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jueves, 12 de marzo de 2009

SILENCIO SE... GRABA (Semana del 13 al 19 de marzo de 2009)

Con el buen tiempo anunciando la entrada de la primavera, iniciamos esta semana de interesantes propuestas cinematográficas: el excelente musical de Robert Wise y Jerome Robbins (más del segundo que del primero); obras maestras incontestables de John Ford, Howard Hawks, Alfred Hitchcock y Robert Rossen; películas muy buenas donde Woody Allen opina que el colmo del cine es que el director sea ciego; adaptaciones de Vicente Blasco Ibáñez o de Robert Louis Stevenson; aventuras en Bengala; dramas teñidos de negro en Argel; y algunas joyas del cine clásico español como Carne de Horca de Ladislao Vajda o El Clavo de Rafael Gil.

Pinchar en la tabla para verla mejor (las películas en rojo no son necesariamente las mejores, son las que se comentan más abajo)


Comentarios de algunas de las cintas recomendadas:

La Colina de los diablos de acero (Men in War de Anthony Mann, 1957). Robert Ryan, Aldo Ray. (Castilla-La Mancha TV 2, viernes 13 a las 00:30)

“Contarme la historia de un soldado raso y os contaré la historia de todas las guerras”. Con esta frase, justo a continuación de los créditos, arranca La Colina de los diablos de acero. Anthony Mann nos avisa con este “desbarre” que la película que vamos a presenciar no va a ser “una de guerra” convencional… leer más



El Rostro Impenetrable (One-eyed Jacks de Marlon Brando, 1961). Marlon Brando, Karl Malden, Katty Jurado. (Veo TV, sábado 14 a las 12:00)

Inicialmente preparada por Stanley Kubrick, finalmente la realizó su protagonista: Marlon Brando, convirtiéndose en la única cinta dirigida por la estrella; al menos con la autoría confirmada en los créditos… leer más



El Forajido (The Outlaw de Howard Hughes, 1943). Jack Beutel, Jane Russell, Walter Huston, Thomas Mitchell. (Veo TV, domingo 15 a las 23:00)

La cinta fue inicialmente pensada para que la dirigiera Howard Hawks; el prestigioso director apenas duró diez días al frente del proyecto por las continuas desavenencias con el productor, el excéntrico multimillonario Howard Hughes. Fue el propio magnate el que se encargó de la realización del largometraje y, de esta forma, poder promocionar a su nueva –e intima- estrella: Jane Russell.

La película, que prometía pasar desapercibida, acabó siendo una obra personal de Hughes; y bastante interesante. Resuelta en largos planos, saturados de diálogos, fue rodada en su mayor parte en interiores. La trama es muy simple, y un poco absurda, ya que sus protagonistas encarnan a tres famosos personajes del oeste: Billy El Niño (Jack Beutel), Pat Garret (Thomas Mitchell) y Doc Holliday (Walter Huston) que se relacionan a causa de un caballo sustraído, mientras se disputan a la novia de Doc, Río McDonald (Jane Russell).

La cinta no tuvo más que problemas por las secuencias donde Jane Russell aparece demasiado escotada para que el código Hays lo permitiera. Esta fue la causa para que tardara más de dos años en estrenarse. Vista hoy en día mantiene esa tensión sensual gracias a la (sobre) actuación insinuante de la actriz. Una conocida anécdota asegura que Howard Hughes y sus ingenieros de aviación diseñaron un sujetador especial para resaltar aún más el busto de la estrella.

A pesar de las escenas en el granero -culpables del escándalo- la película puede dar lugar a diversas interpretaciones: en primer lugar, los celos entre los personajes masculinos dan a entender una homosexualidad nada frecuente en las cintas del Hollywood de esos años; por otro lado el filme puede ser acusado de misógino por cuanto el trato que recibe la espectacular Jane Russell es prácticamente el mismo que le dan al caballo robado.

En definitiva, un western insólito, pero muy atractivo.

viernes, 22 de febrero de 2008

LLUVIA (Rain de Lewis Milestone, 1932)

A causa de la "lluvia" del título, unos pasajeros quedan atrapados en una isla tropical mientras esperan el barco que los lleve a su destino. Entre ellos se encuentran los dos protagonistas: Sadie Thompson (Joan Crawford), una prostituta que huye de Estados Unidos donde es reclamada por la justicia; y un reverendo muy rígido (Walter Huston), que intentará llevar por el buen camino a Sadie, no sin antes hacer que pague por sus pecados.



Este es el argumento de Rain, remake de Sadie Thompson (de Raoul Walsh, 1928); una especie de lucha entre dos personajes antagónicos, basado en la novela de Somerset Maugham, pero casi más en la posterior adaptación dramática de John Colton, lo que le hace superar ampliamente a la película original. Una curiosidad: es la obra de teatro que van a ver Paul Muni y su banda en Scarface: el terror del Hampa (Scarface de Howard Hawks, 1932).

Con estos antecedentes la cinta, vista hoy, resulta en exceso teatral; eso sí muy interesante debido a varios factores: en primer lugar hay que considerar la excelente labor, al frente del proyecto, del irregular Lewis Milestone que se encontraba en su mejor momento creativo. Si las películas que dirigió en los últimos años veinte y primeros treinta figuran entre las de mayor calidad de su filmografía, se debe en parte gracias a que el código Hays de censura aún no se había implantado en Hollywood. Y es que historias como las de Lluvia difícilmente habrían podido ser contadas para la gran pantalla sólo tres años más tarde.

Independientemente de la trama en sí, casi lo más importante es la forma de narrarla, y aquí es cuando Milestone se saca de la chistera un sorprendente manejo de cámara: en prácticamente un escenario único, se suceden largas y planificadas secuencias donde el objetivo acompaña a la acción; para ello no duda en sortear todo tipo de muebles, y en traspasar puertas y paredes, para conseguir un resultado sencillamente genial.

Pero estos alardes técnicos no eran suficientes para asegurar el éxito; la presencia de Joan Crawford sí. La gran estrella de los años treinta se puede decir que interpreta a dos personajes en uno: la "ligera" Sadie, antes de su fugaz conversión, sobreactuada, ataviada con trajes provocativos y pintada para la ocasión; y la misma joven transformada por el hipócrita cura en una mujer arrepentida, avergonzada y contenida en la interpretación. Paradójicamente la segunda Sadie Thompson es mucho más atractiva que la primera; su rostro brilla permanentemente y la ausencia de maquillaje y su ropa espartana le dan un aire más inalcanzable y por tanto deseable.

Deseable para el público, pero también para el predicador, que se encuentra en un entorno propicio para el pecado: un ambiente de lo más sofocante donde la lluvia cae torrencialmente -sin compasión-, y donde los nativos no paran de bailar como posesos mientras golpean frenéticamente sus tambores. El sacerdote, como un Doctor Frankestein enamorado de su creación, no tarda en sucumbir a los encantos de la “nueva” Sadie. Y entonces sobreviene la tragedia.

La puesta en escena, la habilidad de Lewis Milestone, la interpretación de Huston y Joan Crawford, lo “descarado” de la historia para la época, el tremendo final; todos estos atractivos, y algunos más, podemos disfrutarlos viendo Lluvia. Además podemos hacernos una idea de cuál era el panorama cinematográfico en los años treinta; incluso podríamos ir más lejos y hacer conjeturas de lo que hubiera sido el cine americano de los cuarenta y cincuenta de no haber existido el nefasto código de censura.


Ver Ficha de Lluvia


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