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sábado, 4 de diciembre de 2010

COLABORACIÓN: CLINT EASTWOOD (Carlos Aguilar)



Editorial Cátedra
Colección Signo e Imagen / Cineastas,
2ª edición ampliada: 2010.
Diseño de la colección: Manuel Bonsoms
ISBN: 978-84-376-2576-8
Género: Ensayo cinematográfico

Nacido en Madrid en 1958, Carlos Aguilar es historiador y crítico de cine, así como novelista. Con estudios en Psicología, realiza posteriormente cursos de cine en el Taller de Arte Imaginarias. Desde ese momento dirige su vocación y su profesión hacia el Séptimo Arte, donde ha logrado convertirse en un sólido y competente especialista. Ha trabajado tanto en tareas de dirección y organización de festivales y eventos cinematográficos, como en el propiamente dedicado al análisis y la escritura sobre películas en prestigiosas revistas españolas y extranjeras. Ha participado, asimismo, en la publicación de distintos volúmenes, en colaboración y colectivos, sobre historia y crítica cinematográfica. De los libros de producción propia y de su entera responsabilidad seleccionamos los siguientes: Joaquín Romero Marchent. La firmeza del profesional y Jess Franco. El sexo del horror, ambos de 1999; Ricardo Palacios. Actor, director, observador y Giuliano Gemma. El factor romano, ambos de 2003; La espada mágica. El cine fantástico de aventuras (2006), Sergio Leone, Guía del Cine y la monografía que ahora reseñamos, Clint Eastwood, de 2009.

Publicado inicialmente en 2009, el ensayo sobre la vida y obra de Eastwood llega ahora a las librerías en una edición ampliada. Y es que nuestro personaje, Clinton Eastwood Jr., quien nació en mayo de 1930 en la ciudad de San Francisco (EEUU), ha cumplido ya unos muy respetables 80 años. Pero, por lo que podemos comprobar no son sólo «muy respetables», sino al mismo tiempo muy productivos y provechosos. Una leyenda viva del cine, pues, en forma y en todavía en activo. Digámoslo sin más rodeos: Clint Eastwood es el gran clásico del cine de quien aún podemos esperar interesantes realizaciones. Cierto que Francis Ford Coppola y Martin Scorsese, por ejemplo, continúan al pie del plató, y acaso puedan sorprender al espectador con alguna próxima producción memorable. Pero junto a estos gigantes del celuloide y el vídeo, Eastwood sobresale, sin reservas, como grande entre los grandes.

En el cine, Eastwood ha sido y lo es todo, o casi todo. Actor, director, productor, músico, a menudo, desarrollando el conjunto de sus habilidades en una misma obra, Clint Eastwood es un creador todoterreno. Está en su papel tanto en la comedia (ligera o romántica) y el musical como en el drama, el western, el cine bélico y de boxeo, el thriller y el cine de acción. Y aunque, a la vista de su extensísima obra no pueden ocultarse trabajos de menor calibre, la suma de la misma (repetimos, sin haberse cerrado) puede cotejarse (y codearse) sin exageración ni afectación con el selecto club de Clásicos del Cine de todos los tiempos. Una obra, y acaso sea esto lo esencial, que contiene títulos fundamentales, así como incontestables masterpieces de la historia del cine: Sin perdón (Unforgiven, 1992), Los puentes de Madison (The Bridges of Madison County, 1995), Million Dollar Baby (2004).

Acierta de pleno el autor de la presente monografía, señalando los dos rasgos básicos de Clint Eastwood. Por un lado, ya lo hemos visto, su carácter polifacético. Por el otro, la masculinidad. Paradigma del «tipo duro», Eastwood no es ni bueno ni feo ni malo. Esté en la jungla humana, en la cuerda floja, fuera de la ley o en el jardín del bien y del mal, se exhibe en todo momento violento, implacable y que no perdona, duro de pelar, bronco, una mula, de corazón negro y de hierro, sucio, fuerte y ejecutor. Pero, asimismo, también puede resultar seductor, tierno, muy caliente y tremendamente romántico. Sea a lomos de un caballo o caminando sobre sus largas piernas, empuñando un fusil de asalto, un revólver, unos guantes de boxeo o una cámara fotográfica.

“Es irrefutable –nos dice C. Aguilar- que la obra de Clint Eastwood entraña, tanto literal como alegóricamente, una vasta y elocuente incluso descarnada radiografía de la idiosincrasia de los Estados Unidos; sus sueños e ideales sus arquetipos y peculiaridades, sus paradojas y contradicciones, sus filias y sus fobias, sus luces y tinieblas, su privativa visión de la existencia...en resumen, y valga la simplificación, su peculiar mixtura de ingenuidad, ideológica, y firmeza, vital. Desde este ángulo, la abultada aportación de Eastwood al Séptimo Arte encierra un enorme, un inapreciable valor histórico-sociológico.”

Como es habitual en la colección que recoge la presente monografía sobre Clint Eastwood, el libro, amén de las secciones biográficas y analíticas necesarias para conocer y valorar la obra del personaje, así como las imprescindibles fotografías que la ilustran, ofrece una Filmografía y una Bibliografía actualizadas. Y, aunque esto ya no es tan habitual, constatemos que en sus páginas el lector encontrará un texto muy correcto en el análisis cinematográfico y muy bien escrito, todo lo cual hace de esta edición un libro imprescindible para conocer y valorar, como se merece, el trabajo del último clásico vivo del cine contemporáneo.

Ariodante

martes, 8 de junio de 2010

CINE EN DVD: SALVAR AL SOLDADO RYAN (Saving Private Ryan de Steven Spielberg, 1998)

Nos salimos de los límites habituales de esta sección (no será la única vez que lo hagamos) para adentrarnos en las nuevas tecnologías, en la alta definición y en el Blu-ray, un formato de video que parece estar suficientemente extendido (¿alguien lo tiene?). Y creemos que ninguna película es más adecuada para visionarla con esta configuración que la oscarizada cinta de Steven Spielberg.




El pasado día 26, la Paramount anunciaba su lanzamiento con una edición especial de dos discos, donde se incluyen extras que suenan tan jugosos como el documental presentado por Tom Hanks, Rodando Guerra, acerca de los fotógrafos de combate de la Segunda Guerra Mundial. Pero vayamos al filme donde el capitán Miller (Hanks) y su pelotón de Rangers tienen una misión muy particular: encontrar al soldado Ryan (Matt Damon) y traerlo sano y salvo a retaguardia para que el Tío Sam pueda devolvérselo a su familia y así evitar que fallezca como el resto de sus hermanos.

