duda en engañar a la
gente con tal de conseguir sus objetivos y que trata con total indiferencia a
Alice, provocando con su actitud que Coleen Gray se quede “sola” en el drama.
Además, en la película de 1950, Dan es soltero y no casado, debido al conservadurismo
predominante en Hollywood en los años cincuenta, una circunstancia ésta que
rebaja claramente la tensión melodramática que subyace entre Dan y Alice. Desde
luego, queda muy lejos del idealista Dan que le canta las cuarenta a Higgins,
del Dan preocupado por su situación financiera, orgulloso y receloso acerca de
la procedencia del dinero. Es curioso cómo un largometraje planteado
formalmente idéntico al original, difiera tanto en el contenido por culpa de la
transformación del personaje central. Y es que el mensaje social que acompañaba
a Dan en Broadway Bill, aquí
desaparece; exactamente igual que ocurre en Un Gangster para un Milagro.
Así, vemos
cómo ambos remakes tienen en la
estrella protagonista la causa de su descalabro. Aunque por distintas razones: mientras
en Un Gangster… es la directa intromisión
de Glenn Ford en el proyecto lo que provoca el fallo; en Lo quiso la suerte, lo que da al traste con el filme es el hecho de
que Bing Crosby sustituya al personaje principal y se interprete a sí mismo.
Dos proyectos
fallidos —bastante peor el remake de Broadway Bill que el de Lady for a Day— que nacieron por motivos
económicos, pero también por la urgente necesidad de Capra de seguir trabajando
en lo que más le gustaba: hacer películas.
Leer el capítulo III desde el inicio
REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS DEL TERCER CAPÍTULO
|
Broadway
Bill (Vídeo)
2006, 2 Entertain Video Ltd., Londres. |
|
Capra, F. 2007, El Nombre delante del Título,
T&B Editores, Madrid. |
|
Carney,
R. 1986, American Vision: The Films of Frank Capra, |
|
Dalio, M.
1944, "Une Conception de la Beauté", en Pague, L. 2004, Frank
Capra: Interviews, University Press of Mississippi, Jackson. |
|
Freedman,
L. 1933, "Frank Capra Thinks Audience Should Help Create Film
Story", en Pague, L. 2004, Frank Capra: Interviews, University
Press of Mississippi, Jackson. |
|
Girona, R. 2008, Frank Capra, Cátedra, Madrid. |
|
Lady
for a Day (Vídeo)
2012, Inception Media Group. LLC, Los Angeles. |
|
McBride, J. 2011, Frank
Capra: The Catastrophe of Success, Univerity Press of |
|
Moix, T. 1996, La Gran Historia del Cine, ABC,
Madrid. |
|
Pocketful
of Miracles (Vídeo)
2001, MGM Home Entertainment, Santa Monica. |
|
Quirk,
L.J. 1990, Fasten Your Seat Belts: The Passionate Life of Bette Davis,
Penguin Bookz Ltd, Londres. |
|
Riding
High (Vídeo)
1994, Paramount Pictures, |
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Scheuer,
P.K. 1934, "Public Doesn't Want to Think, Says Capra", en Pague, L.
2004, Frank Capra: Interviews, University Press of Mississippi,
Jackson. |
|
TCM
Interviews: Frank Capra (Vídeo) 2010, TBS Inc. |
|
Torres, A.M. 2006, Cine Mundial (de la A a la Z),
Espasa Calpe, Madrid. |
|
Willis, D.C. 1988, Frank Capra, Ediciones JC,
Madrid. |
[1] En
sus memorias, Capra dedica varias páginas a explicar algunas anécdotas del
rodaje, tales como la estrategia para lograr que Bing Crosby llegara puntual al
plató; o la técnica, con espejos, para conseguir que el gallo cantara. Algo
imprescindible para seguir la trama, ya que “Skeeter”, el gallo, conseguía con
su canto sacar a Bill de la depresión. Y es que “si no cacarea, no hay gallo;
si no hay gallo […], no hay caballo; si no hay caballo, no hay Bing; si no hay
Bing, no hay Paramount…” (Capra 2007, p.422).
