domingo, 18 de octubre de 2026

2 X 1: "EL EFECTO DE LOS RAYOS GAMMA SOBRE LAS MARGARITAS" y "EL ZOO DE CRISTAL" (Paul Newman)

El efecto de los rayos gamma sobre las margaritas (The Effect of Gamma Rays on Man-in-the-Moon Marigolds, 1972) 

El actor Paul Newman, leyenda del cine mundial, después de una excelente filmografía en los años cincuenta y primeros sesenta cae en un cine irregular al simultanear buenos largometrajes con películas de escaso interés, muchas de ellas dirigidas por su amigo Martin Ritt. Quizás por ese motivo, a finales de la década, comienza una carrera paralela como director. 

De las cintas que realizó destacan las interpretadas por su mujer Joanne Woodward; actriz que no dio su mejor versión cuando participaba en los filmes que protagonizaba su marido, pero que brilló especialmente cuando Newman la dirigió. La prueba está en las dos cintas que hoy traemos. 

La primera de ellas, El efecto de los rayos gamma sobre las margaritas, es una versión de la homónima obra de teatro de Paul Zindel, ganadora del premio Pulitzer. Narra la vida de Beatrice (Joanne Woodward), una viuda excéntrica, que ocupa su vida con los anuncios clasificados, y de sus hijas: Ruth, alocada, epiléptica y en plena adolescencia, que parece seguir los pasos de su madre; y Matilda (interpretada por Nell Potts, a la sazón hija de Joanne Woodward y Paul Newman), tranquila, excelente alumna, que pasa su tiempo estudiando y cuidando a sus conejos.

 

El título se refiere a la práctica de ciencias que Matilda debe presentar en clase y trata de cómo se comportan las plantas al ser atravesadas por los rayos gamma: mientras unas se echan a perder, otras mutan, se transforman, florecen y salen adelante. Clara metáfora de, no solo la película, sino de la vida en general: las personas se comportan de distinta manera en entornos tóxicos y hostiles (como el de la casa de Beatrice), unas se hunden (Ruth) y otras son capaces de prosperar superando las adversidades de la vida (Matilda). 

Hay un párrafo que resume la película cuando Beatrice responde a Matilda, que dice que se encuentra estudiando la vida media de las plantas. La madre dice algo como “¿Ciencia eh? Pues dile al señor Goodman (el profesor de ciencias) que aquí hay mucho trabajo por hacer, así que más le vale no contar con que te pases los días ocupada con la «vida media». Dile que, si quiere saber algo sobre la vida media, puede venir a preguntarme a mí; yo soy la vida media en persona. Tengo una hija medio loca, otra que es medio tubo de ensayo y una casa medio llena de cagarrutas de conejo”. 

 

El zoo de cristal (The Glass Menagerie, 1987) 

De nuevo Paul Newman filma a su mujer en lo que sería su canto del cisne como director. Otra película basada en una obra de teatro: se trata de la adaptación de The Glass Menagerie de Tennessee Williams (ya se hizo una buena versión cinematográfica en 1950 a cargo de Irving Rapper, con Kirk Douglas, Jane Wyman, Gertrude Lawrence y Arthur Kennedy), y de nuevo Joanne Woodward, en lo que podría ser una continuación de Los efectos de los rayos…, encarna, otra vez, a una madre peculiar con dos hijos a su cargo: 

Estamos en los años treinta —de hecho, hay referencias a la guerra civil española— y Amanda (Joanne Woodward en un papel que ya interpretó en el teatro) vive sola (su marido la dejó) y proyecta sus frustraciones sobre sus hijos: Tom (John Malkovich), que sufre el control de su madre mientras trabaja en un almacén muy a pesar suyo; y Laura (Karen Allen. Años antes la propia Joanne Woodward también se hizo con el papel de Laura en el teatro), tullida, tímida y acomplejada, dedica su tiempo a una colección de pequeños animales de cristal (el título de la película). Amanda se desvive por su hija para que sea feliz, y sueña con que la visitan pretendientes; mientras, persigue a Tom para que no se comporte como su padre. Este desea abandonar la asfixiante vivienda para viajar y recorrer el mundo, pero teme dejar a su frágil hermana sola con su madre. Cuando Tom invita a cenar a su casa a Jim (James Naughton), un compañero del trabajo, salen a relucir todas los fracasos y las desilusiones de la familia. 

Entorno claustrofóbico del que escapa Tom cuando se va todas las noches al “cine”, es lo que le dice a Amanda, cuando en realidad bebe a escondidas como su padre, justo lo que más teme la madre. Por otro lado, el tema de la lisiada es como el elefante en la habitación: Amanda no quiere ni nombrarlo cuando todos piensan en ello, en especial la hija, y es la causa de todas sus desdichas desde el instituto. Laura dejó los estudios por ese motivo, porque todos la miraban cuando llegaba tarde a clase cojeando. 

El desesperanzador final de esta película, que es casi una obra de teatro filmada, no tiene nada que ver con el más optimista de la versión de 1950. Con un único escenario en la cinta de 1987, la destartalada vivienda de la familia, destacan las excelentes interpretaciones del exiguo elenco: A Joanne Woodward, que lleva el peso de la película, le acompañan un joven John Malkovich, que exhibe su buen hacer en las tablas, y Karen Allen, que demuestra que hay vida después de Indiana Jones. 

