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lunes, 12 de enero de 2026

EL HIDALGO DE LOS MARES (Captain Horatio Hornblower, R.N. de Raoul Walsh, 1951)

Jack L. Warner no se lo pensó dos veces cuando compró los derechos de la trilogía de C.S. Forester en cuanto esta fue escrita en 1939 (“The Happy Return”, “Ship of the Line” y “Flying Colors”, números 6, 7 y 8 de la serie Hornblower), aunque luego se tardase más de una década en rodar la película. 


Gregory Peck, que siempre había querido interpretar a Horatio Hornblower, se tomó muy en serio su papel y se preparó a conciencia para ello: antes de empezar recibió clases de navegación y estudió a fondo la guerra naval del siglo diecinueve. Al finalizar el rodaje quedó tan satisfecho de su trabajo que propuso filmar una secuela, proyecto que por desgracia nunca se llevó a cabo. 

La historia que narra El hidalgo de los mares arranca en el Pacífico, en aguas de América Central, con la fragata inglesa “Lydia” bajo el mando de Horatio Hornblower (Gregory Peck). Las intenciones del capitán son entregar armas y municiones al líder mestizo “El Supremo”, aliado de Inglaterra y enemigo común de España. Hornblower cumple su misión y además captura el navío español “Natividad” que también entrega a su tiránico aliado. Lo que no sabe el oficial británico es que España e Inglaterra han firmado una alianza para unir sus fuerzas contra Francia y, por tanto, ahora urge recuperar el “Natividad” antes de que “El Supremo” cometa una barbaridad... 

El hecho de que el propio Forester comprimiese sus tres libros para hacer una sola película se nota demasiado en un guion desigual que se parte en dos: la primera parte, la que se desarrolla en el Pacífico, es mucho más entretenida, con el alto ritmo típico de los filmes de Raoul Walsh y con un desenlace que deja las cosas tan tranquilas que luego es muy difícil de remontar. La acción de la segunda parte se hace de rogar ya que el enamoramiento durante el viaje, la llegada a Inglaterra y el nuevo destino ocupan mucho metraje. La película de aventuras se transforma en un melodrama y el conjunto se resiente de ello.


Por si eso fuera poco, la historia de amor no encajaba con los libros de Forester. Virginia Mayo era demasiado sensual y de ello se quejó Gregory Peck. Walsh atendió las recomendaciones del actor y ordenó que se reescribiera el guion. Los problemas con el libreto no fueron nada comparados con los retrasos provocados por el mal tiempo. Walsh quiso rodar de la forma más realista posible y siempre que pudo embarcó a su equipo a bordo, pero eso tenía un coste en días de producción perdidos a causa de los temporales tan habituales en el mar del Norte. 

El combate naval más interesante de los que salen en la cinta es aquel que se desarrolla en el primer tercio del filme cuando se enfrentan la fragata “Lydia” de Hornblower contra el navío “Natividad” del cacique centroamericano. La secuencia se convierte en uno de los combates navales más bellos nunca dirigidos gracias a la combinación de agilidad en la acción y síntesis narrativa que siempre caracterizó a Raoul Walsh.

El mérito de Walsh es mayor si tenemos en cuenta que antes apenas había dirigido películas de ambiente naval. Destacan tan sólo un par de comedias en los años treinta. Desde luego no fueron estas cintas, sino El hidalgo de los mares la culpable de que Walsh le cogiera el gusto al cine del mar. De hecho, la aventura del capitán Hornblower resultó la antesala de una serie de cintas navales que realizó Walsh ya fuera de la Warner. Fue una trilogía que dirigió en poco más de un año y que arrancó con una de las obras importantes del género: El mundo en sus manos.




El post es un extracto corregido para la ocasión del capítulo dedicado a El hidalgo de los mares en mi libro: CINE Y NAVEGACIÓN. Los 7 mares en 70 películas





domingo, 26 de septiembre de 2021

MOBY DICK (John Huston, 1956)

La idea de filmar “Moby Dick” siempre estuvo rondando por la cabeza de John Huston, un admirador de la obra de Melville desde su infancia. Ya se intentó en dos ocasiones anteriormente, ambas protagonizadas por John Barrymore en el papel del capitán Ahab: la muda La fiera del mar (The Sea Beast, Millard Webb, 1926) y su remake La fiera del mar (Moby Dick, Lloyd Bacon, 1930) en los albores del sonoro. Ninguna de las dos resultó muy fiel a la novela de Melville, algo que John Huston quiso remediar con una versión más moderna y respetuosa con las intenciones del escritor.


No fue hasta 1954 cuando Huston por fin pudo llevar a cabo su sueño. Antes de empezar, el director tenía dos cosas muy claras: creía saber de qué trataba la película, y contaba con el actor ideal para llevarla a cabo: Walter Huston. El problema fue que su padre murió antes de que se diese el visto bueno a la viabilidad del proyecto. Huston pensó en varios candidatos como sustitutos, pero la Warner quería a Gregory Peck. Así que Huston no tuvo más remedio que conformarse, convencerse de que Peck era el mejor actor para el papel y, lo que fue más difícil, convencer también a la estrella. Peck no las tenía todas consigo, se veía demasiado joven para interpretar a un lobo de mar como Ahab, pero finalmente accedió ante la insistencia y seguridad que mostraba Huston. Años más tarde supo que el director nunca había pensado en él como primera opción, que le había engañado debido a la presión de los productores. Nunca se lo perdonó.

A pesar de no estar muy cómodo con el rol que le había tocado, Gregory Peck se esforzó por parecer un Ahab enloquecido que en su delirio logra convencer a la tripulación para que lo siga hasta el infierno. Ante unas críticas no demasiado buenas, pues nadie se imaginaba al bueno de Peck en ese endemoniado papel, el actor se defendió culpando de su relativo fracaso al exceso de prosa del guion —uno de los fallos de la película—, y a la falta de fuerza de un registro que no dominaba en aquel momento. Huston, no obstante, siempre elogió la actuación del actor y aseguró que las generaciones futuras, menos influenciadas por los papeles de galán asociados a la estrella, sabrían valorar su interpretación.  

