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lunes, 20 de marzo de 2017

ESPECIAL KIRK DOUGLAS (IV): EL ÚLTIMO TREN DE GUN HILL (Last Train from Gun Hill de John Sturges, 1959)

El Último Tren de Gun Hill, pertenece al extenso ciclo de películas del oeste que protagonizó Kirk Douglas, y que le reportó grandes éxitos. Además de la excelente actuación de la estrella, también destaca su implicación personal. La historia que escribió Les Crutchfield (“Showdown”, como originalmente se llamaba) pasó con nota el filtro de posibles proyectos de la Bryna, productora propiedad del actor:



Un sheriff (Douglas) persigue a unos criminales que han asesinado a su mujer. El rastro le lleva hasta el hijo de un antiguo amigo. Ni su compañero de años pasados (Anthony Quinn), ni casi nadie del pueblo, están por la labor de dejar que se lleve al asesino en el tren del título.

El guión de James Poe destacó sobre los demás porque la trama pertenecía a la serie de películas que se realizaron a la sombra de Solo ante el Peligro (High Noon de Fred Zinnemann, 1952). Eran cintas pertenecientes a un subgénero que quería aprovechar el tirón y seguir con la acertada simbología Mccarthysta del héroe abandonado a su suerte, pero decidido a seguir hasta el final; eso sí, sensiblemente preocupado y no exento de tentaciones para dejarlo todo.

En contraposición al western de Zinnemann, donde el protagonista roza la cobardía, surgieron otros con el ánimo de volver a dejar en buena situación la figura del representante de la ley y confirmar que no necesitaba a casi nadie para llevar a cabo su misión. La trilogía de Howard Hawks, Río Bravo (1959), El Dorado (1967) y, en menor medida, Río Lobo (1970), podrían encontrarse en esa línea. Sin embargo, Last Train from Gun Hill pasa por ser una mezcla de las dos corrientes. En efecto, Matt Morgan, el crispado sheriff -nadie mejor que Kirk Douglas para dignificar la crispación- actúa también solo, sí, pero sin temor; quizás por la inmunidad que otorga los deseos de venganza. Realmente es un personaje más cercano al interpretado por Arthur Kennedy en Encubridora (Rancho Notorious de Fritz Lang, 1952) que al de Gary Cooper en Solo ante el Peligro.



Para llevar a buen término el filme, Kirk Douglas se rodeó de verdaderos especialistas: utilizó el productor más eficiente, Hal B. Wallis; se sirvió de uno de los mejores directores de fotografía, Charles Lang, que ya había ganado un premio de la Academia y, nada menos, que 17 nominaciones en toda su carrera; y redondeó la faena con la música del gran Dimitri Tiomkin, el mismo que participara en la ya muy citada cinta de Zinnemann. Pero sobre todo consiguió poner al frente del proyecto a John Sturges –un director siempre en alza- para asegurarse una película entretenida y con creciente suspense hasta el final.

Del realizador ya nadie duda acerca de su habilidad para la puesta en escena y para el aprovechamiento de los formatos scope. Si su mejor activo es la destreza en las secuencias de acción propiamente dichas -el arranque y el último cuarto de hora son de una tensión tremenda-, en Gun Hill demuestra que también sabía emocionar. El último plano, una panorámica desde el punto de vista de Matt/Kirk, en el ya famoso tren, así nos lo confirma. ¿Hay mejor forma de acabar este artículo que recordando esa imagen?







miércoles, 9 de diciembre de 2015

EL AUTOREMAKE EN EL CINE: CAPÍTULO 4.2 (V)

