lunes, 13 de julio de 2026
PIRATAS DEL CARIBE: LA MALDICIÓN DE LA PERLA NEGRA (Pirates of the Caribbean: The Curse of The Black Pearl de Gore Verbinski, 2003)
lunes, 29 de junio de 2026
2 X 1: "NACIDO PARA MATAR" y "THE CAPTIVE CITY" (Robert Wise)
Nacido para matar (Born To Kill, 1947)
En el seno de la RKO, tras pasar su etapa como montador —algunas de sus cintas editadas resultan obras maestras como Ciudadano Kane y El cuarto mandamiento, ambas de Orson Welles—, y después de la serie de películas de terror que hace con Val Lewton de productor, el director Robert Wise realiza dos policíacos: Criminal Court y Nacido para matar.
En el segundo de ellos, el psicópata Sam Wild (Lawrence Tierney) mata con frialdad al menor contratiempo, sin necesidad de muchas excusas. Mientras tanto, Helen (Claire Trevor) se siente atraída por Sam, al tiempo que pretende casarse con un hombre adinerado sólo para sentirse protegida, sin atisbar amor por su parte. El triángulo se completa cuando la hermanastra de Helen se enamora del asesino y este le propone matrimonio...
El filme tiene dos protagonistas claros: Sam y Helen. El primero, muy bien interpretado por Lawrence Tierney, se comporta como un hombre sin sentimientos, que manipula sin pestañear. Cuando Tierney entra en escena, todo se vuelve más oscuro, y se puede sentir un frío que transciende la pantalla. Sólo parece controlarlo su compañero de fatigas asesinas, otro actor de cine negro: el siempre eficaz Elisha Cook Jr. Secundario que se juega la vida cuando quiere frenar a su colega.
Por su parte, Claire Trevor (¿la recuerdan como pareja de John Wayne en La diligencia?), borda su papel de mujer calculadora, con una lucha interior que se debate entre la maldad personificada —no se queda muy lejos de Sam— y la desesperación por abandonar la pulsión sexual que siente por Sam, a pesar de que sabe que es un criminal casi desde el principio.
El largometraje es un noir de libro, pero tiene momentos de puro terror. Seguro que Wise puso en práctica las enseñanzas de Val Lewton para conseguir esa tensión que se crea cuando la pareja protagonista domina la puesta en escena… porque hay miradas que matan.
The Captive City (1952)
Cinco años después de rodar Nacido para matar, Robert Wise funda Aspen Productions junto a Mark Robson, su compañero de fatigas cuando ambos eran editores en la RKO. La primera película de la compañía es The Captive City, otro policíaco esta vez basado en hechos reales, según las experiencias del corresponsal de la revista “Time” Alvin M. Josephy:
En La ciudad cautiva, título por el que se le conoce en algunos textos en español, el periodista interpretado por un sobrio John Forsythe intenta denunciar la situación creada por la mafia cuando se aprovecha de la impunidad de los garitos de apuestas ilegales. El protagonista y su mujer, también reportera, ponen en peligro sus vidas cuando huyen de los sicarios que los quieren silenciar igual que han hecho con otros anteriormente.
La cinta se organiza en un largo flashback, (como Perdición y otras películas) donde Forsythe graba en un magnetofón todo lo que le ha sucedido, desde que se ocupó del asunto en la redacción del periódico hasta que los gangsters los tienen acorralados, a él y a su pareja, en una comisaría. El filme actúa como docudrama de cine negro cuyo objetivo es concienciar a la audiencia y denunciar los actos delictivos.
Con una puesta en escena tan austera y mesurada como las actuaciones del elenco principal, Wise pone el acento en algunas secuencias donde utiliza la profundidad de campo como elemento dramático. Seguro que el director tuvo en cuenta la síntesis narrativa de las películas de Orson Welles —experiencias extraídas de su época como montador—cuando utilizó lentes adecuadas inventadas, cómo no, por Gregg Toland para organizar las escenas por capas, colocando al protagonista en un primerísimo plano, y al resto en un segundo y hasta en un tercer término.
