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miércoles, 9 de diciembre de 2015

EL AUTOREMAKE EN EL CINE: CAPÍTULO 4.2 (V)

Río Bravo significó la última colaboración entre Jules Furthman y Howard Hawks[1] y también el canto del cisne del escritor. Desde luego, no se pudo retirar mejor. De todos los trabajos que Furthman hizo para el realizador, Tener y no tener (To Have and Have Not, 1944) es la película que más relación tiene con Río Bravo. De hecho, para algún autor (Wood 1982) Río Bravo tiene más similitudes con la película protagonizada por Humphrey Bogart y Lauren Bacall que con El Dorado y Río Lobo; sobre todo si nos referimos a la parte que desarrolla la subtrama amorosa entre John Wayne y Angie Dickinson.[2] En efecto, la presentación de Feathers (Dickinson) es como la de Slim (Bacall): una mujer sola, de oscuro pasado, que llega al hotel donde vive el héroe y que se apoya en el quicio de la puerta para entablar la primera conversación con el protagonista —¡hasta lleva un vestido a cuadros como el de Betty Bacall! (4.29)—. Los diálogos repletos de insinuaciones son casi idénticos; el rechazo inicial del personaje masculino a la relación, y la rendición final, también son similares.
 
4.29
  

En Tener y no tener, gracias a los diálogos de Furthman, Hawks halló en Lauren Bacall a una nueva Marlene Dietrich; no en vano, el guionista había trabajado en varias ocasiones para Josef Von Sternberg, el creador de Marlene.[3] Hawks, que admiraba al director austríaco,[4] seguía teniendo en mente a Marlen —o a Bacall— cuando apostó por Angie Dickinson para protagonizar Río Bravo. Dickinson no resultó tan estilizada como Dietrich ni tan mordaz como Bacall, pero dio vida a un personaje que, como los masculinos, es un compendio de los utilizados por Hawks a lo largo de su carrera: 

Feathers es la joven que quiere integrarse en el grupo y se enamora del líder, como Bacall en Tener y no tener o Jean Arthur en Sólo los ángeles tienen alas, pero también cuadra con el tipo de mujer hawksiana que suele protagonizar las comedias del director lo que, sin duda, beneficia la parte de humor que tiene la película. Hawks aprovecha Río Bravo para seguir indagando en la guerra de sexos y así, las idas y venidas de Chance al hotel son en realidad insertos de comedia donde el estrecho decorado es como una tela de araña que va tejiendo Feathers y en la que poco a poco va cayendo el héroe (4.30). La “batalla” tiene lugar en la habitación de Chance o en la de Feathers y las armas son el diálogo “oblicuo” acerca de la ropa interior femenina o la amenaza de arresto como sinónimo de declaración.
  
4.30
4.31







Hawks, fiel a otra de sus constantes en la comedia, burlarse del protagonista, no se resiste en dejar en evidencia al “Duque” cuando es sorprendido por Angie Dickinson probándose una prenda de lencería (4.31). Aunque no es una situación tan embarazosa como las que, por ejemplo, tuvo que soportar Cary Grant en La fiera de mi niña o en La novia era él, sí que es suficientemente incomoda si tenemos en cuenta que ahora se trata de ridiculizar al actor viril por antonomasia.

La presencia de Angie Dickinson, importante por lo que tiene de sustento de la parte cómica, tiene una razón de ser dramática que no hay que olvidar. Aunque Hawks prescinde del enfrentamiento de los dos protagonistas por culpa de una mujer —tema, insistimos, recurrente en su filmografía—, sin embargo, la llegada de Feathers en la diligencia plantea un nuevo conflicto: es una vividora, una jugadora de cartas que podría reproducir el suceso que provocó que Dude se diera a la bebida.[5] De ahí el recelo del sheriff ante lo que considera más una amenaza que una ayuda. A pesar de ello, Feathers, enamorada de Chance, insiste en pertenecer al grupo y llega a implicarse directamente cuando arroja un objeto a través del cristal para ayudar al sheriff en su lucha contra los sicarios de Burdette. Una secuencia que se asemeja a la conclusión de Solo ante el peligro, cuando Grace Kelly ayuda a Gary Cooper disparando sobre el villano desde una ventana. Quizás este sea el único punto en común entre dos películas que, como hemos dicho, son conceptualmente divergentes.


Leer el capítulo desde el inicio


[1] Director y guionista habían trabajado juntos en Rivales, Sólo los ángeles tienen alas, El Forajido, Tener y no tener y El sueño eterno.
[2] La presencia del amigo alcohólico en la historia y la participación de Walter Brennan son otros elementos que emparejan a ambas películas.
[3] Furthman colaboró con Sternberg en los guiones de Marruecos (Morocco, 1930), El expreso de Shanghai (Shanghai Express, 1932) y La Venus rubia (Blonde Venus, 1932), todos interpretados por Marlene Dietrich.
[4] En la obra de Hawks, la influencia del realizador europeo es evidente. Sin ir más lejos, en Río Bravo, la secuencia de la escupidera es calcada al arranque de La ley del hampa (Underworld de Josef Von Sternberg, 1927). En ambas películas también existe cierto paralelismo en la protección del protagonista sobre el borracho y, además, el nombre de las heroínas es el mismo: “Plumas” (Feathers).
[5] Un personaje muy parecido no sólo al de Lauren Bacall sino también al que interpreta Joanne Dru en Río Rojo, aquella jugadora de cartas que se interpone entre Montgomery Clift y John Wayne.


miércoles, 2 de mayo de 2012

CINE EN TV: LOS BLANDINGS YA TIENEN CASA; EL INTERCAMBIO

Retomamos nuestra abandonada sección de televisión para celebrar la aparición de un nuevo canal en abierto con el cine como única programación: nos referimos a Paramount Channel. Intentaremos, si el tiempo nos lo permite, seguir con la sección y subir, de vez en cuando, algunas entradas sobre películas próximas a emitir en la pequeña pantalla, en los canales en abierto, ya sean generalistas o autonómicos. 

Los Blandings ya tienen casa (Mr. Blandings builds his Dream House de H. C. Potter, 1948). Cary Grant, Myrna Loy, Melvyn Douglas. (Paramount Channel, viernes 4 a las 16:35)

Comedia ligera de la RKO sobre los problemas de una pareja que entra en crisis tras decidirse a comprar una casa. Un antecedente claro de películas como Esta Casa es una ruina (The Money Pit de Richard Benjamin, 1986), pero bastante más lograda gracias a no abusar del slapstick ni de los golpes efectistas, y limitarse a narrar de forma realista los problemas a los que se enfrentan un matrimonio de clase media cuando por fin deciden embarcarse en esa aventura que es la adquisición de una vivienda.