Podríamos comenzar con los posibles defectos de esta importante cinta, como son la excesiva longitud del metraje, la irregularidad de la historia y el discurso descaradamente patriótico. Del primero nada que objetar, tres horas son demasiadas para cualquier película; del resto se podría hablar largo y tendido. Sólo apuntar que nos alegramos de lo que muchos han criticado: lo desigual de la trama. No me parece un error enmarcar la cinta con dos tremendas secuencias de combate, de más de 20 minutos cada una, y dejar el resto del tiempo al pelotón divagando sobre la conveniencia de poner en peligro sus vidas a cambio de una sola, más algunos puntos de impulso salpicados de acción. No me lo parece si lo que se pretende es que el espectador sienta en sus carnes la batalla cuando ésta se presenta, con toda su crudeza y con el mayor realismo posible, y permanezca en tensión el resto del tiempo. Así es la guerra.




Y la polémica sobre el mensaje. Es cierto que las cintas –yanquis- de este corte chirrían con su machacón patriotismo, pero también lo es que el tiempo suele jugar a su favor. Si no fuera así rechazaríamos filmes como Objetivo Birmania, Arenas Sangrientas o Fuego en la Nieve, por poner unos pocos ejemplos, sólo por su contenido propagandístico. Es decir, pasados los años, lo cinematográfico supera al mensaje inicial, por muy espurio y falso que sea, y hace que se desvanezca hasta casi desaparecer. ¿A quién le importa si el general Custer era un héroe o un psicópata? Sólo sabemos que Murieron con las botas puestas es una obra de arte.

De las bondades de la película es más fácil hablar. Las dos secuencias citadas (el Desembarco de Normandía y la defensa de Ramelle) son tan importantes que han sentado las bases de una nueva forma de verismo fílmico. Y todo gracias a la manera de narrar del realizador, al montaje y, sobre todo, a la habilidad de Janusz Kaminski, el habitual director de fotografía de Spielberg. El operador polaco se emplea a fondo para conseguir unas imágenes tan reales que el espectador se siente dentro de la batalla. El manejo del obturador, la poca saturación de color y el empleo de toda suerte de artilugios, como el Image Shaker que consigue sincronizar el movimiento del objetivo con las explosiones, logran el milagro. Un estilo a imitar a partir de entonces (Black Hawk derribado, el díptico de Eastwood sobre Iwo Jima, etc.) que certifica la pertenencia de la cinta al mundo de los clásicos.

La trama inspirada en la historia de los hermanos Niland tiene el toque personal de Spielberg. Reconocemos que uno de nuestros pasatiempos preferidos cuando nos enfrentamos a una cinta del “mago” es la de interpretar o descubrir el transfondo religioso que casi siempre tienen la mayoría de las películas del director.



En efecto, esa simbología cristiana aquí se deja ver con más fuerza si cabe que en E.T., El Diablo sobre ruedas, A.I. o Munich. Así, observamos como el eje central de la película descansa en el hecho de dar la vida por los demás (el capitán Miller da su vida para salvar la de Ryan). En su calvario particular le exige al soldado que sea merecedor de esa salvación, que lleve una vida digna. Al final el viejo Ryan, ante la tumba del capitán, y acompañado de toda su familia, confirma que ha sido merecedor de la salvación.

Pero hay más simbolismos. Podemos recordar la noche donde los soldados del pelotón, refugiados en una casa en ruinas, se confiesan entre ellos y ante el capitán. Éste vela sus sueños, incapaz de dormir, como Jesús en el monte de Los Olivos. ¿Alguien ve más paralelismos entre la película y la vida de Jesús? Puede ser un interesante ejercicio cinéfilo descubrirlos. Alguno de mente retorcida (y estaríamos de acuerdo con él) podría considerar el propio Desembarco, de donde arranca todo, como una metáfora del bautizo de Jesús y los Apóstoles. Por supuesto la constante amenaza de los alemanes equivaldría a la correspondiente de los romanos; o incluso de los judíos en el Nuevo Testamento. Terrible paradoja ¿no?



Ver Ficha de Salvar al Soldado Ryan.



miércoles, 3 de marzo de 2010

COLABORACIÓN: SHUTTER ISLAND (Martin Scorsese, 2010)

Y de nuevo nos visita Caperuza. Esta vez analiza, a su manera, la última cinta de su admirado Scorsese. Y nosotros tenemos la suerte de poder leerlo:



ALGUNAS CONSIDERAZZIONES SUBJETIVAS SOBRE SHUTTER ISLAND Y EL PEQUEÑO GAFOTAS.

7 de la mañana de un martes perdido en el Distrito Federal de Ninguna Parte.

Ir al zzine a ver al Pequeño Gafotas es, para mí, una espezzie de fiesta, un plazzer como cuando vas a ver a un amigo raro al que algunos ponen verde. Gafotas es diferente al viejo Clint (los dos mejores direzztores vivos). El viejo Clint es serio y hazze un maravilloso zzine equilibrado y parsimonioso sin marear mucho la cámara. Scorsese gesticula y habla rápido con las palabras a borbotones, lleva una curiosa montura de gafas, es bajito, tiene una tremenda empanada mental con el catolizzismo y las iglesias, un padre sastre, vivió en su lejana infanzzia la violenzzia de las bandas callejeras, ama el zzine con más pasión que yo (y eso, ya es mucho dezzir) y adora la música. Aunque nunca he conversado con él, estoy segura de que tiene un buen sentido del humor porque hizzo aquella peli de Jo, qué noche, comparte conmigo el gusto por el billar y tiene una, cómo diría yo… ligera faszzinación por el boxeo, las pistolas, los botellazzos en la cabezza y el modo en que el vapor del agua sale por las alcantarillas en las noches neoyorkinas.


Y la palabra ganster. En aquella época, ser un ganster…

Es dezzir, para tenerlo claro, si Scorsese no tuviera esas extrañas zzejas, se parezzería mucho a mí. Hazze tres días que vi Shutter Island y ya me desperté pensando en ella, antes de haber entrado en un Manicomio rodeado de agua cuando la niebla era tan espesa que apenas se divisaba desde el barco. Mientras veía la peli, recordaba mis conversazziones nozzturnas a la luzz de las velas. Allí, en aquellos oscuros edifizzios estaban todos los fantasmas de una mente herida; alguien muerto a quien has querido, lo que duele, lo que frazztura los sentimientos, lo que quieres olvidar pero no puedes, las pesadillas, el dolor, los fantasmas del pasado, lo que nunca quisiste haber hecho, lo que no quisiste que te hizzieran. Lo que jamás debería suzzederle a nadie…

El prezziso y misterioso instante en el que una mente se rompe.

Y Elías Koteas con aquella inmensa cicatrizz enzzerrado entre rejas. Siempre me resultó enigmático Elías Koteas. A Gafotas, debe parezzerle lo mismo.

Y Scorsese y la cámara que siempre se acarizzian y la música, que cae plomizza en el viento huracanado de Sutther Island.