El director tenía razón: Peck hace un muy digno Ahab. Además los posibles defectos de idoneidad del actor son compensados por las extremas angulaciones de cámara de Huston que inciden en el drama cuando éste lo necesita, y sitúan al capitán en posición dominante con respecto al resto de la tripulación. Acerca de la edad de Peck (38 frente a los 58 que se supone tenía Ahab), su interpretación y el maquillaje minimizan bastante el problema; algo que no sucede con Richard Basehart, un personaje, el de Ismael, que frisaba la veintena y que en la película se muestra incapaz de disimular las cuarenta primaveras que en realidad tenía el actor.




Decimos que Huston siempre tuvo claro de qué trataba la novela: él creía que todo lo que sucedía en el libro era consecuencia de la blasfemia cometida por Ahab cuando consideraba que la ballena era una representación de Dios, que Dios era un ser malvado que disfrutaba torturando a los hombres. Para escribir un guion que tuviese en cuenta ese tema central, el director encargó el correspondiente tratamiento a Ray Bradbury. 

El estilo de Bradbury, según el realizador, era similar al de Melville a pesar de ser un especialista en relatos de ciencia ficción. Bradbury reconoció que Melville y él tenían las mismas raíces: Shakespeare y La Biblia, pero le confesó a Huston que nunca había podido con “Moby Dick”. Huston no se preocupó demasiado, le entregó una copia del libro y le dijo: “lee lo que puedas y dime mañana si somos capaces de matar a la ballena blanca”.

Para “matar a la ballena”, Huston gastó mucho tiempo y más dinero. El rodaje en Madeira, Irlanda y Canarias se realizó en condiciones muy duras debido al mal tiempo y al fallo de los distintos artilugios mecánicos que simulaban al cetáceo, la mayoría de ellos perdidos en el océano. El último, el utilizado en Canarias, era una ballena de goma de más de ochenta pies, diseño precursor del utilizado en Tiburón (Jaws, Steven Spielberg, 1975). Precisamente, la segunda mitad de la película de Spielberg se considera una versión moderna de Moby Dick, donde el cazador de tiburones interpretado por Robert Shaw era un Ahab redivivo, y el monstruo, si bien era un escualo en vez de una ballena, seguía siendo del color de la muerte: blanco.

Con el buque que Huston compró para simular el “Pequod” tampoco le fueron muy bien las cosas: se desarboló hasta en tres ocasiones. Tantas calamidades las achacó Huston en sus memorias a una maldición divina por haber realizado el largometraje que tan mal dejaba al Todopoderoso: “Moby Dick es la película más difícil que he hecho en mi vida. Perdí tantas batallas mientras la hacía que llegué a pensar que mi ayudante de dirección estaba conspirando contra mí. Luego comprendí que solamente era Dios”. 


Mi interpretación es ligeramente diferente a la de Huston: El mal reside en el interior de Ahab que parece como poseído por el demonio. Hay un par de ocasiones en Moby Dick en las que Ahab habla de su conflicto interno, de cómo intenta en vano resistirse a continuar con su obsesión por matar a la ballena: “Ahab debe temer a Ahab”, exclama el capitán cuando discute con su segundo. 

Por tanto, el verdadero Leviatán es el odio y la venganza de Ahab, mientras que la blasfemia de la que habla Huston es en realidad el ritual diabólico que celebra el capitán con la dotación, la ceremonia satánica que templa el acero con la sangre de los marineros para fabricar el arpón que dará muerte a la bestia. El combate entre Ahab y la ballena no es otra cosa que el reflejo de su lucha interior, batalla a la que ha arrastrado a toda la dotación. Hasta el segundo, que siempre se había mantenido al margen, al final se une al frenesí de destrucción y muerte. 

En la escena final, Ismael se aferra al ataúd de su amigo Queequeg, lo único que queda del “Pequod”, al tiempo que un remolino se traga al ballenero y lo conduce directamente al infierno. “La gran mortaja del mar envuelve al ‘Pequod’, a su dotación y a Moby Dick, sólo yo escapé para contarlo.”, dice Ismael en la última de las simbologías de una película que es de principio a fin una bella y trágica metáfora.


El post es un extracto corregido para la ocasión del capítulo dedicado a Moby Dick en mi libro: CINE Y NAVEGACIÓN. Los 7 mares en 70 películas



lunes, 16 de marzo de 2020

EL MUNDO EN SUS MANOS (The World in His Arms de Raoul Walsh, 1952)

El capitán Jonathan Clark (Gregory Peck) acaba de regresar a San Francisco después de una larga campaña en aguas de Alaska. Clark recorre la ciudad para buscar al resto de la tripulación de la "Peregrina" raptada por “El Portugués” (Anthony Quinn). El marino luso, a la sazón patrón de la "Santa Isabel", pretende reclutar a la fuerza a los hombres de Clark: los necesita para llevar a la condesa Marina Selanova (Ann Blyth) a Alaska donde vive su tío, el gobernador de la compañía de pieles rusa. 

Entre idas y venidas de la condesa, que engatusa también a Clark para que la lleve a su destino, se desarrolla esta película de aventuras que el guionista Borden Chase adaptó al cine a partir de la novela homónima de Rex Beach. Un filme de aventuras que es por entero de ficción, pero que se inspira en la compra de Alaska (territorio perteneciente a Ruisa) por parte de los Estados Unidos. En el largometraje se nombra una de las razones: la venta del territorio era la solución ideal para enmendar la bancarrota de la compañía rusa de pieles. 

La escena que todo el mundo asocia con el filme, la regata entre “La Peregrina” y la “Santa Isabel”, es un prodigio de ritmo made in Raoul Walsh. Una emocionante persecución a todo trapo donde “El Portugués” siempre va a remolque de lo que hace Clark, mucho mejor marino. Ambas goletas navegan con viento tan fresco que amenaza con romper los mástiles. La interpretación de Peck y Quinn se encuentra a la altura de la legendaria secuencia, cada uno dominando sus registros a la perfección. Con respecto al primero, se nota que se encuentra mucho más cómodo en su posición de comandante que contiene las emociones que en las escenas en las que se comporta como un bravucón borracho y pendenciero.


El fallo que se le suele achacar a la película es la falta de acción por culpa de la historia de amor. Es posible que las pretensiones fallidas de Chase, que prefería a John Wayne, influyera a la hora de ahorrar escenas de acción y le empujasen a Walsh a dedicar más tiempo a desarrollar la trama romántica. También la edad avanzada del director (67 años), y los continuos dolores de espalda que sufrió durante el rodaje, pudieron causar una menor atención a dicho tipo de secuencias. 