El guión está basado en la novela autobiográfica de Eric Hodings, y la realización corre a cargo del director todo terreno H.C. Potter, un cineasta que aunque tocó varios géneros dio sus mejores trabajos precisamente en la comedia. La cinta se disfruta con una sonrisa permanente y tiene hasta algunos alardes técnicos dignos de mencionar, como el largo plano secuencia del arranque, cuando Potter nos muestra el pequeño apartamento donde viven los Blandings antes de decidirse a cambiar de casa; o la panorámica de 360 grados, mientras la pareja echa un vistazo a la parcela que acaban de comprar.


El trío protagonista es de lujo: Cary Grant (muy bien, como siempre) es un publicista en dura pugna con el slogan adecuado para la campaña en curso; un padre de familia sufridor, acosado por las facturas; y un marido con la permanente sospecha de que le están poniendo los cuernos en cuanto se da la espalda. Myrna Loy es su mujer, un tanto desordenada y que toma decisiones sin tener mucho en cuenta las consecuencias. La actriz, muy bien dotada para la comedia, resulta en esta ocasión algo sosa. Quizás la ausencia de William Powell, su pareja cómplice en tantas películas, tenga algo de culpa en el bajo rendimiento de la estrella. Y, por último, Melvyn Douglas, muy bien en su registro de caballero elegante y algo cínico. Es el narrador de la historia, el tercero en discordia, el abogado de la familia que parece estar deseando que todo se vaya al traste para aprovechar el río revuelto y conseguir que la mujer caiga entre sus redes.

Y es que Potter insinúa el adulterio (véase el buñueliano plano final), pero sin llegar a ensañarse con él. En donde sí pone el acento es en algunas situaciones cotidianas que se nos antojan muy familiares, y divertidas: ese tubo de pasta de dientes hundido por la mitad, el cristal empañado en el espejo del cuarto de baño, el desigual reparto de cajones para la ropa, o los miles de frasquitos de colonia o de cualquier otro mejunje en las estanterías del aseo, son varios ejemplos de lo que nos depara la dura convivencia diaria a todos los mortales.

Aunque el filme se desarrolla y concluye de una forma muy convencional —es lo que se le pedía a este tipo de comedias en los años cuarenta—, a lo largo del metraje, si uno está atento, puede descubrir cierta denuncia al capitalismo, a la publicidad agresiva que hace que consumamos productos que realmente no necesitamos. Es lo que le ocurre al protagonista que, trabajando en el gremio, finalmente cae en su propia trampa.



El Intercambio (Changeling de Clint Eastwood, 2008). Angelina Jolie, John Malkovich. (TV3, viernes 4 a las 22:35)

Lo de Clint Eastwood no deja de ser sorprendente. Ya nos estamos acostumbrando a que cada película suya sea una obra importante; y llevamos unos cuantos años así. Esto que puede parecer normal, no lo es en absoluto. No hay más que darle un repaso al resto del panorama cinematográfico.

Es como si la obra de Eastwood estuviera cubierta de un manto protector anti-mediocridad; alejada del resto de proyectos comercialoides para no contagiarse de su apatía, de su falta de sinceridad y de respeto hacia un público que, increíblemente, sigue buscando calidad en las pantallas de cine y no sólo cifras de audiencia en la primera semana.

No digo que el filme sea perfecto, de hecho tiene sus fallos... leer más.






viernes, 26 de noviembre de 2010

COLABORACIÓN: CONVERSACIONES CON BILLY WILDER (Cameron Crowe)



Traducción de Maria Luisa Rodríguez Tapia,
Alianza Editorial, Colección Libros Singulares,
Madrid, 2002 (tercera reimpresión),
365 páginas, 20 x 25 cm.

Los libros sobre temas cinematográficos pueden ser distinguidos con criterios parejos a los utilizados para catalogar los propios filmes. Vemos películas en formato estándar o en gran formato. Cintas hay que atraen al gran público y propenden al consumo mayoritario, al tiempo que otras son valoradas, muy particularmente, por los cinéfilos y los verdaderos aficionados al séptimo arte. No pocos títulos son despachados en un visto y no visto, sin apenas registrarse en la memoria, mientras que algunos muy escogidos los tenemos siempre presentes, y aun a mano, grabados y coleccionados en DVD, para ser revisados una y otra vez. Etcétera.

Disponemos en el mercado, asimismo, de publicaciones dedicadas al cine con el fin exclusivo de ser leídas sin más contemplaciones, y de otras cuya vocación las dispone no sólo para ser miradas, sino también, admiradas. Al primer tipo, pertenecen las ediciones de bolsillo, ligeras y manejables, con papel áspero, todo texto y letra pequeña; es decir, en rústica. Los volúmenes del segundo género, son, en realidad, de «primera clase»: ediciones singulares que constituyen un lujo, con tapas duras, papel cuché, bellas estampaciones e ilustraciones y un generoso despliegue fotográfico. Porque, ¿qué es un libro de cine sin fotografías? Muy sencillo: como una piscina sin agua. Como un día de Reyes Magos sin regalos.

Viene este preámbulo a cuento de una obra que no puede faltar en la biblioteca del cinéfilo y el aficionado al cine: Conversaciones con Billy Wilder de Cameron Crowe, publicado en primera edición por Alianza en el año 2000. El libro está disponible en edición de bolsillo. Pero, la edición de la que aquí hablamos son palabras mayores, un ejemplar «gran reserva».

El texto que sirve de base al volumen recoge las entrevistas realizadas por Cameron Crowe a Billy Wilder en 1998, cuando el gran genio del cine cuenta 91 años. Estamos, pues, ante uno de los últimos testimonios directos y personales de Wilder, fallecido en marzo de 2002.

Cameron Crowe, nacido en Palm Springs, California, en 1957, comenzó su carrera en el cine como lo hiciese su legendario entrevistado: trabajando de guionista y periodista. Colaborador en revistas como Creem y Rolling Stone, su primer guión fue llevado pronto a la gran pantalla, cosechando gran éxito de público: Aquel excitante curso (Fast Times at Ridgemont High, 1982). Posteriormente, da el salto a la dirección, también como el maestro Wilder, manteniendo en todo momento las tareas de guionista. Ejerciendo ambas labores ha realizado hasta la fecha seis filmes de entre los que destacamos Jerry Maguire (1996), nominada a cinco premios Oscar, de los que consiguió uno en la categoría de Mejor Actor Secundario (Cuba Gooding Jr) y Elizabethtown (2005). Aquí acaban los paralelismos cinematográficos entre Crowe y Wilder. Aun así tienen bastantes cosas de qué hablar.