La historia desemboca en la última secuencia, que dura casi un tercio de la película, cuando el hijo invita a un amigo a cenar y todo se vuelve del revés: la madre quiere dar una buena impresión para que su hija pueda salir de su mundo (tan introvertida como Matilda en la citada El efecto de los rayos gamma…), mientras el invitado parece interesarse por ella...






domingo, 4 de octubre de 2026

EL AUTOREMAKE EN EL CINE. CAPÍTULO II (4)

Si bien el personaje que encarna Lon Chaney no se encuentra tan definido como en cintas posteriores, en Fuera de la ley ya presenta el carácter torturado que puede desatar una violencia sin control como la de la secuencia final. La presencia del actor enmarca la trama: aparece en el arranque y en la conclusión, es decir en lo mejor de la cinta. Browning contiene la actuación de Chaney durante la mayor parte del metraje. Lo hace con toda la intención para jugar con el público que aguarda con expectación, que sabe que de un momento a otro va a pasar algo. Y es que a la tensión de la trama se le suma la que aporta el propio Chaney: el espectador se pregunta qué sorpresa final estará preparando el actor cuando éste aparece tras la puerta del piso de Molly y Bill. Browning lo sitúa entre los dos; ya sabemos que queda poco para que estalle la tormenta (2.9). 

Es el “efecto Chaney”, el activo extra que sumaba el actor a cualquier película que tenía la suerte de contar con su participación. En este caso, la violencia interior de Blackie emerge por fin en la pelea que resuelve la trama; es cuando el rostro de Chaney acumula tal rabia que se transforma para entrar a formar parte de su particular galería de monstruos (2.10). 

Y de nuevo llegamos a los freaks de Browning casi siempre presentes en su obra —y en su vida, como hemos visto—, con Chaney al frente de todos ellos. Aquí tampoco faltan: así, tenemos a Humpy, el sicario de Blackie, un enano que se cuela en todos los tugurios (2.11); a las chinas discípulas de Chang Low, unas orientales también bajitas a las que el maestro alecciona con proverbios de Confucio (2.13), y, por último, al niño que seduce a Molly y a Bill. El pequeño no es ningún ser deforme, pero destaca tanto por su interpretación que da la impresión de que una persona mayor se ha apoderado de su cuerpo (2.12). Quizás por eso nos recuerda al diminuto Harry Earles, un actor por el que Browning tenía cierta debilidad, especializado en personajes tan diabólicos como Hans de La Parada de los Monstruos o Tweedledee y Midget en las dos versiones de El Trío Fantástico. Unas caracterizaciones, estas últimas, especialmente desagradables cuando Earles se disfrazaba de bebé para cometer sus crímenes.

La dirección de Browning, la participación estelar de Priscilla Dean y Lon Chaney, y una historia de gánsteres en el barrio chino, con la ley seca recién estrenada, eran ingredientes más que suficientes para que Fuera de la Ley  se promocionara como una “Universal Jewel”, una etiqueta que Carl Laemmle daba a los productos de su estudio más prestigiosos o a los de mayor presupuesto. No sólo el fundador de la Universal estaba orgulloso de la cinta, Tod Browning también le tenía un cariño especial: “su amor por la historia, escrita por el mismo, quedará patente en el hecho que no vacilará en realizar un remake en 1930” (Aguilar 2011, p.654).

Continuará...

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domingo, 20 de septiembre de 2026

CUANDO TODO ESTÁ PERDIDO (All is Lost de J.C. Chandor, 2013)

El 2013 fue el año de las películas sobre viajes existenciales en solitario; el año de Gravity (Alfonso Cuarón),  que se llevó nada menos que siete Óscar y estuvo nominada a un total de diez. Pero también fue el año de otro tipo de travesías protagonizadas por héroes que se enfrentaban ellos solos a la naturaleza; al mar. Fue el año de En solitario (En solitaire, Christophe Offenstein), una cinta francesa basada en hechos reales que tomaba como punto de partida la vuelta al mundo a vela sin más tripulación que el patrón, y sin escalas; y el año de Cuando todo está perdido, en mi opinión la mejor de todas:


A 1.700 millas del estrecho de Sumatra, el velero “Virginia Joan” choca contra un contenedor a la deriva. A bordo viaja solo “nuestro hombre” (Robert Redford). La avería es muy seria, tanto que ha inundado parcialmente la cabina. Después de una serie de maniobras para separar el yate del contenedor, nuestro hombre consigue tapar el boquete y achicar todo el agua, pero se avecina un temporal. El barco se encuentra a merced de olas y viento y vuelve a inundarse. Ni el ancla flotante ni otras medidas de emergencia consiguen lo inevitable, que el velero comience a hundirse...

El arranque de la cinta ya vincula al público con el héroe cuando se oye la voz de nuestro hombre leyendo la nota que acaba de escribir donde pide perdón por no haber logrado sobrevivir a pesar de haberlo intentado todo. Después viene un largo flashback donde la acción se remonta a ocho días atrás y se divide en dos partes: la primera a bordo del velero, y la segunda en la balsa salvavidas. En ambas mitades se narran los intentos desesperados de nuestro hombre por permanecer vivo hasta el momento en el que escribe ese misterioso mensaje. ¿A quién va dirigido y qué significa?

Quizás la clave de todo se encuentre en los rivales del protagonista. Que no son otros que la propia naturaleza, la civilización que avanza implacable, y la arrogancia del hombre que cree estar por encima de cualquier situación y dominar a los elementos. Confía en los aparatos electrónicos, en la navegación por satélite, en el móvil y demás inventos que la sociedad pone a su disposición. Pero a la vez menosprecia las amenazas y se permite el lujo de, por ejemplo, no dedicar tiempo a estudiar la navegación clásica con el sextante, instrumento que se encuentra sin estrenar y que tiene que aprender sobre la marcha. 


A nuestro hombre le sorprenden durmiendo las acciones de sus oponentes en varias ocasiones, y se despierta cuando ya es demasiado tarde. Se trata de un toque de atención del director sobre la irresponsabilidad de viajar solo, sobre lo infravalorada que la especie humana tiene a la naturaleza cuyo poder es ilimitado como se demuestra en las dos secuencias de los temporales. El realizador juega incluso con el punto de vista de la Tierra cuando rueda imágenes submarinas justo debajo de la balsa. La vida marina, todo armonía, se desarrolla allí con placidez mientras el náufrago sufre lo indecible por mantenerse vivo en la superficie.