De todas formas, para los que echan en falta más movimiento, sólo la secuencia de la regata demuestra que aún quedaba Raoul Walsh para rato. De hecho, El mundo en sus manos fue la primera de tres cintas de ambiente naval casi seguidas. Es posible, eso sí, que fuera el último gran largometraje de aventuras del director si no tenemos en cuenta la trilogía de westerns realizada con Clark Gable a mitad de la década de los cincuenta.

En mi opinión, El mundo en sus manos es una cinta muy bien escrita, con buenos diálogos, con bastante humor y que, pese a lo que digan, no necesita más escenas de acción. Además, la gestión de la subtrama romántica me parece perfecta; y la de la otra historia de amor también: “Hemos hecho muchos viajes y hemos visto muchos puertos, cuando esto acabe nos iremos a casa; nos iremos a Salem”, le dice el capitán a su barco en una emocionante y tierna declaración.


El post es un extracto corregido para la ocasión del capítulo dedicado a El mundo en sus manos en mi libro: CINE Y NAVEGACIÓN. Los 7 mares en 70 películas


lunes, 20 de junio de 2016

CINE EN TV: VACACIONES EN ROMA; NO ES PAÍS PARA VIEJOS



 
Vacaciones en Roma (Roman Holiday de William Wyler, 1953). Autrey Hepburn, Gregory Peck, Eddie Albert. (Paramount Channel, martes 21 de junio a las 02:00).

Cuento de Cenicienta al que Dalton Trumbo le da la vuelta para convertirlo en la historia de una princesa que se despierta en casa de un periodista, y que decide tomarse el día libre para descubrir Roma como una turista anónima más. El guión fue merecedor del Óscar, pero el escritor no pudo recogerlo al estar perseguido por el comité de asuntos antinorteamericanos, razón por la que su nombre no aparece en los créditos.
  
El caso es que Roman Holiday es una deliciosa comedia que supuso un gran cambio en las vidas de aquellos que la realizaron. Por un lado, William Wyler se aleja momentáneamente del drama, y de Estados Unidos, para rodar en Roma- dicen que también para poner distancia entre él y el comité de McCarthy… Seguir leyendo




No es país para viejos (No Country for Old Men de los hermanos Coen, 2007). Javier Bardem, Tommy Lee Jones, Josh Brolin, Woody Harrelson. (Paramount Channel, miércoles 22 a las 22:37).

Que por una entrada de cine puedas ver dos películas no tiene que ser siempre necesariamente bueno. Con No Country for Old Men no lo ha sido. La sensación de haber visto dos filmes –uno bueno; el otro no- compite con esa otra de haber presenciado un intento loable, pero fallido, de originalidad

Y es que la cinta de los Coen comienza de forma brillante. Arranca como deben arrancar las obras importantes: con imágenes de ese país no apto para las personas –no sólo para las mayores-. Un descubrimiento da pie para que se desarrolle una acción más que correcta. La trama recuerda aquella excelente historia de Sam Raimi: Un Plan Sencillo (A Simple Plan, 1998); allí unos cuervos, tan negros como la cinta, contrastaban sobre la blanca nieve para no presagiar nada bueno. Aquí, la presentación del personaje principal (Bardem); el propio paisaje; la banda sonora, repleta de silencios, sólo rotos por el sonido del viento; o una amenazante nube, un cúmulo nimbo que nos avisa de lo que se avecina; todo ello nos sujeta firmemente a la butaca y nos dice que algo va a suceder; y no va a ser un cuento de hadas... Seguir leyendo.



jueves, 15 de octubre de 2009

SILENCIO SE... GRABA (Semana del 16 al 22 de octubre de 2009)

No terminan de caer las hojas en este extraño comienzo del otoño; eso es lo que ocurre aquí, en el Sur, donde el calor se niega a abandonarnos. Al menos tenemos buen cine en las distintas cadenas de televisión en abierto. Así, cintas ochenteras y clásicas conviven con películas modernas de David Cronenberg, Steven Soderbergh o Andrew Jarecki. Obras maestras del cine mudo y del Neorrealismo se programan junto a filmes de aventuras, comedias legendarias o largometrajes españoles tan buenos como El Sur o Secretos del Corazón. Que las disfruten.

Pinchar en la tabla para verla mejor (las películas resaltadas no tienen por qué ser las mejores; las de color azul ya han sido comentadas anteriormente, pueden acceder a la reseña en la lista alfabética del lateral del blog; las de color rojo se comentan más abajo)


Comentarios de algunas de las cintas recomendadas:

El Perro del Hortelano (Pilar Miró, 1996). Emma Suárez, Carmelo Gómez. (Canal Extremadura TV, sábado 17 a las 21:50)

Brillante adaptación de una de las mejores obras de Lope de Vega. Pilar Miró dirige con maestría la conocida historia de los celos que tiene una condesa (Emma Suárez) por el amor que se profesan su secretario y su dama de compañía. Al sentirse enamorada del primero (Carmelo Gómez) intenta estorbar la relación que envidia; cuando consigue atraer a su empleado también interrumpe su romance con él debido a la diferencia de clases. Ni come ni deja comer.

La versión es tan fiel al texto de Lope que los diálogos son en verso, sin embargo Pilar Miró huye, cuando puede, de la teatralidad. También utiliza su experiencia como realizadora de programas dramáticos para no caer en la trampa de dirigir una adaptación televisiva de la comedia. Con las primeras secuencias no lo consigue del todo, pero pronto descubrimos que es cine lo que tenemos ante nuestros ojos cuando rueda un larguísimo travelling de los actores principales; cuando “airea” una conversación y la sitúa en un paseo en góndola; o cuando utiliza el texto de Lope como voz en off de uno de los amantes mientras nos muestra bellas imágenes del contrario.



En su afán cinematográfico, la directora no pierde la oportunidad de presentar escenas cotidianas de la época, como juegos infantiles, labores de jardinería y tertulias en los parques, siempre aprovechando al máximo los paréntesis de la historia. Con ello consigue una ambientación ganadora de premios (un Goya que acompaña a seis más en otras categorías) e inunda de color la simpática trama. También utiliza el aspecto cromático para separar las secuencias, para dividir el filme en capítulos diferenciados. Elige a la condesa -que realmente dirige el argumento con sus actos- y la pinta de un color distinto cada vez que la trama cambia. Así, los vestidos de Emma Suárez se suceden del amarillo al naranja y del azul pastel al rojo, pasando por el morado.

