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miércoles, 27 de octubre de 2021

EL AUTOREMAKE EN EL CINE. CAPÍTULO V (V)

En el cine de Walsh la presencia de las mujeres es fundamental y en la mayoría de las ocasiones son decisivas en el devenir de la trama. Se puede decir que el éxito de la pareja es el gran tema en la filmografía del director. Como Fritz Lang o Nicholas Ray, Walsh ocupa mucho metraje en sus cintas en presentar las dificultades que atraviesan los amantes en un mundo hostil hacia ellos. Más optimista que sus colegas, Walsh suele rematar sus historias con finales felices donde el amor siempre sale triunfante. En High Sierra, sin embargo, el realizador se acerca más a Lang y a Ray gracias a un final tan trágico como romántico. Una conclusión que no gustó al director, pero que no tuvo más remedio que aceptar dado el rígido código de censura establecido que prohibía que el gánster se saliera con la suya.

Como Bogart, Ida Lupino da lo mejor de sí misma en un papel que incluso supera al de La pasión ciega. La relación entre ella y Bogart trascendió la pantalla para convertirse en rumor de romance, en un affaire que, a diferencia del que tuvo el actor con Lauren Bacall en Tener y no tener, nunca llegó a cuajar debido a la enemistad que surgió entre ellos en los últimos días de filmación. La vanidad fue la causa del enfrentamiento: Jack Warner quería que Ida Lupino encabezase los créditos y Bogart deseaba lo contrario.[1] Bogart sabía que llevaba las de perder y la tomó con ella: le hizo la vida imposible hasta que finalizó el rodaje. Tal fue el enfado de Lupino que prometió no volver a trabajar nunca más con Bogart.[2]

Hemos dicho que Walsh poco pudo hacer por variar el casting, sólo en el caso de Joan Leslie influyó algo cuando dirigió las pruebas que se le hicieron a la joven, en realidad una adolescente. Leslie cumplió perfectamente con su cometido interpretando a la egoísta Velma en sus dos vertientes, la de la frágil disminuida física de la primera parte y la de la desagradecida joven del final. Walsh protegió a Joan Leslie hasta el punto de no permitir que se dijeran palabrotas cuando la quinceañera,  “the young lady”, estaba presente (Moss 2011, p.192) y es que Walsh en aquel tiempo tenía una hija de la misma edad.

 A la principal virtud de la película, la gestión de unos caracteres que mantienen la complejidad, la poesía y el fatalismo de la obra de Burnett, se le suman el resto de elementos que hacen atractivo cualquier filme de Walsh. En especial, el vigor narrativo y el ritmo endiablado en las secuencias de acción; ambos muy bien secundados por la fotografía de Tony Gaudio. De la técnica de Gaudio destacan la focalización en los responsables de cada escena, manteniendo difuminado al resto; el elegante movimiento de cámara de lo general a lo particular, o al revés, una constante que se repite en el arranque de cada secuencia; y la estilizada colocación de las luces en ciertas secuencias claves (5.10), todo de acuerdo a las pautas del género. 

Aunque visualmente por lo que más se recuerda el largometraje es por las tomas de la persecución en la ascensión a Mount Whitney (5.11) y por los planos aéreos de la caza en la sierra. Allí, en la cima, la narración con imágenes mantiene la tensión que requiere la trama con la ayuda impagable del gigantesco decorado natural que acentúa la soledad del héroe. Nunca el paisaje fue tan determinante para enfatizar el tono dramático en un noir, algo que era más frecuente en el western. Para Walsh, enseguida veremos, ambos géneros no eran tan diferentes como en un principio puedan parecer.

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Leer el capítulo desde el inicio.



[1] Dos eran las razones que esgrimía Warner: lo bien que lo hizo Ida lupino en La pasión ciega, película de la que salió siendo una estrella; y las sospechas del aún tímido Comité de Actividades Antiamericanas acerca de Bogart y una supuesta pertenencia al partido comunista. Algo que se desmintió tras la comparecencia del actor, pero que provocó que Bogart, hasta ese momento poco activo políticamente, fuera con posterioridad simpatizante de los perjudicados por el senador McCarthy.

