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sábado, 16 de febrero de 2013

GANGSTER SQUAD (Ruben Fleischer, 2013)

Nos da por llevar la contraria. Es habitual que en estos días de febrero, con la cartelera repleta de películas nominadas a los Goya, Oscar y demás premios, uno no sepa a qué sala acudir. Qué manía la de distribuir las películas, que supuestamente son las mejores, en un solo mes. No entramos en el juego y nos decantamos por una cinta que me temo tendrá que esperar al año que viene para disputar estos galardones ya que se estrenó el pasado enero; mala fecha, pero buena película.



Este escuadrón antigángsters se basa en una historia real y en el libro homónimo  de Paul Lieberman, pero realmente es, a partes iguales, un ejercicio de nostalgia y de estilo. Veamos:

Mickey Cohen (Sean Penn) es un sanguinario y ambicioso capo de la mafia que quiere controlar Los Ángeles a base de asesinar a la competencia y de comprar a jueces y policías. El sargento O’Mara (Josh Brolin) es un excombatiente de la Segunda Guerra Mundial que aún sigue batallando, esta vez contra los delincuentes. Un agente de la ley atípico, de los que no se venden, que quiere acabar con Cohen formando un escuadrón de policías. Los agentes operan desde la ilegalidad y tienen carta blanca para destrozar locales, garitos e intervenir las operaciones del mafioso. La mano derecha de O’Mara es el sargento Jerry Wooters (Ryan Gosling), un policía más “normal”, que se adhiere a la causa por dos razones: es el amante de la novia de Cohen y además acaba de perder a un amigo, a un niño limpiabotas víctima de un tiroteo de los matones de Cohen. 

Con esta trama de película de serie B ambientada en los años cuarenta, Ruben Fleischer, un director curtido en la televisión —uno más—, elabora un producto que sueña parecerse a aquellas películas de cine negro que poblaban las carteleras de posguerra. Consigue su propósito gracias a una cuidada estilización y ambientación, y a una galería de personajes estereotipados que encajan como un guante en este filme de género.



Fleischer aprende de los errores de proyectos anteriores del mismo corte como La Dalia Negra (The Black Dalia de Brian De Palma, 2006) y se hace con un libreto de altura, con unos diálogos que parecen extraídos de las mejores novelas hard-boiled. Fleischer es más fiel al universo de James Ellroy que De Palma y sólo sigue al segundo para gestionar una trama que mezcla la historia de La Dalia… con otro largometraje del mismo director: Los Intocables de Eliot Ness (The Untouchables de Brian De Palma, 1987). Los puntos en común con Los Intocables son evidentes, entre ellos, el villano: Sean Penn, tan sobreactuado como De Niro —en un papel que demanda esa sobreactuación— es el que abre la película con un arranque (literal) que pone los pelos de punta. Fleischer juega a ser Howard Hawks y advierte al público del terrible peligro al que se enfrentan los personajes desde el primer minuto. Un acierto.

Sin embargo, es en esa definición de caracteres donde el director se muestra algo más irregular. Si el personaje al que da vida Ryan Gosling —en un registro que el actor domina— es el que consigue que la película se salga del maniqueísmo para ingresar de lleno en el noir, el de la esposa del sargento O’Mara da más vueltas que una veleta hasta convertirse en el error más grave de la película.

Pocos fallos que Fleischer suple con algunas secuencias para enmarcar: la del atentado en plena calle y la del tiroteo a oscuras. La primera, resuelta dilatando el tiempo con el manejo de la cámara lenta; la segunda, con un montaje paralelo que alterna el número musical de una graciosa “Carmen Miranda” con una espectacular escena de acción. Dicha secuencia utiliza de una forma muy original los fogonazos de los disparos para conseguir un recurso estético de altura.

Gangster Squad es, por tanto, un refugio para el cinéfilo aficionado al cine negro, una mirada al pasado con la técnica del presente, un producto bien rodado con un guión que parece escrito por el mismísimo Raymond Chandler:

               “—¿Dónde has estado toda mi deprimente vida?
                —… Bebiendo.”



