El espíritu
comunal (una cinta donde no hay un protagonista claro, donde triunfa la sinergia) es una de las claves de la historia de Dama por un día. Se puede decir que todo el cine de
Capra, aunque aboga por la iniciativa individual y el tesón de los
protagonistas, al final hace que estos logren sus propósitos con la ayuda de
familiares y amigos. Es lo que le ocurre a "Annie Manzanas" y a casi todos los personajes
del director a lo largo de su carrera.[1] Una característica que
tiene mucho que ver con los tiempos en los que se rodaron la mayoría de sus
éxitos, los años de la Depresión, y que sigue los principios del New Deal: la política intervencionista
del presidente Roosevelt ideada para acabar con la crisis. Se puede decir que
desde La Locura del Dólar (otro guion
de Robert Riskin)[2] Capra opta por un cine de
realidad social, que poco a poco se va comprometiendo cada vez más con las
ideas y principios del partido Demócrata.
Dama
por un día también sigue por ese derrotero, aunque sólo sea por el entorno
en el que se desarrolla la trama y por
la crítica al estamento político (véase el último tercio de la película). Capra
plantea pronto el ambiente de la historia: la primera imagen es de un ciego
(que no lo es) que toca el acordeón mientras pide unas monedas. El mendigo se
encuentra con un colega amputado de las dos piernas[3] y con el resto de
indigentes que sobreviven en las calles de Nueva York; entre ellos, Annie
Manzanas. Un colectivo que parece extraído de una novela de Dickens (y esto nos
recuerda a Browning y a sus freaks) o
de la cinta alemana contemporánea, M, el
vampiro de Düsseldorf (M de Fritz
Lang, 1931).
Para conseguir que la trama se impregnase del ambiente de la crisis, Riskin cambió la actividad original de Annie. La anciana pasó de vender flores, según la idea original de Runyon, a vender manzanas. De esta forma, Riskin creó un personaje que el público enseguida identificaría con la vida real, un personaje que era muy habitual verlo transitando por las aceras de Nueva York en la época de la Depresión. Además, gracias a las manzanas, a Riskin se le ocurrió la idea que provoca la intervención de Dandi para ayudar a la vieja: la superstición por la fruta, la necesidad de que Annie siga vendiendo las manzanas de la suerte. Aunque esta sea la razón “oficial”, a nadie se le escapa que el mafioso y el resto de la banda tienen en el fondo buen corazón y ayudan a la vieja por compañerismo. Igual que lo hacen los políticos corruptos y la policía cuando se enteran del motivo de la farsa.
A pesar de la tímida motivación que Riskin está obligado a presentar,
la del chantaje de Dandi que tiene secuestrados a varios periodistas, el
público sabe que todos quieren contribuir a sacar adelante la pantomima por
pura empatía con Annie, por solidaridad. De nuevo tenemos el espíritu comunal
del New Deal. Al final, todos se sienten tan bien consigo mismos que se vuelven
agradables con sus subordinados: el gobernador suspende la supervisión de la
alcaldía, el alcalde confiesa haber sido duro con el comisario, el comisario
pide perdón a los policías y éstos les dicen a los periodistas que olviden lo
sucedido.
Dentro de esta
temática social tan del gusto de Capra, hay que señalar, por último, el
acercamiento de clases como una de las obsesiones particulares de su cine.[4] Un tema ideal para la
comedia, que Capra y Riskin explotarían en su siguiente proyecto, Sucedió una noche (It Happned One Night, 1934), pero que en Lady for a Day también se encuentra presente aunque funcione al
revés: los que se acercan a los ricos son los pobres y no al contrario como
suele ser habitual. Una aproximación que aquí funciona como una fábula, como un
cuento de hadas que transita entre la comedia y el melodrama, pero que tiene un
final realista: “la Cenicienta” vuelve a las calles una vez que su hija parte
hacia la felicidad.
Leer el capítulo desde el inicio
[1]
Podríamos enumerar las películas que se basan en este principio, pero serían
casi todas las de Frank Capra. Aquí van algunas: Dama por un día y Un Gangster
para un Milagro, La Locura del Dólar,
¡Qué bello es vivir!, Juan Nadie, El secreto de Vivir, etcétera.
[2] Una
cinta que se ha vuelto muy actual al tratar la crisis financiera desde el punto
de vista del director de un banco que defiende las ayudas a los pequeños empresarios
en contra de la especulación, “que se fía más de las ideas que de los avales”.
Una trama en cierto modo parecida a la de ¡Qué
bello es vivir! y también presente en el arranque de Estrictamente Confidencial.
[3] Es el
discapacitado físico al que llaman “Shorty” que se trata, en realidad, de un
mendigo que conoció Capra en la infancia cuando el director vendía periódicos
por las calles. El resto de extras también los reclutó de los barrios bajos de
Los Ángeles y a ellos les dedica las primeras imágenes.
[4] Tema
central de otro gran número de películas del director: Dama por un día y su remake,
Estrictamente Confidencial y su remake, Sucedió una noche, El Secreto
de Vivir, Vive como quieras, Juan Nadie, etcétera.

































