Nos da por llevar la contraria. Es habitual que en estos días
de febrero, con la cartelera repleta de películas nominadas a los Goya, Oscar y
demás premios, uno no sepa a qué sala acudir. Qué manía la de distribuir las
películas, que supuestamente son las mejores, en un solo mes. No entramos en el
juego y nos decantamos por una cinta que me temo tendrá que esperar al año que
viene para disputar estos galardones ya que se estrenó el pasado enero; mala
fecha, pero buena película.

Este escuadrón antigángsters
se basa en una historia real y en el libro homónimo de Paul Lieberman, pero realmente es, a partes
iguales, un ejercicio de nostalgia y de estilo. Veamos:
Mickey Cohen (Sean Penn) es un sanguinario y ambicioso capo
de la mafia que quiere controlar Los Ángeles a base de asesinar a la
competencia y de comprar a jueces y policías. El sargento O’Mara (Josh Brolin) es
un excombatiente de la Segunda Guerra Mundial que aún sigue batallando, esta
vez contra los delincuentes. Un agente de la ley atípico, de los que no se
venden, que quiere acabar con Cohen formando un escuadrón de policías. Los
agentes operan desde la ilegalidad y tienen carta blanca para destrozar
locales, garitos e intervenir las operaciones del mafioso. La mano derecha de O’Mara
es el sargento Jerry Wooters (Ryan Gosling), un policía más “normal”, que se
adhiere a la causa por dos razones: es el amante de la novia de Cohen y además
acaba de perder a un amigo, a un niño limpiabotas víctima de un tiroteo de los
matones de Cohen.
Con esta trama de película de serie B ambientada en los
años cuarenta, Ruben Fleischer, un director curtido en la televisión —uno más—, elabora un producto que sueña parecerse a aquellas películas de cine negro que
poblaban las carteleras de posguerra. Consigue su propósito gracias a una
cuidada estilización y ambientación, y a una galería de personajes estereotipados
que encajan como un guante en este filme de género.
Sin embargo, es en esa definición de caracteres donde el director se
muestra algo más irregular. Si el personaje al que da vida Ryan Gosling —en un
registro que el actor domina— es el que consigue que la película se salga del maniqueísmo
para ingresar de lleno en el noir, el
de la esposa del sargento O’Mara da más vueltas que una veleta hasta
convertirse en el error más grave de la película.
Pocos fallos que Fleischer suple con algunas secuencias
para enmarcar: la del atentado en plena calle y la del tiroteo a oscuras. La
primera, resuelta dilatando el tiempo con el manejo de la cámara lenta; la
segunda, con un montaje paralelo que alterna el número musical de una graciosa “Carmen
Miranda” con una espectacular escena de acción. Dicha secuencia utiliza de una
forma muy original los fogonazos de los disparos para conseguir un recurso estético
de altura.
Gangster Squad es, por tanto, un refugio para el cinéfilo
aficionado al cine negro, una mirada al pasado con la técnica del presente, un
producto bien rodado con un guión que parece escrito por el mismísimo Raymond
Chandler:
“—¿Dónde has estado toda mi deprimente vida?
—… Bebiendo.”
Ver Ficha de Gangster Squad.