Río Bravo significó la última colaboración entre Jules Furthman y Howard Hawks[1] y también el canto del cisne del escritor. Desde luego, no se pudo retirar mejor. De todos los trabajos que Furthman hizo para el realizador, Tener y no tener (To Have and Have Not, 1944) es la película que más relación tiene con Río Bravo. De hecho, para algún autor (Wood 1982) Río Bravo tiene más similitudes con la película protagonizada por Humphrey Bogart y Lauren Bacall que con El Dorado y Río Lobo; sobre todo si nos referimos a la parte que desarrolla la subtrama amorosa entre John Wayne y Angie Dickinson.[2] En efecto, la presentación de Feathers (Dickinson) es como la de Slim (Bacall): una mujer sola, de oscuro pasado, que llega al hotel donde vive el héroe y que se apoya en el quicio de la puerta para entablar la primera conversación con el protagonista —¡hasta lleva un vestido a cuadros como el de Betty Bacall! (4.29)—. Los diálogos repletos de insinuaciones son casi idénticos; el rechazo inicial del personaje masculino a la relación, y la rendición final, también son similares.
 
4.29
  

En Tener y no tener, gracias a los diálogos de Furthman, Hawks halló en Lauren Bacall a una nueva Marlene Dietrich; no en vano, el guionista había trabajado en varias ocasiones para Josef Von Sternberg, el creador de Marlene.[3] Hawks, que admiraba al director austríaco,[4] seguía teniendo en mente a Marlen —o a Bacall— cuando apostó por Angie Dickinson para protagonizar Río Bravo. Dickinson no resultó tan estilizada como Dietrich ni tan mordaz como Bacall, pero dio vida a un personaje que, como los masculinos, es un compendio de los utilizados por Hawks a lo largo de su carrera: 

Feathers es la joven que quiere integrarse en el grupo y se enamora del líder, como Bacall en Tener y no tener o Jean Arthur en Sólo los ángeles tienen alas, pero también cuadra con el tipo de mujer hawksiana que suele protagonizar las comedias del director lo que, sin duda, beneficia la parte de humor que tiene la película. Hawks aprovecha Río Bravo para seguir indagando en la guerra de sexos y así, las idas y venidas de Chance al hotel son en realidad insertos de comedia donde el estrecho decorado es como una tela de araña que va tejiendo Feathers y en la que poco a poco va cayendo el héroe (4.30). La “batalla” tiene lugar en la habitación de Chance o en la de Feathers y las armas son el diálogo “oblicuo” acerca de la ropa interior femenina o la amenaza de arresto como sinónimo de declaración.
  
4.30
4.31







Hawks, fiel a otra de sus constantes en la comedia, burlarse del protagonista, no se resiste en dejar en evidencia al “Duque” cuando es sorprendido por Angie Dickinson probándose una prenda de lencería (4.31). Aunque no es una situación tan embarazosa como las que, por ejemplo, tuvo que soportar Cary Grant en La fiera de mi niña o en La novia era él, sí que es suficientemente incomoda si tenemos en cuenta que ahora se trata de ridiculizar al actor viril por antonomasia.

La presencia de Angie Dickinson, importante por lo que tiene de sustento de la parte cómica, tiene una razón de ser dramática que no hay que olvidar. Aunque Hawks prescinde del enfrentamiento de los dos protagonistas por culpa de una mujer —tema, insistimos, recurrente en su filmografía—, sin embargo, la llegada de Feathers en la diligencia plantea un nuevo conflicto: es una vividora, una jugadora de cartas que podría reproducir el suceso que provocó que Dude se diera a la bebida.[5] De ahí el recelo del sheriff ante lo que considera más una amenaza que una ayuda. A pesar de ello, Feathers, enamorada de Chance, insiste en pertenecer al grupo y llega a implicarse directamente cuando arroja un objeto a través del cristal para ayudar al sheriff en su lucha contra los sicarios de Burdette. Una secuencia que se asemeja a la conclusión de Solo ante el peligro, cuando Grace Kelly ayuda a Gary Cooper disparando sobre el villano desde una ventana. Quizás este sea el único punto en común entre dos películas que, como hemos dicho, son conceptualmente divergentes.