Pero el verdadero monstruo del largometraje es el desarrollo humano insostenible. Representado por el contenedor a la deriva —de amenazante color rojo y ¡lleno de zapatos!, cínica paradoja que se ríe del bien de consumo destinado para andar por la tierra y totalmente inservible en la mar—, el imparable mundo capitalista se muestra despiadado con nuestro hombre. En primer lugar lo coloca en una situación extrema cuando el velero colisiona con él; más tarde lo desprecia cuando los barcos pasan de largo (otros porta contenedores iguales al mercante responsable de haber perdido la carga con la que colisiona el “Virginia Joan”) sin dignarse en mirar al protagonista del filme, insignificante en comparación con ellos.

Las palabras del prólogo “lo he intentado, pero todo está perdido”, se refieren a lo irreversible del mundo en el que vivimos, abocado hacia el desastre. Al menos, para nuestro hombre es así. Cuando se hunde en el profundo y oscuro océano y cierra los ojos, da la impresión de que ha fallecido, de que la claridad que ve en la superficie es la luz divina —y, por tanto, la mano se la tiende Dios. 


El post es un extracto corregido para la ocasión del capítulo dedicado a Cuando todo está perdido en mi libro: CINE Y NAVEGACIÓN. Los 7 mares en 70 películas





domingo, 6 de septiembre de 2026

2 X 1: "TÚ ERES MÍO" y "EL DIABLO BURLADO" (Sam Wood)

Tú eres mío (Hold Your Man, 1933) 

Uno de los grandes directores de la Metro Goldwyn Mayer en los años treinta fue sin duda Sam Wood, que dirigió a las más rutilantes estrellas del firmamento cinematográfico. Antes de que se estableciera el código Hays, Wood, conservador donde los haya, rodó una película que tenía elementos progresistas en el guion y en la puesta en escena: 

Se trata de Tú eres mío, una comedia divertida, desenfadada y atrevida, como todas las pre-code, protagonizada por Clark Gable y Jean Harlow. El primero es un estafador de poca monta y un poco bruto, que se refugia en el apartamento de la segunda sin conocerla de nada. Esta lo acoge —porque le cae bien ese hombre tan simpático, cuya sonrisa ladeada tendrá su parte de historia en la trama— y lo esconde en la bañera bajo una nube de espuma. Secuencia del arranque, magnífica, propia de la screwball comedy, sólo por ella merece la pena ver la cinta. 

El largometraje se rompe en dos cuando hay un homicidio involuntario por medio y ella es ingresada en un reformatorio (en realidad una prisión). Sin solución de continuidad, el filme pasa de comedia a drama carcelario y la película baja unos enteros. Dramón que finaliza con intento de boda en la cárcel y con Gable… ¡Llorando! 

Dos películas en una. Bien rodadas, pero muy diferentes, con distinto ritmo, como si fueran dos guiones independientes —se basan en un relato de Anita Loos— protagonizados por la pareja de moda. Clark Gable y Jean Harlow rodaron seis películas juntos, incluida la última de la estrella: Saratoga (Jack Conway, 1937), en la que la joven de 26 años falleció prematuramente. 

En Tú eres mío, ambos están fantásticos. Él todavía sin el bigotito característico, y ella con su media melena platino inconfundible. La cinta tiene una curiosidad: una de las compañeras de presidio de Jean es una comunista acérrima, que, en cuanto puede, suelta su discurso proselitista, y lo hace, paradójicamente, en una cinta dirigida por el más reaccionario de los directores de Hollywood. 

 

El diablo burlado (The Devil and Miss Jones, 1941) 

Casi una década después de Tú eres mío, en la RKO, Wood dirige El diablo burlado, otra cinta de enredo con dos actores que deben mucho a las comedias de esa época en los 30 y 40: Jean Arthur y Charles Coburn; y, de nuevo, con elementos progresistas en el interior de una divertida historia: 

Coburn es un magnate al que los trabajadores de uno de sus negocios, unos grandes almacenes, hacen un simulacro de linchamiento con un muñeco protestando por las condiciones de trabajo. Coburn quiere descubrir quiénes son los líderes de esa revuelta y se infiltra en su propia tienda como un trabajador más. Un dependiente que empieza desde cero enfrentándose a Edmund Gwenn —en un registro totalmente contrario al de persona bondadosa que solía hacer. En su lucha particular, Coburn es auxiliado por la joven dependiente Jean Arthur y por su novio, el agitador Robert Cummings. 

Buen reparto para una comedia simpática, con equívocos por doquier y un trasfondo sindicalista, que sorprende de nuevo dado el carácter reaccionario del realizador. Sobresalen el siempre espléndido Charles Coburn y la simpatía y belleza de Jean Arthur, una comedienne a la altura de Claudette Colbert o Carole Lombard. Está magnífica, bien secundada por Robert Cummings. Si la primera es la actriz fetiche de Frank Capra, el segundo es un actor hitchcockniano, que sirve tanto para un roto como para un descosido.

 

Sam Wood dirige el filme gracias a la colaboración de William Cameron Menzies. El conocido director artístico aparece en los créditos al frente del diseño de producción. Ambos colaboraron juntos durante la década de los cuarenta en las mejores películas de Wood. Mientras el director se ocupaba de los actores, Menzies se encargaba del aspecto visual de la cinta. 

Nominada para dos Óscar (Coburn y el guionista Norma Krasna), lo mejor de la cinta tiene lugar en la secuencia que se desarrolla en la comisaría, y el final, cuando se descubre el pastel. Todo al más puro estilo screwball comedy.



domingo, 26 de julio de 2026

EL AUTOREMAKE EN EL CINE. CAPÍTULO II (3)

El mensaje de Fuera de la ley se puede encuadrar en los antecedentes del noir —o sería mejor decir en los de su primo hermano, el cine de gangsters—, también la estética de luces y sombras que dibuja Browning de los bajos fondos[1] nos anuncia el género que vendrá en la siguiente década (ver figuras 2.5 a 2.7). A pesar de que la historia del enfrentamiento entre dos bandas no era nueva —ya la esbozaron cineastas como Griffith[2]—, aún no había alcanzado la mayoría de edad. Con Fuera de la Ley, Browning se anticipa a la excelente La Ley del Hampa (Underworld de Josef Von Sternberg, 1927), todavía muda, con la que el cine de gangsters prepara el camino para la irrupción del cine negro. 

