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lunes, 16 de diciembre de 2019

EL IRLANDÉS (The Irishman de Martin Scorsese, 2019)

No creemos que la reciente película de uno de los grandes directores ––casi una leyenda, el viejo Martin Scorsese–– sea el epitafio a una larga y exitosa carrera, pero sí se parece mucho a una despedida. Quizás no a la suya, sino a una manera de hacer cine. Me explico:


Scorsese elige una cinta del género que mejor domina, el de gangsters, para dar el salto a, quién sabe, el nuevo cine que viene ––que ya está aquí–– y el adiós al más que centenario que se va, y lo hace con la trama adecuada: con un argumento crepuscular basado en hechos reales que adaptan la novela de Charles Brandt. Para tal evento, el realizador se rodea de sus actores fetiche, con los que le han acompañado en este recorrido como si fuera un homenaje a todos ellos; ya saben, De Niro, Keitel, Pesci… Me imagino que habrá sido un proyecto irresistible para un cinéfilo como él.

Una producción que, ya es hora de decirlo, no nos satisface del todo. En primer lugar, por la excesiva duración. Tres horas y media ––dicen que el metraje original era de ¡más de cuatro horas!— es demasiado para cualquier espectador, aunque sea uno sentado en el sofá de su casa con la oportunidad de hacer un par de pases. Y aquí viene el segundo de los problemas: la película ha sido financiada, producida y distribuida por una plataforma televisiva. El sempiterno enemigo del cine al final se lo ha comido, podría ser el comentario de algún alarmista apocalíptico, al que no le faltaría algo de razón. Está claro que los que amamos el cine nos tendremos que acostumbrar a verlo desde distintas plataformas. Lo haremos. De hecho, ya lo hacemos.


Lo que será más difícil de tragar, es la progresiva sustitución de algunos de los elementos que configuran el cine desde que nació. Uno de ellos tan importante como es el de la interpretación. En El irlandés asistimos al rejuvenecimiento de los personajes gracias a los efectos digitales. Algo que ya se viene haciendo desde El curioso caso de Benjamín Button, pero nunca con tanta repercusión en trama y metraje. En la cinta que nos atañe, en más de dos terceras partes del filme (que ya es decir, debido a la duración) el protagonista parece más un avatar que otra cosa. Hasta Scorsese ha reconocido que dichos avances tecnológicos harán desaparecer el maquillaje. Se ha quedado corto. Qué quieren que les diga: nos chirría tanto el truco que perdemos hasta el hilo de la historia preguntándonos cuánto faltará para prescindir completamente de los actores.

No obstante, 210 minutos dan para mucho, hasta para brillantes secuencias, para detalles del buen realizador que es Martin Scorsese. Los hay a lo largo del metraje, lo que en parte compensa aguantar hasta el final. Destacamos dos aspectos muy relacionados entre sí, que de alguna manera representan una novedad: el extremado realismo en las escenas de los asesinatos, que Scorsese presenta con toda su crudeza, sobriedad e inmediatez para provocar un efecto de rechazo en el espectador. El mismo, y aquí viene el segundo elemento, que el distanciamiento de la hija del irlandés. El punto de vista de la pequeña a lo largo de la historia es el de la sociedad misma, que lejos de engrandecer la figura del héroe de la cinta, lo que hace es ponerlo en el lugar que le corresponde. Algo parecido a lo que Hawks hizo al final de Scarface con aquel mensaje que alertaba a la audiencia para que nadie viera en el personaje un ejemplo a seguir.

Antes de finalizar (vale, Martin, todos nos pasamos de tiempo), habría que comentar la interpretación de Robert De Niro. El actor, prisionero de él mismo en las últimas décadas, con trabajos que rozaban la sobreactuación al repetir una y otra vez el mismo registro, ya sea en parodias o en dramas, aquí, sin embargo, presenta un trabajo contenido en la línea de aquel lejano de la excelente El Padrino II. Bien por De Niro. Una actuación más que digna… 

Pero de quién: ¿de Robert De Niro, o de su avatar?



miércoles, 8 de noviembre de 2017

A CIAMBRA; INSYRIATED (ALMA MATER)

De vuelta a la sección oficial y a la EFA (European Film Academy) ayer pudimos ver, en nuestra opinión, las dos mejores películas hasta la fecha proyectadas aquí en el festival de cine europeo de Sevilla.