Con unos actores que no desentonan (quizás Fernando Conde se exceda en su papel picaresco y muestre ramalazos de su paso por el grupo "Martes y Trece") y con un decorado de excepción (palacios y parques de Lisboa y Setúbal) firma Pilar Miró una de sus mejores películas, un disfrute para la vista y para el oído que además tiene la virtud de ganar con los años.



Vacaciones en Roma (Roman Holiday de William Wyler, 1953). Gregory Peck, Audrey Hepburn. (Canal 9, domingo 18 a las 23:45)

Cuento de Cenicienta al que Dalton Trumbo le da la vuelta para convertirlo en la historia de una princesa que se despierta en casa de un periodista, y que decide tomarse el día libre para descubrir Roma como una turista anónima más. El guión fue merecedor del oscar, pero el escritor no pudo recogerlo al estar perseguido por el comité de asuntos antinorteamericanos, razón por la que su nombre no aparece en los créditos.

El caso es que Roman Holiday es una deliciosa comedia que supuso un gran cambio en las vidas de aquellos que la realizaron. Por un lado, William Wyler se aleja momentáneamente del drama, y de Estados Unidos, para rodar en Roma- dicen que también para poner distancia entre él y el comité de McCarthy-; Gregory Peck por fin puede participar en una comedia romántica, y descubre que se le da muy bien, pronto volverá al rol de periodista en la mejor de las comedias de Vincente Minnelli: Mi desconfiada esposa (Designing Woman, 1956); y, sobre todo, para Audrey Hepburn. La “mujer gacela” rompe con el prototipo de actriz ideal que se llevaba en las décadas anteriores gracias a su espontánea actuación, su figura delgada y su elegante belleza. A partir de la interpretación de la princesa Ana –y del oscar- su carrera se lanza imparable hacia el estrellato.

La película contiene secuencias inolvidables. Destacan la que inicia el enredo en la casa del periodista o el viaje en moto por Roma. Además, todas ellas repletas de anécdotas en el rodaje, algunas tan graciosas como la conocida de la escena en la Bocca Della Veritá.

Vacaciones en Roma inició una desigual serie de películas, digamos turísticas, muy inferiores en calidad donde sólo Cómo casarse con un millonario (How to marry a millonaire de Jean Negulesco, 1954) se salva de la quema.

lunes, 6 de julio de 2009

COLABORACIÓN: Los niños del Brasil (The boys from Brazil, Franklin J. Schaffner;1978)



Cuando en 1.978 el director Franklin J. Schaffner presentó en los cines de todo el mundo su adaptación cinematográfica de la novela de Ira Levin Los niños del Brasil, el debate ético y moral en torno a cuestiones como la clonación humana se encontraba aún en fase embrionaria; la sociedad de la época no estaba preparada ni tenía los elementos necesarios para enfrentarse a un debate de tal calibre, y el camino que quedaba por recorrer todavía era largo. En este contexto, los productores del film de Schaffner prefirieron arrastrar espectadores a las salas con un slogan que rezaba "Se acerca el IV Reich" poniendo más el acento en el hipotético resurgimiento del régimen nazi que recreaba la película que en la verdadera revolución genética que lo provocaba. Plantear un presunto retorno de la hegemonia nazi forjado desde un laboratorio era en plenos 70 y para los profanos en la materia poco menos que un ejercicio de política ficción. Lo de la clonación y la ingeniería genética seguía siendo cosa de las películas – la serie B había dado buena cuenta del tema en las dos décadas anteriores- al menos para el ciudadano medio que prácticamente no nos desayunamos del asunto hasta que años después no vimos aparecer a la oveja Dolly en las primeras páginas de los periódicos. Encontramos aquí el argumento más común que esgrimen aquellos para quienes el film ha quedado obsoleto, aunque sobre este particular habría también mucho que discutir. Y eso que a buen seguro que e haber sido rodada en nuestros días Los niños del Brasil se hubiese planteado desde una perspectiva distinta y hubiese generado un debate también muy diferente.
Tanto la película de Schaffner como la novela de Levin presentan una base más o menos real. Levin y Schaffner eran sabedores por supuesto de toda la serie de aberraciones cometidas por Menguele durante su etapa de Austwitz que le valieron el sobrenombre de "el Angel de la Muerte" y que tenían por objeto reafirmar la supremacía de la raza aria sobre el resto y de paso la vigencia del ideario nacionalsocialista. Los últimos años en la vida de Joseph Mengele todavia arrojan bastantes interrogantes pero ya en el año en el que se rodó el film se sabía que tras la caída del III Reich se había exiliado a Sudamérica y que había vivido allí hasta su muerte. Lo que no está tan claro es que Mengele continuase allí sus execrables experimentos como postula la película; más bien parece que pasó sus últimos días huyendo de sus perseguidores, acosado por el Mossad, y ocultando su verdadero nombre bajo una serie de identidades falsas. Y aquí es donde entramos en el terreno de la pura ficción.
Años antes de la publicación de Los niños del Brasil, Ira Levin había cosechado otro espectacular éxito internacional gracias a La semilla del diablo, otro impactante best seller llevado también al cine con resultados más que satisfactorios . La adaptación a la pantalla de la obra por parte de Roman Polanski abrió todo un subgénero dentro del género, una vertiente podríamos llamar satánica dentro del cine de terror. Las salas se llenaron de exorcismos, ritos esotéricos y posesiones demoniacas, un filón que explotaron films como El exorcista o La profecia. Y la que nos ocupa, aunque con un leve matiz. Si la primogenita de Rosemarie, Demian o la archifamosa "niña del exorcista", protagonistas de las películas citadas eran engendros directos de Satán o lo tenían metido en sus pequeños cuerpecitos, el origen de estos niños del Brasil estaba en unas células de esa especie de personificación del Diablo en la tierra llamado Adolf Hitler. Claro que que esos niños en principio tan diábolicos y tan endemoniados en realidad no lo eran tanto a causa de la educación que habían recibido por parte de las familias a las que habían sido confiadas. Esto nos adentra en una de las tesis fundamentales del fin y que a la vez que nos proporciona algo de consuelo: nuestro comportamiento y nuestra predisposición hacia el bien o el mal depende de factores culturales y no hereditarios.