Ver Ficha de Gangster Squad.



jueves, 22 de enero de 2009

SILENCIO SE... GRABA (Semana del 23 al 29 de enero de 2009)

Muy buena semana la que se nos echa encima en cuanto a películas se refiere. Destacan dos ciclos muy interesantes que nos ofrecen algunas cadenas autonómicas y canales TDT: uno sobre Stanley Kubrick en Castilla-La Mancha TV; y otro sobre la etapa británica de Alfred Hitchcock, programado por Veo TV. Además tendremos grandes cintas de Milos Forman, John Huston, Claude Chabrol, Vittorio de Sica o William Wyler, entre otros. Sin mencionar algunas obras maestras del cine como El Acorazado Potemkin; ejemplos de bandas sonoras espectaculares, como La Misión; largometrajes españoles ejemplares, donde destaca La Buena Estrella; o buenas películas ochenteras como La Princesa Prometida. Buen fin de semana a todos.

Pinchar en la tabla para verla mejor (las películas en rojo no son necesariamente las mejores, son las que se comentan más abajo)
Comentarios de algunas de las cintas recomendadas:

El Jinete Pálido (Pale Rider de Clint Eastwood, 1985). Clint Eastwood, Michael Moriarty. (ETB2 y CARTV, viernes 23 a las 18:15 y sábado 24 a las 15:45, respectivamente)

Todo un lujo de western del mejor director de la vieja escuela aún vivo y coleando. Antes de su obra maestra Sin Perdón (Unforgiven, 1992) Eastwood realizó al menos dos cintas importantes del género al que tanto debe; una: El fuera de la ley (The Outlaw Josey Wales, 1976); la otra, ésta que nos ocupa. El jinete Pálido es una película cubierta de un halo fantasmagórico muy atractivo. Apariciones y desapariciones del protagonista, unas heridas mortales y un final extraño nos hacen pensar si no somos como el niño del sexto sentido “que en ocasiones vemos muertos”.



Alarma en el Expreso (The Lady Vanishes de Alfred Hitchcock, 1938). Margaret Lockwood, Michael Redgrave, Paul Lukas. (Veo TV, sábado 24 a las 22:45)

Una de las últimas producciones británicas del maestro Hitchcock, que se sitúa entre las mejores. Contiene la mayoría de los ingredientes por los que luego triunfaría en EEUU. Muchas de las escenas las repetiría en alguna de sus mejores películas, sobre todo en Con la muerte en los talones (North by Northwest, 1959) -véanse los planos del ferrocarril tomando una curva, son calcados en ambas cintas-.

The Lady Vanishes tiene dos partes claramente diferenciadas: en la primera, nos presentan a los personajes en un hotel de un país imaginario; en la segunda, la acción transcurre en un tren. Todo gira alrededor de la desaparición de una anciana, y la única que se ha dado cuenta es la forzosa heroína (Margaret Lockwood) que consigue que el irónico Michael Redgrave la crea (prestigioso intérprete de teatro, perteneciente a una interminable saga de actores y actrices). El "macguffin" aquí es una canción que transporta un mensaje secreto que resulta vital para las potencias extranjeras; pero, como siempre, esto es lo de menos.


Hay cantidad de situaciones cómicas, Hitchcock se recrea con guiños continuos al espectador. Por ejemplo, la pelea en el vagón de equipajes, entre bambalinas, artículos de magia y anuncios del espectáculo, donde desaparecen y vuelven a aparecer los personajes. Es una secuencia genial, una divertida redundancia si tenemos en cuenta la trama principal.

Sorprende como las películas inglesas del genial director ganan con el paso de los años. Cada vez que se revisan ofrecen nuevos elementos narrativos o técnicos muy interesantes que las hacen acercarse a sus primas hermanas de la etapa norteamericana.



El Camino de Babel (Jerónimo Mihura, 1945). Alfredo Mayo, Fernando Fernán-Gómez. (Popular TV, domingo 25 a las 00:30)

Comedia sin muchas pretensiones, pero agradable, del hermano cineasta de Miguel Mihura: tres compañeros de estudios acuerdan, el día de su graduación, casarse con tres mujeres ricas para llevar a cabo sus proyectos. Cuando, al cabo de un tiempo, vuelven a encontrarse, sus planes parecen haber cambiado ligeramente…

Jerónimo Mihura intenta realizar una película semejante a las comedias de "teléfonos blancos" que triunfaban en Italia o a las más sofisticadas hollywoodenses, con escenarios donde los cabarets y sus orquestas tomaban cierto protagonismo para adornar una trama divertida. Todo para relajar el conflicto bélico que flotaba en el ambiente. El director y el guionista (Jose Luís Sáenz de Heredia) no disimulaban la guerra que asolaba Europa e incluían claras referencias a ella en la cinta.

