Manila: En las garras de neón (Maynila sa mga kuko ng liwanag, 1975)
Lino
Brocka fue posiblemente el cineasta filipino más importante de la historia del
cine de ese país. Reconocido mundialmente, el realizador es muy querido en su
país por su oposición contra el presidente Ferdinand Marcos (Brocka fue
detenido y estuvo en prisión en los años setenta cuando se opuso a la Ley
Marcial de Marcos).
Para
la mayoría de los críticos las dos obras más importantes de Lino Brocka son: Manila:
En las garras de neón e Insiang. La primera de ellas,
además, es considerada la mejor película filipina de la historia. En ambas cintas, y en gran parte de su
filmografía, el director presenta con un característico realismo los ambientes
más deprimentes y sórdidos de la vida de las clases bajas en Filipinas, donde
reina la prostitución y la delincuencia.
Manila: En las garras de neón narra la vida de Julio (Bembol Roco, también conocido por Rafael Roco Jr.), un pescador que abandona la aldea donde vive para buscar a su novia Ligaya (Hilda Koronel). La joven se ha trasladado a la capital en busca de un trabajo mejor, contratada por una sospechosa mujer. Julio intenta abrirse camino en la ciudad, que poco a poco le va cambiando, primero trabajando sin mucho éxito como peón albañil, para después ir cayendo en el infierno de la prostitución como salida fácil, casi única.
A
pesar de la alienación de la ciudad, que le va devorando y haciendo mella en
él, el joven protagonista no cesa en el empeño de encontrar a Ligaya. Sólo los esporádicos
flashbacks relajan algo la trama; son los pensamientos de Julio
recordando los buenos tiempos en la aldea, un lugar del que nunca debió salir.
Por otro lado, nadie duda, ni él ni el espectador, que Ligaya ha sido
reclutada por una madame para trabajar en un burdel.
Drama realista, tomas nocturnas de la capital y ambiente de depravación son el entorno en el que se desarrolla esta historia con imposible final feliz. La tragedia se ve venir, y Brocka parece decirnos que la historia de este joven es la de muchos como él. Mientras tanto, el nombre de la calle —“Misericordia”— desde donde Julio espera una y otra vez que aparezca Ligaya sólo parece una broma pesada.
Insiang (1976)
Al año siguiente de realizar Manila:
En las garras de neón, Lino Brocka vuelve a rodar un película similar
titulada Insiang, tan cruda o más que la anterior. Sólo hay que
ver la secuencia inicial de la película, que se desarrolla en un matadero, donde
el director no se ahorra ningún plano por duro que este sea.
A partir de ahí, la cámara de Brocka ronda los vertederos y las chabolas del extrarradio de Manila donde malvive Insiang (otra vez Hilda Koronel), una joven que sueña con salir algún día de ese ambiente. La protagonista vive con su madre después de que el padre las abandonara por otra mujer. Con ellas cohabita Dado, el amante de la madre, mucho más joven que ella. Cuando Dado comienza a fijarse en Insiang todo se tuerce todavía más.
Un triángulo peculiar, que es el
eje de un filme sórdido y realista, un drama en el que Brocka nos ofrece un
entorno de pobreza extrema que distorsiona las relaciones madre-amante-hija, y
por donde se mueven otros personajes secundarios, la mayoría poco recomendables,
como el novio de Insiang y sus amigotes.
De nuevo todo se tensa y nada puede salir bien de una trama viciada desde el principio. Insiang verá truncadas una y otra vez sus aspiraciones de salir de la miseria: cuando confía en que la ayuden, enseguida se da cuenta de que sólo quieren aprovecharse de ella. Las adversidades, como ocurría en Manila…, tuercen el carácter de la joven cuya sed de venganza podrá más que su afán por escapar de allí.