A CIAMBRA (Jonas Carpignano, 2017)

Otra cinta en la que el director nos dio plantón a la hora de presentar la película, aunque le perdonamos pues se excusó desde Estados Unidos donde se encontraba promocionando su excelente película, y es que la cinta italiana se halla en muy buena posición para ganar el Óscar al mejor filme extranjero. Además tiene un padrino de altura: Martin Scorsese.


La historia de Pío, prácticamente un niño, un gitano rumano que vive en A Ciambra, en los suburbios de una ciudad de Calabria, es la de un joven delincuente ocasional que se fija en su hermano mayor a la hora de plantearse la vida. Cuando éste y su cuñado son encarcelados, Pío quiere ser el hombre de la casa y se decide a robar a mayor escala para sostener a la numerosa familia.

Entre la realidad y la ficción, como dijo la organización del festival a la hora de su presentación, discurre este magnífico testimonio de lo que ocurre en los abandonados barrios de la Italia pobre. Actores no profesionales que se interpretan a sí mismos ya no es novedad es las películas europeas contemporáneas, pero sí la sinceridad en lo que se cuenta gracias a una interpretación fuera de lo normal. Pío Amato parece un actor profesional cuando la cámara le acosa en todo momento, con un elevadísimo porcentaje de primeros planos, mientras él no se inmuta ante el objetivo, todo lo contrario, actúa de una forma tan real que consigue introducir al espectador en la acción.


Del aprendizaje del oficio de delincuente, del descubrimiento de la muerte, también de las tradiciones perdidas en la figura del abuelo (“nosotros contra el mundo”, le dice el anciano), del despertar del sexo, de la responsabilidad que acarrea una familia, de todo eso trata la película. También de la amistad en un mundo que parece pertenecer a un planeta diferente: Pío sólo confía en marginados como él, en subsaharianos que malviven en un campamento de refugiados y que curiosamente son los que le dan los mejores consejos, los que le invitan a dejar esa vida al margen de la ley.

La película mantiene el suspense por ver si Pío finalmente optará por reconducir su vida o seguirá el camino de su hermano y del resto de la comunidad. Pío se hará mayor en este peligroso recorrido; sólo resta saber qué significa y qué consecuencias acarrea “ser hombre” en un niño de A Ciambra.





ALMA MATER (Insyriated, Philippe Van Leeuw, 2017)

De una coproducción entre Francia, Bélgica y Líbano, con realizador belga al frente del proyecto, viene esta buena película acerca de un conflicto (la guerra en Siria) que se encuentra lejos de acabar.


En Damasco, en el único piso habitado de un bloque de apartamentos, sitiado por ambos bandos, vive parte de una familia aislada del exterior. Oum (la estupenda actriz de perfil heleno, Hiam Abbass, que recuerda mucho a Irene Papas) es la mujer que intenta resistir y mantener a salvo a su familia: al abuelo, a sus tres hijos, a la criada, a dos recién casados que han solicitado cobijo para proteger a su bebé y al novio de una de sus hijas, también atrapado entre esas paredes. Cuando el joven vecino, el flamante esposo, cae acribillado por los disparos de un francotirador, todo parece tambalearse.

“Un día cualquiera en Siria” podría titularse de forma irónica una película tan dura como esta. La cinta transcurre en un ámbito claustrofóbico, en 24 horas, en el mismo estado de tensión que las distintas versiones de El diario de Ana Frank. Y es que lo que sucede en el interior del piso de Insyriated podría ocurrir en cualquier casa de cualquier guerra de cualquier época. Porque cuando la luz, la televisión, los móviles e Internet no funcionan, el tiempo deja de ser una variable.