A destacar dos de los actores más carismáticos de la época: Alfredo Mayo y Fernando Fernán-Gómez. El primero, siempre asociado al régimen por sus papeles en distintas películas de propaganda, aquí también se erige en el líder del grupo de amigos, el más decidido a llevar a cabo el disparatado plan donde el "braguetazo" sería la solución.

Con un tono teatral y unas interpretaciones que rozan las declamaciones el toque surrealista, más cercano a las comedias de los hermanos Marx, lo pone el excelente actor Manolo Morán. Un profesional poco reconocido, eterno secundario que, sin embargo, se nos antoja imprescindible en este tipo de largometrajes.



Los Intocables de Eliot Ness (The Untouchables de Brian de Palma, 1987). Kevin Costner, Sean Connery, Robert De Niro. (Telemadrid, domingo 25 a las 22:15)

Obra maestra del género de gangsters, a cargo de Brian de Palma sobre un estupendo guión del polifacético David Mamet. El recuerdo de las cintas de Hawks, Walsh o Leroy, en los primeros años treinta, planea sobre la cinta y la influencia es clara.

Todo en esta película esta magistralmente realizado, a saber: el guión, ya nombrado; la música de Ennio Morricone; y las actuaciones de todos los actores, en especial Robert De Niro y Sean Connery, ambos en estado de gracia (Sean Connery recibió un Oscar por su trabajo).


La película es una versión moderna de la famosa serie televisiva protagonizada por Robert Stack y, a su vez, basada en hechos reales acerca de un agente del gobierno que lucha contra Al Capone en la ciudad de Chicago. Estamos en los años de la ley seca, y esto provoca secuencias de acción para recordar, como la del tiroteo en la escalera de la estación (claro homenaje a Eisenstein y su Acorazado Potemkin); o cualquiera donde el director deja rienda suelta a De Niro para que ofrezca su mejor versión de las bravatas de Al Capone.

La cinta concluye con una inmensa paradoja, cuando al final, después de encerrar al gangster, resulta que se aprueba la venta de alcohol. Ante la pregunta de un pesado periodista sobre cuál va a ser lo próximo que haga Eliot Ness, éste responde: "Tomarme una Copa".



Sabotaje (Sabotage de Alfred Hitchcock, 1936). Sylvia Sidney, Oscar Homolka. (Veo TV, domingo 25 a las 22:55)

El maestro del suspense realiza esta cinta prebélica donde casi no existe “macguffin”, debido a la situación mundial que se vivía en esos tiempos y que Hitchcock quiso reflejar en su película: un agente de un gobierno extranjero efectúa todo tipo de sabotajes (como el del arranque) en el Reino Unido y nada parece que le impida realizar el siguiente golpe.

El juego con el público es lo más destacado de la cinta. El director nos mantiene informados, en todo momento, de quién es el espía y quiénes sus posibles victimas. De esta forma el suspense está garantizado: el espectador, incapaz de avisar a los personajes, sólo puede esperar angustiado el desenlace fatal. Así, un niño lleva, sin saberlo, una bomba en un autobús mientras planos detalles nos van avisando de la hora y de lo que falta para que explote el artefacto. Alfred Hitchcock, en sus conversaciones con Truffaut, puso esta escena como ejemplo de la tensión que quería transmitir al público (“El cine según Hitchcock”, libro de cabecera de todo buen cinéfilo).

Aún hoy en día la película consigue inquietarnos y pese a ser una de las cintas, digamos “borrador” de lo que serían después sus obras mayores, es todo un ejemplo de entretenimiento y en definitiva de cine con mayúsculas.

lunes, 15 de diciembre de 2008

LA DELGADA LÍNEA ROJA (The Thin Red Line de Terrence Malick, 1998)





I
Mire la jungla: esas lianas que se enredan entre los árboles y lo engullen absolutamente todo. La Naturaleza es cruel.”

Si la tratas bien ella jugará contigo. Podrás rozar tu cuerpo con las plantas de sus arrozales, esconderte como un niño entre los maizales, o nadar a favor de la corriente en las aguas cristalinas de sus ríos. Serás feliz entre la gente feliz. Los mejores días de tu vida transcurrirán entre risas, caricias, juegos y paz. Sobre todo paz.

