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domingo, 4 de octubre de 2009

SI LA COSA FUNCIONA (Whatever Works de Woody Allen, 2009)

Woody Allen, después de dos pasos fallidos hacia adelante (El Sueño de Casandra y Vicky Cristina Barcelona, sobre todo este último) ha dado un salto de calidad, desde atrás, con su nueva comedia.



Y es que Whatever Works es un antiguo proyecto de Allen, escrito para Zero Mostel (Los Productores, Golfus de Roma) que fue abandonado cuando el humorista falleció en 1977. Tuvieron que pasar tres décadas para que el director lo recuperara del fondo del cajón y lo transformara para Larry David.

La cinta narra la situación absurda que se plantea cuando un sabio cascarrabias (Larry David) retirado de todo (del trabajo, de su mujer y casi de la vida después de un intento de suicidio) convive con una ignorante adolescente que queda hipnotizada por su verborrea pesimista. El contraste es total entre la pueblerina que acaba de llegar a la gran ciudad y el viejo con el colmillo retorcido unas cuantas vueltas.

La historia se aleja de la relación entre el hombre maduro y la jovencita, que Allen nos proponía en Manhattan (1979), para situarse entre una sátira de Pigmalión y una versión bufa de Lolita. Además, el cineasta neoyorquino se apoya en el vodevil para las situaciones cómicas cuando se plantea la trama como si fuera una obra de teatro, al menos en sus giros de guión. Así, utiliza dos llamadas a la puerta del apartamento donde se desarrolla la acción para cambiar drásticamente la historia. O se vale de únicamente dos secuencias (una para cada personaje secundario) para darles la vuelta totalmente a los padres de la adolescente. Una demostración de habilidad y soltura que hacía tiempo no le veíamos.


Woody Allen, como en sus mejores películas, no pierde la ocasión de hablar de sí mismo con el público -literalmente-, esta vez utilizando como intermediario al cómico Larry David, con el que ya había trabajado brevemente en Días de Radio (Radio Days, 1987) e Historias de Nueva York (New York Stories, 1989). Aprovechando que el director no actúa, los diálogos son más ácidos que de costumbre; sin embargo David no consigue –a lo mejor ese es el propósito- que nuestra mente deje de pensar en la figura del realizador cuando su personaje aparece en pantalla.

Esa, digamos, falta de responsabilidad del director en la interpretación se une a la relajación que le supone volver a dirigir en los barrios y parques de Nueva York. No sólo se nota lo cómodo que Woody Allen se siente en su ciudad, también uno intuye, de las escenas de la película, que en una reunión de amigos para tocar el clarinete, o en la visión de una película clásica pueden hallarse argumentos suficientes para la definición de felicidad.


Ver Ficha de Si la cosa funciona.

miércoles, 1 de abril de 2009

COLABORACIÓN: Misterioso asesinato en Manhattan (Manhattan Murder Mistery de Woody Allen; 1993)



Misterioso asesinato en Manhattan es uno de esos maravillosos caprichos que el gran maestro Woody Allen se concede - ¿se concedía?- de cuando en cuando y en los que además se permite - ¿se permitía?-el lujo de desarrollar sus particulares tesis sobre los géneros y la comedia, ya saben lo de la tragedia más tiempo y esas cosas. Un suceso en apariencia trágico, nada menos que un asesinato, desencadena una serie de cómicas situaciones dando pie a una de las comedias más ingeniosas e hilarantes de las últimas décadas.
Larry y Carol Lipton son un matrimonio de mediana edad y posición social acomodada que vive en un lujoso apartamento situado en el centro de Manhattan. Una noche al volver a casa, ¡¡después de ver en un cine Perdición¡¡, la pareja descubre que su anciana vecina a la que acababan de conocer la noche anterior ha muerto tras sufrir un infarto. Cuando Carol comienza a sospechar que la viejecita no ha fallecido de muerte natural y que en realidad ha sido asesinada, Larry cree que se ha vuelto paranoica y trata por todos los medios de quitarle de la cabeza una idea que considera a todas luces descabellada. Sin embargo Carol sigue convencida de que en su mismo rellano se ha cometido un crimen y comienza a seguir la pista del supuesto asesino con ayuda de Ted, un amigo íntimo que siempre se ha sentido atraido por ella. Movido por los celos y muy a regañadientes, a Larry no le queda otra que sumarse a la investigación instigado por una atractiva escritora de novelas de misterio amiga suya interesada también por el caso.
Woody Allen escribe un primer borrador de esta genial historia a finales de los setenta coincidiendo con su etapa cinematográfica más fecunda, aquella que da pie a obras capitales en su filmografía como Manhattan o Annie Hall. Más preocupado por labrarse una reputación como director "serio" Allen decide aparcar el proyecto para más adelante. La ocasión llega en 1.993; es entonces cuando la cita anual de Woody con el público llega al fin cargada de humor y misterio. Allen rescata la idea de aquel viejo borrador y reescribe el guión definitivo con la ayuda de Marshall Brickman –uno de los pocos guiones de Woody escritos a cuatro manos. Tal vez por ser una idea parida a finales de los setenta, el director recupera también a su musa de aquellos tiempos, Diane Keaton, que no había protagonizado una película del director en años – la vimos en un pequeño papelito en Días de radio- y que aquí borda su papel de neurótica compulsiva y al borde permanentemente del ataque de nervios. Junto a ella, nos encontramos al propio Woody dando rienda suelta una vez más a su vis de eteno hipocondríaco que tanto irrita a los detractores del cineasta y que provoca siempre una medio sonrisilla cómplice en quienes somos de la cuerda. La química entre la pareja por cierto permanece intacta, como si no hubiesen pasado los años. Completan el cuarteto protagonista unos como siempre espléndidos Anjelica Huston y Alan Alda que, eso sí, salen poquito (tal vez es el único pero que le pongo yo al film, la poquita presencia que tienen estos dos monstruos de la interpretacion).
Si algo tiene de especial Misterioso asesinato en Manhattan además de su ritmo –uno de los montajes más ágiles y vibrantes de la filmografía de su autor- es su carácter de homenaje. A pesar de contar con un estilo y una personalidad propias, Woody se ha mostrado siempre sumamente respetuoso con sus fuentes. Si en anteriores trabajos el neoyorkino saldaba deudas con los maestros europeos que más le influyeron como cineasta y como cinéfilo (Bergman, Fellini, Lang) aquí le llega el turno al clásico thriller y cine negro hollywoodiense de toda la vida, uno de los géneros predilectos del director. Muestra de ese tributo son los guiños más que explícitos que se suceden a lo largo del film y que remiten a películas inolvidables como la citada Perdición, Vértigo, La ventana indiscreta o La dama de Shangai.
Arranca Misterioso asesinato en Manhattan con los ya legendarios títulos de crédito blancos sobre fondo negro acompañados por la base musical del standard de turno ( en esta ocasión "I happen to like New York" de Cole Porter). Tras éstos, algo más de hora y media de risas, carcajadas, y momentos gloriosos. Cómo no recordar la lección de poker que Anjelica imparte – o intenta al menos impartir- a Woody o la hilarante escena de las grabadoras. Aquí también nos enteramos por primera vez de que al neoyorkino le entran ganas de invadir Polonia cada vez que escucha a Wagner o de que considera el canibalismo como un modo de vida alternativo o de que...en fin, se descubren siempre tantas cosas con este señor.

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