Caperuzzita Entre Rejas Mirando la Cara de Elías Koteas.

Possdata: Todavía recuerdo aquella noche en que Gafotas, subió al eszzenario a recoger el Oscar. La gente estaba en pie y aplaudía y él, como siempre, movía las manos. Dio las grazzias a todo el mundo y fue entonzzes cuando dijo: "Y grazzias a Caperuzzita, por estar siempre a mi lado".

viernes, 5 de febrero de 2010

INVICTUS (Clint Eastwood, 2009)

Notas para una crítica, tras haber visto la última película del maestro:

Comenzar el artículo demostrando nuestra más sincera admiración por el director norteamericano y la fidelidad hacia su cine que nos obliga a no faltar nunca a los estrenos de sus cintas. Rebajar la loa al realizador indicando que Invictus no llega a la altura de sus últimas producciones. La culpa la tiene un argumento demasiado previsible (sin que tenga nada que ver que el largometraje se base en la historia real) oportunista y efectista al máximo; y un rodaje sin personalidad, aunque no carente de emoción.




Eastwood ha atacado la trama desde distintos frentes: la vida familiar del propio Mandela; su entorno profesional, el de sus asesores más cercanos; el de los funcionarios de seguridad; el equipo nacional de Rugby, con el segundo punto de vista principal después del presidente, su capitán (interpretado por Matt Damon); y desde la calle, los suburbios y las chabolas, representadas por un niño indigente de color que rechaza llevar la camiseta de los Springboks (la camiseta del equipo nacional), que se convierte en el protagonista de una de las escenas finales más tramposas y efectistas que he visto. En todos ellos ha seguido la misma táctica: la de presentar el enfrentamiento con la sombra del Apartheid demasiado cercana y dolorosa. Un odio que el espectador sabe que se verá diluido gracias al esfuerzo del único personaje que no lleva incorporado el maniqueísmo: el propio presidente. Demasiado convencional a estas alturas.

Y muy oportunista. No sólo por lo cercano del mundial de futbol en Sudáfrica sino por la similitud que pueda tener para el pueblo norteamericano –sobre todo el de color- la figura de un Mandela recién incorporado al poder con la de Obama en la misma situación, a pesar de la muy diferente realidad política


Pero muchas tramas tan me-suena-el-argumento han conseguido llegar a buen puerto gracias al sello personal del director. En este caso no ha sido así. En muy pocas, contadísimas ocasiones, Eastwood ha salido a relucir. Me quedo con la secuencia en la cárcel y poco más. Y eso que no ha estado mal acompañado por sus actores, premiados con sendas nominaciones a los oscar. La de Morgan Freeman merecidísima; la de Damon no tanto, cuando se me antoja una interpretación demasiado arropada por la emoción del duelo deportivo.

Eso sí, la cinta será la delicia de los aficionados al rugby, "ese deporte de hooligans que practican los caballeros". Y hay que reconocer que los minutos finales son de una belleza plástica muy conseguida que provocarán la alteración del más tranquilo de los espectadores, y que recuerdan a otras películas del género como Evasión o Victoria (Escape to Victory de John Huston, 1981) con la que comparte el mismo defecto de filme comercial como única pretensión.

Anotación final: Concluir con una frase que incluya estos adjetivos: previsible, oportunista, emotiva y carente de personalidad.


Ver Ficha de Invictus.

sábado, 14 de marzo de 2009

GRAN TORINO (Clint Eastwood, 2008)

El cine, como parte de la vida que es, ha sido un vehículo perfecto para las despedidas. John Huston utilizó un relato de James Joyce para acentuar su partida. Dublineses (The Dead, 1987) anunciaba su muerte y significó a la postre uno de sus filmes más importantes. Kenji Mizoguchi, no sabemos si conscientemente, hizo un precioso y preciso resumen de su obra con su última cinta: La Calle de la Vergüenza (Akasen Chitai, 1956). No sólo los directores, también los actores han protagonizado despedidas tan emotivas como la de Spencer Tracy en Adivina quien viene esta noche (Guess who’s coming to dinner de Stanley Kramer, 1967), cuyo discurso final fue acompañado de los llantos de sus compañeros de rodaje (en especial de Katherine Hepburn); o la de John Wayne en un western de título tan significativo como El Último Pistolero (The Shootist de Don Siegel, 1976). Pues bien, hemos tenido la fortuna de presenciar una de esas despedidas; un adiós ejemplar que contiene todos los elementos citados anteriormente. Hemos visto Gran Torino.


Clint Eastwood, alentado por su decisión de retirarse de la actuación, se ha basado en la historia de Dave Johannson y Nick Schenk para construir una trama alrededor de su propia vivencia como actor y realizador. Y, posiblemente, haya conseguido una obra maestra.

El protagonista elegido por el director americano no podía ser otro que él mismo. O mejor dicho su trasunto. Aquel pistolero que creció de la mano de Sergio Leone y que amenazaba a sus victimas con la mirada. Ese policía de métodos poco ortodoxos que utilizaba su mágnum para tapar la boca de los delincuentes; o el cowboy errante, perseguido injustamente, cuya manera de escupir era una inequívoca señal de aviso. Todos ellos se encuentran presentes en Gran Torino. Ya están jubilados, pero permanecen fieles a su personalidad y determinación.

La forma en la que Eastwood organiza la cinta alrededor de su registro preferido, es la propia de un maestro. Un director consagrado que no se dedica a vivir de las rentas, sino que sigue aprendiendo y mejorando día a día y que permanece fiel a sí mismo y a sus convicciones. Los primeros minutos de la cinta son suficientes para decir, sin palabras -sólo con gruñidos-, lo que ha sido de la vida de Walt Kowalski (Eastwood) y la relación con su familia. El resto, corresponde a una acertada estructura lineal, que huye del socorrido flash-back, para que el protagonismo de la cinta se sitúe en la despedida.



Eastwood insiste en presentar a su alter ego sentado desde el porche, observando el mundo que le rodea y opinando sobre los valores actuales de la juventud, sobre el racismo o la religión. Y es que viene siendo habitual la presencia de un sacerdote en la trama para que el director pueda discutir con él. No sé si es un síntoma de vejez, pero nos alegramos de su iniciativa.

Los diálogos que salen por la boca del actor, camuflados por su aparente dureza, son verdaderas declaraciones del cineasta y configuran el carácter del personaje. También la música del propio Eastwood consigue que forme parte de la personalidad de Kowalski. Como una más de las cicatrices y arrugas de su rostro, le acompaña en forma de sutiles redobles de tambor para subrayar su determinación.

Con Gran Torino, Clint Eastwood ha cerrado el ciclo de la interpretación, ha despedido a su personaje de toda la vida con un final que clausura una parte importante de la historia del cine. Todo un acontecimiento al que hemos tenido la suerte de asistir.