[2] Las
letras de las canciones son obra de Johnny Burke y la música de James Van
Heusen. El director musical de la película es Victor Young, prestigioso
profesional, habitual de la Paramount. También fue compositor de numerosas canciones de
Bing Crosby.
domingo, 8 de febrero de 2026
MARINEROS A LA FUERZA (Saps at Sea de Gordon Douglas, 1940)
domingo, 25 de enero de 2026
EL AUTOREMAKE EN EL CINE. CAPÍTULO III (XIII)
La compañía de siempre de Frank Capra, la Columbia, fue la que acudió al rescate cuando Harry
Cohn aceptó el intercambio que Capra le propuso: el director le entregaría uno
más de los proyectos que Balaban había desestimado, A Woman of Distinction,[1] a cambio de que la Columbia
le cediese a la Paramount los derechos de Broadway Bill y el negativo.[2] Con dicha jugada, Capra
podría rehacer su cinta de 1934 con un considerable ahorro económico al poder
utilizar escenas de la película original tan costosas como las tomas de las carreras
de caballos. También vería realizado su sueño de rodar un musical y de contar
con un protagonista al que le gustasen los caballos: Bing Crosby. El actor era
una de las estrellas disponibles de la Paramount que además estaba encantado
con la idea, tanto que posiblemente fue su intercesión la que resultó decisiva
para que Frank Capra pudiera por fin volverse a poner detrás de la cámara.[3]
Los esfuerzos por economizar condujeron a Capra a reclamar al gremio de guionistas su coautoría en el libreto de Broadway Bill, por aquello de la idea sobre el final. La gestión no llegó a buen puerto, como tampoco lo hicieron los intentos para contratar a Robert Riskin al objeto de que reescribiera el guion.[4] Al principio fue el propio director el que se encargó de las tareas de guionista, pero finalmente acudió a varios escritores del estudio que actualizaron algunas secuencias y añadieron unos pocos diálogos.[5] Fueron cambios poco significativos que se tradujeron en mínimas correcciones al guion técnico a la vista del resultado final: una reproducción casi exacta de lo rodado en 1934. De hecho, muchas secuencias son literalmente extraídas del negativo de Broadway Bill, como las citadas del hipódromo (utilizadas en los créditos y en la escena crucial del final), las de la secuencia del rumor telefónico o las del arranque.
En general, toda la
puesta en escena es calcada al filme original, otra maniobra para ahorrar dólares
que se unía a la de contratar a un director de fotografía que no perdiese mucho
tiempo en iluminar el plató ni en preparaciones costosas, dado que los lugares
donde irían las cámaras y las posiciones de los actores estaban más que
estudiadas de antemano. George Barnes fue finalmente el “eficiente” operador
elegido,[6] un técnico que ya había
trabajado con Capra en Juan Nadie,
que repetiría en Aquí viene el novio
y que ya fotografió a Crosby en uno de los éxitos del actor: Las campanas de Santa María (The Bells of St. Mary’s de Leo McCarey,
1945).
La misma política de eficacia fue la seguida en la contratación de los actores: Capra quería profesionales “de una sola toma”. Gente que fuera capaz de memorizar perfectamente su papel (Crosby era famoso por eso, por tener una “mente fotográfica”) y con la seguridad suficiente para no necesitar demasiados ensayos y para rodar de corrido sin tener que repetir las tomas. El ahorro que le supuso la presencia de una actriz protagonista no muy conocida, Coleen Gray (3.31) —llevaba pocas películas en su haber, pero alguna tan importante como Río Rojo (Red River de Howard Hawks, 1948)—, le permitió a Capra contratar un extenso y excelente elenco de actores secundarios que le aseguraron un rodaje rápido y correcto, en parte porque la mayoría ya había participado en la cinta original.[7]
Entre ellos, Clarence Muse, que repetía como “Whitey”, el mozo de cuadras negro, ahora algo más avejentado; Frankie Darro, volvía a dar vida al jockey Williams, imprescindible para que Capra pudiese usar las tomas de la carrera; y Raymond Walburn, de nuevo como Pettigrew (“Profesor” en vez de “Coronel”), sorprendentemente igual de aspecto físico después de quince años (compárese 3.32 con 3.24, en una de las escenas más graciosas de la película, en la que el timador, el Coronel, cae en su propia trampa). Es precisamente en esa secuencia en la que actúa el entrañable Oliver Hardy en una de sus últimas apariciones en la gran pantalla. Sin Stan Laurel, su inseparable compañero,[8] “El Gordo” hace un pequeño papel, casi un cameo, que mezcla ficción con realidad al presentarse con su bombín característico y su registro cómico habitual en un lugar que, como propietario de caballos que era, solía frecuentar con regularidad en la vida real.