No le resultó fácil a Crowe ganarse el favor de Wilder y lograr que una de las últimas leyendas vivas del celuloide por aquéllas fechas, hablase sobre su vida y su obra. Wilder ya estaba por entonces muy anciano y, lo que es más relevante para el caso, nunca le han gustado los interviús ni hablar de sí mismo. Entre otros motivos, porque las confesiones de un personaje célebre son, con bastante frecuencia, malinterpretadas o manipuladas sin más, a la hora de ser impresas y divulgadas. Finalmente, con perseverancia —y la participación decisiva de generosos e influyentes amigos comunes— Crowe se hace un hueco en la agenda y la confianza del director, reavivando así, de nuevo, la memoria del veterano director. El director de El apartamento narra relajadamente múltiples anécdotas del rodaje de sus míticos filmes, habla sin pelos en la lengua de muchas de sus filias y fobias, tanto personales como profesionales, así como de sus opiniones sobre Marylin Monroe, como mujer y como actriz, o de por qué nunca rodó ninguna película con Cary Grant. Y como éstas, cientos de secuencias e impresiones más, relacionadas con una de las trayectorias cinematográficas más memorables que nos da dado Hollywood.

Si el texto, como decimos, es todo un lujo para los amantes del cine, ¿qué decir de la edición? Sencillamente: que les encantará. El aficionado dispone ya de otros libros editados en España sobre la biografía y la cinematografía de Wilder, varias de ellas con profusión fotográfica. Sin embargo, en el volumen que aquí reseñamos encontrará, como valor añadido, imágenes inéditas, inteligentemente seleccionadas y distribuidas en las páginas, todas ellas oportunamente comentadas. No le pasarán desapercibidos algunos detalles ampliados, verdaderamente reveladores, de algunas de esas fotos. Citaré sólo como ejemplo las fotos de los ensayos de la célebre escena de seducción entre Marilyn Monroe y Tony Curtis en el camarote del yate en Con faldas y a lo loco (Some like it hot, 1959). No dijo Curtis toda la verdad sobre que el estar besando a Marilyn en el plató hora tras hora, toma tras toma, hasta la definitiva, supuso para él como besar a Hitler. Pero no diremos ahora más. Que el lector, el voyeur, lo compruebe por sí mismo y disfrute de la última gran obra de Billy Wilder.


Ariodante
Noviembre 2010

(publicado anteriormente aquí)

miércoles, 31 de marzo de 2010

CINE FÓRUM: LA PÍCARA PURITANA (The Awful Truth de Leo McCarey, 1937)

Uno de los más importantes cambios que experimentó la industria del cine con la llegada del sonido fue la transformación de la comedia. En los años treinta, los guionistas se liberaron del corsé de los intertítulos y dieron rienda suelta a un ingenio que parecía desenfrenado. El que provocó que actores y directores fueran progresivamente apoyándose en el diálogo para conseguir que el género llegara a sus cotas más altas en la segunda mitad de la década y principios de la siguiente; era la época de la Screw Ball Comedy (nombre extraído de una famosa jugada de béisbol) o comedia alocada. Aquella que se basaba en situaciones absurdas, repletas de verborrea rápida, con réplicas y contrarréplicas cada vez más ingeniosas y divertidas. Hoy traemos al cine fórum una de sus cintas más representativas y de las de más éxito, la que le valió un Oscar a su director, el gran Leo McCarey.



La Pícara Puritana es una adaptación de la obra de teatro “The Awful Truth” de Arthur Richman, y se trata del mejor remake, con diferencia, de las cuatro versiones que se llevaron a la gran pantalla. El filme se centra en uno de los temas recurrentes de la comedia: la guerra de sexos. En este caso los contendientes son el matrimonio Warriner: Lucy (Irene Dunne) y Jerry (Cary Grant), que se disponen a divorciarse después de salir a la luz mentiras e infidelidades por ambas partes –un profesor de canto que se toma demasiadas libertades, o un falso viaje de negocios, donde el moreno de bombilla no consigue disimular que se ha escapado a otro lugar-. En ese estado de cosas, Lucy decide casarse con un pesado pretendiente, al que no quiere, pero que dispone de millones de razones –y de dólares- suficientes para convencerla. Jerry no soporta la situación y hace todo lo posible para entorpecer la relación. Sus poco eficientes, pero muy divertidas, tácticas son: los celos (fallidos, a quién se le ocurre ligar con una cabaretera); o las continuas apariciones en la antigua vivienda conyugal, motivadas por la resolución judicial de la separación que le da derecho a visitar al… ¡perro!, después de una “custodia” conseguida por Lucy in extremis.

Estructurada en sketchs, la película va in crescendo en intensidad cómica conforme las zancadillas de Jerry van surtiendo efecto. Así, una secuencia donde Lucy intenta demostrar sus dotes como cantante de ópera, es boicoteada por Jerry involuntariamente, en una de las pocas concesiones que hace McCarey al slapstick; o una habitación se convierte en la reunión improvisada de los amantes de Lucy, a medida que van llegando al piso, en otro recurso eficaz del cineasta: el vodevil.


El director consigue su propósito de magnificar el enredo cuando encuadra lo que interesa gracias a una cámara nada estática. El movimiento del objetivo enmarca la puesta en escena que parece surgir de un detallado estudio anterior; preparación que ponemos en duda debido a la conocida capacidad de improvisar de Leo McCarey. Lo que sí parece seguro es el duro trabajo en la sala de montaje, donde la sucesión de miradas y gestos ayudan, y mucho, al éxito del proyecto.

Si el realizador hace un trabajo de altura no es menos cierto que gran parte del mérito en el acabado final lo tiene la soltura en la actuación de los dos protagonistas: Irene Dunne - junto a Carole Lombard y Claudette Colbert mi trío de comediennes favorito- hace su mejor papel dentro del género. Una actriz que vale igual para un roto que para un descosido (excelente en la primera versión de Tú y Yo, esta vez un melodrama, también de McCarey) y que sale airosa del duelo interpretativo junto a una estrella como Cary Grant.
De la elegancia de Cary Grant y de su aptitud para la comedia ya se ha hablado mucho, pero en esta película está especialmente brillante en su ironía y cinismo. Además se beneficia del feeling que surgió entre él y su compañera de reparto y que propició que compartieran cartel en un total de tres películas. Junto a ellos, un elenco de secundarios donde destaca Cecil Cunningham, en el papel de la deslenguada Tía Patsy; personaje ideal para lucimiento de los guionistas –y para su desahogo cuando pueden huir de sutilezas al crear sus diálogos-, con frases que se convierten en dardos envenenados y que, generalmente, cierran la escena con alguna suerte de sentencia demoledora, pero desternillante.



Y llegó el momento de presentar la secuencia que vamos a comentar. Se trata del sketch de la venganza de Lucy. El personaje interpretado por Irene Dunne se dispone a contraatacar después de que Jerry haya boicoteado su romance millonario. Ahora es ella la que pretende arruinar la velada de compromiso de boda de su esposo. La estrategia es directa: va a hacerse pasar por la hermana de Jerry, aprovechando una de las mentiras de su marido (para justificar la voz femenina que contestó al teléfono en su habitación, Jerry le dijo a su prometida que se trataba de su hermana).