En el capítulo artístico, la película nos brinda la oportunidad de ver frente a frente a dos grandes clásicos de la Historia del Cine. Quince años después de haber interpretado en la pantalla al intachable Atticus Finch, el gran Gregory Peck da vida a un personaje en las antípodas de éste. Para Peck debió resultar todo un reto encarnar a ese auténtico icono del Mal que era Menguele, después de que su protagonista en la maravillosa obra maestra de Mulligan le hubiese consagrado para siempre como el paradigma del ciudadano ejemplar y el padre modelo. En el otro lado del ring, encontramos a Sir Lawrence Olivier en el papel del anciano cazanazis que debe cargar a su pesar con la responsabilidad de poner freno a los diábolicos planes de su contricante. Es su personaje si se me permite la expresión un "abuelo cebolleta" que se resiste a serlo, que renuncia a la venganza negándose a recrearse en el pasado y optando por afrontar con dignidad y con calma sus últimos días. El histrionismo y la afectación con la que Olivier compone su personaje se entienden como una concesión de la película, una manera de descargar la tensión y el dramatismo de la historia y hacerla virar claramente hacia el humor. Otra paradoja que nos brinda el espectacular reparto de la película es ver como el doctor encargado de explicar al personaje de Olivier las maldades del proyecto nazi al austríaco Bruno Ganz que años más tarde habría de meterse en la piel del mismísimo Adolf Hitler en la película El hundimiento.
Los niños del Brasil arranca como una filmde acción más; al más puro estilo James Bond la trama nos lleva a viajar a distintos puntos del planeta: Praga, Brasil, Paraguay, Suecia... Pero además de acción, aquí también hay hueco para el thriller político, el cine fantástico, la intriga y el suspense. Y el terror, claro, con una tensión que va in crescendo y culmina en una memorable escena que tiene por protagonistas a una hambrienta jauría de dobermans y a un niño con una mirada tan demoníaca como angelical. Atractiva amalgama de géneros muy característica de este tipo de producciones. Se nota la mano de Franklin J. Schafner, todo un experto en la adaptación a la pantalla de best sellers. Si acaso se deba poner algún pero, habremos de hablar de la factura por momentos un tanto televisiva que el director imprime a su film. Poco importa. El tema es tan atractivo y el tratamiento resulta tan apasionante que el hecho de que a veces las formas no estén a la altura sólo ha de entenderse como un error menor.

jueves, 26 de marzo de 2009

SILENCIO SE... GRABA (Semana del 27 de marzo al 2 de abril de 2009)

A las puertas de la Semana Santa ya asoman películas propias de estas fechas como Los Diez Mandamientos, que acompañan a otras cintas interesantes, todas ofrecidas por los canales televisivos nacionales y autonómicos. Son largometrajes tan buenos, que incluyen en la lista a La Noche del Cazador de Charles Laughton, a Los Pájaros de Hitchcock, a La Mujer Pantera de Tourneur, a Río Grande de John Ford, a Tess de Polanski o a Almas sin conciencia de Fellini, entre muchos otros.

Pinchar en la tabla para verla mejor (las películas en rojo no son necesariamente las mejores, son las que se comentan más abajo)


Comentarios de algunas de las cintas recomendadas:


El Dorado (Howard Hawks, 1967) John Wayne, Robert Mitchum, James Caan. (IB3 y CARTV, viernes 27 a las 17:50 y sábado 28 a las 14:45, respectivamente)

El Dorado es un remake de Río Bravo (1959) y un anticipo de Río Lobo (1970), todas de Howard Hawks, uno de los grandes. Con esta trilogía el genial director quiso ofrecer una alternativa a Solo ante el peligro (High Noon de Fred Zinnemann, 1952). Y lo consiguió: el sheriff sólo necesita de sus colaboradores (un borracho, un anciano y un muchacho imberbe) para solucionar sus problemas, dejando al margen al pueblo que para eso lo eligió... leer más



Hombres Intrépidos (The Long Voyage Home de John Ford, 1940). John Wayne, Thomas Mitchell. (Popular TV, sábado 28 a las 18:00)

John Ford influenciado por el expresionismo, crea una obra maestra. Es en sí pesimista y va claramente en contra de la corriente de la época, de fervor patriótico y propaganda pro-bélica. Es la antítesis de la aventura, es un alegato a la soledad, a la cruda realidad de unos hombres que se gastan la paga de dos años en una noche y que no tienen más remedio que volver a embarcar para subsistir… leer más



Arabesco (Arabesque de Stanley Donen, 1966). Gregory Peck, Sophia Loren. (Telemadrid, domingo 29 a las 22:00)

Película entretenida de Donen que quiere emular a la excelente Charada (Charade, 1963), pero que lo consigue sólo a medias. Otra vez la música de Henry Mancini, y los créditos de Maurice Binder, son magníficos, pero la acción no está a la altura. Espejos y grandes angulares –demasiados- estropean una trama que quiso tener un aspecto original. Lo más interesante es ver a la pareja Sophia Loren-Gregory Peck imitando a la mejor Audrie Hepburn-Cary Grant. Los guiños a Hitchcock siguen siendo evidentes.



Big Fish (Tim Burton, 2003). Ewan McGregor, Albert Finney, Jessica Lange. (TvCanaria, miércoles 1 a las 21:15)

Reconozco que no soy muy entusiasta de Tim Burton y que me cuesta bastante ver sus películas, sobre todo las últimas. A pesar de esto, Big Fish me resultó interesante gracias a su apartado técnico y a la original forma de contar las historias que tiene el director de Ed Wood.

Burton sigue fiel a su manera de entender el cine y la vida misma, pero esta vez se retrata aún más que en anteriores producciones cuando la película quiere homenajear a aquellas personas que se resisten a crecer. A los eternos jóvenes que siguen viviendo sus historias, cada vez más cercanas a lo imposible.

El realizador acierta con la pareja protagonista al elegir a Ewan McGregor y Albert Finney (el mismo personaje, a diferentes edades). Mientras que la puesta en escena se rodea de una fotografía muy estudiada: una paleta de colores intensa, con algún matiz gótico (no se resiste Burton a incluirlo) para las narraciones fantásticas; y un tono más convencional para la vida real.

