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jueves, 26 de febrero de 2009

SILENCIO SE... GRABA (Semana del 27 de febrero al 5 de marzo de 2009)

Arranca el mes de marzo, treinta y un días larguísimos, sin puentes, ni fiestas, ni nada (tranquilos luego vendrá abril, con su Semana Santa y su Feria, y entonces nos reiremos), pero con interesantes películas en su primera semana. Lawrence de Arabia, Cautivo del deseo, El Tercer Hombre (segunda vez que la anuncian en Veo TV, esperemos que no llegue a la tercera para hacer honor a su título), El Hombre que sabía demasiado, Tesis, Picnic y Ricardo III presiden un conjunto de cintas que si yo fuera vosotros me haría con ellas.

Pinchar en la tabla para verla mejor (las películas en rojo no son necesariamente las mejores, son las que se comentan más abajo)



Comentarios de algunas de las cintas recomendadas:

Las Campanas de Santa María (The Bells of St.Mary’s de Leo McCarey, 1945). Bing Crosby, Ingrid Bergman. (Telemadrid, sábado 28 a las 01:15)

Segunda parte de las aventuras del Padre O'Malley, un cura con sombrero de paja, que aparece -y se va- de forma inesperada, como si fuera un enviado directo de Dios a la Tierra. Lo que sorprende es que su misión no sale de la Iglesia: siempre llega para resolver algún problema dentro de su propia "empresa". Esta vez se trata de un colegio en ruinas, regentado por una monja cabezota (Ingrid Bergman).

Entre otras cuestiones, el padre “Crosby” tendrá que ayudar a que un multimillonario acceda a donar un edificio nuevo; intentará unir una familia separada; y solucionará los conflictos entre dos muchachos de la escuela. Logrará salir adelante con el equipaje habitual: las canciones y los consejos disfrazados de parábolas.

A destacar la interpretación de los dos protagonistas, que fueron nominados al oscar y no lo consiguieron por culpa de los siete premios de su antecesora, la exitosa Siguiendo mi camino (Going my Way, del mismo director, un año antes). De los números musicales no perderse el villancico que da título a la película; de las secuencias cómicas, las lecciones de boxeo a cargo de Ingrid Bergman; y del conjunto de la cinta, el emocionante final.



La Decisión de Sophie (Sophie’s Choice de Alan J. Pakula, 1982). Meryl Streep, Kevin Kline, Peter MacNicol. (Punt 2 y TV3, sábado 28 a las 22:00 y domingo 1 a las 23:30, respectivamente)

Interesante cinta del director y productor Alan J. Pakula, pero que resulta irregular debido a la evolución de la propia trama y al casting. Basada en la novela homónima de William Styron, los momentos cumbres de la película coinciden cuando la secuencia es conducida de la mano de una magnífica Meryl Streep (que gana el oscar); las caídas son provocadas por los excesos de Kevin Kline, que no se adapta demasiado bien a su papel, y por la presencia del soso Peter MacNicol. Pero también la acción sufre esos altibajos. Los flash-back del campo de concentración están muy conseguidos y predominan sobre algunas escenas cotidianas que no están muy bien rodadas. De todas formas el filme se recuerda con agrado gracias a una estudiada conclusión, donde los acontecimientos del presente son consecuencia directa de los impactantes sucesos del pasado.



Antes del Atardecer (Before Sunset de Richard Linklater, 2004). Ethan Hawke, Julie Delpy. (TvCanaria, domingo 1 a las 17:25)

¿Se ha preguntado alguna vez que habría ocurrido si Rick e Ilsa se hubieran encontrado de nuevo, después de su despedida en Casablanca? ¿No se quedó con la duda de si Jesse y Celine acudirían a su cita, después de aquel día juntos en Viena? Para la segunda pregunta el propio director, Richard Linklater, dirigió una secuela casi diez años más tarde.

En esta ocasión los protagonistas de Antes del Amanecer (Before Sunrise, 1995) coinciden en París, donde Jesse (Ethan Hawke) está promocionando su libro, basado en su breve, pero intenso encuentro con Celine (Julie Delpy) casi una década antes. Ella acude a la firma de la novela con la esperanza de volver a verle. Y se encuentran.