La verdadera tragedia de Insyriated es el sufrimiento de Oum. Perseguida en todo momento por la cámara de Van Leeuw, la mujer aguanta y se comporta de cara al exterior como una persona sin corazón, que tiene que tomar decisiones muy duras (en más de una ocasión tendrá que decidir quién vive o quién muere), todo con tal de salvaguardar a los suyos. Sólo en contadas ocasiones el director nos enseña lo que sucede en el interior de la desesperada protagonista. Porque Oum no deja de ser una ama de casa que se aferra a la rutina diaria, a dar órdenes a la criada, a limpiar sus muebles, preparar la comida, en definitiva intentar abstraerse de lo que sucede fuera para poder seguir adelante.





domingo, 29 de octubre de 2017

XIV FESTIVAL DE CINE EUROPEO DE SEVILLA 2017

La primera semana de noviembre aquí en Sevilla huele a cine europeo; a buen cine, al mejor del año en el Viejo Continente. Y ya vamos por la décimocuarta edición en un certamen que año tras año va creciendo en interés y en propuestas de calidad. Del 3 al 11 de noviembre se celebrará esta fiesta del séptimo arte con el "objetivo de promover y difundir la cinematografía europea, estableciéndose como un lugar de encuentro anual para los talentos de cine, periodistas especializados y profesionales del sector" según afirma la organización del festival.




















Con las habituales secciones (Oficial, Selección de premios de la academia europea (EFA), Nuevas Olas, Resistencias, Panorama Andaluz, etc.) la nueva cita con el cine europeo viene cargada de novedades. Nombres ilustres como los hermanos Taviani, que recibirán el Giraldillo de honor, Martin Scorsese (productor ejecutivo de A Ciambra que compite en la sección oficial), Ermanno Olmi (al frente de Vedete sono uno di voi, documental sobre la vida del cardenal Martini) o Isabelle Huppert (protagonista de Mrs Hyde en la sección las Nuevas Olas) acompañan a nuevos valores europeos y a directores españoles ya consagrados como Agustín Díaz Yañes. El realizador madrileño nos sorprende con la premier mundial de su nueva obra: Oro, basada en un relato breve de Pérez Reverte, escritor con el que ya colaboró en Alatriste.

El festival de cine de Sevilla rinde homenaje a los directores Paolo y Vittorio Taviani

Nosotros, como todos los años, nos centraremos en la sección oficial y en la de la EFA para programar las películas a visionar, ya que hay que priorizar entre tanta oferta, y los filmes de esas dos secciones siempre prometen. De hecho, en la EFA se podrán ver los últimos trabajos de Michael Haneke, Yorgos Lanthimos y Andrey Zvyagintsev, entre otros. No obstante, no descartamos darnos una vuelta por el resto de secciones para asistir a alguna proyección de interés. Eso sí, de todo lo que veamos intentaremos dar nuestra opinión desde este portal de cine.

LEER LA CRÓNICA Y LAS PELÍCULAS DEL FESTIVAL DE CINE EUROPEO 2017

Ver programación del festival.

Ver ediciones anteriores:
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domingo, 17 de octubre de 2010

CINE EN TV: FILÓN DE PLATA; EL CREPÚSCULO DE LOS DIOSES

Filón de Plata (Silver Lode de Allan Dwan, 1954). John Payne, Lizabeth Scott, Dan Duryea. (Televisión de las Islas Baleares, IB3, miércoles 20 a las 17:40).

Western frenético de un director de largo recorrido, así se podría resumir esta notable película alabada, entre otros, por Martin Scorsese en su excelente documental sobre el cine americano; e incluida en múltiples listas de largometrajes que no hay que perderse.

Silver Lode no es una cinta del Oeste típica. Aunque pertenece al género, tiene rasgos de cine negro. Y no sólo por el casting -Dan Duryea, un clásico "malo" del film-noir, Lizabeth Scott, en el ranking de las damas más negras (aquí de blanco, como corresponde a una novia que acaba de contraer matrimonio) y John Payne, que repetirá en alguna película oscura del mismo director- sino por la estética de algunas secuencias (sobre todo las del final) y por la angustia creada entorno al personaje principal y la transformación de su carácter propiciada por el deseo de venganza, más que por el de justicia.