Y es que la cinta se desarrolla a caballo entre la realidad y la ficción. Cada flash-back es un relato diferente lo que le da a la cinta, en su primera parte, un carácter episódico muy atractivo. Las referencias a cuentos, películas infantiles tradicionales, como El Mago de Oz, y a sus propias creaciones, son continuas.

La estructura evoluciona a medida que lo verdadero y lo imaginario van mezclándose. La ilusión se introduce progresivamente en la acción cotidiana para llegar a confundirse en la mente del protagonista –y en la de su hijo, a pesar de su oposición-. Pero también en la del espectador que le resulta difícil diferenciarlas, y no tiene más remedio que rendirse al punto de vista irreal del director. La disolución total llega con el excelente final; lo mejor de la película, y del propio Burton en la última década.


jueves, 18 de diciembre de 2008

SILENCIO SE... GRABA (Semana del 19 al 25 de diciembre de 2008)

Finalizamos el año con la siguiente tabla de recomendaciones, repleta de buenas películas, donde destacan filmes importantes de Alfred Hitchcock, David Wark Griffith, Los Hermanos Coen o Clint Eastwood, entre muchos otros. Por otro lado, siguiendo la tradición, la semana viene cargada de regalos para los más pequeños -películas que casi vemos más lo mayores-: Fievel y el Nuevo Mundo, La Bruja Novata o Shrek son las atractivas propuestas fantásticas y de animación; mientras Los Vikingos, Simbad y la Princesa, El Ladrón de Bagdad o El Señor de los Anillos son algunas de las excelentes aventuras que nos ofrecen las distintas cadenas. Con el deseo de que nuestros lectores pasen las mejores fiestas posibles despedimos la sección, por motivos vacacionales, hasta el próximo 8 de enero.

Pinchar en la tabla para verla mejor (las películas en rojo no son necesariamente las mejores, son las que se comentan más abajo)

Comentarios de algunas de las cintas recomendadas:

Duelo en La Alta Sierra (Ride The High Country de Sam Peckinpah, 1962). Joel McCrea, Randolph Scott. (IB3, viernes 19 a las 15:55)

Duelo en la Alta Sierra es para muchos el primer western crepuscular de la historia del cine, aunque en mi opinión hay otras películas que inician el subgénero... leer más.



Arde Mississippi (Mississippi Burning de Alan Parker, 1988). Gene Hackman, Willem Dafoe, Frances McDormand. (CARTV, sábado 20 a las 15:45)

Se trata de una cinta basada en hechos reales y centrada en los años sesenta, en un caso de asesinato de activistas que luchaban por los derechos de la gente de color. Dos agentes del FBI se encargan de resolverlo, pero se encuentran con un pueblo hostil, donde el racismo es una costumbre; una manera de vivir de lo más natural.

La cinta de Parker arranca como una típica buddy movie, con dos protagonistas con evidentes diferencias de personalidad. El agente del Norte (Willem Dafoe), más escrupuloso con las reglas, no tiene más remedio que aliarse con el del Sur (Gene Hackman), anárquico, con unos métodos poco ortodoxos, pero práctico.

Sin embargo, pronto nos damos cuenta de que lo que a Parker le interesa es describir lo mejor posible esa cotidianeidad tan peligrosa que aún sobrevive en algunos pueblos del Sur. Y lo hace parando la cámara en las amas de casa que atienden con toda naturalidad a sus hijos en lo que parece un picnic familiar, cuando en realidad la fiesta es un mitin racista con alto contenido de violencia verbal.


Para crear un atmósfera de pesadilla –muy cercana al cine de terror en varias de sus secuencias- Alan Parker se apoya en Peter Biziou (director de fotografía justamente premiado con el oscar) y rueda algunas escenas donde parece que se vaya a incendiar la propia cámara. El director intenta contagiar al espectador de la tensión que se vive cuando “esconde” a los que colaboran con el FBI para delatar a sus maridos o compañeros. Son planos con una luz tan débil que oculta el rostro del personaje al fondo del encuadre; o donde un escaparate permite ver la conversación, pero protege la declaración con el sonido ambiente de la calle.

Casi siempre se asocia a Alan Parker con El Expreso de Media Noche o con musicales de éxito (algunos de bastante buena factura). En mi opinión, por las razones expuestas, Arde Mississippi debería figurar a la cabeza de sus películas más personales; y de más calidad.



Trabajos de Amor Perdidos (Love’s Labour’s Lost de Kenneth Branagh, 1999). Kenneth Branagh, Alicia Silverstone. (CARTV, domingo 21 a las 04:05)

Musical original, sobre una obra de Shakespeare, a cargo del más dramaturgo de los cineastas contemporáneos: Kenneth Branagh. El director adapta -de nuevo- al genial autor británico para homenajear a un género que se nota que le atrae.

La coreografía, y una brillante puesta en escena, acompañan a cuatro parejas en una comedia de enredo. Las canciones no encajan muy bien con la historia, pero esto es lo de menos, lo importante es su relación directa con musicales clásicos: así, se baila el “Cheek to Cheek” (y nos acordamos de Sombrero de Copa, Top Hat de Mark Sandrich, 1935); se afirma que "no hay mejor negocio que el negocio del espectáculo” (There’s no business like show business, o lo que es lo mismo Luces de Candilejas de Walter Lang, 1954); o se canta muy lento un célebre estribillo “...no, no, they can't take that away from me" (entre otras, nos viene a la mente Vuelve a mí, The Barkleys of Broadway de Charles Walters, 1949).


Los personajes secundarios, un policía, un bufón o un ama de llaves, tienen su momento de gloria, como en todas las obras de Shakespeare. Pero el centro de la trama descansa en los cuatro enredos amorosos. El realizador los ordena y distingue a cada pareja por el color del vestido que lleva. Aunque la paleta cromática que usa Branagh es básica, resulta muy llamativa al combinar los rojos con los verdes, azules y naranjas.

La cinta puede tener su antecedente en Mucho ruido y pocas nueces (Much ado about nothing, 1993) por la trama y por la estructura de musical sin serlo; también en Los amigos de Peter (Peter’s Friends, 1992), donde Kenneth Branagh demostraba que podía dirigir algunos números musicales primitivos. Pero es aquí, en Trabajos de Amor Perdidos, donde sorprende su talento indiscutible para el género.