Nosotros nos callamos ya, aquí llega Jerry a la importante cita con su prometida y sus futuros suegros, todos pertenecientes a la clase social más alta de la ciudad:





La secuencia que acabamos de presenciar dura siete minutos y tiene un prólogo que incluye la llegada de Cary Grant, y se centra en las excusas (mentiras) de Jerry para explicar porqué su hermana no ha podido venir –le falta la más importante: porque no existe-. Es una introducción de lo que se avecina, una acumulación de mentiras que no traerá consecuencias muy agradables para Jerry.

El sketch realmente arranca cuando llega Lucy por sorpresa, haciéndose pasar por la hermana de Jerry. El vestido, la forma de caminar y de hablar es la propia de una profesional de la barra americana. Irene Dunne está simpatiquísima y el propio Cary Grant no puede disimular su risa en varios momentos de la secuencia.

El director plantea la puesta en escena de una forma sencilla y útil cuando la reparte en dos secciones: la de la derecha para los suegros, y la de la izquierda para Cary Grant y su novia. Será el montaje y, en alguna ocasión, el elegante movimiento de la cámara las herramientas que utilice para la unión de ambas acciones.

McCarey divide la secuencia en tres partes diferenciadas entre sí según la situación donde se encuentre Irene Dunne. En la primera, Lucy, que se ha hecho ya con los mandos de la acción, se presenta a todos los personajes y se sienta con la suegra. Como haría el mejor Chaplin, la actriz utiliza su pañuelo para poner en apuros a la lady. McCarey sigue a Lucy en su charlotada y utiliza con habilidad el montaje para unir miradas y gestos cuando ella anuncia que los dos hermanos son poco menos que alcohólicos. Es una técnica que ya no abandonará el director, y que incluso hará aumentar de frecuencia a lo largo del resto de la secuencia.

En la segunda parte, después de pedir una jarra de whisky, Lucy se coloca al lado de su hermano desmintiendo una y otra vez todo lo que cuenta Jerry. Más adelante, se sienta entre la desconcertada pareja (por si hacía falta explicitar más su intención); deja entrever cuál es su profesión: la más antigua del mundo; e insinúa que son todos unos ladrones.

Como traca final, Irene Dunne imita el baile que hemos podido presenciar en una escena muy divertida de la primera mitad de la película. Aquella en la que Cary Grant le presenta a un ligue (Joyce Compton), que sorprende con una danza escandalosa, donde un chorro de aire hace que su falda se eleve por encima de la cabeza cada vez que dice la palabra “wind”. El vuelo del vestido de Marilyn Monroe en La Tentación vive arriba queda rasante en comparación con el de Joyce.

Para rematar la faena, McCarey utiliza un guiño al espectáculo de varietés donde los falsos hermanos se despiden del “público” -con Cary Grant ya rendido- antes del definitivo fundido con el que concluye esta secuencia que espero les haya gustado.


jueves, 13 de agosto de 2009

SILENCIO SE... GRABA (Semana del 14 al 20 de agosto de 2009)

Con el verano más loco de los últimos años (aquí de loco nada: hace tela de calor) seguimos disfrutando de una buena oferta televisiva tal como demuestra la siguiente tabla de recomendaciones. Entre ellas podemos destacar algunas películas españolas de Nieves Conde, Mario Camus o Pilar Miró; muy buenas películas del oeste, atendidas por los canales autonómicos en las sobremesas; y cintas de aventuras, clásicas y ochenteras, junto a melodramas como el de Robert Benton, o comedias como la de Frank Capra. Antes de terminar me gustaría resaltar un par de joyas de la serie B del cine negro como son They Made me a Criminal y Raw Deal, que tienen el honor de compartir tabla junto a otras ya consagradas de Fritz Lang. Ah, se me olvidaba: volvemos a interrumpir la sección hasta septiembre. Cosas de las vacaciones. Un abrazo a todos nuestros lectores.

Pinchar en la tabla para verla mejor (las películas en rojo no son necesariamente las mejores, son las que se comentan más abajo)

Comentarios de algunas de las cintas recomendadas:

El Hombre del Oeste (Man of The West de Anthony Mann, 1958). Gary Cooper, Lee J. Cobb, Julie London. (TV3, viernes 14 a las 18:00)

La última de las grandes películas de Anthony Mann, del género donde se mostró como un verdadero especialista: el westernleer más




El Héroe del Río (Steamboat Bill Jr. de Charles F. Reisner, 1928). Buster Keaton, Ernest Torrence. (Canal Sur 2, sábado 15 a las 23:25)

Comedia dirigida por Charles F. Reisner, pero con Buster Keaton como alma de la película. Apartado de la dirección, después de la poca rentabilidad de la excelente El Maquinista de la General (The General, 1927), a estas alturas nadie duda que fuera el genial humorista el verdadero realizador de El Héroe del Ríoleer más



Irma la Dulce (Irma La Douce de Billy Wilder, 1963). Jack Lemmon, Shirley MacLaine. (Televisión del Principado de Asturias, sábado 15 a las 23:30)

Brillante comedia de Billy Wilder sobre la relación entre una prostituta (Shirley MacLaine) y un policía (Jack Lemmon), que tras detenerla se convierte en su chulo. La trama escandalizó en su momento cuando la obra fue representada en el teatro, como comedia musical, y también supuso un desafío para la industria del cine cuando Wilder la llevó a la gran pantalla. El director cambió el tratamiento del guión, al no sentirse cómodo con los números musicales, y finalmente realizó una de sus típicas comedias ácidas. A pesar de ello la banda sonora de André Previn se llevó el oscar.

La película no puede ser más wilderiana, pero no sólo destaca por los diálogos, también el aspecto técnico es digno de mencionar: así, la secuencia del arranque, donde Wilder nos enseña un bullicioso mercado, está muy lograda; de la misma forma, los decorados del barrio parisino resultan muy adecuados para el desarrollo de la historia.

Para el reparto, Wilder utilizó la misma pareja de actores que tanto éxito consiguió con El Apartamento (The Apartment, 1960). Aunque Irma la Dulce no está a la altura de la primera, si consigue entretener y tiene momentos realmente memorables, como la proposición que Irma le hace al policía de convertirse en su “protector”; los diversos trabajos que tiene que hacer a escondidas Jack Lemmon; o la intervención del camarero polaco Moustache (Lou Jacobi) en diversos pasajes de la cinta.

Una curiosidad: es la primera película de James Caan, aunque no aparece en los créditos; otra, también relacionada con el casting: Wilder pensó en Marilyn Monroe para el papel de Irma y en Charles Laughton para el de Moustache; ambos murieron antes de comenzar el rodaje.



Indiscreta (Indiscreet de Stanley Donen, 1958). Cary Grant, Ingrid Bergman. (Canal 9, domingo 16 a las 22:15)

Ligera comedia romántica de Donen, basada en la obra de teatro de Norman Krasna, que también se encargó del guión. La trama es muy simple, se desarrolla en dos actos separados por una escena donde se desvela un secreto que traerá diversas y divertidas consecuencias. La cinta tiene el defecto de caminar demasiado cercana a las tablas, pero consigue, en parte, superar ese inconveniente con algunos elementos propios del cine pos-musical de Donen. El director llevaba poco tiempo alejado del género que el mismo revolucionó y aún tardaría unos años en dirigir cintas tan aclamadas como Charada o Dos en la carretera. Sin embargo, en Indiscreta, ya podemos observar la clave de sus éxitos posteriores.