Leer el capítulo desde el inicio


[1] Director y guionista habían trabajado juntos en Rivales, Sólo los ángeles tienen alas, El Forajido, Tener y no tener y El sueño eterno.
[2] La presencia del amigo alcohólico en la historia y la participación de Walter Brennan son otros elementos que emparejan a ambas películas.
[3] Furthman colaboró con Sternberg en los guiones de Marruecos (Morocco, 1930), El expreso de Shanghai (Shanghai Express, 1932) y La Venus rubia (Blonde Venus, 1932), todos interpretados por Marlene Dietrich.
[4] En la obra de Hawks, la influencia del realizador europeo es evidente. Sin ir más lejos, en Río Bravo, la secuencia de la escupidera es calcada al arranque de La ley del hampa (Underworld de Josef Von Sternberg, 1927). En ambas películas también existe cierto paralelismo en la protección del protagonista sobre el borracho y, además, el nombre de las heroínas es el mismo: “Plumas” (Feathers).
[5] Un personaje muy parecido no sólo al de Lauren Bacall sino también al que interpreta Joanne Dru en Río Rojo, aquella jugadora de cartas que se interpone entre Montgomery Clift y John Wayne.


lunes, 19 de octubre de 2015

EL AUTOREMAKE EN EL CINE: CAPÍTULO 4.2 (II)

Si bien en los créditos se anuncia que el filme se basa en un relato corto de B.H. McCampbell,[1] en realidad el argumento de Río Bravo tiene su origen en la película de Fred Zinnemann, Solo ante el peligro (High Noon, 1952), un western psicológico donde el protagonista (Gary Cooper) es un sheriff que se enfrenta solo a una banda de malhechores después de solicitar, en vano, ayuda a la comunidad. Para Hawks, la actitud del sheriff de Zinnemann era tan reprochable como la de los personajes de El Tren de las 3:10 (3:10 to Yuma de Delmer Daves, 1957), muy en la línea de la anterior, otra película que le sirvió de referencia para escribir Río Bravo. Hawks lo explica delante de las cámaras:

“Algo no cuadra, se supone que el tipo es bueno, que es muy habilidoso con las armas, pero va por ahí, como una perdiz mareada, buscando a gente para que le ayude. Y al final su esposa cuáquera le salva el pellejo […]. Esto es ridículo. Este tipo no era profesional […]. Un prisionero le dice al sheriff: ‘verás cuando mis amigos te cojan’. Y yo dije: Si ese sheriff fuera de los buenos tendría que haberle respondido: ‘será mejor que no me toquen porque la primera bala será para ti’.[2] Empezamos a entrelazar este tipo de cosas y así surgió Río Bravo(Entrevistas TCM: Howard Hawks).

Con la réplica a la famosa cinta de Zinnemann, Hawks aborda lo que él llamaba segunda etapa de la conquista del Oeste. Tras una primera fase donde se encuadran los exploradores (Río de sangre) y los ganaderos (Río Rojo), ahora les toca el turno a los representantes de la ley para imponer el orden entre los pioneros que se habían instalado en los nuevos territorios. Hawks pasa de los rodajes en exteriores de sus primeros dos “ríos”, a un western claustrofóbico que se desarrolla en únicamente tres o cuatro decorados: la cárcel, el saloon, y el hotel, y que, como quería Hawks, incide más en los personajes, en las relaciones entre ellos, que en la trama. 


Con la renuncia al espacio abierto y el énfasis en los caracteres, Hawks consigue con Río Bravo realizar su película del Oeste más moderna. Y lo es más al contrastar el enfoque avanzado con la inclusión de los elementos tradicionales del género (el sheriff, los pistoleros, el saloon, los jugadores de cartas, etcétera, todos, excepto los ligados a los exteriores como los indios o la caballería), pero también con la forma de narración lineal, con la puesta en escena convencional retratada con un objetivo transparente y, en fin, con el clasicismo ejemplar de Hawks. Es lo que llama Robin Wood “la complejidad de la película por contradicciones aparentes” (1982, p. 40).

