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sábado, 16 de febrero de 2013

GANGSTER SQUAD (Ruben Fleischer, 2013)

Nos da por llevar la contraria. Es habitual que en estos días de febrero, con la cartelera repleta de películas nominadas a los Goya, Oscar y demás premios, uno no sepa a qué sala acudir. Qué manía la de distribuir las películas, que supuestamente son las mejores, en un solo mes. No entramos en el juego y nos decantamos por una cinta que me temo tendrá que esperar al año que viene para disputar estos galardones ya que se estrenó el pasado enero; mala fecha, pero buena película.



Este escuadrón antigángsters se basa en una historia real y en el libro homónimo  de Paul Lieberman, pero realmente es, a partes iguales, un ejercicio de nostalgia y de estilo. Veamos:

Mickey Cohen (Sean Penn) es un sanguinario y ambicioso capo de la mafia que quiere controlar Los Ángeles a base de asesinar a la competencia y de comprar a jueces y policías. El sargento O’Mara (Josh Brolin) es un excombatiente de la Segunda Guerra Mundial que aún sigue batallando, esta vez contra los delincuentes. Un agente de la ley atípico, de los que no se venden, que quiere acabar con Cohen formando un escuadrón de policías. Los agentes operan desde la ilegalidad y tienen carta blanca para destrozar locales, garitos e intervenir las operaciones del mafioso. La mano derecha de O’Mara es el sargento Jerry Wooters (Ryan Gosling), un policía más “normal”, que se adhiere a la causa por dos razones: es el amante de la novia de Cohen y además acaba de perder a un amigo, a un niño limpiabotas víctima de un tiroteo de los matones de Cohen. 

Con esta trama de película de serie B ambientada en los años cuarenta, Ruben Fleischer, un director curtido en la televisión —uno más—, elabora un producto que sueña parecerse a aquellas películas de cine negro que poblaban las carteleras de posguerra. Consigue su propósito gracias a una cuidada estilización y ambientación, y a una galería de personajes estereotipados que encajan como un guante en este filme de género.



Fleischer aprende de los errores de proyectos anteriores del mismo corte como La Dalia Negra (The Black Dalia de Brian De Palma, 2006) y se hace con un libreto de altura, con unos diálogos que parecen extraídos de las mejores novelas hard-boiled. Fleischer es más fiel al universo de James Ellroy que De Palma y sólo sigue al segundo para gestionar una trama que mezcla la historia de La Dalia… con otro largometraje del mismo director: Los Intocables de Eliot Ness (The Untouchables de Brian De Palma, 1987). Los puntos en común con Los Intocables son evidentes, entre ellos, el villano: Sean Penn, tan sobreactuado como De Niro —en un papel que demanda esa sobreactuación— es el que abre la película con un arranque (literal) que pone los pelos de punta. Fleischer juega a ser Howard Hawks y advierte al público del terrible peligro al que se enfrentan los personajes desde el primer minuto. Un acierto.

Sin embargo, es en esa definición de caracteres donde el director se muestra algo más irregular. Si el personaje al que da vida Ryan Gosling —en un registro que el actor domina— es el que consigue que la película se salga del maniqueísmo para ingresar de lleno en el noir, el de la esposa del sargento O’Mara da más vueltas que una veleta hasta convertirse en el error más grave de la película.

Pocos fallos que Fleischer suple con algunas secuencias para enmarcar: la del atentado en plena calle y la del tiroteo a oscuras. La primera, resuelta dilatando el tiempo con el manejo de la cámara lenta; la segunda, con un montaje paralelo que alterna el número musical de una graciosa “Carmen Miranda” con una espectacular escena de acción. Dicha secuencia utiliza de una forma muy original los fogonazos de los disparos para conseguir un recurso estético de altura.

Gangster Squad es, por tanto, un refugio para el cinéfilo aficionado al cine negro, una mirada al pasado con la técnica del presente, un producto bien rodado con un guión que parece escrito por el mismísimo Raymond Chandler:

               “—¿Dónde has estado toda mi deprimente vida?
                —… Bebiendo.”