La cinta es una de las que se filmaron a raíz del informe del senador Kefauver —que sale al final de la película— sobre el delito organizado. El propio político dice en su intervención que es un problema que debe solucionarse de forma local, en cada ciudad, y que la película debe ser vista por todos.
martes, 16 de junio de 2026
EL AUTOREMAKE EN EL CINE. CAPÍTULO II (2)
Fuera de la Ley, la película que nos atañe, no fue el primer encuentro entre Browning y Chaney, antes colaboraron juntos en La Rosa del Arroyo (The Wicked Darling, 1919). Ambas cintas tienen en común la protagonista, Priscilla Dean, y una historia que parte de la misma premisa: la actriz es una ladronzuela cuya principal dificultad para dejar su vida de delincuente es la siniestra presencia del personaje interpretado por Lon Chaney.[1]
En Fuera de la Ley, Priscilla Dean da vida a Molly, la hija de un gangster del barrio chino llamado “Silent” Madden. A espaldas de la banda de Madden, conspira la de Black Mike Sylva (Lon Chaney). Blackie, “una rata, un buitre y una serpiente”, consigue inculpar a Madden de un crimen no cometido y prepara una trampa a Molly. La hija de Madden pretende robar las joyas del magnate Morgan Spencer como respuesta a la injusticia que se ha cometido contra su padre. La encerrona planeada por Blackie para llevarse el botín y, de paso, conseguir que encierren a Molly, fracasa porque Bill (Wheeler Oakman), uno de los esbirros del gánster, avisa con tiempo a Molly. Ambos, Molly y Bill, se hacen con las joyas robadas y se esconden en un piso franco mientras Blackie y la policía los buscan.
En el tiempo
que pasan encerrados, reciben las continuas visitas de un niño que resulta ser
el hijo de un policía. El pequeño les hace replantearse su vida y cambiar de
actitud, pero cuando están a punto de entregarse y devolver las joyas, irrumpe
en escena Blackie. En una violenta pelea entre las dos bandas, muere el
gangster a manos de Ah Wing (Lon Chaney), uno de los sirvientes de Chang Low,
un filósofo que predica las enseñanzas de Confucio y señala el buen camino. Con
la muerte de Blackie, la pareja queda liberada de su amenaza y puede comenzar
una nueva vida.
El argumento
lo escribió el propio Browning (ver fig. 2.1), quizás por esa razón le gustaba
tanto la historia de Molly y sus dudas existenciales. Eran años en los que Browning
tenía en muy alta estima a los personajes femeninos, casi siempre
interpretados por Priscilla Dean, personajes que solían ser el centro de la
trama.[2] La actriz tenía una expresión
entre divertida y cínica que le iba como anillo al dedo al registro de pícara ladronzuela,
al de heroína de carácter fuerte (2.2), “lejos de las habituales damiselas débiles
y ñoñas del cine americano” (Serrano 2011, p.66).
En Fuera de la Ley, mientras Priscilla se
lleva el protagonismo, Lon Chaney se queda relegado a un segundo plano (no
sería el protagonista absoluto con Browning hasta El Trío Fantástico). No obstante, su presencia resulta decisiva,
digamos que es el catalizador del drama y el reclamo comercial que la película
necesita.[3] Como es habitual, Chaney
se desdobla para hacer dos papeles antagonistas: el gangster Blackie y el chino
Ah Wing (2.3 y 2.4), dos personajes tan diferentes entre sí que, aunque el
actor sea el mismo, en los créditos se anuncian por separado. Chaney no
necesitó maquillaje para dar vida a Blackie, sin embargo cuando hacía de Ah
Wing estaba irreconocible.[4] Los dos registros se
sitúan intencionadamente en ambos extremos, coincidiendo con las alternativas
que Molly baraja para su vida: Blackie representa el lado oscuro de la protagonista
mientras que el siempre vigilante Ah Wing, el siervo del maestro Chang Low, es
el símbolo de la rectitud. Browning los mantiene separados a lo largo de todo
el metraje y sólo los enfrenta en la resolución de la trama, en una secuencia
final en la que, precisamente, Blackie muere a manos de Ah Wing; la opción
correcta vence a la equivocada.
