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jueves, 7 de mayo de 2009

SILENCIO SE... GRABA (Semana del 8 al 14 de mayo de 2009)

Volvemos con renovadas fuerzas, después de los “fatigosos” días festivos, para presentar una tabla repleta de buenas películas (algunas obras maestras como Cautivos del mal o 2001: Una odisea del espacio), y especialmente motivados para comentar dos cintas de John Ford.

Pinchar en la tabla para verla mejor (las películas en rojo no son necesariamente las mejores, son las que se comentan más abajo)


Comentarios de algunas de las cintas recomendadas:

Pan, Amor y Fantasía (Pane, Amore e Fantasia de Luigi Comencini, 1954). Vittorio de Sica, Gina Lollobrigida (Castilla-La Mancha TV 2, domingo 10 a las 00:15)

Título fundamental de la llamada comedia “a la italiana”. La película gozó, en su día, de un éxito sin precedentes en el género y, a pesar de su carácter costumbrista, aún puede verse con agrado. Y es que son muchos los atractivos que tiene esta cinta de Luigi Comencini. De entrada, supuso el inicio de lo que se dio en llamar el "Neorrealismo Rosado"… leer más.



El Juez Priest (Judge Priest de John Ford, 1934). Will Rogers, Tom Brown, Anita Louise. (Canal 300; domingo 10, a las 05:40; lunes 11, a las 02:55)

Ford muestra su maestría cuando consigue reflejar –de forma muy personal- los aspectos costumbristas de los estados del Sur de principios de siglo. Lo hace apoyándose en el guión de su colaborador habitual, Dudley Nichols, para narrar como el juez de una ciudad sureña, saltándose tantas normas judiciales como puede, es el único que defiende a un hombre acusado de intentar asesinar a otro.

Esa trama central es la excusa que necesita Ford para exponer el peculiar modo de vida de un personaje y, con ello, representar los valores tradicionales americanos. Claro que Ford hace “trampa”: coloca a Will Rogers como protagonista, sabiendo que el actor era muy querido por el gran público en la época del estreno de la cinta. Es, realmente, la segunda colaboración de Will Rogers con John Ford, y probablemente la mejor de las tres películas que rodaron juntos (las otras dos fueron Doctor Bull, 1933 y Steamboat Round The Bend, 1935, también muy interesantes). La experiencia fue tan buena para ambos que se nota en el resultado final del filme. Gran parte del mérito le corresponde al actor, que consigue dotar a su personaje de una naturalidad extrema gracias a su excelente trabajo de improvisación.

Hay escenas que demuestran el buen humor de Ford, como todas las referentes al juicio surrealista del último tercio de la película: las del miembro del jurado borrachín que trata de interrumpir al fiscal escupiendo continuamente; o el jurado en pleno, veteranos sudistas de la guerra de secesión, que se abstraen totalmente del contenido del sumario y deciden sólo por lo que les dicta el corazón.

Por último señalar el cariño que John Ford le tenía a la historia, la prueba está en que no se resistió a realizar un remake (The Sun Shines Bright, 1953), tan notable como el original y, según las propias palabras de Ford, su película preferida.



El Fugitivo (The Fugitive de John Ford, 1947). Henry Fonda, Dolores del Río, Ward Bond. (Castilla-La Mancha TV 2, lunes 11 a las 00:30)

Basada en la novela "El poder y la gloria" de Graham Greene, y con guión, una vez más, del prestigioso Dudley Nichols, El fugitivo narra el viaje del único (y último) sacerdote de un país sudamericano en plena revolución. El religioso, interpretado por un sobrio Henry Fonda, escapa de la policía que quiere ajusticiarlo y se refugia en un pequeño poblado donde una mujer, madre soltera (Dolores del Río), se decide a ocultarlo. En su camino se cruza con todo tipo de personajes, desde un embaucador cazarrecompensas hasta un asesino (Ward Bond), al que ayudará posteriormente.

Rodada dentro del estilo expresionista, tal como hiciera con El Delator (The Informer, 1935) y con Hombres intrepidos (The Long Voyage Home, 1940), John Ford se apoya en un especialista para el manejo de la luz (Gabriel Figueroa) y se deja influenciar por otro maestro, Eisenstein, no sólo por rodar en México sino por utilizar alguno de los elementos del montaje que hicieron famosos al director ruso. Hay que decir que Gabriel Figueroa se sitúa a la altura del genial director al realizar todo un tour de force fotográfico. Hay escenas como la del bautizo o la que cierra la película que, aunque son demasiado estilizadas, resultan impresionantes vistas hoy en día.

La cinta se aleja algo del texto de Greene por lo espinoso que resultaba, en aquellos días, presentar la convivencia de un sacerdote con una mujer. Además contaba con un serio agravante que tenía nombre y apellidos: Dolores del Río. Una escena, la del baile encima de la barra de un bar, con los pies desnudos, ya era suficiente para provocar la excitación de todos los que asistían al espectáculo; entre ellos Pedro Armendáriz, estrella mejicana de la época. Ambos intérpretes eran los actores fetiches de otro genio del cine: Indio Fernández, al que utiliza Ford como asesor durante el rodaje y, prácticamente, codirige la película con él.



