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domingo, 9 de noviembre de 2025

YO TE CREO (On vous croit de Charlotte Devillers y Arnaud Dufeys, 2025)

Ayer nos dimos un paseo por la Sección Oficial del Festival de Cine Europeo de Sevilla para ver We Believe You. La película belga dirigida, al alimón, entre Charlotte Devillers y Arnaud Dufeys —a la sazón, la primera incursión en el largometraje para los dos cinesastas—, acude a la capital andaluza con un premio en la Berlinale bajo el brazo.















La cinta trata de las dificultades judiciales de Alice para quedarse la custodia de sus hijos después de que, supuestamente, el más pequeño haya sufrido abusos sexuales por parte del padre. Narrada en el interior de los juzgados, el filme se limita a la audiencia para dirimir si el progenitor tiene derecho a custodia compartida, o incluso completa, ante los problemas de salud de Alice y los del pequeño, que sufre incontinencia.  

We Believe You es, sin duda, una película dura, realista, que antepone el diálogo de los personajes, y sus reacciones, a cualquier otro elemento cinematográfico. En especial, destaca el testimonio de Alice, interpretada por Myriem Akheddiou (la vimos en el festival hace unos años formando parte del reparto de El joven Ahmed de los hermanos Dardenne). La actriz es el objetivo predilecto de la cámara, que casi no la suelta en lo que dura el metraje.

No sólo en el momento de su declaración, sino también los gestos de la protagonista, que observa el espectador mientras se oyen en off al resto de personajes (su marido, los abogados de unos y otros, la jueza), en un sobresaliente ejercicio continuo de actuación que bien podría llevarle a conseguir el premio del certamen a mejor actriz. Y más si tenemos en cuenta que la secuencia de la audiencia dura casi una hora y se produce en tiempo real.


La performance de Myriem Akheddiou, es tan potente que deja pocas cosas más en el tintero. Quizás conviene señalar un detalle al terminar el juicio, donde el objetivo se detiene para subrayar la soledad de la que tiene que decidir; o el final, que nos recuerda a la excelente miniserie española Querer (Alauda Ruiz de Azúa, 2024), que también versa acerca de los presuntos maltratos sexuales en el seno de un matrimonio, y que se estructura de forma parecida a la película que nos atañe, con, ya digo, un desenlace casi calcado.

La película de Devillers y Dufeys, después del reducido metraje —se agradece—, nos ofrece unos datos demoledores donde sólo el dos por cien de los menores que denuncian, que ya son pocos, obtienen finalmente justicia.






jueves, 10 de noviembre de 2022

TORI Y LOKITA (Tori & Lokita de Jean-Pierre y Luc Dardenne, 2022)

En el ecuador del XIX Festival de Cine Europeo, aquí en Sevilla, hemos podido asistir a un evento que siempre es un acierto: a una película de los hermanos Dardenne. Los directores belgas este año presentan su último largometraje a la Selección EFA (European Film Academy), ya que su cinta, Tori y Lokita, está nominada a los premios de la Academia de cine europea. No se conforman los realizadores con su flamante galardón en Cannes con motivo del 75 aniversario de ese certamen.

 

Reconocemos nuestra debilidad por las producciones de los Dardenne, pero es que todas sus películas nos parecen fundamentales para conocer por donde va el cine europeo del siglo XXI. Tori y Lokita no podía ser menos: dos menas inmigrantes intentan sobrevivir en Bélgica como pueden. Lokita asegura que Tori es su hermano pequeño, pero no acierta a demostrarlo en el interrogatorio al que es sometida la adolescente. De ahí que no lleguen los ansiados papeles que le permitan quedarse y trabajar en el país. Además tiene que mandar dinero a su madre, le debe dinero a los mafiosos que la trajeron a Europa y necesita efectivo para conseguir unos papeles falsos. Demasiada carga para los pequeños que no ven otra solución que trapichear con drogas y aceptar un trabajo que solo les traerá más problemas… 

Los Dardenne abordan el tema de la inmigración ilegal desde el realismo, como siempre, con un cine casi documental y una cámara que sigue muy de cerca a los dos niños, sin dejarles un segundo para no perder nada de lo que acontece. Tanto es así que los directores tienen que ingeniárselas para que el espectador tampoco se pierda lo que ocurre fuera de campo, ya sea con el sonido, con la voz en off, o apoyándose en la imaginación del espectador que puede cubrir ese vacío de la imagen.