[2] Y cumplió su promesa, de hecho fue Ida Lupino la que propuso que Humphrey Bogart no participase en su siguiente policíaco: Out of the Fog (Anatole Litvak, 1941).






viernes, 21 de enero de 2011

MACAO (Josef Von Sternberg, 1952)

Conocida en nuestro país como Una aventurera en Macao, se trata de una de las últimas películas de Josef Von Sternberg, el creador de ese mito llamado Marlene Dietrich. Lejos ya de su colaboración con la estrella, Von Sternberg realizó pocos largometrajes y siempre con la sombra de la diva en ellos; su otro yo, como él afirmó en más de una ocasión.



Macao fue un encargo del magnate Howard Hughes para el que Von Sternberg ya realizó algún largometraje anterior, siempre con el mismo resultado: la intromisión de Hughes en el rodaje. El multimillonario, además de poner el dinero, incluyó a Jane Russell en la película. La actriz, que ya nació a la moda, con un cuerpo espectacular al que le sobraban las hombreras en los vestidos, fue descubierta por Hughes y lanzada al estrellato con aquel extraño western titulado El Forajido, donde Jane Russell enseñaba algo más de lo permitido por la censura.

Realmente, Macao es una excusa para que Jane Russell se luzca en un film noire. Por eso la historia es lo de menos: una especie de jefe mafioso (Brad Dexter) actúa impunemente en Macao, lejos de las leyes occidentales. El asesinato del agente americano que venía a detenerle provoca el envío a la isla de otro policía. En el mismo barco llegan un aventurero de oscuro pasado (Robert Mitchum), una cantante de cabaret (Jane Russell) y un comerciante sin escrúpulos (William Bendix). Uno de ellos es el encargado de acabar con el sindicato del crimen.

La cinta tiene el envoltorio de las mejores películas del género, pero ya hemos dicho que le falta una trama solvente. Con Mitchum, con dos damas tan “negras” como Jane Russell y Gloria Grahame, y con un entorno exótico al estilo de Casablanca o Tener y no Tener, Hughes pensó que el éxito estaba asegurado. Y si incluía en la nómina a Von Sternberg, un director con pasado de claroscuros y dominio de los entornos orientales, con más razón. Sin embargo, Hughes no tuvo en cuenta la fuerte personalidad del cineasta austríaco, su exagerada estilización y su permanente búsqueda de Marlene.

Sí, faltaba Marlene. A cambio, Sternberg disponía de Jane Russell, una actriz que dinamitaba el mito de la Dietrich; en el sentido literal de la expresión dada la presencia explosiva de la protegida de Hughes. Así, las canciones de Jane Russell se distanciaban de las actuaciones sofisticadas de Marlene, y se situaban más cerca del número "A Little Girl from Little Rock" en Los Caballeros las prefieren Rubias (Gentleman Prefer Blondes de Howard Hawks, 1953), película que rodaría al año siguiente.
Los continuos enfrentamientos entre productor y director, más una enfermedad sufrida por Von Sternberg, provocaron que fuera Nicholas Ray el que finalmente terminara la cinta. A pesar de todos estos inconvenientes, y si no nos fijamos mucho en el fondo, el resultado final se puede considerar aceptable. En parte, gracias a los buenos diálogos que consiguen achicar las fugas de una historia que hace aguas por todas partes. Pero, sobre todo, por las cestas del casino, que suben con joyas y bajan con dinero, aunque no formen parte de la increíble atmósfera de El Embrujo de Shanghai (The Shanghai Gesture, 1941); por un descarado cambio de medias en la cubierta de un barco; por las tomas a través de las redes de pesca en un muelle abarrotado; o por las sombras de alguna que otra persecución entre callejones oscuros recreados en el estudio. Son detalles, pocas escenas, alguna secuencia, que nos recuerdan mejores tiempos del gran Josef Von Sternberg.


Ver Ficha de Macao.



sábado, 15 de enero de 2011

COLABORACIÓN: JOSEPH LOSEY (Joaquín Vallet)



Editorial: Cátedra, Madrid
Colección: Signo e Imagen / Cineastas
ISBN: 9788437626819
Año edición: 2010
327 páginas.
Género: ensayo sobre cine