La cinta vuelve a centrarse en los diálogos entre la pareja, esta vez con la capital de Francia como telón de fondo y con los personajes sensiblemente cambiados. Linklater utiliza casi la misma técnica que en el rodaje en Viena. Estructura la conversación por temas y los presenta a lo largo de varios paseos por las calles de París. Los sigue en una cafetería, en un viaje por el Sena en barco, en un trayecto en automóvil y finalmente en el apartamento de Celine. De esta forma el espectador no se cansa y atiende a una amena conversación donde los sentimientos van aflorando hacia una situación verdaderamente emotiva. Además, a diferencia del primer filme, el realizador hace coincidir el tiempo diegético con el real. Que la acción transcurra en los ochenta minutos que dura la película es otro elemento más para que una cinta basada en el diálogo no resulte pesada (les estoy cogiendo verdadera manía a esos largometrajes que duran casi tres horas).



En Antes del Atardecer se habla de ecología, política, religión o sexo, enlazando muy bien los temas pero siempre con el amor como sustento de una relación que comenzó en aquel encuentro en Austria. Linklater no se resiste a utilizar a los protagonistas para que simbolicen la vieja Europa y la joven América. Casi siempre es Celine la que inicia un tema de conversación, con una manera de ver la vida más progresista que Jesse, que de alguna forma se deja llevar por el carácter tan agradable de su compañera. El director aporta un mensaje optimista y opina que se puede hablar de cualquier tema siempre que presida la tolerancia.

Por otro lado los larguísimos travellings, con un plano medio como encuadre, sirven para que los actores disfruten de lo que parece una conversación entre amigos y no de un cansado día de rodaje. Y es que el mérito de esta secuela -y lo que la hace situarse a la altura de la primera película y por momentos superarla- es precisamente la simbiosis personajes-actores: el espectador presencia el reencuentro entre Jesse y Celine, pero también asiste a la reunión entre dos viejos amigos, Ethan y Julie. Ambos profesionales parece que estén recordando juntos su trabajo de nueve años atrás. Han cambiado: "estas más delgada, con el pelo recogido", "y tú, tienes una arruga nueva, justo entre las cejas".

Hasta la música es diferente. Para subrayar esa excelente confusión entre ficción y realidad, es la propia Julie Delpy la que aporta sus canciones a la banda sonora y Celine las que dice haberlas compuesto e incluso se atreve a cantar una, con un título muy apropiado: "A Waltz for a Night". Ideal para bailarlo justo antes del atardecer.



domingo, 1 de febrero de 2009

LA DUDA (Doubt de John Patrick Shanley, 2008)

Tengo que reconocer que acudí a La Duda medio obligado, con un mar de… desconfianzas a causa de una trama que me resultaba poco atractiva y muy difícil de digerir en unos tiempos que ansían distensión y esparcimiento. Pronto me di cuenta que estaba ante una de las mejores películas de los últimos tiempos.





Basada en una obra de teatro de su propio director (John Patrick Shanley), narra el enfrentamiento entre una estricta monja, directora de un colegio en la América de los sesenta, y un cura moderno, acusado de pederastia. La cinta cumple lo que promete, es decir un duelo interpretativo de los que hacen época entre dos de los mejores profesionales que hay en el panorama cinematográfico actual: Meryl Streep y Philip Seymour Hoffman.

Independientemente del mérito de los actores –que están sencillamente geniales-, el director no ha caído en su propia trampa y se ha alejado de las tablas para realizar un filme ejemplar. Y es que no hay mejor forma de “airear” la historia que acudir a la propia Naturaleza: el viento dirige la acción, y la nieve, con su manto blanco, la concluye. Y no hay mejor decisión, para modificar el tratamiento, digamos horizontal, que el teatro confiere a los personajes, que provocar una relación vertical entre ellos. Así, con muy buen criterio, el realizador coloca a Meryl Streep siempre por encima de Hoffman; ya sea con el objetivo (contrapicados para ella, todo lo contrario para él) o con la puesta en escena: con la monja situada en un escalón –literalmente- superior; o con el sacerdote sufriendo la mirada de ella, desde la ventana; o la del mismísimo Dios, dentro de la Iglesia.