Río Bravo es el paradigma del cine tal como lo entendía Hawks. Da la impresión de que el autor quería resumir su obra reuniendo en un solo título a todos los personajes que anteriormente había utilizado, no sólo en sus cintas dramáticas, sino también, como luego veremos, en la comedia. Así, el largometraje lo protagoniza un grupo que se enfrenta a un peligro común, donde figuran el líder, el amigo del líder, con conflicto interno incluido, el joven inexperto, el viejo y, finalmente, la mujer que quiere entablar una relación con el primero, pero es rechazada inicialmente.[3] Todos ellos conectados entre sí para ensalzar los valores de la amistad como tema prioritario, seguidos muy de cerca por los del honor, el deber y la responsabilidad del mando.  






[1] B.H. son las siglas de Barbara Hawks, la hija de Howard Hawks y Athole Shearer (hermana de Norma Shearer, a su vez casada con Irving Thalberg). Además de participar en el argumento, Barbara tuvo algunas ideas tan buenas como la del empleo de la dinamita en el tiroteo final.
[2] Esta frase la emplea Hawks en Río Bravo, cuando Nathan Burdette va a visitar a su hermano a la cárcel y amenaza al sheriff Chance. También la usa en la secuencia donde Dude obliga a toda la banda a dejar las armas en la entrada del pueblo. En El Dorado volverá sobre ella en un par de ocasiones más.
[3] Además de El Dorado y Río Lobo, los ejemplos donde aparecen los mismos personajes, con muy pocas variantes, son múltiples: La Escuadrilla del Amanecer, Sólo los ángeles tienen alas, Tener y no tener, Camino a la gloria, Air Force, Río Rojo, Río de sangre, Hatari!, etc. 



domingo, 17 de octubre de 2010

CINE EN TV: FILÓN DE PLATA; EL CREPÚSCULO DE LOS DIOSES

Filón de Plata (Silver Lode de Allan Dwan, 1954). John Payne, Lizabeth Scott, Dan Duryea. (Televisión de las Islas Baleares, IB3, miércoles 20 a las 17:40).

Western frenético de un director de largo recorrido, así se podría resumir esta notable película alabada, entre otros, por Martin Scorsese en su excelente documental sobre el cine americano; e incluida en múltiples listas de largometrajes que no hay que perderse.

Silver Lode no es una cinta del Oeste típica. Aunque pertenece al género, tiene rasgos de cine negro. Y no sólo por el casting -Dan Duryea, un clásico "malo" del film-noir, Lizabeth Scott, en el ranking de las damas más negras (aquí de blanco, como corresponde a una novia que acaba de contraer matrimonio) y John Payne, que repetirá en alguna película oscura del mismo director- sino por la estética de algunas secuencias (sobre todo las del final) y por la angustia creada entorno al personaje principal y la transformación de su carácter propiciada por el deseo de venganza, más que por el de justicia.



La trama también se aleja del western convencional, al menos del que se estilaba antes de que el sheriff Will Kane (Solo ante el peligro) caminara temeroso buscando ayuda en un pueblo acobardado. Allan Dwan le da la vuelta a la historia de Zinnemann, pero sigue con la simbología Mccarthista. Veamos porqué:

Dan Ballard (Payne) se acaba de casar con Rose Evans (Liz Scott), pero la llegada de unos sospechosos agentes de la ley le quieren aguar la fiesta. Hasta ahora, el argumento se mueve en el mismo terreno que el de la película protagonizada por Gary Cooper. El punto de giro que hace que Allan Dwan se distancie de Zinnemann es la acusación de asesinato que traen los forasteros contra Ballard. En un principio, todo el pueblo está a favor de su inocencia, pero ciertas mentiras, malentendidos y viejas rencillas harán que poco a poco la gente se vuelva de lo más hostil. El héroe no está sólo contra una banda de forajidos, ahora lucha por su supervivencia ¡contra toda la ciudad! Una caza de brujas en toda regla. El director, con poco disimulo, le pone nombre al que dirige la persecución: McCarty.