La trama también se aleja del western convencional, al menos del que se estilaba antes de que el sheriff Will Kane (Solo ante el peligro) caminara temeroso buscando ayuda en un pueblo acobardado. Allan Dwan le da la vuelta a la historia de Zinnemann, pero sigue con la simbología Mccarthista. Veamos porqué:

Dan Ballard (Payne) se acaba de casar con Rose Evans (Liz Scott), pero la llegada de unos sospechosos agentes de la ley le quieren aguar la fiesta. Hasta ahora, el argumento se mueve en el mismo terreno que el de la película protagonizada por Gary Cooper. El punto de giro que hace que Allan Dwan se distancie de Zinnemann es la acusación de asesinato que traen los forasteros contra Ballard. En un principio, todo el pueblo está a favor de su inocencia, pero ciertas mentiras, malentendidos y viejas rencillas harán que poco a poco la gente se vuelva de lo más hostil. El héroe no está sólo contra una banda de forajidos, ahora lucha por su supervivencia ¡contra toda la ciudad! Una caza de brujas en toda regla. El director, con poco disimulo, le pone nombre al que dirige la persecución: McCarty.

Lo que viene a continuación es la razón por la que el filme ha sido tan elogiado: el ritmo endiablado que le imprime este efectivo cineasta de extensa carrera que es Allan Dwan. El realizador ya dirigió notables obras en el período mudo y se atrevió con todos los géneros en el sonoro. Aquí demuestra lo aprendido en obras tan dispares como las simpáticas aventuras de Douglas Fairbanks o las películas bélicas junto a John Wayne, entre muchas otras.

En Silver Lode parece imposible que el acorralado Payne salga con vida. Sólo su flamante esposa cree en él, aunque con momentos de duda; como la Grace Kelly de Solo ante el peligro. También, como ella, Liz Scott será decisiva para la resolución de la película. Un final estupendo, donde el protagonista acude al edificio de la iglesia como única salvación posible. Dwan coloca otra metáfora. Esta vez evidente, pero espectacular en su ejecución.



El Crepúsculo de los Dioses (Sunset Blvd. de Billy Wilder, 1950). William Holden, Gloria Swanson, Erich Von Stroheim, Cecil B. De Mille. (La Otra, jueves 21 a las 22:30)

La Morgue; música del oscarizado Franz Waxman. Los cadáveres cubiertos con un blanco sudario, casi transparente. Los recién fallecidos hablan y comentan entre ellos –casi cotillean- lo que les ha ocurrido a cada uno. Uno de ellos comienza a contar que la ilusión de toda su vida siempre fue tener una piscina. Por fin la tuvo; pero murió en ella.

Este era el inicio que Charles Brackett y Billy Wilder idearon para Sunset Boulevard, y que finalmente no fue aprobado por un público que se reía a carcajadas en una proyección previa… leer más


miércoles, 3 de marzo de 2010

COLABORACIÓN: SHUTTER ISLAND (Martin Scorsese, 2010)

Y de nuevo nos visita Caperuza. Esta vez analiza, a su manera, la última cinta de su admirado Scorsese. Y nosotros tenemos la suerte de poder leerlo:



ALGUNAS CONSIDERAZZIONES SUBJETIVAS SOBRE SHUTTER ISLAND Y EL PEQUEÑO GAFOTAS.

7 de la mañana de un martes perdido en el Distrito Federal de Ninguna Parte.

Ir al zzine a ver al Pequeño Gafotas es, para mí, una espezzie de fiesta, un plazzer como cuando vas a ver a un amigo raro al que algunos ponen verde. Gafotas es diferente al viejo Clint (los dos mejores direzztores vivos). El viejo Clint es serio y hazze un maravilloso zzine equilibrado y parsimonioso sin marear mucho la cámara. Scorsese gesticula y habla rápido con las palabras a borbotones, lleva una curiosa montura de gafas, es bajito, tiene una tremenda empanada mental con el catolizzismo y las iglesias, un padre sastre, vivió en su lejana infanzzia la violenzzia de las bandas callejeras, ama el zzine con más pasión que yo (y eso, ya es mucho dezzir) y adora la música. Aunque nunca he conversado con él, estoy segura de que tiene un buen sentido del humor porque hizzo aquella peli de Jo, qué noche, comparte conmigo el gusto por el billar y tiene una, cómo diría yo… ligera faszzinación por el boxeo, las pistolas, los botellazzos en la cabezza y el modo en que el vapor del agua sale por las alcantarillas en las noches neoyorkinas.


