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lunes, 8 de noviembre de 2021

PARA CHIARA (A Chiara de Jonas Carpignano, 2021)

Con un arranque de película de género ⸺de gangsters, para ser más concretos⸺, al estilo de El padrino, pero con el realismo de la más reciente El traidor (Il traditore de Marco Bellocchio, 2019), comienza la película del director italiano-americano Jonas Carpignano, que compite por el Giraldillo de Oro aquí en el Festival de Cine Europeo de Sevilla.

 

Carpignano organiza una fiesta de cumpleaños de una familia de mafiosos para presentar a todos los componentes del clan, pero ya desde el principio su cámara se decanta por la adolescente Chiara (Swamy Rotolo), una niña de 15 años, la favorita del padre, el capo mafioso Claudio (Claudio Rotolo). A partir de un atentado al coche del progenitor, y de la posterior desaparición de este, Chiara comienza a darse cuenta de qué clase de familia tiene y de los negocios a los que se dedica.

A Chiara cierra la trilogía calabresa del director después de Mediterranea (2015) y A Ciambra (película que pudimos ver en el certamen sevillano de 2017, y que se llevó el premio al mejor actor), y lo hace con una historia rodada de la misma forma que su cinta anterior, con una cámara subjetivo-obsesiva con el personaje principal, que se introduce en la piel de la joven Chiara para que el espectador piense lo que ella piensa y sienta lo que ella siente, igual que lo hacía con Pío Amato, aquel magnífico pequeño actor de A Ciambra.

 

De nuevo Carpignano le saca todo el rendimiento posible a un elenco no profesional (la familia mafiosa Guerrasio es interpretada por la familia Rotolo, todos ellos estupendos, con la joven Swamy a la cabeza) en aras de un verismo que, no obstante, desaprovecha una trama que prometía más emociones por otra que, si bien favorece el realismo, se queda algo más plana.

Aproximación, pues, al mundo de la mafia desde el punto de vista de una adolescente que, a medida que su cuerpo y personalidad se van desarrollando, también ve cómo su mundo ideal se va transformando por otro totalmente diferente. Un filme con trazas coming-of-age, con aspiraciones de película de género, pero con resultado algo discutible.



miércoles, 8 de noviembre de 2017

A CIAMBRA; INSYRIATED (ALMA MATER)

De vuelta a la sección oficial y a la EFA (European Film Academy) ayer pudimos ver, en nuestra opinión, las dos mejores películas hasta la fecha proyectadas aquí en el festival de cine europeo de Sevilla.

A CIAMBRA (Jonas Carpignano, 2017)

Otra cinta en la que el director nos dio plantón a la hora de presentar la película, aunque le perdonamos pues se excusó desde Estados Unidos donde se encontraba promocionando su excelente película, y es que la cinta italiana se halla en muy buena posición para ganar el Óscar al mejor filme extranjero. Además tiene un padrino de altura: Martin Scorsese.


La historia de Pío, prácticamente un niño, un gitano rumano que vive en A Ciambra, en los suburbios de una ciudad de Calabria, es la de un joven delincuente ocasional que se fija en su hermano mayor a la hora de plantearse la vida. Cuando éste y su cuñado son encarcelados, Pío quiere ser el hombre de la casa y se decide a robar a mayor escala para sostener a la numerosa familia.

Entre la realidad y la ficción, como dijo la organización del festival a la hora de su presentación, discurre este magnífico testimonio de lo que ocurre en los abandonados barrios de la Italia pobre. Actores no profesionales que se interpretan a sí mismos ya no es novedad es las películas europeas contemporáneas, pero sí la sinceridad en lo que se cuenta gracias a una interpretación fuera de lo normal. Pío Amato parece un actor profesional cuando la cámara le acosa en todo momento, con un elevadísimo porcentaje de primeros planos, mientras él no se inmuta ante el objetivo, todo lo contrario, actúa de una forma tan real que consigue introducir al espectador en la acción.


Del aprendizaje del oficio de delincuente, del descubrimiento de la muerte, también de las tradiciones perdidas en la figura del abuelo (“nosotros contra el mundo”, le dice el anciano), del despertar del sexo, de la responsabilidad que acarrea una familia, de todo eso trata la película. También de la amistad en un mundo que parece pertenecer a un planeta diferente: Pío sólo confía en marginados como él, en subsaharianos que malviven en un campamento de refugiados y que curiosamente son los que le dan los mejores consejos, los que le invitan a dejar esa vida al margen de la ley.

La película mantiene el suspense por ver si Pío finalmente optará por reconducir su vida o seguirá el camino de su hermano y del resto de la comunidad. Pío se hará mayor en este peligroso recorrido; sólo resta saber qué significa y qué consecuencias acarrea “ser hombre” en un niño de A Ciambra.





ALMA MATER (Insyriated, Philippe Van Leeuw, 2017)

De una coproducción entre Francia, Bélgica y Líbano, con realizador belga al frente del proyecto, viene esta buena película acerca de un conflicto (la guerra en Siria) que se encuentra lejos de acabar.


En Damasco, en el único piso habitado de un bloque de apartamentos, sitiado por ambos bandos, vive parte de una familia aislada del exterior. Oum (la estupenda actriz de perfil heleno, Hiam Abbass, que recuerda mucho a Irene Papas) es la mujer que intenta resistir y mantener a salvo a su familia: al abuelo, a sus tres hijos, a la criada, a dos recién casados que han solicitado cobijo para proteger a su bebé y al novio de una de sus hijas, también atrapado entre esas paredes. Cuando el joven vecino, el flamante esposo, cae acribillado por los disparos de un francotirador, todo parece tambalearse.

“Un día cualquiera en Siria” podría titularse de forma irónica una película tan dura como esta. La cinta transcurre en un ámbito claustrofóbico, en 24 horas, en el mismo estado de tensión que las distintas versiones de El diario de Ana Frank. Y es que lo que sucede en el interior del piso de Insyriated podría ocurrir en cualquier casa de cualquier guerra de cualquier época. Porque cuando la luz, la televisión, los móviles e Internet no funcionan, el tiempo deja de ser una variable.

La verdadera tragedia de Insyriated es el sufrimiento de Oum. Perseguida en todo momento por la cámara de Van Leeuw, la mujer aguanta y se comporta de cara al exterior como una persona sin corazón, que tiene que tomar decisiones muy duras (en más de una ocasión tendrá que decidir quién vive o quién muere), todo con tal de salvaguardar a los suyos. Sólo en contadas ocasiones el director nos enseña lo que sucede en el interior de la desesperada protagonista. Porque Oum no deja de ser una ama de casa que se aferra a la rutina diaria, a dar órdenes a la criada, a limpiar sus muebles, preparar la comida, en definitiva intentar abstraerse de lo que sucede fuera para poder seguir adelante.





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