Lo que viene a continuación es la razón por la que el filme ha sido tan elogiado: el ritmo endiablado que le imprime este efectivo cineasta de extensa carrera que es Allan Dwan. El realizador ya dirigió notables obras en el período mudo y se atrevió con todos los géneros en el sonoro. Aquí demuestra lo aprendido en obras tan dispares como las simpáticas aventuras de Douglas Fairbanks o las películas bélicas junto a John Wayne, entre muchas otras.

En Silver Lode parece imposible que el acorralado Payne salga con vida. Sólo su flamante esposa cree en él, aunque con momentos de duda; como la Grace Kelly de Solo ante el peligro. También, como ella, Liz Scott será decisiva para la resolución de la película. Un final estupendo, donde el protagonista acude al edificio de la iglesia como única salvación posible. Dwan coloca otra metáfora. Esta vez evidente, pero espectacular en su ejecución.



El Crepúsculo de los Dioses (Sunset Blvd. de Billy Wilder, 1950). William Holden, Gloria Swanson, Erich Von Stroheim, Cecil B. De Mille. (La Otra, jueves 21 a las 22:30)

La Morgue; música del oscarizado Franz Waxman. Los cadáveres cubiertos con un blanco sudario, casi transparente. Los recién fallecidos hablan y comentan entre ellos –casi cotillean- lo que les ha ocurrido a cada uno. Uno de ellos comienza a contar que la ilusión de toda su vida siempre fue tener una piscina. Por fin la tuvo; pero murió en ella.

Este era el inicio que Charles Brackett y Billy Wilder idearon para Sunset Boulevard, y que finalmente no fue aprobado por un público que se reía a carcajadas en una proyección previa… leer más


jueves, 9 de julio de 2009

SILENCIO SE... GRABA (Semana del 10 al 16 de julio de 2009)

Despedimos, temporalmente, la sección de recomendaciones televisivas, por motivos vacacionales, pero eso sí les dejamos con algunos títulos imprescindibles de todos los géneros y épocas. A saber: aventuras en la mar dirigidas por Raoul Walsh, o en la Edad Media realizadas por Richard Fleischer; películas del Oeste de Hawks, Aldrich, King, Wellman, Polonsky, George Roy Hill o Nicholas Ray; cine negro representado por cintas de la talla de Los Amantes de la Noche o Perversidad; y obras tan importantes como Psicosis o Lo Que el Viento se llevó, entre muchas otras. Que disfruten de las vacaciones los que puedan, y los que no tengan descanso que al menos vean buen cine.

Pinchar en la tabla para verla mejor (las películas en rojo no son necesariamente las mejores, son las que se comentan más abajo)

Comentarios de algunas de las cintas recomendadas:
La Verdadera Historia de Jesse James (The True Story of Jesse James de Nicholas Ray, 1956). Robert Wagner, Jeffrey Hunter, Hope Lange. (Radiotelevisión de las Islas Baleares, IB3, viernes 10 a las 17:40)

Con la historia del bandido más célebre del viejo Oeste hay como una especie de bendición: prácticamente todas las películas que han tratado el tema se han saldado con éxito de público, de crítica, o de las dos cosas; y, vistas hoy en día todas tienen su indudable atractivo. Incluidas la reciente El Asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford (Andrew Dominik, 2007); la ambiciosa Forajidos de Leyenda (The Long Riders de Walter Hill, 1980) donde varias parejas de hermanos actores interpretaban a los miembros de la legendaria banda (Los Keach, los Quaid y los Karradine); y las curiosas The Last Days of Frank and Jesse James (de William A. Graham, 1986), con los cantantes Kris Kristofferson y Johnny Cash a la cabeza del reparto, y Balas Vengadoras (I Shot Jesse James, 1948) de otro autor de culto, Samuel Fuller.