Primera Plana (The Front Page de Billy Wilder, 1974). Jack Lemmon, Walter Matthau. (Canal 300, domingo 21 a las 05:20 y lunes 22 a las 02:40)

Tercera adaptación cinematográfica de la obra de teatro homónima de Ben Hetch y Charles Macarthur (aún hay una cuarta versión de Ted Kotcheff, en 1988, pero sensiblemente inferior a las primeras). El guión es del propio Wilder y de su compañero I.A.L. Diamond; y se nota… leer más



La Noche de los Gigantes (The Stalking Moon de Robert Mulligan, 1969). Gregory Peck, Eve-Marie Saint. (TvCanaria, lunes 22 a las 15:30)

Western intimista de la productora Pakula-Mulligan, que tantas películas de calidad ofreció. Se trata de un relato asfixiante sobre una mujer blanca y su hijo nativo, perseguidos por un indio salvaje. Gregory Peck, actor fetiche de Mulligan, hace las veces de un explorador, al servicio del ejército, que antes de retirarse se ofrece a ayudar a madre e hijo. La cinta está rodada, en su mayor parte, en el interior de una casa. El exterior (el bosque) simboliza la amenaza, el peligro, donde habita el enemigo. Es, por tanto, un western-thriller bastante peculiar, pero que resulta muy eficaz en su realización.

jueves, 26 de junio de 2008

SILENCIO SE... GRABA (Semana del 27 de junio al 2 de julio del 2008)

Pinchar en la tabla para verla mejor


Busca tu refugio (Run for cover de Nicholas Ray, 1954) James Cagney, John Derek.

Aunque sensiblemente inferior a Johnny Guitar y a La verdadera historia de Jesse James, sus otros dos western, Busca tu refugio se trata de una interesante y personal película del autor de culto por excelencia Nicholas Ray. Es un largometraje de género de los llamados psicológicos y un western de aprendizaje, donde James Cagney es el rudo y curtido pistolero mientras que Derek (que ya trabajó con Ray en Llamad a cualquier puerta) es el joven que termina por enfrentarse a su maestro. La rebeldía de la juventud y la incomprensión por parte de los adultos son temas que interesaban y mucho al prestigioso director, tal como demostró a lo largo de su carrera en varias de sus mejores cintas.


King Kong (Ernest B. Schoedsack y Merian C. Cooper, 1933) Fay Wray, Bruce Cabot, Robert Armstrong.

Se cumple este año su 75 aniversario y sigue siendo la película mítica por antonomasia, aquella que ha pasado de generación en generación causando admiración. La idea original no proviene de la literatura como Drácula, Frankestein y otros mitos, sino de la propia industria del cine. El director y productor Merian C. Cooper y el prestigioso documentalista Ernest Schoedsack dieron vida al monstruo y salvaron a la RKO de la ruina. La historia se basa en la dualidad de la bella y la bestia. La escena final con King Kong luchando contra los aviones en la cima del mundo (The Empire State Building) ha pasado a la historia del cine. Kong despierta las simpatías del espectador que ve como se debate en un mundo extraño para él, como cualquier marginado, y que sólo lucha por su amor. "No han sido los aviones, fue la bella quien mató a la bestia" dice al final Robert Armstrong.


El Hidalgo de los Mares (Captain Horatio Hornblower, R.N. de Raoul Walsh, 1951) Gregory Peck, Virginia Mayo, Christopher Lee.

El filme pertenece a la segunda etapa de Raoul Walsh dentro del género. La primera se centró básicamente en las cintas que hicieron juntos el cineasta y Errol Flynn en los años cuarenta. Por cierto, se le echa de menos en el largometraje que nos atañe, aunque es cierto que Gregory Peck está a la altura, y muy bien secundado por la “bizca” más famosa de Hollywood: Virginia Mayo. El guión era una adaptación de las tres novelas de C.S. Forester, un escritor muy conocido para los amantes de la náutica. Algo así como el Patrick O’Brian de hoy en día. De hecho sus personajes (Horatio Hornblower para Forester, Jack Aubrey para O’Brian) son comandantes de barcos de su majestad en la época de las guerras napoleónicas. No voy a caer en la tentación de comparar El hidalgo de los mares con Master and Commander de Peter Weir –aunque ya lo estoy haciendo-, sólo decir que la adaptación del director australiano es perfecta; el que lea el libro me dará la razón. Y es que la vida en una fragata inglesa de principios del XIX debía ser como se la imagina el lector y como luego la presenta en pantalla Peter Weir. Con la cinta de Walsh no ocurre lo mismo. En primer lugar se nota demasiado la unión de varios libros en un solo guión. Hay una ruptura mediada la cinta que nos hace pensar si no hubiera sido mejor haber hecho dos filmes. Y luego está la ambientación. Aunque era muy buena para la época, queda a años luz del filme de Weir. Evidentemente, en 1951, no se disponía de los mismos medios con los que se cuenta ahora. Aún así, Captain Horatio Hornblower es una película muy interesante. Con el brillante technicolor de los años cincuenta, las actuaciones de sus estrellas –y un elenco de secundarios con Christopher Lee a la cabeza-, más las impresionantes batallas navales y una historia que engancha, El Hidalgo de los mares puede ser uno de los mejores largometrajes de aventuras realizado en la época dorada del cine americano.

lunes, 21 de abril de 2008

EL CABO DEL TERROR (Cape Fear de J. Lee Thompson, 1962)

La novela "The executioners", de John D. Macdonald, ha sido llevada a la pantalla en dos ocasiones: la primera de la mano de J. Lee Thompson, de forma impecable y es la que vamos a comentar; la segunda dirigida por Martin Scorsese en 1991, bastante interesante, pero, en mi opinión, inferior al original.



J. Lee Thompson era un director desigual especialista en películas de acción y bélicas que obtuvo algún éxito como Los cañones de Navarone (The guns of Navarone, 1961) pero que, sin duda alguna, con Cape Fear consiguió realizar su mejor obra. La cinta pertenece al género de suspense, pero es prima hermana de las películas de terror. La acción se centra en el acoso por parte de Max Cady (Robert Mitchum) hacia el abogado que le metió entre rejas (Gregory Peck). Es un acoso más psicológico que físico y se centra más en la familia de Peck que en la persona del abogado. Cady consigue mantener en vilo a sus victimas sin que la policía pueda hacer nada para evitarlo. Esto provoca un interesante debate sobre si, en esa situación, es correcto que uno se tome la justicia por su mano. En este caso con un agravante: el que toma la decisión es un defensor de la justicia.