Ver Ficha de Gangster Squad.



jueves, 22 de enero de 2009

SILENCIO SE... GRABA (Semana del 23 al 29 de enero de 2009)

Muy buena semana la que se nos echa encima en cuanto a películas se refiere. Destacan dos ciclos muy interesantes que nos ofrecen algunas cadenas autonómicas y canales TDT: uno sobre Stanley Kubrick en Castilla-La Mancha TV; y otro sobre la etapa británica de Alfred Hitchcock, programado por Veo TV. Además tendremos grandes cintas de Milos Forman, John Huston, Claude Chabrol, Vittorio de Sica o William Wyler, entre otros. Sin mencionar algunas obras maestras del cine como El Acorazado Potemkin; ejemplos de bandas sonoras espectaculares, como La Misión; largometrajes españoles ejemplares, donde destaca La Buena Estrella; o buenas películas ochenteras como La Princesa Prometida. Buen fin de semana a todos.

Pinchar en la tabla para verla mejor (las películas en rojo no son necesariamente las mejores, son las que se comentan más abajo)
Comentarios de algunas de las cintas recomendadas:

El Jinete Pálido (Pale Rider de Clint Eastwood, 1985). Clint Eastwood, Michael Moriarty. (ETB2 y CARTV, viernes 23 a las 18:15 y sábado 24 a las 15:45, respectivamente)

Todo un lujo de western del mejor director de la vieja escuela aún vivo y coleando. Antes de su obra maestra Sin Perdón (Unforgiven, 1992) Eastwood realizó al menos dos cintas importantes del género al que tanto debe; una: El fuera de la ley (The Outlaw Josey Wales, 1976); la otra, ésta que nos ocupa. El jinete Pálido es una película cubierta de un halo fantasmagórico muy atractivo. Apariciones y desapariciones del protagonista, unas heridas mortales y un final extraño nos hacen pensar si no somos como el niño del sexto sentido “que en ocasiones vemos muertos”.



Alarma en el Expreso (The Lady Vanishes de Alfred Hitchcock, 1938). Margaret Lockwood, Michael Redgrave, Paul Lukas. (Veo TV, sábado 24 a las 22:45)

Una de las últimas producciones británicas del maestro Hitchcock, que se sitúa entre las mejores. Contiene la mayoría de los ingredientes por los que luego triunfaría en EEUU. Muchas de las escenas las repetiría en alguna de sus mejores películas, sobre todo en Con la muerte en los talones (North by Northwest, 1959) -véanse los planos del ferrocarril tomando una curva, son calcados en ambas cintas-.

The Lady Vanishes tiene dos partes claramente diferenciadas: en la primera, nos presentan a los personajes en un hotel de un país imaginario; en la segunda, la acción transcurre en un tren. Todo gira alrededor de la desaparición de una anciana, y la única que se ha dado cuenta es la forzosa heroína (Margaret Lockwood) que consigue que el irónico Michael Redgrave la crea (prestigioso intérprete de teatro, perteneciente a una interminable saga de actores y actrices). El "macguffin" aquí es una canción que transporta un mensaje secreto que resulta vital para las potencias extranjeras; pero, como siempre, esto es lo de menos.


Hay cantidad de situaciones cómicas, Hitchcock se recrea con guiños continuos al espectador. Por ejemplo, la pelea en el vagón de equipajes, entre bambalinas, artículos de magia y anuncios del espectáculo, donde desaparecen y vuelven a aparecer los personajes. Es una secuencia genial, una divertida redundancia si tenemos en cuenta la trama principal.

Sorprende como las películas inglesas del genial director ganan con el paso de los años. Cada vez que se revisan ofrecen nuevos elementos narrativos o técnicos muy interesantes que las hacen acercarse a sus primas hermanas de la etapa norteamericana.