Ese otro mundo al que te refieres, el que por fin has encontrado, sabes que algún día desaparecerá. Lo hará cuando el buque de guerra rasgue el mar turquesa con su estela de muerte. Volverás al campo de batalla y, aunque la veas de color verde intenso, ya no será tu lugar de juego. Y no la tendrás a tu lado. La Naturaleza es cruel.



Pero lo único que hace es defenderse de vosotros. Esa colina ya no forma parte de un paisaje paradisíaco; es tu peor pesadilla. Los animales que habitan en la jungla más espesa te observan, sonriendo; las hojas de las palmeras, desde su inmune perspectiva, te miran desafiantes y dirigen a las aves carroñeras que ya vuelan en círculo, señalándote.


II

En este Mundo, un hombre, por sí mismo, no es nada; y no hay otro mundo aparte de éste
Esta roca. Puedes pensar lo que quieras, puedes vivir imaginándote tu mundo feliz de ahí fuera, pero la única realidad es esta maldita isla.

Es cierto que da la impresión de que luchamos juntos, pero la verdad es que estamos solos. Cada uno se las tiene que ver contra todo el enemigo. Cada soldado es una isla. Los hay que viven de y para esto: ansían ese ascenso que nunca llega y ni se inmutan cuando sus botas chapotean en nuestra sangre. Desprecian a los que se preocupan por los demás; les tachan de cobardes y débiles. Los expulsan, los apartan de su lado. Sólo buscan a los que cumplen sus órdenes como autómatas. Carne de cañón.

Y luego todos los demás: el duro, el sorprendido, el práctico, el escéptico y tú. ¿Por qué te empeñas en buscarte problemas? ¿No ves que todo es mentira, salvo esta maldita isla?


III

Terrence Mallick adapta la novela homónima de James Jones para realizar posiblemente la película bélica más intimista de la historia. La acción transcurre en la Segunda Guerra Mundial, en Guadalcanal. Un batallón, al mando de un coronel que sólo busca medrar, desembarca en la isla y su primera misión es tomar una colina, un lugar estratégico que les costará muchas vidas y sufrimiento.

El punto de vista elegido por Mallick es interior: aunque sea una película coral, predomina el individuo. Al director le interesa más la radiografía que la imagen de cada soldado; y así nos lo hace ver. Detecta el alma de cada personaje gracias a algunos recuerdos en flash-back; a la música de Hans Zimmer, que silencia los gritos; o a voces en off que resuenan en las excelentes imágenes fotografiadas por John Toll.



Para enmarcar la película, Mallick elige dos caracteres enfrentados: el sargento primero Welsh (Sean Penn) y el soldado Witt (Jim Caviezel) -dos conversaciones entre ellos, una en el arranque y otra al final, presiden la cinta-. El primero, es un veterano escéptico que intenta llevar a su terreno al segundo, un idealista que aún cree en la bondad de las personas. La elección de los actores es perfecta. Ahora sabemos lo bien que se le dan los papeles de místico a Jim Caviezel; pero Sean Penn no le va a la zaga en una actuación muy cercana a la de Corazones de Hierro (Casualties of War de Brian de Palma, 1989).

La Delgada Línea Roja anticipa en algún sentido el carácter religioso de Salvar al soldado Ryan (Saving Private Ryan, de Steven Spielberg, se estrenaría al año siguiente), auque su resolución es más pesimista. Las dos cintas inciden en la moral cristiana de dar la vida por los demás. Pero, mientras la de Spielberg concluye con ese mensaje, la de Mallick da una vuelta de tuerca final para quedarse con lo inútil del gesto y lo absurdo de la guerra.

Ver Ficha de La Delgada Línea Roja



lunes, 10 de noviembre de 2008

GOMORRA (Matteo Garrone, 2008)

Acudimos puntualmente a nuestra cita de todos los años: el Festival de Cine Europeo de Sevilla -que mejora en cada nuevo certamen- y nos encontramos con la película estrella, Gomorra; flamante ganadora de un importante premio en Cannes y favorita para llevarse el giraldillo de oro. Desde luego la sensación de haber visto un gran filme no desaparece a pesar de la saturación de publicidad previa que arrastra esta cinta de Matteo Garrone. Y es que se basa en el polémico libro de Roberto Saviano, un nuevo Salman Rushdie al que la Mafia ha puesto precio a su cabeza, y vive en paradero desconocido rodeado de guardaespaldas.