Ver Ficha de Gran Torino

jueves, 22 de enero de 2009

SILENCIO SE... GRABA (Semana del 23 al 29 de enero de 2009)

Muy buena semana la que se nos echa encima en cuanto a películas se refiere. Destacan dos ciclos muy interesantes que nos ofrecen algunas cadenas autonómicas y canales TDT: uno sobre Stanley Kubrick en Castilla-La Mancha TV; y otro sobre la etapa británica de Alfred Hitchcock, programado por Veo TV. Además tendremos grandes cintas de Milos Forman, John Huston, Claude Chabrol, Vittorio de Sica o William Wyler, entre otros. Sin mencionar algunas obras maestras del cine como El Acorazado Potemkin; ejemplos de bandas sonoras espectaculares, como La Misión; largometrajes españoles ejemplares, donde destaca La Buena Estrella; o buenas películas ochenteras como La Princesa Prometida. Buen fin de semana a todos.

Pinchar en la tabla para verla mejor (las películas en rojo no son necesariamente las mejores, son las que se comentan más abajo)
Comentarios de algunas de las cintas recomendadas:

El Jinete Pálido (Pale Rider de Clint Eastwood, 1985). Clint Eastwood, Michael Moriarty. (ETB2 y CARTV, viernes 23 a las 18:15 y sábado 24 a las 15:45, respectivamente)

Todo un lujo de western del mejor director de la vieja escuela aún vivo y coleando. Antes de su obra maestra Sin Perdón (Unforgiven, 1992) Eastwood realizó al menos dos cintas importantes del género al que tanto debe; una: El fuera de la ley (The Outlaw Josey Wales, 1976); la otra, ésta que nos ocupa. El jinete Pálido es una película cubierta de un halo fantasmagórico muy atractivo. Apariciones y desapariciones del protagonista, unas heridas mortales y un final extraño nos hacen pensar si no somos como el niño del sexto sentido “que en ocasiones vemos muertos”.



Alarma en el Expreso (The Lady Vanishes de Alfred Hitchcock, 1938). Margaret Lockwood, Michael Redgrave, Paul Lukas. (Veo TV, sábado 24 a las 22:45)

Una de las últimas producciones británicas del maestro Hitchcock, que se sitúa entre las mejores. Contiene la mayoría de los ingredientes por los que luego triunfaría en EEUU. Muchas de las escenas las repetiría en alguna de sus mejores películas, sobre todo en Con la muerte en los talones (North by Northwest, 1959) -véanse los planos del ferrocarril tomando una curva, son calcados en ambas cintas-.

The Lady Vanishes tiene dos partes claramente diferenciadas: en la primera, nos presentan a los personajes en un hotel de un país imaginario; en la segunda, la acción transcurre en un tren. Todo gira alrededor de la desaparición de una anciana, y la única que se ha dado cuenta es la forzosa heroína (Margaret Lockwood) que consigue que el irónico Michael Redgrave la crea (prestigioso intérprete de teatro, perteneciente a una interminable saga de actores y actrices). El "macguffin" aquí es una canción que transporta un mensaje secreto que resulta vital para las potencias extranjeras; pero, como siempre, esto es lo de menos.


Hay cantidad de situaciones cómicas, Hitchcock se recrea con guiños continuos al espectador. Por ejemplo, la pelea en el vagón de equipajes, entre bambalinas, artículos de magia y anuncios del espectáculo, donde desaparecen y vuelven a aparecer los personajes. Es una secuencia genial, una divertida redundancia si tenemos en cuenta la trama principal.

Sorprende como las películas inglesas del genial director ganan con el paso de los años. Cada vez que se revisan ofrecen nuevos elementos narrativos o técnicos muy interesantes que las hacen acercarse a sus primas hermanas de la etapa norteamericana.



El Camino de Babel (Jerónimo Mihura, 1945). Alfredo Mayo, Fernando Fernán-Gómez. (Popular TV, domingo 25 a las 00:30)

Comedia sin muchas pretensiones, pero agradable, del hermano cineasta de Miguel Mihura: tres compañeros de estudios acuerdan, el día de su graduación, casarse con tres mujeres ricas para llevar a cabo sus proyectos. Cuando, al cabo de un tiempo, vuelven a encontrarse, sus planes parecen haber cambiado ligeramente…

Jerónimo Mihura intenta realizar una película semejante a las comedias de "teléfonos blancos" que triunfaban en Italia o a las más sofisticadas hollywoodenses, con escenarios donde los cabarets y sus orquestas tomaban cierto protagonismo para adornar una trama divertida. Todo para relajar el conflicto bélico que flotaba en el ambiente. El director y el guionista (Jose Luís Sáenz de Heredia) no disimulaban la guerra que asolaba Europa e incluían claras referencias a ella en la cinta.

A destacar dos de los actores más carismáticos de la época: Alfredo Mayo y Fernando Fernán-Gómez. El primero, siempre asociado al régimen por sus papeles en distintas películas de propaganda, aquí también se erige en el líder del grupo de amigos, el más decidido a llevar a cabo el disparatado plan donde el "braguetazo" sería la solución.

Con un tono teatral y unas interpretaciones que rozan las declamaciones el toque surrealista, más cercano a las comedias de los hermanos Marx, lo pone el excelente actor Manolo Morán. Un profesional poco reconocido, eterno secundario que, sin embargo, se nos antoja imprescindible en este tipo de largometrajes.



Los Intocables de Eliot Ness (The Untouchables de Brian de Palma, 1987). Kevin Costner, Sean Connery, Robert De Niro. (Telemadrid, domingo 25 a las 22:15)

Obra maestra del género de gangsters, a cargo de Brian de Palma sobre un estupendo guión del polifacético David Mamet. El recuerdo de las cintas de Hawks, Walsh o Leroy, en los primeros años treinta, planea sobre la cinta y la influencia es clara.

Todo en esta película esta magistralmente realizado, a saber: el guión, ya nombrado; la música de Ennio Morricone; y las actuaciones de todos los actores, en especial Robert De Niro y Sean Connery, ambos en estado de gracia (Sean Connery recibió un Oscar por su trabajo).


La película es una versión moderna de la famosa serie televisiva protagonizada por Robert Stack y, a su vez, basada en hechos reales acerca de un agente del gobierno que lucha contra Al Capone en la ciudad de Chicago. Estamos en los años de la ley seca, y esto provoca secuencias de acción para recordar, como la del tiroteo en la escalera de la estación (claro homenaje a Eisenstein y su Acorazado Potemkin); o cualquiera donde el director deja rienda suelta a De Niro para que ofrezca su mejor versión de las bravatas de Al Capone.

