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miércoles, 6 de julio de 2016

¡VACACIONES DE VERANO!

Con motivo del parón acostumbrado por las vacaciones estivales, y como norma casi obligada en este portal, os dejo hasta la vuelta con una secuencia de la mejor película jamás filmada.Se trata de una escena del primer tercio del filme, cuando Ethan y Martin descubren la matanza de su familia a manos de los indios.

El ritmo de la secuencia es made in John Ford, excepcional. Los contrapicados en el Monument Valley, con cielos nublados tan afines al maestro, no presagian nada bueno. Todo se acelera hasta que descubren las llamas y el rancho destrozado.

A destacar uno de los últimos encuadres, cuando Ethan atraviesa de nuevo la puerta (igual que en el arranque de la película y en el final). En dicha escena se escucha la música de Max Steiner que acompaña a John Wayne cuando descubre el cadáver de Martha, su amada. Ford utiliza el encuadre que hará famosa a la película como si fuera el leitmotiv de una pieza musical, de una ópera, de una obra magna como de hecho es Centauros del desierto.


Lo dicho, a descansar y nos vemos a la vuelta.
Un abrazo.

(aquí otras secuencias comentadas de la película)



martes, 7 de julio de 2015

¡VACACIONES DE VERANO!



Ride away... Aléjate, piérdete en estas vacaciones y disfruta.
Nos vemos a la vuelta.
Abrazos.

What makes a man to wander What makes a man to roam? What makes a man leave bed and board And turn his back on home? Ride away (Ride away), ride away (ride away), ride away ---------------------------------------------- The snow is deep and oh, so white The winds they howl and moan Fire cooks a man his buffalo meat But his lonely heart won't warm Ride away, ride away, ride away

A man will search his heart and soul Go searchin' way out there His peace of mind he knows he'll find But where, oh Lord, Lord where? Ride away, ride away, ride away




jueves, 19 de diciembre de 2013

FELIZ NAVIDAD!!


De nuevo recurrimos al emblema de nuestro blog para felicitar las Navidades y desear a nuestro lectores lo mejor en compañía de la familia o de lo seres queridos o simplemente disfrutando de unos días de descanso.

En esta ocasión la música será la que nos acompañe en esta felicitación navideña, música de cine: por supuesto, la banda sonora de Centauros del desierto.

Compuesta por el gran Max Steiner, fue nominada al Oscar y es una maravilla, como toda la película.

Os dejo con la suite The Searchers, una especie de resumen de quince minutos, más o menos, de duración, que he encontrado en la red y con el que nos despedimos hasta el año que viene en el que habrá más cine y alguna sorpresa literaria.

¡Un abrazo!







Y pronto... CENIZAS PARA UN BLUES.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

¡FELIZ NAVIDAD! ¡FELIZ AÑO ÑUEVO! Y... "GARRY OWEN"

Como de costumbre nos apoyamos en una secuencia de LA PELÍCULA (ya sabéis cuál) para despedirnos por motivos vacacionales. Mientras Max Steiner y su versión de "Garry Owen" suenan en la escena invernal, propia de estas fechas, os deseamos muchas felicidades y lo mejor para el año que viene. Y cine, siempre cine.


lunes, 20 de diciembre de 2010

¡FELIZ NAVIDAD!

Nos ausentamos unos días por motivos vacacionales, pero no queremos irnos sin felicitar estas fiestas a nuestros amigos lectores. Me temo que va a ser ya una costumbre apoyarnos en una secuencia de Centauros del Desierto para tal motivo. Es una de nuestras favoritas, al comienzo de la cinta, cuando Ethan va a partir con un destacamento al mando del reverendo y, a la vez, capitán Samuel Johnston Clayton (Ward Bond).



La escena no necesita palabras. El sacerdote (un religioso armado hasta los dientes) ve como Marta acaricia la capa de su cuñado. De fondo suena el tema principal de la película a cargo del gran Max Steiner. El gesto delata a Marta, que siempre ha querido a Ethan. El reverendo también asiste en silencio a la despedida de la pareja. Ford nos dice con imágenes, que el cura da por bueno el amor entre estas dos personas.

Ward Bond es el personaje secundario más asiduo de Ford y, generalmente, es el representante del propio director en la trama. Es decir, el realizador bendice la relación silenciosa entre Ethan y Marta. Pero la cosa puede ir más lejos si tenemos en cuenta que Bond hace de sacerdote. ¿Es el propio Dios quien da su consentimiento, o simplemente no se opone, a este amor imposible? Ford parece que lo insinúa cuando, además, fotografía la escena mirando hacia arriba, en contrapicado, para darle mayor solemnidad.