En primer lugar, Donen consiguió dirigir a una pareja de profesionales del más alto nivel. En este caso Cary Grant e Ingrid Bergman (para Charada, el mismo intérprete con Audrey Hepburn; en Arabesco, Gregory Peck y Sophia Loren; en Dos en la carretera, otra vez la Hepburn con Albert Finney, etc.).

Es cierto que las dos estrellas estuvieron mejor en Encadenados (Notorious de Alfred Hitchcock, 1946) , pero más de diez años después volvían a brillar gracias a que Donen también destacaba en la dirección de actores. Si las escenas de amor de Indiscreta se adornan con besos más cortos que los presentados por Hitchcock, la intensidad de ellos era la misma. Además las miradas sostenidas y sin palabras entre el galán y la actriz son tan creíbles que nadie diría que no tenían una aventura en la vida real. Según confesó Cary Grant, ésta era su película preferida.

Para resaltar el aspecto romántico de la historia, Donen utiliza la música de Richard Bennett: una melodía al piano que en realidad son variaciones sobre un mismo tema justo en los momentos más importantes de la trama. El decorado también ayuda a dar notoriedad a la comedia. Más propio del musical, resulta espectacular gracias al uso del technicolor y a una paleta de intensos colores que se aplica al mobiliario del apartamento, a los cojines del enorme sofá, a las telas de vestidos y cortinas y, en especial, a los cuadros del apartamento, donde importa más el color de los marcos que el motivo al que encuadran.

Es una lástima que la excesiva teatralidad del largometraje resulte un lastre muy pesado. Y es que las mejores secuencias son aquellas en las que la cámara se aleja del apartamento de ella, casi el único escenario. Así, las tomas de la pareja paseando por Londres, o la escena del baile escocés –¡increíble como se mueve Cary Grant!-, figuran entre lo mejor de la cinta. Con un tratamiento del guión más adecuado, menos teatral, seguro que la cinta estaría ocupando un lugar de privilegio, al lado de las mejores de Stanley Donen.

viernes, 15 de mayo de 2009

COLABORACIÓN: Arsénico por compasión (Arsenic and old lace, Frank Capra, 1941)




Arsénico por compasión es sin duda una comedia singular y atípica dentro de la extensa filmografía del italo-norteamericano Frank Capra. Puede que la película incluso resulte del agrado de la incontable nómina de detractores del director, esos a quienes la sola mención de su nombre provoca la erupción de sarpullidos en sus sensibles pieles o que no hacen más que criticar y echar pestes del exacerbado idealismo que destilan fábulas contemporáneas como Juan Nadie, Caballero sin espada o la sempiterna Qué bello es vivir. Considerar a Capra un director blando, sentimental, cuando no directamente manipulador, es un tópico que ha llegado intacto hasta nuestros días y que me temo amenaza con sobrevivirnos. Lo cierto es que para muchos este director sigue siendo el gran ilusionista del Hollywood dorado, el hombre que fue capaz de ganarse con su carisma y sus películas el corazón de todo un pueblo sumido por aquel entonces en una profunda crisis económica y emocional. En una época en la que America necesitaba soñar Capra le brindo como nadie la oportunidad de hacerlo. ¿ Y qué hay de malo en hacernos soñar promoviendo además valores como la bondad, la solidaridad o el altruismo? Con la que está cayendo, quizá sean estos unos tiempos idóneos para reivindicar una obra como la de Frank Capra. Pero, eso es otro tema, creo que me estoy desviando del asunto que me trajo hasta aquí, vamos a lo nuestro.
Como empecé diciendo, en Arsénico por compasión, Capra se aleja del tono didáctico y moralizante de la generalidad de sus comedias. Aquí no hay casi rastro del famoso toque Capra que tanto irrita a algunos y muy poco del sentimentalismo que preside alguna de sus obras más emblemáticas. Sin renunciar al tono amable y familiar, el siciliano apuesta en esta ocasión por una comedia loca, surrealista incluso, negra, negrísima a veces y sobre todo tremendamente divertida. El film toma como base una pieza teatral de Joseph Kesserling que triunfó en las carteleras de Broadway a principios de la década de los cuarenta. Dicen que a la mañana siguiente de acudir a ver la representación en un teatro neoyorkino Capra se lanzó al teléfono para iniciar los trámites para la adquisición de los derechos cinematográficos de la obra. La adaptación a la gran pantalla quedó en manos de los gemelos Julius y Philip G. Epstein quienes un año más tarde tendrán el honor de rubricar el guión de la mítica Casablanca.
Setenta años despues de su estreno, Arsénico por compasión sigue conservando la frescura del primer día y manteniéndose como uno de los grandes clásicos de la comedia de todos los tiempos. Sin ser tal vez una comedia redonda, es una comedia que lo tiene todo; una ingeniosa trama, unos diálogos brillantes, una desternillante sucesión de gags, unos personajes entrañables, un ritmo endiablado, ¿qué más nos queda por pedir? Quiza que el reparto esté encabezado por ese monstruo de la interpretación llamado Cary Grant. Que Grant se movía especialmente como pez en el agua en los terrenos de la comedia era algo que ya sabíamos después de verle en cimas del género como Luna nueva o La fiera de mi niña. Esta vez, el actor tuvo que renunciar a sus habituales métodos de trabajo por exigencias del guión pues Capra quería que la suya fuese una sobreactuación a conciencia. Muy a su pesar- más tarde confesaría que no se sintió especialmente cómodo en el papel- Grant se vio obligado a dar rienda suelta a su vena más histriónica y payasa; a muchos les parecerá sin duda exagerado e irritante el repertorio de muecas y gestos que exhibe el actor durante todo el film, pero tal vez ignoren que éste se limitó a obedecer instrucciones. En cualquier caso, siempre es una gozada ver (sobre) actuar a un tipo como Cary Grant. Aquí le vemos dando vida a Mortimer Brewster, un crítico teatral de Nueva York, autor de best sellers como La Biblia del soltero que se ha pasado media vida despotricando en contra de la institución del matrimonio. Curiosamente la primera vez que en la película nos topamos con él lo hallamos en la cola de los juzgados de la ciudad la víspera de Halloween dispuesto a recoger su licencia matrimonial tras haber contraido nupcias con la bella Elaine, la mujer que ha obrado el milagro de robar su corazón. Acto seguido los recién casados se dirigen hacia la casa de las tías del novio para comunicarles la buena nueva. Tía Abby y tía Martha son dos venerables ancianitas que conviven con su hermano Teddy, un perturbado mental que se cree la reencarnación del presidente Roosvelt,y que ocultan en el sótano de su vivienda un terrible y macabro secreto, …bueno, quién dice uno dice trece. A pesar de no haberse sido invitados, acaban sumándose a la fiesta el hermano de Mortimer, un sanguinario asesino que acaba de salir de la cárcel y que presenta un parecido más que razonable con Boris Karloff, un doctor tímido y pusilánime con un parecido más que razonable a Peter Lorre, el director de un sanatorio mental y hasta la policía del barrio.
Toda esta disparatada trama tiene lugar en el apacible hogar de tía Abby y tía Martha que por cierto se sitúa en mitad de un cementerio presbiteriano fundado en el siglo XVII. Capra no renuncia en ningún momento a los orígenes teatrales del texto respetando tanto la unidad de lugar como la de tiempo. Además gran parte de los secundarios que intervienen en el film repiten los papeles que ya interpretraron sobre las tablas de Broadway. Al director le quedó la espinita de no poder contar con Boris Karloff que en la obra teatral daba vida al hermano del protagonista, ese que tanto se parecía a Boris Karloff. A cambio tuvo el placer de tener a sus órdenes al impagable Peter Lorre que aquí no silba pero casi y es de los pocos que al final se va de rositas. Que al final, quien más quien menos se queda atrapado en esta jaula de grillos y acaba creyéndose una cafetera. Por cierto, que yo ya me voy, que me reclaman para cavar una nueva exclusa para el canal de Panamá.