Dentro de este
maniqueísmo que plantea Browning, la relación entre Blackie y Molly no queda
suficientemente clara. El realizador no se centra en esa cuestión, que será
crucial para sus siguientes filmes, sólo la sugiere en el arranque de la cinta
en un comentario que Blackie le hace a Bill: “Es preciso comprometer a Madden,
eso hará que Molly se vuelva en contra de la ley y regrese conmigo”. La
subtrama queda como un borrador de las historias que vendrían a continuación,
ya con Chaney como centro de gravedad, donde la atracción sexual del actor por
la heroína sería determinante para el desarrollo del argumento. Para Browning,
aquí es más importante la citada elección de Molly entre el bien y el mal y la
pregunta que le hace a Bill mientras permanecen escondidos: ¿se nace siendo
ladrón? Una cuestión que podemos
transformar en: ¿podemos gobernar nuestras vidas o es el destino el que las
maneja? Es decir, la clave del ciclo negro de Hollywood de los años cuarenta y
cincuenta.
Continuará...
Leer el capítulo II desde el inicio.
[1] Un
argumento parecido al que viviría el personaje interpretado por Mae Busch en El Trío Fantástico, lo cual confirma lo
interesado que estaba Browning en el tema de la dualidad que se le presenta al
criminal a la hora de elegir un camino u otro.
[2]
Serrano Cueto señala con acierto que las mujeres en Browning se vuelven menos
protagonistas y más oscuras desde Los
Pantanos de Zanzíbar (West of
Zanzibar, 1928), como si la misoginia del director fuera en aumento a
partir de aquí (2011, p.67).
[3] Aún
estaba lejos su momento más álgido como estrella, que sería a mitad de la
década con El Jorobado de Notre Dame
y El Fantasma de la Ópera (The Phantom of the Opera de Rupert
Julian, 1925), curiosamente ninguna de las dos dirigidas por Browning.
[4]Lon Chaney era todo un maestro del disfraz. Él mismo se encargaba de los maquillajes y diseñaba personalmente las caracterizaciones.
sábado, 30 de mayo de 2026
FERIA DEL LIBRO DE MADRID 2026

- En la caseta 428, bloque 21C, se expondrán los libros de los Editores de la Región de Murcia, entre ellos se podrá adquirir la novela "Esvástica de hielo" de la editorial Dokusou.
https://www.amazon.es/Esvástica-hielo-Fernando-Cea-Velasco/dp/8412839129/
-En la caseta 127, bloque 21A, se pueden adquirir los libros del grupo editorial Almuzara, entre ellos el ensayo "Cine y Navegación" de la editorial Berenice.
https://www.amazon.es/Navegación-siete-mares-setenta-películas/dp/8416750491/
https://www.amazon.es/Autorretratos-cine-películas-interpretadas-directores/dp/B0FXGVFTNC/
domingo, 17 de mayo de 2026
LA FUERZA DEL VIENTO (Wind de Carroll Ballard, 1992)
lunes, 27 de abril de 2026
2 X 1: "BUTTERFLY KISS" y "GO NOW" (Michael Winterbottom)
Butterfly Kiss (1995)
Debut en el cine del director británico Michael Winterbottom. Cineasta que comienza su carrera ligado a la televisión, primero como montador para pasar luego a dirigir documentales. Tras varias experiencias en rodaje de series y telefilmes (alguno de los cuales consigue que se vean en salas de cine), el éxito de la serie Family (1994) le hacen debutar en la gran pantalla con Butterfly Kiss.
Se trata de una película de carretera donde dos mujeres viajan por el norte del Reino Unido en lo que resulta una escapada hacia delante. La que impulsa tal periplo es Eunice (Amanda Plummer), una joven desequilibrada y peligrosa que busca una canción que apenas sabe tararear y a una antigua amante por todas las gasolineras del país. Una de las dependientas que se encuentra en las estaciones de servicio es Miriam (Saskia Reeves), tímida y sin mucha personalidad, que se enamora de Eunice y se va con ella sin saber que su compañera de viaje es capaz de matar a cualquiera que le suponga un estorbo.
Besos
de mariposa (el título en países de habla hispana) es, por tanto, una road
movie de dos mujeres que se encuentran una en las antípodas de la otra: la
primera con una personalidad arrolladora, violenta, pero romántica, la segunda
pasiva ante la vida, y sumamente moldeable.
