Si bien el personaje que encarna Lon Chaney no se encuentra tan definido como en cintas posteriores, en Fuera de la ley ya presenta el carácter torturado que puede desatar una violencia sin control como la de la secuencia final. La presencia del actor enmarca la trama: aparece en el arranque y en la conclusión, es decir en lo mejor de la cinta. Browning contiene la actuación de Chaney durante la mayor parte del metraje. Lo hace con toda la intención para jugar con el público que aguarda con expectación, que sabe que de un momento a otro va a pasar algo. Y es que a la tensión de la trama se le suma la que aporta el propio Chaney: el espectador se pregunta qué sorpresa final estará preparando el actor cuando éste aparece tras la puerta del piso de Molly y Bill. Browning lo sitúa entre los dos; ya sabemos que queda poco para que estalle la tormenta (2.9).
Es el “efecto Chaney”, el activo extra que sumaba el actor a cualquier película que tenía la suerte de contar con su participación. En este caso, la violencia interior de Blackie emerge por fin en la pelea que resuelve la trama; es cuando el rostro de Chaney acumula tal rabia que se transforma para entrar a formar parte de su particular galería de monstruos (2.10).
Y de nuevo llegamos
a los freaks de Browning casi siempre
presentes en su obra —y en su vida, como hemos visto—, con Chaney al frente de
todos ellos. Aquí tampoco faltan: así, tenemos a Humpy, el sicario de Blackie,
un enano que se cuela en todos los tugurios (2.11); a las chinas discípulas de
Chang Low, unas orientales también bajitas a las que el maestro alecciona con
proverbios de Confucio (2.13), y, por último, al niño que seduce a Molly y a
Bill. El pequeño no es ningún ser deforme, pero destaca tanto por su interpretación
que da la impresión de que una persona mayor se ha apoderado de su cuerpo
(2.12). Quizás por eso nos recuerda al diminuto Harry Earles, un actor por el
que Browning tenía cierta debilidad, especializado en personajes tan diabólicos
como Hans de La Parada de los Monstruos
o Tweedledee y Midget en las dos versiones de El Trío Fantástico. Unas caracterizaciones, estas últimas,
especialmente desagradables cuando Earles se disfrazaba de bebé para cometer
sus crímenes.
La dirección
de Browning, la participación estelar de Priscilla Dean y Lon Chaney, y una
historia de gánsteres en el barrio chino, con la ley seca recién estrenada,
eran ingredientes más que suficientes para que Fuera de la Ley se
promocionara como una “Universal Jewel”, una etiqueta que Carl Laemmle daba a
los productos de su estudio más prestigiosos o a los de mayor presupuesto. No
sólo el fundador de la Universal estaba
orgulloso de la cinta, Tod Browning también le tenía un cariño especial: “su
amor por la historia, escrita por el mismo, quedará patente en el hecho que no
vacilará en realizar un remake en
1930” (Aguilar 2011, p.654).
Continuará...


