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jueves, 22 de enero de 2009

SILENCIO SE... GRABA (Semana del 23 al 29 de enero de 2009)

Muy buena semana la que se nos echa encima en cuanto a películas se refiere. Destacan dos ciclos muy interesantes que nos ofrecen algunas cadenas autonómicas y canales TDT: uno sobre Stanley Kubrick en Castilla-La Mancha TV; y otro sobre la etapa británica de Alfred Hitchcock, programado por Veo TV. Además tendremos grandes cintas de Milos Forman, John Huston, Claude Chabrol, Vittorio de Sica o William Wyler, entre otros. Sin mencionar algunas obras maestras del cine como El Acorazado Potemkin; ejemplos de bandas sonoras espectaculares, como La Misión; largometrajes españoles ejemplares, donde destaca La Buena Estrella; o buenas películas ochenteras como La Princesa Prometida. Buen fin de semana a todos.

Pinchar en la tabla para verla mejor (las películas en rojo no son necesariamente las mejores, son las que se comentan más abajo)
Comentarios de algunas de las cintas recomendadas:

El Jinete Pálido (Pale Rider de Clint Eastwood, 1985). Clint Eastwood, Michael Moriarty. (ETB2 y CARTV, viernes 23 a las 18:15 y sábado 24 a las 15:45, respectivamente)

Todo un lujo de western del mejor director de la vieja escuela aún vivo y coleando. Antes de su obra maestra Sin Perdón (Unforgiven, 1992) Eastwood realizó al menos dos cintas importantes del género al que tanto debe; una: El fuera de la ley (The Outlaw Josey Wales, 1976); la otra, ésta que nos ocupa. El jinete Pálido es una película cubierta de un halo fantasmagórico muy atractivo. Apariciones y desapariciones del protagonista, unas heridas mortales y un final extraño nos hacen pensar si no somos como el niño del sexto sentido “que en ocasiones vemos muertos”.



Alarma en el Expreso (The Lady Vanishes de Alfred Hitchcock, 1938). Margaret Lockwood, Michael Redgrave, Paul Lukas. (Veo TV, sábado 24 a las 22:45)

Una de las últimas producciones británicas del maestro Hitchcock, que se sitúa entre las mejores. Contiene la mayoría de los ingredientes por los que luego triunfaría en EEUU. Muchas de las escenas las repetiría en alguna de sus mejores películas, sobre todo en Con la muerte en los talones (North by Northwest, 1959) -véanse los planos del ferrocarril tomando una curva, son calcados en ambas cintas-.

The Lady Vanishes tiene dos partes claramente diferenciadas: en la primera, nos presentan a los personajes en un hotel de un país imaginario; en la segunda, la acción transcurre en un tren. Todo gira alrededor de la desaparición de una anciana, y la única que se ha dado cuenta es la forzosa heroína (Margaret Lockwood) que consigue que el irónico Michael Redgrave la crea (prestigioso intérprete de teatro, perteneciente a una interminable saga de actores y actrices). El "macguffin" aquí es una canción que transporta un mensaje secreto que resulta vital para las potencias extranjeras; pero, como siempre, esto es lo de menos.


Hay cantidad de situaciones cómicas, Hitchcock se recrea con guiños continuos al espectador. Por ejemplo, la pelea en el vagón de equipajes, entre bambalinas, artículos de magia y anuncios del espectáculo, donde desaparecen y vuelven a aparecer los personajes. Es una secuencia genial, una divertida redundancia si tenemos en cuenta la trama principal.

Sorprende como las películas inglesas del genial director ganan con el paso de los años. Cada vez que se revisan ofrecen nuevos elementos narrativos o técnicos muy interesantes que las hacen acercarse a sus primas hermanas de la etapa norteamericana.