Con John Ford nos despedimos, y lo dicho: Os deseo Feliz Navidad y un Año Nuevo cargado de buen cine.

miércoles, 30 de junio de 2010

RIDE AWAY, RIDE AWAY, RIDE AWAY


Pues eso, que mañana me voy de vacaciones.
Un abrazo a todos y a disfrutar.
Nos vemos a la vuelta.


jueves, 29 de abril de 2010

CINE EN TV: PASEANDO A MISS DAISY; DALLAS, CIUDAD FRONTERIZA

Paseando a Miss Daisy (Driving Miss Daisy de Bruce Beresford, 1989). Jessica Tandy, Morgan Freeman, Dan Aykroyd. (Televisión del Principado de Asturias, viernes 30 de abril a las 15:30).

Que una película lleve colgado el sambenito de “sobrevalorada” debe ser de las peores cosas que le pueden ocurrir. Paseando a Miss Daisy lo tiene desde que se hizo con cuatro Oscar allá por el año 1990 (y estuvo nominada a nueve), entre ellos el de mejor película. La paradoja del premio que perjudicó al filme. No sé si la cinta se mereció tales galardones, pero de lo que sí estoy seguro es de que merece la pena, y mucho, ser vista.

Bruce Beresford adaptó la obra de teatro (premio Pulitzer del año anterior) de Alfred Uhry a la sazón guionista del largometraje. Y creo que lo hizo muy bien, aunque el tono teatral nunca desaparece de la cinta, hay muchas secuencias que hacen olvidar el medio destinatario de la historia original. Ésta se desarrolla en una ciudad del Sur, desde finales de los años cincuenta hasta los setenta, es decir con el racismo dominando las relaciones entre blancos y negros. En ese entorno, la trama consigue crear un vínculo entre los personajes principales para construir una grata excepción.

A la anciana Miss Daisy (una judía de sangre germánica) se le prohíbe, por el bien de la comunidad, que vuelva a conducir en coche. A pesar de la oposición de Daisy, su hijo contrata a Hoke, un chofer de color que tampoco es ningún jovencito. A partir de aquí las dos personalidades (sobre todo la de la maniática abuela) van progresivamente cambiando desde una abierta hostilidad hasta una cariñosa dependencia. En esa evolución se lucen los actores tanto que no se sabe quién lo hace mejor, si Jessica Tandy, desde su obsesiva persecución contra los que la critican a sus espaldas o por su comportamiento en el vehículo: un machacón y gruñón GPS; o Morgan Freeman, como el paciente, pero firme chofer que maneja todo un atractivo desfile de vehículos a lo largo del metraje que hará las delicias del aficionado –se pueden ver distintos modelos clásicos de Cadillac, Hudson, Plymouth o Chrysler-.

Bruce Beresford gobierna un argumento de enorme simpleza (quizás de aquí pueden surgir las críticas hacia la película), pero lo hace con mucha habilidad para no caer en la sensiblería gratuita o en el aburrimiento. Mientras sólo señala con sutileza los cambios que experimenta la ciudad, es decir lo que sucede en el exterior de la mansión donde viven Hoke y Daisy, en el interior va colocando progresivamente distintos puntos de giro (la sospecha de un robo, el descubrimiento del analfabetismo de Hoke, etc.) que irán acercando a los dos personajes. La soledad y el roce continuo favorecerán esa unión; y sólo la sombra del racismo intentará separarlos.

Creo que en Driving Miss Daisy hay suficientes elementos para que pase la prueba de los años y se convierta por fin en una buena película. No sé ustedes, pero yo ya le he quitado el cartel de “sobrevalorada”.



Dallas, Ciudad Fronteriza (Dallas de Stuart Heisler, 1950). Gary Cooper, Ruth Roman, Raymond Massey. (Canal Aragón TV, domingo 2 de mayo a las 16:45)

Clásico western del eficaz artesano Stuart Heisler, que saca el máximo partido a una estrella de la categoría de Gary Cooper. El actor interpreta a Reb Hollister, un confederado que sigue con su lucha particular a pesar de haber finalizado la contienda. Reb espera vengarse de los hermanos Marlowe (Raymond Massey y Steve Cochran) los mismos que aprovechando la guerra prendieron fuego a su casa matando a toda su familia. Mientras tanto permanece al otro lado de la ley, eso sí protegido por sus amigos del Sur; entre ellos el legendario sheriff Wild Bill Hickok, una licencia de Heisler con la historia en medio de la ficción.

Es decir, una película del Oeste cuyo argumento veremos repetido en más de una ocasión - se me ocurre la excelente El Fuera de la Ley (The Outlaw Josey Wales de Clint Eastwood, 1976)-, pero que contiene varios aspectos interesantes como el del arranque, en el que Reb se alía con un comisario del Norte que ha venido a investigar los crímenes de los Marlowe. La pareja sitúa el filme en el lado de las tan actuales buddy movies. Y es que la personalidad de uno y otro chocan en más de un sentido: uno perseguido por la justicia, el otro el perseguidor; Reb un experto pistolero, Martin (el comisario) un novato; y además, los dos antiguos soldados en bandos opuestos durante la Guerra Civil. Por si fueran pocas las diferencias, una mujer (la atractiva Ruth Roman) se encargará de aumentarlas.