Dentro de un rodaje casi artesanal, con un equipo reducido y con escaso presupuesto, Winterbottom alterna secuencias brillantes como las de la playa, con otras más oscuras, como las de los asesinatos. El filme es una suerte de alternativa británica a la mucho más conocida Thelma y Louise (Ridley Scott, 1991), aunque más austera, cruda y veraz que la cinta norteamericana.
Director de una generación posterior a los Ken Loach, Mike Leigh o Stephen Frears, también se debate como este último entre baratas producciones británicas y otras más costosas y comerciales en Estados Unidos; películas inglesas más realistas, dentro de la tradición de este tipo de cine en Gran Bretaña, y cintas americanas donde, a diferencia de su compatriota, no abandona su personal estilo.
Go Now (1995)
El mismo año de Butterfly Kiss, Winterbottom vuelve a la televisión para rodar un telefilme que, como sucede con alguno de sus primeros trabajos, también se exhibe en salas de cine:
Nick (Robert Carlyle) es un obrero de la construcción que junto a su amigo Tony (James Nesbitt) juegan en un equipo de fútbol local y se divierten en los pubs con sus compañeros. Cuando Nick conoce a Karen (Juliet Aubrey), se enamora de ella y pronto se van a vivir juntos. Todo va sobre ruedas hasta que Nick empieza a tener extraños síntomas. Para Karen todo parece indicar que se trata de esclerosis múltiple (EM). Una enfermedad que todo lo arrasa, incluida la relación y la fuerte unión que parecía haberse establecido entre ambos protagonistas.
De nuevo una película realista, que leyendo sólo la sinopsis podría parecer cercana a los inefables telefilmes norteamericanos de sobremesa, de los que, como poco, se aparta con inteligencia y cierto humor.
Largometraje, pues, tragicómico, protagonizado por el gran Robert Carlyle (Full Monty, Trainspotting) en un registro inicial en el que se mueve como pez en el agua, y otro posterior que sorprende por su realismo en una formidable interpretación llena de matices. No le anda a la zaga su compañero de fatigas interpretado por James Nesbitt, otro polifacético actor, muy visto en series policiacas, que destaca por su poco habitual registro cómico en las mejores secuencias de humor del filme.
En Go Now, la cámara de Michael Winterbottom, con ayuda de los actores, consigue meterse en la piel del enfermo, de su novia y de sus amigos, todos afectados de alguna manera por la EM, pero sin los excesos almibarados de la televisión norteamericana de sobremesa. También es original y cómica la manera en la que el director separa las secuencias con fotografías en blanco y negro subtituladas con ingenio.
lunes, 13 de abril de 2026
EL AUTOREMAKE EN EL CINE. CAPÍTULO II (1)
II
TOD BROWNING
—Did you
Watch me? I gave all of me! I was greater than any real vampire!
El Conde Mora (Bela Lugosi) presume delante
de Luna (Carroll Borland), en la escena final de Mark of The Vampire (1935).
2.1. Entre Dickens y Poe.
2.1.1. Fuera de
la Ley (Outside The Law de Tod
Browning, 1921).
No es extraño,
al contrario, es más bien habitual observar cierta carga autobiográfica en la
obra de todo artista, ya sea pintor, literato o cineasta. Hay ocasiones en las
que la vida y obsesiones del autor son los acicates principales para llevar a
cabo la mayoría de sus proyectos. El caso de Tod Browning podría ser el
paradigma de esta situación extrema, desde luego hay pocos tan claros en el
mundo del cine como el del creador de La
Parada de los Monstruos (Freaks,
1932). Un director que bien podría formar parte de ese desfile de personajes
deformes, psíquica y físicamente, que tanto le gustó dibujar en la gran
pantalla.
El realizador estadounidense tiene cabida en nuestro ensayo debido a dos películas mudas, Fuera de la Ley y La Casa del Horror, con unos argumentos tan atractivos para Browning que no se resistió a repetirlos cuando el sonido llamó a la puerta de los estudios. Aunque sí nuestra teoría es cierta —luego la comentaremos—, pudo haber motivaciones extras que le empujaron a embarcarse en cada uno de los remakes.