El Camino de Babel (Jerónimo Mihura, 1945). Alfredo Mayo, Fernando Fernán-Gómez. (Popular TV, domingo 25 a las 00:30)

Comedia sin muchas pretensiones, pero agradable, del hermano cineasta de Miguel Mihura: tres compañeros de estudios acuerdan, el día de su graduación, casarse con tres mujeres ricas para llevar a cabo sus proyectos. Cuando, al cabo de un tiempo, vuelven a encontrarse, sus planes parecen haber cambiado ligeramente…

Jerónimo Mihura intenta realizar una película semejante a las comedias de "teléfonos blancos" que triunfaban en Italia o a las más sofisticadas hollywoodenses, con escenarios donde los cabarets y sus orquestas tomaban cierto protagonismo para adornar una trama divertida. Todo para relajar el conflicto bélico que flotaba en el ambiente. El director y el guionista (Jose Luís Sáenz de Heredia) no disimulaban la guerra que asolaba Europa e incluían claras referencias a ella en la cinta.

A destacar dos de los actores más carismáticos de la época: Alfredo Mayo y Fernando Fernán-Gómez. El primero, siempre asociado al régimen por sus papeles en distintas películas de propaganda, aquí también se erige en el líder del grupo de amigos, el más decidido a llevar a cabo el disparatado plan donde el "braguetazo" sería la solución.

Con un tono teatral y unas interpretaciones que rozan las declamaciones el toque surrealista, más cercano a las comedias de los hermanos Marx, lo pone el excelente actor Manolo Morán. Un profesional poco reconocido, eterno secundario que, sin embargo, se nos antoja imprescindible en este tipo de largometrajes.



Los Intocables de Eliot Ness (The Untouchables de Brian de Palma, 1987). Kevin Costner, Sean Connery, Robert De Niro. (Telemadrid, domingo 25 a las 22:15)

Obra maestra del género de gangsters, a cargo de Brian de Palma sobre un estupendo guión del polifacético David Mamet. El recuerdo de las cintas de Hawks, Walsh o Leroy, en los primeros años treinta, planea sobre la cinta y la influencia es clara.

Todo en esta película esta magistralmente realizado, a saber: el guión, ya nombrado; la música de Ennio Morricone; y las actuaciones de todos los actores, en especial Robert De Niro y Sean Connery, ambos en estado de gracia (Sean Connery recibió un Oscar por su trabajo).


La película es una versión moderna de la famosa serie televisiva protagonizada por Robert Stack y, a su vez, basada en hechos reales acerca de un agente del gobierno que lucha contra Al Capone en la ciudad de Chicago. Estamos en los años de la ley seca, y esto provoca secuencias de acción para recordar, como la del tiroteo en la escalera de la estación (claro homenaje a Eisenstein y su Acorazado Potemkin); o cualquiera donde el director deja rienda suelta a De Niro para que ofrezca su mejor versión de las bravatas de Al Capone.

La cinta concluye con una inmensa paradoja, cuando al final, después de encerrar al gangster, resulta que se aprueba la venta de alcohol. Ante la pregunta de un pesado periodista sobre cuál va a ser lo próximo que haga Eliot Ness, éste responde: "Tomarme una Copa".



Sabotaje (Sabotage de Alfred Hitchcock, 1936). Sylvia Sidney, Oscar Homolka. (Veo TV, domingo 25 a las 22:55)

El maestro del suspense realiza esta cinta prebélica donde casi no existe “macguffin”, debido a la situación mundial que se vivía en esos tiempos y que Hitchcock quiso reflejar en su película: un agente de un gobierno extranjero efectúa todo tipo de sabotajes (como el del arranque) en el Reino Unido y nada parece que le impida realizar el siguiente golpe.

El juego con el público es lo más destacado de la cinta. El director nos mantiene informados, en todo momento, de quién es el espía y quiénes sus posibles victimas. De esta forma el suspense está garantizado: el espectador, incapaz de avisar a los personajes, sólo puede esperar angustiado el desenlace fatal. Así, un niño lleva, sin saberlo, una bomba en un autobús mientras planos detalles nos van avisando de la hora y de lo que falta para que explote el artefacto. Alfred Hitchcock, en sus conversaciones con Truffaut, puso esta escena como ejemplo de la tensión que quería transmitir al público (“El cine según Hitchcock”, libro de cabecera de todo buen cinéfilo).