Gomorra hace honor a su nombre al ser un retrato preciso de los barrios bajos (de un barrio bajo) napolitanos. Las drogas, los asesinatos, la prostitución no son esta vez el centro de la denuncia sino el marco que rodea el documento; porque se trata de eso: de un registro fiel de lo que ocurre en el escalón inferior del hampa organizada.

El realismo entendido por Garrone es similar al que nos presentan algunos autores iraníes (pensamos en Kiarostami o Makhmalbaf), al menos en la forma: la cámara en mano, nerviosa, pero no mareante (el propio Garrone es el operador), sirve de herramienta eficaz para mostrar tomas casi subjetivas, generalmente primeros planos, que introducen al espectador en la acción y eliminan casi por completo la poca ficción que sigue la trama. De hecho, el realizador se encarga de separarla de la realidad cuando unos adolescentes juegan a ser los protagonistas de El Precio del poder (Scarface de Brian de Palma, 1983) mientras se van introduciendo en el mundo de la delincuencia. Además, esto le sirve a Garrone para diferenciar –y reivindicar- su cine frente al comercial.


La historia (el documento) transcurre delimitada por las desconchadas paredes de una barriada del extrarradio de Nápoles; una ciudadela pintada de óxido por donde circulan los protagonistas de Gomorra: un niño que no le queda otra que implicarse en una u otra banda para vivir a sueldo de la Camorra; los dos adolescentes citados anteriormente; el “pagador” de la organización, que vive entre dos fuegos; un sastre al servicio de los mafiosos; o todo un entramado para deshacerse de residuos tóxicos, saltándose los mínimos procedimientos de seguridad. Lo que le interesa a Garrone es plasmar en la gran pantalla el punto de vista de los personajes para descubrir los motivos por los que se introducen en ese mundo del que es difícil salir. Creo que lo consigue plenamente.

Para las personas que no hemos vivido nunca en ese ambiente, películas como Gomorra se convierten, posiblemente, en la aproximación más cercana para entender lo que ocurre en los espacios donde habita y opera la delincuencia organizada. Y lo que pasa por sus mentes, contaminadas de miseria y podredumbre: corrompidas por el poder que otorgan el dinero y las armas.

Ver Ficha de Gomorra.

lunes, 8 de septiembre de 2008

LAS AMIGAS (Le Amiche de Michelangelo Antonioni, 1955)

Hubo un tiempo, allá por los años sesenta, en que lo snob era decir que las películas de Antonioni eran todas unas obras maestras y que lo demás era un bodrio al servicio del interés comercial. Todo cambió, y en los tiempos en que vivimos si no eres de los que opina que la obra de Michelangelo Antonioni es aburrida, lenta y decididamente mala, entonces es que vas de intelectualoide falso y sin personalidad alguna. Pues bien, no debo tener personalidad porque lo cierto es que me encanta el cine de Antonioni; siempre me ha interesado y no estoy de acuerdo en que sea de minorías. El filme que vamos a comentar hoy lo demuestra: Las Amigas es una película asequible, una obra maestra que profundiza sobre las relaciones humanas.



Armado con su bisturí de cirujano experto, Antonioni disecciona cada personaje y los ordena de menor a mayor importancia: Mariella, una joven que sólo le interesa pasárselo bien sin importarle a costa de qué o de quién; Nene, una mujer casada muy superior en todos los aspectos a su marido, un fracasado y deprimido que se refugia en el engaño; Rosetta, el punto de unión entre Clelia y las demás; Momi, la líder y amoral manipuladora que se cree superior y que sólo encuentra diversión cuando surge algún conflicto –y alguna tragedia- la mayoría de las veces provocado por ella misma; y Clelia, la protagonista, el punto de vista de Antonioni, una mujer trabajadora que siendo la más lúcida de todas no deja de tener sus propias miserias cuando antepone su vida profesional a una relación amorosa.

