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domingo, 26 de julio de 2026

EL AUTOREMAKE EN EL CINE. CAPÍTULO II (3)

El mensaje de Fuera de la ley se puede encuadrar en los antecedentes del noir —o sería mejor decir en los de su primo hermano, el cine de gangsters—, también la estética de luces y sombras que dibuja Browning de los bajos fondos[1] nos anuncia el género que vendrá en la siguiente década (ver figuras 2.5 a 2.7). A pesar de que la historia del enfrentamiento entre dos bandas no era nueva —ya la esbozaron cineastas como Griffith[2]—, aún no había alcanzado la mayoría de edad. Con Fuera de la Ley, Browning se anticipa a la excelente La Ley del Hampa (Underworld de Josef Von Sternberg, 1927), todavía muda, con la que el cine de gangsters prepara el camino para la irrupción del cine negro. 

 

Fuera de la Ley cumple con mensaje y estética oscura, pero aún queda lejos de películas como Sólo se vive una vez (You Only Live Once de Fritz Lang, 1937), El Demonio de las Armas (Gun Crazy de Joseph H. Lewis, 1949) o Detour (Edgar G. Ulmer, 1945), con las que sólo tiene en común la trama tipo Bonnie and Clyde donde una pareja de delincuentes huye de la ley. Con Detour también coincide en que la parte central de la cinta se desarrolla entre cuatro paredes siendo su principal aliciente el diálogo entre los dos personajes.


Pero mientras en la película de Ulmer se respira cine negro por los cuatro costados, con la fatalidad esperando a la vuelta de la esquina, en Fuera de la Ley el maniqueísmo convierte en aburrida una cinta cargada de intertítulos por su condición de silente, y estropea lo que podía haber sido un filme adelantado a su época. Sólo el detalle de la señal que Molly cree ver para convencerse de que es mejor elegir el buen camino, salva algo esta parte: la joven ve una cruz cuando en realidad es la sombra del esqueleto de una cometa rota (2.8). Browning sugiere que la decisión de Molly es fruto de la casualidad. La cometa es un guiño al espectador al que le insinúa que el final feliz es tan falso como la señal milagrosa. 

 

Noël Simsolo, en su imprescindible estudio sobre el cine negro, habla de Browning y lo incluye en los antecedentes del género: “Su obra apela sobre todo al juego con las ilusiones y a la violencia interna de la naturaleza humana” (2007, p.60). El escritor, igual que otros autores, explica el interés del realizador por Dickens y Poe.[3] La influencia del primero es clara en el retrato de los suburbios de Fuera de la Ley, también en la inclusión de niños necesitados de cariño como el pequeño que visita a Bill y Molly en el piso franco. De Poe, son herederos los personajes interpretados por Chaney, los que provocan en el espectador la misma sensación de desasosiego que experimentan los lectores de los cuentos del genial escritor norteamericano. En este sentido, Simsolo continúa definiendo las cintas de Browning “como melodramas policíacos de realismos estilizados en una acumulación de elementos extraños con relentes góticos y naturalistas, que pueden alcanzar una originalidad monstruosa cuando Lon Chaney crea esos personajes terroríficos, víctimas de sus propias estratagemas” (2007, p.61). En efecto, en Fuera de la Ley, Blackie intenta tender una trampa a Molly, pero la jugada le sale al revés y, finalmente, es él el que sale derrotado.

Continuará...

Leer el capítulo II desde el inicio.



[1] William Fildew fue responsable de la fotografía en blanco y negro, mientras que E.E. Sheeley se hizo cargo de la dirección artística para recrear en estudio un barrio chino no excesivamente barroco, tal como le gustaba a Browning.

[2] Por ejemplo, en el corto The Musketeers of Pig Alley (1912).

[3] Serrano Cueto también apunta la influencia de Dickens, Freud y Poe en la obra de Tod Browning (2011, p.36). Jeanine Basinger insiste en la misma cuestión cuando afirma que Browning “es el Edgar Allan Poe de las películas” (2000, p.348).



lunes, 2 de marzo de 2020

2 X 1: “THUNDER ROCK” y “FAME IS THE SPUR” (Roy y John Boulting)

Thunder Rock (1942)

Roy y John Boulting (hermanos gemelos) fueron dos cineastas bastante singulares dentro de la industria cinematográfica británica. Y lo fueron por su cine muy entroncado con las ideas laboristas, algo que, sin embargo, no les causó excesivos problemas en los años cuarenta, durante la Segunda Guerra Mundial, cuando produjeron, editaron y dirigieron un par de películas con claro signo izquierdista. La condición de la URSS como aliado en contra del régimen nazi posiblemente salvó estas y otras cintas del mismo estilo.