La acción se desarrolla en Dallas, una ciudad en construcción que aún no tiene ayuntamiento y que espera a héroes como Reb para limpiarla de los delincuentes. Seguimos con el guión demasiadas veces visto -ahora recuerdo Dodge, Ciudad sin ley de Michael Curtiz entre muchas otras-, pero qué se puede esperar de Gary Cooper en su brillante madurez (en dos años haría Solo ante el peligro) cuando además tiene enfrente a uno de los mejores “malos” de la historia del cine: Raymond Massey.

Por el lado técnico, la música de Max Steiner y el entrañable technicolor de la época, donde predominan los tonos marrones, dan un caracter épico al conjunto. También el guión acompaña para dar esa impresión gracias a la historia de aprendizaje que subyace entre Reb y Martin, y al tinte crepuscular que envuelve al protagonista cuando alienta a la joven pareja a establecerse en la nueva tierra mientras que a él “se le acaba el tiempo”. Lástima que el final convencional decepcione a los que esperábamos a Coop alejarse a caballo buscando su destino.



martes, 26 de febrero de 2008

DODGE, CIUDAD SIN LEY (Dodge City de Michael Curtiz, 1939)

En 1939, Michael Curtiz realizó, para la Warner, Dodge City, una película donde Wade Hatton (Errol Flynn) "limpiaba" la ciudad del título. El personaje se presentaba en la pradera como una especie de Búfalo Bill contratado por el ferrocarril. No había ninguna duda de que era un héroe desde el comienzo. Nada que ver con el tratamiento de los personajes en los western posteriores, los llamados psicológicos. Y es que la película de Curtiz pertenecía a una época que estaba finalizando. Recordemos que ese mismo año se estrenó La Diligencia, de John Ford; la culpable de que el western ya no volviera a ser el mismo.


En efecto, en los años previos, las cintas del Oeste o eran productos de serie B, con héroes más o menos kitsch; o eran filmes que podrían incluirse dentro del género de aventuras. Títulos como Arizona, de George Marshall, tuvieron su importancia y fueron muy aclamados. A esas mismas producciones, con mayor presupuesto, se les podía dar un empaque más épico. Así, Unión Pacífico, de Cecil B. De Mille, narraba la lucha de dos compañías de ferrocarril para hacerse con un territorio hostil. En ese mismo sentido, en Dodge City, Curtiz nos introduce ligeramente en el cambio que supuso para Estados Unidos la aparición del tren en las tierras que quedaban por colonizar. En el arranque, la secuencia donde una diligencia y una locomotora compiten en una carrera espontánea -con victoria para la segunda- es una lección ejemplar de cómo el progreso es inevitable, y da pie para iniciar la historia de la creación de una ciudad, cuyo nombre proviene del Coronel Dodge, dirigente del propio ferrocarril.

Hasta aquí todo lo analizable desde el punto de vista histórico. El resto forma parte de un capítulo entrañable para todo cinéfilo. Me refiero a los largometrajes que protagonizaron Errol Flynn y Olivia de Havilland en la década de los treinta y principio de los cuarenta. Casi todos de Michael Curtiz, uno de los directores que mejor aprovecharon las virtudes de Errol Flynn como aventurero ideal. En Dodge, ciudad sin ley se aprecia su forma de rodar, perfecta para este tipo de películas: ritmo endiablado en las escenas de acción; agilidad con la cámara sólo superada con los movimientos de grúa, en aquellos tiempos en los que, gracias a Dios, aún no se había generalizado el uso del Zoom; muy conseguido acompañamiento de la música -a cargo del legendario Max Steiner-; y brillantes escenas rodadas en exteriores con el característico technicolor de la época.



Pero si el director era ejemplar, la pareja Flynn-De Havilland situó el listón tan alto que ninguna posterior ha conseguido igualarla. Casi siempre con la misma subtrama amorosa: Errol y Olivia se conocen, se pelean y se reconcilian a lo largo del metraje. En el filme que nos atañe, las escenas que comparten juntos reflejan lo bien que se compenetraban y lo bien que funcionaba la pareja de cara a la taquilla. A pesar de ello, la actriz no le dio importancia a aquellas películas, que consideraba menores. Prosiguió su carrera, lejos de su colega, y llegó a ser una de las más prestigiosas estrellas de Hollywood. Cuando prácticamente se encontraba retirada se dio cuenta de que aquellas cintas habían sido básicas en la historia del cine. Quiso enmendar su error y pedir perdón a su compañero de aventuras; pero no lo consiguió, Errol Flynn acababa de morir.

Ver Ficha de Dodge, Ciudad sin Ley


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