Y la palabra ganster. En aquella época, ser un ganster…

Es dezzir, para tenerlo claro, si Scorsese no tuviera esas extrañas zzejas, se parezzería mucho a mí. Hazze tres días que vi Shutter Island y ya me desperté pensando en ella, antes de haber entrado en un Manicomio rodeado de agua cuando la niebla era tan espesa que apenas se divisaba desde el barco. Mientras veía la peli, recordaba mis conversazziones nozzturnas a la luzz de las velas. Allí, en aquellos oscuros edifizzios estaban todos los fantasmas de una mente herida; alguien muerto a quien has querido, lo que duele, lo que frazztura los sentimientos, lo que quieres olvidar pero no puedes, las pesadillas, el dolor, los fantasmas del pasado, lo que nunca quisiste haber hecho, lo que no quisiste que te hizzieran. Lo que jamás debería suzzederle a nadie…

El prezziso y misterioso instante en el que una mente se rompe.

Y Elías Koteas con aquella inmensa cicatrizz enzzerrado entre rejas. Siempre me resultó enigmático Elías Koteas. A Gafotas, debe parezzerle lo mismo.

Y Scorsese y la cámara que siempre se acarizzian y la música, que cae plomizza en el viento huracanado de Sutther Island.

Caperuzzita Entre Rejas Mirando la Cara de Elías Koteas.

Possdata: Todavía recuerdo aquella noche en que Gafotas, subió al eszzenario a recoger el Oscar. La gente estaba en pie y aplaudía y él, como siempre, movía las manos. Dio las grazzias a todo el mundo y fue entonzzes cuando dijo: "Y grazzias a Caperuzzita, por estar siempre a mi lado".

miércoles, 3 de junio de 2009

EL ÚLTMO VALS (The Last Waltz de Martin Scorsese, 1978)

Escribíamos y preparábamos un artículo sobre Claudette Colbert y esa maravilla que es Medianoche; andábamos con la programación de televisión para nuestra sección del jueves; robábamos tiempo a nuestros quehaceres, en estos días de fin de curso; en eso estábamos cuando vimos de nuevo el documental de Scorsese, aquél que inmortalizó el último concierto de The Band. No tuvimos más remedio que dejarlo todo para hacer un hueco a este grupo con cuyas canciones hemos crecido, no hemos enamorado, hemos bailado y cantado cosas como “The Night They Drove Old Dixie Down…”  
El grupo de Robbie Robertson representa a todos las bandas de rock de la época dorada de la música, y no sólo por su nombre genérico (ellos intentaban llamarse de mil maneras sin conseguirlo: todos les llamaban The Band) sino por su grandeza. Son, por ejemplo, antológicas sus colaboraciones con Bob Dylan, En especial aquel disco-borrador fantástico de las cintas del sótano. ¿Has bailado con tu chica “Going to Acapulco”? Pues a que esperas… Realmente no nos apartamos un ápice de nuestro tema favorito, el cine. El documental de Scorsese no es un rodaje convencional de un concierto. El “enano gafotas” (guiño a Caperuza) es tan cinéfilo como apasionado de la música rock. Y se nota. Pero sobre todo es un gran profesional; lo demuestra en este tipo de filmes donde el montaje es esencial. Independientemente del número de cámaras que tengas -cuantas más, mejor- lo importante es decidir la sucesión de planos que van a verse en pantalla. Seguro que la experiencia adquirida en el documental de Woodstock –donde se encargó de parte de la edición-, más todo su recorrido posterior, sirvió a Scorsese para escoger las tomas adecuadas. Para detectar esas miradas entre Robbie y Bob Dylan; las que dan pie a que el primero inicie su solo de guitarra o a que el segundo cambie de tema. Para elegir los planos generales que captaban el duelo de guitarras entre Eric Clapton y Robbie, en la excelente jam que ambos se marcaron; o para decidirse por un contraluz, mientras Joni Mitchell acompaña al micrófono, enriqueciendo una excelente versión de "Helpless" a cargo de su autor: Neil Young. Pero además hay que construir un argumento que acompañe a la música, verdadera eje del documento. Hay que seguir un guión. O fabricarlo con todo el material del que disponemos. Así, Scorsese presenta una introducción, donde la banda anticipa el tema del concierto: son los cinco músicos atendiendo el bis del público durante una de sus giras. Pronto darán su último recital. Después, en el desarrollo de la película, Scorsese entrelaza, hábilmente, las canciones con las entrevistas. Estos impulsos narrativos dan pie a que desfilen leyendas del blues como Muddy Waters (impagable la versión de "Mannish Boy"); del country como Joni Mitchell; o del folk como Emmylou Harris, para confirmar que The Band han tocado prácticamente todos los géneros. El vocalista y batería, Levon Helm lo resume mejor que nadie: “Sólo es rock and roll”. El final es mucho más fácil: sin olvidarse de una cámara para Ringo, en el extremo izquierdo del escenario, y de otra para Ron Wood, en el derecho, para tener contentos a los fans de los Beatles y los Rolling, el resto es dejarse llevar por la leyenda; y aguantar sin desmayarse mientras hacen voces Dylan, Van Morrison (guiño a Vivian) y Robbie, por un lado, y Young, Mitchell y Danko por otro. The Last Waltz es más que un homenaje a una gran banda de rock. Creo que Martin Scorsese se daba cuenta de que estaba rodando un hito en la historia de la música. El tag line del filme no exageraba cuando decía aquello de “la mejor película de rock jamás realizada”; desde luego no seré yo el que diga lo contrario. Un par de ejemplos de lo que uno se puede encotrar en El Último Vals; ambas canciones compuestas por el alma del grupo, Robbie Robertson, y cantadas por Levon Helm: Ver Ficha de El Último Vals