 

Fuera de la Ley cumple con mensaje y estética oscura, pero aún queda lejos de películas como Sólo se vive una vez (You Only Live Once de Fritz Lang, 1937), El Demonio de las Armas (Gun Crazy de Joseph H. Lewis, 1949) o Detour (Edgar G. Ulmer, 1945), con las que sólo tiene en común la trama tipo Bonnie and Clyde donde una pareja de delincuentes huye de la ley. Con Detour también coincide en que la parte central de la cinta se desarrolla entre cuatro paredes siendo su principal aliciente el diálogo entre los dos personajes.


Pero mientras en la película de Ulmer se respira cine negro por los cuatro costados, con la fatalidad esperando a la vuelta de la esquina, en Fuera de la Ley el maniqueísmo convierte en aburrida una cinta cargada de intertítulos por su condición de silente, y estropea lo que podía haber sido un filme adelantado a su época. Sólo el detalle de la señal que Molly cree ver para convencerse de que es mejor elegir el buen camino, salva algo esta parte: la joven ve una cruz cuando en realidad es la sombra del esqueleto de una cometa rota (2.8). Browning sugiere que la decisión de Molly es fruto de la casualidad. La cometa es un guiño al espectador al que le insinúa que el final feliz es tan falso como la señal milagrosa. 

 

Noël Simsolo, en su imprescindible estudio sobre el cine negro, habla de Browning y lo incluye en los antecedentes del género: “Su obra apela sobre todo al juego con las ilusiones y a la violencia interna de la naturaleza humana” (2007, p.60). El escritor, igual que otros autores, explica el interés del realizador por Dickens y Poe.[3] La influencia del primero es clara en el retrato de los suburbios de Fuera de la Ley, también en la inclusión de niños necesitados de cariño como el pequeño que visita a Bill y Molly en el piso franco. De Poe, son herederos los personajes interpretados por Chaney, los que provocan en el espectador la misma sensación de desasosiego que experimentan los lectores de los cuentos del genial escritor norteamericano. En este sentido, Simsolo continúa definiendo las cintas de Browning “como melodramas policíacos de realismos estilizados en una acumulación de elementos extraños con relentes góticos y naturalistas, que pueden alcanzar una originalidad monstruosa cuando Lon Chaney crea esos personajes terroríficos, víctimas de sus propias estratagemas” (2007, p.61). En efecto, en Fuera de la Ley, Blackie intenta tender una trampa a Molly, pero la jugada le sale al revés y, finalmente, es él el que sale derrotado.

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[1] William Fildew fue responsable de la fotografía en blanco y negro, mientras que E.E. Sheeley se hizo cargo de la dirección artística para recrear en estudio un barrio chino no excesivamente barroco, tal como le gustaba a Browning.

[2] Por ejemplo, en el corto The Musketeers of Pig Alley (1912).

[3] Serrano Cueto también apunta la influencia de Dickens, Freud y Poe en la obra de Tod Browning (2011, p.36). Jeanine Basinger insiste en la misma cuestión cuando afirma que Browning “es el Edgar Allan Poe de las películas” (2000, p.348).



lunes, 13 de julio de 2026

PIRATAS DEL CARIBE: LA MALDICIÓN DE LA PERLA NEGRA (Pirates of the Caribbean: The Curse of The Black Pearl de Gore Verbinski, 2003)

A finales de los cincuenta, la defunción del subgénero de piratas era un hecho. Las causas del agotamiento de la fórmula son variadas y hay que buscarlas en el fin del sistema de los grandes estudios, y en la crisis del cine que, en general, había sido vencido por la televisión. También intervinieron en su decadencia el tratamiento de las películas de piratas como un subproducto perteneciente a la serie B, y el tono de parodia o comedia con el que ya se estaban identificando dichos filmes.


Las productoras no se atrevieron a invertir en historias de piratas —o pasaron sobre el tema de puntillas y siempre con malos resultados— hasta la reinvención del cine de aventuras en los años ochenta, cuando directores como George Lucas o Steven Spielberg asaltaron las taquillas y el cine recuperó bastante de lo perdido en la década anterior. De esta época destacan Piratas (Pirates, Roman Polanski, 1986), un filme del todo fallido por las mismas causas de siempre: por rozar la parodia, y la anodina Hook (Steven Spielberg, 1991), una historia aburrida de la que hasta el “mago” del cine reconoció sentirse disgustado. 

En la década de los noventa nada cambió, si acaso fue todavía peor debido al desastre de La isla de las cabezas cortadas. Con el tema bajo la suerte de una maldición, los escritores Ted Elliott y Terry Rossio tuvieron la osadía de enfrentarse a él como si quisieran hacer frente a un reto. Lo que pretendían Elliott y Rossio (creadores de Aladdin y Shrek) era llevar a cabo un proyecto como el de Jurassic Park, pero al revés, es decir, a partir de un parque temático hacer una película. 

La pareja de guionistas escribieron a primeros de los noventa un tratamiento basado en la atracción más querida de Disneyworld: “Piratas del Caribe”, y con el respaldo de Steven Spielberg se lo presentaron a la Disney. En un principio, la compañía se negó. Años después, ya con el productor Jerry Bruckheimer al mando, se dio luz verde al proyecto. El director contratado fue el prometedor Gore Verbinski que traía como garantía el éxito arrollador de The Ring (2002). La experiencia en dicha película de terror le vendría muy bien a Verbinski para afrontar la trama de Piratas del Caribe:

El capitán Jack Sparrow (Johnny Deep) quiere recuperar su barco el “Perla negra” ahora en poder de su segundo, el capitán Barbosa (Geoffrey Rush). Tanto Barbosa como el resto de la dotación sufren la maldición del tesoro de Hernán Cortés. El castigo consiste en vagar como muertos en vida hasta que no restituyan todo el botín a su cofre original. La última de las monedas, en forma de medallón, la tiene Will Turner (Orlando Bloom), un náufrago a la deriva al que recoge el navío “Dauntless”. A bordo viaja el gobernador de Jamaica (Jonathan Pryce) y su hija Elizabeth (Keira Knightley)... 