Caaaaaargueeeeen.

jueves, 23 de abril de 2009

SILENCIO SE... GRABA (Semana del 24 al 30 de abril de 2009)

Antes de presentar la tabla de películas recomendadas para la semana entrante un par de precisiones: no hemos podido informar convenientemente de las películas del ciclo de Pedro Almodóvar, en Castilla-La Mancha TV, debido a que la cadena de televisión no las anuncia con la suficiente antelación (los jueves aún no sabemos la película que van a emitir el martes siguiente), por tanto los interesados tendrán que estar atentos a la programación del canal. Y el segundo aviso: el jueves que viene volveremos a saltarnos la sección por motivos festivos. Sin más noticias pasamos a presentar las cintas más interesantes que nos ofrece el panorama televisivo. Entre ellas destacamos tres cintas de nuestro género favorito, el cine negro: Los Sobornados, El Cartero siempre llama dos veces y El extraño; y un par de filmes del maestro del suspense, además de la obra maestra de Ridley Scott y de algunos largometrajes destacables de nuestro cine contemporáneo.

Pinchar en la tabla para verla mejor (las películas en rojo no son necesariamente las mejores, son las que se comentan más abajo)

Comentarios de algunas de las cintas recomendadas:

Blanco Humano (Hard Target de John Woo, 1993). Jean-Claude Van Damme, Lance Henriksen. (TVE 1, viernes 24 a las 23:00)

Película de acción que significa el debut en Estados Unidos del realizador nacido en Hong Kong, John Woo; todo un especialista en este tipo de filmes. El interés de la cinta radica en que es un remake de El Malvado Zaroff (The Most Dangerous Game, 1932, de Ernst Schoedsack, uno de los creadores de King Kong) pero situado en la época actual. El resultado es bastante mejor que las habituales películas de Van Damme, debido a la trama basada en las cacerías humanas al igual que la cinta original; aunque se echa de menos la estética gótica de la película de la Universal, y a Joel Mccrea, y a Fay Wray y...



Charada (Charade de Stanley Donen, 1963). Cary Grant, Audrey Hepburn. (TPA, domingo 26 a las 00:30)

Con unos créditos fantásticos y una música de Henry Mancini inolvidable, comienza esta película, una de las mejores no musicales de Donen. El guión es exquisito; y el guiño continuo a Hitchcock evidente. Stanley Donen le da la vuelta al personaje de Cary Grant en Con la muerte en los talones (North by Northwest de Alfred Hitchcock, 1956) y sitúa a Audrey Hepburn en la mira de los “malos” (Matthau, Coburn, Kennedy, impresionante elenco de secundarios) y en la simpatía y admiración del espectador, que se enamora de ella si no lo estaba ya antes. El director repetirá proyecto años más tarde con otra película parecida, pero sensiblemente inferior: Arabesco (Arabesque, 1966).



El Ídolo Caído (The Fallen Idol de Carol Reed, 1948). Ralph Richardson, Michele Morgan, Bobby Henrey. (Canal 300, domingo 26 a las 03:55 y lunes 27 a las 05:25)

Segunda película de la importantísima trilogía de Carol Reed, uno de los mejores directores británicos de todos los tiempos. Tras Larga es la Noche (Odd Man Out, 1947), y como precedente de El Tercer Hombre (The Third Man, 1949), se sitúa este policíaco personal donde el hijo de un embajador en Londres cree haber sido testigo de un asesinato a cargo del hombre que más admira.

Escrito por Graham Green (que luego seguirá colaborando con Reed en la última película de la serie), el relato es todo un ejemplo de suspense mantenido y de virtuosismo técnico a cargo del director. Ambos, Reed y Green, fueron nominados con toda justicia para el oscar por sus respectivos trabajos.

El realizador demuestra (ya lo hizo antes con Larga es la noche) que los planos tenebrosos y barrocos de El Tercer Hombre no tienen porqué ser responsabilidad de Orson Welles, como tanto se ha dicho. En efecto, en The Fallen Idol, la cámara de Carol Reed cobra vida propia. Sigue a los personajes desde todos los ángulos posibles -y los imposibles- y contribuye a que el realizador se doctore en una especialidad: El Punto de Vista. Todo aquel que quiera dedicarse al cine debería revisar esta cinta para aprender como tratar un guión y manejar un objetivo, sin perder la referencia del sujeto principal; en este caso un niño. El genial director declara su intención desde el principio; justo después de los créditos nos ofrece un encuadre con un primer plano donde resalta la mirada del protagonista a través de los barrotes de una barandilla. Con este arranque además introduce a otro personaje: la escalera principal de la Embajada, una de las protagonistas de este excelente filme.

A la habilidad con la cámara, y a la magnífica interpretación del libro técnico, hay que añadir en el haber de Reed su trabajo con los actores. El realizador extrae lo mejor de Ralph Richardson para ofrecer al público un personaje inolvidable: el mayordomo de la Embajada. Sin embargo, no lo tuvo tan fácil con el protagonista. Y es que el pequeño Bobby Henrey era un niño muy difícil de manejar en el plató. El cineasta tuvo que recurrir a infinidad de trucos para que el joven actor dejara de fijarse en los técnicos del equipo de rodaje. Con paciencia –y con el trabajo posterior en la sala de montaje- se logró finalmente lo deseado: una brillante película, que vista hoy en día, conserva toda la fuerza visual que le otorga la innovadora forma de narrar de Sir Carol Reed.

jueves, 19 de febrero de 2009

SILENCIO SE... GRABA (Semana del 20 al 26 de febrero de 2009)

Con los premios de la Academia Hollywoodense a las puertas, la semana entrante nos ofrece algunas cintas merecedoras de estos galardones, acompañando a otras que los han ganado o han sido nominadas. Son películas tan buenas como El Padrino III, Testigo de Cargo, El Tercer Hombre, Tú y Yo o El Apartamento, entre muchas otras. Tampoco faltan largometrajes contemporáneos interesantes como el filme de Tony Gilroy, la fábula de Tim Burton o el biopic de James Mangold. Saludos a todos y que los dvd vayan calentando motores.


