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domingo, 26 de enero de 2025

2 X 1: "EL CLUB DE LA BUENA ESTRELLA" y "LA CAJA CHINA" (Wayne Wang)

El club de la buena estrella (The Joy Luck Club, 1993) 

El director nacido en Hong Kong, Wayne Wang, se trasladó con 18 años a Estados Unidos donde inició una carrera cinematográfica. Después de rodar varios cortos y documentales acerca de la comunidad china en América, Wang se pasó a los largometrajes de ficción casi siempre con la misma temática: la de la integración de los chinos en Norteamérica. Hoy traemos dos de esas cintas pertenecientes a su excelente filmografía: 

El club de la buena estrella, la primera de ellas, es la adaptación al cine de la novela homónima de Amy Tan, ligeramente influenciada por la vida de la familia de la escritora: su madre era de nacionalidad china, allí se casó y tuvo varios hijos antes de emigrar a Estados Unidos. Años más tarde, el reencuentro de Amy Tan con sus hermanastras orientales es lo que le dio a la escritora la idea para su novela. 

El filme es, por tanto, un retrato de cuatro mujeres de ascendencia asiática, nacidas en Estados Unidos, y de sus madres. Mediante el uso del flashback se narra la vida de las segundas en China y de cómo cada una eligió emigrar a América. Esas historias enlazan con las de sus jóvenes hijas, ya integradas en Norteamérica, y determinan la relación entre unas y otras en los Estados Unidos de los ochenta.

 

Buena historia circular donde los personajes más jóvenes comparan sus vidas, sus preocupaciones y las relaciones con sus seres queridos, con sus madres, pero también con sus maridos o novios occidentales; y donde las más maduras cuentan sus interesantes vidas (lo mejor de la película) antes y después de integrarse —o no— en una comunidad diferente a la suya. 

El director también tuvo que adaptarse a la vida en América, y al cine occidental cuando estudió en el California of Arts and Crafts de Oakland. Seguro que Wang tuvo en cuenta las lecciones de ese tipo de cine en las secuencias modernas; mientras que usó la clase de cine que se hace en su país, más sensible y pausado, en las escenas que transcurren en la China continental.  


La caja china (Chinese Box, 1997) 

Cuatro años después de El club de la buena estrella, Wang rueda otra historia donde tienen lugar relaciones interraciales. Esta vez lo hace en Asia, concretamente en el Hong Kong colonial antes de ser devuelto a China, desde el día de Año Nuevo de 1997 hasta el 30 de junio del mismo año, fecha en la que se hizo efectiva la entrega de Hong Kong por parte de Gran Bretaña a China: 

En Hong Kong, John es un periodista británico (Jeremy Irons) que se encuentra enamorado de Vivian, una mujer oriental (Gong Li). Vivian, a su vez, es la novia de un celebre empresario hongkonés con el que no termina de casarse. John y Vivian son amantes, pero tampoco terminan por concretar su aventura en boda, sobre todo porque ella se muestra reticente. Cuando a John le diagnostican una enfermedad terminal, todo cambia. 

Metáfora de la desaparición de Hong Kong como colonia inglesa, donde hay libertad y democracia, antes de la integración en la China comunista. John se muere igual que la ciudad lo hace. Es cuando descubre el secreto de su amante (la china era prostituta y la tradición china no permite que se case), que, igual que la ciudad, también tendrá que adaptarse a una nueva vida.

 

Filme con muy buen reparto, donde además de Jeremy Irons y Gong Li (musa de directores tan prestigiosos como Zhang Yimou o Wong Kar-Wai) se incluye a Rubén Blades, el cantante-actor, que llega a cantar y tocar la guitarra en algunas secuencias. Perfecto papel para Irons con un registro que domina, el de persona atormentada (amor imposible, muerte cercana); y también ideal para Gong Li, que igual que su compañero de reparto da rienda suelta a su mejor registro, el de mujer oriental misteriosa y atractiva. 