Charles Albert Browning nació en Louisville, Kentucky, donde se crió junto a su primo, un célebre jugador de béisbol que luego hizo fortuna como empresario,[1] pero que bebía más de la cuenta. Ambas circunstancias, la situación acomodada de su familia y el alcoholismo —que le acarreó más de un problema personal y profesional—, fueron una constante en la vida de Browning; la cara y la cruz de una existencia enigmática que comenzó cuando tenía 16 años. A esa temprana edad, el joven Charles abandonó a su familia para enrolarse en un circo ambulante tras enamorarse de una de las bailarinas. Bajo las carpas hizo de todo, de presentador de criaturas insólitas, de contorsionista, de payaso y de actor en inquietantes espectáculos de magia.[2]
En aquella época, se rodeó de seres extraños e, incluso, llegó a convivir con ellos. Personalidades con un interior en permanente ebullición, con alguna discapacidad, real o simulada. Son los freaks que luego retrataría en la gran pantalla, gente que conoció Browning en el circo, pero también en los bajos fondos. Caracteres oscuros con los que, de alguna manera, se sentía identificado debido a su adicción al alcohol, a su afición a todo lo oculto, la magia y lo sobrenatural y a su misantropía. Su aversión al trato humano se fue forjando a través de dichas experiencias, pero también de sus desastres matrimoniales[3] y, en especial, del accidente que sufrió en 1915.[4] Si Browning pasó toda su juventud en el ambiente poco recomendable de los feriantes, también decimos que frecuentó los suburbios, se juntó con todo tipo de delincuentes y vagabundos, y experimentó vivencias que le proporcionaron la mayoría de los argumentos que más tarde desarrollaría en sus películas.[5]
Tres años
antes de su accidente, en 1912, cuando trabajaba como actor de vodevil,
Browning fue contratado por la Biograph. En la legendaria productora participó
en comedias slapstick y en varios
cortos dirigidos por Griffith. El cambio no resultó demasiado brusco para él ya
que el cine era considerado como una atracción de feria más. Junto a Griffith,
como muchos otros,[6]
Browning aprendió el oficio de cineasta cuando el propio modelo de
representación clásico se estaba inventando. De hecho, llegó a participar como
ayudante de dirección y guionista en Intolerancia.[7] En 1915, y hasta 1939,
inició una carrera como director de cine que le llevó a realizar una docena de
cortos y casi cincuenta largos. Un cuarto de siglo en el que estuvo trabajando
para la Universal y la Metro Goldwyn Mayer, de una a otra compañía,[8] casi siempre de la mano de
uno de los dos hombres que fueron determinantes en su carrera: el productor
Irving Thalberg,[9]
responsable de varios de los éxitos de Browning.
El otro colaborador, cuyo nombre siempre se ha relacionado con el de Browning, fue Lon Chaney. Si bien, algunos dudan de que su asociación fuera fija,[10] lo cierto es que Browning hizo diez películas con Chaney. Estamos de acuerdo con Quim Casas cuando afirma que “Resulta difícil encontrar en el cine norteamericano de la era clásica una compenetración tan rotunda entre un actor y un realizador” (1999, p.92). El “hombre de las mil caras”, que se nos antoja fue el alter ego de Browning,[11] solía dar vida a personajes que podía haber conocido el director en su juventud: desarraigados, atormentados y marginados, que se desdoblaban en su propia ambigüedad —o literalmente—, que actuaban al otro lado de la ley, en general arrastrados por las circunstancias, que escondían una parte buena, pero que aparecía cuando ya era demasiado tarde.
En ocasiones, su personaje en la ficción fingía una
discapacidad —lesiones o amputaciones que finalmente sufría de verdad en un
espectacular punto de giro final— y padecía trastornos psicológicos y alteración
de la personalidad, la mayoría de las veces como consecuencia de un amor no
correspondido.[12]
En otras películas, como en Fuera de la
Ley, el actor simplemente ofrecía doble repertorio al hacerse cargo de dos
personajes diferentes. En El Trío
Fantástico (The Unholy Three,
1925) llegó aún más lejos a la hora de representar varios papeles:[13] de día era un ventrílocuo
que insuflaba vida a muñecos, personas y animales, y de noche un ladrón que,
además, se disfrazaba de anciana para engañar a sus víctimas.