Joaquín Vallet (Cullera, Valencia, 1978) es el autor de este estudio –el primero que se realiza en castellano- sobre el cineasta norteamericano Joseph Losey. Joseph Losey, nace en La Crosse (Wisconsin, EEUU) en el año 1909. Ya desde joven muestra una gran inclinación artística por el teatro, afición que dejará una profunda huella en sus trabajos cinematográficos. Tras unos primeros pasos en la dirección de obras teatrales en Nueva York, llevando a la escena textos tan representativos como "Galileo" de Bertolt Brecht, Losey se traslada a Hollywood donde tiene la oportunidad de dirigir su primer filme en 1948, El muchacho de los cabellos verdes. Durante los años 50, realiza varios trabajos prometedores dentro del género de cine policíaco y de thriller. Sin embargo, en plena Guerra Fría, su militancia izquierdista (había viajado en los años 30 a la URSS para conocer de primera mano los métodos soviéticos de arte y propaganda y en los años 40 ingresa en el Partido Comunista), así como su empeño en dejarla reflejada dicha condición en sus filmes, le lleva a ser investigado por el Comité de Actividades Antiamericanas.

Losey emigra a Europa en 1952 y ya no regresará a EEUU. En el Viejo Continente desarrolla una abultada producción, casi una película al año, a veces, dos. A esta etapa pertenecen películas muy famosas en su momento como El sirviente (1963), Accidente (1967), El mensajero (1971), El asesinato de Trosky (1972), El otro señor Klein (1976) o la adaptación al cine de la ópera de Mozart Don Giovanni (1979). Muere en Londres en 1984. Para la solidez narrativa y visual demostrada, así como por el notable volumen, de su obra cinematográfica, no es el cineasta norteamericano Joseph Losey autor muy conocido entre el público, más allá del selecto grupo de cinéfilos y estudiosos del séptimo arte. Sus películas no se reponen con frecuencia en cines ni en televisión y la producción editorial y crítica de su cine tampoco rebosa de títulos. Este hecho queda todavía patente si lo comparamos con otros autores de su generación, por ejemplo, Nicholas Ray, nacido dos años antes que Losey y oriundos ambos del mismo Estado norteamericano.

A fin de cubrir estas carencias, al menos por lo que respecta al segundo apartado, la editorial Cátedra acaba de publicar un completo ensayo sobre Losey a cargo del crítico de cine Joaquín Vallet (Cullera, Valencia, 1978), subrayando la circunstancia de que se trata del primer libro editado en castellano consagrado a este director de cine.
“Autor” de cabecera y “de culto” para los aficionados a los cine-clubs durante los años sesenta y setenta, Losey pertenece, sin reservas, al grupo de cineastas de Arte y Ensayo, al de los cineastas “con mensaje”, realizadores de “cine intelectual”; y aun más de “cine comprometido”, unas tendencias muy celebrado en aquellas dos décadas prodigiosas. Tal vez sea ésta uno de las principales causas de que sus películas hayan “envejecido” mal y que vistas hoy resulten en exceso pretenciosas y aleccionadoras.

El libro de Vallet, siguiendo el formato de la Colección Signo e Imagen / Cineastas de Cátedra, se estructura en dos grandes bloques: el primero, dedicado a la biografía del autor y a ponderar el conjunto de la producción cinematográfica de Losey; y el segundo, a reseñar y comentar la totalidad de su filmografía. Se ofrece, asimismo, un anexo informativo sobre la edición discográfica de las películas del autor, así como la edición de las mismas en DVD y una preceptiva bibliografía general sobre el cineasta y su obra.


Ariodante

jueves, 1 de octubre de 2009

SILENCIO SE... GRABA (Semana del 2 al 8 de octubre de 2009)

Si las lluvias de este final de septiembre, y comienzo de octubre, anegan nuestras ciudades nosotros hacemos lo propio con las recomendaciones televisivas e inundamos de buen cine la siguiente tabla. Antes de consultarla hay que hacer un par de precisiones: a partir de hoy las películas que han sido comentadas previamente aparecerán resaltadas en azul. Los lectores que quieran acceder a dichas reseñas sólo tendrán que buscarlas en el lateral del blog, donde figura una lista por orden alfabético. Como siempre, la cinta o cintas que resaltamos en rojo son las que se comentarán ese jueves; serán filmes que nos apetece reseñar, pero que no tienen por qué ser los mejores de la tabla.