La cinta concluye con una inmensa paradoja, cuando al final, después de encerrar al gangster, resulta que se aprueba la venta de alcohol. Ante la pregunta de un pesado periodista sobre cuál va a ser lo próximo que haga Eliot Ness, éste responde: "Tomarme una Copa".



Sabotaje (Sabotage de Alfred Hitchcock, 1936). Sylvia Sidney, Oscar Homolka. (Veo TV, domingo 25 a las 22:55)

El maestro del suspense realiza esta cinta prebélica donde casi no existe “macguffin”, debido a la situación mundial que se vivía en esos tiempos y que Hitchcock quiso reflejar en su película: un agente de un gobierno extranjero efectúa todo tipo de sabotajes (como el del arranque) en el Reino Unido y nada parece que le impida realizar el siguiente golpe.

El juego con el público es lo más destacado de la cinta. El director nos mantiene informados, en todo momento, de quién es el espía y quiénes sus posibles victimas. De esta forma el suspense está garantizado: el espectador, incapaz de avisar a los personajes, sólo puede esperar angustiado el desenlace fatal. Así, un niño lleva, sin saberlo, una bomba en un autobús mientras planos detalles nos van avisando de la hora y de lo que falta para que explote el artefacto. Alfred Hitchcock, en sus conversaciones con Truffaut, puso esta escena como ejemplo de la tensión que quería transmitir al público (“El cine según Hitchcock”, libro de cabecera de todo buen cinéfilo).

Aún hoy en día la película consigue inquietarnos y pese a ser una de las cintas, digamos “borrador” de lo que serían después sus obras mayores, es todo un ejemplo de entretenimiento y en definitiva de cine con mayúsculas.

domingo, 18 de enero de 2009

EL INTERCAMBIO (Changeling de Clint Eastwood, 2008)

Lo de Clint Eastwood no deja de ser sorprendente. Ya nos estamos acostumbrando a que cada película suya sea una obra importante; y llevamos unos cuantos años así. Esto que puede parecer normal, no lo es en absoluto. No hay más que darle un repaso al resto del panorama cinematográfico.



Es como si la obra de Eastwood estuviera cubierta de un manto protector anti-mediocridad; alejada del resto de proyectos comercialoides para no contagiarse de su apatía, de su falta de sinceridad y de respeto hacia un público que, increíblemente, sigue buscando calidad en las pantallas de cine y no sólo cifras de audiencia en la primera semana.

No digo que el filme sea perfecto, de hecho tiene sus fallos (pocos): la gestión con los actores más pequeños no es del todo buena, los diálogos no son los propios de un niño, y si no es culpa de una poco afortunada traducción y/o doblaje, todo parece indicar que Eastwood falla en la dirección de los intérpretes infantiles. De los adultos, sólo John Malkovich está algo fuera de lugar; no su personaje sino él como actor en lo que parece la consecuencia de un error de casting.

Pero aquí terminan los errores. Y es que, siguiendo con los actores, Angelina Jolie puede haber hecho su mejor papel hasta la fecha. Creo que fue Ron Howard, a la sazón productor de la película y casi director de ella (menos mal que se retiró y dejo el sitio a Eastwood), el que recomendó a la actriz para el papel, en un principio por su físico al que veía con muchas posibilidades para "adaptarlo" a la época de la película. De todas formas, el mérito corresponde a Eastwood que “trata” a Angelina Jolie muy bien, con elegantes movimientos de cámara y bellísimos primeros planos de un rostro insomne y preocupado, donde destaca el intenso rojo de los labios. Esto provoca que el espectador se solidarice con el sufrimiento del personaje y, por tanto, se cumpla el objetivo que pretende el director.

El seguimiento de la trama es parejo al descubrimiento de terribles sucesos (basados en hechos reales) por parte de la propia protagonista. Realidad distorsionada por Eastwood -bendita distorsión- con una tonalidad similar a las de aquellas antiguas fotografías coloreadas de nuestros abuelos; con una luz que no perdona a los personajes carentes de conciencia, o con ella no muy tranquila; y con un manejo de cámara idóneo para cada situación.

La película rezuma maestría en cada plano, pero se echa de menos alguna toma como la de la llegada del policía a la siniestra granja; es decir algo que rompa una sucesión de imágenes demasiado perfectas. Se piden secuencias Eastwood cien por cien. Da la impresión de que el director ha dejado las riendas demasiados sueltas para que sus colaboradores (siguiendo sus directrices) acaben un trabajo excesivamente académico.

En fin, para algunos será una película menor de Clint Eastwood, puede que lo sea pero no tanto por su calidad sino por la comparación con obras de la talla de Sin Perdón, Los Puentes de Madison, Mystic River o Cartas desde Iwo Jima entre otras maravillas. A pesar de todo, con El Intercambio, el veterano director sigue ayudando a que su leyenda no decaiga y, por extensión, a que el cine mantenga un nivel alto; porque, ante todo, esta cinta es un homenaje al séptimo arte. El último plano así lo confirma.


Ver Ficha de El Intercambio

jueves, 8 de enero de 2009

SILENCIO SE... GRABA (Semana del 9 al 15 de enero de 2009)

Después de una mirada a las películas recomendadas, las que merecen la pena de todas las que han programado las cadenas para la semana entrante, la impresión que nos llevamos es que el cambio de año viene con ausencia de obras maestras (exceptuando la grandísima cinta de Víctor Erice), pero con suficiente cantidad de filmes interesantes. Así, largometrajes producidos en España y dirigidos por mujeres (Icíar Bollaín y Pilar Miró); algunos buenos western de Hathaway, Mulligan o incluso uno en clave de humor de Buster Keaton; el mejor cine negro a cargo del controvertido Dmytryk; y variadas películas de aventuras, policíacas, bélicas, de ciencia-ficción, dramas o comedias, todas aptas para rellenar un hueco en nuestra videoteca.

Pinchar en la tabla para verla mejor (las películas en rojo no son necesariamente las mejores, son las que se comentan más abajo)

Comentarios de algunas de las cintas recomendadas:


¿Quién puede matar a un niño? (Narciso Ibáñez Serrador, 1976). Lewis Fiander, Prunella Ransome. (7RM, sábado 10 a las 03:45)

El televisivo Chicho Ibáñez Serrador se siente cómodo con el cine de suspense y las historias de terror -aquellas que no nos dejaban dormir- y lo demuestra con la realización de esta película que ya puede considerarse un clásico del género.