jueves, 19 de marzo de 2009

SILENCIO SE... GRABA (Semana del 20 al 26 de marzo de 2009)

Comenzamos el puente de marzo (para algunos afortunados) con un viernes cargado de películas, a cada cual más interesante, donde destacan dos obras maestras: Plácido y Lawrence de Arabia. Del resto de la semana sobresalen con luz propia uno de los largometrajes importantes de Steven Spielberg; un filme negro y un western -que pertenece ya a la leyenda del cine-, ambos de Nicholas Ray; una de las grandes películas de Hitchcock; y un mini ciclo emitido por TvCanaria, compuesto por dos cintas interesantes, acerca del famoso duelo en el O.K. Corral. ¡Saludos y que las disfruten!

Pinchar en la tabla para verla mejor (las películas en rojo no son necesariamente las mejores, son las que se comentan más abajo)


Comentarios de algunas de las cintas recomendadas:

Regreso a Bountiful (The Trip to Bountiful de Peter Masterson, 1985). Geraldine Page, Rebecca de Mornay. (TV3, viernes 20 a las 18:25)

Hace tan sólo unos días fallecía en Hartford, Connecticut, Horton Foote, uno de los mejores escritores estadounidenses del siglo XX, ganador del Premio Pullitzer y de dos oscar, entre otros importantes galardones. Foote presentó en 1953, en televisión y en directo, su obra The Trip To Bountiful. El éxito del programa dramático continuó con su estreno ese mismo año en el teatro, donde Lillian Gish volvía a encarnar al personaje principal. En 1985, Peter Masterson realizó una nueva adaptación, esta vez para la gran pantalla, donde Foote se encargaba de nuevo del guión y Geraldine Page asumía la responsabilidad de tener que sustituir a la gran Lillian Gish. La producción se saldó con un merecido oscar para la excelente actriz y una película intimista muy interesante.

Geraldine Page es Carrie, una anciana que convive con su hijo y su mujer, en una pequeña vivienda, en el centro de una gran ciudad. La anciana no es feliz entre esas cuatro paredes y añora su vida en el campo. La radio, y la emisora "Días Alegres" -con un entrecomillado de lo más adecuado-, no son suficientes para aislarse de la tiranía de su nuera. Carrie ansía volver al pueblo de su infancia y juventud. Quiere regresar a Bountiful.

