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domingo, 5 de mayo de 2024

2 X 1: "NO AÑORO MI JUVENTUD" y "ESCÁNDALO" (Akira Kurosawa)

No añoro mi juventud (Waga seishun ni kuinashi , 1946) 

A Akira Kurosawa siempre se le ha considerado el más occidental de los directores japoneses, sobre todo respecto a los otros dos grandes, Mizoguchi y Ozu, algo que es cierto si tenemos en cuenta la influencia recibida —y transmitida— por el director nipón desde y hacia  sus colegas extranjeros. Un ejemplo lo tenemos en las dos películas que traemos hoy, ambas consideradas el punto de cierre de dos periodos en la carrera de Kurosawa. 

No añoro mi juventud, pertenece al final de la primera etapa de Kurosawa, la más desconocida, la que abarca la Segunda Guerra Mundial y la posterior ocupación estadounidense de la posguerra. Basada en hechos reales, la película transcurre a lo largo del conflicto armado y trata de la persecución del gobierno japonés hacia los elementos más liberales de la universidad. Así, un profesor es destituido y un alumno detenido y más tarde ejecutado sólo por sus ideas. 

A medida que avanza el metraje, el protagonismo del filme recae en Yukie (Setsuko Hara), la hija del profesor y, a la vez, la viuda del alumno. Cuando Yukie lleva las cenizas de su esposo a los padres de éste, la película cambia y se transforma en otro drama bien distinto donde Yukie ayuda a sus suegros agricultores a superar el desprecio y el abandono por parte de la comunidad, que considera que el finado era un traidor.

 

La cinta, por tanto, se estructura en dos partes bien diferenciadas siendo la mejor la segunda, la que se desarrolla en los campos de arroz. Una parte que Kurosawa tuvo que reescribir para superar la censura. Setsuko Hara (musa de Yasujiro Ozu) hace un papel bien distinto al ambiguo de la primera parte, como si quisiera redimirse con el trabajo. 

No añoro mi juventud se convierte así en una de las pocas cintas de Akira Kurosawa protagonizadas por una mujer. De hecho, las mejores secuencias son aquellas en las que Setsuko Hara aparece sin maquillaje, llena de barro, plantando arroz en un lodazal, echando una mano a sus suegros para superar todo tipo de dificultades.

  

Escándalo (Shûbun, 1950) 

La segunda etapa en la carrera de Akira Kurosawa abarca desde el final de la guerra hasta 1950, año en el que rueda Rashomon, película que le da a conocer en el mundo entero. Justo antes de Rashomon, Kurosawa filma Escándalo, probablemente la cinta más occidental de Kurosawa: 

Una famosa cantante de ópera (Shirley Yamaguchi, célebre actriz que más tarde rodaría con King Vidor Esposa de guerra japonesa) se encuentra perdida en el monte y un pintor (Toshiro Mifune, ¿quién si no?) accede a llevarla en su moto al hotel donde ambos se alojan. Unos paparazzi les hacen fotos para un periódico sensacionalista, que saca la noticia del inexistente idilio. El pintor arremete contra el director del rotativo y contrata al abogado Hurita (Takashi Shimura, otro fijo en la troupe de Kurosawa) para denunciar al periódico. Pronto el juicio llenará las primeras páginas de las revistas del corazón. 

Trama muy cercana a lo que se estaba haciendo en Estados Unidos, con muchas reminiscencias de las películas de Frank Capra: Así, las secuencias del juicio, las escenas navideñas (Mifune llevando un árbol de Navidad en su moto), la de Nochevieja en el bar, con todos cantando y, en general, toda la atmósfera del filme.

 

Igual que ocurría en No añoro mi juventud, la estructura del largometraje se parte en dos cuando el foco de la trama se centra en el astroso abogado, justo después de que Hurita acepte dinero para sabotear el juicio. Todo lo que viene a continuación refleja el drama interno del letrado corrupto, mientras su hija enferma se debate entre la vida y la muerte.