El primero de los dos largometrajes, Thunder Rock, trata de un farero (Sir Michael Redgrave en una de sus mejores interpretaciones, lo cual es decir mucho) que, desencantado de la política de su país, se refugia en las rocas del título para aislarse del mundo exterior. Antiguo activista contra los nazis, sufre la incomprensión de amigos y políticos. Mientras advierte del peligro que supone Hitler, este se va adueñando poco a poco del centro de Europa.

La cinta comienza un poco dubitativa, sin trama a la que agarrarse, hasta que, rozando la fantasía, se transforma en una especie de cuento de Navidad dickensiano, pero al revés: al farero se le aparecen los fantasmas de un barco hundido noventa años antes en Thunder Rock, y viajan con él para que vea lo que fueron sus vidas antes de la catástrofe.


En realidad, todo son imaginaciones del único habitante de aquellos arrecifes, cuyo contacto con el resto de la humanidad se reduce a esos pocos personajes, que su mente ha inventado. Paradójicamente, son los náufragos los que con sus historias convencen al farero para que rompa su aislamiento y se una a la lucha contra el enemigo.

Historia original que deviene en una curiosa cinta, muy bien interpretada por el protagonista y los excelentes secundarios, entre ellos un jovencísimo James Mason, por desgracia con muy pocos minutos en pantalla. Realizado con oficio desde el apartado técnico, el filme cuenta con una fotografía deudora del cine alemán de preguerra. Ese ambiente cuasimístico, acaso gótico, se mezcla bien con un moderno realismo que saca a relucir la habilidad de los hermanos Boulting, anteriormente documentalistas.


Fame is the Spur (1947)

Sin abandonar el entorno social y las ideas progresistas, los hermanos Boulting producen y realizan pocos años después una nueva cinta contando otra vez con la colaboración de Michael Redgrave. Fame is the Spur narra la historia de un arribista, de un político de izquierdas que poco a poco va subiendo de categoría dentro del partido laborista, hasta conseguir ser ministro del interior.

A medida que el protagonista alcanza puestos de mayor responsabilidad, sus ideales se van transformando hasta ser prácticamente los contrarios. Con tal actitud consigue que sus amigos y hasta su pareja le reprochen un comportamiento exacto al de aquellos a los que censuraba en un principio.

Con escenas realistas (algunas extraídas de documentales de la época) tan bien rodadas como la secuencia de la huelga, que tanta influencia tendría en el metraje posterior, los Boulting logran que el espectador se introduzca en la piel del líder laborista para, primero ensalzarlo, y luego criticarlo.

La cinta adapta la novela homónima de Howard Spring ––de hecho, su obra más recordada, basada en la vida de Ramsay MacDonald, primer ministro laborista––, y se encuentra repleta de buenos detalles de guion como aquel que se centra en una espada que perteneció al antepasado del protagonista. El arma es testigo del cambio que experimenta el personaje. Al principio, llega a blandirla para sublevar a las masas, al final, sin embargo, no es capaz ni siquiera de desenvainarla.


Igual que sucedía en Thunder Rock, el uso por parte de los Boulting de una fotografía tenebrista en blanco y negro consigue transmitir al espectador la atmósfera inquietante y la tensión de los momentos más duros de la cinta. Las manifestaciones, los mítines que van encendiendo a los obreros, las cargas de la policía y el ejército, todo editado alternando primeros planos con encuadres más amplios, recuerdan a los mejores filmes de la escuela soviética.

Aunque la película es en muchos aspectos similar a la anterior, existe una diferencia fundamental con respecto al cambio que sufre Michael Redgrave a lo largo de la trama: en la primera cinta se parte de unos ideales perdidos para llegar a encontrarlos de nuevo, e incluso reforzarlos; en la segunda, todo se desarrolla justo al revés.



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