Como ocurre en la atracción de Disney, la historia se asemeja a una montaña rusa donde el guion es una mera excusa para presenciar un sinfín (casi dos horas y media) de secuencias de acción. Los efectos digitales ayudan en la consecución del objetivo que no es otro que entretener sin más pretensiones. Para explicar la buena aceptación por parte del público de un largometraje que no se distancia mucho de La isla de las cabezas cortadas, hay que tener en cuenta algunas cosas más aparte de lo estrictamente visual: el enorme presupuesto gastado en promoción con la existencia previa de una atracción Disney muy conocida; la buena gestión de Jerry Bruckheimer, otro “mago” del cine y la televisión; y el reparto popular con el trío de ases: Johnny Deep, Geoffrey Rush y Orlando Bloom, que en esos años triunfaba gracias a la saga de El señor de los anillos.

Otras razones que justifican que Piratas del Caribe superase por fin la particular maldición que pesaba sobre el género hay que buscarlas en un libreto que, si bien recurría a lugares comunes de las películas de piratas (Port Royal, Jamaica, Tortuga, el tesoro, la hija del gobernador, etc.), lo mezclaba todo con una trama fantástica de muertos vivientes tan de moda entre el público joven. Secuencias trepidantes que por supuesto incluían algunos pasajes del recorrido de la atracción del parque temático. Elliott y Rossio los introdujeron en el guion con habilidad: la canción pirata al comienzo y al final del largometraje; el perro que no quiere abrir la puerta de la cárcel —Jack les dice a su compañeros cautivos que no se molesten que no se va a mover del sitio, en clara referencia al chucho inmóvil de Disneyworld—; el pirata durmiendo la mona entre cerdos; el ron que trasiega Barbosa ya convertido en cadáver y que se le escapa  de entre las costillas, etc. La relación entre el lugar de esparcimiento y la cinta se realimentó cuando después del estreno la Disney introdujo mejoras en la atracción, entre otras una réplica del propio Johnny Deep caracterizado de Jack Sparrow. 

A pesar del éxito de Piratas del Caribe, da la impresión de que con la película se ha recuperado el género sólo de una forma provisional antes de enterrarlo definitivamente. Eso será cuando se agote la explotación exclusiva del tema por parte de la saga —que ya va por su quinta película—, o lo que es lo mismo, cuando las cuentas de todo lo referente a la franquicia (películas, atracciones, videojuegos, merchadising, etc.) dejen de cuadrar.


El post es un extracto corregido para la ocasión del capítulo dedicado a Piratas del Caribe en mi libro: CINE Y NAVEGACIÓN. Los 7 mares en 70 películas




lunes, 29 de junio de 2026

2 X 1: "NACIDO PARA MATAR" y "THE CAPTIVE CITY" (Robert Wise)

Nacido para matar (Born To Kill, 1947) 


En el seno de la RKO, tras pasar su etapa como montador —algunas de sus cintas editadas resultan obras maestras como Ciudadano Kane y El cuarto mandamiento, ambas de Orson Welles—, y después de la serie de películas de terror que hace con Val Lewton de productor, el director Robert Wise realiza dos policíacos: Criminal Court y Nacido para matar. 

En el segundo de ellos, el psicópata Sam Wild (Lawrence Tierney) mata con frialdad al menor contratiempo, sin necesidad de muchas excusas. Mientras tanto, Helen (Claire Trevor) se siente atraída por Sam, al tiempo que pretende casarse con un hombre adinerado sólo para sentirse protegida, sin atisbar amor por su parte. El triángulo se completa cuando la hermanastra de Helen se enamora del asesino y este le propone matrimonio... 

El filme tiene dos protagonistas claros: Sam y Helen. El primero, muy bien interpretado por Lawrence Tierney, se comporta como un hombre sin sentimientos, que manipula sin pestañear. Cuando Tierney entra en escena, todo se vuelve más oscuro, y se puede sentir un frío que transciende la pantalla. Sólo parece controlarlo su compañero de fatigas asesinas, otro actor de cine negro: el siempre eficaz Elisha Cook Jr. Secundario que se juega la vida cuando quiere frenar a su colega. 

Por su parte, Claire Trevor (¿la recuerdan como pareja de John Wayne en La diligencia?), borda su papel de mujer calculadora, con una lucha interior que se debate entre la maldad personificada —no se queda muy lejos de Sam— y la desesperación por abandonar la pulsión sexual que siente por Sam, a pesar de que sabe que es un criminal casi desde el principio. 

El largometraje es un noir de libro, pero tiene momentos de puro terror. Seguro que Wise puso en práctica las enseñanzas de Val Lewton para conseguir esa tensión que se crea cuando la pareja protagonista domina la puesta en escena… porque hay miradas que matan. 

 

The Captive City (1952) 


Cinco años después de rodar Nacido para matar, Robert Wise funda Aspen Productions junto a Mark Robson, su compañero de fatigas cuando ambos eran editores en la RKO. La primera película de la compañía es The Captive City, otro policíaco esta vez basado en hechos reales, según las experiencias del corresponsal de la revista “Time” Alvin M. Josephy: 

En La ciudad cautiva, título por el que se le conoce en algunos textos en español, el periodista interpretado por un sobrio John Forsythe intenta denunciar la situación creada por la mafia cuando se aprovecha de la impunidad de los garitos de apuestas ilegales. El protagonista y su mujer, también reportera, ponen en peligro sus vidas cuando huyen de los sicarios que los quieren silenciar igual que han hecho con otros anteriormente. 