El arranque coincide con la llegada de Clelia a Turín para abrir una tienda de modas. Pronto llega a entablar amistad con Rosetta y el resto del grupo, todas pertenecientes a un ambiente burgués y decadente, blanco perfecto para las críticas de Antonioni. El genial cineasta ataca a las amigas desde el comienzo cuando la excusa para que Clelia y Rosetta se conozcan es el fallido suicidio de la última. Aburrida de su insulsa existencia -“sólo vivo para decidir que vestido ponerme”- Rosetta ni siquiera sabe el motivo por el que se intenta quitar la vida.



Con una puesta en escena basada en largos planos, Antonioni retrata a unas mujeres que hoy nos parecen más reales, que resultan ser mucho más fuertes que sus parejas. Se sirve de ellas para proponer varios de sus temas preferidos: el “no sentido” de la vida, la soledad de cada individuo frente a la falsa camaradería y el amor no victorioso. Para subrayar sus teorías se apoya en exteriores o decorados perfectamente estudiados para la ocasión. Así, en la secuencia de la playa, presenta a los personajes tal como son, sin caretas, como desnudo es el paisaje de mar y arena; mientras que en la escena del desfile de modas, una confesión entre dos de las falsas amigas se confunde con la vida artificial de modelos y clientes.

A pesar de las críticas -y pasando por encima de ellas- películas como Las Amigas se mantienen vigentes, como corresponde a la obra de un grande del cine de todos los tiempos. No hay más que ver la influencia de Antonioni en los directores que le siguieron. Su huella se deja sentir en realizadores tan dispares como Brian de Palma o Michael Haneke; y sus largometrajes se reponen sin cesar, sirviendo de continuo aprendizaje para quien se toma el séptimo arte como es, como un arte.

Ver Ficha de Las Amigas.

jueves, 19 de junio de 2008

SILENCIO SE... GRABA (Semana del 20 al 26 de junio del 2008)

Pinchar en la tabla para verla mejor





La Legión Invencible (She Wore a Yellow Ribbon de John Ford, 1949) John Wayne, Joanne Dru.

La segunda película de la trilogía que sobre la caballería de los EE.UU. realizó el maestro John Ford. Es Continuación de Fort Apache, pero sólo en cuanto al momento histórico: justo después de la matanza de Little Big Horn. La trama se desarrolla en los cinco últimos días de la vida de Nathan Brittles (John Wayne) como oficial de caballería. Su última misión es llevar a la hija de su jefe a otro fuerte, pero todo falla... Realmente casi no pasa nada, como en las mejores películas de Ford. Más que la acción, le preocupan la descripción de los personajes y el entorno (Monument Valley, omnipresente). Ganó un oscar merecidísimo a la mejor fotografía gracias a los planos secuencias y a los bellísimos paisajes. Un prodigio de filme cuyo tema, el inexorable devenir del tiempo, con sus consecuencias más directas como la vejez, la añoranza (emotiva secuencia de Wayne en el cementerio) y el relevo generacional, están presentes en todo momento.

Heat (Michael Mann, 1995) Al Pacino, Robert de Niro

La cinta del ansiado duelo interpretativo entre De Niro y Al Pacino, que se salda con un empate y con una gran película. Quizás algo pasada de metraje, pero que resulta entretenida y aborda de una forma nada maniquea el tema del bien y el mal. Lo hace gracias a que las familias de los protagonistas y sus cuestiones personales son tan importantes o más que el resto de la trama. Algunas escenas están muy bien rodadas, como la secuencia final en el aeropuerto o el tiroteo en la calle. No hay que perdérsela.


Atrapado por su pasado (Carlito’s way de Brian de Palma, 1993) Al Pacino, Sean Penn.

Una de las obras maestras del género negro y de De Palma. Contiene algunos de los planos más logrados de la historia del cine: el final con la imagen de un anuncio del paraíso, o la contemplación bajo la lluvia de un ensayo de ballet; y uno de los más largos planos secuencia (el de la estación de tren), verdadero "tour de force" que recuerda mucho al realizado en Los Intocables -a su vez homenaje a Eisenstein, es decir al Cine-. La película arranca casi de la misma forma que El Crepúsculo de los Dioses o Perdición, ambas de Wilder (¿otro homenaje?): un hombre, malherido, cuenta en off como se ha llegado a esa situación a lo largo de un gran flashback. Al Pacino, que hace una de sus mejores actuaciones, es Carlito para la mafia, pero Charlie para su novia de siempre. Sean Penn borda el papel de abogado corrupto y drogadicto que desencadena la acción y provoca la tragedia. De Palma, admirador de Hitchcock, consigue aproximarse a él sin plagiarle. Domina la técnica y la puesta en escena, estudiando minuciosamente cada plano. Además de las escenas destacadas no perderse la "visita" al hospital que hace Carlito para despedirse de su abogado; todo un ejemplo de cómo debe manejarse el suspense, con giro final incluido.