Una pareja extranjera llega a la costa mediterránea para pasar unas vacaciones. Su destino es una hipotética isla llamada Almanzora, donde parece que no vive nadie excepto un grupo de niños…

La cinta se divide en dos actos. En el excelente prólogo el director prácticamente anticipa el tema central e incluso algo del desarrollo: el matrimonio pasa un día en Benavís (un pueblo costero ficticio) y se encuentran con unas fiestas de lo más ruidosas. La ciudad parece en plena ebullición, repleta de turistas; justo todo lo contrario de lo que ocurrirá en la isla. Mientras transcurre la celebración comienzan a llegar cadáveres a la playa; el primero, curiosamente, es descubierto por un niño. Por otro lado, Chicho nos cuenta –realmente no pasa del susurro- que el matrimonio acaba de salir de un conflicto provocado por el estado de buena esperanza de ella. Un embarazo no deseado por el marido, que ha sido capaz de pensar en el aborto. Por si esto no fuera poco las noticias de la televisión -y los excesivamente largos créditos de la película- nos muestran imágenes documentales de distintas guerras y sus victimas inocentes: los niños.


Este inicio realista es transformado por el realizador en un ambiente de pesadilla en la segunda parte, tras la llegada a la isla. Allí, destaca la banda sonora, responsabilidad de Waldo de Los Ríos, formada por sonidos y silencios, donde se alternan las risas de los niños con una siniestra melodía infantil.

La trama avanza de una forma similar a las mejores películas de Alfred Hitchcock. Incluso el director hace un cameo muy parecido a los que utilizaba el maestro del suspense como firma de sus películas. Además hay algunas secuencias que recuerdan a la aclamada Los Pájaros (The Birds, 1963), incluido el mensaje apocalíptico final.



Abducido (Lifted de Gary Rydstrom, 2006). (Antena 3, sábado 10 a las 22:00)

Se trata del premiado corto de la factoría Pixar (incluida la nominación al oscar) que precedía a Ratatouille en las salas de cine. Es una película pedagógica, al menos para los extraterrestres que se quieran iniciar en abduciones de humanos: un alumno novato, y un maestro que no se inmuta ante la torpeza de su pupilo, son los protagonistas de esta pequeña, pero muy divertida, historia de ciencia-ficción. Los gestos del rostro del aprendiz, las consecuencias de sus patosas acciones y la lección magistral de su profesor son lo mejor del filme que tiene un final aplastante; interprétese éste en su sentido literal.



Dos Mulas y una Mujer (Two Mules for Sister Sara de Don Siegel, 1970). Clint Eastwood, Shirley MacLaine. (TPA, domingo 11 a las 15:30)

Cinta peculiar de Don Siegel, que aprovecha un divertido guión de Budd Boetticher y se alía con su amigo Clint Eastwood, para realizar un spaghetti western en México. La nota de humor la pone Shirley Maclaine, una monja casi tan dura como Eastwood, que sirve de espía para la revolución mejicana. El personaje del actor norteamericano es el habitual en la serie de Sergio Leone, es decir el pistolero que sirve al mejor postor. La combinación de ambos es lo que le da a esta cinta el carácter de comedia. Por el lado técnico cabe destacar la siempre eficaz fotografía de Gabriel Figueroa, sobre todo en las tomas con escasa luz. Véase, por ejemplo, la secuencia dentro de la cueva, con los personajes que interesan parcialmente iluminados. Para darle el empaque de western al uso de esos años, sólo faltaba la música de Ennio Morricone. El recuerdo de películas como Por un puñado de dólares (Per un pugno di dollari de Sergio Leone, 1964) es inevitable.



Lluvia (Rain de Lewis Milestone, 1932). Joan Crawford, Walter Huston. (CARTV, lunes 12 a las 04:00)

Unos pasajeros quedan atrapados, a causa del mal tiempo -la lluvia del título-, en una isla tropical mientras esperan el barco que los lleve a su destino. Entre ellos se encuentra Sadie Thompson (Joan Crawford), una prostituta que huye de Estados Unidos donde es reclamada por la justicia… leer más

jueves, 4 de septiembre de 2008

SILENCIO SE... GRABA (Semana del 5 al 11 de septiembre de 2008)

Nada mejor que ver y hacernos con unas cuantas películas buenas para sobrevivir a la dura realidad, ya sin vacaciones. Los hermanos Coen; nuestro Amenábar; la excelente "A pleno sol", primera versión de Mr. Ripley; la secuela de "Antes del amanecer" (que para algunos supera la primera parte); el Río de Marilyn y Mitchum; las penalidades de Michael Douglas en Japón; el dramón de Moretti o una de las más logradas películas de James Bond, figuran entre las recomendaciones que vienen a continuación:

Pinchar en la tabla para verla mejor (las películas en rojo no son necesariamente las mejores, son las que se comentan más abajo)


Comentarios de algunas de las cintas recomendadas:
Los Implacables (The Tall Men de Raoul Walsh, 1954). Clark Gable, Jane Russell, Robert Ryan. (TPA, sábado 6 a las 18:30).

Una de las tres colaboraciones de Walsh con un Gable en su última, pero interesante etapa como actor en la que pocos confiaron a excepción del gran realizador. Es un western épico donde se nota la clara influencia de Griffith, no en vano Walsh empezó como ayudante del maestro. El paisaje nevado de Montana es uno más de los protagonistas de la película –las escenas cabalgando sobre la nieve no son a cámara lenta, aunque lo parezcan- Por lo demás la película contiene todos los tópicos del género: bandidos, indios, duelo a muerte, etc., en una trama calcada a la de Río Rojo (Red River de Howard Hawks, 1948).



Quiero la cabeza de Alfredo García (Bring me The head of Alfredo García de Sam Peckinpah, 1974). Warren Oates, Isela Vega, Emilio Fernández, Gig Young, Kris Kristofferson. (TV3, lunes 8 a las 23:45).

Entre el western fronterizo, las road movies y el género negro, transcurre esta historia del típico perdedor, muy en la línea del cine crepuscular y personal de Sam Peckinpah: un cacique mejicano (Emilio Fernández, prácticamente en el mismo papel que le confiara su amigo Peckinpah en Grupo Salvaje) pone precio a la cabeza del responsable de dejar embarazada a su hija. Entre los distintos "buitres" que se disputan la codiciada pieza se sitúan Bennie (Warren Oates) y su amante (Isela Vega). Ambos inician un viaje desesperado, en un entorno de lo más hostil.

Con la cabeza de Alfredo García como un personaje más, Bennie sortea todo tipo de dificultades a través del polvoriento desierto. La descomposición de su presa es pareja a la que sufre el propio Bennie, que se mantiene en pie gracias al alcohol, al instinto de supervivencia y al deseo de venganza -dicen que Warren Oates se inspiró en el mismísimo Peckinpah para interpretar su papel; y se ayudó de las gafas del propio cineasta para llevarlo a cabo-.

En el tramo final de la película, como en sus mejores cintas, el director suma a la violencia -y al tequila- su característico romanticismo para rematar un largometraje que casi se puede considerar de culto.



Bronco Billy (Clint Eastwood, 1980). Clint Eastwood, Sondra Locke. (TV3, martes 9 a las 18:20).