Pinchar en la tabla para verla mejor

Comentarios de algunas de las cintas recomendadas:

55 días en Pekín (55 days at Peking de Nicholas Ray, 1963). Charlton Heston, Ava Gardner, David Niven. (La 2, viernes 2 a las 01:45)

Una superproducción de Samuel Bronston, de esas que hacía en España con grandes directores, separado del sistema de producción americano que agonizaba frente a la todopoderosa televisión. Nicholas Ray, un director de culto, autor de por lo menos media docena de obras maestras, aquí no llega a cuajar uno de sus filmes mayores en parte por problemas con el productor (que llegó a despedirlo dos veces) y de la producción en sí, amén de fallos de casting (los personajes orientales son actores occidentales, y a veces regular maquillados). Pese a todo, si no la tuviera en mi videoteca y se me presentara la oportunidad de grabarla, lo haría sin dudarlo. La cinta entretiene y mucho. Las escenas de acción están muy bien conseguidas, como la del ataque de los boxers (esos chinos con mala leche); o la del arranque de la película, con un Heston con mucha sangre fría. Además la cinta cuenta con la presencia de Ava Gardner y David Niven, dos motivos más para ver la película.



Libertarias (Vicente Aranda, 1996). Ana Belén, Ariadna Gil, Victoria Abril. (Aragón Televisión, lunes 5 a las 01:05)

Viejo proyecto de Vicente Aranda, dirigido 15 años más tarde de haberlo ideado, sobre un argumento suyo y de José Luis Guarner. Nominada para seis Goyas, la cinta destaca por encima de la media de las que se han hecho sobre la Guerra Civil Española, aunque hay mucha gente que opina que todavía no se ha realizado la película definitiva sobre la contienda, probablemente por falta de la suficiente objetividad que dan los años. Precisamente esa falta de imparcialidad es lo que impide que Libertarias sea la mejor obra de Aranda –creo que la trilogía formada por Amantes, Intruso y Celos está por encima, sobre todo la primera-. Sin embargo, el largometraje está brillantemente dirigido, con escenas de gran belleza y diálogos muy bien estudiados que forman parte de un excelente guión.

La trama se desarrolla en los primeros días del conflicto. Dividida en dos partes, en la primera (una amplia introducción) la acción se localiza en Barcelona, recién estallada la Guerra. Allí unas milicianas anarquistas, con Pilar a la cabeza (Ana Belén), “liberan” un burdel y reclutan mujeres para la causa. Entre ellas se encuentra María (Ariadna Gil), una monja refugiada por casualidad en el prostíbulo. Esta circunstancia anuncia otra paradoja más importante: la lucha interior del personaje que se debate entre sus creencias religiosas y la revolución.


La segunda parte transcurre en el frente de Zaragoza, cuando el grupo de mujeres se une a la columna de Buenaventura Durruti –al que Aranda respeta tanto que se niega a descubrir su rostro-. Si en el prólogo Aranda muestra como el caos convive con la ilusión revolucionaria, en el resto de la película va introduciendo el pesimismo y las disputas en el seno del bando republicano hasta la derrota final. Es durante ese largo desarrollo cuando el filme gana en profundidad de los personajes y calidad visual. Así, Aranda rueda una incursión en las líneas enemigas como si fuera un cortejo fúnebre; o realiza una secuencia final terrorífica, propia del mejor cine de género, precedida de una clara metáfora acerca del sacrificio humano.

Pero, sin duda, lo mejor es el tratamiento de los personajes. Todo gira alrededor de María. Los combatientes que se reúnen en torno a ella son, entre otros: un cura, ayudante de Durruti (Miguel Bosé, bastante soso); una prostituta, aburrida de hacer tanto el amor; un expresidiario, que lleva dos años sin acostarse con una mujer; dos milicianos, padre e hijo, que temen que se les pare el reloj; y una anarquista coja que puede comunicarse con los espíritus (Victoria Abril, estupenda), a la que Aranda regala los mejores diálogos. Todos bajo el mando de Pilar que asume una importante misión: proteger a la religiosa en medio del horror de la Guerra.