jueves, 1 de mayo de 2008

EL EFECTO DOMINÓ (The Trigger Effect de David Koepp, 1996)

¿Se imagina un mundo sin ordenadores, sin móvil ni electrodomésticos? Hágase a la idea: un apagón generalizado le ha dejado sin televisión ni cajeros automáticos; el colapso en los bancos, donde los sistemas informáticos no funcionan, es total. Pero vaya más lejos, suponga que la situación se prolonga. La falta de dinero seguro que viene seguida de un vértigo colectivo. Y de un objetivo claro, que predomina sobre todo lo demás: el de sobrevivir por encima de todo y de todos. Seguro que no le sorprende que la gente comience a acumular bienes; y que los saqueos y los robos sean la lógica continuación a las colas interminables en las tiendas. Pues bien, todo esto lo presenta David Koepp de forma brillante en su segunda película: El Efecto Dominó. Una cinta infravalorada por crítica y público, pero que yo voy a recomendar por los siguientes motivos:



El director –y también guionista- adapta un episodio de la famosa serie de televisión de los sesenta “The Twilight Zone”, y le da su toque personal al aproximar el caos de forma progresiva. Lo hace apoyándose en tres personajes: una pareja (Kyle MacLachlan y Elisabeth Shue) y un amigo intimo de ambos (Dermont Mulroney). El acierto con el casting es casi lo mejor de la cinta. Los tres actores no necesitan de trama alguna para resultar inquietantes desde el principio. Y por eso encajan tan bien en un thriller que Koepp transforma por momentos en cinta de terror, revestido de película de ciencia-ficción. Si tenemos que destacar a alguno de ellos, yo me decantaría por Elisabeth Shue. La actriz de Leaving Las Vegas (Mike Figgis, 1995) muy atractiva, como siempre, interpreta a una ambigua mujer, provocativa e insinuante, que resulta muy sensual.


El conflicto planteado en el arranque por los protagonistas (el triángulo formado por los personajes) no es una excusa para “rellenar” el guión con una subtrama más o menos dramática, al contrario es un pleno acierto. Y es que las pasiones comienzan a desatarse a medida que el corte de energía va haciéndose cada vez más preocupante. Lo mismo ocurre con el entorno exterior: la situación deja al descubierto al ser humano primitivo; sus miedos acentuados, y también sus pasiones, son las que provocan actos violentos que, en opinión del director -o al menos eso me parece-, son ejecutados por nuestro otro yo, el Mr Hyde que todos llevamos dentro.

La cinta parece que discurre a la sombra de dos cineastas ya consagrados. Por un lado el arranque nos recuerda mucho a la técnica que suele utilizar Brian De Palma en algunas de sus mejores obras. El plano secuencia del inicio -ejecutado a la perfección- cumple con el objetivo de resumir la tesis del director, cuando la cámara va de un personaje desconocido a otro, cruzándose hasta dar con los protagonistas. Da la impresión de que David Koepp tomó buenos apuntes cuando colaboró con De Palma como guionista. Por cierto, el nombre de su maestro sale en los agradecimientos. Soy de los que recomiendo quedarse hasta que terminen los créditos; siempre te llevas alguna sorpresa.


La otra influencia se me antoja casi más clara, y es que el filme huele por todos los costados al mejor David Lynch. No solo por el protagonista, Kyle MacLachlan, su actor fetiche, si no por todo el ambiente de pesadilla perfectamente retratado.

Esto no oscurece la personalidad de Koepp, al revés la complementa y refuerza. Así, el director es directamente responsable de la original estructura narrativa, que huye de los tres actos tradicionales, para centrarse en sólo dos (la primera parte se desarrolla dentro de la vivienda, la segunda en el exterior) y de una excelente realización. Abundan las secuencias donde la tensión casi se mastica; y está muy conseguido el ambiente claustrofóbico de la casa después del apagón -y antes... imagínense cuál es la película que ve Kyle en la televisión: La noche de los muertos vivientes (The Night of The Living Dead, de George A. Romero, 1968), ¡menudo presagio de lo que les espera!-, pero también en la segunda parte, cuando rueda en exteriores. Allí, el “tono” del largometraje cambia y se torna en futurista, o más bien apocalíptico. Sólo hay que fijarse en lo que coloca Koepp, siempre que puede, al final del plano: la silueta de una siniestra central nuclear.

