Mostrando entradas con la etiqueta Michael Lonsdale. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Michael Lonsdale. Mostrar todas las entradas

domingo, 1 de mayo de 2022

2 X 1: "ESTADO DE SITIO" y "SECCIÓN ESPECIAL" (Konstantinos Costa-Gavras)

Estado de sitio (État de siège, 1972)

En la década de los setenta, el director griego Konstantinos Costa-Gavras pone de moda el cine político ⸺el mismo Costa-Gavras y su familia tuvieron que emigrar a Francia por motivos políticos⸺ con una serie de películas, escritas la mayoría por Jorge Semprún y protagonizadas, las mejores, por Yves Montand. Tras las excelentes Z (1969) y La confesión (L’aveu 1970), el director heleno dirige Estado de sitio, que se diferencia de las anteriores por estar escrita por Franco Solinas, aunque sigue con Montand al frente del reparto.

La cinta narra el secuestro de un agente de la CIA (Yves Montand) en Uruguay en plena crisis del país en su lucha contra los terroristas del grupo revolucionario izquierdista Tupamaro. El filme denuncia la intromisión del gobierno de los Estados Unidos a través de la CIA en los asuntos internos de un país sudamericano (nunca se dice que es Uruguay, pero es evidente que se trata de ese país) donde los agentes enseñan al gobierno de derechas, entre otras cosas, prácticas de tortura para acabar con la guerrilla.

Narrado al estilo docudrama, con los días y las horas en las que lleva cautivo el agente norteamericano como referencia, el largometraje rompe la narración lineal para ir mostrando en flashbacks la intervención real del secuestrado en otras naciones mientras miente al ser interrogado. La cinta se mueve en varios frentes, pero principalmente en el parlamento, con los debates entre las fuerzas del gobierno y las de la oposición; y en el escondite de los secuestradores.


Estrenada tan solo un año antes de la caída del régimen de Allende en Chile con la participación encubierta de los Estados Unidos, la cinta se convierte en premonitoria e inaugura un subgénero dentro del cine político, que tendrá continuidad en películas coetáneas como Nada (Claude Chabrol, 1974), o más modernas como Buenos días, noche (Buongiorno, notte, Marco Bellocchio, 2003), por poner solo dos ejemplos de cintas donde un político es secuestrado por un grupo terrorista.

Destaca la secuencia rodada dentro de un autobús, donde van pasando representantes de las distintas fuerzas revolucionarias (obreros, estudiantes, anarquistas, comunistas, etc.) para entrevistarse con el líder del grupo terrorista y votar si asesinan al secuestrado o lo dejan libre.

 

Sección especial (Section spéciale, 1975)

Justo a continuación de Estado de sitio, Costa-Gavras rueda Sección especial, esta vez sí con guion de Jorge Semprún, con un elenco de grandes actores franceses de la talla de Jacques Perrin o Michael Lonsdale y con un cameo, claro, de Yves Montand.

La acción se desarrolla en la Francia ocupada por los nazis y narra un hecho real: un oficial germano es asesinado y los alemanes exigen la detención y ejecución de seis personas de la resistencia, de lo contrario ellos asesinarán a muchos más civiles en represalia. Para darle un aspecto legal al hecho, el vergonzoso gobierno de Vichy se saca una ley de la manga donde se nombra a la Sección Especial del título, un conjunto de jueces del Tribunal Supremo capaces de resolver en tiempo récord la detención, procesamiento y ejecución de media docena de supuestos activistas ⸺todos inocentes⸺ con tal de satisfacer las exigencias de los teutones.

Desarrollado de nuevo como un docudrama, el filme se divide en capítulos, cada uno de ellos de un día de duración. Costa-Gavras vuelve a utilizar el contraste entre las falsas acusaciones y la realidad mostrada a través de flashbacks, acaso lo mejor del largometraje: los supuestos delitos conspiratorios de cada acusado son nimiedades (incluso algunas expuestas con cierto humor para ver lo absurdo de la acusación), que no hubieran tenido ni siquiera pena de cárcel en cualquier otro contexto. De ahí la sorpresa de los reos al ver cómo el fiscal les pide para cada uno de ellos la pena de muerte.

 

También son notables las secuencias del debate entre los jueces cuando intentan buscar, sin éxito, el delito para cada uno de los acusados; o la escena en la ópera donde el abogado defensor (Jacques Perrin) pasa por cada uno de los responsables del gobierno para pedir el indulto. Desde el mariscal Pétain (al que nunca se le ve el rostro) hasta el ministro del Interior, el vicepresidente, y de vuelta al principio, se van pasando la pelota unos a otros sin que ninguno se atreva a responder al letrado, conscientes de la indecente actuación de todos ellos. 

