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miércoles, 23 de marzo de 2011

SOLO EN LA NOCHE (Somewhere in the Night de Joseph L. Mankiewicz, 1946)

Somewhere in the Night es una de las pocas incursiones en el cine negro de Joseph L. Mankiewicz como director. Una película catalogada como menor en su filmografía, pero que vista hoy en día es todo un descubrimiento y una joya para los amantes del género.



La historia que narra Mankiewicz (también guionista, aunque no en solitario) puede que no parezca muy original en la actualidad, pero en 1946 seguro que era muy atractiva:
Al finalizar la Segunda Guerra Mundial un soldado (John Hodiak) se licencia con amnesia. No recuerda quién era ni a qué se dedicaba antes de incorporarse a filas. Siguiendo la pista de un par de cartas, poco a poco va descubriendo su identidad. Lo que averigua es tan poco alentador como que su mejor amigo estaba envuelto en un asunto muy feo, relacionado con dos millones de dólares procedentes de los nazis, y que él mismo podría ser un asesino. Amistades sospechosas, un par de mujeres embaucadoras y un misterioso vidente acompañado de un par de matones se cruzan en su camino para confundirle aún más.

La trama tipo “Caso Bourne” se viste pronto de negro gracias al buen uso de la fotografía y de los personajes ambiguos. También ayuda que la acción se lleve a cabo principalmente de noche, y que su protagonista sea un recién licenciado en un extraño mundo de civiles al que acaba de ayudar a salvar. Hodiak se siente tan desplazado como Alan Ladd o Humphrey Bogart en La Dalia Azul (The Blue Dhalia de George Marshall, 1946) o en Callejón sin salida (Dead Reckoning de John Cromwell, 1947), respectivamente. Ambas cintas primas hermanas de este Solo en la noche que se desarrolla en una ciudad donde las calles son siempre cuesta arriba. Y en unos muelles donde el agua brilla gracias a los reflejos de la luna llena; y a los destellos de los disparos.

El Mankiewicz dramático, teatral si se quiere, hace acto de presencia siempre que puede enriqueciendo la narración obscura y poniendo su sello en un género para el que también demuestra estar dotado. Así, impone su criterio y hace uso de la elipsis para ahorrarse secuencias de acción demasiado explícitas que no le interesan nada y, en cambio, subraya las escenas con diálogos y descripción de personajes. El director prefiere pararse en una discusión acerca de por qué los detectives siempre llevan el sombrero puesto, a recrearse en cómo un matón tortura al protagonista con una manguera de plomo. La conversación —que puede ser muy violenta— antes que los puños; los resultados de las peleas, y sus consecuencias, antes que los golpes. De hecho, la cinta arranca con el personaje central recuperándose de unas heridas sin que antes hubiéramos presenciado cómo se las hizo.

También muestra el director sus temas favoritos al elegir y ayudar a crear una historia que se va descubriendo a base de retazos; como en Eva al desnudo o en Carta a tres esposas, entre otras. Aunque esta vez sin usar su querido flash-back, únicamente con el apoyo de una estructura lineal que simultáneamente ayudará a la reconstrucción de la personalidad del protagonista y al descubrimiento de las verdaderas intenciones de los personajes que le rodean.

Solo en la noche es una película de actores secundarios. De los que nos gusta destacar en las cintas negras. Además de John Hodiak —siempre con cara de pocos amigos— nos encanta la sonrisa maliciosa de Richard Conte o el semblante de policía avispado de Lloyd Nolan. Del otro sexo, toda una sorpresa con la pareja de Hodiak: la atractiva Nancy Guild. La actriz tiene un aire a Patricia Neal. Nos la recuerda su físico, y también sus gestos a la hora de actuar.

Sólo nos queda recomendar que se sumerjan en esta trama confusa; que anden con pies de plomo en bares poco recomendables; que huyan de los muelles desiertos y de las rubias con polveras de tres dólares. En definitiva: que descubran este film noir del gran Joseph L. Mankiewicz.