Ver Ficha de El Efecto Dominó

miércoles, 2 de abril de 2008

LA DALIA NEGRA (The Black Dalia de Brian De Palma, 2006)

Reconozco que no soy nada imparcial -¿quién lo es?- y menos al comentar una película de cine negro, género que me apasiona. Si encima está dirigida por Brian De Palma, uno de los directores que mejores ratos me han hecho pasar, menos objetiva será mi crítica. Así que prácticamente no me voy a quejar de una cinta suya; al menos no mucho.


La Dalia Negra es, en efecto, un film noir, basado en una novela de James Ellroy (también autor del libro que dio origen a L.A. Confidential). La historia gira en torno al asesinato de Eizabeth Short, una de tantas jóvenes que acudieron a Hollywood, en los años dorados, con aspiraciones de llegar a ser actriz . El caso quedó sin resolver y Ellroy se sirvió de él para construir una interesante trama.

Interesante y complicada. Pero no me voy a quejar, porque es lo que se le pide a una cinta negra. Aquí, De Palma incluye todos los elementos que hicieron grande este género. Así una voz en off nos acompaña durante todo el metraje; asistimos a brutales asesinatos; a policías corruptos; a femmes fatales; a escándalos financieros e inmobiliarios; a viejas rencillas entre socios; a triángulos amorosos; hasta a una intriga de boxeo amañado, que sirve de arranque. En definitiva a un sinfín de subtramas que se relacionan unas con otras, que se lían tanto que necesitarían más de un final para proceder al desenredo esclarecedor -que nunca llega del todo- o bien algunas secuencias con casualidades algo “tramposas” para resolver la situación –como es el caso-.

El reparto de La Dalia Negra resulta desigual: Josh Hartnett no creo que de la talla para encarnar a un policía que lleva tras de sí una larga experiencia como boxeador y varios años patrullando la calle. Su rostro aniñado no encaja en el tipo de héroe que nuestra mente cinéfila se imagina para esta clase de cintas. Tampoco ayuda su oponente Aaron Eckhart, sobre actuado en casi todo momento. Siguiendo con el triángulo, Scarlett Johansson no le proporciona a su papel la fuerza que requiere y uno sospecha que Brian De Palma ha fallado en la dirección de actores o en el casting o en ambas cosas. Es probable que algo de culpa la tengan los diálogos. Y es que se echan en falta las frases rápidas e ingeniosas de Raymond Chandler o de Dashiell Hamett, verdaderos especialistas del género.



Eso sí, la mujer fatal (Hilary Swank) y su esperpéntica familia están a la altura. Su inclusión en la trama se me antoja fundamental. Prácticamente le dan al filme la negrura que necesita. Así que, realmente, no sé de que me quejo.

En The Black Dahlia, Brian De Palma brilla cuando hace de Brian De Palma. No se espere el espectador grandes alardes técnicos con interminables escenas, perfectamente planificadas, sin cortes, como la del arranque de Ojos de serpiente (Snake Eyes, 1998), la de la estación en Los intocables (The Untouchables, 1987) o el excelente final de Carlito’s Way (1993); no se espere nada de esto, pero sí un par de planos secuencia con su mejor estilo. Uno con plano picado, grúa, y travelling incluido, en la escena crucial del tiroteo y el asesinato, donde dos cuervos en un tejado no presagian nada bueno. Otro, con cámara subjetiva, cuando Hartnett penetra en la mansión de la siniestra Hilary Swank. Muy hitchcockniano; muy de De Palma, gran admirador del maestro.

Estén tranquilos, no me voy a quejar más. Sólo decir que es una pena que el director no se haya decidido –seguro que lo pensó- por el blanco y negro; que es una lástima que no haya optado por algún actor de carácter; que no haya incluido en el equipo a un guionista especialista en diálogos; que...

Ver Ficha de La Dalia Negra
Leer critica de La dalia negra en Muchocine.net

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