La cinta se organiza en un largo flashback, (como Perdición y otras películas) donde Forsythe graba en un magnetofón todo lo que le ha sucedido, desde que se ocupó del asunto en la redacción del periódico hasta que los gangsters los tienen acorralados, a él y a su pareja, en una comisaría. El filme actúa como docudrama de cine negro cuyo objetivo es concienciar a la audiencia y denunciar los actos delictivos. 

Con una puesta en escena tan austera y mesurada como las actuaciones del elenco principal, Wise pone el acento en algunas secuencias donde utiliza la profundidad de campo como elemento dramático. Seguro que el director tuvo en cuenta la síntesis narrativa de las películas de Orson Welles —experiencias extraídas de su época como montador—cuando utilizó lentes adecuadas inventadas, cómo no, por Gregg Toland para organizar las escenas por capas, colocando al protagonista en un primerísimo plano, y al resto en un segundo y hasta en un tercer término. 

La cinta es una de las que se filmaron a raíz del informe del senador Kefauver —que sale al final de la película— sobre el delito organizado. El propio político dice en su intervención que es un problema que debe solucionarse de forma local, en cada ciudad, y que la película debe ser vista por todos.


martes, 16 de junio de 2026

EL AUTOREMAKE EN EL CINE. CAPÍTULO II (2)

Fuera de la Ley, la película que nos atañe, no fue el primer encuentro entre Browning y Chaney, antes colaboraron juntos en La Rosa del Arroyo (The Wicked Darling, 1919). Ambas cintas tienen en común la protagonista, Priscilla Dean, y una historia que parte de la misma premisa: la actriz es una ladronzuela cuya principal dificultad para dejar su vida de delincuente es la siniestra presencia del personaje interpretado por Lon Chaney.[1] 

En Fuera de la Ley, Priscilla Dean da vida a Molly, la hija de un gangster del barrio chino llamado “Silent” Madden. A espaldas de la banda de Madden, conspira la de Black Mike Sylva (Lon Chaney). Blackie, “una rata, un buitre y una serpiente”, consigue inculpar a Madden de un crimen no cometido y prepara una trampa a Molly. La hija de Madden pretende robar las joyas del magnate Morgan Spencer como respuesta a la injusticia que se ha cometido contra su padre. La encerrona planeada por Blackie para llevarse el botín y, de paso, conseguir que encierren a Molly, fracasa porque Bill (Wheeler Oakman), uno de los esbirros del gánster, avisa con tiempo a Molly. Ambos, Molly y Bill, se hacen con las joyas robadas y se esconden en un piso franco mientras Blackie y la policía los buscan.

 

En el tiempo que pasan encerrados, reciben las continuas visitas de un niño que resulta ser el hijo de un policía. El pequeño les hace replantearse su vida y cambiar de actitud, pero cuando están a punto de entregarse y devolver las joyas, irrumpe en escena Blackie. En una violenta pelea entre las dos bandas, muere el gangster a manos de Ah Wing (Lon Chaney), uno de los sirvientes de Chang Low, un filósofo que predica las enseñanzas de Confucio y señala el buen camino. Con la muerte de Blackie, la pareja queda liberada de su amenaza y puede comenzar una nueva vida.

El argumento lo escribió el propio Browning (ver fig. 2.1), quizás por esa razón le gustaba tanto la historia de Molly y sus dudas existenciales. Eran años en los que Browning te­nía en muy alta estima a los personajes femeninos, casi siempre interpretados por Priscilla Dean, personajes que solían ser el centro de la trama.[2] La actriz tenía una expresión entre divertida y cínica que le iba como anillo al dedo al registro de pícara ladronzuela, al de heroína de carácter fuerte (2.2), “lejos de las habituales damiselas débiles y ñoñas del cine americano” (Serrano 2011, p.66).

  

En Fuera de la Ley, mientras Priscilla se lleva el protagonismo, Lon Chaney se queda relegado a un segundo plano (no sería el protagonista absoluto con Browning hasta El Trío Fantástico). No obstante, su presencia resulta decisiva, digamos que es el catalizador del drama y el reclamo comercial que la película necesita.[3] Como es habitual, Chaney se desdobla para hacer dos papeles antagonistas: el gangster Blackie y el chino Ah Wing (2.3 y 2.4), dos personajes tan diferentes entre sí que, aunque el actor sea el mismo, en los créditos se anuncian por separado. Chaney no necesitó maquillaje para dar vida a Blackie, sin embargo cuando hacía de Ah Wing estaba irreconocible.[4] Los dos registros se sitúan intencionadamente en ambos extremos, coincidiendo con las alternativas que Molly baraja para su vida: Blackie representa el lado oscuro de la protagonista mientras que el siempre vigilante Ah Wing, el siervo del maestro Chang Low, es el símbolo de la rectitud. Browning los mantiene separados a lo largo de todo el metraje y sólo los enfrenta en la resolución de la trama, en una secuencia final en la que, precisamente, Blackie muere a manos de Ah Wing; la opción correcta vence a la equivocada.

Dentro de este maniqueísmo que plantea Browning, la relación entre Blackie y Molly no queda suficientemente clara. El realizador no se centra en esa cuestión, que será crucial para sus siguientes filmes, sólo la sugiere en el arranque de la cinta en un comentario que Blackie le hace a Bill: “Es preciso comprometer a Madden, eso hará que Molly se vuelva en contra de la ley y regrese conmigo”. La subtrama queda como un borrador de las historias que vendrían a continuación, ya con Chaney como centro de gravedad, donde la atracción sexual del actor por la heroína sería determinante para el desarrollo del argumento. Para Browning, aquí es más importante la citada elección de Molly entre el bien y el mal y la pregunta que le hace a Bill mientras permanecen escondidos: ¿se nace siendo ladrón?  Una cuestión que podemos transformar en: ¿podemos gobernar nuestras vidas o es el destino el que las maneja? Es decir, la clave del ciclo negro de Hollywood de los años cuarenta y cincuenta.