Para algunos la mejor versión es la que vamos a comentar, la debida a Nicholas Ray. Aunque si voy a ser sincero yo tengo mis dudas, la culpa la tiene el excelente díptico de la Fox, Tierra de Audaces (Jesse James, 1939) y La Venganza de Frank James (The Return of Frank James, 1940) de Henry King y Fritz Lang, respectivamente. En aquellas películas tan lejanas ya se daba una versión bastante cercana a la realidad. Pero lo que las hacía sobresalientes era la interpretación de Tyrone Power y Henry Fonda en el papel de los hermanos James. Quizás en La Verdadera Historia… sea precisamente el casting lo que falle. Y es que la actuación de Robert Wagner, como el famoso ladrón, no convence. Todo lo contrario que Jeffrey Hunter que hace un Frank James a la altura del mismísimo Fonda.

Lo que sí destaca –y es lo que hace que el largometraje gane tantos enteros- es la personalidad del autor de la cinta. Nicholas Ray no se resiste a incluir el romanticismo característico de sus mejores obras para darle el adecuado tono a la película. Además no desperdicia las pocas escenas donde dialoga la pareja protagonista (Robert Wagner y una bellísima Hope Lange) para resaltar la habitual problemática que le interesa: la lucha de los amantes contra el mundo hostil que no les deja vivir en paz, o contra el destino fatal.

Por otro lado acude a una estructura no lineal para contar las vidas de los hermanos y su grupo de malhechores. Tres largos flash-back dirigen la narrativa. Los dos primeros contados desde el punto de vista de la madre de Jesse (Agnes Moorehead) y de su esposa (Hope Lange). Hábilmente, Ray suaviza la historia (como lo harían, interesadamente, las dos mujeres) y presenta a la familia como una victima de la Guerra de Secesión, y a los delincuentes como su lógica consecuencia.


El tercer comentarista es el propio Frank James. Y Nicholas Ray. El director se vuelve violento para acompañar el relato más descarnado y pesimista del hermano mayor de Jesse; y la película gana en aspecto visual: la secuencia del robo al tren es espectacular, sobre todo el inicio, un largo travelling, con poca luz, aprovechando muy bien el cinemascope, donde Jesse corre por encima de los vagones mientras se puede ver a través de las ventanillas a los pasajeros ajenos al asalto. Desde luego, no hay duda de la importancia de esta película: esa mezcla de acción trepidante con tono crepuscular ha influido en posteriores realizadores (el arranque, y alguna secuencia del atraco final, se parecen demasiado al Grupo Salvaje de Sam Peckinpah; también la escena donde los hermanos se lanzan al río desde un acantilado puede ser el origen de la posterior Dos Hombres y un Destino de George Roy Hill).

El título de La Verdadera Historia de Jesse James se presta a engaño. El espectador que no ha visto la película podría pensar que se trata de una especie de biopic documentado y, por tanto, despersonalizado. Nada más lejos de la realidad. Es una película de autor. Con todo lo que eso significa.



Robin y Marian (Robin and Marian de Richard Lester, 1976). Sean Connery, Audrey Hepburn. (Televisión del Principado de Asturias, domingo 12 a las 15:30)

La mejor película de Richard Lester sin lugar a dudas, que además crece en calidad conforme pasan los años por ella. Todo en esta cinta es nostálgico. Lester consigue un clima crepuscular emocionante y una historia de amor de las más bellas jamás representadas en pantalla. Esto lo logra mostrándonos un Robin Hood entrado en años y una Marian madurita pero aún bella y enamorada de su héroe (Audrey Hepburn, un encanto, como siempre). El director no sólo se dedica a desmitificar todo lo que encuentra (Golfus de Roma, ¡Cómo gané la guerra!) también sabe emocionar, eso sí ayudado por una estupenda banda sonora de John Barry y una fotografía de David Watkin (Memorias de África).