Cada acción se analiza desde el punto de vista de los inocentes ojos de María. Al principio se somete al grupo desde una especie de síndrome de estocolmo, pero a medida que avanza el metraje va sintiendo verdadero amor hacia Pilar y, por extensión, hacia su causa que pasa por ser una reivindicación feminista más que una militancia anarquista. Ariadna Gil ayuda a que María sea creíble, consiguiendo una de sus mejores actuaciones; dando vida a la religiosa que es capaz de recitar de memoria tanto versículos del Evangelio como párrafos de la obra de Bakunin. Y es que la monja es el ojo imparcial que necesitaba la cinta. Un ojo que finalmente hace que el personaje se quede tuerto por culpa, o gracias, a un brillante plano final.

jueves, 9 de julio de 2009

SILENCIO SE... GRABA (Semana del 10 al 16 de julio de 2009)

Despedimos, temporalmente, la sección de recomendaciones televisivas, por motivos vacacionales, pero eso sí les dejamos con algunos títulos imprescindibles de todos los géneros y épocas. A saber: aventuras en la mar dirigidas por Raoul Walsh, o en la Edad Media realizadas por Richard Fleischer; películas del Oeste de Hawks, Aldrich, King, Wellman, Polonsky, George Roy Hill o Nicholas Ray; cine negro representado por cintas de la talla de Los Amantes de la Noche o Perversidad; y obras tan importantes como Psicosis o Lo Que el Viento se llevó, entre muchas otras. Que disfruten de las vacaciones los que puedan, y los que no tengan descanso que al menos vean buen cine.

Pinchar en la tabla para verla mejor (las películas en rojo no son necesariamente las mejores, son las que se comentan más abajo)

Comentarios de algunas de las cintas recomendadas:
La Verdadera Historia de Jesse James (The True Story of Jesse James de Nicholas Ray, 1956). Robert Wagner, Jeffrey Hunter, Hope Lange. (Radiotelevisión de las Islas Baleares, IB3, viernes 10 a las 17:40)

Con la historia del bandido más célebre del viejo Oeste hay como una especie de bendición: prácticamente todas las películas que han tratado el tema se han saldado con éxito de público, de crítica, o de las dos cosas; y, vistas hoy en día todas tienen su indudable atractivo. Incluidas la reciente El Asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford (Andrew Dominik, 2007); la ambiciosa Forajidos de Leyenda (The Long Riders de Walter Hill, 1980) donde varias parejas de hermanos actores interpretaban a los miembros de la legendaria banda (Los Keach, los Quaid y los Karradine); y las curiosas The Last Days of Frank and Jesse James (de William A. Graham, 1986), con los cantantes Kris Kristofferson y Johnny Cash a la cabeza del reparto, y Balas Vengadoras (I Shot Jesse James, 1948) de otro autor de culto, Samuel Fuller.

Para algunos la mejor versión es la que vamos a comentar, la debida a Nicholas Ray. Aunque si voy a ser sincero yo tengo mis dudas, la culpa la tiene el excelente díptico de la Fox, Tierra de Audaces (Jesse James, 1939) y La Venganza de Frank James (The Return of Frank James, 1940) de Henry King y Fritz Lang, respectivamente. En aquellas películas tan lejanas ya se daba una versión bastante cercana a la realidad. Pero lo que las hacía sobresalientes era la interpretación de Tyrone Power y Henry Fonda en el papel de los hermanos James. Quizás en La Verdadera Historia… sea precisamente el casting lo que falle. Y es que la actuación de Robert Wagner, como el famoso ladrón, no convence. Todo lo contrario que Jeffrey Hunter que hace un Frank James a la altura del mismísimo Fonda.

Lo que sí destaca –y es lo que hace que el largometraje gane tantos enteros- es la personalidad del autor de la cinta. Nicholas Ray no se resiste a incluir el romanticismo característico de sus mejores obras para darle el adecuado tono a la película. Además no desperdicia las pocas escenas donde dialoga la pareja protagonista (Robert Wagner y una bellísima Hope Lange) para resaltar la habitual problemática que le interesa: la lucha de los amantes contra el mundo hostil que no les deja vivir en paz, o contra el destino fatal.

Por otro lado acude a una estructura no lineal para contar las vidas de los hermanos y su grupo de malhechores. Tres largos flash-back dirigen la narrativa. Los dos primeros contados desde el punto de vista de la madre de Jesse (Agnes Moorehead) y de su esposa (Hope Lange). Hábilmente, Ray suaviza la historia (como lo harían, interesadamente, las dos mujeres) y presenta a la familia como una victima de la Guerra de Secesión, y a los delincuentes como su lógica consecuencia.