También esta segunda parte es mejor que la primera cuando Kurosawa se luce en varias secuencias, como aquellas en las que muestra los rostros de los parroquianos del bar; o cuando antes del juicio rueda los planos de las calles, llenas de carteles con la fotografía de marras y, después de la audiencia, con todos los pósteres medio arrancados a la espera de la siguiente noticia escandalosa.





miércoles, 9 de enero de 2008

EL PERRO RABIOSO (Nora Inu de Akira Kurosawa, 1949)

El carácter del ser humano se configura a medida que los años pasan y se van adquiriendo sucesivas experiencias dentro de un entorno cambiante. La personalidad del director de cine –aquellos que la tienen- también evoluciona y tan interesante es asomarse a sus películas recientes, donde se puede observar su estilo con toda su complejidad, como recordar obras pretéritas realizadas en el periodo más “fresco” de su carrera. Esto segundo es lo que vamos a hacer hoy con otra enorme figura cinematográfica: vamos a hablar de Akira Kurosawa y de su Perro Rabioso.

En efecto, Nora Inu pertenece a su primera etapa -segunda para algunos tras las cintas iniciales de corte más nacionalista- caracterizada por largometrajes cercanos a lo que se estaba haciendo en occidente; de hecho el filme se encuentra muy relacionado con el género negro estadounidense, pero narrado al más puro estilo neorrealista europeo. Todo ello bajo el punto de vista particular del genial director nipón. Vamos a verlo:

El Perro Rabioso se estructura en tres partes muy diferenciadas: la primera nos cuenta una persecución entre un joven policía (Toshiro Mifune, actor fetiche de Kurosawa) y un ladrón de poca monta que acaba de robarle su pistola reglamentaria. La segunda parte, el núcleo de la cinta, adquiere un tono de aprendizaje muy hollywoodense al relatar las pesquisas del novato y amargado detective junto a un agente más reposado y experimentado (Takashi Shimura, otro de los habituales en el cine del realizador). La conclusión, en cuanto a la forma, es casi una copia de la introducción, lo que le da un carácter circular a la trama muy interesante; sin embargo, aunque se trata de la misma persecución, el personaje encarnado por Mifune ha evolucionado desde su desesperación, a medida que se suceden los crímenes causados por las siete balas de su propio colt.



La negrura del filme no es casual. Kurosawa aprovecha algunas secuencias para denunciar la situación por la que pasaba Japón al término de la Segunda Guerra Mundial: lo desubicado de los personajes femeninos, a cuál más materialista; la desesperación del policía y del ladrón –no se sabe quien es más “rabioso” de los dos-; el tratamiento maniqueo de algunos personajes (“hay dos clases de soldados que regresaban, y que habían sufrido el robo de su petate, aquellos que se conformaban con la situación y aquellos otros que a su vez lo robaban también”); y el entorno asfixiante, donde el calor es un personaje más y la noche el decorado principal.

La aproximación al cine europeo también es evidente. Cuando Mifune decide mezclarse con los bajos fondos, para seguir la pista del ladrón, Kurosawa detiene la acción y se dedica a contemplar los barrios marginales y a las gentes que allí sobreviven. En ese momento, es inevitable que nos vengan a la memoria películas como El Ladrón de Bicicletas (Ladri di Biciclette, de Vittorio de Sica, 1948) y que el cine oriental se sienta cada vez más internacional. Realmente lo será un año después, tras el estreno de Rashomon y los sucesivos premios en Venecia y en Estados Unidos, donde se llevó un Oscar de la Academia.

Entre todas estas influencias –que nos parecen muy adecuadas- aparece la mano personal de Kurosawa cuando, a modo de documental, filma un partido de béisbol o pasea la cámara por los cuerpos sudorosos de unas bailarinas de cabaret que acaban de actuar. Es el mismo que basa su puesta en escena en la profundidad con una estructura en tres niveles, de tal forma que cuando los personajes dialogan entre sí, el que está en primer término habla con el que se sitúa al fondo del escenario o con alguien colocado entre los dos. Es el mismo que simultanea los créditos con un primerísimo plano de un perro jadeando con cara de pocos amigos. Y es el mismo que al enterarse de que dicho arranque había sido censurado en Estados Unidos, donde sospechaban que el animal había sido maltratado, dijo algo así: “es la primera vez en mi vida que he llegado a desear que Japón no hubiera perdido la guerra”.


Ver Ficha de El Perro Rabioso.
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