[1] Se
llamaba “Old” Pete Browning, creador del bate modelo Slugger y de la compañía
Hillerich & Bradsby.
[2] En
uno de estos números, el del “Cadáver Viviente”, Browning tenía que permanecer
enterrado en un ataúd durante horas. De ahí vino su apodo: “Tod”, que en alemán
significa muerte.
[3] En
1906 contrajo matrimonio con Amy Louise Stevens, pero se divorció de ella tras
cuatro tortuosos años. En 1911 se casó con Alice Wilson, pero también estuvo a
punto de separarse a causa de una relación escandalosa con la actriz Anna May
Wong, por aquel entonces menor, a la que, precisamente, Browning le dio un
pequeño papel en Fuera de la Ley
(luego participaría más activamente en Con
la Corriente, Drifting, 1923).
[4] Un
accidente de automóvil: se estrelló contra un tren cargado de raíles. Las
heridas le dejaron secuelas para toda la vida en forma de cojera y de
obligación de llevar dentadura postiza y bigote para ocultar la deformidad de
la boca. En el siniestro murió su amigo William Elmer Booth.
[5]
Experiencias que debieron marcar a Browning de por vida, como la de haber visto
a una madre asesinar a sus hijos por no tener que darles de comer (Serrano
2011).
[6] Erich Von Stroheim, W.S. Van Dyke,
Raoul Walsh, etc.
[7] Hasta
tuvo un pequeño papel como actor en el episodio contemporáneo donde hacía de
piloto de coches de carreras.
[8] Se
llevaba fatal con los directivos de los estudios y fue sonado su despido de la
Universal en 1923. En 1924, lo contrató la Metro Goldwyn Mayer, pero en 1931
volvió a la Universal para hacer Drácula.
Finalmente, terminó su carrera en la MGM, su estudio preferido de siempre.
[9]
Thalberg comenzó trabajando para Carl Laemmle como jefe de producción de la
Universal con tan solo 21 años. Allí coincidió con Browning y a punto estuvo de
conseguir que le dieran la dirección de El
Jorobado de Notre Dame. En 1923, abandonó la Universal para unirse a la
Metro. Unos meses más tarde ya contaba con Browning entre los directores a
nómina de la MGM. Le produjo, entre otras, El
Trío Fantástico, La Sangre Manda,
La Casa del Horror y Los Pantanos de Zanzíbar, todas interpretadas
por Lon Chaney.
[10]
Debido a la aversión que Chaney tenía a los alcohólicos. Su mujer lo era y esa
fue la causa de su separación y de que le asignaran a él la custodia de su hijo
(Melton 2011).
[11]
Chaney era hijo de sordomudos, la discapacidad de sus padres le obligaba a
hablar con ellos en el lenguaje de las señas y desde pequeño vio como la gente
trataba a su familia como unos freaks
más. Ambos, Browning y Chaney, enfermaron de cáncer, de laringe el primero, y
de garganta el segundo, que les impidió hablar en la última etapa de su vida.
Para Chaney fue una terrible paradoja por el defecto de sus padres, que
finalmente le alcanzó a él —como sucedía en sus películas—, y porque acababa de
llegar el sonoro al cine.
[12]
Ambas circunstancias, la de la discapacidad fingida y la del desamor, se dan en
Maldad Encubierta (The Blackbird, 1926) y en Garras Humanas (The Unknown, 1927).
[13]
Chaney repitió el personaje de El Trío
Fantástico en 1930 (The Unholy Three
de Jack Conway), una versión sonora que a la postre significó su última
película.
martes, 31 de marzo de 2026
EL ZORRO DE LOS OCÉANOS (The Sea Chase de John Farrow, 1955)
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lunes, 16 de marzo de 2026
2 X 1: "EL BARRIO DEL CUERVO" y "AMOR 65" (Bo Widerberg)
El barrio del cuervo (Kvarteret Korpen, 1963)
El primero escritor, después crítico de cine y posteriormente director, Bo Widerberg, inicia en los años sesenta una pequeña revolución en el ámbito cinematográfico sueco cuando denuncia la mala situación de la industria, y el monopolio ejercido por Ingmar Bergman, que lo abarca todo. Después de un corto y una película donde pone en práctica sus teorías, dirige una trilogía formada por El barrio del cuervo, Amor 65 y El terrible Roland, que se encuentra dentro de lo mejor de su carrera.