El tercer comentarista es el propio Frank James. Y Nicholas Ray. El director se vuelve violento para acompañar el relato más descarnado y pesimista del hermano mayor de Jesse; y la película gana en aspecto visual: la secuencia del robo al tren es espectacular, sobre todo el inicio, un largo travelling, con poca luz, aprovechando muy bien el cinemascope, donde Jesse corre por encima de los vagones mientras se puede ver a través de las ventanillas a los pasajeros ajenos al asalto. Desde luego, no hay duda de la importancia de esta película: esa mezcla de acción trepidante con tono crepuscular ha influido en posteriores realizadores (el arranque, y alguna secuencia del atraco final, se parecen demasiado al Grupo Salvaje de Sam Peckinpah; también la escena donde los hermanos se lanzan al río desde un acantilado puede ser el origen de la posterior Dos Hombres y un Destino de George Roy Hill).

El título de La Verdadera Historia de Jesse James se presta a engaño. El espectador que no ha visto la película podría pensar que se trata de una especie de biopic documentado y, por tanto, despersonalizado. Nada más lejos de la realidad. Es una película de autor. Con todo lo que eso significa.



Robin y Marian (Robin and Marian de Richard Lester, 1976). Sean Connery, Audrey Hepburn. (Televisión del Principado de Asturias, domingo 12 a las 15:30)

La mejor película de Richard Lester sin lugar a dudas, que además crece en calidad conforme pasan los años por ella. Todo en esta cinta es nostálgico. Lester consigue un clima crepuscular emocionante y una historia de amor de las más bellas jamás representadas en pantalla. Esto lo logra mostrándonos un Robin Hood entrado en años y una Marian madurita pero aún bella y enamorada de su héroe (Audrey Hepburn, un encanto, como siempre). El director no sólo se dedica a desmitificar todo lo que encuentra (Golfus de Roma, ¡Cómo gané la guerra!) también sabe emocionar, eso sí ayudado por una estupenda banda sonora de John Barry y una fotografía de David Watkin (Memorias de África).



Historia de una Monja (The Nun’s Story de Fred Zinnemann, 1959). Audrey Hepburn, Peter Finch. (Castilla-La Mancha TV, domingo 12 a las 17:30)

Basada en la novela autobiográfica de Kathryn C. Hulme, narra la historia de una monja belga, desde que entra en el convento como novicia hasta que abandona el convento, pasando por su etapa en el Congo Belga. La cinta, nominada para ocho premios de la Academia de Hollywood, resulta demasiado larga, pero consigue presentar con realismo la lucha interior de la protagonista, bastante bien interpretada por la actriz de moda en esos años: la “mujer gacela”, Audrey Hepburn. La estrella consiguió el papel gracias a la recomendación de Ingrid Bergman que previamente lo había rechazado por encontrarlo inadecuado para su edad.



El Quinteto de la Muerte (The Ladykillers de Alexander Mackendrick, 1955). Alec Guiness, Peter Sellers. (Veo TV, domingo 12 a las 22:00)

Producción del legendario Michael Balcon (el que lanzó la carrera de Alfred Hitchcock) para los no menos importantes Ealing Studios. Es la última obra maestra de los Ealing, donde el humor negro llega a sus cotas más altas. La cinta de Alexander Mackendrick narra como una banda de ladrones, camuflados como quinteto musical, intenta asesinar a una anciana indefensa, sabedora de la verdadera identidad del grupo. El jefe de la banda -y protagonista de la película- es Alec Guinnes; el polifacético actor borda el papel de cínico criminal. No le van a la zaga sus compañeros, en especial Cecil Parker, Herbert Lom y un joven Peter Sellers. El filme gozó de merecida fama en su tiempo, fue nominada para el oscar y aún se deja ver con agrado. En el 2004, los hermanos Coen realizaron un remake que resultó bastante inferior al original, como suele ocurrir.



Solo ante el peligro (High Noon de Fred Zinnemann, 1952). Gary Cooper, Grace Kelly. (Canal Extremadura TV, domingo 12 a las 22:29)

Un plano de Lee Van Cleef (la primera vez, en toda su carrera, que salía en pantalla este carismático actor) esperando a alguien, amenazante y con una canción de fondo muy conocida de Dimitri Tiomkim (“Do Not Forsake Me, Oh My Darlin’”, que ganó el oscar) es el arranque de uno de los mejores western de la historia.