Aún hoy en día la película consigue inquietarnos y pese a ser una de las cintas, digamos “borrador” de lo que serían después sus obras mayores, es todo un ejemplo de entretenimiento y en definitiva de cine con mayúsculas.

viernes, 11 de enero de 2008

CARTAS DESDE IWO JIMA (Letters from Iwo Jima de Clint Eastwood, 2006)

Letters from Iwo Jima forma parte de un proyecto de enormes dimensiones –y de gran calidad- que comenzó con Banderas de nuestros padres (Flags of our fathers, 2006) para finalizar con esta joya del séptimo arte. Clint Eastwood y Steven Spielberg han creado una de las referencias futuras del cine con dos largometrajes que no sólo tienen en común la batalla que da nombre al título, también comparten el mismo “tono”: una fotografía muy dura, con una baja saturación de color, rozando el blanco y negro; y un uso continuado del flash-back para proyectar al presente –y al pasado- lo acontecido en Iwo Jima.



Eastwood, Spielberg y… Paul Haggis. Cada uno aportando lo que mejor sabe hacer para lograr un todo armonioso, una obra maestra. Así, la estructura coral, con sucesivos saltos del punto de vista; los distintos recursos efectistas de agudo guionista, como el de la “faja protectora” -que recuerda mucho al traje “invisible” utilizado en Crash (2005)-, son algunas de las excelentes aportaciones del escritor –y oscarizado director- Paul Haggis. Apasionante tarea la de descubrir los elementos propios de cada uno de los dos cineastas restantes. Vamos a ello:

De Spielberg, el realismo -los silbidos de los disparos, como en Salvar al soldado Ryan (Saving Private Ryan, 1998) y el sonido metálico de los cañones son muy cercanos a los verdaderos- y la mezcla de efectos para introducir al espectador en ese infierno. Pero además, el “mago”, seguro que ha influido con su varita para dar forma a dos de los personajes principales de la historia. Uno de ellos es el soldado “a la fuerza” (Saigo), ajeno a ese mundo de horror, de falso honor y de angustia. Tan perdido como E.T. en nuestro planeta o Tom Hanks en la terminal de un aeropuerto.

El otro personaje es el coronel de caballería Nishi. Un oficial sensato, un Schlinder en Iwo Jima que respeta a sus subordinados y también al enemigo, al que asiste, prácticamente, como un sacerdote -escenificación religiosa que tanto le gusta al director-; siempre de blanco en la batalla (símbolo de la bondad, pero también de la muerte) contraste perfecto con la oscuridad reinante de los túneles donde resisten los japoneses.



Si Saigo y Nishi tienen mucho de Spielberg, no me cabe la menor duda que el carácter que se le da al general Kuribayashi es obra de Clint Eastwood. Es el protagonista y viene de fuera para salvar a una comunidad en peligro gobernada por una pandilla de inútiles. Sus arengas, el intimismo del personaje, las cartas, su actitud ante la vida, todo ello encaja con el discurso personal del realizador presente en algunas de sus mejores películas.

Eso sí, Eastwood es capaz de pasar de los emotivos primeros planos del general a la presencia casi fantasmal del enemigo. Para lograr este efecto el genial director no nos deja ver las caras de ningún soldado americano (a excepción del herido que entabla contacto con Nishi). Los marines son casi irreales –como los protagonistas de El jinete pálido (Pale Rider, 1985) o Infierno de cobardes (High Plain Drifters, 1973)- Son seres del exterior, prácticamente extraterrestres para los japoneses; sus rostros son sólo sombras macabras. Todos y cada uno de ellos representan lo mismo: la muerte.

Sin duda la conjunción de los elementos citados es lo que confiere a Cartas desde Iwo Jima la categoría de obra importante. Sinergia que se ve reflejada en el brillante plano final; el que justifica todo lo realizado anteriormente; el que nos deja ese buen sabor de boca.


Ver Ficha de Cartas desde Iwo Jima.

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