El Camino de Babel (Jerónimo Mihura, 1945). Alfredo Mayo, Fernando Fernán-Gómez. (Popular TV, domingo 25 a las 00:30)

Comedia sin muchas pretensiones, pero agradable, del hermano cineasta de Miguel Mihura: tres compañeros de estudios acuerdan, el día de su graduación, casarse con tres mujeres ricas para llevar a cabo sus proyectos. Cuando, al cabo de un tiempo, vuelven a encontrarse, sus planes parecen haber cambiado ligeramente…

Jerónimo Mihura intenta realizar una película semejante a las comedias de "teléfonos blancos" que triunfaban en Italia o a las más sofisticadas hollywoodenses, con escenarios donde los cabarets y sus orquestas tomaban cierto protagonismo para adornar una trama divertida. Todo para relajar el conflicto bélico que flotaba en el ambiente. El director y el guionista (Jose Luís Sáenz de Heredia) no disimulaban la guerra que asolaba Europa e incluían claras referencias a ella en la cinta.

A destacar dos de los actores más carismáticos de la época: Alfredo Mayo y Fernando Fernán-Gómez. El primero, siempre asociado al régimen por sus papeles en distintas películas de propaganda, aquí también se erige en el líder del grupo de amigos, el más decidido a llevar a cabo el disparatado plan donde el "braguetazo" sería la solución.

Con un tono teatral y unas interpretaciones que rozan las declamaciones el toque surrealista, más cercano a las comedias de los hermanos Marx, lo pone el excelente actor Manolo Morán. Un profesional poco reconocido, eterno secundario que, sin embargo, se nos antoja imprescindible en este tipo de largometrajes.



Los Intocables de Eliot Ness (The Untouchables de Brian de Palma, 1987). Kevin Costner, Sean Connery, Robert De Niro. (Telemadrid, domingo 25 a las 22:15)

Obra maestra del género de gangsters, a cargo de Brian de Palma sobre un estupendo guión del polifacético David Mamet. El recuerdo de las cintas de Hawks, Walsh o Leroy, en los primeros años treinta, planea sobre la cinta y la influencia es clara.

Todo en esta película esta magistralmente realizado, a saber: el guión, ya nombrado; la música de Ennio Morricone; y las actuaciones de todos los actores, en especial Robert De Niro y Sean Connery, ambos en estado de gracia (Sean Connery recibió un Oscar por su trabajo).


La película es una versión moderna de la famosa serie televisiva protagonizada por Robert Stack y, a su vez, basada en hechos reales acerca de un agente del gobierno que lucha contra Al Capone en la ciudad de Chicago. Estamos en los años de la ley seca, y esto provoca secuencias de acción para recordar, como la del tiroteo en la escalera de la estación (claro homenaje a Eisenstein y su Acorazado Potemkin); o cualquiera donde el director deja rienda suelta a De Niro para que ofrezca su mejor versión de las bravatas de Al Capone.

La cinta concluye con una inmensa paradoja, cuando al final, después de encerrar al gangster, resulta que se aprueba la venta de alcohol. Ante la pregunta de un pesado periodista sobre cuál va a ser lo próximo que haga Eliot Ness, éste responde: "Tomarme una Copa".



Sabotaje (Sabotage de Alfred Hitchcock, 1936). Sylvia Sidney, Oscar Homolka. (Veo TV, domingo 25 a las 22:55)

El maestro del suspense realiza esta cinta prebélica donde casi no existe “macguffin”, debido a la situación mundial que se vivía en esos tiempos y que Hitchcock quiso reflejar en su película: un agente de un gobierno extranjero efectúa todo tipo de sabotajes (como el del arranque) en el Reino Unido y nada parece que le impida realizar el siguiente golpe.

El juego con el público es lo más destacado de la cinta. El director nos mantiene informados, en todo momento, de quién es el espía y quiénes sus posibles victimas. De esta forma el suspense está garantizado: el espectador, incapaz de avisar a los personajes, sólo puede esperar angustiado el desenlace fatal. Así, un niño lleva, sin saberlo, una bomba en un autobús mientras planos detalles nos van avisando de la hora y de lo que falta para que explote el artefacto. Alfred Hitchcock, en sus conversaciones con Truffaut, puso esta escena como ejemplo de la tensión que quería transmitir al público (“El cine según Hitchcock”, libro de cabecera de todo buen cinéfilo).

