A principios de los años cuarenta se realizaron en Hollywood una serie de películas precursoras del ciclo negro que a su vez abarcaban varias temáticas. Desde el cine de gánsteres hasta el fantástico, pasando por el de propaganda antinazi, dichas cintas comenzaron a exhibir los códigos del noir en la puesta en escena, en la trama y en los personajes, hasta el punto de confundirse con los largometrajes que verdaderamente iniciaron y continuaron el ciclo. Uno de aquellos filmes casi negros fue Estambul. La no pertenencia de la película al género negro radica en la temática, ya que nos encontramos con una trama de espías, más propia de las cintas de propaganda bélica que de las policíacas. Sin embargo, la estética del filme se corresponde con el ciclo que estaba a punto de comenzar. También el tratamiento del guion:
El matrimonio Graham (Joseph Cotten y Ruth Warrick) se dispone a salir de Estambul para volver a Estados Unidos. Graham es un experto en armamento naval al que los nazis intentan eliminar para retrasar todo lo posible la construcción de los nuevos barcos turcos. El coronel otomano Haki (Orson Welles) alerta a Graham del peligro que corre después de que a éste lo hayan intentado asesinar en una sala de fiestas. Haki prepara un plan para enviar al ingeniero sano y salvo a Batumi, última escala del matrimonio antes de volar a América. Graham se embarcará en el “Talasia”, un carguero donde, entre otros, viaja el asesino nazi...
Realizada en 1941, cuando Estados Unidos aún no había entrado en la guerra, Estambul no fue estrenada hasta dos años más tarde, en pleno conflicto. La cinta se basa en una novela de Eric Ambler. En un principio el rol de Orson Welles iba a ser tan solo el de actor secundario, pero enseguida se le asignó la labor de productor y director. Welles se metió de lleno en un rodaje que iba a coincidir en el tiempo con la finalización de El cuarto mandamiento y con el inicio del documental It’s all true. Atender a tantas producciones era imposible teniendo en cuenta que para filmar el documental debía trasladarse a Brasil con un equipo de la RKO. El joven cineasta no tuvo más remedio que delegar la realización de Estambul a Norman Foster, que al final figuró en los créditos como director de la película.
No obstante, la presencia de Welles en el filme es tan diáfana como barrocos son sus planos. Todo se distorsiona a partir del descubrimiento del cadáver del comerciante turco al que han asesinado los nazis. El cuerpo del finado casi se sale de pantalla mientras Joseph Cotten se agacha para comprobar si está muerto. El contrapicado es tan exagerado como el del protagonista bajando el portalón mientras en tierra le esperan los alemanes. No sólo los encuadres son de Welles sino también las luces y sombras, la profundidad de campo y un par de planos secuencias. El primero realizado con grúa, atravesando varias cubiertas para finalizar con los actores apoyados en el pasamanos; y el segundo en el interior, rodado en travelling de retroceso siguiendo a los protagonistas por los pasillos del carguero.
El largometraje es claramente de Orson Welles si uno observa la ironía típica del director al describir situaciones y personajes. El realizador retuerce los caracteres secundarios hasta convertirlos en los títeres de una especie de guiñol por el que Graham se desenvuelve como puede. Ya no son los elementos de una estructura tipo “barco de los necios”, sino caricaturas que observan la desgracia del protagonista, participando de forma pasiva en la pesadilla y burlándose del antihéroe. El propio director se mofa descaradamente del héroe cuando lo pertrecha con un paraguas y un cortaplumas, “poderoso armamento” con el que enfrentarse a los nazis. La rompedora forma de dirigir de Welles, en contraste con la narrativa clásica de Hollywood es patente en Estambul y queda claro que se debe a su personal manera de entender el cine y no a la del anodino Norman Foster.
El post es un extracto corregido para la ocasión del capítulo dedicado a Estambul en mi libro: CINE Y NAVEGACIÓN. Los 7 mares en 70 películas