El atractivo de la película reside en que el espectador se pone en la piel de Gregory Peck y no sabe exactamente qué es lo que pretende Mitchum. Éste se limita a observar los movimientos de la mujer e hija del abogado, presentándose de forma imprevista e inquietante, con una mirada que hiela la sangre. Y es que Mitchum realiza una de sus mejores actuaciones, muy en la línea del psicópata de la Noche del cazador (The Night of the hunter, de Charles Laughton, 1955). Creo que esa es la razón por la que funciona mejor la película de Thompson que la de Scorsese. Mientras el primero utiliza un suspense más subyugante, menos explícito, con un delincuente casi fantasmal, el segundo presenta a Max Cady (Robert de Niro) más real, también más brutal, pero no tan inquietante debido a que el contacto es más directo –hasta llega a relacionarse con la hija del abogado-.

El filme es de los que atrae al cinéfilo curioso. Y es que se encuentra repleto de anécdotas. Así, en una secuencia donde Mitchum perseguía a Polly Bergen, alguien del equipo de rodaje se dejó cerrada una puerta que tenía que servir de escape. La angustia de la escena traspasó la ficción cuando Polly Bergen intentaba en vano abrir la puerta y Mitchum se acercaba amenazante.

Si en algo se diferenciaban Mitchum y Peck de los demás actores era por su profesionalidad, muchas veces ensalzada por los directores. En la escena final, Gregory Peck le daba un puñetazo a Cady. En el rodaje, de forma accidental, el golpe impactó de lleno en el actor. Lejos de cortar la secuencia, Mitchum siguió con su actuación hasta el final de la toma. Más tarde afirmaría, dolorido, que molestar a su colega no era muy recomendable.

Otros logros de la cinta son la fotografía en blanco y negro, heredera del mejor cine expresionista, y la música del habitual colaborador de Hitchcock: Bernard Herrmann. Ambas proporcionan el ambiente inquietante que requiere la película.

El cabo del terror, gracias a todo lo citado, es de esas películas que ganan con los años. El propio Scorsese –ante todo, un gran cinéfilo-, cuando realizó el remake no se resistió a homenajear la cinta de J. Lee Thompson, para ello incluyó la misma música que utilizó Herrmann y les dio trabajo a dos actores legendarios: Gregory Peck y Robert Mitchum.


Ver Ficha de El Cabo del Terror

miércoles, 6 de febrero de 2008

YO VIGILO EL CAMINO (I Walk The Line de John Frankenheimer, 1970)

Da la impresión de que lo estaba deseando. John Frankenheimer, uno de los mejores cineastas de la llamada "generación de la televisión", parece que estaba esperando el momento propicio para darle una sonora bofetada a la sociedad americana de finales de los sesenta. Y es que su trayectoria hasta el estreno de I Walk the Line iba en esa dirección. Desde criticas directas a la guerra fría hasta películas de ficción, donde se ponían en entredicho las buenas intenciones de los políticos, Frankenheimer iba allanando el camino para poder presentar esta, su mejor cinta para muchos.



El largometraje desmonta, en casi noventa minutos, muchos de los iconos sagrados del cine estadounidense; no se libran ni el final feliz ni el héroe inmaculado en una película cuyos personajes -todos ellos- carecen de la más mínima moralidad. Y lo hace desde el principio cuando presenta en pantalla a su propio público: los habitantes de la América profunda. Sus rostros inexpresivos acompañan a los créditos (al principio y al final) y se convierten en testigos de excepción de la historia que se narra; pero también forman parte de la particular denuncia del director hacia el resto de los espectadores. Dichos planos recuerdan mucho a los que posteriormente utilizó John Boorman en otra cinta legendaria: Deliverance (1972).

A primera vista, Yo Vigilo el Camino podría pertenecer al western. Y no sólo por la figura del protagonista: un sheriff de un pequeño pueblo de Tennesse (Gregory Peck); si no por la excelente banda sonora (compuesta por Johnny Cash) que acompaña la trama. Las canciones del "Rey del country" conducen a la perfección la estructura lineal de la película. Frankenheimer utiliza con eficacia la misma técnica que Fritz Lang en Encubridora (Rancho Notorious, 1952) o King Vidor en La Pradera sin Ley (Man Without Star, 1955).

Pero no nos engañemos, estamos ante una película que rezuma cine negro por los cuatro costados. Y es que la honestidad del sheriff dura minutos. Los que tarda Gregory Peck en ver a Tuesday Weld. Frankenheimer, en ese preciso momento, coloca al protagonista en medio de una crisis provocada por una mujer mucho más joven que él, casi una adolescente; una "Lolita" que le situará al otro lado de la ley (de ahí lo de "walk the line"). Si tengo que ser sincero no le culpo al sheriff en absoluto. Tuesday Weld está absolutamente deliciosa: con un rostro permanentemente iluminado y con una sonrisa de lo más sensual, pocos se resistirían a sus encantos.


La elección de Gregory Peck como representante de la ley, que cae en el deshonor y la humillación, es acertadísima. Nadie del público, en aquellos momentos, podría imaginarse al galán en tan insultante situación. Lo cierto es que el director siempre le advierte de lo inadecuado de la relación cuando repite de forma recurrente –el que avisa no es traidor- planos y contraplanos de distintos niveles; generalmente alternando contrapicados para Peck con picados para Weld, para subrayar la pertenencia de ambos a distintos mundos.

La propuesta de Frankenheimer se adecua perfectamente al delicado momento por el que pasaba EEUU. La figura desmitificada del, hasta ahora, intachable Gregory Peck, puede simbolizar la falta de credibilidad que tenía la administración estadounidense en 1970, con una guerra de Vietnam que nadie quería. De hecho -y hay que estar atentos para verlo- el realizador inserta, a modo de farsa, y casi de forma subliminal, propaganda del ejercito americano.

Yo Vigilo el Camino hay que verla con los ojos de los espectadores americanos de comienzos de la década de los setenta. Para ellos la concibió John Frankenheimer. Y para los dirigentes también.


Ver ficha de Yo Vigilo el Camino
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