La ley del Deseo (Pedro Almodóvar, 1987). Eusebio Poncela, Carmen Maura, Antonio Banderas. (Castilla-La Mancha TV, miércoles 13 a las 00:00)

Primer largometraje de Almodóvar para su productora y la de su hermano Agustín, El Deseo S.A. Se trata de una de sus mejores cintas, pero adolece de falta de estructura narrativa y le sobra toda la investigación y actuación policial del último tercio de la película. Tiene escenas tan brillantes como la secuencia de la ducha nocturna en la calle, un buen ejemplo de la plástica que a veces muestra el cine de Almodóvar; o el montaje teatral de la obra de Jean Cocteau, "La voz humana". El final vuelve a confirmar lo dicho, que Almodóvar es un gran realizador de escenas aisladas: La espera en la calle a que se solucione el conflicto entre los personajes principales, la resuelve el director manchego con una excelente panorámica, donde las luces azules de los coches patrulla iluminan parcialmente a todos los que participan en el drama.

jueves, 23 de abril de 2009

SILENCIO SE... GRABA (Semana del 24 al 30 de abril de 2009)

Antes de presentar la tabla de películas recomendadas para la semana entrante un par de precisiones: no hemos podido informar convenientemente de las películas del ciclo de Pedro Almodóvar, en Castilla-La Mancha TV, debido a que la cadena de televisión no las anuncia con la suficiente antelación (los jueves aún no sabemos la película que van a emitir el martes siguiente), por tanto los interesados tendrán que estar atentos a la programación del canal. Y el segundo aviso: el jueves que viene volveremos a saltarnos la sección por motivos festivos. Sin más noticias pasamos a presentar las cintas más interesantes que nos ofrece el panorama televisivo. Entre ellas destacamos tres cintas de nuestro género favorito, el cine negro: Los Sobornados, El Cartero siempre llama dos veces y El extraño; y un par de filmes del maestro del suspense, además de la obra maestra de Ridley Scott y de algunos largometrajes destacables de nuestro cine contemporáneo.

Pinchar en la tabla para verla mejor (las películas en rojo no son necesariamente las mejores, son las que se comentan más abajo)

Comentarios de algunas de las cintas recomendadas:

Blanco Humano (Hard Target de John Woo, 1993). Jean-Claude Van Damme, Lance Henriksen. (TVE 1, viernes 24 a las 23:00)

Película de acción que significa el debut en Estados Unidos del realizador nacido en Hong Kong, John Woo; todo un especialista en este tipo de filmes. El interés de la cinta radica en que es un remake de El Malvado Zaroff (The Most Dangerous Game, 1932, de Ernst Schoedsack, uno de los creadores de King Kong) pero situado en la época actual. El resultado es bastante mejor que las habituales películas de Van Damme, debido a la trama basada en las cacerías humanas al igual que la cinta original; aunque se echa de menos la estética gótica de la película de la Universal, y a Joel Mccrea, y a Fay Wray y...



Charada (Charade de Stanley Donen, 1963). Cary Grant, Audrey Hepburn. (TPA, domingo 26 a las 00:30)

Con unos créditos fantásticos y una música de Henry Mancini inolvidable, comienza esta película, una de las mejores no musicales de Donen. El guión es exquisito; y el guiño continuo a Hitchcock evidente. Stanley Donen le da la vuelta al personaje de Cary Grant en Con la muerte en los talones (North by Northwest de Alfred Hitchcock, 1956) y sitúa a Audrey Hepburn en la mira de los “malos” (Matthau, Coburn, Kennedy, impresionante elenco de secundarios) y en la simpatía y admiración del espectador, que se enamora de ella si no lo estaba ya antes. El director repetirá proyecto años más tarde con otra película parecida, pero sensiblemente inferior: Arabesco (Arabesque, 1966).



El Ídolo Caído (The Fallen Idol de Carol Reed, 1948). Ralph Richardson, Michele Morgan, Bobby Henrey. (Canal 300, domingo 26 a las 03:55 y lunes 27 a las 05:25)

Segunda película de la importantísima trilogía de Carol Reed, uno de los mejores directores británicos de todos los tiempos. Tras Larga es la Noche (Odd Man Out, 1947), y como precedente de El Tercer Hombre (The Third Man, 1949), se sitúa este policíaco personal donde el hijo de un embajador en Londres cree haber sido testigo de un asesinato a cargo del hombre que más admira.

Escrito por Graham Green (que luego seguirá colaborando con Reed en la última película de la serie), el relato es todo un ejemplo de suspense mantenido y de virtuosismo técnico a cargo del director. Ambos, Reed y Green, fueron nominados con toda justicia para el oscar por sus respectivos trabajos.