El filme narra las relaciones entre un propietario de un circo (Clint Eastwood) y su ayudante (Sondra Locke) y contiene innumerables guiños a los western, a las antiguas comedias basadas en el slasptick y a la vida social americana en general. Eastwood se aleja de su personaje característico para caricaturizarlo –que no desmitificarlo-, y entrar de lleno en la sátira y la crítica al sistema de vida norteamericano, aunque rindiéndose a él finalmente. Y es que el protagonista es un vaquero que no persigue el dinero, sino que va errante con su grupo ofreciendo representaciones gratis y resolviendo entuertos como un moderno Don Quijote. El ataque contra la guerra del Vietnam (ayuda a un desertor), la distorsión del patriotismo (la carpa donde representan sus actuaciones kitsch está formada por banderas americanas cosidas a mano por enfermos mentales), y más referencias que descubrirá el espectador, hacen de esta película una de las cintas más inteligentes y mejores de Clint Eastwood.

jueves, 12 de junio de 2008

SILENCIO SE... GRABA (Semana del 13 al 19 de junio de 2008)

Continuamos con nuestra sección semanal no sin antes hacer algunas consideraciones, sobre todo para aquellos que han maldecido a la tabla (yo también lo hago) por sus inexactitudes.

En primer lugar, no figuran todas las películas recomendables debido a varias circunstancias: las cadenas programan y desprograman a su antojo y muchos canales no adelantan las películas hasta uno o dos días antes, debido a la contraprogramación o a que ni ellas mismas lo saben. Por ejemplo, Canal 9 emitió, la noche del viernes pasado La Misa ha terminado (de la que hemos hablado hace poco en este blog) y Su alteza el ladrón (una muy buena cinta de aventuras), sin embargo, en donde yo obtengo la información, esas películas no figuraban todavía el jueves.

En segundo lugar, el horario es más volátil que la Bolsa en estos días. Tanto es así que, por ejemplo, el filme que emitía La 2 el pasado sábado, Cuna de Héroes, comenzó casi media hora más tarde; ¿resultado? en mi caso adiós a la grabación, era una de las que no tenía -y sigo sin tener-.

Bueno a pesar de estos inconvenientes, aquí viene la tabla para la semana entrante, así que shhhh, porque: Silencio se... graba.

Pinchar en la tabla para verla mejor.




La Bella y la Bestia (La Belle et la Bete de Jean Cocteau, 1946) Josette Day, Jean Marais, Marcel André.
Se trata de la mejor adaptación del clásico cuento infantil de Madame Leprince de Beaumont (le sigue de cerca la versión de Disney de 1992). Los decorados de Christian Berard y la fotografia de Henri Alekan contribuyen a que Cocteau haga un relato surrealista de gran riqueza visual. Un filme extraordinario, mucho más que una simple version infantil. El protagonista es Jean Marais, actor fetiche de Cocteau -y amante- , que aquí hace un triple personaje. No le va a la zaga Josette Day (Bella). La historia, ya conocida, es la de una doncella que no duda en irse a vivir con una bestia para salvar la vida de su padre. ¿Es posible enamorarse de alguien cuyo aspecto exterior sea tan repulsivo?

Space Cowboys (Clint Eastwood, 2000) Clint Eastwood, Tomy Lee Jones, Donald Sutherland, James Garner.
Con este largometraje de ciencia-ficción voy a intentar contenerme. Y es que quiero ser objetivo. Así que sólo unos breves apuntes, para nada acalorados. En primer lugar un mensaje para aquellos directores y productores especialistas en cine comercialoide y en teoría de “entretenimiento”. Les quiero aconsejar lo siguiente, que se hagan con un dvd de ésta cinta de Clint Eastwood (sólo el apellido ya me da escalofrios) que la vean una y otra vez, que tomen apuntes en una libreta y que pongan el siguiente título en la cubierta “Cómo hacer una película comercial de calidad”. Para los que aún no la hayan visto: Que se preparen a disfrutar del espectáculo, que admiren a grandes actores, algunos de otro tiempo sí, pero grandes, enormes actores. Que vean como los efectos especiales forman parte de un filme y no son los protagonistas de él. Que saboreen las panorámicas y los largos planos como el del final (espectacular, ya veréis como cuando acabe no resistiréis la tentación de rebobinar la cinta o darle al dvd para atrás, para ver el plano de nuevo). Que aprecien esta aventura donde un grupo de amigos se enfrentan a un problema, a veces con humor, pero siempre con determinación, y donde Eastwood (otra vez el escalofrio) nos propone unos valores morales como los de la lealtad, la amistad o el amor, en un filme fiel heredero de las historias que narraba otro clásico como él, me refiero a Hawks, claro. Creo que he sido objetivo y nada acalorado ¿no?

Haz lo que debas (Do The Right Thing de Spike Lee, 1989) Spike Lee, John Turturro, Danny Aiello.
La obra maestra de Spike Lee, centrada en el problema racial junto a las otras dos excelentes películas (Fiebre salvaje y, en menor medida, Mo Better Blues). Trata de la vida en un barrio de Brooklyn (un personaje más) donde los jovenes sin trabajo se quejan de todo lo que les rodea sin aportar ninguna solución. Donde el anciano borrachin, pero de buen corazón, es el único con sentido común. Una película coral con el propio Spike Lee en el papel de un muchacho que trabaja en una Pizzeria -el unico reducto blanco en todo el barrio-, intransigente y racista como los propietarios del local. En este ambiente tensionado basta que surja una chispa para que todo explote... Historia contada a modo de fábula, donde el humor es importante, donde los colores reflejan el estado de ánimo de los personajes, y donde las teorías de cómo hacer frente al problema racial son expuestas por el propio Lee, subrayándolas al final con las palabras de Martin Luther King y Malcom X; personalidades muy diferentes con soluciones muy diferentes, como podrá comprobar el espectador. ¿Hay que elegir una de las dos?

El Misterio Von Bulow (Reversal of Fortune de Barbet Schroeder, 1990) Jeremy Irons, Glen Close, Annabella Sciorra.
Basada en hechos reales, esta cinta del, primero productor, Barbet Schroeder es la de mayor éxito del director y del actor Jeremy Irons que consigue un oscar por su interpretación. Curiosa en su estructura (hay que tener cuidado al decir "original") al estar narrada en flashback por una mujer en coma; de la misma forma que El Crepusculo de los dioses o Atrapado por su pasado", donde la conducción de la película se ejercía desde la tumba o cerca de ella. Destaca el buen trabajo del ambiguo Irons y de la histerica Close, así como el vestuario y mobiliario de la familia protagonista, más propio del siglo XIX que de la época actual donde se desarrolla la historia.

domingo, 24 de febrero de 2008

POZOS DE AMBICIÓN (There Will Be Blood de Paul Thomas Anderson, 2007

“Habrá Sangre”, advierte, más que titula, Paul Thomas Anderson en su última película. Es una promesa que nos predispone para asistir a una dura historia sobre ambición y odio a partes iguales. Pozos de Ambición, tal como se la conoce aquí, se basa en la novela “Oil!” de Upton Sinclair, y narra la vida de un implacable empresario, Daniel Plainview (Daniel Day-Lewis) que se dedica al negocio del petróleo en las primera décadas del siglo XX.