Aún hoy en día la película consigue inquietarnos y pese a ser una de las cintas, digamos “borrador” de lo que serían después sus obras mayores, es todo un ejemplo de entretenimiento y en definitiva de cine con mayúsculas.

miércoles, 2 de abril de 2008

LA DALIA NEGRA (The Black Dalia de Brian De Palma, 2006)

Reconozco que no soy nada imparcial -¿quién lo es?- y menos al comentar una película de cine negro, género que me apasiona. Si encima está dirigida por Brian De Palma, uno de los directores que mejores ratos me han hecho pasar, menos objetiva será mi crítica. Así que prácticamente no me voy a quejar de una cinta suya; al menos no mucho.


La Dalia Negra es, en efecto, un film noir, basado en una novela de James Ellroy (también autor del libro que dio origen a L.A. Confidential). La historia gira en torno al asesinato de Eizabeth Short, una de tantas jóvenes que acudieron a Hollywood, en los años dorados, con aspiraciones de llegar a ser actriz . El caso quedó sin resolver y Ellroy se sirvió de él para construir una interesante trama.

Interesante y complicada. Pero no me voy a quejar, porque es lo que se le pide a una cinta negra. Aquí, De Palma incluye todos los elementos que hicieron grande este género. Así una voz en off nos acompaña durante todo el metraje; asistimos a brutales asesinatos; a policías corruptos; a femmes fatales; a escándalos financieros e inmobiliarios; a viejas rencillas entre socios; a triángulos amorosos; hasta a una intriga de boxeo amañado, que sirve de arranque. En definitiva a un sinfín de subtramas que se relacionan unas con otras, que se lían tanto que necesitarían más de un final para proceder al desenredo esclarecedor -que nunca llega del todo- o bien algunas secuencias con casualidades algo “tramposas” para resolver la situación –como es el caso-.

El reparto de La Dalia Negra resulta desigual: Josh Hartnett no creo que de la talla para encarnar a un policía que lleva tras de sí una larga experiencia como boxeador y varios años patrullando la calle. Su rostro aniñado no encaja en el tipo de héroe que nuestra mente cinéfila se imagina para esta clase de cintas. Tampoco ayuda su oponente Aaron Eckhart, sobre actuado en casi todo momento. Siguiendo con el triángulo, Scarlett Johansson no le proporciona a su papel la fuerza que requiere y uno sospecha que Brian De Palma ha fallado en la dirección de actores o en el casting o en ambas cosas. Es probable que algo de culpa la tengan los diálogos. Y es que se echan en falta las frases rápidas e ingeniosas de Raymond Chandler o de Dashiell Hamett, verdaderos especialistas del género.



Eso sí, la mujer fatal (Hilary Swank) y su esperpéntica familia están a la altura. Su inclusión en la trama se me antoja fundamental. Prácticamente le dan al filme la negrura que necesita. Así que, realmente, no sé de que me quejo.

En The Black Dahlia, Brian De Palma brilla cuando hace de Brian De Palma. No se espere el espectador grandes alardes técnicos con interminables escenas, perfectamente planificadas, sin cortes, como la del arranque de Ojos de serpiente (Snake Eyes, 1998), la de la estación en Los intocables (The Untouchables, 1987) o el excelente final de Carlito’s Way (1993); no se espere nada de esto, pero sí un par de planos secuencia con su mejor estilo. Uno con plano picado, grúa, y travelling incluido, en la escena crucial del tiroteo y el asesinato, donde dos cuervos en un tejado no presagian nada bueno. Otro, con cámara subjetiva, cuando Hartnett penetra en la mansión de la siniestra Hilary Swank. Muy hitchcockniano; muy de De Palma, gran admirador del maestro.

Estén tranquilos, no me voy a quejar más. Sólo decir que es una pena que el director no se haya decidido –seguro que lo pensó- por el blanco y negro; que es una lástima que no haya optado por algún actor de carácter; que no haya incluido en el equipo a un guionista especialista en diálogos; que...

Ver Ficha de La Dalia Negra
Leer critica de La dalia negra en Muchocine.net

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