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martes, 14 de octubre de 2014

CINE EN DVD: LA ISLA DE LAS ALMAS PERDIDAS (Island of Lost Souls de Erle C. Kenton, 1932)

El pasado 3 de octubre, la distribuidora Research Entertainment S.L. lanzó al mercado la edición simultánea en DVD y Blu-Ray de un clásico del cine de terror, La Isla de las Almas Perdidas.






















Se trata de la primera versión sonora —y la mejor de todas ellas, con diferencia— de la famosa novela de H.G. Wells, “La Isla del Doctor Moreau”. Adaptada por Waldemar Young y Philip Wylie, fue dirigida por el olvidado Erle C. Kenton, realizador que terminó por especializarse en el cine de terror antes de pasarse a la televisión. El largometraje, si bien, pertenece al subgénero denominado “animalismo” (como King Kong o Murders in the Zoo), tiene cierta similitud con otra obra maestra del cine fantástico: El Malvado Zaroff (The Most Dangerous Game de Irving Pichel y Ernest B. Schoedsack, 1932).

Island of Lost Souls se encuentra narrada desde el punto de vista de Edward Parker (Richard Arlen), un náufrago salvado in extremis por los marineros del mercante al mando del alcohólico Davies. El buque transporta animales salvajes con destino a una isla perdida en el océano. Cuando llegan al fondeadero, el capitán Davies abandona a Parker, junto a la singular carga, en un bote propiedad del Dr. Moreau (Charles Laughton). Mientras Parker espera un medio de transporte que le lleve de vuelta a su país, es testigo de los horrores de la isla: los nativos monstruosos, la críptica forma de proceder de Moreau, los horrorosos gritos que proceden de su laboratorio y la presencia de Lota (Kathleen Burke), una mujer que apenas sabe hablar y que muestra unos sospechosos rasgos felinos.



Aunque se basa en la citada novela de Wells, el filme es una adaptación personal que pone el acento en uno de los experimentos de Moreau: la creación de la mujer perfecta a partir de un animal. Moreau es un mad doctor —típico personaje del cine de terror, como Orlac o Frankestein— que juega a ser Dios y se encuentra obsesionado con su última creación, Lota, “La mujer Pantera”. Moreau aprovecha la presencia de Parker para intentar que surja una atracción sexual entre su invitado y Lota. Un romance imposible que logre redondear la última fase del proyecto, la de unir a la pareja para que tengan un hijo. Con lo que no cuenta el científico es con el instinto animal de Lota que aún persiste en el interior de la criatura.

Se puede entender el filme como un intento de la Paramount por hacerle competencia a la Universal y, de alguna forma, intentar repartirse el pastel del exitoso ciclo de terror —el mejor de la historia— en esos primeros años treinta. En efecto, la cinta de Kenton arranca como sus primas hermanas de la Universal: con una niebla premonitoria cuando recogen a Parker; con una amenaza latente (Parker en el camarote es atendido por Montgomery, el ayudante de Moreau, y se escuchan unos ladridos y rugidos que ponen la película en ambiente); con una fotografía tenebrista a cargo de Karl Struss, muy en la línea del otro Karl, Freund; y, sobre todo, con la presencia de Bela Lugosi, buque insignia del citado ciclo de la Universal, que encarna al inquietante “Predicador de la Ley”, uno más de los experimentos del Doctor Moreau.


Entre los actores, destaca Charles Laughton, casi debutando en Estados Unidos, y Kathleen Burke, la mujer pantera, que sigue la costumbre de esos años de dejar la identidad sin descubrir hasta los créditos finales; mientras, Bela Lugosi, sobreactuado como siempre, se esconde en un disfraz excesivo para gritar las leyes de Moreau. Una interpretación en la que la característica tendencia a la declamación del famoso Drácula no desentona demasiado dada la naturaleza del personaje.

Creo que los aficionados del género, y los cinéfilos en general, disfrutarán de esta joya de la Paramount en los albores del cine sonoro que, como poco, contiene uno de los mejores finales del cine de terror.