El realizador demuestra (ya lo hizo antes con Larga es la noche) que los planos tenebrosos y barrocos de El Tercer Hombre no tienen porqué ser responsabilidad de Orson Welles, como tanto se ha dicho. En efecto, en The Fallen Idol, la cámara de Carol Reed cobra vida propia. Sigue a los personajes desde todos los ángulos posibles -y los imposibles- y contribuye a que el realizador se doctore en una especialidad: El Punto de Vista. Todo aquel que quiera dedicarse al cine debería revisar esta cinta para aprender como tratar un guión y manejar un objetivo, sin perder la referencia del sujeto principal; en este caso un niño. El genial director declara su intención desde el principio; justo después de los créditos nos ofrece un encuadre con un primer plano donde resalta la mirada del protagonista a través de los barrotes de una barandilla. Con este arranque además introduce a otro personaje: la escalera principal de la Embajada, una de las protagonistas de este excelente filme.

A la habilidad con la cámara, y a la magnífica interpretación del libro técnico, hay que añadir en el haber de Reed su trabajo con los actores. El realizador extrae lo mejor de Ralph Richardson para ofrecer al público un personaje inolvidable: el mayordomo de la Embajada. Sin embargo, no lo tuvo tan fácil con el protagonista. Y es que el pequeño Bobby Henrey era un niño muy difícil de manejar en el plató. El cineasta tuvo que recurrir a infinidad de trucos para que el joven actor dejara de fijarse en los técnicos del equipo de rodaje. Con paciencia –y con el trabajo posterior en la sala de montaje- se logró finalmente lo deseado: una brillante película, que vista hoy en día, conserva toda la fuerza visual que le otorga la innovadora forma de narrar de Sir Carol Reed.

jueves, 17 de abril de 2008

EL TERCER HOMBRE (The Third Man de Carol Reed, 1949)

Viena, años de posguerra, un hombre acaba de morir atropellado por un camión. Su amigo intimo cree que ha sido asesinado y se dispone a demostrarlo. Graham Greene resuelve esta historia para David O. Selznick y los hermanos Korda, quienes encargan la dirección del proyecto a Carol Reed. ¿El resultado? Una obra maestra.



¿Por qué resulta tan difícil hablar de una película de estas dimensiones? Seguramente porque se han escrito ríos de tinta acerca del logrado ambiente de guerra fría; de la fotografía expresionista en blanco y negro, ganadora de un oscar; de la música envolvente de la cítara de Antón Karas; de la intervención en la realización del protagonista Orson Welles –lo que parece seguro es que escribió parte del guión-; o de la belleza de Alida Valli. Todo ello ha sido analizado por sesudos críticos y no voy a ser yo quien les lleve la contraria; pero sí me gustaría describir algunas de las sensaciones que me produce El Tercer hombre cada vez que la veo.

No conozco Viena. Nunca he estado allí, sin embargo estoy seguro de que me va a sorprender. Y es que la imagen que tengo de la ciudad austriaca es la de una capital semidestruida por las bombas; con calles empedradas, siempre a oscuras, brillando parcialmente a la luz de las farolas; deshabitada, sólo poblada por estatuas inertes que vigilan sus edificios y que se confunden con soldados rusos, ingleses, franceses, americanos, los que la ocupan después de la guerra.

No conozco a los vieneses. Pero siempre me los imagino amenazantes. El encuadre inclinado de Carol Reed hace que el poder de penetración de la imagen en nuestras retinas se amplifique. Las imposibles angulaciones de la cámara –¿influencia de Welles? Puede ser, aunque casi no existen planos secuencia- y el montaje eisensteiniano realzan más la sensación de intimidación. Hasta un niño jugando a la pelota provoca ansiedad, sobre todo si te señala con el dedo como autor de un espantoso crimen.

Los vieneses hablan alemán; yo no. Joseph Cotten tampoco, y acaba de llegar a ese extraño país donde no entiende nada ni a nadie. Donde se calumnia al amigo de toda la vida. A Harry Lime, que acaba de morir. Tres hombres se encargaron de llevar su cadáver, a dos se les conoce, pero ¿quién es el tercero? En Viena se trafica con todo. No sólo con artículos en el mercado negro, sino también con las personas. El precio de una traición puede ser un pasaporte que evite la deportación al otro lado del telón de acero.

Viena suena a música griega. Un soniquete inconfundible invade sus plazas. Un gato camina al son de la canción. Se para junto a un portal, donde su amo se esconde. Y juega con los cordones de sus zapatos. Mientras tanto el fantasma de Harry recorre la ciudad; y su sombra gigantesca lo invade todo, también las cloacas. Y la cítara no deja de tocar.

No conozco Viena, pero he visto dos manos aferrarse a sus calles. Dos manos que emergen de las alcantarillas. También he visto el otoño en sus cementerios. He visto uno de los mejores planos finales de la historia del cine: he visto pasar de largo a la mujer que por amor ha despreciado su propia seguridad. He visto El tercer hombre... Y la cítara no deja de tocar.


Ver Ficha de El Tercer Hombre

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