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Leer el capítulo II desde el inicio.



[1] Un argumento parecido al que viviría el personaje interpretado por Mae Busch en El Trío Fantástico, lo cual confirma lo interesado que estaba Browning en el tema de la dualidad que se le presenta al criminal a la hora de elegir un camino u otro.

[2] Serrano Cueto señala con acierto que las mujeres en Browning se vuelven menos protagonistas y más oscuras desde Los Pantanos de Zanzíbar (West of Zanzibar, 1928), como si la misoginia del director fuera en aumento a partir de aquí (2011, p.67).

[3] Aún estaba lejos su momento más álgido como estrella, que sería a mitad de la década con El Jorobado de Notre Dame y El Fantasma de la Ópera (The Phantom of the Opera de Rupert Julian, 1925), curiosamente ninguna de las dos dirigidas por Browning.

[4]Lon Chaney era todo un maestro del disfraz. Él mismo se encargaba de los maquillajes y diseñaba personalmente las caracterizaciones.



sábado, 30 de mayo de 2026

FERIA DEL LIBRO DE MADRID 2026

Desde el 29 de mayo hasta el 14 de junio se celebra la Feria del Libro de Madrid en el parque del Retiro.



- En la caseta 428, bloque 21C, se expondrán los libros de los Editores de la Región de Murcia, entre ellos se podrá adquirir la novela "Esvástica de hielo" de la editorial Dokusou.

https://www.amazon.es/Esvástica-hielo-Fernando-Cea-Velasco/dp/8412839129/



-En la caseta 127, bloque 21A, se pueden adquirir los libros del grupo editorial Almuzara, entre ellos el ensayo "Cine y Navegación" de la editorial Berenice.

https://www.amazon.es/Navegación-siete-mares-setenta-películas/dp/8416750491/



-En la caseta 430, bloque 21C, se pueden adquirir los libros del Gremio de Editores de Asturias, entre ellos el ensayo "Autorretratos de cine" de la editorial Trea.


https://www.amazon.es/Autorretratos-cine-películas-interpretadas-directores/dp/B0FXGVFTNC/


Un abrazo a todos los lectores del blog.



domingo, 17 de mayo de 2026

LA FUERZA DEL VIENTO (Wind de Carroll Ballard, 1992)

Si hay algún evento importante en el mundo de la vela, este es la Copa América. Es la más célebre y antigua regata, la que más dinero mueve y la que más gente atrae. Sin embargo pocas, casi ninguna, son las películas que han tratado el tema. Tan sólo algunos documentales y un filme de Carroll Ballard, La fuerza del viento, se han ocupado de ello:



Will Parker (Matthew Modine) se enrola en la dotación del “Radiance” patroneado por el multimillonario regatista Morgan Weld (Cliff Robertson). El velero de 12 metros defenderá en Newport la Copa América que lleva en poder de los Estados Unidos más de 130 años. En la última regata contra el retador australiano, una desgraciada maniobra en la que se suelta la mayor hace que Morgan tome malas decisiones, un tripulante quede herido y el “Radiance” pierda la regata. Después de que todas las culpas recaigan en Will, éste viaja a Nevada para construir un velero capaz de ganar la Copa América...

Poco o casi nada tiene que ver con la realidad en este filme tan bien fotografiado. Las diferencias en el guion son intencionadas para darle una estructura dramática que transmita la mayor emoción posible al espectador. Ballard lo intenta con una convencional historia de amor que transcurre en paralelo a la trama deportiva: cuando Will y Kate (Jennifer Grey) se enrolan en el “Radiance” y ella es despedida, la pareja se separa y Will pierde la regata; pero en el momento en el que Will y Kate vuelven a navegar juntos, al final de la película, todo se arregla entre ellos y ganan finalmente la Copa.

Las regatas del 83 y del 87, que son el eje de la película, tampoco son fieles a la realidad. En especial la última en la que los hechos narrados son un refrito de lo ocurrido entre los desafiantes, la llamada Copa Louis Vuitton, y durante las regatas de los defensores, las Defender Selection Series. Nada de esto importa demasiado en un filme que recurre en los créditos al típico “cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia”. De esta forma Carroll Ballard se curaba en salud y podía introducir todos los cambios que quisiera para realizar una cinta muy en la línea de anteriores proyectos; y con secuencias que iban a enlazar directamente con la siguiente producción, quizás el mejor de todos sus largometrajes: Volando libre (Fly Away Home, 1996). Las escenas de La fuerza del viento rodadas en Nevada, con los prototipos del barco y los ensayos de Kate con el spinnaker, recuerdan mucho a las del filme que rodaría cuatro años más tarde, también con el viento como protagonista.


Pero lo mejor de la cinta, sin duda, son las cinco regatas que Carroll Ballard nos presenta en las más de dos horas que dura la película: En la primera, una carrera de balandros de catorce pies, se anticipa todo lo que sucederá luego ya que los competidores (Will y Jack) serán los mismos que se verán las caras en la Copa América. La segunda regata es una dura pugna entre el “Radiance”, patroneado por Morgan, y el velero de 12 metros comandado por Will que sirve de sparring del primero. En la tercera competición, la de la derrota, el barco australiano y el americano se la juegan todo a una carta en la última de las pruebas. Cuando el “Radiance” va delante, uno de los tripulantes sube al palo para intentar arreglar el puño de driza. La maniobra es un desastre y el marinero cae. La cuarta de las estupendas regatas es una secuencia calcada a la de Capitanes intrépidos ya que el “Platypus”, barco australiano patroneado por Jack, va amurado a estribor y por tanto tiene preferencia sobre el “Geronimo”. Jack no se aparta de la derrota de Will y ambos barcos colisionan rompiendo el mástil del “Platypus”. 