Fred Zinnemann da una vuelta de tuerca –la más importante- a un género que se agiganta con este filme. Realmente confirma lo iniciado con El Pistolero (The Gunfighter de Henry King, 1950): que las películas del Oeste podían tener un empaque distinto y profundizar mucho más en el interior de los personajes. Que nadie se espere tiroteos, duelos, indios, caballería y cosas por el estilo. Lo que hay que hacer es sentarse y disfrutar de un largometraje cuyo tiempo diegético es igual al tiempo real, es decir la duración de la película (80 minutos) corresponde a la duración real de la acción para que el espectador se haga partícipe de la angustia del personaje principal: un sheriff al que le quedan minutos para enfrentarse, el solo, a una banda de delincuentes, y todo esto en el día de su boda. Zinnemann “cronometra” la acción continuamente con planos detalles de los distintos relojes de pared, o con ellos en el fondo del plano, utilizando con buen criterio la profundidad de campo.


Pero además tenemos la increíble interpretación de Gary Cooper (otro oscar) y de una casi debutante Grace Kelly, que está magnifica. Aquí el héroe tiene miedo, y se nota. El sudor, la mirada preocupada y la angustia así lo reflejan. Dicen que la falta de maquillaje -y la úlcera sangrante que Cooper tenía que soportar- ayudaron bastante en la interpretación.

Zinnemann colabora con el perfecto registro de la estrella con planos generales en picado donde el sheriff deambula por las desiertas calles en busca de una ayuda que nunca llega. Consigue transmitir el desasosiego que padece el agente de la ley; la misma desazón a la que tenían que enfrentarse los perseguidos por el HUAC (Comité sobre Actividades Antinorteamericanas) cuando eran abandonados por sus amigos y familiares. Y es que esta cinta es un homenaje a todos ellos.

Imprescindible.

jueves, 26 de junio de 2008

SILENCIO SE... GRABA (Semana del 27 de junio al 2 de julio del 2008)

Pinchar en la tabla para verla mejor


Busca tu refugio (Run for cover de Nicholas Ray, 1954) James Cagney, John Derek.

Aunque sensiblemente inferior a Johnny Guitar y a La verdadera historia de Jesse James, sus otros dos western, Busca tu refugio se trata de una interesante y personal película del autor de culto por excelencia Nicholas Ray. Es un largometraje de género de los llamados psicológicos y un western de aprendizaje, donde James Cagney es el rudo y curtido pistolero mientras que Derek (que ya trabajó con Ray en Llamad a cualquier puerta) es el joven que termina por enfrentarse a su maestro. La rebeldía de la juventud y la incomprensión por parte de los adultos son temas que interesaban y mucho al prestigioso director, tal como demostró a lo largo de su carrera en varias de sus mejores cintas.


King Kong (Ernest B. Schoedsack y Merian C. Cooper, 1933) Fay Wray, Bruce Cabot, Robert Armstrong.

Se cumple este año su 75 aniversario y sigue siendo la película mítica por antonomasia, aquella que ha pasado de generación en generación causando admiración. La idea original no proviene de la literatura como Drácula, Frankestein y otros mitos, sino de la propia industria del cine. El director y productor Merian C. Cooper y el prestigioso documentalista Ernest Schoedsack dieron vida al monstruo y salvaron a la RKO de la ruina. La historia se basa en la dualidad de la bella y la bestia. La escena final con King Kong luchando contra los aviones en la cima del mundo (The Empire State Building) ha pasado a la historia del cine. Kong despierta las simpatías del espectador que ve como se debate en un mundo extraño para él, como cualquier marginado, y que sólo lucha por su amor. "No han sido los aviones, fue la bella quien mató a la bestia" dice al final Robert Armstrong.


El Hidalgo de los Mares (Captain Horatio Hornblower, R.N. de Raoul Walsh, 1951) Gregory Peck, Virginia Mayo, Christopher Lee.