En Sección Especial, el director griego sigue denunciando las ilegalidades cometidas por los gobiernos autoritarios (ya sea el uruguayo o el francés de Vichy) en contra de los derechos humanos. En este segundo caso, el realizador prefiere centrarse más en el gobierno francés que en el alemán; en los que no son nazis, pero se comportan como ellos, o peor.






domingo, 7 de noviembre de 2010

DE DIOSES Y HOMBRES (Des Hommes et des Dieux de Xavier Beauvois, 2010)

Segundo y largo día de proyecciones, aquí en el festival de Sevilla, con buenas propuestas, como siempre unas mejores que otras. Aunque terminamos bastante entrada la madrugada mereció la pena aguantar hasta la última proyección para ver L’Uomo Che Verrá, la película de Giorgio Diritti que, sin ser absolutamente redonda, contiene algunas de las imágenes más bellas que se han visto hasta ahora. Otra nota destacada del día es la decisión tomada por la European Film Academy (EFA), en cuanto a los nominados a los premios europeos del año. Ya se está convirtiendo en una tradición que la EFA elija el Festival de Sevilla para anunciar las candidaturas. Sólo decir que Luis Tosar se ha hecho con una nueva posibilidad de premio por Celda 211; y que ayer pudimos ver una de las nombradas para ser mejor película del año: De Dioses y Hombres.



Otra película basada en hechos reales, esta vez del, primero actor y después brillante director, Xavier Beauvois. El realizador francés, con pocos largometrajes en su haber, ya se ha hecho un nombre entre el panorama cinematográfico europeo a base de premios en importantes festivales. Entre ellos el de Cannes conseguido por este filme que narra los trágicos sucesos vividos por un grupo de monjes de un monasterio del Norte de África.

Situados en el frente de guerra, entre terroristas fundamentalistas y el gobierno, los religiosos se encuentran perfectamente integrados con la población rural; con los que comercian, a los que sanan física y espiritualmente e, incluso, ayudan en labores administrativas para comunicarse con el antiguo país colonizador. Sin embargo, las relaciones con las dos facciones en litigio son más que tensas. Mientras el ejército les conmina a que abandonen el país, las acciones de los terroristas amenazan su integridad: acaban de degollar a un grupo de europeos que trabajaban en una fábrica y se les espera pronto entre los muros del monasterio. Tendrán que tomar una decisión; y pronto: abandonar la misión o aguantar.


Planteado el conflicto general, Beauvois se centra en las múltiples disputas individuales, tantas como monjes hay. La pugna interior de cada uno saldrá a relucir cuando el prior les anuncie un período de reflexión para decidir si irse o quedarse. Por un lado, la labor que hacen allí es importante, tanto que los habitantes del pueblo, todos musulmanes, les presionan para que no les abandonen; pero en el otro extremo de la balanza pesa mucho el miedo, que provocará algo mucho peor: dudas sobre su fe.

Lo que no crea incertidumbre es la intencionalidad de la película. Esencialmente católica -puede ser uno de sus lastres-, tiene un doble objetivo: por un lado aboga por la lucha personal para conseguir la paz interior. Por otro, se une al mensaje de varias películas que hemos podido ver en el certamen para afirmar que la convivencia entre personas de distintas creencias y cultura es posible. Y más si los problemas son comunes, y si estos hablan de necesidades básicas como la alimentación, la sanidad o el comercio.

Beauvois también denuncia con su cinta que sólo el poder, y los intereses asociados a él, son los que provocan el enfrentamiento. Y alguna excusa habrá que dar: en este caso, la religión. Para el director, la violencia no es lo importante, las consecuencias sí. El miedo, las dudas, la inquietud, las refleja muy bien el realizador cuando utiliza los primeros planos de los monjes. Sus rostros, las miradas y las arrugas nos dicen más que cualquier diálogo. Dreyer podría estar ahí, en la mente de Beauvois, y a nadie le extrañaría.

El problema de Des Hommes et des Dieux es la disociación que se produce entre director y espectador en algunas secuencias. Aquellas en las que el director alarga el tiempo en exceso para que la meditación de los personajes sea también la del público. No ocurre igual cuando el silencio interior se acompaña con bellas imágenes, casi bucólicas, de las labores del campo. Y es que la fotografía es uno de los activos de la película, sin duda.

También el trabajo de los actores, en especial de Lambert Wilson (aquel jefe de expedición en El Dorado de Saura) y de Michael Lonsdale. El veterano actor da vida a un “hombre libre”. Un monje enfermo, que cuida de la salud del resto; con una fe de hierro, sin resquicios, y que, por tanto, está preparado para morir. De ahí radica su libertad.


Ver Ficha de De Dioses y Hombres.



Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...