Ver Ficha de Island of Lost Souls.



jueves, 26 de junio de 2008

SILENCIO SE... GRABA (Semana del 27 de junio al 2 de julio del 2008)

Pinchar en la tabla para verla mejor


Busca tu refugio (Run for cover de Nicholas Ray, 1954) James Cagney, John Derek.

Aunque sensiblemente inferior a Johnny Guitar y a La verdadera historia de Jesse James, sus otros dos western, Busca tu refugio se trata de una interesante y personal película del autor de culto por excelencia Nicholas Ray. Es un largometraje de género de los llamados psicológicos y un western de aprendizaje, donde James Cagney es el rudo y curtido pistolero mientras que Derek (que ya trabajó con Ray en Llamad a cualquier puerta) es el joven que termina por enfrentarse a su maestro. La rebeldía de la juventud y la incomprensión por parte de los adultos son temas que interesaban y mucho al prestigioso director, tal como demostró a lo largo de su carrera en varias de sus mejores cintas.


King Kong (Ernest B. Schoedsack y Merian C. Cooper, 1933) Fay Wray, Bruce Cabot, Robert Armstrong.

Se cumple este año su 75 aniversario y sigue siendo la película mítica por antonomasia, aquella que ha pasado de generación en generación causando admiración. La idea original no proviene de la literatura como Drácula, Frankestein y otros mitos, sino de la propia industria del cine. El director y productor Merian C. Cooper y el prestigioso documentalista Ernest Schoedsack dieron vida al monstruo y salvaron a la RKO de la ruina. La historia se basa en la dualidad de la bella y la bestia. La escena final con King Kong luchando contra los aviones en la cima del mundo (The Empire State Building) ha pasado a la historia del cine. Kong despierta las simpatías del espectador que ve como se debate en un mundo extraño para él, como cualquier marginado, y que sólo lucha por su amor. "No han sido los aviones, fue la bella quien mató a la bestia" dice al final Robert Armstrong.


El Hidalgo de los Mares (Captain Horatio Hornblower, R.N. de Raoul Walsh, 1951) Gregory Peck, Virginia Mayo, Christopher Lee.

El filme pertenece a la segunda etapa de Raoul Walsh dentro del género. La primera se centró básicamente en las cintas que hicieron juntos el cineasta y Errol Flynn en los años cuarenta. Por cierto, se le echa de menos en el largometraje que nos atañe, aunque es cierto que Gregory Peck está a la altura, y muy bien secundado por la “bizca” más famosa de Hollywood: Virginia Mayo. El guión era una adaptación de las tres novelas de C.S. Forester, un escritor muy conocido para los amantes de la náutica. Algo así como el Patrick O’Brian de hoy en día. De hecho sus personajes (Horatio Hornblower para Forester, Jack Aubrey para O’Brian) son comandantes de barcos de su majestad en la época de las guerras napoleónicas. No voy a caer en la tentación de comparar El hidalgo de los mares con Master and Commander de Peter Weir –aunque ya lo estoy haciendo-, sólo decir que la adaptación del director australiano es perfecta; el que lea el libro me dará la razón. Y es que la vida en una fragata inglesa de principios del XIX debía ser como se la imagina el lector y como luego la presenta en pantalla Peter Weir. Con la cinta de Walsh no ocurre lo mismo. En primer lugar se nota demasiado la unión de varios libros en un solo guión. Hay una ruptura mediada la cinta que nos hace pensar si no hubiera sido mejor haber hecho dos filmes. Y luego está la ambientación. Aunque era muy buena para la época, queda a años luz del filme de Weir. Evidentemente, en 1951, no se disponía de los mismos medios con los que se cuenta ahora. Aún así, Captain Horatio Hornblower es una película muy interesante. Con el brillante technicolor de los años cincuenta, las actuaciones de sus estrellas –y un elenco de secundarios con Christopher Lee a la cabeza-, más las impresionantes batallas navales y una historia que engancha, El Hidalgo de los mares puede ser uno de los mejores largometrajes de aventuras realizado en la época dorada del cine americano.
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