Leer el capítulo desde el inicio
[1] A Woman of Distinction fue finalmente
dirigida por Edward Buzzell en 1950 y
protagonizada por Ray Milland y Rosalind Russell. Aquí se tituló Los Escándalos de la Profesora.
[2] A
partir de ese momento, Broadway Bill
pasó a ser propiedad de la Paramount y permaneció fuera de circulación hasta
1990, todo para no hacerle competencia al remake.
En las posteriores exhibiciones, reestrenos y revisiones de la cinta, el logo
que aparece en los créditos de Broadway Bill
ya no es el de la Columbia sino el de la Paramount.
[3] Al
menos eso era lo que opinaba Capra: “Creo firmemente que de no haber sido por
las presiones de Crosby, la Paramount me habría mantenido sin trabajar durante
años, como un castigo adecuado por liderar a los directores rebeldes” (Capra
2007, p.417).
[4] Sobre
este asunto también hay polémica. La versión oficial es que a Riskin no le
pareció suficiente la oferta de la Paramount. La oficiosa es completamente
contraria: la viuda del escritor, Fay Wray, siempre sostuvo que Riskin quería
participar en el proyecto, pero que fue Capra el que no le dejó.
[5] Hasta
seis guionistas colaboraron en el nuevo guion, aunque en los créditos sólo
constan dos: Melville Shavelson y Jack Rose.
[6] El
director de fotografía contratado inicialmente fue Ernest Laszlo. Aparece en
los créditos junto a George Barnes, pero pronto fue despedido por no poner
mucho de su parte para hacer que Crosby aparentase menor edad, sobre todo en
las escenas que compartía con su pareja, Coleen Gray, veinte años más joven que
él.
[7] Hasta
diez actores repitieron colaboración, casi todos representando el mismo papel:
Raymond Walburn, Clarence Muse, Ward Bond, Douglas Drumbille, Frankie Darro,
Margaret Hamilton, Charles Lane, Pat Moriarty, Irving Bacon y Paul Harvey.
[8] Hardy
sólo actúo sin “El Flaco” en dos ocasiones más: Zenobia (Gordon Douglas, 1939) y El Luchador de Kentucky (The
Fighting Kentuckian de George Waggner, 1949). Su última aparición en la gran pantalla fue
justo después de Lo quiso la suerte,
por supuesto con Stan Laurel: Atoll K (Leo
Joannon, 1951).
lunes, 12 de enero de 2026
EL HIDALGO DE LOS MARES (Captain Horatio Hornblower, R.N. de Raoul Walsh, 1951)
domingo, 28 de diciembre de 2025
EL AUTOREMAKE EN EL CINE. CAPÍTULO III (XII)
3.2.2. Lo quiso la suerte (Riding High de Frank Capra, 1950).
Igual que el proceso de la creación de Un Gangster para un Milagro se encuentra ligado a Glenn Ford, el nacimiento y la producción del otro remake de Capra, Lo quiso la suerte, también va asociado a un actor de cine: Bing Crosby. En realidad, todas las películas del director, tras su aventura como productor independiente, son cintas comerciales al servicio de unas estrellas en concreto.[1] Al parecer esa era la única fórmula posible que el director veía para volver a trabajar, aunque fuera renunciando a la libertad de crear el cine que él quería; aunque fuera para confirmar la decadencia como realizador antes de su retirada definitiva.
El propio
Capra confirmó en sus memorias, y en diversas entrevistas, que tras la venta de
Liberty Films a la Paramount ya no volvió a ser el mismo.[2] Capra cayó en la trampa
que no quería para sus personajes: ser engullido por una gran empresa. Los problemas
de financiación y el miedo a seguir produciendo sus propias películas al margen
del sistema establecido —y el millón de dólares que la Paramount le dio, más un
contrato como director— fue lo que motivó su vuelta a la dependencia de unos
estudios. Algo de lo que siempre se arrepintió, sobre todo después de ver como
la Paramount rechazaba, uno tras otro, todos sus proyectos. Aunque los
directivos siempre esgrimían razones económicas, Capra sospechó que existían
otras motivaciones ocultas, derivadas de las acusaciones de pertenecer al
partido comunista y del hecho de haber liderado un movimiento de rebeldía
contra el sistema de producción tradicional.