El filme pertenece a la segunda etapa de Raoul Walsh dentro del género. La primera se centró básicamente en las cintas que hicieron juntos el cineasta y Errol Flynn en los años cuarenta. Por cierto, se le echa de menos en el largometraje que nos atañe, aunque es cierto que Gregory Peck está a la altura, y muy bien secundado por la “bizca” más famosa de Hollywood: Virginia Mayo. El guión era una adaptación de las tres novelas de C.S. Forester, un escritor muy conocido para los amantes de la náutica. Algo así como el Patrick O’Brian de hoy en día. De hecho sus personajes (Horatio Hornblower para Forester, Jack Aubrey para O’Brian) son comandantes de barcos de su majestad en la época de las guerras napoleónicas. No voy a caer en la tentación de comparar El hidalgo de los mares con Master and Commander de Peter Weir –aunque ya lo estoy haciendo-, sólo decir que la adaptación del director australiano es perfecta; el que lea el libro me dará la razón. Y es que la vida en una fragata inglesa de principios del XIX debía ser como se la imagina el lector y como luego la presenta en pantalla Peter Weir. Con la cinta de Walsh no ocurre lo mismo. En primer lugar se nota demasiado la unión de varios libros en un solo guión. Hay una ruptura mediada la cinta que nos hace pensar si no hubiera sido mejor haber hecho dos filmes. Y luego está la ambientación. Aunque era muy buena para la época, queda a años luz del filme de Weir. Evidentemente, en 1951, no se disponía de los mismos medios con los que se cuenta ahora. Aún así, Captain Horatio Hornblower es una película muy interesante. Con el brillante technicolor de los años cincuenta, las actuaciones de sus estrellas –y un elenco de secundarios con Christopher Lee a la cabeza-, más las impresionantes batallas navales y una historia que engancha, El Hidalgo de los mares puede ser uno de los mejores largometrajes de aventuras realizado en la época dorada del cine americano.

viernes, 25 de enero de 2008

EN UN LUGAR SOLITARIO ( In a Lonely Place, Nicholas Ray, 1950 )



La cinta es una de las dos obras maestras que regaló el director de culto por excelencia, Nicholas Ray, a Humphrey Bogart y su productora “Santana” -la otra es Llamad a cualquier puerta-. No es de extrañar que Gloria Grahame fuera la protagonista ya que dos años antes se casaba con el realizador. El matrimonio no duró mucho, pero fue muy sonada su boda con su último marido, Anthony Ray, a la sazón hijo de Nicholas. Parece que todo quedaba en familia.

In a lonely place son múltiples películas en una sola, de ahí su enorme atractivo para cualquier cinéfilo. En primer lugar es una crítica feroz contra el propio Hollywood: el protagonista es un guionista amargado que no duda en enfrentarse a los productores, directores y estrellas echándoles en cara su falta de profesionalidad, ya sea por intereses comerciales o por simple arribismo. En cierta forma se puede considerar una obra autobiográfica ya que el propio Ray sufrió lo suyo para sacar adelante sus proyectos personales.



Pero también es una cinta donde aparece uno de los temas preferidos de Nicholas Ray: las dificultades de la pareja (Gloria Grahame y un violento Humphrey Bogart) para vivir su historia de amor en un entorno hostil. En este caso, la presión de la policía -que cree que Bogart es el asesino de una camarera- no deja que esa convivencia llegue a buen termino. La situación se repetirá en obras posteriores del mismo autor. Así, en Johnny Guitar, Sterling Hayden y Joan Crawford intentaban vivir su amor en el pasado y en el momento de la acción, pero el entorno social, la ambición y los oscuros antecedentes de Johnny como pistolero, hacían que les resultase imposible vivir juntos. Lo mismo les ocurría a los personajes que encarnaban James Dean y Natalie Wood en Rebelde sin Causa, esta vez la presión la ejercían la familia y sus propios amigos.

Por último resulta interesante observar como Ray utiliza distintos puntos de vista en la trama. No sólo el del protagonista, como sucede en la mayoría de los filmes clásicos de la época, sino que a medida que la violencia se hace más patente, el punto de vista de Gloria Grahame cobra importancia y se alterna con el de Bogart hasta la resolución final. Y es que la estrella realiza una de sus mejores interpretaciones. Lejos de sus tumultuosos matrimonios y de su preocupación por su aspecto físico –se rellenaba los labios para darles mayor realce de tal forma que más de uno terminó con la boca llena de algodón después de haberla besado- Gloria Grahame era muy seria en su trabajo y una excelente actriz que cosechó importantes premios, entre ellos un oscar de la Academia.



En un lugar solitario es una película imprescindible para todos los cinéfilos en general y para los amantes del cine de Nicholas Ray en particular. Es un filme en el que se pueden analizar todos los elementos que luego Ray desarrollará en posteriores largometrajes; pero también es una cinta para disfrutar de las imágenes, de la trama y de... Gloria Grahame.



Ver Ficha de En un lugar solitario.

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