El arranque (más de 10 minutos sin palabras) es una perfecta introducción del drama que vendrá a continuación. El duro trabajo manual del protagonista sirve de “biblia” del personaje, de tal forma que el espectador no se extraña lo más mínimo de su posterior actitud personal ante la vida y ante los hombres. La historia realmente comienza cuando Plainview se dispone a explotar una región cuyos propietarios pertenecen a una especie de secta religiosa, dirigida por un fanático que pronto se enemistará con el empresario.

There Will Be Blood podría situarse al lado de otros largometrajes épicos que tocan el mismo tema: el del ambicioso hombre de negocios que se ha hecho a sí mismo a costa de pasar por encima de los demás. Sin embargo, Paul Thomas Anderson le confiere un aspecto sensiblemente distinto y original; y crea una obra importante, una de las mejores del año. El joven director hace con el sueño americano lo mismo que Clint Eastwood hizo con el Western cuando estrenó Sin Perdón (Unforgiven, 1992), es decir lo convierte en una pesadilla. Para que el lector se haga una idea, es como si Anderson hubiera volcado un cubo de fango, lodo y alquitrán sobre Gigante (Giant de George Stevens, 1956). El resultado es el siguiente: fotografía oscura, escenas apocalípticas y diálogos que recuerdan a los del coronel Kurtz en Apocalypse Now con música que sale del mismísimo infierno.


La impresión desde luego es excelente. Pero hay un fallo que tiene nombre y apellidos: Daniel Day-Lewis. Encarna al personaje central, y no lo hace mal; ese no es el problema. Es un error de cantidad más que de calidad: Plainview requiere histrionismo el cien por cien de las veces, esto provoca que Day-Lewis se sitúe al borde de la sobreactuación más de dos horas y media. Ese es el tiempo que dura una cinta algo cargante. Quizás, si Anderson hubiera alternado el punto de vista con otro personaje, habría oxigenado el filme lo suficiente para darle un respiro al espectador.

Independientemente de las pegas que podamos ponerle a este largometraje hay que reconocer que Paul Thomas Anderson crea una atmósfera única, en un entorno hostil donde viven unos seres que odian y rezan. Y llega Plainview. Un hombre cuya personalidad se refleja en un rostro salpicado de manchas de petróleo; rostro que evoluciona a lo largo del metraje como una peculiar versión del “Retrato de Dorian Grey”. Daniel Plainview ofrece un futuro de progreso y bienestar, pero alimenta en su interior una promesa que se hará realidad. Y pronto correrá la sangre...

Ver Ficha de Pozos de Ambición

Leer critica de Pozos de ambición en Muchocine.net

viernes, 11 de enero de 2008

CARTAS DESDE IWO JIMA (Letters from Iwo Jima de Clint Eastwood, 2006)

Letters from Iwo Jima forma parte de un proyecto de enormes dimensiones –y de gran calidad- que comenzó con Banderas de nuestros padres (Flags of our fathers, 2006) para finalizar con esta joya del séptimo arte. Clint Eastwood y Steven Spielberg han creado una de las referencias futuras del cine con dos largometrajes que no sólo tienen en común la batalla que da nombre al título, también comparten el mismo “tono”: una fotografía muy dura, con una baja saturación de color, rozando el blanco y negro; y un uso continuado del flash-back para proyectar al presente –y al pasado- lo acontecido en Iwo Jima.



Eastwood, Spielberg y… Paul Haggis. Cada uno aportando lo que mejor sabe hacer para lograr un todo armonioso, una obra maestra. Así, la estructura coral, con sucesivos saltos del punto de vista; los distintos recursos efectistas de agudo guionista, como el de la “faja protectora” -que recuerda mucho al traje “invisible” utilizado en Crash (2005)-, son algunas de las excelentes aportaciones del escritor –y oscarizado director- Paul Haggis. Apasionante tarea la de descubrir los elementos propios de cada uno de los dos cineastas restantes. Vamos a ello:

De Spielberg, el realismo -los silbidos de los disparos, como en Salvar al soldado Ryan (Saving Private Ryan, 1998) y el sonido metálico de los cañones son muy cercanos a los verdaderos- y la mezcla de efectos para introducir al espectador en ese infierno. Pero además, el “mago”, seguro que ha influido con su varita para dar forma a dos de los personajes principales de la historia. Uno de ellos es el soldado “a la fuerza” (Saigo), ajeno a ese mundo de horror, de falso honor y de angustia. Tan perdido como E.T. en nuestro planeta o Tom Hanks en la terminal de un aeropuerto.

El otro personaje es el coronel de caballería Nishi. Un oficial sensato, un Schlinder en Iwo Jima que respeta a sus subordinados y también al enemigo, al que asiste, prácticamente, como un sacerdote -escenificación religiosa que tanto le gusta al director-; siempre de blanco en la batalla (símbolo de la bondad, pero también de la muerte) contraste perfecto con la oscuridad reinante de los túneles donde resisten los japoneses.



Si Saigo y Nishi tienen mucho de Spielberg, no me cabe la menor duda que el carácter que se le da al general Kuribayashi es obra de Clint Eastwood. Es el protagonista y viene de fuera para salvar a una comunidad en peligro gobernada por una pandilla de inútiles. Sus arengas, el intimismo del personaje, las cartas, su actitud ante la vida, todo ello encaja con el discurso personal del realizador presente en algunas de sus mejores películas.

Eso sí, Eastwood es capaz de pasar de los emotivos primeros planos del general a la presencia casi fantasmal del enemigo. Para lograr este efecto el genial director no nos deja ver las caras de ningún soldado americano (a excepción del herido que entabla contacto con Nishi). Los marines son casi irreales –como los protagonistas de El jinete pálido (Pale Rider, 1985) o Infierno de cobardes (High Plain Drifters, 1973)- Son seres del exterior, prácticamente extraterrestres para los japoneses; sus rostros son sólo sombras macabras. Todos y cada uno de ellos representan lo mismo: la muerte.

Sin duda la conjunción de los elementos citados es lo que confiere a Cartas desde Iwo Jima la categoría de obra importante. Sinergia que se ve reflejada en el brillante plano final; el que justifica todo lo realizado anteriormente; el que nos deja ese buen sabor de boca.


Ver Ficha de Cartas desde Iwo Jima.

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