Las causas achacables a la escasez de presupuesto tenían su origen en la nueva legislación anti-trust de 1948, en la caída de la demanda de las entradas de cine producida tras la guerra y en la creciente subida de la televisión. Todos estos factores obligaron a los estudios a llevar a cabo políticas de recortes de gastos como la conocida “Ley Balaban” de la Paramount: Barney Balaban, que dirigía el estudio desde Nueva York, implantó la norma de no producir películas que costasen más de un millón y medio de dólares.[3]
Esgrimiendo la limitación de costes como causa principal, Capra vio cómo sus propuestas eran ninguneadas, mientras observaba cómo sus compañeros de la extinta Liberty Films llevaban a cabo proyectos tan exitosos —y costosos— como La Heredera (The Heiress de William Wyler, 1949) o Un Lugar en el Sol (A Place in the Sun de George Stevens, 1951), ambas con un presupuesto por encima del tope impuesto por Balaban. Algo que debió ser bastante frustrante para Capra, igual que ver cómo viejas propuestas suyas de su periodo Paramount fueron posteriormente dirigidas por otros colegas (en especial por su exsocio William Wyler), con gran éxito de crítica y público.[4]
Capra confirmó
su teoría cuando le rechazaron películas que había propuesto rodar en exteriores
y con actores desconocidos para ahorrar dinero; o remakes de viejos éxitos de la Paramount, para no pagar derechos de
autor. Las excusas eran del tipo: “De Capra no deseamos filmes de ‘relleno’
rodados en localizaciones. Deseamos películas que podamos publicitar a bombo y
platillo, y grandes nombres de estrellas con las que podamos llenar los cines.
A un buen precio…” (Capra 2007, p.416). Pero claro, “grandes estrellas” y “buen
precio” eran conceptos excluyentes, así que todo parecía indicar que el
director no volvería a los platós a menos que expusiera una idea que les
resultase tan difícil de rechazar que no tuvieran más remedio que levantarle el
“castigo”.
Leer el capítulo desde el inicio
[1] Son cuatro películas: Lo quiso la suerte y Aquí viene el novio, ambas con Bing Crosby, y, recordemos, Millonario de Ilusiones con Frank Sinatra y Un Gangster para un Milagro con Glenn Ford.
[2]
Liberty Films fue una empresa creada en 1946 por Capra y sus compañeros de
armas en la Segunda Guerra Mundial: William Wyler, George Stevens y Sam
Briskin. En el seno de dicha compañía, Capra realizó ¡Qué bello es vivir! (1946) y
El estado de la Unión (State of The Union, 1948). Dos películas
personales que a la postre resultaron sus últimos largometrajes importantes, pero
que le colocaron en el punto de mira, sobre todo el segundo filme, del senador
McCarthy y su Comité de Actividades Antiamericanas.
[3] La
“Ley Balaban” se basaba en la siguiente premisa: para que una cinta pudiera
obtener beneficios, la recaudación en taquilla debía ser el doble que el gasto
de producción. En aquellos tiempos de baja demanda, Balaban estimaba que
ninguna película podía recaudar más de tres millones de dólares en taquilla, de
ahí que para obtener beneficios las películas no podían sobrepasar el millón y
medio de dólares (Capra 2007, p.417). Según McBride la cifra tope eran dos
millones (2011, p.548).
[4] Como Vacaciones en Roma (Roman Holiday de William Wyler, 1953), La Gran Prueba (Friendly Persuasion
de Wyler, 1956) o Caravana de Mujeres
(Westward the Women de William A.
Wellman, 1951).
domingo, 14 de diciembre de 2025
LA MUJER PIRATA (Anne of the Indies de Jacques Tourneur, 1951)
domingo, 30 de noviembre de 2025
AUTORRETRATOS DE CINE.
"Autorretratos de cine es un viaje único a través de cincuenta películas de Hollywood en las que sus directores decidieron ponerse también frente a la cámara. Desde el clásico El gran dictador (1940) hasta cintas recientes como En un lugar salvaje (2021), pasando por largometrajes tan conocidos como Ciudadano Kane, Braveheart, Bailando con lobos, Manhattan o Sin Perdón, Fernando de Cea recorre, con rigor y amenidad, títulos clásicos y contemporáneos que configuran una mirada distinta a la historia del séptimo arte.