La cinta se convierte en una road movie crepuscular cuando Carrie decide escaparse y emprender el viaje. Sin embargo la estructura de la película no se aleja casi nada de las tablas. Sus cuatro actos se presentan demasiado definidos, en escenarios muy limitados que constriñen la trama y con un predominio de los primeros planos que hacen recordar su pase televisivo. Es la fotografía la que nos recuerda que estamos ante una producción cinematográfica: su luz tacaña apaga los colores y acompaña a Carrie en su recorrido existencial a través de anodinas estaciones de autobuses.

A pesar de esto el filme resulta entrañable sobre todo por la brillante actuación de Geraldine Page. La veterana actriz se encuentra muy bien secundada por Rebecca de Mornay en el segundo acto; ambas refugiadas en unos diálogos sencillos, austeros, pero contundentes.

Algunas tomas bucólicas, utilizadas como imágenes de transición, hacen que Peter Masterson se asome ligeramente para compartir el mérito de la cinta con Horton Foote y Geraldine Page. Donde el director aparece definitivamente es en la conclusión. Un final que vuelve a confirmar algo que se puede repetir en las vidas de cada uno de nosotros: idealizar el pasado tiene un peligro, cuando vuelves a él compruebas que nada es igual, que el Bountiful que recuerdas ha desaparecido.



Casino (Martin Scorsese, 1995). Robert De Niro, Sharon Stone, Joe Pesci. (TVE1, viernes 20 a las 23:00)

Original disección de Scorsese, de los entresijos de un Casino en Las Vegas controlado por La Mafia. El tratamiento del guión aparenta una mezcla entre documento y ficción, en parte gracias a estar la trama apoyada en hechos reales. Hechos que comienzan con cierta cotidianeidad pero que finalizan sobrecogiendo al espectador.

La cinta tiene una muy original estructura narrativa, donde dos voces en off se superponen para guiarnos a lo largo de esta ascensión y caída a los infiernos de tres personajes ambiciosos: Robert De Niro (actor fetiche de Scorsese) interpreta al gerente de un casino controlado por la Mafia, su labor es supervisar y asegurar que el continuo flujo de dinero hacia sus jefes no se interrumpa; Joe Pesci, es el antagonista de De Niro, es el matón al viejo estilo, el que quiere conseguir sus propósitos por la vía rápida. Entre ellos aparece una prostituta de lujo (Sharon Stone), no menos ambiciosa que los anteriores, que propicia el previsible final trágico y sangriento.

El resultado es una excelente cinta de Martin Scorsese, una de sus últimas obras mayores, muy en la línea de Uno de los Nuestros (Goodfellas, 1990), con la que guarda más de un elemento en común. Al ver Casino, uno mantiene la esperanza de que el viejo maestro salga del pozo en el que se ha metido y nos vuelva a deleitar con otra maravilla como esta.



La Aventura (L’ Avventura de Michelangelo Antonioni, 1960). Monica Vitti, Gabrielle Ferzzeti. (Telemadrid y La Otra, sábado 21 a las 00:45 y martes 24 a las 22:40, respectivamente)

Primera entrega -la mejor- de la famosa trilogía de "La incomunicación" a cargo de Antonioni (las otras dos películas fueron La Noche y El Eclipse), donde plantea un drama muy original y moderno que se sigue viendo con el mismo interés después de más de cuarenta años de su estreno.

Durante un crucero una mujer desaparece (Anna, interpretada por Lea Massari), su novio (Gabrielle Ferzzeti) y Claudia, su mejor amiga (Monica Vitti), emprenden la búsqueda que se convierte en una excusa para establecer una relación entre los dos. Los atrevidos planos en blanco y negro, y el excelente montaje que acompaña a la trama, resaltan la inestable relación entre los protagonistas y la soledad que subyace de ella.