 

Porque todo, hasta el más pequeño detalle, importa en una cinta que es, de nuevo, un thriller disfrazado de drama social como ocurre en varias películas de su ya extensa filmografía: El hijo, El joven Ahmed, La promesa, etc. Todas ellas con protagonistas menores de edad, con los que los Dardenne se manejan estupendamente, y a los que eligen como objetivos de sus películas por ser más indefensos, por facilitar que los mensajes de sus filmes calen más hondo.

En Tori y Lokita lo que se denuncia son las carencias de los inmigrantes a los que una negación de papeles por parte de las autoridades es casi lo mismo que una invitación a delinquir. Lo que se ve en la película es ficción, pero a nadie se le escapa que esto mismo les está ocurriendo a muchos como ellos, que Tori o Lokita pueden ser perfectamente cualquiera de los miles de migrantes que llegan a Europa de forma ilegal.






martes, 12 de noviembre de 2019

EL JOVEN AHMED (Le jeune Ahmed de Jean-Pierre y Luc Dardenne, 2019)

En el tercer día de cine europeo, aquí en el festival sevillano, pudimos ver dos películas muy diferentes: una de la sección oficial, la otra de la EFA, la primera compite por el Giraldillo de Oro, la segunda por el premio del público. La Gomera es el título de la película del director rumano Corneliu Porumboiu que aspira al galardón dorado. Una cinta entretenida de cine negro, con mucho humor del mismo color, y con una trama y estructura confusas, muy propias del género. Los giros inesperados de La Gomera son tan cambiantes como lo es la personalidad de cada uno de los protagonistas. Nada ni nadie es lo que parece en una historia que gira alrededor del…¡silbo!, lenguaje en el que se comunican los canarios que viven en la Gomera.

A pesar de una sesión tan divertida, pero convencional, nuestra primera opción en este día era ver el nuevo filme de los hermanos Dardenne: El joven Ahmed. Reconocemos nuestra afición al realismo que practican los belgas y de ahí la expectación ante una cinta que venía con el premio al mejor director de Cannes bajo el brazo.


Luc y Jean-Pierre Dardenne tienen un estilo personal inconfundible. Si uno tiene la suerte de asistir a alguna de sus producciones, no harían falta créditos para enseguida encuadrar el largometraje entre su ya extensa y excelente filmografía. En El joven Ahmed la cámara sincera de los Dardenne sigue y persigue al personaje del título de forma casi subjetiva y obsesiva, como obsesiva es la radicalización del joven adolescente.
  
En efecto, el chaval, que debería estar saliendo con sus amigos, jugando al fútbol, o ligando con niñas de su edad, sin embargo, se dedica a rezar las cinco veces al día obligatorias de la religión musulmana, a seguir las aviesas indicaciones de su imán, o a coleccionar cuchillos o cualquier cosa que sirva como arma blanca con los que castigar a los infieles.



A pesar de que, como digo, la forma ––realista–– y el fondo ––social–– de la cinta es muy reconocible como perteneciente al cine de los Dardenne, con El joven Ahmed algo parece haber cambiado en el acento, en el tono narrativo de los realizadores. Si comparamos la nueva cinta con obras anteriores suyas como, por ejemplo, El hijo (Le fils, 2002) ––tema parecido: pequeñas/grandes tragedias, niños problemáticos, correccionales, educadores, etc.––, observamos mayor énfasis, explicitud e intensidad en lo que proponen; como si fueran pintores veteranos y estuvieran pasando por una época donde los colores son más vivos.

Suponemos que los recientes hechos acaecidos en su país tienen que ver con tal circunstancia. Porque la cinta es más pesimista que la citada El hijo; porque el suspense y la pertenencia a un género como el thriller se hace más evidente; y porque nadie, ni siquiera ellos, se creen el forzado final ¿feliz? 




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