Ver Ficha de Solo en la Noche.



jueves, 5 de junio de 2008

CAMPANA DE LIBERTAD (A Bell for Adano de Henry King, 1945)

Los “clásicos”. Nuestra pasión por ellos se debe al amor que sentimos por el cine. A la admiración por los directores que forjaron la historia del séptimo arte para convertirlo en el más influyente de todos (bajo mi punto de vista). Al seguimiento de las carreras de las grandes estrellas que se convirtieron en mitos y leyendas. A todo esto; pero a “algo” más.

Bajemos un peldaño. Situémonos a la altura de aquellos “obreros” –asalariados de los grandes estudios- que, con su presencia, conseguían enriquecer los filmes. Me refiero a los secundarios. Suboficiales al servicio de los generales (directores) y ejecutando, en la ficción, las órdenes de los oficiales al mando (las estrellas), su labor no era del todo reconocida y sólo en contadas ocasiones conseguían situarse a la altura de sus compañeros de “armas”. En representación de todo ellos, hoy vamos a hablar de John Hodiak.

Aunque, en los años 50, figuró al frente del reparto en algunas cintas de bajo presupuesto -sobre todo western o películas bélicas-, su mejor época se sitúa en la década anterior donde participó como secundario en algunos largometrajes muy aclamados. Las Chicas de Harvey (The Harvey girls de George Sydney, 1946) o Fuego en la Nieve (Battleground de William A. Wellman, 1949) figuran entre sus mejores trabajos. De esta época destacan dos actuaciones como protagonista: el personaje desconfiado de Náufragos (Lifeboat, de Alfred Hitchcock, 1944), y el que siempre asocio a su figura, el del mayor Victor P. Joppolo, su papel en Campana de Libertad.

El filme de Henry King fue realizado al finalizar la segunda guerra mundial y se basa en la novela "A bell for Adano" de John Hersey. Trata de la liberación y posterior pacificación de un pueblo de Sicilia por las tropas americanas. Aunque se sitúa muy en la línea de los largometrajes europeos sobre el final de la terrible contienda, como Paisà (1946) de Rossellini -la mayoría dentro de la nueva corriente neorrealista-, Campana de Libertad, no nos engañemos, es una película de propaganda estadounidense que ensalza la liberación europea y el futuro Plan Marshall.



Abstrayéndonos del mensaje patriota, la cinta pasa por ser una de las que más y mejores personajes contiene; y éste es su mejor activo. La presentación de los habitantes de este singular pueblo es literal; van apareciendo entre las ruinas a medida que se dan cuenta que los nuevos ocupadores no son ni fascistas ni nazis. Además, el jefe de las tropas aliadas (John Hodiack) resulta ser mejor que los anteriores alcaldes que tuvo el pueblo, sobre todo después de que consiga entregarles su ansiada campana.

La campana del título les fue robada por los fascistas para fundirla y servir de materia prima con la que fabricar armas de guerra. Hasta que no vuelva sonar no creerán que la contienda ha terminado. Para ellos la campana significa la vuelta a la normalidad, les marca los normales quehaceres diarios, y todos están de acuerdo en su regreso: desde el antiguo alcalde fascista o el carabinieri, hasta el mafioso o el más rico de la ciudad; es realmente el fin de la guerra. Y es que la película está cargada de simbolismos como éste; todos perfectamente adecuados.


Exceptuando a Gene Tierney, verdadera estrella de Hollywood –aquí rubia, "para no parecer una paleta", según nos confirma su personaje-, los demás actores son habituales secundarios en películas de cine negro, western o bélicas. William Bendix, Richard Conte o Harry Morgan tuvieron aquí una oportunidad para demostrar su valía junto a otro colega: John Hodiak. La aprovecharon.

Ver Ficha de Campana de Libertad.

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