Apuntes de la obra de Rosselinni, pero con un estilo propio, pueden observarse en la primera parte del filme, cuando los distintos pasajeros recorren una isla desierta, antes y justo después de la desaparición. Este punto de giro de la trama lo aprovecha Antonioni, con un golpe narrativo audaz, para cambiar el punto de vista, de Lea Massari a Monica Vitti, y comenzar una nueva película; la que le interesa al director. Con la sombra de la desaparecida siempre presente, la particular relación entre Claudia y el novio de Anna se llena de desconfianza y temor, hasta un desenlace que sorprendió en su día por dejar inconclusa parte de la trama.

Una película innovadora, de un realizador poco preocupado por el aspecto comercial, lo que propicia que su obra llegue intacta de intención a nuestros días.

lunes, 21 de abril de 2008

EL CABO DEL TERROR (Cape Fear de J. Lee Thompson, 1962)

La novela "The executioners", de John D. Macdonald, ha sido llevada a la pantalla en dos ocasiones: la primera de la mano de J. Lee Thompson, de forma impecable y es la que vamos a comentar; la segunda dirigida por Martin Scorsese en 1991, bastante interesante, pero, en mi opinión, inferior al original.



J. Lee Thompson era un director desigual especialista en películas de acción y bélicas que obtuvo algún éxito como Los cañones de Navarone (The guns of Navarone, 1961) pero que, sin duda alguna, con Cape Fear consiguió realizar su mejor obra. La cinta pertenece al género de suspense, pero es prima hermana de las películas de terror. La acción se centra en el acoso por parte de Max Cady (Robert Mitchum) hacia el abogado que le metió entre rejas (Gregory Peck). Es un acoso más psicológico que físico y se centra más en la familia de Peck que en la persona del abogado. Cady consigue mantener en vilo a sus victimas sin que la policía pueda hacer nada para evitarlo. Esto provoca un interesante debate sobre si, en esa situación, es correcto que uno se tome la justicia por su mano. En este caso con un agravante: el que toma la decisión es un defensor de la justicia.

El atractivo de la película reside en que el espectador se pone en la piel de Gregory Peck y no sabe exactamente qué es lo que pretende Mitchum. Éste se limita a observar los movimientos de la mujer e hija del abogado, presentándose de forma imprevista e inquietante, con una mirada que hiela la sangre. Y es que Mitchum realiza una de sus mejores actuaciones, muy en la línea del psicópata de la Noche del cazador (The Night of the hunter, de Charles Laughton, 1955). Creo que esa es la razón por la que funciona mejor la película de Thompson que la de Scorsese. Mientras el primero utiliza un suspense más subyugante, menos explícito, con un delincuente casi fantasmal, el segundo presenta a Max Cady (Robert de Niro) más real, también más brutal, pero no tan inquietante debido a que el contacto es más directo –hasta llega a relacionarse con la hija del abogado-.

El filme es de los que atrae al cinéfilo curioso. Y es que se encuentra repleto de anécdotas. Así, en una secuencia donde Mitchum perseguía a Polly Bergen, alguien del equipo de rodaje se dejó cerrada una puerta que tenía que servir de escape. La angustia de la escena traspasó la ficción cuando Polly Bergen intentaba en vano abrir la puerta y Mitchum se acercaba amenazante.

Si en algo se diferenciaban Mitchum y Peck de los demás actores era por su profesionalidad, muchas veces ensalzada por los directores. En la escena final, Gregory Peck le daba un puñetazo a Cady. En el rodaje, de forma accidental, el golpe impactó de lleno en el actor. Lejos de cortar la secuencia, Mitchum siguió con su actuación hasta el final de la toma. Más tarde afirmaría, dolorido, que molestar a su colega no era muy recomendable.

Otros logros de la cinta son la fotografía en blanco y negro, heredera del mejor cine expresionista, y la música del habitual colaborador de Hitchcock: Bernard Herrmann. Ambas proporcionan el ambiente inquietante que requiere la película.

El cabo del terror, gracias a todo lo citado, es de esas películas que ganan con los años. El propio Scorsese –ante todo, un gran cinéfilo-, cuando realizó el remake no se resistió a homenajear la cinta de J. Lee Thompson, para ello incluyó la misma música que utilizó Herrmann y les dio trabajo a dos actores legendarios: Gregory Peck y Robert Mitchum.


Ver Ficha de El Cabo del Terror

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