Historia de una Monja (The Nun’s Story de Fred Zinnemann, 1959). Audrey Hepburn, Peter Finch. (Castilla-La Mancha TV, domingo 12 a las 17:30)

Basada en la novela autobiográfica de Kathryn C. Hulme, narra la historia de una monja belga, desde que entra en el convento como novicia hasta que abandona el convento, pasando por su etapa en el Congo Belga. La cinta, nominada para ocho premios de la Academia de Hollywood, resulta demasiado larga, pero consigue presentar con realismo la lucha interior de la protagonista, bastante bien interpretada por la actriz de moda en esos años: la “mujer gacela”, Audrey Hepburn. La estrella consiguió el papel gracias a la recomendación de Ingrid Bergman que previamente lo había rechazado por encontrarlo inadecuado para su edad.



El Quinteto de la Muerte (The Ladykillers de Alexander Mackendrick, 1955). Alec Guiness, Peter Sellers. (Veo TV, domingo 12 a las 22:00)

Producción del legendario Michael Balcon (el que lanzó la carrera de Alfred Hitchcock) para los no menos importantes Ealing Studios. Es la última obra maestra de los Ealing, donde el humor negro llega a sus cotas más altas. La cinta de Alexander Mackendrick narra como una banda de ladrones, camuflados como quinteto musical, intenta asesinar a una anciana indefensa, sabedora de la verdadera identidad del grupo. El jefe de la banda -y protagonista de la película- es Alec Guinnes; el polifacético actor borda el papel de cínico criminal. No le van a la zaga sus compañeros, en especial Cecil Parker, Herbert Lom y un joven Peter Sellers. El filme gozó de merecida fama en su tiempo, fue nominada para el oscar y aún se deja ver con agrado. En el 2004, los hermanos Coen realizaron un remake que resultó bastante inferior al original, como suele ocurrir.



Solo ante el peligro (High Noon de Fred Zinnemann, 1952). Gary Cooper, Grace Kelly. (Canal Extremadura TV, domingo 12 a las 22:29)

Un plano de Lee Van Cleef (la primera vez, en toda su carrera, que salía en pantalla este carismático actor) esperando a alguien, amenazante y con una canción de fondo muy conocida de Dimitri Tiomkim (“Do Not Forsake Me, Oh My Darlin’”, que ganó el oscar) es el arranque de uno de los mejores western de la historia.

Fred Zinnemann da una vuelta de tuerca –la más importante- a un género que se agiganta con este filme. Realmente confirma lo iniciado con El Pistolero (The Gunfighter de Henry King, 1950): que las películas del Oeste podían tener un empaque distinto y profundizar mucho más en el interior de los personajes. Que nadie se espere tiroteos, duelos, indios, caballería y cosas por el estilo. Lo que hay que hacer es sentarse y disfrutar de un largometraje cuyo tiempo diegético es igual al tiempo real, es decir la duración de la película (80 minutos) corresponde a la duración real de la acción para que el espectador se haga partícipe de la angustia del personaje principal: un sheriff al que le quedan minutos para enfrentarse, el solo, a una banda de delincuentes, y todo esto en el día de su boda. Zinnemann “cronometra” la acción continuamente con planos detalles de los distintos relojes de pared, o con ellos en el fondo del plano, utilizando con buen criterio la profundidad de campo.


Pero además tenemos la increíble interpretación de Gary Cooper (otro oscar) y de una casi debutante Grace Kelly, que está magnifica. Aquí el héroe tiene miedo, y se nota. El sudor, la mirada preocupada y la angustia así lo reflejan. Dicen que la falta de maquillaje -y la úlcera sangrante que Cooper tenía que soportar- ayudaron bastante en la interpretación.