La caja china seguramente no sea de las cintas más conseguidas del autor —prefiero Smoke—, pero es un película perfectamente rodada e interpretada donde tiene un lugar destacado la banda sonora, obra de Graeme Revell, que se llevó un premio en el Festival de Venecia. 






lunes, 29 de mayo de 2017

2 X 1: “SEMILLA DE CRISANTEMO” y “QIU JU, UNA MUJER CHINA” (Zhang Yimou)

Semilla de crisantemo (Ju Dou, 1990)

Zhang Yimou es otro de los casos en los que prestigiosos festivales de cine occidentales han dado a conocer a excelentes directores de países más o menos exóticos.  El director chino hace tiempo que se pasea triunfante allá por donde presenta sus magníficas cintas, pero en 1990 era todavía un completo desconocido aunque ya había ganado el Oso de Oro en el festival de Berlín con su ópera prima Sorgo Rojo (1987). Con su tercer largometraje, Semilla de crisantemo, logró encandilar a jurado y público del certamen vallisoletano haciéndose con la espiga de oro; ese mismo año obtuvo una merecida nominación al Óscar a la mejor película extranjera.

La historia del triángulo amoroso en una fábrica textil, en una tintorería de principio de siglo XX, resulta espectacular desde el lado de la fotografía (Yimou fue operador antes que realizador, y se nota), pero también sorprende por el tratamiento desenfadado que el cineasta oriental le confiere a una trama que en realidad es una tragedia. El director narra con cierto humor negro para concluir con una falsa moralina en la que el fruto del pecado se vuelve contra sus progenitores. 


No obstante, como se ha dicho, lo que destaca en Ju Dou es la forma sobre el fondo. La estética, los decorados y el color sobresalen por encima de los diálogos. En la fábrica las telas se secan en altísimos tendederos y se tiñen de amarillo, de azul o de verde, mientras Yimou extiende la pintura para colorear toda la puesta en escena con esos mismo colores. Cuando se avecinan problemas no es casual que sea el rojo el tono del tinte.

Del reparto, hay que destacar a Gong Li por encima del resto del corto elenco. La debutante en la primera película de Yimou, la citada Sorgo Rojo, se convierte en Semilla de crisantemo en una fija, en una bella musa que será el blanco del objetivo del director a lo largo de toda su carrera.  





Qiu Ju, una mujer china (Qiu Ju da guan si, 1992)

Dos años más tarde de Semilla de crisantemo, Zhang Yimou vuelve a rodar una cinta donde una mujer de fuerte carácter es la protagonista indiscutible. De hecho, esos retratos femeninos son lugares comunes en la filmografía del director, y el tema central de sus mejores películas.

Qiu Ju  (Gong Li, no podía ser otra) es una mujer de campo medio analfabeta y a punto de dar a luz un hijo. Después de una disputa, el alcalde de la aldea donde vive Qiu Ju arremete contra el marido de ella y le propina una patada en sus partes nobles. A partir de aquí, la terca mujer inicia un recorrido por todos los juzgados e instancias para obtener una satisfacción del alcalde. Desde la aldea, a la corte del pueblo, pasando por el condado, la capital y demás instituciones, Qiu Ju apela una y otra vez las decisiones de los magistrados hasta que le den la razón.

En Qiu Ju, Zhang Yimou cambia radicalmente de temática, de ambientación y hasta de forma de rodar. Si en Semilla de crisantemo, el director se remontaba a los años veinte,  y daba rienda suelta a su experiencia como director de fotografía; aquí se desentiende de la estilizada puesta en escena para filmar una especie de documental contemporáneo, una película donde Yimou critica la burocracia comunista desde un punto de vista tragicómico muy atractivo.


Sólo Gong Li permanece como denominador común en ambos filmes, aunque en el segundo largometraje la actriz está irreconocible. El cambio de aspecto y de registro es tan extremo como el del propio director: más gorda, con varias capas de ropa encima como corresponde a una mujer que sobrevive al duro y frío invierno, Gong Li se mueve con torpeza e interpreta a una inocente campesina que cultiva guindillas, que en nada tiene que ver con la espabilada y sofisticada concubina de la película anterior. Si algo les une, es la determinación y el empeño que ponen para lograr sus objetivos.

Qiu Ju, una mujer china es, en definitiva, una comedia realista, con momentos divertidos, pero con final dramático, con la que Zhang Yimou consiguió el León de Oro en Venecia, al tiempo que su actriz fetiche se hacia con la prestigiosa Copa Volpi. Con tan solo cinco películas Yimou ya había ganado en Berlín, Valladolid y Venecia.





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