Entre anécdotas,
análisis y retratos de carreras singulares, este libro descubre el valor de
esos cineastas que eligieron doblarse en dos: creadores y protagonistas de sus
propias obras, y las distintas motivaciones que les impulsaron a hacerlo. Un
ensayo original y apasionante que fascinará tanto a cinéfilos como a lectores
en general".
El índice de la obra es el siguiente:
ÍNDICE:
Introducción
1. CHARLES CHAPLIN: EL GRAN DICTADOR (1940)
2. ORSON WELLES: CIUDADANO KANE (1941)
3. ROBERT MONTGOMERY: PERSECUCIÓN EN LA NOCHE (1947)
4. IDA LUPINO: EL BÍGAMO
(1953)
5. MARK STEVENS: TIME
TABLE (1956)
6. MARLON BRANDO: EL
ROSTRO IMPENETRABLE (1961)
7. JERRY LEWIS: EL
PROFESOR CHIFLADO (1963)
8. DENNIS HOPPER: EASY
RIDER (BUSCANDO MI DESTINO) (1969)
9. PETER FONDA: HOMBRE
SIN FRONTERAS (1971)
10. BARBARA LODEN: WANDA
(1971)
11. ELAINE MAY: CORAZÓN
VERDE (1971)
12. JOHN CASSAVETES:
NOCHE DE ESTRENO (1977)
13. WOODY ALLEN: MANHATTAN
(1979)
14. WARREN BEATTY: ROJOS
(1981)
15. ROB REINER: THIS IS SPINAL
TAP (1984)
16. GENE WILDER: LA
MUJER DE ROJO (1984)
17. SPIKE LEE: HAZ LO
QUE DEBAS (1989)
18. KEVIN COSTNER:
BAILANDO CON LOBOS (1990)
19. BARBRA STREISAND: EL
PRÍNCIPE DE LAS MAREAS (1991)
20. GARY SINISE: DE
RATONES Y HOMBRES (1992)
21. EDWARD JAMES OLMOS:
AMERICAN ME (SIN REMISIÓN) (1992)
22. CLINT EASTWOOD: SIN
PERDÓN (1992)
23. ROBERT DE NIRO: UNA
HISTORIA DEL BRONX (1993)
24. EDWARD BURNS: LOS
HERMANOS MCMULLEN (1995)
25. MEL GIBSON:
BRAVEHEART (1995)
26. TOM HANKS: THE
WONDERS (1996)
27. BILLY BOB
THORNTON: EL OTRO LADO DE LA VIDA (1996)
28. STEVE BUSCEMI: TREES
LOUNGE – UNA ÚLTIMA COPA (1996)
29. KENNETH BRANAGH: HAMLET
(1996)
30. JOHNNY DEPP: THE BRAVE
(1997)
31. VINCENT GALLO:
BUFFALO ’66 (1998)
32. ROBERT REDFORD: EL
HOMBRE QUE SUSURRABA A LOS CABALLOS (1998)
33. AL PACINO: CHINESE
COFFEE (2000)
34. ED HARRIS: POLLOCK
(2000)
35. BILL PAXTON:
ESCALOFRÍO (2001)
36. DAVID DUCHOVNY:
DELITOS MENORES (2004)
37. ZACH BRAFF: ALGO EN
COMÚN (2004)
38. TOMMY LEE JONES: LOS
TRES ENTIERROS DE MELQUIADES ESTRADA (2005)
39. GEORGE CLOONEY: BUENAS
NOCHES, Y BUENA SUERTE (2005)
40. EMILIO ESTÉVEZ: BOBBY
(2006)
41. JODIE FOSTER: EL
CASTOR (2011)
42. BEN AFFLECK: ARGO
(2012)
43. BEN STILLER: LA VIDA
SECRETA DE WALTER MITTY (2013)
44. JOHN TURTURRO:
APRENDIZ DE GIGOLÓ (2013)
45. RUSSELL CROWE: EL
MAESTRO DEL AGUA (2014)
46. DENZEL WASHINGTON:
FENCES (2016)
47. JAMES FRANCO: THE
DISASTER ARTIST (2017)
48. EDWARD NORTON:
HUÉRFANOS DE BROOKLYN (2019)
49. VIGGO MORTENSEN: FALLING
(2020)
50. ROBIN WRIGHT: EN UN
LUGAR SALVAJE (2021)
Apéndice. En el tintero…
Bibliografía
Índice de películas citadas.
























