domingo, 25 de enero de 2026

EL AUTOREMAKE EN EL CINE. CAPÍTULO III (XIII)

La compañía de siempre de Frank Capra, la Columbia, fue la que acudió al rescate cuando Harry Cohn aceptó el intercambio que Capra le propuso: el director le entregaría uno más de los proyectos que Balaban había desestimado, A Woman of Distinction,[1] a cambio de que la Columbia le cediese a la Paramount los derechos de Broadway Bill y el negativo.[2] Con dicha jugada, Capra podría rehacer su cinta de 1934 con un considerable ahorro económico al poder utilizar escenas de la película original tan costosas como las tomas de las carreras de caballos. También vería realizado su sueño de rodar un musical y de contar con un protagonista al que le gustasen los caballos: Bing Crosby. El actor era una de las estrellas disponibles de la Paramount que además estaba encantado con la idea, tanto que posiblemente fue su intercesión la que resultó decisiva para que Frank Capra pudiera por fin volverse a poner detrás de la cámara.[3]


Los esfuerzos por economizar condujeron a Capra a reclamar al gremio de guionistas su coautoría en el libreto de Broadway Bill, por aquello de la idea sobre el final. La gestión no llegó a buen puerto, como tampoco lo hicieron los intentos para contratar a Robert Riskin al objeto de que reescribiera el guion.[4] Al principio fue el propio director el que se encargó de las tareas de guionista, pero finalmente acudió a varios escritores del estudio que actualizaron algunas secuencias y añadieron unos pocos diálogos.[5] Fueron cambios poco significativos que se tradujeron en mínimas correcciones al guion técnico a la vista del resultado final: una reproducción casi exacta de lo rodado en 1934. De hecho, muchas secuencias son literalmente extraídas del negativo de Broadway Bill, como las citadas del hipódromo (utilizadas en los créditos y en la escena crucial del final), las de la secuencia del rumor telefónico o las del arranque. 

En general, toda la puesta en escena es calcada al filme original, otra maniobra para ahorrar dólares que se unía a la de contratar a un director de fotografía que no perdiese mucho tiempo en iluminar el plató ni en preparaciones costosas, dado que los lugares donde irían las cámaras y las posiciones de los actores estaban más que estudiadas de antemano. George Barnes fue finalmente el “eficiente” operador elegido,[6] un técnico que ya había trabajado con Capra en Juan Nadie, que repetiría en Aquí viene el novio y que ya fotografió a Crosby en uno de los éxitos del actor: Las campanas de Santa María (The Bells of St. Mary’s de Leo McCarey, 1945).

La misma política de eficacia fue la seguida en la contratación de los actores: Capra quería profesionales “de una sola toma”. Gente que fuera capaz de memorizar perfectamente su papel (Crosby era famoso por eso, por tener una “mente fotográfica”) y con la seguridad suficiente para no necesitar demasiados ensayos y para rodar de corrido sin tener que repetir las tomas. El ahorro que le supuso la presencia de una actriz protagonista no muy conocida, Coleen Gray (3.31) —llevaba pocas películas en su haber, pero alguna tan importante como Río Rojo (Red River de Howard Hawks, 1948)—, le permitió a Capra contratar un extenso y excelente elenco de actores secundarios que le aseguraron un rodaje rápido y correcto, en parte porque la mayoría ya había participado en la cinta original.[7] 

Entre ellos, Clarence Muse, que repetía como “Whitey”, el mozo de cuadras negro, ahora algo más avejentado; Frankie Darro, volvía a dar vida al jockey Williams, imprescindible para que Capra pudiese usar las tomas de la carrera; y Raymond Walburn, de nuevo como Pettigrew (“Profesor” en vez de “Coronel”), sorprendentemente igual de aspecto físico después de quince años (compárese 3.32 con 3.24, en una de las escenas más graciosas de la película, en la que el timador, el Coronel, cae en su propia trampa). Es precisamente en esa secuencia en la que actúa el entrañable Oliver Hardy en una de sus últimas apariciones en la gran pantalla. Sin Stan Laurel, su inseparable compañero,[8] “El Gordo” hace un pequeño papel, casi un cameo, que mezcla ficción con realidad al presentarse con su bombín característico y su registro cómico habitual en un lugar que, como propietario de caballos que era, solía frecuentar con regularidad en la vida real.

Continuará...

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[1] A Woman of Distinction fue finalmente dirigida por  Edward Buzzell en 1950 y protagonizada por Ray Milland y Rosalind Russell. Aquí se tituló Los Escándalos de la Profesora.

[2] A partir de ese momento, Broadway Bill pasó a ser propiedad de la Paramount y permaneció fuera de circulación hasta 1990, todo para no hacerle competencia al remake. En las posteriores exhibiciones, reestrenos y revisiones de la cinta, el logo que aparece en los créditos de Broadway Bill ya no es el de la Columbia sino el de la Paramount.

[3] Al menos eso era lo que opinaba Capra: “Creo firmemente que de no haber sido por las presiones de Crosby, la Paramount me habría mantenido sin trabajar durante años, como un castigo adecuado por liderar a los directores rebeldes” (Capra 2007, p.417).

[4] Sobre este asunto también hay polémica. La versión oficial es que a Riskin no le pareció suficiente la oferta de la Paramount. La oficiosa es completamente contraria: la viuda del escritor, Fay Wray, siempre sostuvo que Riskin quería participar en el proyecto, pero que fue Capra el que no le dejó.