Pinchar en la tabla para verla mejor (las películas en rojo no son necesariamente las mejores, son las que se comentan más abajo)


Comentarios de algunas de las cintas recomendadas:

Gunga Din (George Stevens, 1939). Cary Grant, Victor McLaglen. (Castilla-La Mancha TV 2, viernes 20 a las 00:30)

La cinta está basada en un poema de Ruyard Kipling sobre la historia de un héroe hindú del ejército británico, que era un simple aguador, pero deseaba ser un soldado. Sin embargo, dicho argumento queda en un segundo plano, por detrás de la historia de tres sargentos y sus aventuras en la India. Pensada en un principio para que la dirigiera Howard Hawks, finalmente la realizó George Stevens con indudable maestría, como se demuestra en el montaje que él mismo hizo de las escenas de acción. El resultado es claro: una de las mejores películas de aventuras del Hollywood dorado.

Sin embargo, el director, recordando su participación en algunas de las cintas de “El Gordo y el Flaco”, no se resistió a incluir escenas cómicas. Hay tantas situaciones divertidas, y son tan buenos los gags, que el filme casi puede considerarse una comedia, con Cary Grant como humorista aventajado. La fordiana secuencia de la fiesta, con el ponche como protagonista, y la de la curación del elefante, son memorables. Pero también lo es el clímax final, con la batalla filmada en Lone Pine, en el desierto de California.

El largometraje ha servido de referencia a cineastas tan importantes como Steven Spielberg, que se dejó influenciar para llevar a cabo su exitosa serie de Indiana Jones; a Blake Edwards, en el arranque de El Guateque (The Party, 1968); o a John Huston en la obra maestra El Hombre que pudo Reinar (The Man who would be King, 1975).




La Pantera Rosa (The Pink Panther de Blake Edwards, 1963). Peter Sellers, David Niven. (CARTV y TV3, sábado 21 a las 01:00 y domingo 22 a las 18:25, respectivamente)

Primera entrega de la famosa serie del torpe Inspector Clouseau (Peter Sellers). Debe su fama tanto al protagonista de la película como a los dibujos animados de los créditos, obra de Fritz Freeleng, y a la música de Henry Mancini. No es lo mejor de Blake Edwards, pero se convierte en un éxito en todo el mundo. Quizás la segunda parte, El nuevo caso del Inspector Clouseau (A shot in the dark, 1964), y la quinta, La Pantera Rosa ataca de nuevo (The Pink Panther strikes again, 1976), sean mejores que ésta. A pesar de no haber envejecido bien tiene algunos gags muy buenos, como el de la habitación del hotel o la escena final, y, sobre todo, un gran reparto.



El Último Caballo (Edgar Neville, 1950). Fernando Fernán-Gómez, Conchita Montes, José Luís Ozores. (Castilla-La Mancha TV 2, domingo 22 a las 00:30)

Una de las primeras aproximaciones del cine español al Neorrealismo. Y no podía ser otro que Edgar Neville, un director muy apreciado hoy en día, que ya llevaba a sus espaldas obras tan personales como La Torre de los siete jorobados o El crimen de la calle de Bordadores.

El director madrileño aborda una comedia costumbrista, con interesantes aportaciones realistas, que se agradecen al separase -no mucho- de los clásicos proyectos cinematográficos del régimen franquista. Su guión narra las desventuras de un soldado (Fernando Fernán-Gómez), recién licenciado, que no quiere abandonar a su caballo; de hacerlo lo que le espera al animal es morir destripado en cualquier corrida de toros. Por salvarlo tiene que enfrentarse a su novia; recurrir a la portería, como cuadra de emergencia; o dejárselo a su compañero de mili (José Luís Ozores, qué gran actor), un bombero cuya mayor ilusión es tener un piano de cola.

La película gana muchos enteros por su carácter documental. Los paseos a caballo, con Fernán-Gómez de chaqueta y corbata y sombrero de ala ancha, como un Buster Keaton moderno, ajeno al asombro que despierta a su paso, son una entrañable excusa para recorrer las calles del Madrid de final de los años cuarenta.

Toda la cinta se convierte en una reivindicación ecologista, cuando los protagonistas (el dúo de compañeros más Conchita Montes, la actriz fetiche de Neville, que esta vez encarna a una simpática florista) reniegan del mundo moderno; ese que ha motorizado el regimiento, motivo por el que los caballos ya no tienen cabida en él; o el que ha transformado la ciudad en un lugar hostil para los nobles animales que antaño circulaban por sus calles.

La protesta de los personajes se extiende y alcanza su propia existencia. Y es que el verdadero mérito de Neville reside en denunciar ciertos comportamientos sociales y más de una miseria, todos presentes en la España de la posguerra. Así, la vida en la oficina, o en el parque de bomberos, no es más que una prolongación de la rigidez del cuartel; la eterna novia -y la suegra- no pueden ser más materialistas; y hasta las medicinas que necesitan para salvar al caballo las tienen que buscar de estraperlo.

Por último, el rechazo a las corridas de toros es total: el realizador aprovecha la tensión dramática de la trama para presentar unos planos generales donde los astados embisten contra los indefensos caballos. Lo que consigue es una prueba contundente de lo salvaje que realmente es la llamada "Fiesta Nacional".


lunes, 27 de octubre de 2008

RÍO ROJO (Red River de Howard Hawks, 1948)

¿Qué tienen en común los geniales western Winchester 73, Horizontes lejanos, o La pradera sin ley? ¿Y las excelentes aventuras El mundo en sus manos y Su majestad de los mares del Sur? ¿Qué es lo que une estas películas tan dispares de Anthony Mann, Raoul Walsh o King Vidor? La respuesta es sencilla: todas tienen como guionista a Borden Chase, uno de los mejores escritores que ha dado Hollywood. Para recordar su paso por el cine, hoy vamos a comentar el filme que le consagró: Río Rojo.


Red River es una historia de itinerario y aprendizaje, con dos personajes principales: Tom Dunson, encarnado por John Wayne, papel que le convirtió en estrella (“ese hijo de puta sabe actuar” dijo John Ford al ver esta cinta), y su hijo adoptivo, Matt (Montgomery Clift, debutando). Juntos emprenden un largo viaje con miles de cabezas de ganado; a lo largo de esta trayectoria el carácter de Tom se va agriando y el enfrentamiento entre ambos parece inevitable.