Esta habilidad de Shanley se refuerza con su mejor activo: el impecable guión. Muy bien tratado desde una estructura clásica ejemplar, donde tres homilías dan paso al arranque, al desarrollo del conflicto y a su resolución. Un ejemplo: la cinta comienza con el religioso explicando a sus feligreses la importancia de la duda; una frase que introduce y resume todo lo que vendrá a continuación y que, además, sitúa la acción en el tiempo al hacer referencia al reciente asesinato de Kennedy.

Con La Duda, el director ha conseguido extraer lo mejor de los actores, unirlo a su magnífico guión, situarlo en un sobrio escenario y presentarlo con rotundidad al espectador. El resultado es un público que no se mueve de la butaca, que casi no respira y que sigue hablando de la cinta muchas horas después de haber tenido la suerte de verla.

Una última reflexión antes de terminar. ¿Cómo es posible que puedan compartir nominación a los premios de la Academia (aunque sea en diferente categoría) la actuación de dos monstruos de la interpretación como Streep y Hoffman, con la lamentable intervención de Penélope Cruz en la última película de Woody Allen?

No creo en los oscar.

Ver ficha de La Duda

Dedicado a mi amigo Dexter que, en mi opinión, acertó con su última apuesta.

lunes, 18 de agosto de 2008

MAMMA MIA ! (Phyllida Lloyd 2008)

Cuando nos disponemos a escribir nuestras impresiones acerca de una película siempre nos asalta la tentación de hacer el comentario de espaldas a la pantalla, de que la respuesta del público que asiste anónimo al espectáculo sea la base de nuestros argumentos a favor o en contra del filme. Si esta hubiera sido la opción elegida con Mamma mia! el veredicto habría sido muy favorable; el peso de los aplausos, los coros de los espectadores siguiendo las canciones y las risas generalizadas, habrían sido determinantes para considerar al largometraje como excelente. Pero si queremos ser sinceros con nosotros mismos -y con el lector-, si queremos cubrir de rigor nuestra crítica, hay que volverse hacia la proyección y analizarla desde el punto de vista cinematográfico. Si lo hacemos así veremos que la cinta no queda tan bien parada.



Gran parte de la culpa la tiene el siempre difícil proceso de adaptación. Los riesgos a la hora de pasar a la gran pantalla una obra escrita y diseñada para ser representada en un teatro, se acrecientan en el caso de una revista o de un musical. Y es que el cine amplifica los defectos de una historia insulsa. "Airear" una trama tan simplona como la de Mamma mia!, cuya única razón de ser es servir de base para unir en las tablas unos números musicales con otros, provoca la creación de un producto absurdo que hace que todo chirríe con él. Es cierto que la mayoría de los musicales tienen unos argumentos que no resisten ningún análisis serio, pero las buenas películas del género, procedan de Broadway o hayan sido diseñadas para el cine, tienen un ritmo de narración propio del elemento y la historia, por muy sencilla que sea, se encuentra enriquecida cinematográficamente hablando. Pensemos por ejemplo en La Corte del Faraón (Jose Luis García Sánchez, 1985), y en la habilidad de Rafael Azcona para contar una trama que fluye paralela a la famosa zarzuela.

Vemos otro fallo en el casting. No sólo porque Pierce Brosnan cante horriblemente mal, sino por el protagonismo de Meryl Streep en una obra que se le ha querido dar un empaque moderno. Un musical donde abundan los primeros planos y donde la cámara filma la coreografía desde dentro, lo que pide es la inclusión de una actriz desconocida -a ser posible cantante, dejémonos de experimentos-, madura y con todas las arrugas que se quieran en el rostro. Sinceramente, creo que la gran dama del melodrama, a pesar de realizar un notable trabajo, no encaja en la cinta de Phyllida Lloyd. Su constante exhibición puede que haya servido para darle un mayor tirón comercial a la película, pero no hace más que reflejar una decadencia física que podría haberse evitado.

¿Entonces qué es lo que provoca la favorable acogida de gran parte del público? (qué sí, que hay que tenerlo en cuenta) La respuesta no puede ser más sencilla: ABBA. Las canciones del grupo sueco se las sabe todo el mundo, son pegadizas, alegres y refrescantes; ideales para escucharlas en vacaciones mientras fuera de la sala caen más de treinta grados. "Waterloo", "Chiquitita" o "I Have a Dream", entre otras, son las responsables de que finalmente haya sucumbido a la tentación y me haya puesto a escribir con la pantalla a mis espaldas.

Ver Ficha de Mamma mia!

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