Zinnemann colabora con el perfecto registro de la estrella con planos generales en picado donde el sheriff deambula por las desiertas calles en busca de una ayuda que nunca llega. Consigue transmitir el desasosiego que padece el agente de la ley; la misma desazón a la que tenían que enfrentarse los perseguidos por el HUAC (Comité sobre Actividades Antinorteamericanas) cuando eran abandonados por sus amigos y familiares. Y es que esta cinta es un homenaje a todos ellos.

Imprescindible.

miércoles, 2 de abril de 2008

EL DORADO (Howard Hawks, 1966)

El Dorado es un remake de Río Bravo (1959) y un anticipo de Río Lobo (1970), todas de Howard Hawks, uno de los grandes. Con esta trilogía el genial director quiso ofrecer una alternativa a Solo ante el peligro (High Noon de Fred Zinnemann, 1952). Y lo consiguió: el sheriff sólo necesita de sus colaboradores (un borracho, un anciano y un muchacho imberbe) para solucionar sus problemas, dejando al margen al pueblo que para eso lo eligió. Sin menospreciar la trama, lo que más me interesa a la hora de comentar una obra de autor -y ésta lo es, digan lo que digan- es descubrir los elementos, en este caso hawksianos, que la configuran. Veamos algunos de ellos:


Como ocurría en Río Rojo (Red River, 1948), aquí también nos encontramos con un grupo de amigos unidos frente al peligro. La amistad en letras mayúsculas es uno de los grandes temas que Howard Hawks analizó a lo largo de su carrera, pero a diferencia de lo que sucedía en Río Rojo y Río de Sangre (The Big Sky, 1952), en El Dorado los personajes se mueven en un entorno cerrado, la película es más claustrofóbica y no existen esos rodajes de exteriores que dan un aire más épico a las anteriores producciones. Sólo su “mano invisible” (como la del mercado, que decía Adam Smith) a la hora de rodar permanece como denominador común de estas tres grandes cintas. Y es que la cámara, en los filmes de Hawks, prácticamente no se nota. Él no quería por nada del mundo que extraños movimientos del operador -la mayoría para lucimiento del director de fotografía o del propio realizador- estropeasen o desviasen la atención del espectador. Así no es de extrañar la profusión de planos generales, planos fijos a la altura de los ojos o planos americanos con ligeros movimientos sólo usados para encuadrar a los actores. De esta forma cuando Hawks usaba un travelling o una panorámica resaltaba la acción mucho más que cualquier otro director con la misma técnica.

Pero donde podemos encontrar al verdadero Howard Hawks es “buceando” en los protagonistas. En El Dorado, como en el resto de películas de Hawks, los actores se encuentran muy identificados con los personajes. Es lo que buscaba el realizador a la hora de hacer un casting, y a la hora de escribir un guión. Supeditaba la parte escrita al actor en cuestión y no dudaba en variarla o en improvisar si con ello lograba esa perfecta unión personaje-actor. Así Robert Mitchum logra hacer uno de los mejores papeles de su vida al interpretar a un complejo personaje hundido en el alcohol. Este actor da aquí muestras de hasta donde puede llegar una estrella de cine si se encuentra bien dirigida.


John Wayne, con el que trabajaría en cinco ocasiones, interpreta al héroe hawksiano por excelencia, el líder que no duda en ayudar a su amigo evitando muestras explicitas de ese apoyo (como hiciera Cary Grant en Sólo los Ángeles tienen alas o el propio Wayne en Río Bravo y otras).

Mississippi (James Caan), el joven aprendiz, es otro clásico en la temática de Hawks (Matt al principio de Río Rojo, Ricky Nelson en Río Bravo o Chips en Hatari! son varios ejemplos).

Con El Dorado el espectador puede presenciar un western distinto; el cinéfilo puede dedicarse a disfrutar de la interpretación de los personajes sin distraerse con los movimientos de cámara; y el aficionado, en general, seguro que va a pasar un rato entretenido junto a una película narrada al estilo clásico, lejos de las innovaciones que se imponían en el mundo del cine en los años sesenta.

Ver Ficha de El Dorado

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