domingo, 17 de mayo de 2026

LA FUERZA DEL VIENTO (Wind de Carroll Ballard, 1992)

Si hay algún evento importante en el mundo de la vela, este es la Copa América. Es la más célebre y antigua regata, la que más dinero mueve y la que más gente atrae. Sin embargo pocas, casi ninguna, son las películas que han tratado el tema. Tan sólo algunos documentales y un filme de Carroll Ballard, La fuerza del viento, se han ocupado de ello:



Will Parker (Matthew Modine) se enrola en la dotación del “Radiance” patroneado por el multimillonario regatista Morgan Weld (Cliff Robertson). El velero de 12 metros defenderá en Newport la Copa América que lleva en poder de los Estados Unidos más de 130 años. En la última regata contra el retador australiano, una desgraciada maniobra en la que se suelta la mayor hace que Morgan tome malas decisiones, un tripulante quede herido y el “Radiance” pierda la regata. Después de que todas las culpas recaigan en Will, éste viaja a Nevada para construir un velero capaz de ganar la Copa América...

Poco o casi nada tiene que ver con la realidad en este filme tan bien fotografiado. Las diferencias en el guion son intencionadas para darle una estructura dramática que transmita la mayor emoción posible al espectador. Ballard lo intenta con una convencional historia de amor que transcurre en paralelo a la trama deportiva: cuando Will y Kate (Jennifer Grey) se enrolan en el “Radiance” y ella es despedida, la pareja se separa y Will pierde la regata; pero en el momento en el que Will y Kate vuelven a navegar juntos, al final de la película, todo se arregla entre ellos y ganan finalmente la Copa.

Las regatas del 83 y del 87, que son el eje de la película, tampoco son fieles a la realidad. En especial la última en la que los hechos narrados son un refrito de lo ocurrido entre los desafiantes, la llamada Copa Louis Vuitton, y durante las regatas de los defensores, las Defender Selection Series. Nada de esto importa demasiado en un filme que recurre en los créditos al típico “cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia”. De esta forma Carroll Ballard se curaba en salud y podía introducir todos los cambios que quisiera para realizar una cinta muy en la línea de anteriores proyectos; y con secuencias que iban a enlazar directamente con la siguiente producción, quizás el mejor de todos sus largometrajes: Volando libre (Fly Away Home, 1996). Las escenas de La fuerza del viento rodadas en Nevada, con los prototipos del barco y los ensayos de Kate con el spinnaker, recuerdan mucho a las del filme que rodaría cuatro años más tarde, también con el viento como protagonista.


Pero lo mejor de la cinta, sin duda, son las cinco regatas que Carroll Ballard nos presenta en las más de dos horas que dura la película: En la primera, una carrera de balandros de catorce pies, se anticipa todo lo que sucederá luego ya que los competidores (Will y Jack) serán los mismos que se verán las caras en la Copa América. La segunda regata es una dura pugna entre el “Radiance”, patroneado por Morgan, y el velero de 12 metros comandado por Will que sirve de sparring del primero. En la tercera competición, la de la derrota, el barco australiano y el americano se la juegan todo a una carta en la última de las pruebas. Cuando el “Radiance” va delante, uno de los tripulantes sube al palo para intentar arreglar el puño de driza. La maniobra es un desastre y el marinero cae. La cuarta de las estupendas regatas es una secuencia calcada a la de Capitanes intrépidos ya que el “Platypus”, barco australiano patroneado por Jack, va amurado a estribor y por tanto tiene preferencia sobre el “Geronimo”. Jack no se aparta de la derrota de Will y ambos barcos colisionan rompiendo el mástil del “Platypus”. 

La última de las carreras es la mejor: el “Platypus” y el “Geronimo” se quedan sin viento nada más salir. El buen ojo marinero de Kate ve un sector donde la mar rizada es sinónimo de aire en movimiento. La joven táctico avisa a Will para que se dirija a la racha de viento. Will hace caso y el “Geronimo” se pone en cabeza. El barco americano toma primero la boya de empopada e iza el spi. Pero con tan mala suerte que la vela se rifa. En el cambio de spinnaker uno de los tripulantes se enreda en la driza y cae al mar. Todo esto lo aprovecha Jack que adelanta a Will. Desesperados, los hombres del “Geronimo” recurren al whomper, una nueva vela de balón diseñada por Kate a imagen y semejanza de las alas de un escarabajo volador. El revolucionario spi hace que recuperen tiempo y se sitúen por el través del “Platypus”. En otra maniobra arriesgada, Jack da un golpe de timón y logra rifar la vela de Will con su tangón. De nuevo el velero australiano está en cabeza y ya sólo queda la manga de ceñida. En el marcaje que viene a continuación, ambos barcos se vigilan para virar una y otra vez. En uno de esos cambios de rumbo, Will hace un amago de virada cuando en realidad es un engaño. Jack cae en la trampa y el “Geronimo” rectifica la maniobra colocándose delante. Al yate defensor no le da tiempo a reaccionar y el americano gana la regata. La Copa América vuelve a Estados Unidos. 

Con tanta tensión y sobresaltos tan bien filmados, la película es una delicia para el aficionado a la vela. En la última competición de la Copa America hasta la fecha (la trigésimo séptima edición celebrada en 2024 en Barcelona) el equipo Neozelandés se alzó con la victoria por un contundente 7-2, al equipo británico, prácticamente volando. No es una exageración pues así navegan los nuevos multicascos gracias a los foils que los elevan por encima de las aguas provocando velocidades de vértigo. Novedades tecnológicas que hacen que las regatas entre catamaranes tan sofisticados sean incluso más emocionantes que las rodadas por Carroll Ballard.


El post es un extracto corregido para la ocasión del capítulo dedicado a La fuerza del viento en mi libro: CINE Y NAVEGACIÓN. Los 7 mares en 70 películas



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