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sábado, 8 de noviembre de 2025

SIRAT (Oliver Laxe, 2025)

Comienza el XXII Festival de Cine Europeo de Sevilla y nosotros nos estrenamos asistiendo a la proyección de Sirat, la última película del director español nacido en París, Oliver Laxe. Un largometraje premiado en Cannes, que, además, representará a España aspirando al Óscar a mejor película extranjera.

La cinta arranca con una frase, una creencia de los árabes —casi toda la filmografía de Laxe tiene que ver con la cultura musulmana— que dice: «Existe un puente llamado Sirat que une infierno y paraíso. Se advierte al que lo cruza que su paso es más estrecho que una hebra de cabello y más afilado que una espada». Este párrafo puede perfectamente ser el resumen de una historia que por momentos se traduce en una experiencia audiovisual que no dejará indiferente a nadie.

El filme comienza en algún lugar de Marruecos donde se celebra una rave. Luis (Sergi López) y su hijo llevan cinco meses buscando a la hermana mayor, que ha desaparecido y creen que se encuentra en el norte de África asistiendo a una de esas fiestas con música electrónica y drogas. Cuando la policía marroquí disuelve la reunión, algunos de los participantes se encaminan hacia otra rave que tiene lugar en Mauritania. Luis y el pequeño se unen a la caravana con la esperanza de encontrar a la joven.

A partir de aquí, el largometraje se convierte en una road movie a través del desierto donde los personajes sufrirán todo tipo de obstáculos naturales mientras se oyen noticias del exterior nada halagüeñas: todo parece indicar que el mundo se encuentra al borde de la tercera guerra mundial.


Dentro de una atmósfera apocalíptica, que puede recordar a Mad Max por lo extraño de los vehículos, el paisaje yermo y la falta de gasolina, los singulares personajes antisistema, que parecen extraídos de una película de Tod Browning —de hecho, uno de ellos lleva una camiseta que hace referencia a La parada de los monstruos (Freaks, 1932)—, avanzan hacia el sur al compás de una música envolvente y machacona.

La película se parte en dos en un momento trágico al tiempo que están atravesando un cada vez más angosto desfiladero (¿el Sirat?). De repente todo se vuelve violencia y muerte, cuando da la impresión de que los protagonistas estén realmente en el infierno. El final abierto, muy afín a lo que el director nos tiene acostumbrados, no es nada optimista ni esperanzador.

Oliver Laxe, en sus películas, siempre busca paraísos en la tierra. En su cinta anterior, Lo que arde, parece que el edén reside en algún lugar situado entre los parajes gallegos de su patria, aunque pronto todo se torna fuego a raíz de los incendios provocados. En Sirat, la felicidad de los personajes, el paraíso terrenal, tiene lugar cuando se sienten en libertad, bailando al son de la música. Sin embargo, pasado el puente, no pueden evitar que se desate el infierno de sus pecados.   






domingo, 17 de junio de 2012

CINE EN DVD: THE ROAD (John Hillcoat, 2009)


En sintonía con los tiempos que corren, la distribuidora Emon Home Ent. lanza en junio un pack de dos DVD’s donde se incluye la cinta de John Hillcoat, la que vamos a comentar, acompañada de la primera entrega de la trilogía sueca de Millenium; algo que ya está siendo habitual para combatir la crisis: la oferta múltiple.























La película de Hillcoat, basada en la novela de Cormac McCarthy, nos presenta una trama apocalíptica donde el mundo agoniza después de una catástrofe, una guerra o ambas cosas. Perteneciente a un género muy reconocible, la cinta describe el viaje de un padre y su hijo hacia el sur con la esperanza de encontrar una civilización normal dentro del caos que vive la humanidad.

Hillcoat se aproxima con acierto, desde la parte técnica, a este tema algo manido. Lo hace gracias a una fotografía plomiza, a un entorno helado, con viento hostil incluido, y a un paisaje desolado. La trama es muy simple, casi no existe, salvo el diálogo poco sutil y machacón entre padre e hijo acerca del bien y del mal, de resistir a la adversidad conservando, protegiendo, los valores morales en un mundo donde la supervivencia obliga a aparcarlos. Sólo el uso del flash-back, y algún que otro encuentro desagradable interrumpen la conversación familiar, eje central del filme.


Y es que apenas hay lugar para la acción, aunque reconocemos que la existente se encuentra bien aprovechada. Hillcoat esquiva las cintas sobre vampiros o zombies para enseñar que el monstruo más terrible de todos es el ser humano: sólo hay que dejarlo sin alimentos y sin ley para ver cómo se transforma, cómo pierde su identidad. En ese sentido, el director, igual que en la novela, nunca explica la causa que ha llevado a esa degeneración de la sociedad; ni siquiera pone nombres a los protagonistas.

A The Road, por tanto, la situamos junto a filmes intimistas como El Tiempo del Lobo (Time of The Wolf de Michael Haneke, 2003), o tan extremos en la reflexión como The Turin Horse (A Torinoi lo de Bela Tarr, 2011), por poner ejemplos contemporáneos, más que a películas comerciales del estilo de Mad Max y sus imitadoras. Podríamos decir que la cinta de Hillcoat es un producto estadounidense con aspiraciones europeas, algo así como Quinteto (Quintet, 1979), aquel atractivo largometraje de Robert Altman, con un arranque similar, protagonizado por Paul Newman. Allí destacaba un espectacular elenco del viejo continente donde Vittorio Gassman, Fernando Rey y Bibi Andersson interpretaban a supervivientes en un era post atómica, con la Tierra congelada, y con un juego mortal como único pasatiempo.


En The Road, el casting es mucho más reducido. Ese estupendo actor que es Viggo Mortensen se echa a las espaldas el proyecto de Hillcoat y hay que decir que pone empeño y le sale bien —por lo visto, en el rodaje dormía con la misma ropa y pasaba hambre de verdad, hasta le echaron de un supermercado de Pittsburg por confundirle con un indigente—. El resto de intérpretes, a excepción del papel del niño, rozan el cameo por el poco tiempo que el director los tiene en pantalla; y eso que Robert Duvall, Charlize Theron y Guy Pierce cobraron lo suyo por participar.

The Road nos parece una película algo desigual por lo plana, lo repetitivo de su mensaje y lo poco que aporta a un género esquilmado por los cineastas, sin embargo, creemos que cuenta con suficientes elementos atractivos como para darle una oportunidad y echarle un vistazo.

Ver Ficha de The Road







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