Aunque el proyecto inicial se presentaba de muy buen cariz –entre otras cosas la historia original también era de Chase (The Chisholm Trail, publicada en el Saturday Evening Post)- lo cierto es que sacar adelante la película no fue tarea fácil. No sólo por el rodaje en exteriores que tanto temían los productores; ni por el carácter antagónico de los actores -Wayne y Clift acordaron no hablar de política durante el rodaje para suavizar el ambiente-; ni siquiera la casi extinción de las famosas reses de “cuerno largo”, protagonistas del filme, fue un impedimento insalvable, ya que mezclaron –y colocaron estratégicamente- las pocas docenas que quedaban con vacas de otra raza, de tal forma que el resultado final fuera el deseado.

Lo peor fue el enfrentamiento entre Borden Chase y el director-productor Howard Hawks: Chase quería un final diferente para la historia y más protagonismo para el personaje del pistolero encarnado por John Ireland; aquel que pronunciara una de las frases más celebres de la historia del cine, cuando compara su revolver con el de Matt: “Sólo hay dos cosas más bonitas que un arma: un reloj suizo y una mujer. ¿Ha tenido alguna vez un reloj suizo?”.

Pero Hawks era mucho Hawks. El gran cineasta participaba tanto o más en los guiones que los propios escritores hasta conseguir hacer suya la historia. La contaba resaltando sus temas preferidos gracias a un tratamiento peculiar de los personajes; “sus” personajes. Las discrepancias fueron tantas y tan importantes que Borden Chase figura en los créditos de Río Rojo gracias a la intercesión del sindicato de guionistas.

La complejidad de su realización se vio recompensada por el resultado final: Río Rojo, actualmente, es considerada de forma unánime como una de las obras maestras de Howard Hawks. Lo es gracias a la aparición de muchos de los elementos que definen su cine: los imperceptibles movimientos de cámara, sólo manifiestos cuando la situación lo requiere, lo que les proporciona mayor expresividad; el retrato de hombres con un objetivo común y enfrentados a las mismas dudas y peligros; su forma de presentarlos en pantalla: de día, con rodajes de exteriores luminosos, propios del mejor documental; de noche, en decorados donde se confiesan unos con otros.


Entre ellos el duro protagonista (Wayne), el héroe hawksiano por excelencia. Egocéntrico, sólo preocupado por su ganado, evitando comprometerse emocionalmente y huyendo de las muestras explícitas de afecto; parece que estamos retratando a Bogart en Tener y no tener (To have and have not, 1944) o a Cary Grant en Sólo los ángeles tienen alas (Only angels have wings, 1939). Sólo la intervención de una mujer consigue cambiarle el carácter. Aquí es Joanne Dru la que suaviza a Dunson, como Lauren Bacall o Jean Arthur hicieran en las películas citadas anteriormente.

Pero lo que realmente da un giro a la historia -lo que sin duda se tuvo en cuenta para nominar el guión a los oscar de Hollywood-es la subtrama amorosa insertada habilmente en la acción principal. Es una parte importante del guión que sale a relucir cuando Borden Chase acude a la presencia recurrente de un brazalete. El preciado objeto cambia continuamente de manos, siempre con el mismo motivo: como recuerdo de un amor que finalmente no pudo ser. Dicen que ese es el amor más puro; eso es lo que parece que Borden Chase opinaba. Puede que tuviera razón.

Ver Ficha de Río Rojo.





miércoles, 2 de abril de 2008

EL DORADO (Howard Hawks, 1966)

El Dorado es un remake de Río Bravo (1959) y un anticipo de Río Lobo (1970), todas de Howard Hawks, uno de los grandes. Con esta trilogía el genial director quiso ofrecer una alternativa a Solo ante el peligro (High Noon de Fred Zinnemann, 1952). Y lo consiguió: el sheriff sólo necesita de sus colaboradores (un borracho, un anciano y un muchacho imberbe) para solucionar sus problemas, dejando al margen al pueblo que para eso lo eligió. Sin menospreciar la trama, lo que más me interesa a la hora de comentar una obra de autor -y ésta lo es, digan lo que digan- es descubrir los elementos, en este caso hawksianos, que la configuran. Veamos algunos de ellos:


Como ocurría en Río Rojo (Red River, 1948), aquí también nos encontramos con un grupo de amigos unidos frente al peligro. La amistad en letras mayúsculas es uno de los grandes temas que Howard Hawks analizó a lo largo de su carrera, pero a diferencia de lo que sucedía en Río Rojo y Río de Sangre (The Big Sky, 1952), en El Dorado los personajes se mueven en un entorno cerrado, la película es más claustrofóbica y no existen esos rodajes de exteriores que dan un aire más épico a las anteriores producciones. Sólo su “mano invisible” (como la del mercado, que decía Adam Smith) a la hora de rodar permanece como denominador común de estas tres grandes cintas. Y es que la cámara, en los filmes de Hawks, prácticamente no se nota. Él no quería por nada del mundo que extraños movimientos del operador -la mayoría para lucimiento del director de fotografía o del propio realizador- estropeasen o desviasen la atención del espectador. Así no es de extrañar la profusión de planos generales, planos fijos a la altura de los ojos o planos americanos con ligeros movimientos sólo usados para encuadrar a los actores. De esta forma cuando Hawks usaba un travelling o una panorámica resaltaba la acción mucho más que cualquier otro director con la misma técnica.

Pero donde podemos encontrar al verdadero Howard Hawks es “buceando” en los protagonistas. En El Dorado, como en el resto de películas de Hawks, los actores se encuentran muy identificados con los personajes. Es lo que buscaba el realizador a la hora de hacer un casting, y a la hora de escribir un guión. Supeditaba la parte escrita al actor en cuestión y no dudaba en variarla o en improvisar si con ello lograba esa perfecta unión personaje-actor. Así Robert Mitchum logra hacer uno de los mejores papeles de su vida al interpretar a un complejo personaje hundido en el alcohol. Este actor da aquí muestras de hasta donde puede llegar una estrella de cine si se encuentra bien dirigida.


John Wayne, con el que trabajaría en cinco ocasiones, interpreta al héroe hawksiano por excelencia, el líder que no duda en ayudar a su amigo evitando muestras explicitas de ese apoyo (como hiciera Cary Grant en Sólo los Ángeles tienen alas o el propio Wayne en Río Bravo y otras).

Mississippi (James Caan), el joven aprendiz, es otro clásico en la temática de Hawks (Matt al principio de Río Rojo, Ricky Nelson en Río Bravo o Chips en Hatari! son varios ejemplos).

Con El Dorado el espectador puede presenciar un western distinto; el cinéfilo puede dedicarse a disfrutar de la interpretación de los personajes sin distraerse con los movimientos de cámara; y el aficionado, en general, seguro que va a pasar un rato entretenido junto a una película narrada al estilo clásico, lejos de las innovaciones que se imponían en el mundo del cine en los años sesenta.

Ver Ficha de El Dorado

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