[5] Hasta seis guionistas colaboraron en el nuevo guion, aunque en los créditos sólo constan dos: Melville Shavelson y Jack Rose.

[6] El director de fotografía contratado inicialmente fue Ernest Laszlo. Aparece en los créditos junto a George Barnes, pero pronto fue despedido por no poner mucho de su parte para hacer que Crosby aparentase menor edad, sobre todo en las escenas que compartía con su pareja, Coleen Gray, veinte años más joven que él.

[7] Hasta diez actores repitieron colaboración, casi todos representando el mismo papel: Raymond Walburn, Clarence Muse, Ward Bond, Douglas Drumbille, Frankie Darro, Margaret Hamilton, Charles Lane, Pat Moriarty, Irving Bacon y Paul Harvey.

[8] Hardy sólo actúo sin “El Flaco” en dos ocasiones más: Zenobia (Gordon Douglas, 1939) y El Luchador de Kentucky (The Fighting Kentuckian de George Waggner, 1949).  Su última aparición en la gran pantalla fue justo después de Lo quiso la suerte, por supuesto con Stan Laurel: Atoll K (Leo Joannon, 1951).






24 comentarios:

  1. Al parecer Capra no había quedado demasiado contento con "Broadway Bill" y siempre tuvo en mente poder hacer esta especie de autoremake.

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    1. Exacto, no le gustó cómo quedaron las escenas con Warner Baxter (que odiaba los caballos) y además siempre había querido hacer un musical. Con Bing Crosby solventaba los dos problemas.

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    1. "Lo quiso la suerte" es una película simpática, pero creo que peor que la original por los motivos que veremos en próximos capítulos.
      Abrazos!

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  3. Un autoremake, para acabar la peli tal como a él le gustaba.
    Un abrazo.

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    1. Así es, al menos pudo volver a rodar una película que era lo que tanto deseaba.
      Abrazos!

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  4. No he visto esta película.
    Un abrazo.

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    1. Como he dicho más arriba, Lo quiso la suerte es simpática aunque es peor que la original por lo que luego veremos.
      Abrazos!

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  5. Tras la lectura de este artículo, voy a aprovechar para darte las gracias por lo mucho que nos enseñas sobre el mundo del cine, además que todo lo documentas desde un punto de vista muy diferente a lo que estamos acostumbrados a leer...y como muestra, la interesante respuesta que me has dado a mi comentario sobre los barcos piratas, que es para enmarcar.
    Un abrazo, Fernando.

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    1. Gracias a ti, Manuel, por el interés mostrado y por tus comentarios.
      Abrazos!

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  6. Gracias por ilustrarme una vez más sobre el gran cine.
    Desconocía todos los detalles que nos has contado.
    Leí hace mucho la novela "Triste, Solitario y Final" de Osvaldo Soriano y recuerdo que aparecían como personajes Stan Lawrel y Oliver Hardy, entre otros actores del viejo cine. Claro que debería ver más de sus películas para luego releer esa novela porque seguro en la primera lectura me perdí mucho.

    Abrazos, amigo Ethan!

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    1. No conozco esa novela, pero de la pareja el cerebro era Stan Laurel. Cuando se cansó de que le mangonearan en las películas, se negó a actuar y le echaron del estudio. Fue cuando Oliver Hardy hizo esa película en solitario "Zenobia". Ni que decir tiene que fue un fracaso.
      Abrazos!

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  7. En la España actual hubieran recibido subvenciones por doquier, sin preocuparse de resultados de taquilla.

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    1. Pues sí. Lo que tenía el sistema de producción de los grandes estudios eran buenos profesionales asegurando productos de calidad. Es verdad que no todas las películas eran buenas, pero al menos no se inflaban los presupuestos para recibir subvenciones.

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  8. Uno de los más grandes, Frank Capra.

    Abrazos Ethan.

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    1. Totalmente de acuerdo: a Capra lo podemos situar en lo más alto del Olimpo de los directores de cine.
      Abrazos!

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  9. Eso sí que era una industria cinematográfica 👏🏻👏🏻👏🏻👏🏻
    Un relato digno de llevarlo a la pantalla, al menos se merece un documental.
    Gracias por ilustrarnos!!
    BESOS

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    1. Y eso que en 1950 ya se había dado un golpe mortal contra el viejo -y próspero- sistema de producción de los grandes estudios con la ley anti trust de 1948.
      Gracias a ti por el interés.
      Abrazos!

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  10. Vi la del 34 hace un par de años y me gustó, pero el remake lo tengo pendiente. Siempre se aprende algo en esta página tuya.

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    1. El remake es medio musical, medio comedia romántica y medio drama. Creo que no está a la altura del original por lo que veremos en una próxima entrega, pero no deja de ser una película simpática.

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  11. Tú no tienes un blog.
    Tienes una maravillosa enciclopedia de cine.
    Cuando leo tus posts me doy cuenta de que no sé nada sobre cine.
    Gracias por lo que aprendo aquí.

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    1. Gracias a ti por el interés que muestras y por los comentarios.
      Abrazos!

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  12. Siempre aprendo y disfruto con tus post. Gracias. Abrazo.

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    1. Gracias a ti, Isabel, por tus visitas y comentarios.
      Abrazos!

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