Lo quiso la suerte,
ahora veremos, no es precisamente de las mejores películas de Frank Capra, pero sí que
transmite el buen ambiente que había durante la filmación. No sabemos si por
las ganas que tenía de volver a dirigir o por lo bien que se llevó con Bing
Crosby, o por las dos cosas, a Capra le quedó un recuerdo muy grato.[1] Y a Crosby también. Al actor
se le nota relajado en las escenas con el caballo. En el arranque, en una de
las pocas secuencias que no son copia literal del original, Capra demuestra
cómo quería que fuese desde un principio la relación entre Dan y Bill: el
caballo persigue a su dueño por la campiña, empujándole, jugando con él,
insistiendo para que le deje participar en la carrera (3.33). Es una secuencia
rodada en exteriores que se encuentra entre lo más destacado de la cinta
gracias a su espontaneidad, a su aparente improvisación más propia de un documental.
Algo similar ocurre con la mayoría de los números musicales.[2] La técnica que empleó Capra para dotar de realismo y frescura a las tomas se basó en su negativa a usar el playback. Capra opinaba que la grabación en estudio perjudicaba el rodaje porque los actores estaban más preocupados de sincronizar los labios con sus voces pregrabadas que de actuar.
Por esa razón, el realizador usó siempre que pudo la música diegética para acompañar las voces capturadas en directo. En el número “Sunshine Cake”, el ritmo lo consiguen Bing Crosby, Coleen Gray y Clarence Muse golpeando cucharas, platos y demás objetos (3.34); mientras, en la canción “Someplace on Anywhere Road”, el sonido del claxon y una pequeña guitarra son los instrumentos de los que se valen Crosby y Muse para el acompañamiento musical —por cierto, en esa secuencia Crosby le da un beso a Bill en el hocico (3.35), algo que jamás habría hecho Warner Baxter. Si la ejecución de los números musicales es moderna, su relación con la trama es casi inexistente. Todas las canciones son independientes del argumento y no proporcionan elementos dramáticos que hagan avanzar la historia. De ahí que no podamos calificar a la película como un musical propiamente dicho.
Pero no sólo los números son ajenos a la trama, lo peor, y quizás ese sea el principal fallo de la película, es que el personaje que interpreta Bing Crosby también se comporta de forma indiferente. Al menos es lo que parece con la estrella “paseándose” por el largometraje, como si estuviera superpuesto en la pantalla y las imágenes fuesen una gran transparencia; bromeando con unos y otros, y riéndose de los gags de sus compañeros de rodaje, como si fuera un espectador más. Esto último va en claro perjuicio de algunas secuencias como la del restaurante, donde Happy se convierte en una especie de bufón en vez de ser el detonante de las risas del público (3.36).
Nos da la
impresión de que esa no era la intención de Capra cuando se planteó hacer el remake, pero es posible que se dejase
llevar por el atractivo del actor, o que el cineasta fuera cambiando, sin darse
cuenta, el fondo de la cinta para convertirla en, prácticamente, una parodia
del original; un divertimento con Crosby cada vez más lejos del Dan Brooks concebido
por Riskin y por Capra en 1934:
El Dan Brooks
de Crosby se comporta como un vividor, un cínico que no duda en engañar a la
gente con tal de conseguir sus objetivos y que trata con total indiferencia a
Alice, provocando con su actitud que Coleen Gray se quede “sola” en el drama.
Además, en la película de 1950, Dan es soltero y no casado, debido al conservadurismo
predominante en Hollywood en los años cincuenta, una circunstancia ésta que
rebaja claramente la tensión melodramática que subyace entre Dan y Alice. Desde
luego, queda muy lejos del idealista Dan que le canta las cuarenta a Higgins,
del Dan preocupado por su situación financiera, orgulloso y receloso acerca de
la procedencia del dinero. Es curioso cómo un largometraje planteado
formalmente idéntico al original, difiera tanto en el contenido por culpa de la
transformación del personaje central. Y es que el mensaje social que acompañaba
a Dan en Broadway Bill, aquí
desaparece; exactamente igual que ocurre en Un Gangster para un Milagro.
Así, vemos
cómo ambos remakes tienen en la
estrella protagonista la causa de su descalabro. Aunque por distintas razones: mientras
en Un Gangster… es la directa intromisión
de Glenn Ford en el proyecto lo que provoca el fallo; en Lo quiso la suerte, lo que da al traste con el filme es el hecho de
que Bing Crosby sustituya al personaje principal y se interprete a sí mismo.
Dos proyectos
fallidos —bastante peor el remake de Broadway Bill que el de Lady for a Day— que nacieron por motivos
económicos, pero también por la urgente necesidad de Capra de seguir trabajando
en lo que más le gustaba: hacer películas.
Leer el capítulo III desde el inicio
REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS DEL TERCER CAPÍTULO
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Bill (Vídeo)
2006, 2 Entertain Video Ltd., Londres. |
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Capra, F. 2007, El Nombre delante del Título,
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Girona, R. 2008, Frank Capra, Cátedra, Madrid. |
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Torres, A.M. 2006, Cine Mundial (de la A a la Z),
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Willis, D.C. 1988, Frank Capra, Ediciones JC,
Madrid. |
[1] En
sus memorias, Capra dedica varias páginas a explicar algunas anécdotas del
rodaje, tales como la estrategia para lograr que Bing Crosby llegara puntual al
plató; o la técnica, con espejos, para conseguir que el gallo cantara. Algo
imprescindible para seguir la trama, ya que “Skeeter”, el gallo, conseguía con
su canto sacar a Bill de la depresión. Y es que “si no cacarea, no hay gallo;
si no hay gallo […], no hay caballo; si no hay caballo, no hay Bing; si no hay
Bing, no hay Paramount…” (Capra 2007, p.422).
[2] Las
letras de las canciones son obra de Johnny Burke y la música de James Van
Heusen. El director musical de la película es Victor Young, prestigioso
profesional, habitual de la Paramount. También fue compositor de numerosas canciones de
Bing Crosby.




