En la primera cinta, El barrio del cuervo, Widerberg describe la vida de una familia de clase baja, que vive en Malmö en 1936, en un barrio obrero llamado Raven’s End. El hijo mayor, Anders (Thommy Berggren), quiere ser escritor y la llamada de una editorial para hacerle una entrevista hace que sueñe con dejar para siempre el barrio. Mientras tanto su padre alcohólico (Keve Hjelm) no ayuda en las tareas domésticas —es la sufrida madre quien sostiene la casa— y trabaja irregularmente, aquí y allá, en oficios tan humillantes como el de hombre-anuncio.
El largometraje es una suerte de autobiografía del realizador—aunque Widerberg siempre lo ha negado— donde el protagonista, Anders, sufre una tremenda desilusión cuando su aspiración de autor literario no llega a consumarse; además, deja embarazada a su novia de siempre y se emborracha junto a su padre, en lo que parece una premonición de lo que realmente será su vida en el barrio. Un vecindario que sirvió de plató unos años antes de ser demolido en un proceso de gentrificación, que transformó el barrio en un lugar de modernos bloques de apartamentos y tiendas.
Película muy bien rodada y fotografiada, con profusión de interesantes diálogos, donde se nota que se escribió originalmente para ser obra de teatro antes de convertirse en guion de cine. Todo, paradójicamente, muy al modo de las cintas de Ingmar Bergman, quien siempre ha dicho que El barrio del cuervo es una de sus películas preferidas.
Nominado al Óscar a mejor largometraje extranjero, se ha considerado como uno de los mejores filmes suecos de la historia. Desde luego, las actuaciones del trío protagonista son para enmarcar. En especial, destaca el papel depresivo del padre a cargo del actor Keve Hjelm, alcohólico en la vida real y anterior profesor de interpretación de Thommy Berggren. De hecho, fue el joven Berggren —actor fetiche del director— el que sugirió a Widerberg la contratación de Hjelm para hacer de su padre en la ficción.
Amor 65 (Kärlek 65, 1965)
La siguiente película dirigida por Bo Widerberg, después de El barrio del cuervo, fue Amor 65. Se trata de un guion especular donde a un director de cine le cuesta realizar su última película, mientras se acuesta con la mujer de un colega, su matrimonio se tambalea y no termina por romperse gracias al único vínculo que les une: su hija pequeña.
La cinta es sensiblemente diferente a su largometraje anterior. Aquí se notan las teorías de Widerberg sobre el cine cuando, explícitamente, se habla de lo que pretenden las nuevas olas en Europa. Se dice que no hace falta seguir una continuidad, ni incluir en los guiones el convencional inicio, desarrollo y desenlace; o que para Godard las películas tienen que decir la verdad 24 veces por segundo; y que Antonioni sostiene la moralidad de cada angulación de la cámara.
También
hay guiños al cine independiente norteamericano, en concreto al de John Cassavetes
cuando uno de los personajes es Ben Carruthers, que se interpreta a sí mismo, y
se habla de su célebre colaboración con Cassavetes en Sombras (Shadows,
1958).
En Amor 65, vuelven a actuar Keve Hjelm y Thomas Berggren, mientras que también repite el director de fotografía, Jan Lindeström. No obstante, fue la última colaboración entre el operador y Widerberg: ambos chocaban continuamente debido al modo poco convencional de dirigir del segundo.
Rodaje, ahora sí, muy personal: secuencias sin diálogos como las del vuelo de las cometas; y otras experimentales, como aquella de la playa en la que el objetivo se esconde detrás de una hilera de maderos, como barrotes de una cárcel en contraste con la libertad que supone el océano.


