La última de las carreras es la mejor: el “Platypus” y el “Geronimo” se quedan sin viento nada más salir. El buen ojo marinero de Kate ve un sector donde la mar rizada es sinónimo de aire en movimiento. La joven táctico avisa a Will para que se dirija a la racha de viento. Will hace caso y el “Geronimo” se pone en cabeza. El barco americano toma primero la boya de empopada e iza el spi. Pero con tan mala suerte que la vela se rifa. En el cambio de spinnaker uno de los tripulantes se enreda en la driza y cae al mar. Todo esto lo aprovecha Jack que adelanta a Will. Desesperados, los hombres del “Geronimo” recurren al whomper, una nueva vela de balón diseñada por Kate a imagen y semejanza de las alas de un escarabajo volador. El revolucionario spi hace que recuperen tiempo y se sitúen por el través del “Platypus”. En otra maniobra arriesgada, Jack da un golpe de timón y logra rifar la vela de Will con su tangón. De nuevo el velero australiano está en cabeza y ya sólo queda la manga de ceñida. En el marcaje que viene a continuación, ambos barcos se vigilan para virar una y otra vez. En uno de esos cambios de rumbo, Will hace un amago de virada cuando en realidad es un engaño. Jack cae en la trampa y el “Geronimo” rectifica la maniobra colocándose delante. Al yate defensor no le da tiempo a reaccionar y el americano gana la regata. La Copa América vuelve a Estados Unidos. 

Con tanta tensión y sobresaltos tan bien filmados, la película es una delicia para el aficionado a la vela. En la última competición de la Copa America hasta la fecha (la trigésimo séptima edición celebrada en 2024 en Barcelona) el equipo Neozelandés se alzó con la victoria por un contundente 7-2, al equipo británico, prácticamente volando. No es una exageración pues así navegan los nuevos multicascos gracias a los foils que los elevan por encima de las aguas provocando velocidades de vértigo. Novedades tecnológicas que hacen que las regatas entre catamaranes tan sofisticados sean incluso más emocionantes que las rodadas por Carroll Ballard.


El post es un extracto corregido para la ocasión del capítulo dedicado a La fuerza del viento en mi libro: CINE Y NAVEGACIÓN. Los 7 mares en 70 películas



lunes, 27 de abril de 2026

2 X 1: "BUTTERFLY KISS" y "GO NOW" (Michael Winterbottom)

Butterfly Kiss (1995) 


Debut en el cine del director británico Michael Winterbottom. Cineasta que comienza su carrera ligado a la televisión, primero como montador para pasar luego a dirigir documentales. Tras varias experiencias en rodaje de series y telefilmes (alguno de los cuales consigue que se vean en salas de cine), el éxito de la serie Family (1994) le hacen debutar en la gran pantalla con Butterfly Kiss. 

Se trata de una película de carretera donde dos mujeres viajan por el norte del Reino Unido en lo que resulta una escapada hacia delante. La que impulsa tal periplo es Eunice (Amanda Plummer), una joven desequilibrada y peligrosa que busca una canción que apenas sabe tararear y a una antigua amante por todas las gasolineras del país. Una de las dependientas que se encuentra en las estaciones de servicio es Miriam (Saskia Reeves), tímida y sin mucha personalidad, que se enamora de Eunice y se va con ella sin saber que su compañera de viaje es capaz de matar a cualquiera que le suponga un estorbo.

Besos de mariposa (el título en países de habla hispana) es, por tanto, una road movie de dos mujeres que se encuentran una en las antípodas de la otra: la primera con una personalidad arrolladora, violenta, pero romántica, la segunda pasiva ante la vida, y sumamente moldeable.

 

Dentro de un rodaje casi artesanal, con un equipo reducido y con escaso presupuesto, Winterbottom alterna secuencias brillantes como las de la playa, con otras más oscuras, como las de los asesinatos. El filme es una suerte de alternativa británica a la mucho más conocida Thelma y Louise (Ridley Scott, 1991), aunque más austera, cruda y veraz que la cinta norteamericana. 

Director de una generación posterior a los Ken Loach, Mike Leigh o Stephen Frears, también se debate como este último entre baratas producciones británicas y otras más costosas y comerciales en Estados Unidos; películas inglesas más realistas, dentro de la tradición de este tipo de cine en Gran Bretaña, y cintas americanas donde, a diferencia de su compatriota, no abandona su personal estilo.  


Go Now (1995) 


El mismo año de Butterfly Kiss, Winterbottom vuelve a la televisión para rodar un telefilme que, como sucede con alguno de sus primeros trabajos, también se exhibe en salas de cine: 

Nick (Robert Carlyle) es un obrero de la construcción que junto a su amigo Tony (James Nesbitt) juegan en un equipo de fútbol local y se divierten en los pubs con sus compañeros. Cuando Nick conoce a Karen (Juliet Aubrey), se enamora de ella y pronto se van a vivir juntos. Todo va sobre ruedas hasta que Nick empieza a tener extraños síntomas. Para Karen todo parece indicar que se trata de esclerosis múltiple (EM). Una enfermedad que todo lo arrasa, incluida la relación y la fuerte unión que parecía haberse establecido entre ambos protagonistas. 

De nuevo una película realista, que leyendo sólo la sinopsis podría parecer cercana a los inefables telefilmes norteamericanos de sobremesa, de los que, como poco, se aparta con inteligencia y cierto humor. 

Largometraje, pues, tragicómico, protagonizado por el gran Robert Carlyle (Full Monty, Trainspotting) en un registro inicial en el que se mueve como pez en el agua, y otro posterior que sorprende por su realismo en una formidable interpretación llena de matices. No le anda a la zaga su compañero de fatigas interpretado por James Nesbitt, otro polifacético actor, muy visto en series policiacas, que destaca por su poco habitual registro cómico en las mejores secuencias de humor del filme. 

En Go Now, la cámara de Michael Winterbottom, con ayuda de los actores, consigue meterse en la piel del enfermo, de su novia y de sus amigos, todos afectados de alguna manera por la EM, pero sin los excesos almibarados de la televisión norteamericana de sobremesa. También es original y cómica la manera en la que el director separa las secuencias con fotografías en blanco y negro subtituladas con ingenio.


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